DISCLAIMER: No estoy de acuerdo con Juan Manuel de Prada —en general, y en casi nada.
Aunque, como un reloj parado, dé la hora exacta una vez de cada doce.(El diría que yo, yo digo que él).
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DISCLAIMER: No estoy de acuerdo con Juan Manuel de Prada —en general, y en casi nada.
Aunque, como un reloj parado, dé la hora exacta una vez de cada doce.(El diría que yo, yo digo que él).
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Prada, Juan Manuel de. "J. M. de Prada en los II Encuentros Forjados. FORJA 188." Video lecture. YouTube (Fortunata y Jacinta) 6 Jan. 2023.* (Nations; Spanish character and identity; Constitution; Nationalists)
2023
Hay mucho para estar en desacuerdo aquí, demasiado para empezar siquiera a discutir o debatir. Pero sólo por poner un ejemplo. Sobre la crítica al famoso 155:
La rebelión de Cataluña es (era, iba a ser), en efecto, una rebelión MILITAR, pues la declaración de independencia conlleva el monopolio del uso de la fuerza por parte de las fuerzas de orden público. Para ello intentaron de hecho los indepes la compra de armas de combate, aparte de sondear contactos con Rusia y China para ver si se podía contar con su apoyo logístico, económico e incluso militar. http://www.ibercampus.es/en-guerra-con-cataluna-33474.htm
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Termina julio y termino de leer El Séptimo Velo. Donde no se acaba de desvelar todo, aunque mucho se enseña. Un párrafo del último capítulo (p. 630-31):
—Dicen que el tiempo todo lo cura...
Pero yo sabía de sobre que el tópico no es del todo cierto. El tiempo cura los sentimientos maltrechos cuando la causa de la herida es diagnosticable, cuando se puede elucidar y comprender. Cuando, por el contrario, la causa de la herida escapa a nuestro raciocinio, cuando no acertamos a determinar su naturaleza ni su antídoto, jamás cicatriza. Jules nunca había acertado a explicarse las razones por las que se había convertido en un traidor, del mismo modo que yo nunca sabría si había sido traicionado por mi antigua mujer. En el corazón de mi mundo tenebroso palpitaba una herida que no cesaba de sangrar, una herida que me había espoleado a buscar al anciano que ahora tenía ante mí, pensando que en la resolución de esa búsqueda hallaría el antídoto que necesitaba. Pero la herida seguía supurando, inconsolable.
El comienzo de El Séptimo Velo, de Juan Manuel de Prada:
| Llegué a la ciudad de mi infancia apenas una hora después de que mi madre hubiese expirado. Cuando las personas que amamos son ya ancianas o llevan largo tiempo consumidas por la enfermedad, tendemos a representarnos anticipadamente su muerte, en un ejercicio mental preparatorio del trance que nos aguarda. Al contemplar su progresivo deterioro, el avance minucioso de las arrugas, la pérdida inexorable de facultades, los estragos de la decrepitud, en esos meses o años de convivencia previa con la muerte, apreciamos y valoramos lo que pronto perderemos y aprendemos a encarar ese futuo más o menos próximo en que faltarán. Nuestra piedad actúa como un mecanismo de defensa, previniéndonos contra su muerte; y así, las lloramos antes de tiempo, honramos su memoria antes de tiempo, nos atribulamos y desesperamos antes de tiempo, porque sabemos que ese dolor sostenido, consuetudinario casi, nos herirá más livianamente que el dolor abrupto que sobreviene a una pérdida que hemos preferido ignorar. Desde que a mi madre le declararan aquella metástasis cancerígena que interesaba los pulmones y el hígado y hacía inútil cualquier intervención quirúrgica, me había esforzado por asumir su muerte irremediable, convirtiendo su agonía en una despedida dilatada, asistiéndola siempre que podía en sus extenuantes sesiones de quimioterapia. Un espectador desavisado habría interpretado mis desvelos como una conmovedora muestra de entrega filial; pero yo sabía íntimamente que mi propósito era también egoísta, pues ya tenía experiencia de la muerte como golpe fortuito que nos desarbola y trastorna, y no me veía con ánimos para volver a soportarla. |