domingo, 6 de febrero de 2022
jueves, 21 de junio de 2018
lunes, 23 de abril de 2018
Retropost #2120 (23 de abril de 2008): Vivre sa vie
Es una película de Godard, un clásico de la Nouvelle Vague, de 1962. Narra el descenso vital de una chica que vive su vida, de joven dependienta casada primero, dedicándose a la prostitución luego, y termina con una muerte de perro en un ajuste de cuentas de sus chulos y propietarios, justo cuando encontraba nueva pareja y pensaba dejarlo. Todo un poco a la ligera, la chica. Pero para compensar, todo contado a la Godard, a base de escenas más o menos inconexas, atípicamente engarzadas; encuadres extravagantes de esos que nos gustan a los intelectuales cinéfilos: con los personajes de espaldas (simbolizando comunicación solapada a veces, otras just because), composiciones con un personaje tapando al otro, con primeros planos desubicados, la cámara yendo un poquito a su aire como sin hacerles a los personajes todo el caso que debiera si esto fuera Hollywood... Cosas todas que no contribuyen desde luego a que la historia se vea involucrándose emocionalmente.
Vivre sa vie. Escrita y dirigida por Jean-Luc Godard, basada en una obra de Marcel Sacotte. Cast: Anna Karina, Sady Rebbot. Fotog. Raoul Coutard. Prod. Films de la Pléiade. Francia, 1962. DVD: Vivre sa vie / My Life to Live. Nouveaux Pictures, c. 2004.*
jueves, 19 de abril de 2012
Más teoría del cine
martes, 7 de febrero de 2012
Y la nave va
Poco antes del célebre hundimiento del Costa Concordia, tan
alegórico como el del Titanic o más, resulta que Jean-Luc Godard había
hecho una película sobre esa dimensión significativa del barco—no sobre
el hundimiento, claro, sino sobre la vacuidad del crucero entendido
como una alegoría de la sociedad postmoderna. En el mismo Costa Concordia, digo, filmó su película de 2010 Film Socialisme.
Con escenas entre incomunicativas y curiosas, como la que muestra a
Alain Badiou dando una conferencia sobre Husserl a una sala vacía, en
un auditorio de a bordo. Anunciaron realmente la conferencia, dice
Godard, y nadie fue, previsiblemente. Tampoco nadie hace caso al aviso
de "Abandon Ship, Abandon Ship" que suena por los altavoces en la película. Resulta que este mighty ship of state tenía
sus cubiertas, plazas y salones nombrados todos con los países y
ciudades de la Unión Europea, y saquen sus conclusiones.
Sea como sea, la combinación de Godard y Costa Concordia es demasiado explosiva como para no fijarse en ella. Puede leerse un comentario sobre la película en el blog de David Bordwell, a cargo de Kristin Thompson, y otro de Andréa Picard en CinemaScope.
La película de Godard, claro, merecería una secuela, visto lo visto—aunque igual la debía filmar Mister Bean, no sé, para encontrar el punto de alegoría adecuado.