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lunes, 23 de abril de 2018

Retropost #2120 (23 de abril de 2008): Vivre sa vie


Es una película de Godard, un clásico de la Nouvelle Vague, de 1962.  Narra el descenso vital de una chica que vive su vida, de joven dependienta casada primero, dedicándose a la prostitución luego, y termina con una muerte de perro en un ajuste de cuentas de sus chulos y propietarios, justo cuando encontraba nueva pareja y pensaba dejarlo. Todo un poco a la ligera, la chica. Pero para compensar, todo contado a la Godard, a base de escenas más o menos inconexas, atípicamente engarzadas; encuadres extravagantes de esos que nos gustan a los intelectuales cinéfilos: con los personajes de espaldas (simbolizando comunicación solapada a veces, otras just because), composiciones con un personaje tapando al otro, con primeros planos desubicados, la cámara yendo un poquito a su aire como sin hacerles a los personajes todo el caso que debiera si esto fuera Hollywood...  Cosas todas que no contribuyen desde luego a que la historia se vea involucrándose emocionalmente. Vivre sa vieMás bien hay una distancia aséptica o indiferencia—la película no juzga, o más bien hace una mezcla atípica e inconsistente, desorientadora, de juicios y abstinencias de juicio. Porque hay muchos juicios implícitos sobre la prostitución, la explotación, etc., no puede ser menos, pero quedan a la vez extrañamente desactivados por lo que vemos. El personaje retratado, Nana (una chica zola), parece un poco ajena a lo que le pasa—va errante por la vida disfrutando de los momentos, mirando las musarañas, prostituyéndose con el mismo desinterés con el que vende o malvende discos, sin plantearse un comportamiento coherente o un proyecto de vida que permitiese pensar que es una víctima de algo o de alguien que no sea su propia desatención y falta de recursos, meningíticos sobre todo. Por ejemplo, debe dinero la chica y la deshaucian, pero no le importa gastarse lo que deben ser sus pocos cuartos en cines y bares. Claro que estas endebleces tampoco parecen preocuparle para nada al director, no están ahí sus prioridades, para nada. Realmente no están sino en desvencijar un poquito la narración cinematográfica tradicional, con escenas que parecen no venir a cuento, conversaciones desconectadas del progreso narrativo, etc. Eso sí: la chica, que tenga sesos de mosquito pero que sea guapa, que su cara resuelva la composición si el plano es demasiado estático. Y una vez retratada, que muera como en el Retrato Oval. Estos materiales culturales accidentales que se introducen (la alusión al cuento de Poe, la conversación sobre filosofía alemana, la escena de Juana de Arco de Dreyer) son como un kit de hágalo usted mismo, para que el espectador los aplique a su gusto a la película, en autorreflexión problemática y no obvia. Pero también los podemos dejar estar ahí, y contemplar el kit sin más. Realmente sí hay vidas que merecen que las filme Godard, y no alguien más involucrado en ellas. Y puestos a filmar la vida cotidiana de una prostituta a fragmentos, se me ocurren muchos otros fragmentos que aquí se dejan fuera. Pero claro, hasta los experimentales clínicos trabajan dentro de unos parámetros presentables de decencia, no vayamos a confundir los géneros...

Vivre sa vie. Escrita y dirigida por Jean-Luc Godard, basada en una obra de Marcel Sacotte. Cast: Anna Karina, Sady Rebbot. Fotog. Raoul Coutard. Prod. Films de la Pléiade. Francia, 1962. DVD: Vivre sa vie / My Life to Live. Nouveaux Pictures, c. 2004.*




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jueves, 19 de abril de 2012

Más teoría del cine

Un posting que nos viene de la  CINEMA-L@listserv.american.edu :

Dear all:
I'm sorry for cross-posting but the release of Jean-Luc Godard's Introduction to a True History of Cinema and Television in English has just been announced and I thought it might interest you to read about it and a handsome pre-order offer that is available for some time until publication: ~ It’s here! Or almost. Jean-Luc Godard’s monumental book, five years in the making, will be released in September. Until then, we’re inviting you to read a free chapter on the caboose web site and to take advantage of a pre-order discount offer – a cloth-bound library edition for the price of a paperback, which moreover won’t be printed for months after the hardcover. Details on the caboose site. While you’re on the site, please take a moment to look around. First stop: Planetary Projection, our free, collaborative on-line project documenting worldwide film projection – before it’s too late – through stories written by some of the remarkable ‘characters’ in the booth. Everyone is crazy about this project, and you will be too. Please spread the word, especially to anyone you know who has ever projected film and might like to contribute. You’ll find other free stuff on the site, including my essay – in English, French and Spanish – on film projection in early cinema, and the legendary but little-seen catalogue of the 1949 Festival du Film Maudit. And my entire book on South American cinema . . . One thing we can’t give away, for copyright reasons, is anything from my acclaimed new translation of selections from André Bazin’s What is Cinema? To make up for that, we’ve posted my (in)famous 20-page footnote on Bazin’s use of the termdécoupage, which simply turns film studies orthodoxy on its head. A must read. Speaking of découpage, you’ll find on the site a description of caboose’s next book, which I have the honour and privilege of co-authoring with two of Europe’s (the world’s!) finest film scholars, Jacques Aumont and Frank Kessler. As the first title in the caboose series Kino-Agora, edited by Chris Keathley, Montage, Découpage, Mise en Scène: Essays on Film Form will use the short essay form to explore historical and theoretical issues around these three concepts and practices in film studies and filmmaking. You’ll want to read this little book on a train journey, while it transports you to a world of film writing which – like peaceful train journeys! – seems lost today. This volume will quickly become mandatory reading for every student of film aesthetics. My own contribution will examine découpage, film studies’ lost term and missing link, through Bazin and others, including Buñuel and Balázs, probing the term’s elusive meaning and sketching a role for it in film studies today. Because David Bordwell uncharacteristically declined to respond to my criticism of his work in the découpage footnote or, more importantly, to engage in the friendly debate I proposed when he kindly purchased a copy of the Bazin (legally, in Hong Kong), I’ll have to whack him all over again in this new volume. If he blundered, he owes it to his readers to set the record straight. If he thinks he’s right about the larger issues my note raises, I’m sure his views in light of it would be of interest to many people. While he’s at it, he might wish to make amends for ungraciously snubbing Planetary Projection’s projectionist contributors and volunteer co-ordinator by declining to mention the project in his recent multi-part blog series on film projection. I hope you enjoy the Godard, a five-year labour of love that will surely go down as one of the fundamental film texts of the twentieth century.
Kind regards,

Timothy Barnard
caboose
www.caboosebooks.net

martes, 7 de febrero de 2012

Y la nave va


Poco antes del célebre hundimiento del Costa Concordia, tan alegórico como el del Titanic o más, resulta que Jean-Luc Godard había hecho una película sobre esa dimensión significativa del barco—no sobre el hundimiento, claro, sino sobre la vacuidad del crucero entendido como una alegoría de la sociedad postmoderna. En el mismo Costa Concordia, digo, filmó su película de 2010 Film Socialisme. Con escenas entre incomunicativas y curiosas, como la que muestra a Alain Badiou dando una conferencia sobre Husserl a una sala vacía, en un auditorio de a bordo. Anunciaron realmente la conferencia, dice Godard, y nadie fue, previsiblemente. Tampoco nadie hace caso al aviso de "Abandon Ship, Abandon Ship" que suena por los altavoces en la película.  Resulta que este mighty ship of state tenía sus cubiertas, plazas y salones nombrados todos con los países y ciudades de la Unión Europea, y saquen sus conclusiones. 

Sea como sea, la combinación de Godard y Costa Concordia es demasiado explosiva como para no fijarse en ella. Puede leerse un comentario sobre la película en el blog de David Bordwell, a cargo de Kristin Thompson, y otro de Andréa Picard en CinemaScope.  




La película de Godard, claro, merecería una secuela, visto lo visto—aunque igual la debía filmar Mister Bean, no sé, para encontrar el punto de alegoría adecuado.

 
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