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martes, 27 de marzo de 2018

Retropost #2078 (27 de marzo de 2008): The Age of Innocence



Edith Wharton era bird of a feather con su amigo Henry James. Ella vivía menos reprimida sexualmente (o era más sexual la mujer) pero los ambientes que retratan una y otro son igualmente sofocantes—si bien en el caso de James ayuda que la actitud del autor y su estilo son tan sofocantes como las mentes victorianas (o de la Era de la Purpurina Dorada americana) que retrata. Para crear una ezperiencia realmente intensa, para quien pueda con ella. Wharton es más ágil y convencional en su estilo narrativo; en su observación social se la ve tan curiosa, maledicente y cotilla como sus personajes, cosa que también le añade un toque característico.

La película de Martin Scorsese (dedicada a su padre—él sabrá por qué, quizá como el hijo del protagonista al final sabe más de lo que debía...) comienza en plan un tanto literario, con narradora en off, y se nos remite en las imágenes a un ambiente decimonónico de escritura manuscrita y narración tradicional, con una narración omnisciente tan insoportable como el mundillo social que retrata en el Nueva York de 1870, histéricamente clasista y gobernado por el dinero, los signos tangibles de clase, y el qué dirán. Por suerte pronto entramos en la historia. Que va del compromiso y matrimonio del protagonista Newland Archer (Daniel Day-Lewis) con la chica de buena familia May Welland (Winona Ryder), "una joven adorable pero totalmente convencional" según dice la nota de la película. Claro que también dice que "en un mundo de hipocresía y traición, ellos se atrevieron a romper las normas"—refiriéndose supongo a Archer y su auténtico amor, la condesa Olenska (Michelle Pfeiffer), prima de May que viene a comprometer su compromiso justo antes de la boda... Curioso que en la versión original no había nada de "hipocresía y traición" sino "En un mundo de tradición; en una edad de inocencia, se atrevieron a romper las reglas".

Lo cierto es que pocos platos rompen esta condesa supuestamente "rebelde y escandalosa" y el hipercivilizado Archer. Ni un plato de las carísimas vajillas que aparecen—es una película de vajillas, y salones, y decorados recargados que te hacen aborrecer tus deseos atrapados en el salón, y jarrones en peanas, y papeles pintados, y carísimos y opresivos trajes, y plutocracia burguesa, invitaciones calculadas, vigilancias mutuas con el rabillo del ojo, falsa espontaneidad... uf. La vida misma, vamos.
age of innocence
Nueva York es un pueblo grande donde todas las familias "que cuentan" se conocen y se controlan. Archer y Olenska se gustan desde chavales (se habían dado un beso a escondidas), y siguen siguiéndose años después, cuando ella se ha separado de su conde europeo, con una mezcla extraña de bienestar, amistad, deseo, obsesión y amor, que los tiene desorientados a ratos. Pero Archer no rompe su compromiso con May al reaparecer la prima, le pilla con el pie cambiado. Sigue adelante, se casa y sólo logran verse de año en año, de salón en salón, subiendo la temperatura, mandándole rosas, cogiéndole la mano, paseando con ella...

"Each time I see you," le dice, "you happen to me all over again."

Pero cuando por fin han quedado en firme para hacer el amor "una vez y no más", ella se echa atrás: el espera un hijo, la empobrecida condesa se retira a Europa, y eso que todo el mundo sospechaba que ya eran amantes.... la película nos lleva por estos avatares y nos atormenta deliciosamente con el deseo insatisfecho de los protagonistas. Pero claro, ¿qué sería el deseo satisfecho? Behind, a dream. Lo mismo que el insatisfecho.

Archer se reía de las convenciones; parecía un hombre del siglo XX pillado en el XIX—creía en la igualdad de las mujeres, no se escandalizaba de la separación y devaneos de Olenska, ironizaba sobre las costumbres sociales del país. Pero al final resulta ser él un "old-fashioned", como le dice a su hijo, años después y ya en el siglo XX. Es ya viudo, y en París tiene ocasión de visitar a Olenska. Su hijo va a verla: el prefiere no hacerlo. Si hubiese hecho como un caballero del XIX, hubiesen sido amantes, a pesar de la dignidad de ella—que tampoco era tanta. Tal como sale todo, es la mosquita muerta de su mujer la que, guiada por su intuición social, que la debe tener en el cerebelo, consigue salvar su matrimonio y todas sus apariencias y realidades, y dejar a Archer sin vivir el que debía haber sido (y es en cierto modo) el gran amor de su vida.

Pero, bueno—gran amor a ratos. La película nos selecciona de esta historia los brevísimos encuentros de Archer y Olenska a lo largo de treinta o cuarenta años. Entre medias, hacen muchas otras cosas: oficinas, abogacías, viajes familiares, cenas con lo mejorcito de Nueva York. Y no parece que se echen mucho de menos. Cuando están cerca, se carga la atmósfera, lejos—ni vu ni connu. Así que Archer participa (plenamente, pero vamos, hasta la médula) de los valores y la hipocresía de su sociedad. Se ata a sí mismo y busca su comodidad y conveniencia social, lástima lo de Olenska (Si al menos hubieran copulado un poco... pero bah, así queda más espiritual). Y la película, presentándolos como a dos personajes apasionados en medio de un rígido mundo de formas y maneras, comete la misma falacia. Aquí todos grandes pasiones, pero de puertas para adentro y sin que peligre el manimani. Porque ¿no somos todos burgueses, hasta los directores de cine? Y algunos hasta de Nueva York. ¿Y quién no ha tenido algún gran amor imposible, de esos de cuarenta y ocho horas de dedicación intensa, distribuidos en veinte años?

Dice Roger Ebert que el ambiente de esta película "seems so alien it could be pure fantasy. A rigid social code governs how people talk, walk, meet, part, dine, earn their livings, fall in love, and marry. Not a word of the code is written down anywhere. But these people have been studying it since they were born."

Pues no se en qué ambiente social vivirá Ebert, pero en el mío yo no veo ninguna diferencia con la realidad, actually.

The Age of Innocence. Dir Martin Scorsese. Written by Jay Cocks and Martin Scorsese. Based on Edith Wharton's novel. Cast: Daniel Day-Lewis, Michelle Pfeiffer, Winona Ryder. Music by Elmer Bernstein. Prod. Barbara De Fina. Cappa / De Fina Production. USA: Columbia, 1993. (La Edad de la Inocencia. Spanish DVD. Madrid: Sony Pictures Home Entertainment, 2004).


 
 
—oOo—

viernes, 5 de agosto de 2011

The House of Mirth (Los otros somos nosotros)

Película de Terence Davis sobre intrigas de honor e imagen social en el Nueva York de cien años atrás. Es una excelente adaptación de la novela de Edith Wharton— sobre la sofocante sociedad de la Gilded Age, viviendo como victorianos enrabiados, todo apariencia de educación en los usos y maneras sociales, y bestias egoístas que van a por el dinero por debajo. 

A por el dinero, y a por el reconocimiento de su grupo, cosas que solían ir unidas. Las emociones se van bloqueando con los jaques sucesivos al dinero y a la respetabilidad, y la aparente espontaneidad inicial, espontaneidad dentro de las reglas, se va asfixiando hasta que solo queda la frustración entre el mobiliario y las crinolinas, y los dobles y los triples y cuádruples entendidos sobre los motivos e intenciones de los demás. 

Lily Bart (Gillian Anderson) es una muchacha casadera, en apariencia la vida le sonríe Pero ya es algo mayor, y va comprometiendo sus posibilidades de casarse por no seguir adecuadamente las reglas del grupo: no hay que mirar si tu pretendiente te gusta, sino más bien si es un buen partido envidiado por otras, y una buena alianza de intereses financieros. Luego la gente ya se arregla, si realmente quiere sexo o emociones. Pero esta moza no tiene el dinero seguro (depende de la herencia de su tía, que la acaba desheredand prácticamente por sus indiscreciones)—y además tiene ribetes de new woman o de mujer independiente y romántica, no quiere venderse por dinero, y será su perdición, porque pronto la acechan las deudas y los benefactores interesados. 

Primero es reutilizable si no como esposa al menos como dama de compañía o carabina, en situaciones cada vez más comprometedoras, hasta que al final tiene que abandonar "la sociedad" y (horror) trabajar, pero tampoco sabe... El poco dinero que le deja su tía lo entrega todo para saldar una deuda de honor, a un caballero que la creía mujer fácil o comprable—y así acaba llegando al suicidio, por jugar a un doble juego al revés que los demás miembros de su sociedad. Ellos aparentan seguir la gramática social de la respetabilidad y la educación, y en realidad se guían por la gramática parda del interés monetario; ella hace lo contrario, aparentemente yendo a su capricho, pero luego tomándose literalmente la respetabilidad hasta la muerte que nadie más se cree. 

Cuando se toma un bote de láudano, mujer ya inaceptable como esposa e indeseada como amante, por lo menos consigue hacer llorar en su lecho de muerte al amor de su vida, Lawrence Selden (Eric Stoltz), el abogado que no se quería casar con ella ni con nadie pero que la estimulaba a no casarse ella tampoco por su parte, engatusándola con que ella era una criatura especial que no vendería sus emociones... Menuda responsabilidad cuando le hace caso, y se lo echa en cara años después; hasta el cínico abogado parece entender la medida de su responsabilidad al jugar con las emociones de autoestima de otra persona—de la persona a la que más apreciaba, además. 

La película retrata un momento especial del paso del siglo XIX al XX, pero es cierta una de las cosas que dice el abogado—que va sobre un carácter especial, y una manera especial de entender la dignidad, no para transigir con ella sino para llevarla hasta sus últimas consecuencias, independientemente de lo que hagan los demás—porque a éstos ya se les ha interiorizado, los llevamos dentro a los demás y su opinión sobre nosotros. Es una patología de la sinceridad y de la relación con los otros, o con nosotros mismos que somos esos otros. 

Hay quien lo lleva muy mal esto, ya sea en el siglo pasado o en el que está viniendo. Aunque nosotros somos algo más desinteresados que estos neoyorkinos de la Gilded Age, nos importa menos el dinero o la opinión de la sociedad. O eso hay que pensar, por lo de la autoimagen.



The House of Mirth.
Dir. Terence Davis, based on the novel by Edith Wharton. Cast: Gillian Anderson, Eric Stoltz, Dan Aykroyd, Terry Kinney, Laura Linney. Prod. des. Don Taylor. UK, France, Germany, USA, 2000.




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