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lunes, 2 de enero de 2017

"PYGMALION" by George Bernard Shaw

"PYGMALION" by George Bernard Shaw (1973 film)

(Discontinued).


Pygmalion. TV adaptation of George Bernard Shaw's play. Dir. Cedric Messina. Script ed. Nicholas Lom. Cast: Lyn Redgrave, James Villiers, Ronald Fraser, Emrys James, Lally Bowers, Nicholas Jones, Angela Baddeley, John Westbrook, Joyce Grant, Joanna McCallum. Designer: Eileen Diss. Prod. Christopher Morahan. (BBC Play of the Month). UK: BBC, 1973. Online at YouTube 16 July 2014.*
         2015
Otra adaptación para TV:




Shaw. Pygmalion. Dir. John Glenister. Adaptation of Bernard Shaw's play by Pat Sandys. Cast: Twiggy, Robert Powell, Arthur English, Ronald Fraser, Mona Washbourne, Helen Shingler. Exec. prod. David Cunliffe. Yorkshire TV / ITV, 1981. Online at YouTube (Phil P) 3 March 2013.*


         2016
 

PS. ALL DISCONTINUED. 

Here's a Spanish TV version from 1979:


_____. Pigmalión. TV play. Cast: José María Rodero, Marilina Ross. TVE (Estudio 1), 1979. YouTube (mccarmenpagan) 8 July 2014.*
         2017


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lunes, 9 de marzo de 2015

Las mentes irreverentes: Veblen, la educación superior, y el clasismo en 1899

Antes de Bourdieu, estuvo Veblen. Aquí un artículo sobre su visión de la universidad:

Las mentes irreverentes: 

Veblen, la educación superior, y el clasismo en 1899

http://papers.ssrn.com/abstract=2573136


Jose Angel Garcia Landa


Universidad de Zaragoza

July 10, 2014

Ibercampus (July 14, 2014)

Examinamos el análisis materialista de la educación superior realizado por Thorstein Veblen en su 'Teoría de la clase ociosa', según el cual la educación superior es una institución diseñada para la gestión del privilegio social, de los símbolos de status, y de los prejuicios de clase. Observamos la validez actual de diversos aspectos del análisis de Veblen, y enfatizamos la dimensión reflexiva de esta teoría en tanto que se refiere a la posición social del propio Veblen en el sistema de clases, y en tanto que propone y efectúa una sociología crítica partiendo de esa base social.

Irreverent Minds: Veblen, Higher Education, and the Class System in 1899

An examination of Thorstein Veblen's materialist analysis of higher education in 'Theory of the Leisure Class': the role of higher education as a institution for the management of social privilege, status symbols, and class prejudice. The continued relevance of some aspects of Veblen's analysis is noted, and the paper also emphasizes the reflexive status of the theory in its relations to Veblen's own class position and to his conception of a critical approach to sociology, grounded on that social basis.

Note: Downloadable document is in Spanish.
 
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eJournal Classifications  (see under date March 4, 2015)
AARN Subject Matter eJournals
    
        
            
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García Landa, José Angel. "Las mentes irreverentes." Ibercampus (Vanity Fea) 10 July 2014.*

         http://www.ibercampus.info/articulo.asp?idarticulo=28055

         2014

_____. "Las mentes irreverentes: Veblen, la educación superior y el clasismo en 1899 (Irreverent Minds: Veblen, Higher Education and the Class System in 1899)." Social Science Research Network 4 March 2015.*

         http://papers.ssrn.com/abstract=2573136

         2015

         Cultural Anthropology eJournal 4 March 2015.*

         http://www.ssrn.com/link/Cultural-Anthropology.html

         2015

         Anthropology of Education eJournal 4 March 2015.*

         http://www.ssrn.com/link/Anthropology-Education.html

         2015

         Political Anthropology eJournal 4 March 2015.*

         http://www.ssrn.com/link/Political-Anthropology.html

         2015

Political Economy: Government Expenditures and Related Policies eJournal 4 March 2015.*

         http://www.ssrn.com/link/Pol-Econ-Gov-Expenditures-Pol.html

         2015

Political Theory: History of Political Thought eJournal 4 March 2015.*

         http://www.ssrn.com/link/PT-History-Political-Thought.html

         2015

         Philosophy of Science eJournal 4 March 2015.*

         http://www.ssrn.com/link/Philosophy-Science.html

         2015

_____. "Las mentes irreverentes: Veblen, la educación superior, y el clasismo en 1899." In García Landa, Vanity Fea 9 March 2015.*

         http://vanityfea.blogspot.com.es/2015/03/las-mentes-irreverentes-veblen-la.html

         2015

_____. "Las mentes irreverentes: Veblen, la educación superior y el clasismo en 1899." Net Sight de José Angel García Landa 4 Jan. 2023.*

https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/mentesirreverentes.pdf

         2023







 
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martes, 3 de marzo de 2015

Las mentes irreverentes




jueves, 10 de julio de 2014

Las mentes irreverentes

Y sus escépticas observaciones desmitificadoras sobre los rituales y símbolos que mantienen asociadas a las sociedades.






La Teoría de la Clase Ociosa de Thorstein Veblen (1899) termina de manera que podría parecer curiosa, pero en realidad bastante lógica, con un capítulo sobre "La educación superior como expresión de la cultura pecuniaria." Trata allí temas interesantes, como el gradual desplazamiento de las humanidades por parte de las ciencias en la Universidad; las humanidades irían asociadas a las clases privilegiadas tradicionales y sus valores, y las ciencias son para Veblen la expresión de la nueva civilización industrial que transforma los valores. Me interesa también la dimensión autobiográfica e incluso reflexiva del capítulo: Veblen habla de sí indirectamente, de su lugar atípico en la academia, y de la ubicación de su propio discurso sobre la clase ociosa a modo de torpedo dirigido contra las tradiciones y convenciones de la propia institución que lo produce. Algunas ideas centrales:

"Es en la educación propiamente dicha, y de modo particular en la educación superior, donde la influencia de los ideales de la clase ociosa se hace más patente" (356).  La educación superior va asociada a la función devota de la comunidad—y recordemos que según Veblen la religión se figura en la época cuasi-civilizada como un servicio prestado a una clase ociosa sobrenatural, una especie de monarca o aristócrata proyectado a los cielos, para garantizar los ideales de la clase explotadora en la tierra. La educación superior se origina en torno a estos ideales: "En gran parte, pues, puede clasificarse como ocio vicario dedicado a los poderes sobrenaturales"—y el primitivo conocimiento esotérico en el que se enraíza es "un conocimiento de cuestiones rituales y ceremoniales; es decir, un conocimiento de cuál era el modo más adecuado, eficaz o aceptable de acercarse o de servir a los agentes preternaturales" (356). Si bien la educación ha evolucionado, sobre todo en la fase tecnológica de la misma, "fue de esa fuente de donde surgió la educación como institución; y su proceso de diferenciación de aquella carga original de ritual mágico y fraude chamanista ha sido lenta y tediosa, y apenas se ha completado aún, ni siquiera en los más avanzados seminarios de enseñanza superior" (357).

Veblen es muy consciente de la teatralidad de la vida social—y contempla con ojo irreverente la teatralidad de la vida académica. Se echa de ver el origen de ésta en el ritualismo de las clases privilegiadas primitivas, y es significativo como prueba de que "su actividad cae en gran parte dentro de esa categoría del ocio ostensible a la que se conoce como buenos modales y buena crianza, que las clases educadas de todas las comunidades primitivas son muy estrictas en lo que se refiere a formas, jerarquía, gradaciones de rango, ritual, vestiduras ceremoniales y otros accesorios que suelen acompañar a la vida académica" (359). Así, los académicos se pierden por togas, birretes, diplomas y menciones, ceremonias de iniciación y graduación, que son el meollo mismo de su actividad... (el reconocimiento mutuo, en suma, es central y definitorio, aunque Veblen no lo mencione). "Los usos de las órdenes sacerdotales son, sin duda, la fuente inmediata de la que provienen todos esos rasgos del ritual académico: las vestiduras, la iniciación sacramental, la transmisión de dignidades y virtudes peculiares por la imposición de manos y otras cosas semejantes"...   Este origen y estos modos se mantienen más en las humanidades, especialmente las clásicas, antes que en las ciencias y estudios tecnológicos, aunque haya influencias en los dos sentidos. Unido a la promoción social de las clases que acceden a la educación hay también "un cambio paralelo hacia una vida más ritual en las escuelas" (362); y "en cuanto una determinada escuela comienza a inclinarse hacia una clientela de clase ociosa, se produce también una perceptiblemente mayor insistencia en el ritual académico y en la conformidad con las formas antiguas en materia de vestiduras y solemnidades sociales y académicas" (363)—Veblen traza esta evolución en las nuevas universidades y colegios norteamericanos de su época—Y pronto veremos más teatro de ése por aquí por España y Europa, por influencia norteamericana, más que por tradición. Ya es muy visible en las universidades privadas, de hecho. El ceremonial académico, observa Veblen, "no sólo se aviene con el sentido de la clase ociosa acerca de cómo deben ser las cosas, pues apela a la tendencia arcaica hacia los efectos espectaculares y a la predilección por el simbolismo antiguo, sino que, a la vez, encaja perfectamente con el esquema de vida de la clase ociosa, ya que implica un notable elemento de derroche ostensible" (363)—y un concomitante lucimiento de lo improductivo.

La transición de las humanidades a las ciencias y tecnologías, o a las económicas podríamos añadir, también van unidas a las transformaciones en los rituales y signos de la clase ociosa. "Esta sustitución parcial de la eficiencia sacerdotal por la pecuniaria es concomitante de la moderna transición del ocio ostensible al consumo ostensible como el principal medio de conseguir y mantener una buena reputación" (366). En tiempos de Veblen se debatía el acceso de la mujer a la educación superior, hoy cuestión superada pero que hizo correr su tinta, por razones ligadas al prestigio de la clase ociosa: "Ha predominado un fuerte sentimiento de que la admisión de las mujeres a la educación superior (como a los misterios eleusinos) sería ofensiva para la dignidad de la comunidad ilustrada" (366). No olvidemos que el meollo original, la Iglesia Católica, sigue manteniendo esa defensa del privilegio masculino que ya denunciaba Sarah Egerton hace más de trescientos años en "The Emulation", con similar alusión a los misterios creados artificialmente como mecanismo de control y privilegio.

La universidad de su tiempo sufre para Veblen de una inclinación desmedida a las trivialidades de forma y ritual—se pierde en ellas, y la mentalidad conservadora está presente a todos los niveles, desde luego en la ideología religiosa conservadora y animista de gran parte del profesorado, en la creencia que mantienen estos intelectuales en un dios antropomorfo. También en la manera en que se fomenta el espíritu de clan en las fraternidades de estudiantes, en el culto a la tradición clásica y en el privilegio dado a los deportes.... (Hablamos de América, aquí los deportes están en otros lugares). Este conservadurismo de formas aledañas no sería sustancial, pero de hecho el conservadurismo ideológico se extiende al tratamiento de los propios estudios y disciplinas. La universidad presenta una notable impermeabilidad a la innovación, y sólo recibe las novedades a regañadientes, cuando ya se han abierto camino al margen de las aulas.

"Generalmente, las escuelas superiores no han dado su aprobación a ningún avance serio en los métodos o en el contenido del conocimiento hasta que tales innovaciones han sobrepasado su juventud y buena parte de su utilidad; es decir, hasta después de haberse convertido en lugares comunes del bagaje intelectual de una nueva generación que ya ha crecido y ha formados sus hábitos bajo ese nuevo, extra-académico cuerpo de conocimientos y ese nuevo punto de vista" (371)

—sobre ejemplos, la imaginación es libre. (Aquí estamos por ejemplo en una revista electrónica excepcional en el mundo universitario español). El mecenazgo, observa Veblen sobre su América, también tiende a favorecer los aspectos más conservadores de la Universidad, en lugar de ir dirigido a la innovación.

Tradicionalmente las inquietudes intelectuales de la clase ociosa se derivaban, observa Veblen, hacia la erudición clásica y formal, más que hacia las ciencias relacionadas con la vida industrial de la comunidad. Los clásicos han ido unidos a la autoimagen de la clase ociosa (esto es especialmente cierto en la tradición anglosajona en la que piensa Veblen). La fundamentación clasista e ideológica de otros estudios es todavía más directa:

"Las más frecuentes incursiones en campos de conocimiento distintos del clásico realizadas por la clase ociosa se han hecho en las disciplinas jurídicas y políticas, y más especialmente en las ciencias administrativas. Estas llamadas 'ciencias' son, en lo sustancial, cuerpos de máximas útiles para guiar a la clase ociosa en su tarea gubernamental, basada en los intereses de la propiedad. El interés con que se estudia esta disciplina no es, pues, por lo común, un interés simplemente intelectual, buscado por un deseo de conocimiento. Es, en gran parte, el interés práctico de las exigencias de esa relación de dominio en que están situados los miembros de la clase. En cuanto al origen de donde derivan, las tareas de gobierno constituyen una función depredadora que pertenece de manera integral al arcaico esquema de vida de la clase ociosa. Es un ejercicio de control y coacción sobre la población de la cual dicha clase ociosa saca sus medios de subsistencia." (372)

Veblen es un gran teorizador de las dinámicas económicas seguidas por las élites extractivas, y sus análisis de hace más de cien años dan que pensar aquí y ahora cuando se consideran las actuales superestructuras de instituciones (españolas, digo) sostenidas por dinero público. La justificación es el buen gobierno y el interés público, claro, pero en ellas se van colocando mayormente los miembros de la casta, sus primos, conocidos, contactos, compañeros de clase y aliados mutuos, en un sistema organizado de explotación de recursos humanos orquestado por los partidos políticos a través de Hacienda y de los presupuestos.

Un modo de vida conlleva un modo de pensar—es la teoría básica de las ideologías—y Veblen observa que el pensamiento científico no es el que favorecen las clases privilegiadas:

"hay características del esquema de vida de la clase ociosa (...) que desvían el interés intelectual de esa clase hacia temas distintos de la mera secuencia causal de fenómenos, que es lo que constituye el contenido de las ciencias. Los hábitos de pensamiento que caracterizan la vida de la clase se establecen sobre la relación personal de dominio y sobre los conceptos de comparación odiosa que se derivan de dicha relación: honor, valía, mérito, carácter y otros semejantes. La secuencia causal que constituye el objeto de las ciencias no se percibe desde este punto de vista." (374)

El interés cognoscitivo de la materia de que se trate se ve desplazado por intereses relativos a méritos pecuniarios "o cualquier otro tipo de mérito honorífico" en la atención de la clase ociosa, y así se explica gran parte del peso de los clásicos en la educación—clásicos que solían ser síntoma y señal de clase, especialmente en el mundo anglosajón. Y aquí vemos un interesante pasaje casi autobiográfico donde Veblen explica de dónde surge la perspectiva oblicua, irreverente y poco atenta a las formas y convenciones en su propio discurso sobre los valores sociales y the old school tie:

"El auténtico caballero ocioso de buena crianza debe ver, y de hecho ve, el mundo desde el punto de vista de la relación personal; y el interés cognoscitivo, en la medida en que logra afincarse en él, tiene que tratar de sistematizar los fenómenos sobre esa base. Tal es el caso del caballero de la vieja escuela, en el cual los ideales de la clase ociosa no han sufrido ninguna desintegración; y tal es la actitud de su descendiente de última hora, en la medida en que es heredero de todo el conjunto de las virtudes de la clase alta. Pero los caminos de la transmisión hereditaria son engañosos, y no todo hijo de un caballero presenta esas características. De manera especial, la transmisión de los hábitos de pensamiento característicos del señor depredador es un tanto precaria en aquellas líneas hereditarias en las que sólo una o dos de las últimas generaciones se han educado en la disciplina de la clase ociosa. Las posibilidades de que se presente una fuerte inclinación, congénita o adquirida, hacia el ejercicio de las aptitudes cognoscitivas son, al parecer, mayores en aquellos miembros de la clase ociosa que tienen antecedentes de la clase baja o de la clase media; es decir, en aquellos miembros que han heredado el conjunto de aptitudes propias de las clases que trabajan, y que deben sus puestos en las clases ociosas a la posesión de cualidades que tienen más importancia en el día de hoy de la que tuvieron en la época en que se formó el esquema general de la vida de la clase ociosa. Pero incluso fuera de estas últimas adquisiciones de la clase ociosa, hay un número suficiente de individuos en los cuales el interés por establecer comparaciones odiosas no es lo bastante dominante como para dar forma a sus concepciones teóricas, y en los cuales la proclividad hacia la teoría es lo suficientemente fuerte como para llevarlos a la investigación científica." (375)

Otra perspectiva intrusa o externa más directa viene de aquellos miembros de las clases trabajadoras que han podido realizar estudios superiores y que aportan a ellos todas las aptitudes de su clase hacia el trabajo productivo y un insuficiente interés por la ostentación del ocio y de las señales de clase. Este grupo (en el que se ubicaba el propio Veblen) es, al decir suyo, "el que ha aportado una contribución mayor" al progreso de las ciencias en un ambiente donde la educación es ante todo marca de status. Otra influencia externa sobre la academia viene de los métodos desarrollados en el campos científicos extra-académicos—como la investigación industrial—que luego llevan a cambios de método cuando se introducen en las disciplinas académicas. La formación técnica va más orientada a la eficacia o destreza intelectual o manual, y a esas relaciones causales impersonales entre los fenómenos que según Veblen son tan ajenas a la obsesión de la clase ociosa con el impacto honorífico de los hechos. En este contexto hay que situar el desplazamiento gradual de las humanidades por las ciencias. Este capítulo de Veblen es todo un tratado sobre the two cultures, las dos culturas humanística y tecnológica, avant la lettre y con una dosis doble de crítica ácida. El sarcasmo de Veblen hacia los ideales de las humanidades y su raíz social es considerable:

"Las ciencias se han introducido en la disciplina del hombre de estudio desde fuera, por no decir desde abajo. Es de notar que las humanidades, que tan de mala gana han cedido terreno a las ciencias, están bastante uniformemente adaptadas para modelar el carácter del estudiante según un esquema de consumo tradicional y egocéntrico; un esquema de contemplación y goce de lo verdadero, lo bello y lo bueno, con arreglo a una norma convencional de lo que es apropiado y excelente, cuya característica sobresaliente es el ocio —otium cum dignitate—, en un lenguaje velado por su propia habituación al punto de vista arcaico y decoroso, los portavoces de las humanidades han sostenido el ideal encarnado en la máxima fruges consumere nati [nacidos para consumir los frutos de la tierra]. Esa actitud no debería causar sorpresa en las escuelas que han sido modeladas por una cultura de clase ociosa y están basadas en ella." (380)

La clase ociosa de Antigüedad clásica se tomaba (en las educación tradicional de las clases altas anglosajonas a las que se refiere Veblen) como una proyección idealizada de la propia clase ociosa, como un ideal "más alto" o "más noble"—idealizando o ignorando los propios motivos que movían a esas clases en la Antigüedad, sus propias tácticas explotadoras, etc.  La propia antigüedad de la tradición clásica funcionaba de por sí como un valor de estabilidad y legitimación—pues "En igualdad de condiciones, cuanto más larga e ininterrumpida sea la habituación, más legítimo es el canon regulador del gusto en cuestión" (381).  Lo mismo podría aplicarse al establecimiento de un canon de autores modernos en la evolución posterior de los estudios humanísticos.

"Los clásicos y su posición de privilegio en el esquema de educación, al que se aferran con tan afectuosa predilección los seminarios superiores del saber, sirven para dar forma a la actitud intelectual y rebajar la eficiencia económica de la nueva generación instruida. Hacen esto no sólo manteniendo un ideal humano arcaico, sino también esforzándose en distinguir entre el conocimiento cuya posesión realza la buena reputación y el que la daña." (383)

Una formación inútil es una de esas señales de ocio ostensible con las que se adorna la clase privilegiada según Veblen—y es al abrigo de esa clase donde se ha desarrollado el ideal de la erudición. "Normalmente, se espera que se hayan empleado un cierto número de años en adquirir esa información sustancialmente inútil; y cuando falta, se asume que se trata de un saber apresurado y precario, de carácter vulgarmente práctico, que es igualmente perjudicial para las normas establecidas que determinan la sólida erudición y el vigor intelectual" (384).

"La convencional insistencia en que ha de haber un cierto derroche ostensible como elemento de toda educación respetable ha afectado nuestros cánones de gusto y de utilidad en materia de educación, de manera muy parecida a como ese mismo principio ha influido en nuestro juicio acerca de la utilidad de los bienes manufacturados.
     Es verdad que, como el consumo ostensible le ha ganado más y más terreno al ocio ostensible como medio de conseguir y mantener una buena reputación, la adquisición de las lenguas muertas ya no es una exigencia tan imperativa como lo era antaño, y que su virtud talismánica como garantía de saber ha sufrido una correspondiente disminución" (385).

Es en torno a los clásicos donde la erudición encuentra su terreno más favorable: "Los clásicos sirven a los fines decorativos del saber de la clase ociosa mejor que cualquier otro cuerpo de conocimientos; de ahí que resulten ser un medio eficaz de lograr una buena reputación" (385). Pero este prestigio del arcaísmo va más allá de la erudición sobre autores, y afecta a los usos lingüísticos—así Veblen propone una teoría de los registros lingüísticos asociada  al valor simbólico de las palabras, a las prioridades de la clase ociosa, y al intercambio de sus señales de prestigio favoritas. Habría que señalar que el lenguaje formal va normalmente unido a un uso intertextual de los clásicos o del conocimiento establecido, como apoyatura intelectual y acreditación. El virtuosismo lingüístico en otras áreas puede igualmente ir unido a un conocimiento especializado de otras trivialidades (la moda, el

"El término 'clásico' implica siempre esta nota derrochadora y arcaica, tanto si se usa para denotar las lenguas muertas o formas obsoletas o caídas en desuso de pensamiento y dicción en el lenguaje vivo, como si se emplea para denotar otras formas de actividad o ceremonial académicos a los que se aplica con menor propiedad. Así, se habla de la forma arcaica de la lengua inglesa como de inglés 'clásico'. Su uso es imperativo siempre que se hable y se escriba sobre temas serios, y la facilidad en su empleo dignifica hasta la charla más tópica y trivial. La forma más nueva de dicción inglesa, por supuesto, no se escribe nunca. Ese sentir característico de la clase ociosa, que requiere un modo de hablar arcaico, está presente incluso entre los escritores más anti-literarios o sensacionalistas, con fuerza suficiente para impedirles caer en semejante lapsus. Por otra parte, el más elevado y convencional estilo de dicción arcaica sólo es de uso apropiado—de manera notablemente típica— en las comunicaciones entre una divinidad antropomórfica y sus súbditos. A medio camino entre los dos extremos se encuentra el lenguaje cotidiano empleado en la conversación y la literatura de la clase ociosa" (387).


La misma ortografía inglesa es para Veblen un ritual de conservadurismo y de exhibición de ocio ostensible—al no ser funcional, "satisface todas las exigencias de los cánones que regulan la buena reputación bajo la ley del derroche ostensible"—y es una prueba del algodón de una buena formación. Con estas observaciones sobre las propiedades lingüísticas y el estilo culto termina Veblen su Teoría de la clase ociosa, y detectamos aquí un cierto sentido reflexivo y autodescriptivo—descriptivo de la empresa de desenmascaramiento de los rituales de la clase ociosa emprendida por Veblen. El libro está escrito en un estilo formal y aquí se nos explica por qué—porque es el único que puede granjear respeto y atraer la atención de la clase de público a la que va destinado, cuyos valores critica. Tiene Veblen así su cierta dosis de provocador bien pertrechado, y quizá mate dos pájaros de un tiro al observar en su último párrafo que "la ventaja de las locuciones acreditadas estriba en fomentar la buena reputación"—me refiero obtiene Veblen buena reputación (?) en la institución académica por el procedimiento de cuestionar los presupuestos mismos de la noción de buena reputación y el clasismo que le subyace. Era una batalla personal que tuvo que librar el autor a lo largo de su vida.



 
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lunes, 5 de mayo de 2014

Perros y gatos en la clase ociosa

Para Thorstein Veblen (Teoría de la clase ociosa), el principio de diferenciación de clases sociales mediante señales de derroche ostentoso rige la realidad económica y la vida social. 
 
Todo sirve para la comparación odiosa: el ocio y el derroche se valoran, el trabajo y lo útil se consideran deshonrosos y cosa de pobre gente. El principio de la ostentación despilfarradora organiza las costumbres y modales, las nociones de lo honorable y deshonorable, los gustos de la moda, lo que consideramos bonito y feo, y se aplica hasta a los perros y gatos. Nada se rige sin más por su mérito o valor de uso—antes bien pasa por el filtro de las apariencias y por el teatro de la ostentación social:

En el caso de los animales domésticos que son honorables y se consideran hermosos, hay una base subsidiaria de mérito de la cual debe hablarse. Aparte de los pájaros que pertenecen a la clave honorable de animales domésticos y que deben su lugar en esta clase exclusivamente a su carácter no lucrativo, los animales que merecen particular atención son los perros, los gatos y los caballos de carreras. El gato es menos prestigioso que los otros dos animales que acabamos de mencionar, porque derrocha menos; hasta puede ocurrir que sirva para algún fin útil. Al mismo tiempo, el temperamento del gato no le hace idóneo para un propósito honorífico. Vive con el hombre en un régimen de igualdad; no tiene noticia de esa relación de status que es la antigua base de toda jerarquía de valores, honor y reputación, y no se presta fácilmente a ser objeto de una comparación odiosa entre su propietario y los vecinos de éste. La excepción a esta regla tiene lugar cuando se trata de productos tan escasos y exóticos como el gato de Angora, el cual tiene un cierto valor de honorabilidad que está basado en su alto costo, circunstancia que le da un derecho especial a ser considerado bello por razones pecuniarias.

El perro tiene ventajas tanto por su falta de utilidad como por ciertos rasgos especiales de su temperamento. En un sentido eminente, se dice de él que es el amigo del hombre, y se alaban su inteligencia y su lealtad. Lo que esto significa es que el perro es el siervo del hombre y que posee el don de la ciega obediencia y la prontitud del esclavo a la hora de averiguar cuáles son los deseos del amo. Junto con estas características que le capacitan bien para la relación de status—características que, para lo que aquí nos ocupa, vamos a calificar de útiles—el perro tiene algunas otras de valor estético más equívoco. El perro es, en lo que se refiere a su persona, el más sucio de los animales domésticos y el de hábitos más molestos. Esto lo compensa con una actitud servil y aduladora hacia su amo y una gran inclinación a dañar y fastidiar a todos los demás. Así pues, el perro se recomienda a nuestro favor porque nos permite ejercer nuestra inclinación al mando, y como es también un artículo costoso y no sirve por lo común ningún propósito de tipo industrial, ocupa en el concepto del hombre un lugar firme en cuanto objeto de prestigio. Al mismo tiempo, el perro se asocia en nuestra imaginación con la caza—ocupación meritoria y expresión del impulso depredador honorable.

Afincado en este terreno ventajoso, cualquier belleza de forma y movimiento y cualquiera de los rasgos mentales encomiables que pueda poseer son convencionalmente reconocidos y magnificados. Y hasta aquellas variedades de perro que por una serie de cruces han llegado a adquirir una deformación grotesca, se consideran bellas, y de buena fe, por muchos entusiastas de los perros. Estas variedades de perro—y lo mismo puede decirse de otros animales de fantasía—son clasificadas y jerarquizadas en lo concerniente a su valor estético en proporción a lo grotescas que puedan ser y al grado de inestabilidad que su deformidad particular pueda asumir en cada caso. Para el propósito que ahora nos ocupa, esa utilidad diferencial basada en lo grotesco e inestable de la estructura es reducible a términos de una mayor escasez y del gasto consiguiente. El valor comercial de las monstruosidades caninas, tales como los estilos dominantes de perros favoritos tanto para uso de caballeros como para el de damas, se basa en su alto costo de producción; y el valor que ofrecen para sus propietarios consiste, sobre todo, en su utilidad como artículos de consumo ostensible. Indirectamente, como reflejo de su costo honorable, se les imputa un valor social; y así, mediante una fácil sustitución de palabras e ideas, llegan a ser admirados y estimados como bellos. Y como cualquier cuidado que pueda prestarse a estos animales no es ni ganancioso ni útil, también es por ello mismo prestigioso; y como el hábito de cuidarlos no es, consecuentemente, censurable, puede llegar a convertirse en un afecto habitual de gran tenacidad y del más benévolo carácter. De manera que en el afecto concedido a los animales favoritos se encuentra presente, de forma más o menos remota, el canon de lo costoso como norma que guía el sentimiento y la selección del objeto. Lo mismo puede decirse, como se echará de ver en seguida, respecto al afecto por las personas, si bien la forma con que la norma actúa en este caso es algo diferente.



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sábado, 23 de marzo de 2013

Caso cerrado

Viendo ayer en la Filmoteca Kharij / Caso cerrado (Mrinal Sen, 1982).
Int.: Anjan Dutt, Mamata Shankar, Sreela Majumdar.
India. VOSE. 99 min. DVD.


El criado de una familia de clase media muere misteriosamente en la cocina. Investigaciones policiales revelan que dormía cerca del horno de carbón para mantenerse caliente. El informe post-mortem confirma que murió por intoxicación de monóxido de carbono. Los miembros de la familia quedan consternados, divididos entre el sentimiento de culpa y el miedo de que se produzca un escándalo en la sociedad. 

—Una película filmada con medios sencillos en un estilo casi documental y neorrealista, que pasa poco a poco a ser conmovedora, a medida que se van viendo las reacciones a la muerte de un niño sirviente al que nadie daba importancia.  La familia, pequeñísimos burgueses oficinistas, se ponen a la defensiva por si les va a traer complicaciones legales la muerte accidental del niño, mal alojado y descuidado en su casa.  Reciben a los familiares y amigos casi manteniéndolos a raya con un palo, haciendo como que están afectados pero en realidad preocupados sólo por que no les vayan a traer problemas o sacarles dinero. Todo murmullos y medias palabras que van retratando a cada cual. Del crematorio se van sin despedirse, agobiados por vagos temores de esos paletos de otra clase y de reacciones impredecibles. Pero éstos los siguen a casa y entran; la dueña del edificio les hace hacer a todos rituales de purificación, tras el funeral; y súbitamente se despiden, se van y acaba la película. 

El espectador se ha colocado poco a poco, como sin querer, en el punto de vista de los mezquinos "amos", tan modestos ellos por otra parte vistos desde Europa que apuro da llamarlos amos de nada. Pero allí hay clases, y muchas: en su reacción histérica de autoprotección los amos son incapaces de entender siquiera el sentimiento de ritual y reverencia funeraria que anima a la familia y amigos del niño muerto. Han venido un momento sólo a ver dónde vivió sus últimos días. Se van y nos dejan con nuestras reflexiones.

Y allí, en esa visita de las últimas escenas, una pequeña escena de homenaje al cine, tan sutil que es magistral, y conmovedora. El niño dormía bajo la escalera, y allí vemos de pasada pegados en la pared sus postercillos y recortables de Rocky y de Bruce Lee y de las películas que le gustaban. Vivió poco, trabajó mucho, jugó algo—con sus amigos y con el hijo de la pareja que le contrató. Y le gustaba ir al cine las pocas veces que podía; la señora descubre que otra sirvienta le había dado dinero para ir al cine la noche en que se intoxicó con la estufa, y se lo reprocha. Lo ve absurdamente como una crítica contra ella misma; "No deberías haberle dado dinero para ir al cine".  Pero esos sueños despiertos del cine habían sido sin duda los momentos más felices que había tenido el pobre chaval antes de morir, una vida breve entre tantas.

Es la vida para muchos— llegar a este planeta, vivir en la pobreza, ver un poquito lo que hay, la miseria ambiente, soñar con el cine y con los relatos que abren otros mundos un momento—y se acabó la película, caso cerrado.


 
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