24 de noviembre
Noticias sobre el libro de Beatriz (y Mari Carmen
López), el que
deriva del congreso de Madrid: hoy lo han aceptado en Peter Lang;
así
que es previsible que si no se demora demasiado la cosa salga en el
2005.
Ahí tengo un artículo sobre "Communicative
Interaction
and Narrative Identity".
Y hoy me comunica Keith Carlon de Bélgica que ya ha
salido el
número del
Belgian English Language and Literature
con el
artículo sobre "The Hermeneutic Spiral"-por suerte
pude publicarlo bien allí después de que se
olvidasen sacarlo
en las actas de AEDEAN tras haberlo presentado allí.
Moraleja: no
escribir artículos publicables en revista para congresos
donde es
suficiente con una comunicación. También
envío ejemplares
de mis separatas sobre "The Poetics of Subliminal Awareness" a
diversas personas (divertido esto, cuando se contrasta con la
crítica
del artículo a la vanidad literaria). Y me llega a mi vez
una separata,
cosa no frecuente, de otro libro de Peter Lang, este de JoAnne Neff y
Teun
van Dijk (por cierto, acabo de comprobar que van Dijk ha incluido un
enlace
a la bibliografía en su página de
Resources
for Critical
Discourse Analysis).
Hoy cuelgo por fin el artículo sobre
Stephen Crane y el
racismo. Y estreno
en la bibliografía el sistema de anuncios de Google. Aunque
a nadie
le gustan los anuncios (menos al que los pincha buscando algo que le
interesa,
supongo), estos están muy bien pensados,
increíblemente bien
enfocados al contenido de la página. Los de Google (a quien
pertenece
Blogger, por cierto) son unos hachas, desde luego, y así les
va.
Lo que han hecho con sus sistema de cruce de enlaces es sencillo,
eficaz
y elegante, simplemente sacar las consecuencias de lo que es Internet.
Una
de las cosas más difíciles de hacer en la vida:
enterarse
de lo que tiene uno delante de las narices (sí, una
pantalla... pero
qué más). Aquí va un ejemplo.
Extraído
de mi clase sobre Shakespeare —sobre
Hamlet,
con calaveras como
material docente, etc.; pero la frase memorable me la sugiere Federico
Trillo,
que supongo que habla por propia experiencia en su libro sobre
Shakespeare
y el poder:
la esencia del poder es apropiarse voluntades y
controlar
las acciones de los demás, y por su propia
dinámica conduce
a imponer sobre la realidad ficciones que todos saben que son tales
ficciones
sin que nadie lo confiese en público—y esto para el
mejor disfrute,
ejercicio y control del poder en cuestión. Para
más detalles,
ver Foucault. Pero cuántos lo leen (o dicen que lo leen) y
qué
poco se lo aplican.
Tengo la mesa invadida. Burckhardt, Chejov, Sabina, Goethe, la
Miscelánea,
el
TLS, Toy Story, Mansfield Park,
dinosaurios, Dollimore &
Sinfield...
y la lista sigue. No consigo ordenar mi mesa y me meto a ordenar la
bibliografía
crítica del mundo mundial. Pues esta noche, ni una ni otra.
—oOo—