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jueves, 10 de octubre de 2024

Emile Durkheim's Elementary Forms of Religious Life














Muy útil el libro y las lecciones para analizar las dinámicas sociales de solidaridad de grupos, de creación de espacios y tiempos sagrados, de fiestas y rituales colectivos (muchos de ellos aparentemente dementes o absurdos) de todo tipo....

 

Un comentario que le pongo al hilo de recientes acontecimientos:

 

Harming one's body to keep that sacred energy flowing and refueling the totem.... Anybody see there the DYNAMICS OF THE COVID JAB? Or have we lost our analytic bearings during the Totemic Ritual?

sábado, 11 de enero de 2020

Crecen la soledad y el aislamiento

domingo, 19 de agosto de 2018

Retropost (19 de agosto de 2008): Teoría paranoica de la observación mutua


Es la expuesta por Erving Goffman en Strategic Interaction (1969). El primer ensayo, "Expression games", es muy muy típico de la Guerra Fría, pues se basa en la tesis de que las acciones y estrategias de los espías no son diferentes en naturaleza sino únicamente en grado o intensidad de las que aplicamos constantemente en la vía cotidiana. Los espías son como nosotros, porque nosotros somos como los espías. Simulamos, observamos, ajustamos nuestro comportamiento calculando la interpretación del otro, y construimos la superficie de la naturalidad como algo que nos permita luego actuar con información previa, habiendo preparado el terreno, y presentar así una espontaneidad construida que nos permita una actuación redonda, llevando adelante nuestro personaje con sprezzatura.

Así pues, la vida cotidiana es una especie de guerra fría, y nuestras parejas, familiares, amigos y allegados son objeto de nuestra infiltración—como nosotros los somos de la suya. Naturalmente, esta infiltración en lo más cercano lleva a una estructura de personalidad marcada por esa infiltración: para espiar a los demás convincentemente debemos observarnos también nosotros, vernos desde fuera, interiorizar la división sujeto/objeto, la observación disimulada, y la actuación (con ensayos mentales previos) ante sí mismo, antes de exteriorizarla convenientemente preparada ante los demás.

Recomiendo leer el ensayo de Goffman junto con otra pieza paranoica, también modélica de la Guerra Fría, el cuento de Donald Barthelme "Game" de Unspeakable Practices, Unnatural Acts o Sixty Stories—donde dos encargados de accionar simultáneamente el botón nuclear se observan, cada uno armado, cada uno paranoico, sospechando los dos de la cordura del otro, y simulando naturalidad y despreocupación.

Veamos todo esto más detenidamente.

El ensayo de Goffman estudia "la capacidad del individuo para adquirir, revelar y ocultar información" (4, traduzco). Cuida bien Goffman de distinguir la información de la comunicación. La comunicación es transmisión intencional de información, pero el sujeto exuda información interpretable, aparte de la comunicada—por su manera de comunicar y por todo lo demás que hace. En especial cara a cara, pero también por toda la pragmaestilística, ceremonial y materialidad de la interacción, aun si ésta es por escrito.

Antes de emplear un término vago como "verdad" para caracterizar la comunicación del sujeto, hay que determinar si nos referimos a algo que el sujeto cree, o a algo que es cierto, o a algo que el sujeto cree y  que es cierto. 

Pero aparte de la información comunicada están como decimos los aspectos expresivos de la interacción: los gestos e información no codificada que emplea el sujeto observado. La idea central del libro de Goffman es que como resultado de la interacción y de la observación mutua, estos gestos en principio no codificados pueden, primero, interpretarse; luego, una vez el observado sabe que pueden interpretarse, pueden codificarse y presentarse como una espontaneidad construida; y tercero, esa construcción o gramaticalización puede a su vez ser descubierta. El juego de codificación y descodificación puede continuar (por ejemplo, estableciendo un segundo plano de comunicación mutuamente entendible pero no confesada abiertamente),  con complicaciones sucesivas, tanto más complejas cuanto fino sea el conocimiento que las partes observada y observadora tienen una de otra—pero se vuelve cada vez más incierto, y la información obtenida menos utilizable y más azarosa.

Aquí teoriza Goffman la interpretación "sintomática" (crítica o unfriendly) como estrategia de lectura del mensaje, tanto del contenido comunicado como de su periferia estilística:


Just as the process of communicating information itself expresses information, so also a corpus of communicated signs has expressive aspects. Discursive statements seem inevitably to manifest a style of some kind, and can never be apparently free of "egocentric particulars" and other context-tied meanings. [Note 8: A point recently argued by H. Garfinkel and H. Sacks in their work on conversational settings.] Even a written text examined in terms of the semantic meaning of the sentences can be examined for expression that derives from the way a given meaning is styled and patterned, as when Izvestia and Pravda are read by our intelligence people "symptomatically," for what the Russians do not know they are exuding thorough the print. [Note 9: A useful illustration of this sort of textual analysis is available in A. George, Propaganda Analysis (White Plains: Row, Peterson, 1959)]. Indeed, the very sense of a message depends on our telling whether it is conveyed, for example, seriously, or sarcastically or tentatively, or as an indirect quotation, and in face-to-face communication this "framing" information typically derives from paralinguistic cues such as intonation, facial gestures, and the like—cues that have an expressive, not semantic, character. (9).


Esto se extiende a todo tipo de información contextual no comunicada intencionalmente. Al leer al otro, no nos limitamos a recibir pasivamente su información, sino que interpretamos el contexto para obtener información suplementaria. Y eso lleva a que esa información suplementaria y originalmente no controlada busque ser controlada, primero por el sujeto observador, luego por el sujeto observado, para limitar la capacidad de observación del observador y obtener una ventaja en la situación interactiva:


Just as it can be assumed that it is int hte interests of the observer to acquire information from a subject, so it is in the interests of the subject to appreciate that this is occurring and to control and manage the information the observer obtains; for in this way the subject can influence in his own favor responses to a situation which includes himself. Further, it can be assumed that the subject can achieve this end by means of a special capacity—the capacity to inhibit and fabricate expression. (10)

Veremos que esta competencia o guerra de ingenios entre el observador y el sujeto observado lleva a los dos a convertirse en imágenes especulares (infinitamente especulares en potencia), ambos observador y observado. El proceso de observación y de interpretación de los signos obtenidos se transforma así en una lucha por obtener la posición de topsight— el dominio perspectivístico del panorama de la acción, disponiendo de la información más fiable. Y, visto que la labor del sujeto observador no es únicamente pasiva, sino también activa, fabricando la realidad que ha de ser observada, se convierte este enfrentamiento también en una lucha por el control de la realidad: ¿cuál de los dos sujetos sabe qué es lo real, cuál sabe distinguir lo realmente espontáneo de lo construido, de lo que se ha amañado o preparado para que pase por natural? ¿Cuál construirá una realidad a la vez más controlada y más aparentemente inocente? ("Tanta casualidad no puede ser casual" canta Carmen París). Es un combate casi metafísico—habida cuenta sobre todo de que el Otro al que nos enfrentamos es el Otro-en-nosotros, es la interpretación que hacemos de lo que el Otro puede interpretar, tal como lo entendemos desde nuestro punto de vista. Las posibilidades de empatía crecen a la vez que las de competencia (tema para buenos argumentos de espionaje)—y si el sujeto se construye mediante la reflexión y la internalización de la interacción, podemos decir que este tipo de distancias cortas son un espacio de primera categoría para el desarrollo de la experiencia subjetiva.

Aunque Goffman lo tenía a huevo para utilizar una analogía heisenbergiana (por aquello de que la presencia del observador afecta a la situación observada) se desentiende explícitamente de ello (p. 11) y distingue entre la observación de seres inanimados, indiferentes a ser observados, y la de seres animados, en los que la observación desencadena una reacción.  Pasa a clasificar los tipos de movimiento interactivo posibles:

1) unwitting move, cuando la actividad del objeto observado no va orientada al sujeto observador, cuando es digamos "natural", iniciando así el juego (pero sin jugar).

2) naïve move, la interpretación que hacemos de un objeto cuando damos por hecho que el sujeto observado puede interpretarse tal como aparece, en sentido literal digamos—que sus acciones son unwitting moves.

3) control move, cuando el objeto (también sujeto observador) produce expresiones que considera mejorarán su situación si son interpretadas como unwitting moves por un observador crédulo: "The subject appreciates that his environment will create an impression on the observer, and so attempts to set the stage beforehand" (12).

Los movimientos de control se diversifican a su vez de modos interesantes, dando lugar a las artes de "1) concealment or cover, 2) accentuated revealment, and 3) misrepresentation" (14). Esto tiene consecuencias interesantísimas en la complicación de la realidad que produce: la realidad antes inocente pasa a ser algo calculado y fabricado; se abre un segundo nivel de significación no literal. Por otra parte, aunque Goffman no lo presenta en estos términos, tiene un importante dimensión narrativa: la realidad se narrativiza intensamente, con argumentos hipotéticos de detección y ocultamiento, se llena de historias posibles que se materializarán o no, y el futuro pasa a ser planificado desde el presente. Se siembran las semillas de la acción futura que luego se hará pasar por espontánea: toda una historia. Aquí se juntan predicción, retroacción (desde la predicción) y una intensa reflexividad empática. Goffman se refiere a G. H. Mead cuando nos dice que "the subject turns on himself and from the point of view of the observer perceives his own activity in order to exert control over it" (12).

Este paso, aunque intensamente interactivo, no es propiamente comunicativo:


The various processes of control do not strike at the observer's capacity to receive messages, but at something more general, his ability to read expressions. Thus, when the subject employs verbal means to convey information about his intended course of action, the observer—if he is properly to judge the significance of these communications—will have to attend to the expressive aspects of the transmission as a check upon semantic content. Similarly, in trying to conceal while communicating, the subject, too, will have to attend to his own expressive behavior. A message, then, functions merely as one further aspect of the situation which must be examined carefully and controlled carefully because of the contest of assessment between the subject and the observer. (13-14).

Otra dimensión narrativa del análisis de Goffman aparece en su definición de las explicaciones y relatos: "The subject, in addition to feigning and feinting, can provide the observer with 'accounts' and 'explanations' , these being verbal techniques for radically altering the assessment that the observer would otherwise make" (16). Habría que aclarar que el observador también construye (ha construido) una estructuración narrativa de los hechos, y que la narración explícita del sujeto observado es una contranarración, una narración en un concurso de narraciones que explican o interpretan la realidad de maneras diferentes.

Una vez establecido el movimiento 3.1 (covering move) puede abrirse paso al movimiento interactivo número 4: uncovering move, mediante exámenes o revisiones. El juego de encubrimiento y descubrimiento puede ser especialmente intenso en un contexto específico que sea bien conocido tanto por el observador como por el observado (el encubrimiento y descubrimiento de la ignorancia académica, entre profesores y alumnos, es un ejemplo). Y tras el 4 viene el 5: counter-uncovering move, el paso final de complicación que Goffman considera útil distinguir en este análisis del maquiavelismo cotidiano.

Un elemento a tener en cuenta es que, habida cuenta de la observación mutua y del deseo de cada uno de los actores de tener el dominio informativo sobre la situación, un paso especialemente recomendable es simular que no se tiene ese dominio: "The best advantage for the subject is to give the observer a false sense of having an advantage—this being the very heart of the 'short con'." (20). El sujeto se halla en posición especialmente favorable si controla al controlador, si puede ofrecer un aspecto ya sea de inatención descuidada, de "naturalidad" de quien no se siente observado. O, en una segunda fase, de incompetencia— simulando torpes maniobras de ocultación que en realidad buscan despistar al espía, que creerá haber desvelado las patéticas defensas que el sujeto levanta contra la posibilidad de ser espiado. Son dos fases similares (una naturalidad construida), una fingiendo ignorar al observador, otra fingiendo que se le considera menos competente en su obtención de información de lo que en realidad se le considera. Claro que si este juego se descubre se pasa rápidamente a un terreno indeterminado en el que todo pasa a ser engañoso y toda apariencia es potencialmente una construcción.

La realidad inocente peligra, con esto que Goffman llama la "corrupción de la expresión". Una vez el sujeto se embarca en la simulación de expresiones emocionales, descubre que toda señal espontánea puede ser imitada y controlada para controlar así a quien la observe. Así la expresión facial antes espontánea, los rasgos corporales que traicionan la emoción interna, y que  pueden ahora ser ensayados, etc. Los espías internacionales pueden así construirse una identidad falsa con abundancia de indicios "periféricos" que proporcionan lo que Barthes llamaría un efecto de realidad. Pero la vigilancia se extiende rápidamente a otros terrenos y contextos:

"con los recientes avances rápidos en la tecnología de la vigilancia, ha habido una notable extensión de los tipos de contexto social que pueden sospecharse de modo realista que son inseguros, es decir, sujetos a observacion: y con esto podemos esperar un aumento del cuidado en lo relativo a ciertas expresiones y un aumento de la voluntad de verse expuesto, con respecto a otras expresiones". (28)

Vamos, que estamos en terreno móvil continuamente: lo que hace poco era incontestablemente natural puede hoy ser al menos en potencia el teatro público de una monitorización universal.

Pero no hace falta llegar a refinamientos tecnológicos para que se "corrompa la expresión". En la interacción ordinaria, tanto el observador como el sujeto observado monitorizan la expresión de éste, y evalúan lo que podría ser creíble como manifestación espontánea o como fabricación—y el propio sujeto observado altera su expresión de acuerdo con estas evaluaciones. Así por ejemplo con señales de atención como la dirección de la mirada:

"Constant monitoring occurs, whereby everyone checks up on the stability of the situation by noting the propriety of the persons in it, this itself accomplished by checking up on the allocation of involvement manifest by everyone present. The perceivable direction of an individual's gaze provides perhaps the chief source of information concerning his involvements. Given these circumstances, it is understandable that an individual who feels he is improperly involved will try to conceal the direction of his gaze and otherwise mask his involvement" (32).

Mirando o no mirando a las piernas de las chicas, por ejemplo. Es interesante este asunto de la dirección de la mirada si se tiene en cuenta que en el ser humano es eminentemente evaluable (por la visibilidad de la posición relativa del iris y el blanco de los ojos) si se compara con la de otros animales. Es en efecto un instrumento interactivo de primer orden—tanto la mirada de reojo como su interpretación y su control. Sugiere Goffman que si bien es esperable un cierto control sobre la expresividad, el control completo es imposible: "subjects cannot be counted on to maintain complete strategic control over their expressive behavior" (33)—y de allí que sea útil estudiarlo, y necesario aventurar interpretaciones siempre inciertas en cuanto a los límites de ese control.

Es difícil sobrevalorar la importancia semiótica de estos fenómenos: signos espontáneos que se captan primero en un proceso de interacción, y que luego pasan a fabricarse, una vez esa captación es captada a su vez—todo un ejercicio de atención a la semiosis de la realidad, "an intentional shifting into the explicit focus of attention of what is ordinarily obligatorily disattended" (35). Este ejercicio de atención también lleva a desarrollar una perspectiva holística sobre el sujeto, visto que la riqueza de información viene precisamente de la multiplicidad potencial del individuo, irreducible a una sola dimensión comunicativa, o a un solo papel interaccional. La actuación es guiada en principio por el interés predominante de un individuo, pero los individuos son multidimensionales, no tienen un único interés—su papel en cuanto actores en una determinada línea de acción no es sino uno de sus posibles avatares. Las líneas de acción y los sujetos no coinciden. De allí que distintos sujetos puedan formar equipo para un objetivo determinado, o que un mismo sujeto se vea dividido en sus distintos aspectos o roles, el que está comprometido con el objetivo, y otros yoes que tienen intereses divergentes:

"it can never be said that an individual has only one interest. Individuals aren't like that. Ordinarily, of course, the individual will be officially active in connection with one set of interests, and there will be some understanding and agreement that his other interests are temporarily set aside although unscheduled appearance itself can be oficially allowed for under certain circumstances (....). By acutely awakening the subject's ordinarily latent interests he, in effect, becomes split in two, with one of these interest-serving persons forming a coalition with the enemy". (37).

Otra complicación interactiva de esta fragilidad o borrosidad del sujeto es que estas debilidades pueden volverse un inconveniente para el propio observador. Así por ejemplo, las confesiones obtenidas bajo tortura no resultan informativamente fiables, y de hecho son desacreditadas en los sistemas judiciales modernos. Y esta misma debilidad conocida puede ser reciclada, reutilizada y utilizada por el sujeto como una baza en el juego, de manera calculada (41). Nos cuenta Goffman historias fascinantes de espionaje: de bandos que ocultan información a sus propios miembros a los que saben vigilados, para así poder manipular mejor al enemigo que así interpretará su ignorancia, o su fe en la información amañada, como auténtica y no fingida. Espías, y agentes dobles, y triples y cuádruples, cuyas maniobras son cada vez más ambiguas y azarosas. Y va clasificando distintos tipos de limitaciones al juego de la expresión: factores físicos, conocimiento especializado, características de la naturaleza humana, y normas sociales. Por ejemplo, ésta muy interiorizada, que nos indica que no hay que mentir y se asegura de que de hecho no lo hagamos:

"Thus, many persons are willing to tell a bald lie, but few persons can manage to do so without expressing in some way that they are not telling the truth." (45)

Todos llevamos un polígrafo incorporado. Pero ahí ya entra el juego entre las partes de si se quiere interpretar realmente, o si se sabe, o de si es meramente suficiente para esa interacción en concreto una verbalización de la verdad oficial, sea lo que sea lo que trasluzca de los mensajes expresivos del sujeto. De esto hay mucho en política, donde se lanzan mensajes de todo tipo a distintos niveles. Como señala Goffman, aun habiendo reglas del juego, éstas pueden seguirse, o no seguirse, y eso por una variedad de motivos, tanto buenos como malos.

En la sección sobre propiedades estratégicas del juego, Goffman diferencia entre los movimientos interactivos reales y los virtuales o tácitos.  Esto se debe al hecho de que, visto que la acción va a dar lugar a una respuesta, esta respuesta se anticipa y modifica ya la acción antes de que ésta se produzca (G. H. Mead)—podríamos decir que la acción humana es inherentemente dialéctica, o dialógica, en este sentido. O, por decirlo de otra manera, que como toda acción va a ser respondida, ya viene ajustada a esa hipotética respuesta, ya la incorpora por adelantado (y es a la vez una respuesta a esa respuesta, y quizá a la reacción subsiguiente del interlocutor). Toda acción es ya interacción, por lo mismo que toda palabra (como decía Bajtín) es diálogo implícito, y viene ya modulada de antemano por las presuposiciones del interlocutor (o más bien por lo que presuponemos que son sus presuposiciones).

"As G. H. Mead argued, when an individual considers taking a course of action, he is likely to hold off until he has imagined in his mind the consequence of his action for others involved, their likely response to this consequence, and the bearing of this response on his own designs. He then modifies his action so that it now incorporates that which he calculates will usefully modify the other's generated response. In effect, he adapts to the other's reponse before it has been called for, and adapts in such a way  that it never does have to be made." (47).

Es decir, que la realidad está interpenetrada de realidades posibles, de ficción y de historias que no llegan a materializarse pero que rodean como virtualidades y potencialidades lo que en efecto sucede—sin contar con que están constantemente sometidas a reescritura. Incluye todas esas irrealidades, es más, está conformada por ellas. La interacción maquiavélica supone pues toda una narratividad implícita, o una hermenéutica de la acción estratégica del sujeto. Respondemos por anticipado a a una acción del contrario que no se ha producido, y que de hecho no se producirá, precisamente debido a nuestra respuesta. Podría parecer un mundo de acciones fantasmales, pero es el mundo en el que vivimos la vie quotidienne, un mundo de cálculo, estrategia, y control de la expresión.

 La realidad, sin embargo, se resiente, cómo no. Y nos entra una paranoia de la autenticidad. Podemos dudar de si lo que se nos ofrece es inocente y literal, o si es un fingimiento mal intencionado, o si es una "inocencia" construida, un estudiado ajuste a las expectativas destinado a facilitar la interacción. Observa Goffman que una coartada demasiado perfecta, una representación demasiado buena, puede inducir sospechas de ser lo contrario de verdadera. Y que tampoco son fiables en cualquier caso sus versiones imperfectas—todo depende de la situación. Hay criterios para distinguir la autenticidad, sí: por ejemplo, el entramado irrepetible de detalles—pero nunca son válidos los mismos criterios siempre y en todo lugar. Esto es como el arte de la guerra de Sun Tzu:

"It might be thought that an observer who suspected the manipulation of fugitive signs and substantive ones would have one recourse: he could perceive that the world is real, its multitude of little events in real connection with others, and that when a multitude of independent signs tell the same story, this can be taken for the way things are. But this belief about the meshing of events can be exploited too." (61).

Y es que tratándose de un juego de a la vez identificación y competencia con el contrario, se instala una relación perniciosa que impide la estabilización del sentido:

"The very fact that the observer finds himself looking to a particular bit of evidence as an incorruptible check on what is or might be corrupted is the very reason why he should be suspicious of this evidence; for the best evidence for him is also the best evidence for the subject to tamper with." (63).

Y no hay solución buena: ni pensar que el adversario es más ciego, y que ya estamos un paso por delante de él, ni pensar que es tan vivo como nosotros, pues podemos utilizar estrategias hiperrefinadas que podrían ser incluso contraproducentes al ser ignorados nuestros esfuerzos por un adversario mucho menos hermeneuta y más directo que nosotros (fools rush in where angels fear to tread...). Y así nos instalamos en la paranoia hermenéutica, en terreno violentamente oscilante e incierto:

"The consequence of this degeneration of assessment is well known. The point is not that what seems to be the case comes to be questioned, but rather that a demoralizing oscillation of interpretation can result: the player will feel at one moment that he is being oversuspicious and that he should take the other at face value or, at worst, as someone who employs usual covers and, at the next, that a trap has been set for him. At one moment he can feel that he has finally hit upon indicators that can't be faked, and the next moment he can feel that this is exactly how the opponent wants him to accept these indications, and that they have been fabricated for this purpose. (...) When the situation seems to be exactly what it appears to be, the closest likely alternative is that the situation has been completely faked; when fakery seems extremely evident, the next most probable possibility is that nothing fake is present" (69).

El juego de la interacción lleva a que la mera posibilidad de ser observado por un vigilante convierta al sujeto (ya) en vigilante él mismo, inaugurando el ciclo maquiavélico de las apariencias circunstanciales y su construcción cuidadosa. El mismo comportamiento "inocente" se vuelve, cuando hay consciencia de ser vigilado, en una actuación teatral (no de otro modo pasamos ante los controles policiales).  Así pues, la realidad tal como la experimentamos es activamente construida por anticipado—y adquiere así una naturaleza dramática, y narrativa—pues contamos con que nuestra interpretación de nuestro papel será observada y evaluada según un plan que prevemos lo mejor posible. El futuro se construye por anticipado, y se prepara desde ahora (plantándola por adelantado) la mejor salida a las alternativas que los demás nos puedan presentar. Desde el momento en que el sujeto observado puede reciclar el contexto y modelarlo por anticipado para que produzca el efecto deseado, abriéndonos salidas alternativas, y haciendo lo posible por que juege a nuestro favor, dentro de lo posible, la conjunción irrepetible de circunstancias. Esta conjunción va creando espontáneamente nuevos contextos que en parte pueden haber sido amañados por adelantado, y en parte ofrecen material para futuras manipulaciones. Esta cuestión de la preparación por adelantado del futuro me interesa especialmente por lo que desvela sobre la naturaleza retroprospectiva del presente—la interpenetración mucho mayor de lo que solemos creer entre presente, pasado y futuro (o sea, la articulación del tiempo propiamente humano, que es una construcción a la vez intensamente semiotizada, e interactiva).

Pasa Goffman a estudiar situaciones interactivas de tres sujetos: uno que prepara una situación para que un tercero interprete en ella las acciones de un segundo—el ejemplo clásico es lo que los americanos llaman framing, el plantar pruebas incriminatorias contra alguien, pruebas del tipo exacto que un tercero o una autoridad va a apreciar como irrefutables. (De ahí el sentido más goffmaniano de framing entendido como construcción interaccional de la realidad no hay sino un paso). Otro caso de paranoias en tríos y en grupos se da en el caso de los viejos amigos, cuando cada cual va sabiendo (y diciendo a unos sí y a otros no) cosas de los demás que no deberían saberse, o revelarse. Esto lleva a que sea un alivio librarse de estas relaciones, o a echar en falta los tiempos iniciales donde todo el mundo tenía menos información utilizable.

En fin, que nuestra identidad pública, como la de los espías, siempre es una construcción parcialmente ficticia y frágil, sujeta a revelaciones, desenmascaramientos, exposición de contradicciones y de actitudes incompatibles. Es otro aspecto de lo que Goffman llamaba "rostro" en su famoso ensayo "On Face-work". Y no sólo somos espías, sino que vivimos rodeados de ellos:

"In every social situation we can find a sense in which one participant will be an observer with something to gain from assessing expressions, and another will be a subject with something to gain from manipulating this process" (81).

Al parecer Goffman era un observador con algo que ganar, y como tal temido por sus colegas y allegados—aun cuando únicamente reunía datos y ejemplos para su teoría.




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miércoles, 7 de septiembre de 2011

El mercado de la atención, al alza

Sobre la importancia de la atención para comprender la naturaleza humana, y las dinámicas de organización social y cultural, ya hemos hablado antes por aquí (Atención a la atención). Muy interesante en esta línea es el artículo de LUIS GÓMEZ-JACINTO, "COMPARACIÓN SOCIAL Y AUTOEVALUACIÓN DESDE UN ENFOQUE EVOLUCIONISTA" (PDF)

Nos comportamos en sociedad de maneras que potencien nuestra autoestima, eligiendo las estrategias adecuadas para ello. Algo en esta línea había argumentado Mark Twain en su sarcástico ensayo What Is Man? —pero ahora los sarcasmos de Twain parece que tienen respaldo científico en la psicología evolucionista.

Y, prosiguiendo en el desarrollo evolutivo de la comunicación y la interacción social, stos razonamientos sobre la dinámica social de la autoimagen habría que aplicarlos también a la netiqueta y al comportamiento en Facebook.

 



Según su abstract,


"Este trabajo analiza el impulso de evaluación
de las propias opiniones y capacidades desde una
perspectiva evolucionista. El proceso social que permite
la autoevaluación es la comparación social. Se propone
que el origen del proceso de comparación social y
autoevaluación se deriva de la competición social a través
de dos autoconceptos: los potenciales de posesión
de recursos y de posesión de atención social. El equivalente
psicológico de estos dos conceptos es el de la
autoestima. La autoestima evolucionó como un sociómetro
que permite al Homo Sapiens calibrar su grado
de pertenencia social/exclusión social en los grupos de
referencia. Las personas se motivan para comportarse
de tal modo que conserven su autoestima, puesto que
las conductas de mantenimiento de la autoestima suelen
reducir la posibilidad de ser ignorado, evitado o
excluido por los demás. Esta autoevaluación es más
sensible a la exclusión de las personas íntimas que al
rechazo de personas alejadas del círculo más cercano.
Esta sensibilidad está relacionada con el nivel de intimidad
que se mantiene con los otros miembros del
grupo, con los dominios de desempeño y con la relevancia
para el yo. Este modelo de mantenimiento de la
autoevaluación es un mecanismo que resuelve un problema
evolutivo al que hubo de enfrentarse el Homo
Sapiens en algún momento clave de su evolución."


Habla de estrategias de gestión de la atención social, cosa que se hace evitando la confrontación con adversarios más potentes y rivalizando con los que se perciben como más débiles. En los seres humanos, la confrontación física, directa o violenta ha cedido en importancia ante la seducción y el desarrollo de atractivo, en una competición por beneficios sociales que llevan ya su cuota de atención y privilegio incorporado—incluyendo, pero no sólo, posición social, profesión, cualificaciones y capacidades, gustos y aficiones, etc.
Y dentro del círculo social o la profesión, el éxito relativo de cada individuo o profesional comparado con los demás. 

"Ser elegido por los demás en un cortejo, en un equipo de fútbol, en la búsqueda de empleo o haciendo amigos son buenos ejemplos de lo que puede suponer esta motivación por ser y, sobre todo, parecer atractivos a los ojos de los otros." (8)

Podríamos decir que las profesiones, titulaciones, etc., son mecanismos sociales para gestionar el mercado de la atención: atención empaquetada y en bloque, podríamos decir, igual que el dinero es trabajo de los demás simbolizado, acumulado y hecho portátil y transferible. El dinero es poder social en metálico ("Money doesn't talk, it swears" decía Bob Dylan), y una titulación o un puesto de trabajo son una modalidad de reconocimiento social "gramaticalizado", indiscutible a un nivel. 

Somos seres sociales y simbólicos, y todos nuestros esfuerzos se dirigen hacia empresas y objetivos más o menos simbólicos. (De ahí que el fútbol, o la ficción, puro simbolismo vacío de contacto con la realidad del sujeto, gratuidad pura, me parezcan algunas de las esferas en las que la naturaleza humana se manifiesta de manera más pura como la pura nada que es).

"La especie Homo Sapiens se decanta por otra manera
menos peligrosa de probar las fuerzas con los adversarios,
en lo que Paul Gilbert y sus colaboradores denominan
potencial de posesión de atención social. Este
potencial se refiere a la cantidad de atención que los
demás le prestan a una determinada persona. En esas
condiciones se compite con los congéneres por la atención
y la valoración de los demás miembros del grupo.
Quien gana en esta competición incrementa notablemente
su estatus, y cae en las regiones del destierro social
quien es ignorado por sus contemporáneos del grupo.
Desde este punto de vista la posición social que uno
ocupa dentro del grupo no procede de la capacidad de
amenazar y luchar, sino de la atención que le proporcionan
los demás (Buss, 2004). Y los demás suelen otorgar
ese interés a las personas que desempeñan una tarea o
función valiosa. Un médico que atiende a un enfermo
recibe automáticamente la mejor de las atenciones por
parte del enfermo y de sus familiares. Los seres humanos
compiten por ser concesionarios de los beneficios de los
demás y así incrementar su potencial de posesión de
atención social. El fracaso en esta tarea conlleva la pérdida
de recursos y de la atención prestada por los otros."

Como digo, Gómez-Jacinto no está pensando precisamente en las redes sociales virtuales o en red, pero merecería repensarse su artículo aplicándolo en este nuevo entorno social—donde resulta, creo, especialmente explicativo.

"Si algo importa al Homo Sapiens es el tema de la pertenencia
social y
lo doloroso que le resulta la exclusión social de cualquier
grupo que considere importante." (....) "La formación de
coaliciones y de alianzas amistosas son otros de los espacios en
los que se pone en juego la autoestima del individuo."


La autoestima funciona, concluyen los evolucionistas comentados por el autor, como un sociómetro que asegura la supervivencia del individuo mediante su integración adecuada en el grupo. Cuando detectamos señales de rechazo, ajustamos nuestro comportamiento para maximizar la aceptación social y la autoestima.

El análisis de la autoestima no sólo es útil para la teorizadores de la evolución o de las relaciones sociales: también es interesantísimo para hacer observaciones aplicadas de nuestro grupo social, o de nuestro propio comportamiento (especialmente al pelo viene en un blog llamado Vanity Fea). Y también, se me ocurre, podrían derivarse de aquí interesantes líneas de análisis del discurso (desarrollando la politeness theory de Goffman, Brown y Levinson, o Leech) y de análisis narrativo—viendo cómo los creadores de ficciones y narraciones interpretan y gestionan por su parte los procesos de autoestima en sus mundos sociales inventados y representados.



 
 
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miércoles, 19 de enero de 2011

So Many Facebook Friends

Ahora que tanto se lleva la crítica a las redes sociales, y a Facebook (por ejemplo a cuenta de la película La Red Social), comentábamos hoy en clase con los estudiantes de tercero la primera referencia (y primera referencia negativa) a las redes sociales virtuales, en el relato Bienvenido a la máquina, uf qué digo, en el relato The Machine Stops, de E. M. Forster. Aunque no existe allí la Web como texto en red, ni existe el email (eh, que este relato se escribió hace más de cien años...) sí existen las redes sociales virtuales, una especie de videochat o Skype, en el que las personas que viven aisladas se conectan con multitud de "amigos de facebook" a quienes sólo conocen a través de la Máquina.

Observa Forster a propósito de Vashti, la protagonista que vive colgada de la Máquina en ese mundo futuro, y que cuando ve a alguien cara a cara le dan los terrores de la experiencia directa, que a través de su máquina tiene miles de contactos, como estos compulsivos coleccionistas de amistades que nos coleccionan a veces en Facebook si nos dejamos.

"En algunas direcciones" observa el narrador, "las relaciones sociales se habían desarrollado enormemente", y Vashti "conocía" a miles de personas. Demasiadas sin duda, diría Robin Dunbar, que le ve un límite a toda red social operativa...



Por cierto, hoy me hago amigo de Facebook de la Universidad de Zaragoza.



 
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miércoles, 2 de diciembre de 2009

Sectas, pensamiento circular y realidad virtual


Una charla sobre el pensamiento circular que se produce en las personas con cerebro lavado por las sectas, y que se van encerrando en la realidad alternativa generada por la secta y su atmósfera. La conferenciante, una ex-moonie, describe su experiencia y da una explicación memética del asunto.


Benscoter, Diane. "Diane Benscoter, ex-Moonista: cómo piensan los cultos [las sectas]." Video presentation. YouTube (TED) 17 June 2009.*
         2019





Yo creo que la explicación necesaria es más compleja, y que ha de tener en cuenta muchas dimensiones más, que aquí apenas se sugieren: la identidad social, la ideología sobre la estructura de la realidad, las crisis de creencias (religiosas, morales) y la promesa de una nueva identidad en fases de cambio... La tentación (casi narrativa, podríamos decir) de los proyectos vitales y los ideales o identidades que ofrecen las sectas o las identidades colectivas; las explicaciones narrativas que nos venden sobre el por qué y el a dónde de las cosas. La propia simplicidad de pensamiento, que no deja hueco a la duda, es tentadora para muchas personas con capacidades limitadas, o con tendencias de dependencia, y particularmente en determinadas situaciones personales de necesidad. Muchos con el fútbol se apañan: otros tienen que vestir la camisa parda.

También es crucial, para entender la dinámica de la psicología sectaria, partir de la dimensión interactiva del sujeto. Pues la interactividad y las relaciones sociales son constitutivas al sujeto, no accidentales o externas. La afiliación con los demás nos construye desde dentro, y según qué afiliaciones (o dinámicas de enfrentamiento) nos ofrecen ya una versión simplista del mundo y de las fuerzas que en él actúan.

Todo esto es una perspectiva de psicología social sobre esas reconexiones meméticas, e ideas obsesivas, descritas por la autora: dinámicas mentales circulares, que se vuelven tanto más obsesivas e irreales cuanto más encerrada está la secta o grupo en su propia dinámica, y más aislada de la realidad circundante. Hay un efecto de retroalimentación entre relaciones sociales obsesivas e ideas y actitudes repetitivas. La programación y el control de la información están en la base misma de la idea de cibernética, entendida como el estudio de los procesos de retroalimentación en cerebros electrónicos o humanos, todos programables, todos capaces de reproducir representaciones y generar universos virtuales. La idea básica de Benscoter es que esta circularidad de pensamiento altera el cerebro (su uso o funcionamiento, diríamos más bien) y le impide desarrollar el pensamiento en otras direcciones. Pero eso es básicamente porque las relaciones sociales han sido alteradas. Y cuanto más circular el pensamiento generado por el sectarismo, más se encierra el individuo en la secta.

Hay que tomar en consideración, por último, que el cerebro de por sí es dado a generar realidades virtuales en las que habitar. Y si se las dan ya hechas y empaquetadas.... para muchos, mejor. En los mundos virtuales así generados todo es posible: se puede llegar a creer cualquier cosa, y puede haber de todo en esa economía mental alternativa, desconectada del tráfico social ordinario. Y la inmersión en ellos es más total que en un videojuego, o que en la vida real, tan planita a veces ella. Son como Second Life, pero perdiendo ya pie en la First Life.


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