viernes, 20 de mayo de 2016
martes, 20 de enero de 2015
De las Crisis Juiciosas
Gracián como analista cognitivista del discurso
En su Arte de ingenio, Baltasar Gracián analiza la manera en que la retórica manipula las posibles perspectivas temporales de una situación, y la capacidad del lenguaje para desplazar los marcos de referencia que utilizamos en la representación de una acción o una situación, transformando nuestras actitudes al respecto. Es todo un tratado clásico de retórica cognitiva.
En exámenes, a ratos perdidos, voy leyendo el Arte de Ingenio: Tratado de la Agudeza de Baltasar Gracián, digo la edición de Madrid de 1642, firmada con el nombre de su hermano Lorenzo; me compré los facsímiles de esta y de la Agudeza y Arte de Ingenio (Huesca, 1646), editados y prologados ambos por Aurora Egido.
El conceptismo de Gracián, con su énfasis en el juego de ideas, y el análisis retórico que hace de los conceptos, se prestan a relacionarlo con la poética cognitiva de hoy. A mí me llama la atención la manera (un tanto escueta y enigmática ciertamente) en que percibe y saca a la luz la cuestión de los marcos de representación, y de las perspectivas cognitivas. Un suceso o situación se puede concebir de dos o más maneras alternativas, y en el juego de esas representaciones, los marcos que les subyacen, y la transformación o paso de una a otra, está muchas veces la agudeza. Agudeza que tiene el agudo citado por Gracián, agudeza que tiene el que capta la agudeza y la hace memorable (contagiado por el ingenio de la percepción) y agudeza la de Gracián que analiza en qué reside exactamente la agudeza, y a qué modalidad en concreto pertenece. No digo que sus clasificaciones sean coherentes o estancas; son más bien una perspectiva útil sobre una modalidad compleja de juego de ideas, y su descripción en cada apartado está solapada o es solapable con otras perspectivas que analizarían otros aspectos de la modalidad de agudeza estudiada. En cierto sentido el libro es también un florilegio de ideas exquisitas y una colección de chistes y anécdotas, además de un tratado de retórica cognitiva.
Veamos a título de ejemplo uno de sus capítulos o "discursos", el XXI, sobre las críticas que son a la vez ingeniosas (claro) y juiciosas. Corrijo a mi ayre algunas erratas, aunque conservo la ortografía original, dentro de un orden.
Quando el comun pondera vna conocida infelicidad, vn mal, o bien manifiesto, obseruar otro mas recondito, arguye gran viueza en el juizio. Assi el Duque de Alba, no ponderaua en Pompeyo el auer sido vencido de los contrarios, sino de los suyos en dar la batalla contra su parecer.
Conocer las eminencias, y calificarlas, es principal empleo desta sutileza. Desta suerte Augusto depreco a Cayo al embiarle a Armenia; la benueolencia de Pompeyo, la audacia de Alejandro, y su fortuna propia.
Tambien se califica, graduando las excelencias de los sujetos, y de las Prouincias, tal fue aquella de las Prouincias de España.
Boetica mittit equos, tauros Xarama feroces,
Insignes Cstella Duces, Aragonia Reges.
Censurase con una improporcion ingeniosamente. De Mario dixo Paterculo; murio aquel varon grandemente dañoso en la guerra para los enemigos, en la paz para los Ciudadanos: Morbo opressus decessit Marius vir in bello hostibus, in otio ciuibus infestissimus.
Con vna critica antitesi, dixo de Tiberio, disimulado vn atento cortesano, al reusar el Imperio. Los demas cumplen tarde, lo que prometen de presto, tu lo que temprano haces, tarde lo prometes. Caeteri quod pollicentur tardè praestant; tu quod praestas tardè polliceris.
Las dubitaciones son artificiosa forma del censurar. Del heroico Anibal, ponderò Valerio Maximo, dexandose lleuar del vulgar sentir de los estrangeros, que dexò en duda, si auia de ser tenido por maximo, o po pessimo. Insignem nominis sui memoriam relicturus, in dubio maior ne, an peior haberi deberet, poneret.
Ay vnas verdades plausibles y gustosas, que participan igualmente de la Agudeza, y de la prudencia; como aquella de Marcial a Emiliano, quando le dize: Si eres pobre, siempre seràs pobre, porque las dadiuas no se hazen sino a los ricos.
Semper eris pauper. si pauper es Ameilianei
Dantur opes nulli nunc nisi diuitibus.
Tienen algo de satiricas, y juntamente son sentenciosas. Dixo el mismo Marcial a vno que pleiteaua vna deuda: Tu has de presentar al juez, has de pagar al Abogado &c. Pareceme que es mejor pagar al acreedor, que es vno solo.
Et iudex petit, petit Patronus
Soluas censeo Sexte creditori.
El principal assunto deste modo de Agudeza, es vna censura extraordinaria, nacida de vna gran capacidad que alcança mucho. Tal fue el consejo que dio el Rey don Henrique de Castilla a su hijo, y el aprecio que hizo, y diuision de sus vassallos, en los que auian seguido sus partes las del Rey don Pedro de hermano, y los neutrales. Estremada fue la de Augusto, quando refiriendole que Alexandro a los treinta y dos años de su edad, auiendo conquistado el mundo, dixo: En que passaremos lo que nos queda de vida, se admirò de que no entendiesse Alexandro, que era mayor obra gouernar bien vn Imperio, que conquistarlo. Viendo Iulio Cesar vnos Estrangeros cargados de perrillos, estimandolos mucho, preguntò si en aquella tierra parian las mugeres hombres. Gran dicho fue el de Felipo a su hijo Alexandro: murmuraua de que su padre tenia muchas mugeres, y lleuaba mal tener tantos hermanos. Dixole Felipo, aumentandole el miedo, y estimulandole a la virtud: Procura o Alexandro, pues has de tener tantos competidores del Reyno, ser tal en la virtud, y en el valor, que merezcas ser antepuesto a todos. Dixo Pompeyo de si mismo, que todas las dignidades las auia conseguido antes de esperarlas, y las auia dexado antes que otros las esperassen.
martes, 19 de julio de 2011
La realidad, según se mire
La realidad, según se mire, está en el mundo o está en la mente. Hablaremos aquí de idealismo, realidad, y marcos conceptuales.
La teoría del conocimiento tradicional oscilaba entre dos polos: el idealismo, según el cual la mente no conoce sino una realidad de naturaleza ideal, y el realismo, según el cual la mente conoce una realidad exterior a ella. Sirvan de ejemplos extremos el platonismo y el materialismo histórico. Tales extremos piden por supuesto algún tipo de síntesis dialéctica. Y una síntesis que no puede dar una fórmula igual para todos los tipos de conocimiento o de percepción. Las formas de la sensación simple son más interpretables según la fórmula realista—con la sensación yendo del objeto al sujeto de conocimiento—y constituyen también la base común de conocimiento y sensación que compartimos con los animales que se nos asemejan.
Pero la manera en que estas sensaciones se agregan para formar objetos de conocimiento ya está más mediada por una actividad cerebral compleja. Es a esto a lo que se refería sin duda Descartes cuando, en la segunda Meditación, lo ponía de manera un tanto maximalista: "Ahora sé que ni siquiera los objetos son percibidos estrictamente hablando por los sentidos o por la facultad de la imaginación, sino sólo por el intelecto, y que esta percepción deriva no de que sean tocados o vistos, sino de que sean entendidos". Así, vemos un árbol, pero el árbol que vemos es y no es el árbol que ve el perro. La raíz del árbol, podríamos decir, es la misma, pero en nuestra experiencia el árbol tiene unas ramificaciones que no tiene el árbol del perro.
Una cosa la vemos realmente no cuando la tenemos delante de los ojos, sino cuando la vemos realmente. Cuando la miramos, para empezar, centrando en ella nuestra atención, y cuando la entendemos. Así podemos entender muchos objetos cotidianos de manera distinta a sí mismos, cuando están asociados mentalmente a otros objetos (u otros momentos, etc.). Desde el punto de vista idealista, es la mente la que proyecta el concepto sobre el objeto–sobre el objeto primariamente percibido—para perfilar su percepción, y ubicarlo en una red mental de relaciones que lo sitúan y explican.
Cuanto más compleja es la red de asociaciones mentales que va unida a un objeto, más complejo se vuelve éste, más se aleja de una mera colección de impresiones. Se crea la identidad del objeto, no sólo como tal objeto ("un árbol", "un coche", "una casa", etc.) sino como este árbol, este coche, esta casa, con una red de asociaciones irrepetible, una historia y una identidad que los individualizan para la mente que establece esa red de relaciones, o para el grupo social que colabora para convertir a ese objeto físico en un objeto mental colectivo, un objeto cultural, un icono de especial significado por ejemplo.
De este modo los objetos del mundo cultural son mucho más mentales—producto de una mentalidad compartida—que meramente físicos. Y a esto me refería en parte cuando hablaba de la realidad virtual en la que habitamos, generada en gran medida mediante el lenguaje y la red de discurso que tejemos en torno a los objetos. Red de palabras, pero también de relaciones sociales. El mismo objeto o situación son y no son los mismos, según cómo se interprete, o según la perspectiva que se proyecte sobre ellos.
La identidad de los objetos, y la atención que les prestamos, está gestionada colectivamente. En mayor o menor medida—también hay asociaciones que llamamos privadas y que son parcialmente privadas, mientras que otras son evidentemente públicas y colectivas. La experiencia humana de la consciencia no viene de la mera percepción (del objeto hacia el sujeto), sino de la atención del sujeto al objeto: la proyección de un concepto, un marco conceptual interpretativo, o una estructura narrativa que sirve para ubicar e interpretar al objeto. Proyección de la mente "hacia el objeto" por así decirlo, o de la mente hacia sí misma, o hacia otras mentes, mediante el lenguaje u otros sistemas de representación.
Por eso las representaciones añaden valor al objeto—por eso un objeto representado normalmente atrae más la atención que el objeto material mismo, y así la pintura modifica nuestra percepción de la realidad, y la fotografía nos hace más conscientes del objeto fotografiado. La experiencia misma de la consciencia proviene de este juego complejo de ideas y representaciones, y así los medios de representación, y su uso colectivo e intersubjetivo, contribuyen a crear el mundo en que habitamos como una realidad virtual—realidad ideal, o paisaje mental.
