Es la expuesta por Erving Goffman en Strategic Interaction
(1969). El primer ensayo, "Expression games", es muy muy típico
de la Guerra Fría, pues se basa en la tesis de que las acciones
y estrategias de los espías no son diferentes en naturaleza sino
únicamente en grado o intensidad de las que aplicamos
constantemente en la vía cotidiana. Los espías son como
nosotros, porque nosotros somos como los espías. Simulamos,
observamos, ajustamos nuestro comportamiento calculando la
interpretación del otro, y construimos la superficie de la
naturalidad como algo que nos permita luego actuar con
información previa, habiendo preparado el terreno, y presentar
así una espontaneidad construida que nos permita una
actuación redonda, llevando adelante nuestro personaje con sprezzatura.
Así pues, la vida cotidiana es una especie de guerra
fría, y nuestras parejas, familiares, amigos y allegados son
objeto de nuestra infiltración—como nosotros los somos de
la suya. Naturalmente, esta infiltración en lo más
cercano lleva a una estructura de personalidad marcada por esa
infiltración: para espiar a los demás convincentemente
debemos observarnos también nosotros, vernos desde fuera,
interiorizar la división sujeto/objeto, la observación
disimulada, y la actuación (con ensayos mentales previos) ante
sí mismo, antes de exteriorizarla convenientemente preparada
ante los demás.
Recomiendo leer el ensayo de Goffman junto con otra pieza paranoica,
también modélica de la Guerra Fría, el cuento de
Donald Barthelme "Game" de Unspeakable Practices, Unnatural Acts o Sixty Stories—donde
dos encargados de accionar simultáneamente el botón
nuclear se observan, cada uno armado, cada uno paranoico, sospechando
los dos de la cordura del otro, y simulando naturalidad y
despreocupación.
Veamos todo esto más detenidamente.
El ensayo de Goffman estudia "la capacidad del individuo para adquirir,
revelar y ocultar información" (4, traduzco). Cuida bien Goffman
de distinguir la información de la comunicación.
La comunicación es transmisión intencional de
información, pero el sujeto exuda información
interpretable, aparte de la comunicada—por su manera de comunicar
y por todo lo demás que hace. En especial cara a cara, pero
también por toda la pragmaestilística, ceremonial y
materialidad de la interacción, aun si ésta es por
escrito.
Antes de emplear un término vago como "verdad" para caracterizar
la comunicación del sujeto, hay que determinar si nos referimos
a algo que el sujeto cree, o a algo que es cierto, o a algo que el
sujeto cree y que es cierto.
Pero aparte de la información comunicada están como
decimos los aspectos expresivos de la interacción: los gestos e
información no codificada que emplea el sujeto observado. La
idea central del libro de Goffman es que como resultado de la
interacción y de la observación mutua, estos gestos en
principio no codificados pueden, primero, interpretarse; luego, una vez
el observado sabe que pueden interpretarse, pueden codificarse y
presentarse como una espontaneidad construida; y tercero, esa
construcción o gramaticalización puede a su vez ser
descubierta. El juego de codificación y descodificación
puede continuar (por ejemplo, estableciendo un segundo plano de
comunicación mutuamente entendible pero no confesada
abiertamente), con complicaciones sucesivas, tanto más
complejas cuanto fino sea el conocimiento que las partes observada y
observadora tienen una de otra—pero se vuelve cada vez más
incierto, y la información obtenida menos utilizable y
más azarosa.
Aquí teoriza Goffman la interpretación "sintomática" (crítica o unfriendly) como estrategia de lectura del mensaje, tanto del contenido comunicado como de su periferia estilística:
Just
as the process of communicating information itself expresses
information, so also a corpus of communicated signs has expressive
aspects. Discursive statements seem inevitably to manifest a style of
some kind, and can never be apparently free of "egocentric particulars"
and other context-tied meanings. [Note 8: A point recently argued by H.
Garfinkel and H. Sacks in their work on conversational settings.] Even
a written text examined in terms of the semantic meaning of the
sentences can be examined for expression that derives from the way a
given meaning is styled and patterned, as when Izvestia and Pravda are
read by our intelligence people "symptomatically," for what the
Russians do not know they are exuding thorough the print. [Note 9: A
useful illustration of this sort of textual analysis is available in A.
George, Propaganda Analysis (White Plains: Row, Peterson, 1959)].
Indeed, the very sense of a message depends on our telling whether it
is conveyed, for example, seriously, or sarcastically or tentatively,
or as an indirect quotation, and in face-to-face communication this
"framing" information typically derives from paralinguistic cues such
as intonation, facial gestures, and the like—cues that have an
expressive, not semantic, character. (9).
Esto se extiende a todo tipo de información contextual no
comunicada intencionalmente. Al leer al otro, no nos limitamos a
recibir pasivamente su información, sino que interpretamos el
contexto para obtener información suplementaria. Y eso lleva a
que esa información suplementaria y originalmente no controlada
busque ser controlada, primero por el sujeto observador, luego por el
sujeto observado, para limitar la capacidad de observación del
observador y obtener una ventaja en la situación interactiva:
Just as it can
be assumed that it is int hte interests of the observer to acquire
information from a subject, so it is in the interests of the subject to
appreciate that this is occurring and to control and manage the
information the observer obtains; for in this way the subject can
influence in his own favor responses to a situation which includes
himself. Further, it can be assumed that the subject can achieve this
end by means of a special capacity—the capacity to inhibit and
fabricate expression. (10)
Veremos que esta competencia o guerra de ingenios entre el observador y
el sujeto observado lleva a los dos a convertirse en imágenes
especulares (infinitamente especulares en potencia), ambos observador y
observado. El proceso de observación y de interpretación
de los signos obtenidos se transforma así en una lucha por
obtener la posición de topsight—
el dominio perspectivístico del panorama de la acción,
disponiendo de la información más fiable. Y, visto que la
labor del sujeto observador no es únicamente pasiva, sino
también activa, fabricando
la realidad que ha de ser observada, se convierte este enfrentamiento
también en una lucha por el control de la realidad:
¿cuál de los dos sujetos sabe qué es lo real,
cuál sabe distinguir lo realmente espontáneo de lo
construido, de lo que se ha amañado o preparado para que pase
por natural? ¿Cuál construirá una realidad a la
vez más controlada y más aparentemente inocente? ("Tanta casualidad no puede ser casual"
canta Carmen París). Es un combate casi
metafísico—habida cuenta sobre todo de que el Otro al que
nos enfrentamos es el Otro-en-nosotros, es la interpretación que
hacemos de lo que el Otro puede interpretar, tal como lo entendemos
desde nuestro punto de vista. Las posibilidades de empatía
crecen a la vez que las de competencia (tema para buenos argumentos de
espionaje)—y si el sujeto se construye mediante la
reflexión y la internalización de la interacción,
podemos decir que este tipo de distancias cortas son un espacio de primera categoría para el desarrollo de la experiencia subjetiva.
Aunque Goffman lo tenía a huevo para utilizar una
analogía heisenbergiana (por aquello de que la presencia del
observador afecta a la situación observada) se desentiende
explícitamente de ello (p. 11) y distingue entre la
observación de seres inanimados, indiferentes a ser observados,
y la de seres animados, en los que la observación desencadena
una reacción. Pasa a clasificar los tipos de movimiento
interactivo posibles:
1) unwitting move, cuando la
actividad del objeto observado no va orientada al sujeto observador,
cuando es digamos "natural", iniciando así el juego (pero sin
jugar).
2) naïve move, la
interpretación que hacemos de un objeto cuando damos por hecho
que el sujeto observado puede interpretarse tal como aparece, en
sentido literal digamos—que sus acciones son unwitting moves.
3) control move, cuando el
objeto (también sujeto observador) produce expresiones que
considera mejorarán su situación si son interpretadas
como unwitting moves por un
observador crédulo: "The subject appreciates that his
environment will create an impression on the observer, and so attempts
to set the stage beforehand" (12).
Los movimientos de control se diversifican a su vez de modos
interesantes, dando lugar a las artes de "1) concealment or cover, 2)
accentuated revealment, and 3) misrepresentation" (14). Esto tiene
consecuencias interesantísimas en la complicación de la
realidad que produce: la realidad antes inocente pasa a ser algo
calculado y fabricado; se abre un segundo nivel de significación
no literal. Por otra parte, aunque Goffman no lo presenta en estos
términos, tiene un importante dimensión narrativa: la
realidad se narrativiza intensamente, con argumentos hipotéticos
de detección y ocultamiento, se llena de historias posibles que
se materializarán o no, y el futuro pasa a ser planificado desde
el presente. Se siembran las semillas de la acción futura que
luego se hará pasar por espontánea: toda una historia.
Aquí se juntan predicción, retroacción (desde la
predicción) y una intensa reflexividad empática. Goffman
se refiere a G. H. Mead cuando nos dice que "the subject turns on
himself and from the point of view of the observer perceives his own
activity in order to exert control over it" (12).
Este paso, aunque intensamente interactivo, no es propiamente comunicativo:
The various processes of control
do not strike at the observer's capacity to receive messages, but at
something more general, his ability to read expressions. Thus, when the
subject employs verbal means to convey information about his intended
course of action, the observer—if he is properly to judge the
significance of these communications—will have to attend to the
expressive aspects of the transmission as a check upon semantic
content. Similarly, in trying to conceal while communicating, the
subject, too, will have to attend to his own expressive behavior. A
message, then, functions merely as one further aspect of the situation
which must be examined carefully and controlled carefully because of
the contest of assessment between the subject and the observer. (13-14).
Otra dimensión narrativa del análisis de Goffman aparece
en su definición de las explicaciones y relatos: "The subject,
in addition to feigning and feinting, can provide the observer with
'accounts' and 'explanations' , these being verbal techniques for
radically altering the assessment that the observer would otherwise
make" (16). Habría que aclarar que el observador también
construye (ha construido) una estructuración narrativa de los
hechos, y que la narración explícita del sujeto observado
es una contranarración, una narración en un concurso de narraciones que explican o interpretan la realidad de maneras diferentes.
Una vez establecido el movimiento 3.1 (covering move) puede abrirse paso al movimiento interactivo número 4: uncovering move, mediante
exámenes o revisiones. El juego de encubrimiento y
descubrimiento puede ser especialmente intenso en un contexto
específico que sea bien conocido tanto por el observador como
por el observado (el encubrimiento y descubrimiento de la ignorancia
académica, entre profesores y alumnos, es un ejemplo). Y tras el
4 viene el 5: counter-uncovering move,
el paso final de complicación que Goffman considera útil
distinguir en este análisis del maquiavelismo cotidiano.
Un elemento a tener en cuenta es que, habida cuenta de la
observación mutua y del deseo de cada uno de los actores de
tener el dominio informativo sobre la situación, un paso
especialemente recomendable es simular que no se tiene ese dominio:
"The best advantage for the subject is to give the observer a false
sense of having an advantage—this being the very heart of the
'short con'." (20). El sujeto se halla en posición especialmente
favorable si controla al controlador, si puede ofrecer un aspecto ya
sea de inatención descuidada, de "naturalidad" de quien no se
siente observado. O, en una segunda fase, de incompetencia—
simulando torpes maniobras de ocultación que en realidad buscan
despistar al espía, que creerá haber desvelado las
patéticas defensas que el sujeto levanta contra la posibilidad
de ser espiado. Son dos fases similares (una naturalidad construida),
una fingiendo ignorar al observador, otra fingiendo que se le considera
menos competente en su obtención de información de lo
que en realidad se le considera. Claro que si este juego se descubre se
pasa rápidamente a un terreno indeterminado en el que todo pasa
a ser engañoso y toda apariencia es potencialmente una
construcción.
La realidad inocente peligra, con esto que Goffman llama la
"corrupción de la expresión". Una vez el sujeto se
embarca en la simulación de expresiones emocionales, descubre
que toda señal espontánea puede ser imitada y controlada
para controlar así a quien la observe. Así la
expresión facial antes espontánea, los rasgos corporales
que traicionan la emoción interna, y que pueden ahora ser
ensayados, etc. Los espías internacionales pueden así
construirse una identidad falsa con abundancia de indicios
"periféricos" que proporcionan lo que Barthes llamaría un
efecto de realidad. Pero la vigilancia se extiende rápidamente a
otros terrenos y contextos:
"con
los recientes avances rápidos en la tecnología de la
vigilancia, ha habido una notable extensión de los tipos de
contexto social que pueden sospecharse de modo realista que son
inseguros, es decir, sujetos a observacion: y con esto podemos esperar
un aumento del cuidado en lo relativo a ciertas expresiones y un
aumento de la voluntad de verse expuesto, con respecto a otras
expresiones". (28)
Vamos, que estamos en terreno móvil continuamente: lo que hace
poco era incontestablemente natural puede hoy ser al menos en potencia
el teatro público de una monitorización universal.
Pero no hace falta llegar a refinamientos tecnológicos para que
se "corrompa la expresión". En la interacción ordinaria,
tanto el observador como el sujeto observado monitorizan la
expresión de éste, y evalúan lo que podría
ser creíble como manifestación espontánea o como
fabricación—y el propio sujeto observado altera su
expresión de acuerdo con estas evaluaciones. Así por
ejemplo con señales de atención como la dirección
de la mirada:
"Constant
monitoring occurs, whereby everyone checks up on the stability of the
situation by noting the propriety of the persons in it, this itself
accomplished by checking up on the allocation of involvement manifest
by everyone present. The perceivable direction of an individual's gaze
provides perhaps the chief source of information concerning his
involvements. Given these circumstances, it is understandable that an
individual who feels he is improperly involved will try to conceal the
direction of his gaze and otherwise mask his involvement" (32).
Mirando o no mirando a las piernas de las chicas, por ejemplo. Es
interesante este asunto de la dirección de la mirada si se tiene
en cuenta que en el ser humano es eminentemente evaluable (por la
visibilidad de la posición relativa del iris y el blanco de los
ojos) si se compara con la de otros animales. Es en efecto un
instrumento interactivo de primer orden—tanto la mirada de reojo
como su interpretación y su control. Sugiere Goffman que si bien
es esperable un cierto control sobre la expresividad, el control
completo es imposible: "subjects cannot be counted on to maintain
complete strategic control over their expressive behavior" (33)—y
de allí que sea útil estudiarlo, y necesario aventurar
interpretaciones siempre inciertas en cuanto a los límites de
ese control.
Es difícil sobrevalorar la importancia semiótica de estos
fenómenos: signos espontáneos que se captan primero en un
proceso de interacción, y que luego pasan a fabricarse, una vez
esa captación es captada a su vez—todo un ejercicio de
atención a la semiosis de la realidad, "an intentional shifting
into the explicit focus of attention of what is ordinarily obligatorily
disattended" (35). Este ejercicio de atención también
lleva a desarrollar una perspectiva holística sobre el sujeto,
visto que la riqueza de información viene precisamente de la
multiplicidad potencial del individuo, irreducible a una sola
dimensión comunicativa, o a un solo papel interaccional. La
actuación es guiada en principio por el interés
predominante de un individuo, pero los individuos son
multidimensionales, no tienen un único interés—su
papel en cuanto actores en una determinada línea de
acción no es sino uno de sus posibles avatares. Las
líneas de acción y los sujetos no coinciden. De
allí que distintos sujetos puedan formar equipo para un objetivo
determinado, o que un mismo sujeto se vea dividido en sus distintos
aspectos o roles, el que está comprometido con el objetivo, y
otros yoes que tienen intereses divergentes:
"it
can never be said that an individual has only one interest. Individuals
aren't like that. Ordinarily, of course, the individual will be
officially active in connection with one set of interests, and there
will be some understanding and agreement that his other interests are
temporarily set aside although unscheduled appearance itself can be
oficially allowed for under certain circumstances (....). By acutely
awakening the subject's ordinarily latent interests he, in effect,
becomes split in two, with one of these interest-serving persons
forming a coalition with the enemy". (37).
Otra complicación interactiva de esta fragilidad o borrosidad
del sujeto es que estas debilidades pueden volverse un inconveniente
para el propio observador. Así por ejemplo, las confesiones
obtenidas bajo tortura no resultan informativamente fiables, y de hecho
son desacreditadas en los sistemas judiciales modernos. Y esta misma
debilidad conocida puede ser reciclada, reutilizada y utilizada por el
sujeto como una baza en el juego, de manera calculada (41). Nos cuenta
Goffman historias fascinantes de espionaje: de bandos que ocultan
información a sus propios miembros a los que saben vigilados,
para así poder manipular mejor al enemigo que así
interpretará su ignorancia, o su fe en la información
amañada, como auténtica y no fingida. Espías, y
agentes dobles, y triples y cuádruples, cuyas maniobras son cada
vez más ambiguas y azarosas. Y va clasificando distintos tipos
de limitaciones al juego de la expresión: factores
físicos, conocimiento especializado, características de
la naturaleza humana, y normas sociales. Por ejemplo, ésta muy
interiorizada, que nos indica que no hay que mentir y se asegura de que
de hecho no lo hagamos:
"Thus,
many persons are willing to tell a bald lie, but few persons can manage
to do so without expressing in some way that they are not telling the
truth." (45)
Todos llevamos un polígrafo incorporado. Pero ahí ya
entra el juego entre las partes de si se quiere interpretar realmente,
o si se sabe, o de si es meramente suficiente para esa
interacción en concreto una verbalización de la verdad
oficial, sea lo que sea lo que trasluzca de los mensajes expresivos del
sujeto. De esto hay mucho en política, donde se lanzan mensajes
de todo tipo a distintos niveles. Como señala Goffman, aun
habiendo reglas del juego, éstas pueden seguirse, o no seguirse,
y eso por una variedad de motivos, tanto buenos como malos.
En la sección sobre propiedades estratégicas del juego, Goffman diferencia entre los movimientos interactivos reales y los virtuales o tácitos.
Esto se debe al hecho de que, visto que la acción va a dar lugar
a una respuesta, esta respuesta se anticipa y modifica ya la
acción antes de que ésta se produzca (G. H.
Mead)—podríamos decir que la acción humana es
inherentemente dialéctica, o dialógica, en este sentido.
O, por decirlo de otra manera, que como toda acción va a ser
respondida, ya viene ajustada a esa hipotética respuesta, ya la
incorpora por adelantado (y es a la vez una respuesta a esa respuesta,
y quizá a la reacción subsiguiente del interlocutor).
Toda acción es ya interacción, por lo mismo que toda
palabra (como decía Bajtín) es diálogo
implícito, y viene ya modulada de antemano por las
presuposiciones del interlocutor (o más bien por lo que
presuponemos que son sus presuposiciones).
"As
G. H. Mead argued, when an individual considers taking a course of
action, he is likely to hold off until he has imagined in his mind the
consequence of his action for others involved, their likely response to
this consequence, and the bearing of this response on his own designs.
He then modifies his action so that it now incorporates that which he
calculates will usefully modify the other's generated response. In
effect, he adapts to the other's reponse before it has been called for,
and adapts in such a way that it never does have to be made."
(47).
Es decir, que la realidad está interpenetrada de realidades
posibles, de ficción y de historias que no llegan a
materializarse pero que rodean como virtualidades y potencialidades lo
que en efecto sucede—sin contar con que están
constantemente sometidas a reescritura. Incluye todas esas
irrealidades, es más, está conformada por ellas. La
interacción maquiavélica supone pues toda una
narratividad implícita, o una hermenéutica de la
acción estratégica del sujeto. Respondemos por anticipado
a a una acción del contrario que no se ha producido, y que de
hecho no se producirá, precisamente debido a nuestra respuesta.
Podría parecer un mundo de acciones fantasmales, pero es el
mundo en el que vivimos la vie quotidienne, un mundo de cálculo,
estrategia, y control de la expresión. La realidad, sin embargo, se resiente, cómo no. Y nos entra una
paranoia de la autenticidad. Podemos dudar de si lo que se nos ofrece
es inocente y literal, o si es un fingimiento mal intencionado, o si es
una "inocencia" construida, un estudiado ajuste a las expectativas
destinado a facilitar la interacción. Observa Goffman que una
coartada demasiado perfecta, una representación demasiado buena,
puede inducir sospechas de ser lo contrario de verdadera. Y que tampoco
son fiables en cualquier caso sus versiones imperfectas—todo
depende de la situación. Hay criterios para distinguir la
autenticidad, sí: por ejemplo, el entramado irrepetible de
detalles—pero nunca son válidos los mismos criterios
siempre y en todo lugar. Esto es como el arte de la guerra de Sun Tzu:
"It
might be thought that an observer who suspected the manipulation of
fugitive signs and substantive ones would have one recourse: he could
perceive that the world is real, its multitude of little events in real
connection with others, and that when a multitude of independent signs
tell the same story, this can be taken for the way things are. But this
belief about the meshing of events can be exploited too." (61).
Y es que tratándose de un juego de a la vez
identificación y competencia con el contrario, se instala una
relación perniciosa que impide la estabilización del
sentido:
"The
very fact that the observer finds himself looking to a particular bit
of evidence as an incorruptible check on what is or might be corrupted
is the very reason why he should be suspicious of this evidence; for the best evidence for him is also the best evidence for the subject to tamper with." (63).
Y no hay solución buena: ni pensar que el adversario es
más ciego, y que ya estamos un paso por delante de él, ni
pensar que es tan vivo como nosotros, pues podemos utilizar estrategias
hiperrefinadas que podrían ser incluso contraproducentes al ser
ignorados nuestros esfuerzos por un adversario mucho menos hermeneuta y
más directo que nosotros (fools rush in where angels fear to
tread...). Y así nos instalamos en la paranoia
hermenéutica, en terreno violentamente oscilante e incierto:
"The
consequence of this degeneration of assessment is well known. The point
is not that what seems to be the case comes to be questioned, but
rather that a demoralizing oscillation of interpretation can result:
the player will feel at one moment that he is being oversuspicious and
that he should take the other at face value or, at worst, as someone
who employs usual covers and, at the next, that a trap has been set for
him. At one moment he can feel that he has finally hit upon indicators
that can't be faked, and the next moment he can feel that this is
exactly how the opponent wants him to accept these indications, and
that they have been fabricated for this purpose. (...) When the
situation seems to be exactly what it appears to be, the closest likely
alternative is that the situation has been completely faked; when
fakery seems extremely evident, the next most probable possibility is
that nothing fake is present" (69).
El juego de la interacción lleva a que la mera posibilidad de
ser observado por un vigilante convierta al sujeto (ya) en vigilante
él mismo, inaugurando el ciclo maquiavélico de las
apariencias circunstanciales y su construcción cuidadosa. El
mismo comportamiento "inocente" se vuelve, cuando hay consciencia de
ser vigilado, en una actuación teatral (no de otro modo pasamos
ante los controles policiales). Así pues, la realidad tal
como la experimentamos es activamente construida por anticipado—y adquiere así una naturaleza dramática, y narrativa—pues
contamos con que nuestra interpretación de nuestro papel
será observada y evaluada según un plan que prevemos lo
mejor posible. El futuro se construye por anticipado, y se prepara
desde ahora (plantándola por adelantado) la mejor salida a las
alternativas que los demás nos puedan presentar. Desde el
momento en que el sujeto observado puede reciclar el contexto y
modelarlo por anticipado para que produzca el efecto deseado,
abriéndonos salidas alternativas, y haciendo lo posible por que
juege a nuestro favor, dentro de lo posible, la conjunción
irrepetible de circunstancias. Esta conjunción va creando
espontáneamente nuevos contextos que en parte pueden haber sido
amañados por adelantado, y en parte ofrecen material para
futuras manipulaciones. Esta cuestión de la preparación
por adelantado del futuro me interesa especialmente por lo que desvela
sobre la naturaleza retroprospectiva del presente—la
interpenetración mucho mayor de lo que solemos creer entre
presente, pasado y futuro (o sea, la articulación del tiempo
propiamente humano, que es una construcción a la vez
intensamente semiotizada, e interactiva).
Pasa Goffman a estudiar situaciones interactivas de tres sujetos: uno
que prepara una situación para que un tercero interprete en ella
las acciones de un segundo—el ejemplo clásico es lo que
los americanos llaman framing,
el plantar pruebas incriminatorias contra alguien, pruebas del tipo
exacto que un tercero o una autoridad va a apreciar como irrefutables.
(De ahí el sentido más goffmaniano de framing
entendido como construcción interaccional de la realidad no hay
sino un paso). Otro caso de paranoias en tríos y en grupos se da
en el caso de los viejos amigos, cuando cada cual va sabiendo (y
diciendo a unos sí y a otros no) cosas de los demás que
no deberían saberse, o revelarse. Esto lleva a que sea un alivio
librarse de estas relaciones, o a echar en falta los tiempos iniciales
donde todo el mundo tenía menos información utilizable.
En fin, que nuestra identidad pública, como la de los
espías, siempre es una construcción parcialmente ficticia
y frágil, sujeta a revelaciones, desenmascaramientos,
exposición de contradicciones y de actitudes incompatibles. Es
otro aspecto de lo que Goffman llamaba "rostro" en su famoso ensayo "On
Face-work". Y no sólo somos espías, sino que vivimos
rodeados de ellos:
"In
every social situation we can find a sense in which one participant
will be an observer with something to gain from assessing expressions,
and another will be a subject with something to gain from manipulating
this process" (81).
Al parecer Goffman era un observador con algo que ganar, y como tal
temido por sus colegas y allegados—aun cuando únicamente
reunía datos y ejemplos para su teoría.
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