jueves, 27 de marzo de 2025
jueves, 18 de julio de 2019
Stoicheion in Grammar and Cosmology
Lo citado no es nada sobre Lucrecio, sin embargo, sino este artículo mío sobre metanarración:
martes, 16 de julio de 2019
El evolucionismo de Lucrecio: Exaptación y retrospección
El poeta y filósofo atomista romano Lucrecio es un importante teorizador de la evolución. En su poema De rerum natura, y como parte de una argumentación anti-teleológica, formula de modo polémico la teoría de lo que Stephen Jay Gould habría de llamar la "exaptación": la tesis de que los órganos no se han desarrollado con vistas a desempeñar sus actuales funciones, pues éstas han derivado colateralmente. Extraemos algunas consecuencias desde el punto de vista de un evolucionismo narratológico.
Texto completo:
El evolucionismo de Lucrecio: Exaptación y retrospección
Ibercampus (July 4, 2019) Posted 12 Jul 2019
Jose Angel Garcia Landa
Universidad de ZaragozaEnglish Abstract:
Lucretian Evolutionism: Exaptation and Retrospection
The Roman poet and atomistic philosopher Lucretius is a major evolutionary theorist. In his poem De rerum natura, as part of an anti-teleological argument, he polemically formulates the theory of what Stephen Jay Gould has called 'exaptation': the notion that organs have not evolved with a view to their present functions, which are colaterally derived. Some consequences for an narrativist evolutionary science are derived from an analysis of this passage.Suggested Citation:
jueves, 4 de julio de 2019
El evolucionismo de Lucrecio: Exaptación y retrospección
No se hizo el oído para oír. Quien tenga oídos, que oiga.
Lucrecio es más un evolucionista que un protoevolucionista, y en su poema Sobre la Naturaleza aparece claramente prefigurada, o apuntada, o insinuada, la teoría evolucionista de la exaptación, formulada polémicamente hace no tanto tiempo por Stephen Jay Gould. Teoría que viene a subrayar precisamente eso (lo que sostenía Darwin y antes que él Lucrecio): que el ojo no se hizo para ver, ni la pierna para correr.
El poeta atomista Lucrecio es un importante pensador del evolucionismo, hasta extremos que es fácil subestimar. Las bases materialistas de su teoría lo llevan a explicar los fenómenos naturales como resultado de las colisiones de los átomos y de la formación de estructuras estables, que son las que reconocemos como cuerpos, y las que somos, por otra parte. Es una estabilidad provisional, pues para Lucrecio como para Heráclito todo fluye, todo se halla en flujo perpetuo y toda forma tiene su nacimiento y muerte, desde los seres vivos hasta la fábrica entera del mundo y el cosmos.
Quiero aquí leer más despacio un fragmento del libro IV (822-57), para el que sigo el texto y traducción de Eduard Valentí Fiol (De rerum natura / De la naturaleza, ed. bilingüe y trad. de Eduard Valentí Fiol; Barcelona: Bosch, 1985, 376-77). Es el pasaje que titula el editor "Contra las causas finales":
Illud in his rebus uitium uementer [auemus]A este texto, un excurso en la descripción que venía haciendo Lucrecio sobre los sentidos, los pensamientos y los sueños, le añade dos notas el editor:
te fugere, errorem uitareque praemetuenter,
lumina ne facias oculorum clara creata,
prospicere ut possimus, et ut proferre queamus
proceros passus, ideo fastigia posse,
surarum ac feminum pedibut fundata plicari,
bracchia tum porro ualidis ex apta lacertis
esse manusque datas utraque [ex] parte ministras,
ut facere ad uitam possemus quae foret usus.
Cetera de genere hoc inter quaecumque pretantur
omnia peruersa praepostera sunt ratione,
nil ideo quoniam natumst in corpore ut uti
possemus, sed quod natumst id procreat usum.
Nec fuit ante uidere oculorum lumina nata
nec dictis orare prius quam lingua creatast,
sed potius longe linguae praecessit origo
sermonem multoque creatae sunt prius aures
quam sonus est auditus, et omnia denique membra
ante fuere, ut opinor, eorum quam foret usus;
haud igitur potuere utendi crescere causa.
At contra conferre manu certamina pugnae
et lacerare artus foedareque membra cruore
ante fuit multo quam lucida tela uolarent,
et uolnus uitare prius natura coegit
quam daret obiectum parmai laeua per artem.
Scilicet et fessum corpus mandare quieti
multo antiquius est quam lecti mollia strata,
et sedare sitim prius est quam pocula natum.
Haec igitur possunt utendi cognita causa
credier, ex usu quae sunt uitaque reperta.
Illa quidem sorsum sunt omnia quae prius ipsa
nata dedere suae post notitiam utilitatis.
Quo genere in primis sensus et membra uidemus;
quare etiam atque etiam procul est ut credere possis
utilitatis ob officium potuisse creari.
29. Lucrecio interrumpe su exposición para intercalar un ataque contra la concepción finalista del mundo, del mismo modo que en otros lugares intercala pensamientos antiteológicos (II 167-183, V 110-234, VI 379-422).
30. Hay que distinguir, pues, las invenciones humanas, hechas con vistas a un fin y una utilidad, y las obras de la naturaleza, realizadas sin propósito determinado.
Y traduce así el texto latino anterior, en dos párrafos en los que se contrasta la falta de teleología en los diseños naturales, con la teleología e intencionalidad de los diseños "inteligentes" o artificiales:
A este propósito, encarecidamente te prevengo que huyas de un error y lo evites con cuidado: no creas que las luces de los ojos fueron creadas para que pudiéramos ver; ni que para poder avanzar a grandes pasos se articularon muslos y piernas, apoyados en los pies; ni que tenemos antebrazos ensamblados a los robustos brazos, y manos que nos sirven desde ambos lados, a fin de poderlos usar para las necesidades de la vida. Estas interpretaciones y otras del mismo género trastornan el orden de las causas con un razonamiento vicioso; pues nada ha nacido en nuestro cuerpo con el fin de que podamos usarlo; al revés, lo que ha nacido engendra el uso. No existió la visión antes de que nacieran los ojos, ni la palabra antes de ser creada la lengua; más bien el origen de la lengua precedió con mucho a la palabra, y las orejas fueron creadas mucho antes que se oyera un sonido, y, en fin, todos los miembros, a mi parecer, son anteriores al uso que de ellos se hace. No pudieron, por tanto, ser creados con vistas a su utilidad.
Al contrario, el venir a las manos, combates, batallas, el desgarrarse los miembros y ensangrentarse el cuerpo, existió mucho antes de que volaran los dardos brillantes; y la naturaleza enseñó a evitar las heridas antes que el brazo izquierdo opusiera el escudo que el arte inventó. Claro está también que el dar reposo al cuerpo fatigado es mucho más antiguo que los muelles colchones, y el aplacar la sed es anterior a la invención del vaso. Todas estas cosas, pues, fruto de la necesidad y de la experiencia, pueden creerse fomadas con vistas a su utilidad. Pero aparte están todas las que primero nacieron y después dieron idea de su uso. En este género vemos en primera línea los sentidos y los miembros; por tanto, una vez más, mucho falta para que puedas creer que fueron creados para prestarnos servicio.
Me he referido con la expresión "diseño inteligente" de estos últimos objetos, los artificiales y diseñados intencionalmente con vistas a un fin, con el fin de relacionar la discusión de Lucrecio al actual debate entre creacionismo y evolucionismo a partir de Darwin (y hasta hoy día). Lucrecio no evita los extremos chocantes y paradójicos de su doctrina: los ojos ven, pero no se hicieron "para ver"; corremos con las piernas pero no se hicieron éstas "para correr", pues (siguendo su evolucionismo materialista) no se han creado, sino que han surgido, no se han hecho "para" nada, pues no hay una mente que los haya diseñado con una finalidad.
Estas cuestiones de diseños no inteligentes pero que tienen razón de ser las discute de manera sugerente y acertada Daniel Dennett en una serie de conferencias y libros. Por ejemplo en esta charla sobre "The Evolution of Purposes":
La atrevida afirmación de Lucrecio extrae las últimas consecuencias de este contraste entre diseños artificiales y formas naturales, dentro de lo que le permite la brevedad contundente del pasaje, y apunta varias dimensiones que hay que explicitar, por el interés que tienen para una narratología evolucionista—o dicho de otra manera, para un evolucionismo consciente de la importancia que tiene para su propia empresa y proyecto la dimensión reflexiva—la atención a la representación de la evolución como una secuencia de hechos que ha de tener necesariamente aspectos narrativos y narratológicos. Hablaremos de el evolucionismo de Lucrecio (y no solamente "de Lucrecio") a la hora de extraer estos planteamientos de teoría evolucionista tal como se ven entendidos desde el evolucionismo actual—que Lucrecio evidentemente no conocía.
Por una parte, el evolucionismo de Lucrecio niega que haya fines en la naturaleza, pues la naturaleza en general no obra mediante una mente, mediante planes, fines, modelos, proyectos e intenciones. El hombre es un ser natural y en las obras del hombre la naturaleza (ahí sí) actúa mediante estas modalidades teleológicas del hacer. Pero el hombre mismo no ha llegado a ser mediante estos diseños intencionales: al hombre (ni a ninguna cosa más de la naturaleza) no lo han diseñado los dioses. Los dioses es algo en lo que los hombres creen (por naturaleza, además), pero en la naturaleza real de las cosas no hay dioses que se dedican al diseño. Son los hombres quienes generan estos sujetos virtuales retroactivamente, interpretando la acción creadora de las fuerzas naturales como si se debiese a un proceso intencional como el que anima las creaciones debidas a ellos mismos.
Por tanto no cabe atribuir las diseños o apariencias de diseño que reconocemos en las cosas a la acción de los dioses, y ni siquiera podemos decir que, a pesar de las "razones" dennettianas que reconocemos en ellas, las cosas de la naturaleza estén diseñadas "por alguien" ni por algo, cuánto menos "para" algo. ¿Sirven a una función? Sí, en este sentido no teleológico. ¿Lo hacen tan bien, o mejor (o a veces peor) que las cosas que se han diseñado intencionalmente, siguiendo un plan, con el fin de servir a esa función? Sí. Pero la funcionalidad no implica en absoluto un diseño previo, cuánto menos una larga evolución improbable de formas imperfectas destinadas a cumplir al fin, perfectamente, esa función, con ese plan intencional supuestamente trazado miles de años antes por unas mentes que escapan a nuestra observación.
Porque la idea misma de diseño inteligente de los seres naturales es una patología de la intencionalidad, una falacia retrospectiva, consistente en atribuir intencionalidad a cualquier cosa o proceso que produce efectos complejos y comprensibles para una mente. Es lo que Dennett denomina reverse engineering: de alguna manera, siendo ingenieros los humanos y estando abocados por naturaleza a diseñar cosas intencional e inteligentemente, tendemos a interpretar todo como la obra de un diseño inteligente, y entendemos muy mal (sólo un Lucrecio entre los romanos, y luego un Darwin tras tantos siglos de biología) los diseños no diseñados por nadie—es decir, los productos espontáneos de la naturaleza y de la selección natural que exhiben una funcionalidad compleja.
Porque en efecto hay un concepto de la selección natural en el evolucionismo de Lucrecio: la idea de selección natural no nació con Darwin completamente hecha y por generación espontánea, sino que tiene también su evolución. No entraré mucho más en este aspecto del pasaje de Lucrecio que nos ocupa, pero remito a estos artículos para tratarlo algo más:
Para Lucrecio, la naturaleza es también un vasto proceso de selección natural de sus propios productos: las "combinaciones inestables" de átomos que resultan insostenibles (monstruos, etc.) son desechadas, y sólo las que interactúan adecuadamente con su medio persisten en un estado de equilibrio parcial—unos equilibrios imperfectos (y una noción evolucionista en su conjunto) que recuerdan mucho a los descritos por Herbert Spencer en First Principles. También en Spencer tiene la selección natural este sentido ampliado, y en absoluto trivial, más allá de la aplicación que hace Darwin del mismo principio en biología evolutiva.
Últimamente ha habido en biología, por cierto, mucho debate sobre si es aceptable la noción de selección natural de los grupos, los cual es indicativo de que para algunos biólogos el darwinismo (o la idea que se hacen ellos del darwinismo ortodoxo) es una biblia, y no una teoría en evolución. Véase este hilo de David Sloan Wilson, defendiendo la selección grupal en un ecosistema disciplinario hostil a ella:
Yes and thanks for asking. Here is an example close to what Wynne-Edwards had in mind. The groups are populations of phage virus that prey on E. Coli. Natural selection within groups favors more virulent strains, but when they become too virulent they drive their prey... https://t.co/lqoX7tNbxO— David Sloan Wilson (@David_S_Wilson) 2 de julio de 2019
Pero no entremos en digresiones. En el texto de Lucrecio, y es a lo que iba, aparece claramente prefigurada, o apuntada, o insinuada, lo que fue la muy correctamente darwiniana y muy criticada en su momento teoría de la exaptación, formulada polémicamente por el polémico Stephen Jay Gould. Que viene a decir precisamente eso (lo que decía Darwin y antes que él Lucrecio): que el ojo no se hizo para ver, ni la pierna para correr, sino que los órganos surgen por selección natural con unas funciones, y que luego van derivando hacia otras, pues nada tiene una sola función. La palabra exaptación deriva de, y contrasta, con adaptación, y con ello quiere Gould señalar una posible falacia evolucionista ligada a la idea básicamente correcta de que los seres "se adaptan" a su entorno y desarrollan capacidades y órganos extrañamente aptos para sus funciones—ello podría llevar a pensar que el órgano se originó con vistas a esa función que tan bien desempeña, y ésa es precisamente la idea que quiere desmontar Gould—y Lucrecio.
Por ponerlo tontamente con un ejemplo de diseño inteligente, y espero que se entienda: una cuchara no es un destornillador ideal, aunque coge bien la sopa; sin embargo, puede usarse también como destornillador—y si vamos seleccionando las cucharas que mejor hacen de destornillador y adaptándolas a su nueva función, al final tendremos un destornillador, que se originó como cuchara.
Esto lo ve Lucrecio, aunque su ojo no se hizo para verlo. Y no se priva a la hora de ponerlo negro sobre blanco de un modo tan, digamos, ofensivo para el sentido común, que nos da una idea de hasta qué punto se le hizo la luz cuando comprendió este mecanismo en concreto de la evolución: que funciona sin planes, sin diseño, y sin embargo culmina produciendo sistemas complejos que han sido diseñados por lo que Dawkins denomina "el relojero ciego".
Tiene, decíamos, una dimensión narratológica, esta comprensión de cómo son las cosas. No se hizo el ojo para ver, pues "ver" es lo que hace el ojo ahora, y cuando se origió lo que resultaría ser el ojo, no había nada que "viese", no existía "ver".
Señala acertadamente el evolucionismo de Lucrecio, por tanto, esta falacia de la retrospección, lo que en inglés se llama hindsight bias, inherente a nuestra manera de pensar y en especial inherente a nuestra manera de pensar el cambio y la evolución: interpretamos lo que fue aplicando con calzador nuestros conceptos actuales, lo que es, y proyectamos así al pasado, de modo inconsciente, intenciones y fines y (es más) fenómenos y experiencias que estaban por hacer, y no contenidas en ningún archivo atemporal de la Naturaleza. La Naturaleza cambia y crea novedad, fenómenos emergentes, y realmente estamos pecando bien poco de falacia retrospectiva al traducir en estos términos lo que Lucrecio nos quiere decir. Bien avisa a su lector, Memmio, de que este modo de pensar la evolución, la teleología creacionista, es un razonamiento basado en una falacia retroactiva, "peruersa praepostera sunt ratione" —"Estas interpretaciones y otras del mismo género trastornan el orden de las causas con un razonamiento vicioso."
Más sobre la exaptación (entendida al modo de Gould) puede leerse en los siguientes artículos, a los que remito en la bibliografía final, pues sólo quería aquí apuntar la manera en que este concepto evolucionista crucial está apuntado ya en Lucrecio. Incluyo mis especulaciones al respecto, aparte de las de Gould et al., pues he tratado de darle al concepto un giro hacia una consciencia narratológica evolucionista. (Y sigo en eso por supuesto a Gould mismo, pues se encuentra él entre los biólogos más conscientes de la dimensión narratológica del evolucionismo).
Sólo quiero apuntar, para terminar, que entre los ejemplos de "no-diseño" de Lucrecio asoma uno al que le he prestado también atención, el lenguaje. "No existió la visión antes de que nacieran los ojos, ni la palabra antes de ser creada la lengua", nos dice Lucrecio, y en este credo materialista la creación de la palabra después de la lengua (de la lengua de carne) viene en cierto modo a contradecir aquello de "En el principio era el Verbo."
La cosmología expuesta en el evolucionismo de Lucrecio es una cosmología emergente, en la que la complejidad actualmente existente puede ayudarnos a entender el origen simple de las cosas, pero también puede nublarnos la visión, y generar, como espejismo producido por la distorsión retrospectiva, el mundo platónico de objetos ideales que esperaría su manifestación en la materia, o guiaría al Demiurgo a darle forma a la materia con esas ideas en mente. Pero la naturaleza no tiene nada en mente, aunque la naturaleza dé lugar a mentes que se extrañan de su propia complejidad, y tienden a convertir toda la historia del universo en un reflejo del presente. El presentismo es otro nombre para esta falacia de la retrospección que nos impide conocer el pasado en sus propios términos, sin aplicarle en su propia dinámica las categorías de lo que llegaría a existir, sí, pero que en aquel momento ni existía ni estaba en las intenciones de nadie, porque no había nadie al mando, sino sólo un proceso de autocreación espontánea.
Hay una lógica común que liga la comprensión de estos procesos, la emergencia de la novedad y la complejidad, la exaptación, y la ilusión de teleología o ingeniería inversa. Y es la lógica de la narratividad en la medida en que va ligada a la comprensión retrospectiva de los fenómenos—de su historia. Mucho tiempo se ha dicho en humanidades que entender algo (una institución, una nación, una cultura, un acontecimiento) es entender su historia. Desde que la biología es biología evolucionista, lo mismo puede decirse de los seres vivos: entender una estructura corporal o una especie es entender su historia. Y en el último siglo la misma consciencia de un evolucionismo historicista se ha extendido a la física y la cosmología. Lucrecio ya estaba en cierto modo allí. La comprensión de todos los procesos temporales, de cambio, de evolución, requiere de una consciencia crítica de su narratividad, de la historia de los conceptos que aplicamos, y de las posibles falacias ligadas a la retrospección y conceptualización. Toda narración es a su modo una máquina del tiempo, que permite seguir un proceso o un ser desde su génesis hasta su estado actual o su disolución. Pero junto con la comprensión que proporciona, la narración va acompañada de posibles falacias —post hoc non ergo propter hoc, nos decía Aristóteles— hasta el punto de que la falacia de la retrospección o distorsión retroactiva, hindsight bias, bien podría llamarse la falacia narrativa sin más.
La retrospección es un proceso cognitivo esencial para la comprensión de los procesos temporales—de hecho crea en cierta medida esos procesos como tales procesos—pero es una herramienta peligrosa con la que es fácil cometer torpezas y generar espejismos. No existía el tiempo (tal como hoy existe) antes de que existiesen la retrospección, y la reflexión sobre el tiempo y sus procesos. No existía el ver antes de que hubiese ojos, ni existían la intención ni la finalidad antes de que hubiese mentes. Como tantas otras cosas que tenemos delante de los ojos, esto no era fácil de ver—pero Lucrecio lo vio, y es de justicia reconocerle una cierta comprensión de la evolución, de la emergencia y la complejidad, de la importancia de la exaptación, y de las falacias inherentes a la retrospección.
Bibiografía sobre exaptación:
viernes, 3 de mayo de 2019
sábado, 9 de diciembre de 2017
LUCRÈCE – De Rerum Natura : le Poème philosophique
Raphaël Enthoven et al. sur France Culture (2003). Suivi de "Les Déclinaisons de Lucrèce" (France Culture, 2008):
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domingo, 13 de marzo de 2016
El mundo se formó él solo, y él solo se deshará
En Lucrecio se encuentra expresada memorablemente la doctrina del evolucionismo universal. El mundo no es obra de ningún dios, sino de la Naturaleza, es decir, de sí mismo. Se ha creado espontáneamente sin diseño previo, por selección natural de las formas que se combinan en equilibrios cada vez más complejos, hasta que a esa evolución cósmica sigue una disolución universal. Nada hay eterno, y hasta la tierra y el cielo son momentos de una historia que tuvo un principio y tendrá un final. El hombre es una criatura más de las formadas por el azar de los procesos naturales, y no es más central ni necesario que ningún otro ser. Es la visión evolucionista cósmica, similar a la de Spencer, pero formulada en tiempos de la República de Roma. Seguía Lucrecio a su vez, de modo original y magistral, las intuiciones de los primeros filósofos evolucionistas. Aquí reproduzco unos versos, traducidos, del libro quinto de su poema sobre la naturaleza. Es especialmente interesante el momento en que habla de la evolución de las teorías atomistas evolucionistas, como una prueba más de la inestabilidad del mundo—"esta explicación misma del sistema de la Naturaleza fue descubierta recientemente, y ahora yo soy entre todos el primero que me encuentro capaz de exponerlo en el idioma patrio."
El mundo no es obra de un dios
Decir, por otra parte, que en interés de los hombres quisieron los dioses crear esta esplendorosa naturaleza del mundo, que por tal razón es justo alabarlo como una meritoria obra divina y creerlo eterno e inmortal; que este mundo, edificado por antiguo designio de los dioses en favor de la raza humana y fundado en la eternidad, es sacrílego quererlo conmover de sus cimientos por fuerza alguna, o atacarlo de palabra y subvertir el universo enterio desde sus bases; imaginar estas cosas y otras del mismo tenor es, Memmio, pura locura. Pues, ¿qué provecho puede nuestra gratitud aportar a unos seres inmortales y felices para inducirlos a hacer nada en nuestro interés? O ¿qué novedad puede haberlos tentado, después de estar tranquilos tanto tiempo, a cambiar su vida anterior? Pues para que tenga aliciente la novedad, parece necesario que lo antiguo produzca disgusto; mas, a quien ninguna penas sufrió en el tiempo pasado y ha gozado de una vida dichosa, ¿qué pudo encenderle una tal ansia de cambio? Y para nosotros, ¿qué mal había en no haber sido creados? ¿Por ventura nuestra vida yacía en aflicción y tinieblas, hasta que amaneció el día de la creación de las cosas? Pues todo ser nacido debe desear permanecer en la vida, mientras lo retiene el muelle placer. Mas para el que jamás gustó del amor de la vida ni figuró en el número de los seres vivientes, ¿qué daño hay en no haber sido creado?
El mundo es obra de la Naturaleza
Además, ¿de dónde les vino a los dioses el modelo para crear el mundo y la idea misma del hombre, para saber y representarse en su ánimo lo que querían hacer? Y ¿cómo conocieron las virtudes de los cuerpos primeros, y lo que éstos eran capaces de hacer al permutar su orden, si la Naturaleza misma no les dio la idea de la creación? Pues desde la eternidad es infinito el número de átomos que, de mil maneras combatiods por choques y arrastrados por su gravedad propia, se han combinado de mil modos y probado todo lo que eran capaces de crear por la unión de unos con otros; por lo que no es extraño que acertaran también la disposición y los movimientos convenientes con que opera y se renueva el universo ahora existente.
Imperfección del mundo
Que aunque ighnorara lo que son los principios de las coas, osaría sin embargo afirmar, por el simple estudio de los fenómenos celestes y la consideración de muchos otros hechos, que la Naturaleza no ha sido creada en nuestro interés por obra divina; tan grandes son sus defectos.
En primer lugar , de todo lo que el cielo cubre con su inmenso vuelo, la mitad más codiciable está ocupada por montes y selvas llenas de fieras, por peñascos y vastas lagunas, y el mar, que mantiene ampliamente apartadas las riberas de las tierras. Dos tercios casi, además, son arrebatados a los mortales por el tórrido calor y la incesante caída de hielo. Lo que resta de tierra cultivable, la Naturaleza por sí misma lo cubriría de espinos, si no se lo disputara el esfuerzo del hombre, al que la necesidad de vivir ha habituado a gemir sobre el robusto arado y a hender la tierra apretando la reja. Si no revolviéramos con el arado los profundos terrones, si no mulléramos el suelo para provocar la eclosión de los gérmenes, por su sola virtud no podrían éstos surgir a las límpidas auras; a pesar de lo cual, muchas veces estos furots, ganados con tanta fatiga, cuando ya en los campos se cubren de hojas y florecen todos, o los abrasa con su ardor excesivo el sol desde el éter, o los destruyen repentinos chubascos y heladas escarchas, o los arrancan los soplos del viento en devastador torbellino. Además, la terrible raza de las fieras, enemigas del hombre, ¿por qué la Naturaleza la nutre y aumenta por mares y tierras? ¿Por qué las estaciones del año traen enfermedades? ¿Por qué merodea la muerte prematura? Y el niño, como un marinero arrojado por las crueles olas, yace desnudo en el suelo, sin habla, carente de toda ayuda para la vida, una vez la Naturaleza, con grandes esfuerzos, lo ha hecho salir desde el seno materno a las riberas que baña la luz; y llena el espacio con lúgubres vagidos, como es justo, siendo tantos los males por que ha de pasar en la vida. En cambio, las diversas especies de bestias, domésticas y salvajes, pueden pasar sin sonajas, y no necesitan oír de los blandos cuchicheos de una tierna nodriza, ni requieren cambiar de vestido según el estado del tiempo, ni echan de menos armas ni altas murallas para proteger sus bienes, pues todos disponen de todo lo que pare ellos producen la tierra y la Naturaleza, inventora de cosas.
El universo es mortal, puesto que lo son sus partes
Primeramente, puesto que la masa de la tierra y el agua y los leves soplos de las auras y los vapores del fuego, en los que vemos que consiste nuestro universo, constan todos de una materia sujeta a nacimiento y muerte, hay que pensar que el mundo entero está constituido de la misma materia. En efecto, el todo cuyas partes y miembros son de cuerpo nativo y de forma perecedera, vemos constantemente que es asimismo mortal y también sujeto a nacimiento. Por lo que, al ver cómo se consumen y renacen los gigantescos miembros y partes del mundo, me convenzo de que también el cielo y la tierra han conocido un principio y les aguarda la ruina.
(...)
Las piedras
En fin, ¿no ves también el tiempo triunfar de las piedras, las altas torres desplomarse y hacerse polvo las peñas, agrietarse los templos y estatuas de los dioses abrumados por la edad, sin que el poder divino alcance a alejar los límites del hado, ni a resistir contra las leyes naturales? ¿No vemos, en fin, cómo se desmoronan los monumentos de los héroes y nos preguntan si no creemos que ellos también envejecen? ¿No ves precipitarse las peñas arrancadas de los altos montes, incapaces de soportar los vigorosos embates de un tiempo limitado? Pues no caerían, desprendiéndose de repente, si desde un tiempo infinito hubiesen resistiso los asaltos de la edad, exentas de fractura.
El cielo
Contempla, en fin, eso que en un abrazo contiene, en torno y arriba, la tierra entera: si, como algunos dicen, procrea de sí todos los seres y los vuelve a recibir una vez disueltos, entonces todo él consta de un cuerpo que nace y que muere. Pues todo lo que nutre y aumenta otros seres con su sustancia, debe menguar, y rehacerse cuando recobra la materia.
Juventud de nuestro mundo
Además, si la tierra y el cielo no conocieron jamás un primer nacimiento y fueron siempre eternos, ¿por qué anteriormente a las guerras de Tebas y a la perdición de Troya los poetas no cantaron también otras gestas? ¿Adónde fueron a perderse tantas hazañas de héroes, cómo es que en ningún sitio florecen, grabadas en los eternos monumentos de la fama? En verdad que, según pienso, el universo es joven, y es reciente este mundo, y no hace mucho que tuvo principio. Por esto hoy todavía ciertas artes se perfeccionan, hoy todavía progresan: en nuestros días adelanta en muchas cosas la navegación, los organistas inventaron poco ha sus dulces melodías; finalmente, esta explicación misma del sistema de la naturaleza fue descubierta recientemente, y ahora soy yo entre todos el primero que me encuentro capaz de exponerlo en el idioma patrio.
Y si crees acaso que todas estas cosas existieron ya antes, pero que las generaciones de hombres perecieron abrasadas por el fuego, o se desplomaron las ciudades en una conmoción gigantesca del mundo, o que de un diluvio incesante salieron ríos rapaces que inundaron las tierras y cubrieron los pueblos, entonces con tanta mayor razón tendrás que confesarte vencido y reconocer que a la tierra y al cielo les aguarda la muerte. Pues atacado el mundo por males tamaños y tamaños peligros, de haberle sobrevenido un accidente más grave, hubiera caído en todal destrucción y ruinas ingentes. Y por ninguna otra razón nos damos cuenta de que somos mortales, sino porque enfermanos de las mismas dolencias que aquellos a quienes la Naturaleza apartó de la vida.
El edificio del mundo no es durable.
Además, las cosas que subsisten eternamente deben, por necesidad, o bien rechazar todos los golpes, por ser de cuerpo compacto y no dejarse penetrar por nada que pueda disociar la trabazón de sus partes, como son los átomos, cuya naturaleza anteriormente explicamos, o bien han de poder perdurar a través de todos los tiempos por ser inaccesibles a los choques, como es el vacío, que permanece intacto, sin que los golpes le afecten en nada; o también, porque no hay en derredor espacio ninguno donde puedan, por así decir, retirarse y disolverse las cosas; como es eterno el universo de los universos, fuera del cual no hay lugar al que puedan huir sus partes, ni cuerpos que caigan sobre ellas y las disuelvan con la violencia de su percusión.
Pero, como dije, la naturaleza del mundo ni es compacta, pues hay vacío mezclado en las cosas, ni es tampoco como el vacío, ni faltan cuerpos procedentes del espacio infinito capaces de derrumbar este conjunto de cosas con su arrolladora violencia o de infligirle con su choque cualquiera otro desastre; ni falta tampoco espacio ni abismos en cuyas profundidades puedan desparramarse las murallas del mundo, o perecer al embate de otra fuerza cualquiera.
Así, pues, la puerta de la muerte no está cerrada para el cielo, ni para el sol, ni para la tierra, ni para las profundas olas del océano; antes se levanta ante ellos abriendo sus fauces monstruosas. Por tanto, preciso es admitir que tuvieron origen; pues unos seres que constan de cuerpo mortal no hubieran podido desafiar desde la eternidad hasta ahora las potentes fuerzas del tiempo infinito.
viernes, 11 de marzo de 2016
Lucrecio sobre el origen del lenguaje
Las observaciones de Lucrecio sobre el origen del lenguaje, en un tiempo en que la filosofía del lenguaje apenas se había desprendido de los mitos, son certeras e impresionantes. Son a la vez un clásico del evolucionismo cultural y del pensamiento del orden emergente, pues, como bien señala su traductor Valentí Fiol, puede reumirse su tesis en que "No hubo un inventor del lenguaje." El lenguaje es una obra colectiva, de multitudes y generaciones, y como las demás instituciones humanas, como el orden mismo de la complejidad, se formó en un proceso evolutivo de selección natural. Tiene sus limitaciones: enfatiza demasiado la continuidad entre el lenguaje animal y el humano, y no trata en realidad de lo más específico del lenguaje, la simbolización flexible. Pero no falta en la solución de Lucrecio ni la crítica a las concepciones míticas, ni la observación de la gestualidad deíctica prelingüística, ni la analogía onto/filogenética entre el desarrollo del lenguaje infantil y la aparición del lenguaje, ni el reconocimiento de la transición entre el protolenguaje de las vocalizaciones animales y el lenguaje. Una solución tan racional dada al problema cuasi-mítico de la existencia de una humanidad sin lenguaje supone una intervención en el pensamiento evolucionista que es de una penetración e inteligencia pasmosas, a la vez que un sentido común bien sólido.
Pero los variados sonidos de la lengua, la Naturaleza impulsó al hombre a emitirlos, y la necesidad formó los nombres de las cosas, por un instinto no muy diferente al que vemos que induce al niño, incapaz de hablar, a servirse del gesto y señalar con el dedo los objetos presentes. Pues cada ser tiene consciencia del uso que se puede hacer de sus fuerzas: antes de que al novillo le apunten en la frente las astas, ataca con ellas airado y acomete con encono; los cachorros de panteras y leones se defienden ya con zarpazos y mordiscos antes casi de haberles nacido garras y colmillos. Vemos, además, a las aves de toda especie fiarse de sus alas y pedir a las plumas una ayuda aún vacilante.
Así, pensar que un hombre asignó, en un momento dado, nombres a las cosas y que de él los demás aprendieron los primeros vocablos, es puro desvarío. Pues si uno fue capaz de designar con voces todos los objetos y emitir los variados sonidos de la lengua, ¿por qué no pensar que en el mismo tiempo pudieran hacer otros lo mismo? Además, si otros no hubieran usado entre sí también de las voces, ¿de dónde les hubiera vanido la noción de su utilidad, y de dónde hubiera el primero sacado la facultad de saber lo que quería hacer y preverlo en su mente? Tampoco podía uno solo reducir a tantos y, venciendo su resistencia, forzarlos a querer aprender los nombres de las cosas; ni es fácil hallar un medio persuasivo de enseñar lo que conviene, cuando los hombres son sordos; pues no los sufrirían, ni en manera alguna aguantarían que les machacasen los oídos por más tiempo con los vanos ruidos de una voz jamás escuchada.
En fin, ¿es acaso muy grande maravilla que el género humano, dotado de voz y lengua, designe las cosas con sentidos variados, según sus variados sentimientos? Los mudos rebaños y hasta las especies salvajes suelen emitir voces varias y distintas, según les afecte el miedo o el dolor, o el placer los penetre, y esto es fácil de reconocer en hechos manifiestos.
Cuando los canes molosos están irritados, y regañan sus grandes y fláccidos labios descubriendo sus dientes formidables, el gruñido con que amenazan sus fauces abiertas por la rabia difiere mucho del que emiten cuando con sus ladridos hacen retumbar los contornos. Y cuando con la lengua intentan blandamente lamer a sus cachorros, o los tieran de un lado a otro con sus patas y, amenazando morder, fingen con ternura querer devorarlos, pero sin apretar los dientes, sus acariciantes gruñidos son muy distintos de los ladridos que lanzan cuando los dejan solos en la cas, o los plañidos con que huyen de los golpes, el cuerpo a ras de tierra.
Además, ¿no te parecen distintos los relinchos cuando entre las yeguas se encabrita el potro de edad floreciente, herido por la espuela del alado amor, y cuando, presto al combarte, ruge, dilatadas las narices, o cuando relincha por cualquier otra cosa, temblándole los miembros?
Por último, la especie de las aves y los pintados pájaros, los gavilanes, los quebrantahuesos, los mergos que en las olas saladas del mar buscan su vida y sustento, lanzan, en cualquier otra ocasión, gritos muy diversos de cuando luchan por la comida y se disputan la presa. Otros aún cambian, según el tiempo, los cantos de su voz ronca, como la vetusta raza de las cornejas y las bandadas de cuervos, cuando, según dicen, piden agua y lluvias o cuando anuncian el viento y la tormenta. Por tanto, si sentimientos diversos obligan a los animales, con todo y su mudez, a emitir diversas voces, ¡cuánto más natural es que los hombres de entonces hayan podido designar los distintos objetos con voces distintas!
jueves, 10 de marzo de 2016
Vida de los primeros hombres
Uno de los textos fundacionales del evolucionismo cultural, un clásico sobre la humanidad primitiva.
Y aquella raza de hombres que vivía en los campos fue mucho más dura, y con motivo, pues la dura tierra los creara, y los cimentaba una mayor y más sólida osamenta, trabadas las vísceras por nervios forzudos, para que no sucumbiesen fácilmente ni al frío, ni al calor, ni al cambio de alimentos, ni a ningún achaque corporal. Durante numerosas revoluciones del sol a través del espacio, arrastraban la vida, vagabundos, a modo de alimañas. El robusto conductor del arado no existía, ni nadie sabía ablandar con el hierro las tierras, ni enterrar en el suelo los renuevos, ni de los altos árboles podar con la hoz las viejas ramas. Lo que diran el sol y las lluvias, lo que spontáneamente la tierra creara, era don suficiente para contentar sus corazones. Las más veces tomaban su sustento de las encinas cargadas de bellotas, y los madroños que ves en el invierno madurar y teñirse de púrpura, producíalos la tierra más abundantes y mayores que ahora. Muchos otros pastos creaba la entonces florida juventud del mundo, groseros, pero suficientes a los míseros mortales.
A aplacar la sed convidaban arroyos y fuentes, como ahora el torrente bajando de los altos montes invita de lejos con su claro ruido a los sedientos rebaños de fieras. Finalmente, ocupaban las silvestres grutas de las ninfas, descubiertas en su vagar; sabían que de ellas se escurrían arroyuelos que con amplia corriente bañaban las húmedas rocas; las húmedas rocas, goteantes de musgo brillante, y conocían las fuentes que brotan y surgen en el campo llano.
No sabían aún servirse del fuego, ni aprovechar las pieles, ni cubrirse el cuerpo con despojos de fieras; su morada eran los bosques, las cavernas de los montes, las selvas; abrigaban entre el ramaje sus miembros escuálidos, cuando el azote del viento ya la lluvia les forzaba a resguardarse.
Incapaces de regirse por el bien común, no sabían gobernarse entre ellos por ninguna ley ni costumbre. Cada cual se llevaba la presa que el azar le ofrecía, instruido en valerse y vivir por sí mismo a su antojo. Venus, en las selvas, ayuntaba a los amantes, pues la mujer cedía al mutuo deseo, o a la violencia del varón y a su pasión imperiosa, o al precio—bellotas y madroños o peras escogidas. Fiados en el prodigioso vigor de sus manos y pies, perseguían los rebaños de bestias selváticas, arrojándoles piedras y manejando la maza pesada; a muchas cazaban así; de algunas se guardaban, ocultos en sus escondrijos.
Parecidos a cerdosos jabalíes, tendían al suelo sus desnudos miembros salvajes cuando los sorprendía la noche, envolviéndose en ramas y hojarasca. Pero en la oscuridad de la noche no vagaban por los campos, presa de pánico, llamando a gritos al día y al sol; antes bien aguardaban, silenciosos y sepultos en el sueño, a que con su faz rosada el sol llevara la luz al firmamento; pues avezados de pequeños a ver siempre renacer las alternadas tinieblas y luz, no tenían motivo para extrañarse nunca de ello, ni temer que una eterna noche ocupase la tierra y les robara para siempre la luz del sol. La inquietud mayor de estos infelices eran más bien los ataques de las fieras, que hacían a menudo perligroso su sueño: echados de su vivienda, huían a las rocosas cuevas si llegaba un jabalí espumeante o un forzudo león, y a mitad de la noche cedían, despavoridos, sus lechos de follaje a estos huéspedes crueles.
Y no más entonces que ahora los mortales dejaban entre lamentos la dulce luz de la vida. Es cierto que con mayor frecuencia alguno de ellos, presa de las fieras, les ofrecía un pasto vivo, devorado bajo sus mandíbulas, y llenaba de gemidos bosques y montes y selvas, sintiendo sus vivas entrañas sepultarse en viviente sepulcro. Y a los que salvara la fuga, con el cuerpo medio devorado, después, aplicando sus trémulas manos a las horribles úlceras, con horrísonas voces llamaban al Orco, hasta que los feroces tormentos les quitaban la vida, sin auxilio, ignorando el remedio que pedían sus heridas.
Pero, en cambio, un solo día no entregaba a la muerte muchos millares de hombres, llevados bajo las banderas, ni las turbulentas aguas del mar estrellaban contra los escollos a naves y a hombres, sino que las olas se enfurecían sin objeto, en vano, agitadas inútilmente, y poco a a poco deponían sus vacías amenazas; y el traidor halago del plácido mar no podía atraer a nadie al engaño de sus ondas rientes; el arte funesto de la navegación yacía ignorado.
Entonces era la escasez de alimento lo que daba a la muerte los miembros languidecientes; ahora, en cambio, la abundancia los sumerge. A menudo, por ignorancia, se escanciaban a sí mismos un veneno; ahora, mejor instruidos, se lo dan a otros.
domingo, 15 de noviembre de 2015
Micromotivos, retroalimentación, y fenómenos emergentes
Comentario
sobre la noción de micromotivos de Thomas Schelling, retomada por
Malcolm Gladwell y Steven Pinker, rastreando sus antecedentes
intelectuales en otras teorías clásicas sobre la emergencia de la
complejidad. Esta surge de la interacción contingente de relaciones
causales múltiples y dispersas, que dan lugar a procesos regulares
retroalimentativos. Destacamos a Lucrecio y a Herbert Spencer
como autores de cruciales teorías sobre la emergencia del orden no
guiado por la intencionalidad, que podría también llamarse "diseño no
inteligente".
Micromotivos, retroalimentación, y fenómenos emergentes
Micromotives, Feedback Loops, and Emergent Phenomena
A commentary on Thomas
Schelling's notion of micromotives, recenly taken up by Malcolm Gladwell
and Steven Pinker, tracing its intellectual background in other
classical theories of the emergence of complexity. This arises from the
contingent interaction of multiple and disperse causal relationships,
giving rise to interactive feedback loops of regularity. Lucretius and
Herbert Spencer are singled out as prime theorists of the doctrine of
the emergence of order without a guiding intention, which might also be
called 'unintelligent design'.
| eJournal Classifications |
| CSN Subject Matter eJournals |
| ERN Subject Matter eJournals |
| ERN Subject Matter eJournals |
| PRN Subject Matter eJournals |
También aquí:
_____. "Micromotivos, retroalimentación, y fenómenos emergentes." In García Landa, Vanity Fea 15 Dec. 2011.* (Pinker, complexity, Spencer, Lucretius).
http://vanityfea.blogspot.com/2011/12/micromotivos-retroalimentacion-y.html
2011
_____. "Micromotivos, retroalimentación, y fenómenos emergentes." Social Science Research Network 8 Nov. 2015.*
http://ssrn.com/abstract=2687400
2015
Human Cognition in Evolution and Development eJournal 8 Nov. 2015.*
http://www.ssrn.com/link/Human-Cognition-Evolution-Development.html
2015
History of Economics eJournal 8 Nov. 2015.*
http://www.ssrn.com/link/history-of-economics.html
2015
Philosophy and Methodology of Economics eJournal 8 Nov. 2015.*
http://www.ssrn.com/link/Philosophy-Methodology-Economics.html
2015
History of Western Philosophy eJournal 8 Nov. 2015.*
http://www.ssrn.com/link/History-of-Western-Philosophy.html
2015
_____."Micromotivos, retroalimentación, y fenómenos emergentes." In García Landa, Vanity Fea 15 Nov. 2015.*
http://vanityfea.blogspot.com.es/2015/11/micromotivos-retroalimentacion-y.html
2015
_____. "Micromotivos, retroalimentación, y fenómenos emergentes." Academia 20 March 2017.
http://www.academia.edu/31939674
2017
_____. "Micromotivos, retroalimentación, y fenómenos emergentes." ResearchGate 21 March 2017.*
https://www.researchgate.net/publication/315460562
2017
_____. "Micromotivos, retroalimentación y fenómenos emergentes." Ibercampus (Vanity Fea) 24 March 2017.*
http://www.ibercampus.es/micromotivos-retroalimentacion-y-fenomenos-emergentes-34660.htm
2017
_____. "Micromotivos, retroalimentación y fenómenos emergentes." Net Sight de José Angel García Landa 4 Jan. 2023.*
https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/micromotivos.pdf
2023


