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martes, 13 de octubre de 2020

Filogenia y ontogenia de la escritura

 

Sobre la expansión de la escritura y la alfabetización, su difusión social, y su interiorización, tanto en la cultura y en la historia como en la experiencia personal que recapitula esa experiencia y esa historia colectiva. Un párrafo de El infinito en un junco: La invención de los libros en el mundo antiguo, de Irene Vallejo:

 

Tú, que lees este libro, has vivido durante algunos años en un mundo oral. Desde tus balbuceos con lengua de trapo hasta que aprendiste a leer, las palabras solo existían en la voz. Encontrabas por todas partes los dibujos mudos de las letras, pero no significaban nada para ti. Los adultos que controlaban el mundo, ellos sí, leían y escribían. Tú no entendías bien qué era eso, ni te importaba demasiado porque te bastaba hablar.  Los primeros relatos de tu vida entraron por las caracolas de tus orejas; tus ojos aún no sabían escuchar. Luego llegó el colegio: los palotes, los redondeles, las letras, las sílabas. En ti se ha cumplido a pequeña escala el mismo tránsito que hizo la humanidad desde la oralidad a la escritura.  (§33)

 

 

Oralidad fingida

 

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jueves, 8 de septiembre de 2011

Vagabundos de las estrellas



Antes del Silver Surfer, y antes aún del viajero estelar de Stapledon, estuvieron los viajeros mentales de Jack London. Y antes que ellos estaban los narradores de las visiones oníricas de los poemas de Chaucer y de otros autores de la Edad Media...

Los viajeros mentales de Jack London viajan por el tiempo, a épocas remotas donde vivieron otras vidas, según esa doctrina espiritualista que repetidamente proclaman sus personajes—que el Espíritu es eterno e indestructible, y va asumiendo diversas formas materiales transitorias, que hemos vivido vidas anteriores, etc. Así, en Before Adam un muchacho contemporáneo recupera en sus sueños la memoria racial y recuerda la vida de diversas razas primitivas del Pleistoceno. Y en El Vagabundo de las Estrellas el narrador, el presidiario Darrell Standing, revive diversas vidas viajando mentalmente por el pasado mientras su cuerpo está en estado de catalepsia:

"Durante las largas sesiones metido en la camisa de fuerza, he podido contemplar en mí mismo a miles de hombres que vivían todas esas vidas que son en sí mismas la historia del hombre en su ascenso a través de los siglos.
     Y mientras viajo al pasado, a través de millones y millones de años, mis recuerdos son tan majestuosos que he podido revivir las numerosas vidas implicadas en la larga aventura del hombre, desde que se produjeron las primeras migraciones de la especie" (344-45).

En esta doctrina de la Memoria Histórica Visionaria para mí absurda hay sin embargo un elemento que me interesa—la idea de que el mundo acarrea su historia a cuestas, y la idea de que la complejidad (una fase tardía del desarrollo) ha de construirse necesariamente pasando por la simplicidad de fases previas. Es una idea que debió extraer London de las ideas de Haeckel, entonces populares: la noción de que la ontogenia o formación del individuo recapitula la filogenia, la historia evolutiva de su especie:


"Al igual que el embrión humano, durante los breves diez meses lunares, con una rapidez desconcertante, con infinitas formas y apariencias que se multiplican sin cesar, repite la historia completa de la vida orgánica, desde el vegetal hasta el hombre; y durante su niñez, el cachorro humano repite la historia del hombre primitivo cometiendo actos de crueldad y salvajismo que van desde la perversidad de hacer daño a criaturas más pequeñas que él hasta el desarrollo de su conciencia tribal expresada mediante el deseo de pertenecer a una banda; del mismo modo yo, Darrell Standing, he revivido la lenta evolución del hombre primitivo, todo lo que ha sido y todo lo que ha hecho hasta convertirse en lo que somos en la actualidad.

"En realidad, cada uno de nosotros—como seres humanos que habitan en este planeta—llevamos en nuestro interior la maravillosa historia de la Vida desde sus comienzos. Está escrita en nuestros tejidos y en nuestros huesos; en nuestras funciones y en nuestros órganos; en nuestras neuronas y en nuestro espíritu, y en todas nuestras necesidades ancestrales—tanto físicas como psicológicas—, así como en todos nuestros atávicos impulsos. Hubo un tiempo en que fuimos como los peces, tú y yo, querido lector, y nos arrastramos fuera del mar para ser los primeros en aventurarnos en la tierra firme, sobre la que vivimos ahora. Todavía llevamos en nosotros las marcas del mar, así como las marcas de la serpiente, anteriores al tiempo en que la serpiente fue serpiente y el hombre fue hombre: cuando el ser anterior a la serpiente y el ser anterior a nosotros éramos uno mismo. Hubo un tiempo en que volábamos por el aire, y otro en que vivíamos en los árboles y nos asustaba la oscuridad. Aquellos vestigios permanecen grabados en toda la especie, en ti y en mí, al igual que lo harán en todos nuestros descendientes hasta el final de nuestra existencia sobre la tierra." (El vagabundo de las estrellas, 343)

Algunas de estas ideas expresadas por London tienen conexión con lo que Jung llamaría los arquetipos del inconsciente colectivo; otras tienen que ver con la evolución darwinista y la herencia mendeliana—lo más fascinante es que están aquí conjuntadas de una manera que no están en ninguno de estos autores. E incluso los estudiosos del genoma, casi un siglo después de Jack London, encontrarán que esta idea de que llevamos la historia de la Vida a cuestas es en algunos sentidos mucho más literal de lo que podían suponer los contemporáneos de London.

Path dependency, lo llaman hoy los biólogos—la historia que llevamos inscrita. Es un fenómeno que es visible en la evolución de los organismos vivos, y también en el trayecto vital de cada cual—pues cuanto más compleja es una forma de vida, la humana en particular, tanto más su complejidad requiere de un trayecto de desarrollo previo, tanto evolutivo-biológico como de desarrollo personal. Claro que no se refiere sólo London a la estructura corporal, sino a todas las formas de la complejidad, incluida la complejidad de las formas sociales y estructuras psicológicas; esto se aprecia en especial en sus relatos de regresión a la vida primitiva como sus historias de animales, o en La Peste Escarlata.  

En su relato "A Hyperborean Brew" London narra en tono humorístico la evolución cultural acelerada de una tribu primitiva de esquimales, bajo la influencia de la aceleración histórica que le imprimen unos blancos aventureros y explotadores. Y en muchos de estos relatos de London (por ejemplo en "La Peste Escarlata"  o en la Llamada de la Selva los instintos de la vida primitiva afloran cuando bajo circunstancias extremas se rompe la fina costra de civilización. Son relatos que estarían bastante en la onda de esa escuela sociobiológica que hoy proclama que tenemos un jet lag evolutivo, y que nuestros instintos están más adaptados al Pleistoceno que a la era actual, o por lo menos no han evolucionado suficientemente rápido.

Quizá lo que encuentro más interesante en London es la manera (imperfecta, sin duda, pero original y creativa) en que intenta acomodar en su ficción la Gran Historia de la humanidad. El Vagabundo de las Estrellas o La Peste Escarlata son en ese sentido ficciones evolutivas, no sólo evolucionistas. Con una incoherente contaminación de un espiritualismo también muy de la época, eso sí. Pero son ficciones que a su manera buscan de modo ambicioso un anclaje narrativo coherente de la historia que narran, para ubicarla en el marco de la evolución de la especie humana concebida como una Gran Narración—lo que Darwin había llamado no mucho antes la "grandiosa secuencia de acontecimientos" que nos ha hecho a los seres humanos lo que somos.

Todos vagabundos de las estrellas, desde el momento en que desde nuestro rincón de la realidad, echamos una mirada a lo lejos en el espacio, que es lo mismo que echar también una mirada a lo lejos en el tiempo— y vemos cómo este rincón del mundo y del tiempo contiene en cierto modo todos los demás, pues desde él son visibles o concebibles el remoto pasado en el que todo se originó, y ese futuro que a veces parece incómodamente próximo, pero que seguramente está inconcebiblemente lejos: el momento en el que mucho después del último hombre, llegue el fin del mundo, the crack of doom, sin nadie para ver el espectáculo, a no ser desde aquí.

 




 
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jueves, 30 de abril de 2009

Llevo un día darwiniano


I. Survival of the Fattest

Cada día luchando por la vida... Primero he presentado un recurso más defendiendo mi derecho a impartir postgrado, contra las maniobras de los Grupos de Investigación buscando Lebensraum y Anschluss —grupos que pretenden sorber los recursos y dejarme sin espacio académico, por no Unirme a Ellos para engordarles el currículum.



II. Haeckel-Raising

Luego, he estado en la Facultad de Ciencias en una conferencia del ciclo Darwin, impartida por Jordi Agustí, de la universidad Rovira i Virgili, sobre "Patrones evolutivos en la evolución humana"; y esta tarde igual me acerco a otra sobre la extinción masiva de finales del Cretácico. En la conferencia, Agustí ha observado una tendencia en paleoantropología a oscilar entre dos extremos: el de un árbol de homínidos complicado con múltiples especies y entrecruzamientos complejos (supongo que es el que ha venido dominando las últimas décadas, el que favorecería por ejemplo la línea de razonamiento de Gould), y un esquema más simple con una línea evolutiva más definida, que ahora parece que quiere ponerse de moda otra vez, y que en última instancia se remontaría supongo a los esquemas decimonónicos en forma de árbol en los que hay un tronco principal que asciende hacia la especie humana. Claro que sin muchas de las presuposiciones homocéntricas de esos esquemas que a veces son un tanto ombliguistas... pero supongo que incluso los que trazan un árbol complicado no escapan (no pueden escapar, siendo ellos los dibujantes del árbol) a esa tendencia a privilegiar entre todas las ramas y trayectos el que lleva directamente al homo sapiens, disimulado entre la hojarasca y el ramaje de los arbustos. Bien, pues Ernst Haeckel fue uno de los primeros autores de esos árboles genealógicos, y hoy nos podemos reír con demasiada alegría de él, viendo cómo dibujaba ese tronco ascendente hacia el Espíritu y la Razón y la Humanidad, etc.—pero básicamente seguimos en lo mismo. También nos podemos reír de los dos "eslabones perdidos" que inventó entre el mono y el hombre, el Pithecanthropus alalus y (agarraos bien) el Homo stupidus. Pero colocando las cosas en perspectiva, ¿qué serían los australopitecos más que la nueva versión de esos "hombres mono carentes de habla", y qué serían los primeros homo hoy en día, los antecessor, etc., sino el último de la clase? Así que menos risas con Haeckel, que a pesar de sus fallos y "creatividad", mucho hizo en su momento por avanzar el razonamiento sobre la evolución humana.

En alguna cosa he estado en ligero desacuerdo con el conferenciante, por ejemplo cuando dice que Darwin en realidad no explica el origen de las especies en su libro On the Origin of Species... Lo dice porque a su juicio Darwin no cree realmente en las especies—como unidad evolutiva con entidad propia: las considera simplemente una "variedad más" de las variedades, poblaciones... y su teoría sólo se basa en la competencia ecológica de los individuos. Yo disiento: Darwin sí que creía en las especies, cómo no, pues evidentemente reconocía la diferencia entre variedades y especies teniendo en cuenta el hecho de la imposibilidad de reproducción, que separa irremediablemente las ramas de los árboles evolutivos... Y es más, no es que no creyese en las especies en tanto que unidades evolutivas, lo que pasa es que también creía en las poblaciones y variedades en tanto que unidades evolutivas. Que no le diese suficiente peso a la dinámica de interacción de estos grupos entre sí... pues ahí ya podemos estar más de acuerdo, pero es que Darwin es mucho Darwin, y en su obra siempre se encuentra alguna aguda observación que muestra que también era consciente de estas dinámicas, por ejemplo cuando se crean especies por aislamiento.

Otra cuestión en la que disiento (aunque sobre esta no he podido preguntar) es cuando dice el conferenciante, mirando con un poquito de superioridad a las teorías decimonónicas sobre la recapitulación evolutiva, "que es falsa la teoría de que la ontogenia recapitula la filogenia—que hoy sabemos que en todo caso será al revés". La teoría de la recapitulación proviene básicamente de Haeckel, y es tradición zurrarle cruelmente a la vez que se la utiliza... Esto de que "en todo caso será al revés" no lo alcanza mi entendimiento: si la especie existe antes que el individuo, y su evolución ha sido previa a la de un individuo dado, por supuesto que es el desarrollo embriológico del individuo el que recapitula (dentro de ciertos límites) el desarrollo de la especie: y así seguimos creciendo como embriones en un medio acuoso, pasamos por fases larvales e incipientemente vertebradas, con branquias, con cola y proporciones cuadrúpedas, etc. Mal me parece que se pueda contradecir esto. Gould dedicó un libro entero en Ontogeny and Philogeny a criticar las malas aplicaciones de este principio, así que se le erizan las plumas del cuello en cuanto oye hablar de Haeckel. Escribe un ensayo ("Abscheulich! (Atrocious)") en I Have Landed, criticando las falsificaciones e invenciones de Haeckel. Pero en esencia me temo que en efecto la ontogenia recapitula en sus líneas generales a la filogenia, aunque sea en una formulación que prefiere Gould, la ley de von Baer (1828) según la cual las formas simples preceden a las complejas necesariamente—una teoría en efecto difícil de negar, bien evolutiva, bien emergentista, y que Gould explica así:


In a pre-evolutionary context, von Baer argued that development, as a universal pattern, must proceed by a process of differentiation from the general to the specific. Therefore, the most general features of all vertebrates will arise first in embryology, followed by a successive appearance of ever more specific characters of particular groups.
In other words, you can first tell that an embryo will become a vertebrate rather than an arthropod, then a mammal rather than a fish, then a carnivore rather than a rodent, and finally good old Rover rather than Ms. Tabby. Under von Baer's reading, a human embryo grows gill slits not because we evolved from an adult fish (Haeckel's recapitulatory explanation) but because all vertebrates begin their embryological lives with gills. Fish, as "primitive" vertebrates, depart least from this basic condition in their later development, whereas mammals, as most "advanced", lose their gills and grow lungs during their maximal embryological departure from the initial and most generalized vertebrate form. (I Have Landed 317-18).

Von Baer bien, pero ¿por qué Haeckel mal? ¿Por aplicar este principio a una evolución que von Baer no reconocía? La teoría de Haeckel, si bien errónea en el detalle, sí que es acertada en líneas generales, al igual que sus embriones recapitulan la evolución del phylum no punto por punto sino en líneas generales. Sería injusto negarle esta percepción, e incluso Gould acepta, con Darwin, que "community in embryonic structure reveals community of descent" (318). Esto ya es algo, pero Haeckel aún va más allá (demasiado más allá incluso) y sienta el principio básicamente correcto de que el desarrollo embrionario, yendo de lo simple a lo complejo, necesariamente guarda una cierta correlación formal con el desarrollo histórico de un philum dado—de sus formas adultas antecesoras, y no sólo de sus embriones.

Haeckel ha tenido mala prensa, y la filogénesis/ontogénesis también, por esta cuestión que tomo citada de su artículo en la Wikipedia:


Haeckel propugnaba también que las razas «primitivas» estaban en su infancia y precisaban la supervisión y protección de sociedades más maduras, de lo que extrapoló una nueva filosofía, que denominó monismo. Sus obras sirvieron de referente y justificación científica para el racismo, nacionalismo y socialdarwinismo y estuvieron en la base de las teorías racistas del nazismo.

Claro que en la práctica nuestras sociedades avanzadas presuponen algo parecido cuando "protegen" (más en teoría que en la práctica) a las culturas de negritos o indios brasileños de las intrusiones de la sociedad moderna, o cuando ejercemos la nostalgia de los intelectuales, apreciando los "productos típicos locales" y los bienes culturales tradicionales por encima de los que son producto de la globalización y de la sociedad postindustrial. (Esta actitud misma es un producto postindustrial).

Como Haeckel, básicamente, seguimos pensando que procedemos del Homo stupidus, que la ontogenia recapitula la filogenia, que las culturas inferiores son filogenéticamente similares a las formas primitivas de las sociedades modernas, y que el árbol de la evolución humana lleva directo hacia nosotros (visto desde aquí). No lo subestimemos tan rápidamente.


III. Darwinian Goldsmith

En clase de comentario de texto hemos comentado el cuento de Oliver Goldsmith "Asem, The Man-Hater", en el que mucho habría que comentar, e igual un día escribo un libro sobre este cuento, que lo merece... Pero en fin, por abreviar, señalaré algunos elementos pre-darwinianos que tiene, y que les he señalado a las chavalas. Estos elementos están en una tradición dieciochesca, como no podría ser menos, y se podrían relacionar con las teorías de la economía política desarrolladas por Adam Smith, y con su tesis sobre los beneficios de la competencia mutua.

Como es sabido, Darwin también se inspiró tanto en Malthus como en la "mano invisible" de Adam Smith para formular su teoría de la Selección Natural. En la Teodicea de Darwin, la muerte, la extinción y la lucha por la vida son necesarias para el proceso evolutivo, y para que surjan formas complejas. De manera paralela, Goldsmith dedica su cuento sobre un misántropo idealista a luchar contra la tesis de que el mal y el bien se puedan separar. El misántropo Asem querría un mundo perfecto, pero cuando el Genio se lo hace visitar, ve que no es ni siquiera un mundo humano, ése en el que no hay ni competencia, ni vicio... ni virtud, pues la virtud necesita del vicio para surgir y contrastarse. Así que Asem vuelve de su retiro en las montañas a la civilización, y se dedica al comercio, no a la caridad como hacía antes. Ahora prospera, y hace prosperar a la sociedad con él. Del interés propio del comercio (una lucha por la vida) surgen beneficios para la sociedad; surgen la cultura y la prosperidad, y la humanidad se diferencia de las sociedades animales (y las domina y explota) precisamente en competencia con ellas, y buscando su propio beneficio, no adoptando la postura benevolente y buenista de Asem hacia las otras criaturas y otros seres humanos. Una defensa muy dieciochesca de la vida en sociedad y del progreso, y del capitalismo liberal—nada sentimental-prerromántica. Un arranque victoriano, tuvo ese día Goldsmith.

Bien, pues todo esto que podría parecer bastante darwiniano, así en plan aire de familia, todavía se queda chiquito si comparamos un texto de Goldsmith y otro de Darwin sobre la lucha por la vida y sus beneficios ecológicos. En el primer texto, el genio explica a Asem cómo un equilibrio y tensión entre depredadores y presas es mejor desde el punto de vista "vital" que un ecosistema plácido y con menos competencia:


" Here," cried Asem, " I perceive animals of prey,
and others that seem only designed for their sub-
sistence ; it is the very same in the world over our
heads. But, had I been permitted to instruct our
Prophet, I would have removed this defect, and
formed no voracious or destructive animals, which
only prey on the other parts of the creation."
" Your tenderness for inferior animals is, I find, re-
markable," said the genius, smiling. " But, with re-
gard to meaner creatures, this world exactly resem-
bles the other ; and, indeed, for obvious reasons : for
the earth can support a more considerable number
of animals by their thus becoming food for each
other, than if they had lived entirely on her vegeta-
ble productions. So that animals of different na-
tures, thus formed, instead of lessening their multi-
tude, subsist in the greatest number possible. But
let us hasten on to the inhabited country before us,
and see what that offers for instruction."
(de The Life of Oliver Goldmith, with Selections from His Writings).

Compárese con las ideas del Origen de las Especies, en especial con la imagen darwiniana del proceso de la vida como un "entangled bank" en el que la variedad y perfección de especies se debe a su coexistencia compleja, en la que subyace una competición a muerte, una lucha incesante por la vida y por la reproducción ventajosa. Así termina Darwin su libro:


It is interesting to contemplate an entangled bank, clothed with many plants of many kinds, with birds singing on the bushes, with various insects flitting about, and with worms crawling through the damp earth, and to reflect that these elaborately constructed forms, so different from each other, and dependent on each other in so complex a manner, have all been produced by laws acting around us. These laws, taken in the largest sense, being Growth with Reproduction; inheritance which is almost implied by reproduction; Variability from the indirect and direct action of the external conditions of life, and from use and disuse; a Ratio of Increase so high as to lead to a Struggle for Life, and as a consequence to Natural Selection, entailing Divergence of Character and the Extinction of less-improved forms. Thus, from the war of nature, from famine and death, the most exalted object which we are capable of conceiving, namely, the production of the higher animals, directly follows. There is grandeur in this view of life, with its several powers, having been originally breathed into a few forms or into one; and that, whilst this planet has gone cycling on according to the fixed law of gravity, from so simple a beginning endless forms most beautiful and most wonderful have been, and are being, evolved. (On the Origin of Species, 1859, conclusión)

En varios otros puntos de su libro, Darwin enfatiza esta observación: que una misma superficie de terreno es capaz de sostener mayor volumen de vida si se mantienen en ella diversas especies en interacción que si es una sola especie vegetal la que se siembra allí. Y de ahí llega por pasos a su teoría de que es de la lucha a vida o muerte de fondo, de donde salen todas las bondades y virtudes y excelencias que apreciamos en nuestro mundo humano.

Darwin tampoco inventó todo el darwinismo él sólo—descansaba sobre hombros si no siempre de gigantes, sí quizá de señores bajitos y regordetes, feúchos y generalmente despreciados como escritorzuelos demodés, tal que Goldsmith—que el día que escribió "Asem" también tuvo un día darwiniano.







 






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