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sábado, 27 de octubre de 2012

Argo

 La crítica de RedAragón:

Argo


Director: Ben Affleck
Interpretes:
Ben Affleck, Bryan Cranston, John Goodman


Ben Affleck ha pasado de ser tan solo un inexpresivo pedazo de carne delante de la cámara a confirmarse como gran talento del cine americano detrás de ella. Su tercera película como director, Argo, recrea un extraño episodio en la historia del espionaje norteamericano. El 4 de noviembre de 1979, con la revolución islámica en su punto de ebullición, un grupo de iranís irrumpieron en la embajada estadounidense en Teherán y tomaron 52 rehenes. Seis americanos lograron escapar y refugiarse en la residencia del embajador canadiense. La CIA recurrió entonces a su especialista Tony Mendez (Affleck), para llevarlos de regreso a casa. ¿El plan de Mendez? Ni más ni menos, utilizar como coartada el rodaje de una película de ciencia ficción cutre llamada Argo para viajar a Irán en la piel de un productor en busca de localizaciones y luego volver con los seis americanos disfrazados de equipo cinematográfico canadiense. Tan improbable peripecia demuestra hasta qué punto el mundo de los servicios de inteligencia se parece al del cine, en tanto que ambos se basan en la creación de ficciones y mentiras suficientemente plausibles.

Pulsa aquí para leer la crítica de Argo
Pulsa aquí para ver el trailer
Url: http://www.warnerbros.es

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Y sigo comentando. La película es histórica, con convenientes aderezos de suspense y huídas en el último minuto. La primera secuencia del asalto a la embajada americana es extraordinariamente efectiva y angustiosa, y hay otras muchas buenas escenas por toda la película. El montaje de los espías deja bien a la CIA, de modestos y todo, pues el mérito de toda la operación secreta se lo lleva el gobierno canadiense, para evitarles acusaciones de espionaje.  Con lo cual la película deja en buen lugar a la CIA, a pesar de su incompetencia cuando no detectaron la proximidad de una revolución en Irán; al final son menos intrigantes y poderosos de lo que parecían, y bastante eficaces e imaginativos a la hora de burlar el enemigo. Así que supongo que la CIA la habrá financiado en parte o autorizado, es desde luego de la hornada patriótica. Ahora que estamos a un tris de si se declara o no se declara la guerra a Iran—en realidad ya parece cosa decidida según a quién escuches— es una película que de por sí forma parte del arsenal propagandístico norteamericano. No digo que sea ciencia ficción cutre, pero sí busca dar una idea lamentable del régimen iraní, cosa bastante fácil, no hay que irse a las estrellas a buscar inspiración.

La población iraní aparece mayormente fanática y enloquecida de rabia, y aunque se nos dejan oír sus argumentos no se nos da una idea favorable de la revolución de los chiítas, es lo menos que se puede decir. Alguna pincelada nos deja ver también a la gente de a pie que sufre el régimen, con las ejecuciones sumarias, la brutalidad ambiental, la atmósfera opresiva... así, la criada de la embajada canadiense de la que desconfiaban los embajadores y rehenes, no se fuese a chivar, en realidad arriesga su propia seguridad por mantener el secreto, y elige el exilio antes que traicionar su confianza (su confianza no dada, vamos). Más visibles son, desde luego, las ratas de cloaca que salen en toda revolución a subirse a lomos del sistema y organizar purgas y chekas. 

Mala idea sería, de todos modos, que todo este mal de hace treinta años o de hoy les sirviese a los americanos para montar una guerra nuclear. Sobre todo porque hay un episodio histórico que la película omite mencionar, el fiasco del intento de rescate de los demás rehenes, con marines y helicópteros, ordenado por Jimmy Carter. La operación Eagle Claw se llamó, y fracasó por fallos de maquinaria, organización y ejecución, con accidentes y militares americanos muertos en Irán. La operación se suspendió; supongo que no la han mencionado por no mentar la bicha y dejar todo en un tono de victoria sobre los barbudos. Pero ojo, que la historia tiene sus ironías. Por cierto, Ben Affleck también sale con barba.


 
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domingo, 20 de junio de 2010

The Blind Side (Un sueño posible)

The Blind Side (Un sueño posible)




Qué mal está América para que esta película haya tenido un exitazo, y encima le hayan dado un oscar a Sandra Bullock, que aunque me suelen gustar sus películas no está especialmente nada en ellas, ni en ésta tampoco. Igual el oscar se lo han dado al personaje, y no a la actuación. La película está basada en una historia real; y va de una familia extremadamente republicana que por una ventolera caritativa de la señora acaban adoptando a un chavalote negro de doscientos kilos, Big Mike, que no tenía familia ni amparo en la vida. Le ayudan a superar sus problemas con los estudios y lo promocionan hasta convertirlo en un as del fútbol americano (que era para lo que lo habían admitido en su exclusivo colegio, inicialmente). Siendo atípicas las acciones de la familia en su círculo social, etc., incluso les investigan para ver si era todo un truco para meter deportistas de élite negros en un college sureño tradicionalmente blanco—por vía de la familia. Pero aquí todos son muy sinceros y no hay truco, sólo cristianismo y grandes corazones dickensianos. La película parece mentalmente de otra época, abogando simbólicamente por la integración total del negro en la comunidad blanca, renunciando a su propia comunidad, que aquí es una mera ruina de borrachos, drogadictos, criminales y chulos de barrio. Big Mike se distancia simbólicamente de los de su barrio, peleándose con ellos por los insultos lanzados a su familia blanca—en lugar de hacer como haría un negro bien integrado, y soltarles un insulto todavía más gordo que los dejase planchados y admirados. También es atípico el chaval al no tener ningún lazo social real con su comunidad, ni ganas de comunicarse con nadie, y ningún instinto sexual según parece. En suma, será un caso real, pero como decía Aristóteles a veces la realidad no es realista—por mucho que le pongan al final, con los títulos de crédito, las fotos de los auténticos protagonistas de la historia. El sueño será posible, o real, pero sigue siendo un sueño, si no una fantasía delirante. Las películas americanas son siempre a un nivel una cierta alegoría social, con resoluciones imaginarias de conflictos reales (especialmente entre negros y blancos), y podríamos decir que aquí los términos del conflicto están muy amañados—o que la situación tiene muchos ángulos muertos y puntos ciegos. Como digo, es (la película y la señora) extremadamente republicana. Pero muy caritativa, eso sí; yo, particularmente, no acostumbro a invitar a dormir en casa a ningún negrazo de doscientos kilos y aspecto hosco que me encuentro por la calle, ni yo ni la mayoría de mis amigos progres, e incluso diría que pocos republicanos lo hacen. Y hasta que no se generalice la solución de esta película, no sabremos si la receta propuesta para los males de América era la adecuada. A mí me da como que lo último que querrían muchos negros, por mal barrio en que vivan, es que los adopte una familia de republicanos de la Asociación del Rifle, y que los manden a un colegio pijo. A hacer carrera y contactos, hala.

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