Habiendo disfrutado mucho con las memorias
alfabético-caóticas de Gérard Genette, Bardadrac, ahora estoy
leyéndome su continuación o Codicille.
Leo
como sigue en el artículo-entrada "Côté", sobre sus perplejidades con
la reversibilidad de derecha e izquierda, según desde donde se miren:
"la
'droite' est perçue, dans cette tradition, comme le parti attaché au
passé, la 'gauche' comme le parti tourné vers l'avenir. Je n'en crois
plus rien depuis longtemps, mais les réflexes anciens parlent plus fort
que les prises de conscience récentes. J'en conviens, mais pourquoi
cette vectorisation contradictoire de l'espace symbolique?
La réponse
est sans doute dans la question: le fait décisif qui oriente de la
gauche vers la droite, et contrairement à l'orientation politique
héritée de si peu loin (pas beaucoup plus de deux siècles), la plupart
de nos gestes directionnels, y compris sans doute chez les gauchers, ce
fait est celui qui domine, depuis bien plus longtemps (plus de deux
millénaires) notre orientation culturelle : c'est le mouvement
dextrogyre (de gauche à droite) qui est pour nous celui de l'écriture
et de la lecture. 'Nous' (on voit maintenant ce que désigne
sélectivement ce pronom) écrivons et lisons de gauche à droite, et
cette
habitude commande notre vectorisation de l'espace et du temps, par
exemple dans nos graphiques et autres courbes de croissance (ou de
déclin) : une ligne ascendante ou descendante l'est toujours pour nous
de gauche à droite, et l'on imagine mal la barre oblique des calandres
de la marque Volvo 'monter' de droite à gauche, ce que chacun
interpréterait comme une diagonale déclinant de gauche à droite. On
pourrait certes tenir cette supposée cause elle-même pour un simple
effet, ce qui nous relancerait, en amont de celle-ci, à la recherche
d'une autre cause, plus universellement anthropologique. Mais si cette
cause primitive et naturelle était établie, on ne comprendrait pas
pourquoi tant d'écritures 'orientales' se tracent et se lisent,
lévogyres à l'inverse des nôtres, de droite à gauche." (76-77)
Meditando sobre esto he ido
husmeando por la página
de la Wikipedia sobre la escritura, y por otra sobre los sistemas de
escritura.
Y me parece que la causa antropológica, primitiva y natural podemos
localizarla con relativa facilidad. Creo que la direccionalidad del
alfabeto va unida a su adopción por los pueblos del hemisferio norte,
lejos ya de los trópicos, asociando la dirección de la escritura al
movimiento aparente del sol en el cielo. Los primeros alfabetos del
mediterráneo oriental se escribían con frecuencia de modo
boustrofedónico: es decir, alternando una línea de derecha a izquierda
con otra de izquierda a derecha, como el trayecto de los bueyes arando
un campo. Esto es menos operativo, claro, que escribir todas las líneas
en la misma dirección. Sobre todo en los sistemas alfabéticos, en
los que la direccionalidad de la palabra como unidad duplica la
direccionalidad de la sintaxis. Y así se acabó imponiendo la dirección
uniforme, y de izquierda a derecha, en el alfabeto griego. Grecia está
más al norte que Fenicia o que Egipto.
Los jeroglíficos egipcios se solían escribir con frecuencia de derecha
a izquierda, pero abundan otras direcciones, lo que prueba que la
direccionalidad no era percibida como algo fundamental—y menos aún la
asociación entre el movimiento del sol y la escritura. El cuneiforme
mesopotámico, sin embargo, se escribía de izquierda a derecha—al menos
a partir de mediados del tercer milenio a.C., pues antes era
vertical—lo cual pudo influir en que los alfabetos del sureste de Asia
se escribieran también de izquierda a derecha. Es posible que el
cuneiforme pasase de escribirse de izquierda a derecha junto con un
desarrollo de una mayor conexión entre la escritura y el tiempo: por
ejemplo, a través de la escritura de textos más elaborados como son las
crónicas o las narraciones como el Poema
de Gilgamesh.
En el lejano oriente era más frecuente en muchos alfabetos que la
escritura fuese de arriba abajo, en otros alfabetos de abajo arriba—y
las columnas unas veces de izquierda a derecha y otras de derecha a
izquierda. A lo largo del siglo XX, por influencia occidental y para
facilitar la inserción de símbolos occidentales, los alfabetos
orientales han
pasado a escribirse horizontalmente, y de izquierda a derecha.
La escritura árabe es la más "antisolar" que hay de entre los grandes
sistemas de escritura, pues va de derecha a
izquierda, como el sirio y el hebreo,
y un par de lenguas tropicales. En los países del sur, no es tan
relevante la asociación del movimiento horizontal del sol con la dirección
izquierda-derecha: es más bien arriba-abajo o abajo-arriba (el sol subiendo o bajando con respecto el horizonte) la
espacialidad que se asocia al paso del tiempo.
A lo que voy: aunque la historia de las direcciones de la escritura es
en gran medida caótica, es un caos en el que entran diversos
ingredientes a modo de vectores de fuerza. El más potente de ellos, sin
duda, es la tradición recibida; otro es la influencia de los vecinos.
Pero uno de estos vectores de fuerza, y muy influyente a la hora de
determinar una tradición, ha sido la asociación entre el movimiento
aparente del sol en el cielo de este a oeste a lo largo del día, más perceptible en el norte como un
movimiento de izquierda a derecha, y el progreso del tiempo en la
cadena escrita. La izquierda es "antes" y la derecha es "después", y la
flecha del tiempo se asocia pues con la representación natural de un
movimiento de izquierda a derecha. Por lo mismo las culturas europeas
asocian el movimiento de las agujas del reloj con un movimiento
"natural" o con el paso habitual del tiempo, y el contrario a las
agujas del reloj con un movimiento antinatural o retrógrado. Por
supuesto que la aguja del reloj viaja también de derecha a izquierda
mientras el tiempo sigue avanzando, pero eso es en la parte inferior de
la esfera, la que no está asociada al movimiento del sol ni a la
postura erecta humana, con la cabeza apuntando al mediodía.
Originalmente, el amanecer ha de estar a la izquierda, en la horizontal
de la esfera, y el atardecer también, pero a la derecha. Las demás
horas ya no son laborables. En cuanto a los demás astros, siguen
naturalmente un movimiento aparente similar al del sol, pero su impacto
en la experiencia general y en la percepción es mucho menor.
Otro ingrediente más que entra en la composición caótica de fuerzas que
acaban direccionando la escritura es la lateralización del cerebro, y
el dextrismo predominante. La lateralización actúa sobre la escritura
por vía del manejo de instrumentos de escritura con la mano derecha. En
una escritura con líneas horizontales, habrá mayor tendencia a escribir
de izquierda a derecha que de derecha a izquierda: para no emborronar
lo escrito, si se usa tinta u otro material que haya de secarse o
endurecerse; y, por otra parte, también para ver lo que acabamos de
escribir, sin que nos lo tape la mano al moverse de derecha a
izquierda. No es extraño que muchos zurdos escriban, en la práctica,
líneas verticales, girando el papel para que sea visible lo que acaban
de escribir.
En suma, que la escritura occidental (y ahora también la oriental)
sigue al sol trazando sus líneas invisibles en el cielo, y en última
instancia su direccionalidad dominante viene dada en gran medida por la
dirección de giro de la Tierra. Es el sol quien aúna tiempo y espacio
en una fusión conceptual espontánea, sugiriéndonos la dirección
"natural" de la escritura, en origen a los países del norte, donde el
sol está bajo. Luego, por virtud del comercio, la industria y el
colonialismo, éstos han extendido esa percepción espacial del tiempo
por la mayor parte el mundo.