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viernes, 4 de abril de 2025

En competición y en colaboración

Puntualizando tanto énfasis en la colaboración que pone Irene Vallejo en su artículo, en modo en exceso socialista-comunitarista-buenista:

En competición y en colaboración

Una de las mayores ventajas de la cooperación, en efecto, es que da ventajas competitivas frente a otros grupos. Algunas de las dinámicas evolutivas relacionadas con esto las comentamos en Somos hijos de la guerra. De modo más general, la dialéctica o interacción entre colaboración y competición la analizaba desde el punto de vista sociobiológico Edward O. Wilson en su panorámica sobre las peculiaridades de la naturaleza humana, The Meaning of Human Existence. Aquí lo comentábamos:

"E. O. Wilson's The Meaning of Human Existence: A Conspectus." 

         http://www.academia.edu/31529791/WilsonConspectus.pdf

domingo, 8 de septiembre de 2024

Origen mafioso del Estado según Unamuno

 Un capítulo de la segunda parte de la Vida de Don Quijote y Sancho de Miguel de Unamuno,

LX - DE LO QUE SUCEDIÓ A DON QUIJOTE YENDO A BARCELONA.

Primero le sucede a Don Quijote la rebelión de su escudero y la derrota que éste le inflige; y sigue el encuentro con los bandoleros catalanes que da lugar a que Unamuno nos exponga su reflexión (que es también la de Cervantes) sobre la necesidad de la ley y de la justicia aun entre bandoleros.  Lo cual lleva a Unamuno más lejos, hasta proponer una teoría antropológica casera que sentaría el origen mismo de la ley en estas sociedades criminales, como medio de llevar a cabo su depredación de modo más sistemático y eficaz. 

Es algo de lo que tratamos en tiempos aquí a cuenta de José María Ciordia y su teoría sobre el origen mafioso del Estado, surgido para la depredación organizada (y la "protección") en las sociedades agrícolas con acumulación primitiva y excedentes comercializables. 

Veamos lo que dice Unamuno al respecto en la segunda parte de este capítulo:

 

Y este mismo Sancho que arremete a su amo y le pone la rodilla sobre el pecho, al sentir sobre su cabeza y pendientes de un árbol dos pies de persona con zapatos y calzas, tiembla de miedo y da voces llamando a Don Quijote que le acorra y favorezca.

No bien acaba de desmandarse contra su amo y señor natural al grito revolucionario de ¡yo soy mi señor!, cuando no es ya señor de sí mismo, sino que tiembla de miedo al sentir sobre su cabeza unos pies calzados, y llama a su amo y señor natural, al que le amparaba del miedo. Y Don Quijote, ¡claro está!, acudió a la llamada, porque era bueno. Y supuso fueran pies de forajidos y bandoleros que en aquellos árboles estaban ahorcados.

Así lo vieron al amanecer en que cuarenta bandidos vivos que de improviso les rodearon, diciéndoles en lengua catalana que estuvieran quedos y se detuvieran hasta que llegase su capitán. Y el pobre Don Quijote hallóse a pie, su caballo sin freno, su lanza arrimada a un árbol, y, finalmente, sin defensa alguna, y así tuvo por bien cruzar las manos e inclinar la cabeza guardándose para mejor sazón y coyuntura. ¡Ejemplarísimo Caballaro! ¡Y cómo le han enseñado las burlas de los duques, las coces de los cabestros y la arremetida de Sancho! Es que barrunta, aun sin conocerla, la cercanía de su muerte.





 ("Les quarante voleurs" —Ali Baba, la musicale comédie).

Llegó el capitán, Roque Guinart, y vio la triste y melancólica figura de Don Quijote y le animó. Había oído hablar de él. Y allí conoció Don Quijote la concertada república de los bandoleros y pretendió persuadir con buenas palabras, y no obligarle por la fuerza, a Roque Guinart a que se hiciese caballero andante. Sirvió el encuentro para que el Caballero admirase la vida del caballeresco bandolero, la equidad con que se repartían los despojos del robo y su generosidad con los viandantes. Y él, Don Quijote, que con grande escándalo de las personas graves había dado libertad a los galeotes, no intentó siquiera deshacer la república de los bandidos.

Esto de la justicia distributiva y el buen orden que en repartir los despojos del botín se observaba en la banda de Roque Guinart, es condición de toda sociedad de bandoleros. Fernando del Pulgar, al hablarnos en sus Claros varones de Castilla del bandolero don Rodrigo de Villadrando, conde de Ribadeo, que con sus bandas y su gran poder "robó, quemó, destruyó, derribó, despobló villas e lugares e pueblos de Borgoña e de Francia" nos dice que "tenía dos singulares condiciones: la una, que facía guardar la justicia entre la gente que tenía, e no consentía fuerza ni robo ni otro crimen; e si alguno le cometía, él por sus manos lo punía". Por donde se ve cómo es en el seno de las sociedades organizadas para el robo donde más severamente se persigue el robo mismo, y así como en los ejércitos organizados para ofender y destruir es donde más duramente se castigan las ofensas y lo que a la destrucción del ejército mismo tienda. Y así cabe decir de todo género de justicia humana que brotó de la injusticia, de la necesidad que esta tenía de sostenerse y perpetuarse. La justicia y el orden nacieron en el mundo para mantener la violencia y el desorden. Con razón ha dicho un pensador que de los primeros bandoleros a sueldo surgió la Guardia Civil. Y los romanos, formuladores del derecho que aún subsiste, los de ita ius esto, ¿qué eran sino unos bandoleros que empezaron su vida por un robo según la leyenda por ellos mismos forjada?

Las historias de los romanos las comentaba en este sentido un clásico del evolucionismo cultural, Giambattista Vico, que cifra el progreso de la humanidad en el desarrollo de la organización y de las instituciones como modos de orientar, generar y perpetuar la cooperación. Observaba Vico que nuestras instituciones, cooperaciones y sociedades son superiores a las que se daban en los albores de la humanidad, en tiempos de los cíclopes, y que se han ido imponiendo a esas formas simples o las han desplazado. (Por las buenas o por las malas, habría que añadir).

Recordemos a este respecto lo comentado sobre la cooperación para la exterminación en artículos como "Somos hijos de la guerra", o "Con quién cooperamos", o "El dilema o contradicción de la cooperación humana." 

Conviene, lector, te pares a considerar esto de que nuestros preceptos morales y jurídicos hayan nacido de la violencia y de que para poder matar una sociedad de hombres se haya dicho a cada uno de estos que no deben matarse entre sí, y se les haya predicado que no deben robarse unos a otros para que así mejor se dediquen al robo en cuadrilla.

(Inciso: es sorprendente hasta qué punto se suelen malinterpretar los mandamientos de la ley de Dios, los del Éxodo, en el sentido cristiano de darles una interpretación universal, cuando es meridianamente claro y ni siquiera necesita especificación que no matarás significa no matarás judíos...). Pero así sigue Unamuno:

Tal es el verdadero abolengo y linaje de nuestras leyes y nuestros preceptos; tal la fuente de la moral al uso. Y este su abolengo y linaje se descubre en ella, y por esto nos sentimos inclinados a perdonar y aun querer a los Roque Guinart, porque en ellos no hay doblez ni falsía, sino que aparecen sus bandas tal y como son, mientras los pueblos naciones que se dicen llamados a cumplir el derecho y servir a la cultura y a la paz son sociedades fariseas. ¿Conocéis algún rasgo quijotesco de una nación de hombres como tal nación?

Consideremos, por otra parte, cómo del mal sale el bien—porque el fin es un bien si bien transitorio, el de la justicia distributiva—y tiene este sus raíces en aquél, o son más bien caras de una misma figura. De la guerra brota la paz, y del robo en cuadrilla, el castigo al robo. La sociedad tiene que tomar sobre sí los crímenes para libertar de ellos, y de su remordimiento, a los que la forman. Y ¿no hay acaso un remordimiento social, desparramado entre sus miembros todos? Sin duda, y el hecho este del remordimiento social, tan poco advertido de ordinario, es el móvil principal de todo progreso de la especie. Acaso lo que nos mueve a ser buenos y justos con los de nuestra sociedad es cierto oscuro sentimiento de que la sociedad misma es mala e injusta: el remordimiento colectivo de una tropa de guerra es tal vez lo que les mueve a prestarse servicios entre sí y aun a prestárselos, a las veces, al enemigo vencido. Por conocer la insolencia de su oficio se guardaban fe entre sí los compañeros de Roque. (Ensayos, Aguilar, II.306-8).

Casi formula aquí Unamuno una teodicea escéptica desengañada al modo de Darwin—de la lucha por la vida, de la muerte y la depredación, es de donde salen las bellas formas como producto acabado, y así justifican en parte la base sobre la que se edifican. También Darwin daba un papel a la cooperación en la dinámica de la competición universal de todos contra (casi) todo.  Su teoría de la selección natural y de la evolución de las especies es, ya lo decíamos aquí, una teodicea cósmica que ve la imbricación mutua del mal y el bien, del sufrimiento y el logro, la historia completa de la vida y el surgimiento de la humanidad, desde una perspectiva evolucionista y compleja, superior y más fría.

En Unamuno también vemos que son posibles las leyes y virtudes altruistas únicamente en el seno de esas sociedades criminales, valga la redundancia, construidas sobre la depredación universal, y que regulan ésta con normas y leyes para su mayor eficacia.

En suma, que cooperar es muy bonito y muy inclusivo, y muy guay y resiliente, muy salimos de ésta todos juntos, y no nada individualista ni egoísta.... —pero no hay que olvidar que normalmente se coopera contra algo... o contra alguien, contra algún cíclope quizá, o contra un grupo menos numeroso o menos organizado. Así surgió y se desarrolló la muy particular sociabilidad humana, la del hombre-lobo, lobo para el humano, hombre para el hombre.

 

 

Nociones erróneas sobre la evolución de la cooperación

 

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lunes, 2 de septiembre de 2024

Michael Tomasello - Origins Of Human Cooperation

  

Tomasello, Michael. "Origins Of Human Cooperation." Video lecture. YouTube (Videnskabernes Selskab) 17 June 2022.* (Shared and collective intentionality, cultural evolution, joint attention, Roles, Perspective).

https://youtu.be/GvPw-uLU1qg

         2024

The Science of Cooperation – with Nichola Raihani

  


Raihani, Nichola. (Royal Society University Research Fellow and Professor in Evolution and Behaviour, UCL). The Social Instinct: How Cooperation Shaped the World.

_____. "The Science of Cooperation." Video lecture. YouTube (The Royal Institution) 21 Oct. 2021.*

https://youtu.be/unJzu_0LKSQ

         2024

 

 

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sábado, 16 de septiembre de 2023

El dilema o contradicción de la cooperación humana

 

Tenemos aquí un audio de David Sloan Wilson donde este biólogo evolucionista reflexiona sobre el altruismo, la selección de grupo, la importancia de la cooperación en la evolución, la política global, y la posibilidad de que la humanidad se convierta en un "superorganismo" como las abejas o las hormigas, pero a nivel mundial. Cosa que a él le parece deseable, y que considera un fin a promover.

Wilson, David Sloan. "What Is the Signature Adaptation of the Human Species?" Audio/text interview by Thomas Burnett. Templeton Foundation (Templeton Ideas) 2023.* (Cooperation).

https://www.templeton.org/news/how-cooperation-makes-the-human-species-special



Por poner mi crítica brevemente, sin entrar más al detalle en la cuestión de que ni somos hormigas ni deberíamos serlo, ni podemos convertirnos en un "superorganismo" de hormigas humanas como expresa Wilson en un modo un tanto globalista-delirante. No. Me refiero a una crítica de este razonamiento en los propios términos de la biología evolucionista de David Sloan Wilson:

 

Si la especie humana ha evolucionado mediante la selección grupal, eso quiere decir que no sólo la cooperación, sino el enfrentamiento entre grupos, ha sido crucial para condicionar esa evolución y para dar forma a la humanidad.

 

La humanidad es hija de la guerra y de la confrontación entre grupos (hominoides y humanos, además de la cooperación frente a animales no bípedos). Confrontación directa, o competición que lleva al arrinconamiento ecológico, la sumisión o la extinción de los competidores.


Es contradictorio en términos, por tanto, creer que la cooperación humana y la promoción del propio grupo puede ser plenamente armónica y excluir a la confrontación humana o la competición con otros grupos, como la otra cara de la moneda de lo que ha sido, y es, la humanidad. 

 

Y seguirá la confrontación, tanto directa como larvada, entre grupos humanos que promueven distintos valores, distintos intereses, distintas políticas, y distintos futuros para la humanidad.

 

 

 

Somos hijos de la guerra:

La cooperación para la violencia

como clave de la evolución humana

 

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miércoles, 15 de julio de 2020

Intencionalidad, Cooperación, Competencia y Agresión






Muy interesante artículo sobre la creación de intencionalidades sociales complejas. 

Me viene a la mente la creación de unidad y coordinación en el grupo, y de reorientación organizada de conflictos, a través de rituales de agresión coordinada y mimética (pienso en los estudios sobre mímesis y violencia de René Girard). 

Y una cuestión. A partir de esta reflexión donde dice, sobre la mímesis de comportamiento en los monos: 

"La interacción de tocar la campana, desde que se inicia en uno de ellos hasta que concluye en otro, implica una interacción en bucle que permite establecer una mayor complejidad que el acto de actuar, sino quién actúa con qué y por qué yo le sigo o me percibo como competencia."  

Estas interacciones en bucle tienen efectos para la constitución del sujeto una vez se interiorizan (ver "Interacción internalizada: el desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico"). Algunas reflexiones sobre este tipo de bucles en la psicología social de G. H. Mead nos podrían llevar en esta dirección (ver "Bucles en la mente: Autointeracción, retroalimentación cerebral, y la realidad como expectativa autocumplida").

Pero más en concreto: esta intencionalidad colectiva y compartida se afina y retroalimenta cuando se enfrenta, miméticamente y dialécticamente, a OTRA intencionalidad semejante a ella. Aquí volvemos a la importancia de la agresión, la cohesión social y la competición entre grupos. Es importante entre los primates, como se señala aquí, el desarrollo de una cooperación avanzada, pero esta cooperación dentro del grupo (que tampoco excluye otras dinámicas de competencia intragrupal entre los individuos) viene a potenciarse especialmente cuando entra en una dinámica de enfrentamiento con OTRA cooperación avanzada en otro grupo.

Es decir, cooperación social y competencia entre grupos van necesariamente unidas una vez se alcanza una complejidad suficiente, en especial cuando se identifican capacidades intencionales y se desarrolla la capacidad de planificar ataques, agresiones, defensas, etc. A nivel de grupos más avanzado todavía, claro, aparecerán dinámicas superiores, de cooperación entre grupos, alianzas, de cara a la agresión a un tercer grupo. Y así sucesivamente. 

 En suma, que la cognición social, el desarrollo de intencionalidad compleja, lleva aparejado el desarrollo de dinámicas también complejas no sólo de cooperación, sino de competición y agresión, una dinámica que alcanza su máximo desarrollo en la intencionalidad y socialidad compleja de los humanos, demasiado humanos y a la vez demasiado primates, que de ahí no nos saca nadie de momento—a no ser que entendamos por superar estas dinámicas el hecho de que la agresión directa se sustituye muchas veces por formas más simbólicas y elaboradas de agresión y de competición, y por dinámicas económicas de cooperación y confrontación mucho más complejas, lo que llamamos la historia.








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domingo, 26 de enero de 2020

Cooperate with people who cooperate




There seems to be Kantian maxim lurking here: "Cooperate with people who cooperate".

There is a recursive whiff to that, and that's one of the keys to human interaction. Actually, a more precise formulation of this "cooperative principle" (pace Grice) is even more recursive:


"Cooperate with people 
who cooperate with people 
who cooperate with you".

Because our enemies, rivals and adversaries also cooperate with one another, and that doesn't make them more morally desirable for us, or more cooperative in the right sense. That's what Kant did not get at all.











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domingo, 21 de julio de 2019

Self-maximizers vs. Cooperators

domingo, 7 de octubre de 2018

Retropost (7 de octubre de 2008): Language, Cooperation, and Natural Selection



homo erectusMy comment to a post in Babel's Dawn which discusses the advantages of group cooperation in early humans and its effects on the development of language:



You are right to point out the importance of group selection, which becomes all the more important when a group has developed technologies (including language technologies) which give it a definite advantage over other groups. Bows and arrows and stone axes too. I suspect much "group selection" in human history has taken the form of genocide, the extermination of neighbouring tribes or ape-like cousins who did not quite speak "in the right way" or didn't interact profitably with the dominant group. To coin a phrase: the history of human evolution is a history of genocide. And a shared language is a key element in this tale. So, cooperation within the group goes hand in hand with competition with neighbouring groups; it may actually hone the edge of competition.

 

Edmund Blair Bolles's answer: 

 Long ago I was partial to the genocide idea myself. It is melodramatic and decisive, but I have changed my mind. There is no good evidence that it has been as important as the more familiar mechanisms we see in history: the stronger move in and push the weaker aside, either by shoving them off into highland or desert margins, or by dominating the older group and taking a region's wealth, or by absorbing the weaker so that they become part of the new power.



 

And my reply: 

Well, call it "soft" genocide then. How do you "push" someone to the margin, in fact? Of course I agree all kinds of domination strategies are influential—including extermination through infectious diseases, which according to Jared Diamond also tends to wipe out less 'globalized' peoples. But we are not lacking in evidence for more or less deliberate genocides in recent history (take for instance the case of all-white Argentina or Australia). A story along that line has long been a matter of speculation as regards the spread of Homo Sapiens, of course—for instance in William Golding's
The Inheritors.






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miércoles, 11 de abril de 2018

Retropost #2100 (11 de abril de 2008): Todos somos hermanos



Esta idea tan cristiana puede ser además evolucionariamente beneficiosa. O, por decirlo de otra manera, la doctrina cristiana de la hermandad universal y su defensa de la solidaridad con todo otro ser humano es una manifestación en estado bastante puro, y quizá extremo, de una tendencia universal en el comportamiento de los grupos humanos. Una tendencia que ha contribuido precisamente a humanizarlos mediante la cooperación más allá de los límites familiares. Ya resaltaba Kropotkin la importancia evolutiva de la cooperación y la solidaridad en los grupos humanos. En este artículo de Edmund Blair Bolles  se reseñan trabajos que comparan las costumbres de colaboración en la crianza de cachorros e infantes, y de adopción de huérfanos entre otros mamíferos y los humanos. La estrategia de la adopción funciona mejor a la larga para la supervivencia del grupo: a lo largo de la historia humana, cada vez es mayor la proporción de bebés que alcanzan la edad adulta. Contra la teoría del gen egoísta, tan influyente hoy, los humanos tendemos a desarrollar relaciones de afecto y colaboración con individuos no relacionados genéticamente con nosotros, y a ignorar en ese sentido la supervivencia estricta de nuestros genes. Quizá de allí tantos solteros sin hijos, dedicados a funciones puramente sociales y no reproductivas, y de allí la equiparación legal y sexual entre hijos adoptivos y genéticos en los grupos humanos— realidades del comportamiento humano que parecen contradecir la lucha por la supervivencia del gen. Podría decirse que los humanos estamos más interesados en la pervivencia de nuestros memes o genes culturales que de nuestros genes fisiológicos. Pero en realidad tanto genes como memes han de definirse no como propiedad de un individuo, sino de una colectividad. Nuestros genes no son tan nuestros, claro, son variaciones sobre un fondo común. Es el gran tamaño de los grupos humanos cuyos intereses se defienden—en última instancia, toda la humanidad—lo que hace que a veces nos identifiquemos con los genes del vecino tanto como con los propios. Todo sigue siendo en última instancia cuestión de interacción genética, aunque sea a gran escala. Al menos así será hasta que encontremos otra especie diferente con quien intercambiar ideas—Para entonces seguro que también se crean híbridos más complicados, mentales o físicos. Y volvemos entonces a revisar la teoría del gen egoísta.




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lunes, 5 de marzo de 2018

Retropost #2042 (5 de marzo de 2008): Imperativo maquiavélico


Machiavelli


Un cuasi-diálogo con Victor Gómez Pin en su blog—en rojo sus artículos, en negro comentarios míos o ajenos:

Confianza entre seres de palabra, argumentos kantianos...

"La máxima es el principio subjetivo de la acción y debe ser diferenciado del principio objetivo, es decir de la ley práctica (ley por adecuación a la cual se mide el carácter moral de un comportamiento). La máxima determina en base a las condiciones del sujeto (muy a menudo en base a su ignorancia, o bien a sus inclinaciones) y constituye así el principio en conformidad al cual el sujeto procede, mientras que la ley es el principio objetivo, válido para todo ser razonable, el principio en conformidad al cual debe proceder, o sea un imperativo."

Este texto de la kantiana Metafísica de las costumbres, al que aludía al principio de estas reflexiones sobre el simulacro, nos da la clave de dónde se sitúa el pesimismo y el optimismo en materia de comportamiento ético. Kant es optimista, tiene confianza en que el hombre en última instancia no puede ser totalmente ajeno a los imperativos de la razón, actitud que se traduce, entre otras cosas, en un comportamiento ético.

La diferencia jerárquica entre la máxima y la ley estribaría en que la primera sería subjetiva y contingente, mientras que la segunda sería objetiva y necesaria:

Todo ser humano está permanentemente atravesado por aspiraciones subjetivas, que se traducen en deseo respecto a determinado objeto, circunstancia, posición personal etc. Y esta capacidad subjetiva de desear es esencialmente contingente y mutable, subordinada a la variabilidad de individuos y peripecias.

Por el contrario, sea cual sea su circunstancia, el ser humano desea tener razón, cuando menos tener razón instrumental, pues de perderla se hallaría en la imposibilidad de alcanzar sus fines, sórdidos o no (para envenenar a alguien hay que poner los medios racionales necesarios). Pero sobre todo el ser humano no podría no desear que el otro ser humano se halle motivado por objetivos que no se reduzcan a intereses subjetivos y mezquinos. Todo ser humano estaría obligado a desear que en el otro se de una parcela que lo convierte cabalmente en una persona, es decir, que esté motivado por intereses universales de la humanidad. Y hasta cabría decir que, de hecho, está convencido de que así es efectivamente, pues de lo contrario, privado de toda confianza, viviría atravesado por el terror y el imperativo de la vigilia permanente.


[Publicado el 29/2/2008 a las 11:16]

Comentarios:

En general, y en el seno de una comunidad, posiblemente. Como norma general que haga posible la vida social.
Ahora bien, incluso en una comunidad hay parásitos, criminales y asociales, que hacen que en la práctica se limite muy seriamente esa presuposición de racionalidad.
Además, hay otras comunidades que pueden estar enfrentadas con la nuestra, con lo cual no se aplicaría.
A nivel universal, pasa lo mismo con la comunidad de comunidades (intereses encontrados, elementos criminales, etc.).
Por tanto, hay que estar en guardia por si el otro está simulando racionalidad para instrumentalizarnos y metérnosla doblada.
- ¿No lo sabía Kant? Maquiavelo sí.

Comentado por: JoseAngel el 29/2/2008 a las 15:51

Sí, JoseAngel, algunas personas al discutir, a veces no siempre pero sí en ocasiones, levantan esa sospecha de instrumentalización de la supuesta máxima, ya que la ley es más difícil de manipular, si el interlocutor está más o menos enterado, pero si se alega que la máxima en la que está basada es errónea, pues ya está.
Obedecer a la máxima puede hacerte ir contra la ley, esos argumentos de película americana... Y el contrario: el funcionario rígido que se aferra a una norma, también lo vemos mucho fastidiando siempre a los protagonistas.
Me pregunto contra qué nos costaría más actuar ¿contra una máxima o contra una ley? En principio parece que debiera ser contra la máxima, supongo que depende de cuán interiorizada esté en realidad y del grado de aceptación como "valor universal" real que le demos y del riesgo que suponga. Aunque si estás muy convencido hay quien no esquiva la cárcel.
Comentado por: alicedd el 29/2/2008 a las 21:14

Acabo de ver una película muy buena sobre el tema: "Operación Walkiria" o "Stauffenberg", sobre el complot para asesinar a Hitler. Allí la ley estaba clara, pero era obscena e inmoral, y la integridad personal (de algunos al menos) les obligaba a la traición.
http://garciala.blogia.com/2008/030401-stauffenberg.php

Comentado por: JoseAngel el 04/3/2008 a las 23:36

...Y respuesta del cínico

Revisemos:

La base del optimismo en ética consistiría en estimar que todo sujeto humano está obligado a considerar como (bien entendido) interés propio el que se den intereses universales (ideales de fraternidad y justicia) a los cuales los hombres adecuan su comportamiento. Esto no ocurrirá en todo tiempo y en todo lugar, e incluso es posible que aparentemente no ocurra casi nunca, mas de facto, en algún registro, en todo hombre perduraría un rescoldo de esta exigencia de adecuar su comportamiento a lo que posibilita la persistencia de la razón y de los seres que la encarnan.

Es más: confrontado a seres que subsisten embrutecidos por la miseria, seres que oscilan entre la expectativa de la pura rapiña (generalmente de alguien aun más débil) y la consolación imaginaria de reconocerse en el equipo de fútbol triunfante, entonces, para conservar un hálito de confianza, para no caer en el terror, tengo que agarrarme a la idea de que en ellos persiste un respeto ante la razón, respeto traducido, por ejemplo, en el hecho de que, ya sea para urdir sus rapiñas o traiciones, dichos seres argumentan.

Supongamos ahora que no estoy confrontado a la eventual indignidad del otro sino a la propia. Supongamos que erijo como regla de conducta el aprovecharme de la buena fe del otro. Obviamente, tengo entonces que desear que esta buena fe se dé efectivamente, es decir, que el otro no sea idéntico a mí. En suma: hasta para conducir a buen puerto mis aspiraciones más inmundas no podría dejar de desear que en el mundo haya seres motivados por valores desinteresados y favorables a la persistencia de los seres razonable, en lugar de serlo por meros intereses subjetivos.

¿Respuesta del cínico a tal argumentación? Pues la división de los comportamientos: la defensa de los intereses generales de los seres de razón para el otro, y la defensa de los intereses subjetivos para mí.

Mas ¿cabe realmente tal economía? ¿Cabe reducir el lazo entre humanos a comportamiento de "listillos" frente a comportamiento de ingenuos? Ciertamente Kant diría que no; que ni el cínico lo es totalmente, el ser moral deja, en ocasiones de codiciar el pan (material y espiritual) del otro. Pero vaya usted a saber si podemos dar razón a Kant...
[Publicado el 03/3/2008 a las 11:00]

La inevitable doblez

"El antiguo camarada me dijo que no había cambiado y comprendí que él no se creía cambiado. Entonces lo miré mejor. Y, en realidad, salvo que había engordado tanto, conservaba muchas cosas del tiempo pasado. Sin embargo, yo no podía comprender que fuera él. Entonces procuré recordar. En su juventud tenía los ojos azules, siempre reidores, perpetuamente móviles, en busca, evidentemente, de algo en lo que yo no había pensado, búsqueda que debía ser muy desinteresada, seguramente en pos de la verdad, perseguida en perpetua incertidumbre, con una especie de travesura...Y ahora, convertido en político influyente, poderoso, despótico, aquellos ojos azules que por lo demás no habían encontrado lo que buscaban, se habían inmovilizado, lo que les daba una mirada puntiaguda, como bajo unas cejas fruncidas. Y la expresión de jovialidad, de abandono, de inocencia, se había tornado en una expresión de astucia y disimulo." (Marcel Proust)

En las sociedades que respetan, al menos formalmente, el lema libertad, igualdad, fraternidad, no hay discurso político, educacional, o simplemente periodístico en el que se cuestione el postulado de que los seres humanos somos equiparables en dignidad.

En una de las reflexiones que aquí he ido avanzando ponía el énfasis en el hecho siguiente:

Piense lo que piense en realidad, ningún responsable se atrevería a aseverar que hacer daño a alguien como Einstein (en razón meramente de ser judío) sería más grave que aprovecharse, por ejemplo, de un inmigrante clandestino, analfabeto y diezmado en sus potencialidades intelectuales por el abandono, el miedo y la miseria.

Obviamente esta posición ha de encontrar soporte en una tesis digamos filosófica. Pues las declaraciones de principio sobre la equivalencia de los seres humanos son mero fariseísmo, si no se acepta que, tras las abismales diferencias económicas, sociales, intelectuales y de capacidad física que separan a los humanos, hay algo que los homologa y que tiene mayor peso que todas las diferencias evocadas. Aunque no siempre, participo de un cierto optimismo antropológico que me hace pensar que la convicción de la equivalencia salva veritate entre todos los hombres está profundamente arraigada, como un corolario del kantiano Imperativo categórico.

¿Por qué entonces, al referirme hace unas líneas a las siempre correctas declaraciones de nuestros políticos, preciso "piense lo que piense en realidad"? ¿Por qué esta sospecha de una potencial doblez en quien -responsable político- habría de representar el proyecto mismo de salvar la ciudad? Casi diría que, desgraciadamente, no se trata de una cuestión de indigencia, falacia o traición meramente subjetivas. Algo vinculado a un repudio social de la verdad, ese mismo repudio que funda el pesimismo respecto a la filosofía, hace quizás inevitable que la figura del político responda, en su ademán, y sobre todo en su mirada a la atroz descripción de Marcel Proust que encabezaba estas líneas.

[Publicado el 04/3/2008 a las 11:15]
Comentarios:
—(¡Aquí la respuesta del cínico....!)

Sí, es bueno que haya seres racionales y argumentativos, y eso los une a mí, en principio, razono y argumento. Pero sólo en abstracto y en general: en una situación concreta, puede que estén argumentando y razonando contra mis intereses, y eso los haga más perniciosos y dañinos para mis intereses (más ajenos a mi bien) que una piedra dura o un árbol apenas sensitivo.

El argumento de Kant es un argumento filosófico, aún más, metafísico en el sentido de que está formulado al margen de todo contexto, haciendo abstracción de toda situación real. Es un argumento satisfactorio para un metafísico, pero no para un político. El político (y no sólo el político, sino el animal político) siempre está en una situación en la que la igualdad teórica de los seres humanos no es sino teórica, y por fines prácticos le resultarán más próximos los intereses de este Einstein o de este otro personaje de tercera fila; la superioridad abstracta de uno u otro, o su igualdad teórica en cuanto que son seres humanos, es menos relevante para el político o para el pragmático que el papel que estén desempeñando en nuestro universo interaccional.

Y lo mismo las verdades y mentiras... Hay veces en que una mentira es no sólo más útil, sino más ética, que una verdad.

Comentado por: JoseAngel el 04/3/2008 a las 23:48

En suma, como en la práctica todos somos pragmáticos, he aquí la reformulación maquiavélica del imperativo categórico:

"Antes de apelar al imperativo categórico, evalúa la situación"



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lunes, 17 de agosto de 2015

La realidad, tejido de ficciones: La Red Intertextual de lo Real


La realidad humana es, en gran medida, ficticia o imaginada. Lo expone de manera muy gráfica Yuval Noah Harari en su libro Sapiens (Penguin Random House, 2014), saltando ágilmente del hombre-león de Stadel al león de Peugeot. Traduzco del capítulo "El mito de Peugeot":


¿Cómo exactamente creó Armand Peugeot, el hombre, la compañía Peugeot? De una manera muy parecida a como los sacerdotes y los brujos han creado demonios a lo largo de la historia, la manera en que miles de curas franceses seguían creando el cuerpo de Cristo cada domingo en las iglesias parroquiales. Todo giraba alrededor de contar historias, y de convencer a la gente para que las creyese. En el caso de los curas franceses, la historia crucial era la de la vida y muerte de Cristo, tal como la contaba la Iglesia Católica. Según este relato, si un sacerdote católico vestido con sus vestimentas sagradas decía solemnemente las palabras adecuadas en el momento adecuado, un pan y vino corrientes se transformaban en la carne y la sangre de Cristo. El sacerdote exclamaba 'Hoc est corpus meum!' ('Este es mi cuerpo' en latín), y, abracadabra—el pan se convertía en la carne de Cristo. Viendo que el sacerdote había observado con propiedad y asiduidad todos los procedimientos, millones de católicos franceses devotos se comportaban como si Dios realmente existiese en el pan y vino consagrados.

En el caso de Peugeot S.A., el relato crucial era el código legal francés, tal y como lo escribió el Parlamento francés. Según los legisladores franceses, si un abogado titulado seguía toda la liturgia y los rituales apropiados, escribía todos los conjuros y juramentos necesarios en un trozo de papel extraordinariamente adornado, y añadía su adornada firma al pie del documento, entonces, abracadabra, quedaba formada una nueva compañía. Cuando en 1896 Armand Peugeot quiso crear su compañía, le pagó a un abogado para que realizase todos estos procedimientos sagrados. Una vez el abogado hubo realizado los rituales apropiados y hubo pronunciado todas las palabras mágicas y juramentos, millones de ciudadanos franceses decentes se comportaron como si la compañía Peugeot existiese realmente.

Contar historias eficaces no es fácil. La dificultad se halla no en contar la historia, sino en convencer a todos los demás de que se la crean. [O, añadiría yo, en convencerlos para que hagan como que se la creen, visto que todo el mundo parece haber acordado creerla, y parece conveniente creer eso por las actitudes que vemos tomar a los demás y el giro que han tomado los acontecimientos]. Gran parte de la historia de la humanidad gira alrededor de esta cuestión: cómo hace uno para convencer a millones de personas para creerse determinadas historias sobre dioses, o naciones, o sociedades anónimas? Pero cuando tiene éxito, le da al Sapiens un poder inmenso, porque permite que millones de extraños entre sí cooperen y trabajen con vistas a fines comunes. Intentemos imaginar lo difícil que habría sido crear estados, o iglesias, o sistemas legales, si pudiésemos hablar sólo de cosas que realmente existen, como ríos, árboles, o leones.
burbujillas
A lo largo de los años, la gente ha tejido una red de relatos increíblemente compleja. En esta red, ficciones como Peugeot no sólo existen, sino que acumulan un poder inmenso. Las clases de cosas que la gente crea mediante esta red de relatos se conocen en círculos académicos como "ficciones", "constructos sociales", o "realidades imaginadas". Una realidad imaginada no es una mentira. Miento cuando digo que hay un león cerca del río cuando sé perfectamente bien que no hay ningún león allí. Las mentiras no tienen nada de particular. Los monos verdes y los chimpancés saben mentir. Se ha visto, por ejemplo, a un mono verde lanzando la llamada de "¡Cuidado, león!" cuando no había ningún león cerca. Esta alarma espantó convenientemente a otro mono que acababa de encontrar un plátano, dejando campo libre para que el mentiroso le robase el premio.

A diferencia de la mentira, una realidad imaginada es algo en lo que todo el mundo cree, y mientras persista esta creencia comunitaria, la realidad imaginada ejerce fuerza en el mundo. El escultor de la cueva de Stadel puede que creyese sinceramente en la existencia del hombre-león como espíritu guardián. Algunos hechiceros son charlatanes, pero la mayoría creen sinceramente en la existencia de dioses y demonios. La mayoría de los millonarios creen sinceramente en la existencia del dinero y de las sociedades anónimas. La mayoría de los activistas pro derechos humanos creen sinceramente en la existencia de los derechos humanos. Nadie mentía cuando, en 2011, la ONU exigió que el gobierno libio respetase los derechos humanos de sus ciudadanos, aunque la ONU, Libia y los derechos humanos son todos productos de nuestras fértiles imaginaciones.

Desde la Revolución Cognitiva (alrededor de los siglos 500-600 A.C.) los Sapiens han estado viviendo, por tanto, en una realidad dual. Por una parte, la realidad objetiva de los ríos, los árboles y los leones; y por otra parte, la realidad imaginada de los dioses, las naciones y las empresas. A medida que pasaba el tiempo, la realidad imaginada se iba volviendo cada vez más poderosa, de manera que hoy la supervivencia misma de ríos, árboles y leones, depende de la gracia de entidades imaginadas como los Estados Unidos y Google.

El tejido de ficciones se sostiene porque aunque tomadas una a una parezcan insolventes, están implicadas con otras, y toda la red de intereses creados conspira para sujetarse entre sí y sujetar la realidad virtual en su sitio. Obsérvese que, donde Umberto Eco decía que el hombre es el único animal capaz de mentir, la mentira aparece aquí como una habilidad más bien simiesca. Es la capacidad de creer en lo inexistente lo que define a la humanidad como tal, o lo que ha surgido sólo en el seno de la humanidad a modo de historias, mitos, rituales, costumbres e instituciones—para permitir la organización de grandes grupos. Grupos que aseguran su supervivencia, y la de sus mitos, explotando organizadamente la naturaleza—y desplazando o dominando a grupos menos organizados, e imponiéndoles sus imaginaciones hechas realidad.

En YouTube puede encontrarse todo un curso de Harari sobre la historia de la humanidad y el desarrollo de la civilización como una gigantesca red de convenciones y ficciones que se convierten en la sustancia misma del mundo.

Harari formula de manera sugestiva, plástica y actualizada algunas ideas cuyas bases son moneda corriente desde que aprendimos con Max Scheler o con Ernst Cassirer la naturaleza simbólica de la realidad humana. De hecho, la perspectiva dramatística del mundo como teatro, desde Calderón y Shakespeare hasta el interaccionismo social de Goffman, nos lleva a unas conclusiones parecidas a las de Harari: la realidad social es un drama bien ensayado, en el que los actores normalmente se meten tanto en el papel que se lo creen, y el teatro se hace vida. Tiene Harari sin embargo la virtud de ser más didáctico y claro que el genial ironista Goffman, y su tono directo, eficaz y magisterial también nos certifica que lo que nos dice sobre la teatralidad del mundo no es sólo poesía, como podría parecer a algunos que han oído hablar de Shakespare, sino la realidad misma y su poiesis.

También Miguel Bosé nos decía en una canción, sobre los muchachos del 56, que "la vida es sólo fantasía"—pero claro, quién se lo iba a tomar en serio. Harari lo expone con mucho más detalle y contundencia. Sí habría que recordarle empero que los constructivistas como Berger y Luckmann ya describieron de modo magistral la construcción simbólica de la realidad social, en un libro crucial, La construcción social de la realidad, del que aquí comento una idea nada más: el problema de quién define la realidad.

Y, en fin, sin quitarle mérito a Harari, hay que traer a colación otro libro de título muy parecido al de Berger y Luckmann, La construcción de la realidad social del filósofo del lenguaje J. R. Searle (1995), que también nos informaba sobre la naturaleza convencional de las realidades en que habitamos. Aquí hay unas notas que lo resumen. Partía Searle en su teoría de los actos de habla de una distinción entre hechos brutos y hechos institucionales, y acabó desarrollando una teoría lógica de los hechos institucionales, su naturaleza y su origen, y sobre la creación y mantenimiento de instituciones.

Searle ha expuesto en diversas conferencias su su particular versión del constructivismo. Aquí transcribo (en inglés) una sobre La unidad de la realidad: Por qué vivimos en un mundo como máximo. Es recomendable la perspectiva de Searle, como la de Goffman, Berger y Luckmann, o la de Harari, para quien tenga un interés en investigar la auténtica sustancia de la realidad que habitamos. Aunque se corre el peligro de que esa sustancia se vuelva un tanto evanescente al estudiarla.







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lunes, 9 de febrero de 2015

Con quién cooperamos

Un artículo sobre sociobiología y socialidad humana:



Presentamos y comentamos la teoría de la cooperación humana de Michael Tomasello basada en sus estudios del comportamiento. Trata ésta de especificar las raíces de las modalidades del comportamiento cooperativo propio de los seres humanos. Las observaciones de Tomasello se complementan con referencia a la concepción interaccionista simbólica de Erving Goffman, en la que el sujeto se conceptualiza como un espacio de auto-interacción.



Who We Cooperate With

This is an introduction and commentary of Michael Tomasello's behavioral theory of human cooperation, which tries to specify the roots of the modes of cooperative behaviour peculiar to human beings. Tomasello's insights are further developed with reference to Erving Goffman's symbolic interactionist conception of human subjectivity as a self-interactional space.



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Note: Downloadable document is in Spanish. 
 
Number of Pages in PDF File: 7

Keywords: Tomasello, Behavior, Interaction, Cooperation, Altruism, Psychology, Anthropology, Subject, Self, Sociality

Ibercampus (June 14, 2010)  


Aparece en las siguientes revistas de la SSRN, de las redes de Antropología y de Filosofía:



eJournal Classifications
AARN Subject Matter eJournals
    
        





AARN Subject Matter eJournals
    
        



PRN Subject Matter eJournals
    
        







_____. "Con quién cooperamos." Academia 10 Aug. 2016.*
         2016
_____. "Con quién cooperamos." ResearchGate 10 Aug. 2016.*
         2016








martes, 8 de julio de 2014

La decadencia del macho depredador

La Teoría de la Clase Ociosa de Veblen tiene un gran interés como interpretación económica evolucionista de la actividad humana, de la moral, la estética y la civilización en su conjunto. El interés para mí está precisamente en su consciencia de cómo las formas de la economía se asientan en la naturaleza humana, y cómo esa naturaleza humana no es de una pieza, sino que es un producto de la evolución y de la historia; está hecha por así decirlo de capas superpuestas. El ser humano es por naturaleza, por naturaleza profunda, un animal social y cooperador, y sobre esa socialidad primigenia se ha edificado la humanidad. 

Ahora bien, la civilización surgió como una formación secundaria, como la explotación del hombre por el hombre, un parasitismo de los individuos y clases dominantes que basa la organización social en el dominio, la separación de tareas y la diferencia ostentosa de clase. Podríamos sintetizarlo como un paso del igualitarismo (a veces figurado como matriarcado) destinado a la explotación cooperativa de la naturaleza (es decir, lo que llamamos la prehistoria), al patriarcado violento, agresivo y competitivo, basado en la explotación de otras clases, castas, comunidades o regiones (lo que llamamos la historia, en la que no es la explotación primaria de la naturaleza sino la explotación secundaria del hombre la principal fuente de recursos, la que da su carácter a la sociedad). Es un paso de la cooperación (con elementos competitivos) a la competición (impuesta sobre la base cooperadora). En la civilización se hace rico no quien más trabaja sino quien mejor explota el trabajo ajeno, o quien se apropia de él. 

La historia humana ha sido por definición depredadora, explotadora, clasista, y patriarcal. Es en este contexto donde surgen la clase ociosa y su ideología, de modo que Teoría de la clase ociosa equivale como título a teoría evolucionista de la explotación civilizadora. A veces se expresan estas tesis de maneras un tanto simplistas, crudas o paradójicas, pero casi es en estos pasajes donde mejor se aprecia la manera en que Veblen ve todos los fenómenos de manera integrada. Aquí hay un pasaje en el que comenta la decadencia moderna de las formas culturales asociadas a la cultura depredadora, ante el empuje de nuevas necesidades surgidas de la organización industrial de la producción.



Los hábitos derivados de la cultura depredadora y  quasi-pacífica son variantes relativamente efímeras de ciertas propensiones y características mentales subyacentes en la especie, las cuales se deben a la disciplina prolongada de la etapa proto-antropoide cultural anterior, de vida económica pacífica y relativamente indiferenciada, desarrollada en contacto con un ambiente material relativamente simple e invariable. Cuando los hábitos impuestos por el método de vida emulativo han dejado de gozar de la sanción de las exigencias económicas existentes, comienza. a tener lugar un proceso de desintegración por virtud del cual los hábitos mentales de desarrollo más reciente y carácter menos genérico ceden terreno, en cierta medida, ante las características espirituales más antiguas y más predominantes de la especie.

En cierto sentido, por tanto, el movimiento de la "Mujer Nueva" significa una reversión a un tipo más genérico de carácter humano o a una expresión menos diferenciada de la naturaleza humana. Es un tipo de naturaleza humana que que ha de caracterizarse como proto-antropoide y, por lo que se refiere a la sustancia, si no a la forma de sus rasgos dominantes, corresponde a una etapa cultural que quizá pueda calificarse de sub-humana. El particular movimiento o rasgo evolutivo en cuestión comparte, desde luego, esa caracterización con el resto del desarrollo social reciente, en la medida en que este desarrollo social da muestras de una reversión a la actitud espiritual que caracteriza la etapa anterior, indiferenciada, de evolución económica. No falta por completo una prueba tal de que existe una tendencia general a la reversión contraria al predominio del interés competitivo, pero dicha prueba no es ni total ni indiscutiblemente convincente. La general decadencia del sentido del status en las comunidades industriales modernas puede tomarse, en cierto modo, como prueba de esa evolución; y el perceptible retorno a una desaprobación de lo fútil en la vida humana y de aquellas actividades que sirven únicamente al beneficio del individuo a costa de la colectividad o de otros grupos sociales, es prueba de un efecto semejante. Hay una tendencia perceptible a condenar lo que es causa de dolor, así como a desacreditar toda empresa abusiva, incluso cuando estas expresiones del interés competitivo no operan tangiblemente en detrimento material de la comunidad del individuo que las juzga. Hasta puede decirse que en las comunidades industriales modernas, el sentido común y desapasionado de los hombres afirma que el ideal carácter humano es un carácter que se inclina a la paz, la buena voluntad y la eficiencia económica, y no a una vida de egoísmo, fuerza, fraude y mando. (352-53)


Contribuiré un poquito a esta tendencia, señalando que lo que Veblen considera "proto-antropoide" es en realidad precisamente lo antropoide en sentido estricto—la socialidad cooperativa donde se generó la humanidad como tal. La base antropoide en el sentido habitual del término contiene otro elemento de dominio patriarcal y explotativo visible: el del macho dominante y su comunidad de hembras tal como se encuentra en diversos mamíferos superiores, incluyendo a los gorilas. La socialidad cooperativa típicamente humana (cooperativa de los machos y de 'sus' hembras también) se edificó a costa de esta horda primigenia, y sobre su base, pero requirió suavizar el elemento competitivo y agresivo masculino. La cultura y sociedad humana es, por tanto, un tanto igualitaria o matriarcal si se quiere, expresada en las formas de vida paleolíticas, si bien los elementos de horda primigenia pervivían en fenómenos ancestrales tales como la separación de papeles masculino y femenino para la caza y para la recolección y cuidado familiar. 

Hay una dialéctica compleja entre el elemento masculino competitivo y el femenino cooperativo en la historia humana—por no pasar a hablar de la competencia entre las mujeres. Pero esta visión más completa de la horda primigenia y su división de papeles nos permite también apreciar el elemento de masculinismo violento y competitivo que hay en la Historia de la Civilización como tal—con las comunidades y naciones, regidas por machos alfa, compitiendo entre sí para hacerse con el puesto de Macho Alfa global.




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