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viernes, 23 de noviembre de 2018

Retropost (23 de noviembre de 2008): Sobre los gobernantes y el gobierno de sí


Es el título que le doy a este fragmento de la tragedia Thyestes, de Jasper Heywood traduciendo a Séneca (1560). Un magnífico poema de ideales estoicos:


Not riches make a king, or high renown;
Not garnish'd weed with purple Thyrian dye;
Not lofty looks, or head enclos'd with crown;
Not glitt'ring beams with gold, and turrets high.
A king he is, that fear hath laid aside,
And all affects that in the breast are bred;
Whom impotent ambition doth not guide,
Nor fickle favour hath of people led. (...)
It is the mind that only makes a king.
There is no need of sturdy steeds in war,
No need with arms, or arrows else, to fight,
That Parthus wonts with bow to fling from far,
While from the field he falsely feigneth flight.
Nor yet to siege no need it is to bring
Great guns in carts to overthrow the wall,
That from far off their batt'ring pellets sling.
A king he is that feareth nought at all.
Each man himself this kingdom gives at hand.
Let whoso list with mighty mace to reign
In tickle top of court delight to stand;
Let me the sweet and quiet rest obtain;
So set in place obscure, and low degree,
Of pleasant rest I shall the sweetness know.
My life, unknown to them that noble be,
Shall in the steps of secret silence go.
Thus when my days at length are overpass'd
And time without all troubles tumult spent,
An aged man I shall depart at last,
In mean estate to die full well content.
But grievous is to him the death, that, when
So far abroad the bruit of him is blown
That known he is too much to other men,
Departeth yet unto himself unknown.


No hacen a un rey riquezas, ni alto renombre;
Ni ornado el atavío de tiria púrpura teñido;
Ni el aspecto altivo y cabeza cercada por corona;
Ni doradas columnas y altos torreones.
Aquél es rey, que el miedo ha echado a un lado,
Y todas las afecciones criadas en su pecho;
Que no es guiado por ambiciones impotentes
Ni el favor caprichoso del pueblo a quien conduce. (...)
La mente sola es la que hace a un rey.
No necesita corceles recios en la guerra,
Ni combatir con armas, ni con las flechas
Que el Parto lanza desde lejos con su arco
Tras fingir su fuga del combate falsamente.
Ni es necesario arrastrar para el asedio en carros
Grandes cañones que tumben las murallas
Derrumbándolas con balas, arietes desde lejos;
Un rey es quien a nada le tiene ya temor.
Un reino que lo tiene cada cual, si se lo da.
Que esté quien guste de reinar con un pesado cetro
En la cima incierta alzado del gozo cortesano;
Que yo buscaré la descansada y dulce vía
Del puesto oscuro y de la alcurnia baja,
Y gozaré la dicha del descanso ameno.
Mi vida, ignorada por nobles e importantes,
Seguirá tras los pasos secretos del silencio.
Y así cuando mis días se salgan de su cuenta,
Sin tumulto de tormentos mi tiempo ya gastado,
Partiré ya, siendo hombre al fin anciano,
Contento de morir en la mediocridad.
Pero es atroz morir para quien, cuando
Tan lejos esparcidos noticias y rumores
Sobre él, pues todos demasiado lo conocen,
Parte siendo un desconocido para sí.




—oOo—

lunes, 11 de abril de 2016

Retropost #831 (27 de marzo de 2006): Nada hay tras la muerte, y nada es la muerte

Podría ser el título del segundo coro de Las Troyanas de Séneca. De un fragmento hizo el conde de Rochester una impresionante traducción al inglés.


Verum est an timidos fabula decipit
umbras corporibus uiuere conditis,
cum coniunx oculis imposuit manum
supremusque dies solibus obstitit
et tristis cineres urna coercuit?
non prodest animam tradere funeri,
sed restat miseris uiuere longius?
an toti morimur nullaque pars manet
nostri, cum profugo spiritus halitu
immixtus nebulis cessit in aera
et nudum tetigit subdita fax latus?
Quidquid sol oriens, quidquid et occidens
nouit, caeruleis Oceanus fretis
quidquid bis ueniens et fugiens lauat,
aetas Pegaseo corripiet gradu.
quo bis sena uolant sidera turbine
quo cursu properat uoluere saecula
astrorum dominus, quo properat modo
obliquis Hecate currere flexibus:
hoc omnes petimus fata nec amplius,
iuratos superis qui tetigit lacus,
usquam est: ut calidis fumus ab ignibus
uanescit, spatium per breue sordidus,
ut nubes, grauidas quas modo uidimus,
arctoi Boreae dissipat impetus:
sic hic, quo regimur, spiritus effluet.
Post mortem nihil est ipsaque mors nihil,
uelocis spatii meta nouissima;
spem ponant auidi, solliciti metum:
tempus nos auidum deuorat et chaos.
Mors indiuidua est, noxia corpori
nec parcens animae: Taenara et aspero
regnum sub domino limen et obsidens
custos non facili Cerberus ostio
rumores uacui uerbaque inania
et par sollicito fabula somnio.
Quaeris quo iaceas post obitum loco?
Quo non nata iacent.


(371-408)


¿Es verdad, o a los temerosos les engaña el mito
de que viven los espíritus ya enterrados los cuerpos,
cuando la mano de tu pareja te ha cerrado ya los ojos,
el día final se interpuso ante el sol
y una triste urna contiene tus cenizas?
¿No sirve de nada entregar el alma a la muerte,
sino que a los desgraciados les queda vivir todavía más?
¿O morimos del todo, y no queda parte alguna
de nosotros, cuando el espíritu con aliento fugitivo
se mezcla con las nubes y se marcha al aire,
y desde abajo se ha aplicado la tea al flanco desnudo?
Cuanto el sol naciente y cuanto el poniente
conocen, cuanto con sus azuladas aguas el Océano
huyendo y volviendo dos veces baña,
el tiempo se lo lleva, veloz como un caballo alado,
Con el giro con que vuela el seis doble del Zodiaco,
con la carrera apresurada del señor de los astros
haciendo pasar los siglos, con la prisa
de la Luna corriendo por sus órbitas oblicuas,
así vamos todos a nuestro destino, y ya
no está en ningún sitio quien ha tocado
el lago por el que juran los dioses.
Igual que el humo del fuego encendido
se desvanece, oscuro por un momento;
como a las nubes, hace un momento llenas
las disuelve el empuje del fuerte viento del norte
así se escapará de nosotros este aliento que nos rige.
Después de la muerte no hay nada, y nada es la muerte misma;
la meta última de un tiempo que pasa rápido.
Que dejen su esperanza los ávidos, su miedo los temerosos:
El tiempo insaciable y el caos nos van devorando.
La muerte es una, inseparable, destructora del cuerpo
y no perdona al alma: la boca del infierno
y el reino del dios severo, y Cerbero el guardián apostado
en el umbral de la puerta difícil,
son rumores vacíos, palabras vanas,
lo mismo que las pesadillas de un sueño.
¿Preguntas que a dónde vas a parar después de la muerte?
A donde está lo que no ha nacido.


—oOo—

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