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domingo, 11 de noviembre de 2018

Retropost (11 de noviembre de 2008): Ascensos horizontales



Según promete el borrador del Estatuto del Personal Docente e Investigador de las universidades, podremos ascender sin ascender. Dentro de cada cuerpo se establecerán tres escalas y se ascenderá en ellas sometiéndose a una evaluación externa. strange fruitPara lo de las acreditaciones y oposiciones (ya eran obstáculos duplicados) parece bastante cerrado el grifo, y el club de los catedráticos seguirá siendo una cuestión reservada a quienes quieran dedicar a ello su vida y esfuerzos e intrigas. La gente se desmotiva. Así que proliferan los quinquenios y sexenios y tramos y cuerpos virtuales.

En esa línea se abre ahora esta especie de multiplicación de las entidades, o de promoción en falso, o de divide y los tendrás entretenidos, y reunidos en comisiones contando puntos. Desde aquí veo las montañas de resenti
miento acumulándose cuando se vea que no todos van a primera a la primera...

Pero el sistema será eficaz para tener a la gente compitiendo, y organizándose en equipos, y siguiendo líneas favorecidas, e indicaciones de la superioridad, y dándole vueltas todo el día a cómo sacar un puntejo más para la evaluación. (Por ejemplo, metiéndose en comités evaluadores). Y cómo se lo van a pasar algunos, redistribuyendo prebendas, funciones y tareas reservadas a los de primera, segunda, o tercera.

Yo creo que ya que la evaluación es voluntaria me quedaré en mi nivel, o mucho me equivoco: total, para ascender horizontalmente, casi te sale a cuenta dedicarte a lo tuyo y descender horizontalmente. Y aunque llegásemos a otro cuerpo más encumbrado tendríamos que volver a empezar, para no ser de tercera—porque con esto de los ascensos horizontales, hasta en tercera va a haber primera, segunda y tercera. Ya nos anunciaba esta reforma universitaria, y su estrategia 2015, aquel corrido de María Dolores Pradera.

desde el dia en que en la cuna te arropan
hasta el dia que te cubre la tierra
pues ahí tambien hay distinciones
ni de muerto te escapas siquiera
se dividen tambien los panteones
en primera, segunda y tercera

—todos horizontales, eso sí. Lo del ascenso vertical es más hipotético.

(PS: Me dice la Dra. Penas que para el caso, con esta reforma los Cuerpos se convierten en Castas. Y en el periódico hoy: Los profesores universitarios españoles, entre los peor pagados de Europa).

PS: Circular de Comisiones Obreras sobre este borrador de Estatuto del PDI:

El Estatuto de PDI es, junto con la LOMLOU y el EBEP, la norma legal de mayor trascendencia para la regulación de las condiciones laborales y retributivas de TODO el PDI.

Afecta a 56.000 PDI de todas las categorías, y nos va gobernar durante los próximos 20 años.

Ante la enorme relevancia de esta norma CC.OO. Informa:
·       El Ministerio tiene la OBLIGACION legal de NEGOCIAR con los representantes de los trabajadores en la Mesa Sectorial de Universidad. Hasta el momento el Ministerio no ha hecho más que iniciar "el debate del borrador". No ha iniciado la NEGOCIACION COLECTIVA con los REPRESENTANTES LEGITIMADOS, puesto que ni siquiera ha atendido la petición unánime de la representación sindical (CC.OO., UGT y CSI-CSIF) de CONSTITUIR LA MESA DE NEGOCIACION.

Este Borrador de Estatuto:
·       Es como un mal Convenio Colectivo sin promoción ni tablas salariales. Ascensos y salarios quedan en manos del Gobierno, para dentro de un año (¡otro más!), y sin negociación colectiva (Artículo 16.4, 16.5 y 17.3).

·       POSPONE SINE DIE LA CARRERA Y PROMOCIÓN DE TEUS Y CEUS, QUE QUEDAN TAMBIEN EN MANOS DEL GOBIERNO (Transitorias 1ª Y 2ª) SIN NEGOCIACIÓN COLECTIVA.

·       Acaba con el actual modelo de quinquenio, que dejará de ser el complemento universal que da algo de lustre a nuestras nóminas (Artículo 16.3 y 16.6).

·       Sólo algunas de las actividades docentes computan dentro de la dedicación del PDI (cotejar Artículos 9.1 y 14.10).

·       Despoja a los futuros funcionarios de sus méritos anteriores al ingreso en los cuerpos docentes a efectos de retribuciones e incentivos (Artículo 17.3).

·       Acaba con la ilusión de la carrera investigadora: no hay más que PRECARIZACIÓN y vulneración del derecho a la negociación colectiva en los contratos de investigadores (Artículo 5.2 y 5.3).

·       Vulnera la Ley Orgánica de Universidades (Artículo 48), introduciendo la contratación de PERSONAL DOCENTE POR OBRA O SERVICIO para encargos docentes especializados de duración limitada, apoyo de los procesos de enseñanza-aprendizaje o innovación educativa (Artículo 5.1 y 5.2.d).

·       OLVIDA a contratados administrativos, becarios, Cajales, Juan de la Cierva, � (Artículo 1).

·       Introduce subrepticiamente la contratación a término de Profesores Contratados Doctores, contra lo establecido en la Ley Orgánica de Universidades (Artículo 52).

CC.OO. INSTA A TODO EL PROFESORADO A SEGUIR LA INFORMACIÓN SINDICAL QUE PERIODICA Y PUNTUALMENTE SUMINISTRAREMOS, A ACUDIR A LAS ASAMBLEAS INFORMATIVAS QUE VAMOS A CONVOCAR Y A ESTAR PREPARADOS PARA APOYAR NUESTRAS LEGITIMAS REIVINDACIONES LABORALES



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miércoles, 31 de enero de 2018

Retropost #1984 (31 de enero de 2008): La endogamia desde dentro


En el Consejo de departamento de hoy se hacía la "primera fase del POD", o sea del Plan de Ordenación Docente, que consiste en saber qué asignaturas y grupos se van a impartir para el curso que viene y planificar las necesidades de profesorado. Y ya nos ha avisado el subdirector encargado de estas cosas, Dr. Guillén, que este va a ser el año más imprevisible y volátil en estas cuestiones, pues hay muchas titulaciones que quizá acaben requiriendo profesorado de inglés y que aún no se sabe si se implantarán o no este próximo curso; está todo en fase de diseño y aprobación. Y hasta de improvisación, pues el hecho de que haya inglés o no en la carrera a veces depende más de la relación que tenga un profesor con la dirección del centro que de cuestiones más pedagógicas o formativas.

Se ha seguido la tradición universitaria de mantener "congeladas" las plazas de funcionario hasta que haya gente de la casa preparada o habilitada para ocuparlas. Una tradición universal en España, al parecer, y que puede que tenga algunos efectos deseables de estabilidad, previsión de la carrera a largo plazo, etc., pero también fomenta los favores debidos, el feudalismo, los sistemas de protección mutua, la endogamia.... En fin, muchas veces me dan ganas de protestar a título simbólico y pedir que salga a concurso todo lo que hay pendiente, y que se cubran las plazas de una vez, que la gane el mejor y estabilidad para el profesorado, hala... pero claro, se me oiría como quien oye llover. Y además también entiendo que en este tipo de institución esas cosas sencillamente no pasan, tienen una lógica ajena a ella. Y crearían, es más, inconvenientes concomitantes...

Así que a incubar todos plazas para el futuro, y a procurar no indisponerse con los posibles miembros de tribunales. Eso crea un determinado tipo de ambiente, desde luego. Lo que no se puede decir es que sea una política propia de este departamento, o interna a los departamentos. Es el propio rectorado quien quiere plazas "con bicho dentro" para minimizar riesgos—y evitar luego presiones y chantajes sobre cómo recolocar a los descolocados, o quejas sobre largas carreras sin estabilidad, y sobre expectativas frustradas.

Tenía hoy yo por lo menos intención de pedir que saliera a concurso de una vez la cátedra en formol, la cátedra de Filología Inglesa que se guarda desde la espectacular oposición donde nos suspendieron a tres candidatos del departamento y una de fuera, a la espera de personal más brillante o mejor visto por el tribunal. No es que haya prisa por encontrar a ese personal—porque quedó la cátedra desierta en 2003, y ahí sigue en formol. He preguntado por ella, y me han preguntado si seguía el asunto en los tribunales:

—Pues sí, en los tribunales sigue. Pero no sé si eso afecta a lo que quiera hacer este departamento con la cátedra.
—Ah, pero la universidad sí. La universidad no quiere tocar una cátedra que está sub iudice.
—Pues entonces ya podemos echarle años.

No es habitual ni previsible (visto el funcionamiento habitual de la ley con respecto a la Universidad), pero a veces ha sucedido que un juez ha anulado una oposición, ha quitado una cátedra "mal dada" o ha dado una retroactivamente, después de años de pleitos, con los consiguientes daños y perjuicios y retrasos y nuevos perjudicados y descolocados. O sea que quizá sea una medida prudente. Y mientras tanto, la gente va echando cálculos de para quién de los presentes será. (Un factor a tener en cuenta es que acaba de nombrarse a la Dra. Onega, presidenta de la comisión que la dejó vacante, como miembro de la comisión nacional que va a acreditar a los catedráticos. O sea, que hay alguien que ya sabe para quién será, con poco margen de error).

En cualquier caso no ha procedido pedir que salga a concurso la cátedra y que la gane quien la merezca (o quien la gane, vamos). Y lo del "aire fresco en las cumbres" quedará para otra ocasión.

Una cosa sí que me ha negado explícitamente el Consejo: pedía que no me pongan un profesor más de prácticas para la asignatura de comentario de texto. Ya tienen en el grupo tres profesores de momento: pero tras una elocuente arenga del Dr. Deleyto, el Consejo se ha rendido a sus argumentos y ha considerado muy pedagógico que los alumnos pasen por cuatro profesores distintos a lo largo del año para llegar a la nota final de la asignatura (de una sola). Yo he dicho que los alumnos aguantaban este chaparrón de maestrillos cada uno con su librillo como una maldición necesaria que les caía encima. Y que por mi parte, prefería mi comodidad de tener un grupo de alumnos, y la de los alumnos de tener un profesor, antes de aprovechar la mínima ocasión para generar una fracción de plaza más para algún ayudante en ciernes, e ir multiplicando los grupos ad infinitum. Pero claro, yo no estoy creando Escuela, y menos con estas ideas.

(—Y me han dicho mis amistades que me puedo hacer impopular si voy diciendo estas cosas... con lo popular que soy.)

De todos modos, mal ubicado estoy yo en concreto para criticar la endogamia, casado como estoy con una colega. Podría decir en mi descargo que no somos la única parejita departamental, sin contar las afinidades electivas—pero lo dejaremos estar por hoy y pasaremos a la autocrítica. En mi fuero interno, por supuesto.
(PS: unos días más tarde, aparece un artículo sobre la endogamia universitaria en El Mundo. Vía Ibercampus).
 


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viernes, 19 de enero de 2018

Retropost #1966 (19 de enero de 2008): El club de los quemados

Algunas veces me dicen (por lo mucho que despotrico) que soy un caso típico de burnout o quemado. Yo no hacía mucho caso, pero tendré que resignarme, visto este artículo de El Mundo que se recoge (sin firmar) en Ibercampus. Lo pongo enterito: tantas son las cosas que al parecer se me aplican en primera persona (pongo algunas en negrita). Ahora bien, me tranquiliza ver que soy un caso leve. De grandes quemados, dice una encuesta que hay muchos depresivos: un tercio de estresados/frustrados/deprimidos, y hasta un 8% con pensamientos suicidas. Sí que veo a mi alrededor tendencias depresivas. Pero yo, para nada. Frustración, algo tendré—pero bah, se me va todo por la boca.



El estrés crónico, un peligro

Los profesores se "queman" cada vez más con la Universidad

www.ibercampus.es     17 de enero de 2008   

El estrés laboral encuentra en el sector docente una víctima habitual. Varios estudios demuestran que el número de afectados no sólo es mayor de lo que se cree, sino que a menudo, sus víctimas piensan de forma cada vez más alarmante en el suicidio. En una encuesta realizada entre varias facultades españolas, el 8% de los encuestados ha confesado habérselo planteado.        
       
       
En 1572 el Santo Oficio irrumpía en la Universidad de Salamanca para apresar a Fray Luis de León, acusado de traducir sin licencia ´El Cantar de los Cantares´. Le habían denunciado, entre otros compañeros, los catedráticos León de Castro y Bartolomé de Madina.

Si Fray Luis de León hubiera vivido en la actualidad, sin duda se vería encuadrado en ese 31,7% del profesorado universitario que dice estar afectado de estrés laboral crónico a causa del ´mobbing´ al que le someten sus colegas. Si bien, la posibilidad de ser condenado a morir en la hoguera parece un caso extremo de síndrome del ´quemado,´ como normalmente se denomina al estrés laboral crónico o ´burn out´.

El profesor de la Universidad de Murcia José Buendía, uno de los expertos mundiales en ´burn out´, define este síndrome «como un cuadro clínico cuyos síntomas principales son el cansancio emocional, la despersonalización -de los que le rodean en su ámbito laboral- y la falta de realización personal».

Buendía es también director de una investigación sobre los niveles de esta afección en el personal de las universidades españolas. Los resultados son escalofriantes: el 83,6% del profesorado Universitario evaluado en la Universidad de Murcia dice sufrir de estrés laboral crónico. Más extremo aún parece ese «30% que admite tener sentimientos de inutilidad y carecer de esperanza de futuro; o el 8% que ha reconocido pensar recurrentemente en quitarse la vida». Los datos de este turbador estudio confirman que algo falla en la Universidad española.

MOTIVOS. El informe enumera algunas de las razones por las que el porcentaje de profesores afectados por ´burn out´ es tan escandaloso: «La arbitrariedad en la promoción que genera relaciones de apadrinamiento y vasallaje y no admite críticas; la evaluación del profesorado -un sistema que no siempre es apto para calificar adecuadamente los resultados -; la relación profesor/alumno. Pero sobre todo la falta de participación en la toma de decisiones y saber que se trabaja muchas veces sin apoyos». Esta opinión coincide con la de Rosa Caramés Balo, profesora en la Universidad de La Coruña, y Francisco Ramos, catedrático en Salamanca, autores de sendos estudios sobre ´burn out´ en sus respectivas instituciones. «El profesor de universidad siente que se ha convertido en un instrumento -despersonalización-. No se cuenta con él para abordar las reformas que debe afrontar la universidad española».

Un ejemplo claro es la adaptación al tratado de Bolonia. Un cambio que requiere «un giro de 180 grados. Preparar nuevo material, metodología, reducir las aulas y consecuentemente dar más clases». En efecto, muchos profesores sienten que no tienen tiempo material -el 40% del estudio de La Coruña- y que no se ha escuchado su opinión sobre como enfocar este proceso. «Y un profesor quemado siempre acaba contagiando a los alumnos.», sentencia Francisco Ramos.

Habría que hablar también del raquitismo salarial de muchos contratos, como los de los adjuntos; o la relación con los alumnos que, como indica Pedro Álvarez, de la Universidad de Extremadura «llegan cada vez menos preparados, algo que también nos desilusiona».

Pero todo se resume en un argumento: es la propia idiosincrasia de la Universidad Española la que quema a su profesorado. Una institución que, como se atreve a declarar Buendía, y suscriben anónimamente muchos de sus compañeros, «amenaza cada vez más la libertad de expresión de las voces críticas -algo que también frustra- y que hay que cambiar». Una opinión que ha supuesto la relegación profesional de muchos de los que se han aventurado a denunciar lo evidente.

José Buendía sabe de lo que habla ya que acaba de presentar su libro ´Más allá del Poder y de la Muerte´ (Aguaclara)´.´ Una de las partes versa sobre la Universidad española y lo que para él supuso la publicación, en estas mismas páginas, de un artículo denunciando esta situación. ¿El retorno de la Inquisición?

Un último dato: un informe de la National Education Association descubrió que un tercio de los profesores no se dedicaría a la docencia si pudiese elegir de nuevo. ´Dichoso el humilde estado / del sabio que se retira / de aqueste mundo malvado´.

Como decíamos... ¿ayer?


Añadiría yo la pasividad desesperante de las autoridades universitarias ante las denuncias presentadas por acoso o manipulación, y la tolerancia (es decir, el estímulo) a los feudalismos y corrillos con normas extraoficiales propias.

Y la actitud irritante de los que se someten a las cacicadas, o que con su comportamiento sugieren que todo esto se lo inventa uno, o que el que protesta es que "se ha vuelto loco".







Contestamos al Silencio


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sábado, 24 de junio de 2017

Retropost #1672 (24 de junio de 2007): Me dan un sexenio más

Every silver lining has a cloud, decimos los pesimistas. Pero al menos cada nubarrón sexanual viene últimamente con el silver lining del sexenio. Aunque con gusto dejaría yo de acumular sexenios si con eso dejase de acumular sexenios de los otros, pero no hay opción.  A lo que voy, que me ha concedido el Ministerio el tercer "tramo" positivo de evaluación de la investigación, de los que nos pagan cada sexenio si cae la breva. Es un pequeño aumento de sueldo (un complemento no acumulable) y sobre todo es una zanahoria hábilmente utilizada por la Administración para crear diferencias internas en el seno de los cuerpos de funcionarios: de hecho se crean cuerpecillos distintos dentro del mismo cuerpo de funcionarios, que tienen prerrogativas y obligaciones diferentes. A mí esa extensión del uso del sexenio me parece mal, una manera barateira de no promocionarnos, y firmé un manifiesto contra esto, algo que al parecer no ha ido a parar en mucho. Aunque sí ha tenido el efecto de hacer desaparecer el sexenio mencionado tal cual en la letra de algunas normativas, para dejar la cosa de modo más ambiguo, con referencias ahora a "funcionarios con experiencia investigadora acreditada". Así que puestos a presumir de sexenio, puedo presumir también de que no me importan demasiado, olé. Y además con pruebas inequívocas (con prueba de dinero, the real thing): se me fue algún santo al cielo, y se me pasó durante un año entero el tema este de pedir sexenio, con lo cual he dejado de cobrar un pequeño pico. Así que a ver si me dedico menos a escribir chorradas y pienso más en mis trienios, quinquenios y sexenios, como buen funcionario.




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martes, 28 de febrero de 2017

Retropost #1479 (28 de febrero de 2007): Aspirando a cátedras



Aquí están los resultados de la última prueba de habilitación para cátedras de Filología Inglesa (primer ejercicio, en Granada).

Código de habilitación: 1/345/2005
RESULTADOS DE LA PRIMERA PRUEBA

Nombre y Número de votos
1. ACUÑA FARIÑA, JUAN CARLOS 7
2. AMORES CARREDANO, JOSÉ GABRIEL DE 2
3. BARBEITO VARELA, JOSÉ MANUEL 1
4. BRUTON, ANTHONY STEWART 1
5. CARRERA SUÁREZ, MARÍA ISABEL 4
6. COMESAÑA RINCÓN, JOAQUÍN 2
7. CONDE SILVESTRE, JUAN CAMILO 5
8. CORTÉS RODRÍGUEZ, FRANCISCO JOSÉ 4
9. CUDER DOMÍNGUEZ, MARÍA PILAR 1
10. DAVIS GARCÍA, ROCÍO MARÍA 6
11. DÍAZ FERNÁNDEZ, JOSÉ RAMÓN 1
12. DURÁN GIMÉNEZ-RICO, MARÍA ISABEL 2
13. FUERTES OLIVERA, PEDRO ANTONIO 2
14. GÓMEZ LARA, MANUEL JOSÉ 2
15. GURPEGUI PALACIOS, JOSÉ ANTONIO 5
16. HERNÁNDEZ CAMPOY, JUAN MANUEL 4
17. INCHAURRALDE BESGA, CARLOS 2
18. JIMÉNEZ HEFFERNAN, JULIÁN SEBASTIÁN 4
19. LLINAS I GRAU, MIREIA 3
20. LÓPEZ GARCÍA, DÁMASO 1
21. MARÍN ARRESE, JUANA ISABEL 5
22. MEDINA CASADO, CARMELO JOSÉ 1
23. MOTT, BRIAN LEONARD 2
24. NEFF VAN-AERTSELAER, JOANNE 4
25. POSTEGUILLO GÓMEZ, SANTIAGO 2
26. PRIETO PABLOS, JUAN ANTONIO GERMÁN 1
27. RABADÁN ÁLVAREZ, ROSA 5
28. ROMERO TRILLO, JESÚS 2
29. SÁNCHEZ-PARDO GONZÁLEZ, ESTHER 2
30. VARELA ZAPATA, JESÚS 1


Al parecer, hay treinta personas que aspiran a tener una cátedra de Filología Inglesa en España. Me refiero a que (de los muchos más que seguramente aspiran) son treinta los que de hecho se han presentado a la última habilitación. Como se ve por los resultados, son muchos los presentados y pocos los elegidos: los tribunales parecen tener morro fino y no creen que la mayoría de los colegas merezcan un pase; siete votos no merece más que uno, y eso que aún estamos en la primera prueba. No es por criticar ni a los más votados ni al tribunal (pues no sé qué sistema siguen de votación, y los resultados puede que sean inesperados para todos)… pero me parece que los resultados no son muy indicativos de la calidad relativa de los candidatos. Tampoco voy a dar ejemplos, y tampoco los conozco a todos, pero la impresión que me produce es que esto de las habilitaciones tiene mucho de lotería. Sobre si están las bolas trucadas, lo desconozco y no lo voy a decir por tanto: pero sería indicativo saber en qué universidades han salido las plazas que se van a ocupar, y si hay alguna relación entre esa ubicación y los resultados de la habilitación. Las malas lenguas (entre las que me incluyo) dicen que suele haberla; insisto en que no sé nada de esta convocatoria en particular. Si alguien sabe, pues que comente. Mi experiencia directa de los exámenes de cátedras (antes de que se introdujeran las habilitaciones) no puede ser más negativa.

Los resultados de las habilitaciones parecen ser más bien un cubrir un expediente: seguro que los candidatos propuestos tienen un excelente currículum, y salen habilitados, y quedan cubiertas las plazas, quod erat desiderandum para el Ministerio. Además, probablemente las acabarán ocupando en la mayoría de los casos los candidatos más apoyados. Y los demás, viento fresco, a la siguiente si no se han quemado aún. La de gente que pierde el tiempo con estas convocatorias… Yo me juré no perder en habilitaciones ni un minuto: están verdes, pero verdísimas. Sin apoyo en tu propia universidad, sin el elemento de suerte, y sin un currículum que tumbe de espaldas, no hay nada que hacer. Si hay telefonazos subterráneos que ayuden... pues aún mejor. El trabajo y la capacidad así a lo tonto no aseguran nada de nada. Pero mientras tanto está la profesión entretenida con esta zanahoria, y se ha echado el alto de hecho durante años, o para siempre, a la promoción de toda una generación especialmente numerosa y especialmente bien preparada en Filología Inglesa. Lo malo es que muchos puede que interpreten su único voto obtenido, o dos votos, como un resultado injusto para toda una carrera. Y bien puede que, en suma, todo este sistema sea más contraproducente que producente.

En fin, enhorabuena a los mejor situados… y a los demás, mejor los desanimo que los animo; animarles a volver a presentarse sería flaco favor, creo, en un sistema de promoción tan engañoso y malgastador de energías. Que esperen a las acreditaciones, a ver si pintan mejor, aunque lo dudo. Y sin embargo aquí como en todo se aplica una regla: el que la sigue la consigue. Ahora bien, para llegar a tener una cátedra, he observado, hay que seguir muchas normas y protocolos que no figuran en el libro, ni en el baremo oficial de los tribunales.



Gramática parda



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viernes, 7 de octubre de 2016

Retropost #1171 (7 de octubre de 2006): Re-redactando la LOU

Re-redactando la LOU

Publicado en Universidad. com. José Ángel García Landa


Nos han colgado en la página web de la universidad un PDF comparando la redacción de la LOU anterior y posterior a la reforma. Sería interesantísimo escribir un largo post comparando las dos versiones, pero no me va a dar el cuerpo de sí.

Ya hay movidillas con la nueva ley; por ejemplo se iba a hacer una reconversión precipitada de profesorado no permantente a colaboradores (más estables) antes de que desapareciese esa figura, pero el Rector la ha aparcado en el último momento. Como que se iba a ver demasiado el plumero... La nueva ley también busca limitar más aún el "coladero" de profesores asociados. Y exige a las Universidades Privadas un 50% de Doctores, en vez de un 25%... o sea, que haya menos academias de formación profesional disfrazadas de universidades.

Es interesante la sustitución de las infaustas habilitaciones por acreditaciones (Art. 57). La madre del cordero es que las acreditaciones no son presenciales y sobre todo que no tienen número limitado de plazas (bueno, de pseudo-plazas).

Los cuerpos docentes de funcionarios quedan reducidos a dos: Profesores Titulares de Universidad y Catedráticos de Universidad, sin funciones diferentes (aparte de las de selección del propio cuerpo) excepto en que los catedráticos pueden aspirar a ser rectores. Y el sueldillo, claro; eso va implícito.

El caso es que al margen de estos dos cuerpos seguirá habiendo otros (y eso sin contar los cuerpos a extinguir..., ni los distintos cargos que ocupen, claro). Por el precio de dos, existen al menos estos cuerpos con funciones y capacidades diferenciadas:

- Catedráticos
- Profesores titulares acreditados para Catedrático
- Profesores titulares sin acreditar, pero con "plena capacidad docente e investigadora" (Art. 56) de verdad. Y además están los Doctores acreditados, no funcionarios, con más de ocho años de antigüedad, que pueden pedir la acreditación para Catedrático (Art. 60). (Vamos, que los doctores de la universidad privada se podrán presentar a catedráticos directamente). 
- Profesores titulares sin acreditar y sin "aptitud científica y docente" reconocida (medida actualmente en sexenios, mientras no se alteren los Reales Decretos de postgrado). Estos quizá no puedan ni dirigir tesis doctorales, es decir, en realidad no tienen la "plena capacidad docente e investigadora" que supuestamente les concede el Art. 56. Y en mi departamento, si no tienen un proyecto de investigación en curso, tampoco la tendrán por muchos sexenios que tengan. (Es la norma que nos han vendido nuestros catedráticos, y que yo he recurrido). Veremos lo que dura esta norma, y veremos lo que duran los actuales Reales Decretos de Grado y Postgrado...

De momento, con el sexenio y la acreditación, ya estamos lo bastante entretenidos como para no dar mucha guerra con la carrera docente. Peleando por zanahorias. Por cierto, que el sexenio se ha evaporado en esta ley como criterio (yo firmé un manifiesto contra el uso de los sexenios como criterio para dividir pseudo-cuerpos dentro de los cuerpos universitarios). Pero sigue actuando el sexenio como una titulación suplementaria en las prácticas internas de selección de la universidad, y a través de su presencia fantasmal en los Reales Decretos.

Hay otros cambios graciosos, como el referente al "pelo de investigación" del antiguo artículo 52 en este PDF. Menos mal que han cambiado la redacción (¡que por suerte no era la original de la LOU!).

Desaparece lo que decía la LOU de que el Rector decidirá sobre la situación administrativa y régimen disciplinario de los funcionarios. Más cosas... No me gusta nada el artículo 35 bis: que las Universidades deberán solicitar autorización a la Comunidad Autónoma para la implantación de sus enseñanzas. Me parece justificable hasta cierto punto en el caso de las públicas, aunque de hecho no: debería ser la Universidad el órgano de la Comunidad Autónoma encargado de determinar qué enseñanzas habrían de implantarse. Financiarse con fondos de la Comunidad... eso ya es otra cosa. En todo caso, en el caso de las Universidades privadas, no veo por qué han de pedir autorización para implantar tal o cual carrera, si lo hacen de acuerdo con las garantías establecidas por la ley y están revisados los estudios por el Consejo de Coordinación Universitaria. También sigue sin quedarme clara la diferencia entre estudios propios y estudios oficiales. Si un "estudio propio" se ajusta a las normativas oficiales de titulaciones, ¿podrá inscribirse en el catálogo de títulos oficiales aun cuando no sea financiado por la Comunidad Autónoma? Aquí no se ve por qué no.

Y en fin, que las cosas van a cambiar mucho. Pero para mí, más que nada, porque aparte de todo esto, a final de curso nos derriban el edificio donde tenemos los despachos y nos mandan durante tres o cinco años a ni se sabe dónde, a alguna sala común para cuarenta personas nos han dicho. ("¡Menuda catarsis!", decía ayer un colega cuando nos lo contaban en la reunión). Esto sí que va a ser un antes y un después. Se me van a quitar las ganas de pedir la acreditación, si es que las tenía.










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viernes, 15 de abril de 2016

Retropost #844 (5 de abril de 2006): Cátedra en conserva


La cátedra en cuestión es la infausta cátedra en la que se me cargaron a mí y a otros tres y quedó vacante. Bueno, pues resulta que años después de la oposición, el Departamento ha pedido que salga otra vez a concurso, sacándola del jarrito de formol en el que estaba guardada. Y, sorpresa, el Rectorado no va a hacerlo. Pues (según me han dicho de buena fuente) han preguntado al Director que cómo es que se ha pedido la salida a concurso de esta cátedra, si no hay en el Departamento ningún profesor habilitado que se pueda presentar al concurso. Así que no se va a sacar: va contra la política del Rectorado, que al parecer da prioridad absoluta a la promoción de su propio personal por encima de la conveniencia de cubrir las plazas asignadas.

Esto tiene su parte de círculo vicioso, pues el número de plazas de habilitación está en función del número de plazas docentes que saquen las universidades a concurso. Por tanto, al no salir esta cátedra a concurso, habrá menos posibilidades de que se habiliten los candidatos (sean o no de la Universidad de Zaragoza).

Yo ya sabía que la creación de nuevas plazas de catedrático estaba ya explícitamente subordinada a la existencia de personal habilitado. O sea, que si no hay habilitado, en principio no se asignan cátedras nuevas al departamento aunque lo solicite por mantener un equilibrio en la estructura de plantilla. Pero ahora descubro que la misma política se aplica a las plazas ya existentes. Se entiende así que ante la carencia de prisa del Departamento por cubrir su plaza estos años pasados, el Rectorado tampoco le haya apremiado en absoluto. Dinero que se ahorra.

Es una frugalidad loable, y un interés solícito de la institución por la promoción interna de su personal. Lástima que cuando le llegan al Rectorado recursos y denuncias sobre las arbitrariedades e injusticias que cometió la comisión evaluadora para lograr dejar vacante esa cátedra, cuando había tanto candidato de la propia universidad que se presentaba-- allí ya no haya habido tanto interés de la Universidad por velar por la promoción de su personal. Ni un acuse de recibo, ni una respuesta, sino más bien un desprecio olímpico a las opiniones y a las carreras de los candidatos. Eso también ahorra dinero, claro, en sueldos y en papel con membrete. Pero es pan para hoy y hambre para mañana, porque mina la integridad del sistema, y la credibilidad de la universidad.

Es una actitud que ciertamente merece un contencioso administrativo, así que eso he hecho. Con pocas posibilidades de éxito, claro, al haberse atrincherado el Rectorado en el silencio administrativo durante tanto tiempo. Pero por mí que no quede.






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jueves, 18 de febrero de 2016

Retropost #653: 13 de diciembre de 2005: Más cátedras


Por fin más cátedras en este departamento, y que sean para bien. Enhorabuena al candidato que la ha obtenido hoy, con 100 puntos sobre 100. Eso es sentar cátedra, y lo demás son cuentos.

Que hacen falta más cátedras es una opinión, desde luego (hay quien las suprimiría todas por perniciosas); me refiero a que ha estado muy cerrada y manipulada la promoción del profesorado en este departamento. Cuando yo me presenté a cátedras hace dos años (y no me la dieron) le hice notar al tribunal en mi memoria estos curiosos datos:



Según los datos ofrecidos por el Consejo de Universidades a fecha 1 de enero de 2003, la distribución de profesorado universitario en los distintos cuerpos funcionariales era como sigue:



- Catedrát. Univ. Titulares Univ. Catedrát. Esc.U. Titulares Esc.U. TOTAL
Conjunto del profesorado 7.377 23.025 1.985 10.812 43.199
Filología Inglesa 61 416 35 284 798
Universidad de Zaragoza 186 872 26 384 1468

En cuanto a los datos del Departamento, son como sigue:

Dpto. Fil. Ingl.
y Alemana                     1                 23                    3                   17                44 



Es decir, la proporción de catedráticos de Universidad con respecto al resto de los cuerpos de funcionarios que podrían promocionarse a ese cuerpo es, redondeando, de 1 a 26 en este Departamento, de 1 a 9 en el área de Filología Inglesa a nivel nacional, de 1 a 5 en la Universidad de Zaragoza y de 1 a 4 en el conjunto del funcionariado docente universitario. Creemos que son cifras que deberían hacer reflexionar a las Comisiones evaluadoras de Filología Inglesa antes de declarar desiertas las plazas, como se hace con cierta frecuencia.


Fin de la cita. Bueno, la Comisión sí estimó oportuno declarar la plaza desierta, por insuficiencia o inadecuación de todos los candidatos, tres de ellos de este departamento. En mi caso se me dio una puntuación de 18 sobre 100, alegando diversas insuficiencias, supuestas carencias, errores sin especificar, etc. — todo ello en un proceso plagado, naturalmente, de irregularidades, desconocimiento de la normativa por parte de la comisión, ignorancia deliberada, mala fe, etc. Es un caso que he comentado bastante en este blog, por lo que no me voy a enrollar más con él. Sólo recordar que el Rector ha corrido un tupido velo sobre él, no contestando a ninguno de los escritos de denuncia y recursos que le he enviado. Ni un solo argumento ofrecido en escrito público para rebatir los míos.

Hace dos años este departamento era incapaz de cubrir una plaza de catedrático de Filología Inglesa, aunque algunos llevábamos muchos años de carrera, doctorados ya en los años ochenta, con tramos de investigación reconocidos, funcionarios con muchos trienios y quinquenios y sexenios. Eso fue un insulto no sólo para mí, sino para los demás concursantes, y para el departamento en conjunto: incapacidad manifiesta. Déficit total de profesorado promocionable, y encima todos suspensos cuando lo intentan, hala. ¡Inútiles! —¡negaos! Claro que los demás candidatos y el Departamento eligieron no verlo así; es más elegante y práctico. Son cosas que pasan, en las cátedras no hay estándares ni baremos, depende todo cómo sople el viento. Puedes hacerte catedrático con dos artículos, o no te valdrán toneladas de publicaciones (de camino al examen se partió por el peso uno de los dos carritos en que llevaba mis publicaciones). Es el arbitrio de los dioses, no hay apelación posible, es la discrecionalidad técnica. 


Para una plaza de asociado, cuentan hasta los medios puntos con regla milimetrada; en una cátedra, en cambio, se puede coger toda la carrera de un candidato como una mesa puesta, hacer un rebullón con platos y copas, y tirarlo todo por la ventana sin mayores contemplaciones. Así que los señores del tribunal, Dres. Onega, Garrudo, Martínez y González, me pusieron un 1,8 sobre 10, y se quedaron tan anchos. Yo no. Les envié a cada uno en persona una carta, con una copia de mi primer escrito de denuncia al rector, y expresándoles la opinión que me había merecido su actuación. Hasta la fecha no me han contestado.

Con el tiempo, otros profesores han dejado más alto el pabellón del Departamento. Hoy, por ejemplo, el Dr. Deleyto ha conseguido 100 puntos sobre 100, con un tribunal también presidido por la Dra. Onega. Tampoco creo, ciertamente, que el departamento se dé mucho por aludido en este caso, sabiendo que al menos algún profesor promocionable sí que tiene. (El año pasado obtuvo una cátedra también el Dr. Collado). Y no les voy yo a discutir sus méritos a los Dres. Collado o Deleyto, claro. Lo que sí discuto es que mi trabajo valga cinco veces menos que el suyo. Por ahí si que no paso.

Pongamos, por ejemplo, que el Dr. Deleyto ha publicado una mongrafía en Paidós. Bueno, yo tengo una publicada en la Universidad de Salamanca. (Y otra en Zaragoza. Y otra en América). Que tenga artículos en Film Journal. Eso está muy bien, ciertamente. Yo también tengo artículos, en el European Journal of English Studies, por ejemplo. Que tenga coeditado un volumen colectivo en Edimburgo, y otro en Zaragoza. Vale. Yo tengo uno en Amsterdam, y otro en Londres (en Longman). Que le dieran el premio de nuestra asociación profesional nacional el año pasado—enhorabuena. A mí me lo dieron hace más de diez años. También tengo publicaciones en la Linguist List. En Berlín (de Gruyter). En la Universidad de Oxford. Esta misma semana sacábamos los dos un artículo en la misma publicación (un libro sobre cine de la editorial Rodopi). También he dirigido una revista académica de nuestra especialidad (bueno, él no). Mis publicaciones están en la web para quien quiera verlas. Y, como él, he hecho otras cosas al margen de publicar. Nada, sin embargo, que pueda justificar una puntuación de un 1’8 en un caso frente a un 10 en el otro.

Pero, dirán Vds., todo esto son pamplinas. Este señor no se entera. Las cátedras no se deciden por méritos. Los puntos, los votos, los méritos, son una ficción conveniente.

Pues a eso voy. A denunciar el MANGONEO. En mi caso, entiéndaseme bien, no en el del candidato de hoy.

Con mi felicitación por delante.






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viernes, 29 de enero de 2016

Retropost #583 (4 de noviembre de 2005): Downshifting


Que quiere decir "bajar de marcha", "reducir". Era mi planificación de carrera profesional hasta que me entró la tentación de presentarme a las oposiciones de cátedra, con el éxito que todos conocen (nota de 1’8 sobre diez, plaza desierta, recursos al rector, broncas departamentales, enfriamiento del ambiente laboral, etc.). Parece que era mejor plan el original, el downshifting, y ahora que parece que voy cerrando algunos trabajos emprendidos con el acelere de la cátedra, quizá podremos volver al plan de mantener el trabajo a raya, y dedicar más tiempo libre a las amistades que queden, la familia, los nenes, y al tiempo libre, vamos.

Las promociones las vende caras nuestra profesión, y nuestros exigentes colegas, a quien les parece normal al parecer ponerle un uno al vecino, aunque tenga tantos méritos o más que uno mismo, y dejar la plaza vacante. Les hice notar a los colegas que tolerar eso podía interpretarse como tirar piedras sobre su propio tejado, pero no pareció tener mucho efecto. Tampoco el Rectorado encontró nada irregular a su juicio aunque el proceso estuviese plagado de irregularidades como para llenar decenas de folios de recursos; de hecho ni se molestaron en dar acuse de recibo. Pues visto que ese es el ambiente, volveremos al downshifting. De momento, tengo intención de ir evitando en la medida que pueda los compromisos a fecha fija, que tengo comprobado que me estresan más de lo que me aportan.

Entra correo - y me acaban de escribir de Atlantis, la revista de la asociación nacional de estudios ingleses y norteamericanos, para que vuelva a ser miembro del Consejo de Redacción de la misma. Vaya. ¿Me dejaré tentar por la vanity, o por el sentido del deber (if applicable), o seguiré con mi plan de aligerar cargamento mental? Como no me vigile, volveré a las andadas. Mejor aprender algo de la experiencia, y de los clásicos:

I see that all are wanderers, gone astray
Each in his own delusions, they are lost
In chase of fancied happiness, still wooed
And never won. Dream after dream ensues:
And still they dream that they shall still succeed,
And still are disappointed. Rings the world
With the vain stir. I sum up half mankind
And add two thirds or the remaining half,
And find the total of their hopes and fears
Dreams, empty dreams.

(Cowper, "The Task")





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lunes, 10 de agosto de 2015

Retropost #119: 12 de febrero de 2005


12 de febrero

Hola, Franchesca. Te he mandado un mail disfrazado de correo b-basura. Supongo que lo habrás tirado con el jamón enlatado. No es práctico, lo reconozco, pero es que me gusta hacer x-experimentos de estilo con la w-w-web.

Bueno, pues además, he estado haciendo unas pruebas a ver si añadiendo el enlace de Technorati (es uno que pone ahora mismo arriba, "Blog") aparecían los contenidos sindicados (es una página que hace un seguimiento de los blogs que van siendo actualizados). Valdría la pena, aunque tenga que hacerlo a pulso, ya que no me apunto a un instrumento de blogueo estándar... pero no, no aparecen. Seguiré probando, pero lo más probable es que mientras emplee el sistema actual continúe aislado de la blogosfera, y que la gente no se anime a enviarme comentarios. Por cierto, si alquien conoce por qué no aparecen, que me lo explique. Bueno, supongo que todo tiene sus ventajas e inconvenientes: tengo más control sobre el sitio (eso hasta que la Universidad me lo cierre) y me ahorro muchos comentarios intrascendentes (con perdón) de los visitantes. Quien se anime a enviar un comentario lo puede hacer igual, por correo electrónico, pero el personal se corta mucho más en eso, es curioso, debería dar casi lo mismo pero no; me lo comentaba así uno el otro día. Y, aclaración, si el comentario no pide ser publicado, no lo será. Interacción no automatizada, vamos.

Me encuentro a un colega por la plaza, mientras pastoreaba a los críos, y me pregunta si yo no estoy con los demás aspirantes a catedrático, de examen de habilitación. Le contesto que han subido demasiado los precios de la cátedra, un 100% con lo de las habilitaciones, y que no me animo a pagar ese precio por la mercancía. En fin, suerte a los que se animan, pero sus esperanzas se van a ver frustradas (las del 90% de ellos).

El último epígrafe de la página era: Hay algo más injusto que la injusticia: la Justicia sin su espada (Oscar Wilde). Hoy lo cambio por otro más autocrítico: There seems to be something about the blog format itself that seems to encourage an almost cancerous growth of our egos. (John Hiler)
Nos vamos, bpenas y yo, de cena. De grand escena. Que nadie nos llame por teléfono mañana hasta bien entrada la idem, porsiaca.





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miércoles, 27 de mayo de 2015

Comentarios a la encuesta del CSIC

—sobre acceso, carrera, acreditaciones, docencia e investigación en la Universidad. Estos comentarios añado al final:

1. No creo que haya ningún sistema de acceso a los cuerpos docentes exento de problemas, o que no ofrezca ventajas a la par que inconvenientes. Más importante que el procedimiento en sí es la existencia de un proceso de reclamaciones que sea fiable y se atenga a criterios explícitos y verificables. En la actualidad las decisiones de las comisiones son inapelables, y bajo la excusa de la discrecionalidad técnica se efectúan manipulaciones y arbitrariedades vergonzosas, que ofenden a los principios mismos más elementales de las disciplinas en cuestión, a la razón y a la lógica, y si es preciso hasta a la aritmética — sin que las instancias rectorales o judiciales se dignen intervenir ante las denuncias. Con ello no se logra sino desanimar sobre cualquier atisbo de racionalidad a la hora de cuestionar las decisiones de una comisión contratadora. Es especialmente escandalosa la diferencia a este respecto entre la contabilización de méritos y uso de baremos en las plazas no permanentes, que se hace al milímetro y al cuarto de punto, y la arbitrariedad total e impresionismo en los concursos de acceso a plazas de funcionario, donde cuenta ante todo (y en realidad únicamente) el apoyo con que llega el candidato.

2. Debe fomentarse más la transparencia pública (obligatoria, institucional) de la actividad docente e investigadora. Deberían existir foros públicos, arbitrados por las propias universidades públicas, donde se pudiese valorar el diseño de las titulaciones y la actividad de los profesores.

3. En cuanto a la investigación subvencionada con fondos públicos, debería hacerse pública en sitios de libre acceso en red, aplicando una ley que ya se sacó al respecto pero que es ignorada.

4. La actuación de las comisiones de acreditación de la CNEAI es poco transparente y con frecuencia arbitraria y atropelladora. Existe la convicción de que se rigen por criterios de amistades, escuelas (o mejor grupitos), y contactos, y algunas decisiones son abiertamente ilegales y arbitrarias —por ejemplo la penalización por publicar en lengua española (en contradicción flagrante con lo que hacen los propios miembros de la comisión, por cierto). Otras veces este criterio no se aduce ni se aplica. En suma: ARBITRARIEDAD SIN CONTROL.



miércoles, 12 de diciembre de 2012

El rotulador veloz

El valor de una idea depende (al menos en buena medida) de su difusión. Un vídeo de Abaco Digital, de autopromoción para la difusión de ideas, que habla por sí mismo:







Lo he visto en el YouTube de Ernesto Casasín.







sábado, 9 de junio de 2012

Cogidos con el pie cambiao

Alterada está la universidad con el "Real Decreto-ley 14/2012", y revolucionados los rectores, primero plantando al ministro y luego intentando negociación o regateo. Esto por diversas razones, muchas, pero me centraré en unas que tienen que ver con la asignación docente—aparte de la subida de tasas y de otras cuestiones que en principio no deberían desagradar tanto a los rectores, por ir encaminadas a reparar las devencijadas arcas de las universidades. Y así poder pasarles menos dinero público, que supongo que es el capítulo siguiente...

De las razones que tienen que ver con la docencia, la primera y supongo que fundamental es que también allí hay un recorte encubierto, recorte al bienestar del profesorado y a nuestros privilegios lentamente adquiridos. Creo que no me engaña la memoria si recuerdo que en los años 80 un profesor medio daba más horas por sueldo medio de las que imparte ahora. Otra cosa es que el sueldo no haya subido espectacularmente desde los años 80. A cambio, sí hay alguna horilla menos de clase. Y ahora este taimado Real Decreto a algunos les reduce aún más las horas de clase, sí, a otros los deja virgencita virgencita como están, y a bastantes (previas cuentas habrán echado ya, de que sale a cuenta) les aumenta la carga docente obteniendo así unos miles o millones de horas de trabajo adicional para el ministerio. Y el recorte en puestos volantes, quod erat consiguiendum.

Antaño, el catedrático tenía el privilegio de enviar al ayudante a dar las clases, y se hacía su propio horario más a medida. Ahora todo está mucho más ahormado, y creo que pocos tienen el cuajo de apoyarse demasiado en los ayudantes. El catedrático sigue teniendo muchos privilegios, sí. A efectos prácticos, es un miembro de una especie de logia o club rotary, el de los catedráticos del área, que se van aceptando y promocionando y apoyando unos a otros, y tienen más influencia en la profesión, y se reparten las comisiones e invitaciones y cargos a dedo y proyectos de investigación y asesorías de calidad, etc. etc., o hablan de oído de druida a oído de druida para ver a quién de su cohorte tienen que ir esas codiciadas prebendas. El catedrático tiene además un bonito complemento de destino que, si no hace rico a nadie, le demuestra al profesor titular quién es quien, con una ley que todos entienden, el lenguaje inapelable del dinero. La cátedra es, por tanto, un objeto de deseo no sólo como cumbre simbólica de la carrera, sino por otras razones políticas y prácticas.

Pero resulta que este sistema tiene algunos descosidos. Por ejemplo, la jubilación del catedrático no es mucho mejor (creo) que la del profesor titular, pues ya camino de la pensión y de la tumba vamos dejando por el camino complementos y ropajes prestados. Por otra parte, desde hace ya varios estratos legislativos, el catedrático y el profesor titular tienen la misma dedicación docente. Ni siquiera unas horitas simbólicas de menos para el catedrático—menos las que se pelee sentando cátedra y aporreándose el pecho en el consejo de departamento, claro; estamos hablando aquí de cuestiones legales iguales para todos, no de la Realpolitik que logre imponer cada gallo en cada corral.

Y ahora, este Real Decreto viene a introducir diferencias apreciables entre la dedicación de unos universitarios y otros, en base a su investigación. Eso viene a ser tanto como introducir nuevas reglas del juego, o reordenar súbitamente los cuerpos docentes y sus atribuciones, siendo el horario de dedicación una de las diferencias más llamativas que venían distinguiendo a un cuerpo investigador, el de profesores de universidad, de uno no investigador, el de profesores de escuela universitaria. Ahora repentinamente ya no se le presupone la investigación a todo universitario. Y, oh inri, cuando se redefine la dedicación docente de los profesores, el Real Decreto no lo hace atendiendo a razones de la valía de su Cuerpo, sino muy al contrario. Emplea el criterio de los sexenios, que ha enfadado a los rectores. Hasta ahora no parece que les molestase especialmente en sus aplicaciones extráneas al sentido original, que era cobrar un poquito más. Aunque ya la idea de que pudiera haber un titular con más sexenios (y complementos por tanto) que un catedrático supongo que venía minando las líneas divisorias de los Cuerpos Docentes. Ahora, más ofensivamente, resulta que un titular con tres sexenios obtiene una reducción de carga docente. Y un catedrático no. Un catedrático necesita cuatro sexenios (—con lo cual pudiera darse el caso chusco de que un Titular de Tres Sexenios, nuevo pseudocuerpo éste, sacara la cátedra y tuviera que pasar a dar más docencia por el hecho de hacerse catedrático). Esto no parece muy bien pensado, a menos que alguien lo haya pensado realmente muy bien.

Esperaremos por tanto esta normativa de aplicación del RD que los rectores quieren pactar con el ministro, a ver en qué queda la cosa.
Arguyen los rectores que el sexenio no es el único criterio aplicable para valorar la investigación... pero claro, es el que ya viene siendo aplicado, el oficialmente validado, y en época de recortes no parece plausible que se cree una nueva agencia y una nueva serie de comisiones para volver a valorar la investigación de los profesores.

De momento, por donde va la cosa es por la creación de nuevos cuerpecillos docentes con líneas divisiorias móviles que minan la diferencia entre titulares y catedráticos. Se da más peso a la investigación medida con sexenios que a la promoción —obtenida no sólo a base de sexenios sino también de alianzas políticas, turnos, imponderables locales, jubilaciones, etc., y quiérase que no supone un serio revés en las dinámicas por las cuales se orienta el personal en sus afanes e intrigas. Todos iban a la cátedra, y ahora los cogen con el pie cambiao, resulta que igual es más ventajoso ser titular sexeniado que catedrático. Hay remolinos en el fluido, confusión. ¿Para qué hacerse catedrático? ¿Qué está pasando? ¿Se difuminan los Cuerpos? Podría ser el primer paso para declarar a los catedráticos cuerpo en extinción, por qué no, como sucedió en tiempos con los de instituto. ¿Y qué sentido o dirección tendría entonces la vida, o la carrera? El sexenio, claro.  Porque ahí se vuelve a tocar la retribución incontestable, si no en dinero, en tiempo que es oro: todo docente quiere docer menos de lo que doce, eso parece una ley de aplicación si no universal sí bastante general. Y la nueva manera de sentar uno su caché de pata negra, el nuevo objeto de deseo es ser un Descargado.  Si es posible también catedrático, claro, pero para eso habrá que hacer cola un poquito más, que serlo con tres sexenios está penalizado, e igual deja de valer la pena...

Ah, no, que me olvidaba del club de druidas. A ése se pertenece por vocación, aunque el right of passage lleve penalización incluida. Igual por eso se puede pujar a la baja, e incluso cobrarles a los que quieran entrar.


Un comunicado que nos pasaban hoy:

Comunicado de la CRUE

Reunión de los rectores con el ministro de Educación, Cultura y Deporte para analizar el Real Decreto Ley 14/2012
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Los rectores de las universidades españolas se reunieron ayer en una sesión extraordinaria del Consejo de Universidades presidida por el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert.

La celebración de esta sesión se realizó retomando el diálogo, el debate y la búsqueda del consenso que históricamente había sido la forma de funcionar del Consejo de Universidades.

Esta sesión respondía a la petición que realizaron los rectores al Ministerio con el fin de convocar una reunión en la que, como único punto a tratar, se analizase el Real Decreto-ley 14/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámbito educativo.

Los rectores trasladaron al ministro distintas cuestiones que se regulan en este Real Decreto-ley, como las tasas y precios públicos de los estudios universitarios, el régimen de dedicación del profesorado y la rendición de cuentas ante el órgano de fiscalización.

Incremento de tasas

La CRUE solicitó al Ministro una moratoria en la aplicación del incremento de tasas hasta que las condiciones económicas lo permitan. Tras un largo debate, en el que no se alcanzó un acuerdo en este sentido, los rectores propusieron que, al menos, no se aplicara ese aumento de tasas a los alumnos ya matriculados, tanto en los Grados como en los Másteres, así como en el plan de estudios antiguo, ya que esta medida puede ocasionar que muchos estudiantes no puedan hacer frente a las matrículas del próximo curso.

El ministro les trasladó la imposibilidad de llevar a cabo estas propuestas, y remitió a los gobiernos autonómicos la determinación del valor de los costes dentro de la horquilla de los precios públicos.

Modificaciones de la dedicación docente

Los rectores realizaron propuestas de reconocimiento de las actividades docentes que desempeñan los profesores universitarios, donde se incorporara, además de la docencia, la investigación, la transferencia del conocimiento y la gestión académica científica, entendiendo además que la investigación no solamente puede medirse a través de los sexenios, sino que existen otros parámetros de igual valor como los anteriormente descritos.

Asimismo, se comentó la contradicción que puede suponer con la Ley de la Ciencia, que establece en su artículo 32 que las universidades públicas, en el ejercicio de su autonomía, podrán establecer la distribución de la dedicación del personal docente e investigador.

NOTA INFORMATIVA

Ante las numerosas propuestas de reconocimiento de la actividad universitaria que lleva a cabo el profesorado, la Presidenta de la CRUE propuso la creación de una comisión mixta, presidida por la secretaria de Estado de Educación, FP y Universidades, Montserrat Gomendio, y formada por siete rectores en representación de la CRUE y los miembros que determine el Ministerio. La comisión va a tener como finalidad clarificar estos aspectos del Real Decreto-ley relativos a la dedicación del Personal Docente e Investigador.

De igual forma, se solicitó que la reunión de esta comisión se realice con suma celeridad.

Esta comisión va a analizar también algunas cuestiones técnicas planteadas en el artículo 81.5, relativas a la liquidación del presupuesto de las universidades.

El ministro comentó que a través de una enmienda a la Ley de Presupuestos se va a incluir al personal docente e investigador dentro del ámbito de aplicación de la tasa de reposición de efectivos, lo que permitirá la incorporación de hasta un 10 por ciento de personal a las plazas que se extinguen.

En el turno de ruegos y preguntas, los rectores solicitaron al titular de Educación conocer cuáles son las líneas maestras de este Gobierno en referencia al ámbito universitario. En este sentido, el ministro se comprometió a informarles de ello en una próxima sesión del Consejo de Universidades.


 
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sábado, 14 de agosto de 2010

La apropiación de la Universidad y la promoción del conformismo


Una vez me dijo una directora de mi departamento—totalmente en serio lo decía—que el departamento, a pesar de ser en apariencia parte de una institución pública, de hecho pertenecía a la catedrática, era SUYO. Puede que el caso no sea tan extraño, aunque normalmente las maneras en que los funcionarios se apropian de las instituciones son más indirectas. Pero son muy reales, sin embargo, las génesis de oligarquías funcionariales, redes de dependencias, grupos de gatekeepers o de trepadores asociados de escalafones... Cada vez se define más estrictamente, para la promoción dentro de la Universidad, lo que han de ser una carrera política y un expediente académico promocionables—que han de ser estándar, impolutos, con las afiliaciones convenientes, y con sellos de calidades y acreditaciones que hacen muy fácil descabalgar a quien no vaya recto por la vía trazada. Sobre todo eso tiene algo que decir José Carlos Bermejo Barrera, en la última sección de su libro La Fábrica de la Ignorancia (Akal, 2009). Algunos párrafos de esa sección final, titulada como sigue: "Se está gestando un proceso de patrimonialización de la Universidad, mediante el cual grupos de funcionarios pasan a monopolizar el control de la misma".


En ese proceso, a su vez, están teniendo lugar dos procesos paralelos: a) la monopolización de los beneficios académicos y materiales que se pueden obtener de la misma universidad por parte de oligarquías de profesores, y b) la degradación del ejercicio de la autoridad académica, que sufre un proceso de deslegitimación y que progresivamente pasa a ser monopolizada y ejercida por personas de menor jerarquía intelectual, lo que se reflejaría en la necesidad obsesiva de incrementar el control de la institución y el debilitamiento de de la capacidad de argumentación y el debate público e institucional. Un proceso éste último paralelo al de la degradación general de la vida política y de los partidos políticos españoles.

El incremento de la necesidad de control por parte de grupos de funcionarios en crisis es una consecuencia no sólo de la crisis de los propios sistemas en los que viven, sino de su incapacidad de analizar la realidad circundante. Esto les ha llevado, y les sigue llevando, a incrementar los procedimientos administrativos y de control de las instituciones y de la población, y a hacerlos cada vez más complejos y farragosos, con lo que se puede conseguir que lleguen a ser casi inútiles, además de perder su credibilidad propia.

Ese incremento de los procedimientos puede justificar y justifica la necesidad de la existencia de los propios cuerpos de funcionarios y del incremento de su número, pero a su vez el creciente alejamiento de la realidad circundante y la inutilidad de los propios procedimientos no pueden hacer otra cosa que alargar la agonía del sistema, a veces en plazos desesperadamente largos, si la caída no se ve precipitada por circunstancias externas.

Todo ello está ocurriendo también en la universidad española actual, en la que se ha creado una agencia de acreditación y control: la ANECA. Una agencia que viola los principios básicos del ejercicio de la función pública, puesto que suele ser más bien afín al partido político gobernante en cada momento, cuyos mandatos ejecuta. Esta agencia establece criterios de control de la calidad que no tienen ningún valor ni ninguna eficacia.

Se trata de unos procedimientos complejos hasta el barroquismo, meramente verbales y vacíos de contenido, construidos en torno a un lenguaje pseudopedagógico y pseudoempresarial, que sirven para justificarlo todo. Con ellos se puede conseguir aprobar cualquier plan de estudios que sea exactamente igual que el anterior, o en el que grupos de profesores ofrezcan sus materias sin ton ni son, superponiendo cada uno las suyas con las de los demás. Con ellos se pueden acreditar másteres carentes de valor en el mercado, y esteblecer toda clase de clasificaciones científicas, que en muchos casos ni siquiera coinciden con las establecidas internacionalmente, como es el caso de muchas revistas científicas.

Los participantes en los procesos de evaluación son los propios funcionarios, evaluados previamente con ese mismo sistema, y a veces ni siquiera los que han merecido las evaluaciones más altas. Unos funcionarios que creen poder controlarlo todo, desde los baremos para nombrar profesores hasta la distribución de todo tipo de recursos. Unos recursos que se controlan muy poco, una vez han sido asignados, debido a que da la impresión de que el mayor mérito es haber conseguido cada recurso específico, independientemente de los resultados que se obtengan con él. Y todo ello se debe a que en el caso de la ANECA, como en muchos casos cuando se trata de cuerpos de funcionarios, lo importante es el propio procedimiento, un procedimiento que puede llegar a constituirse en un verdadero ritual, tal como ocurría en la China antigua.

Como se trata, pues, de funcionarios aislados del mundo real, rentistas del Estado, que se hipervaloran a sí mismos y la importancia de su labor, complican voluntariamente los procedimientos, de tal modo que lo que se valora es la voluntad de someterse al propio procedimiento, de aceptar las normas y los sistemas cada vez más arbitrarios y complejos, a la vez que progresivamente menos creíbles.

En este caso, como en el de todo sistema funcionarial en descomposición, cunde la sensación de que todos esos procedimientos en realidad son inútiles y meramente verbales. Se predica, por ejemplo, la movilidad y el cosmopolitismo, pero en realidad no hay movilidad de profesores entre las universidades españolas, y prácticamente ningún profesor español es promovido a puestos fijos en las universidades que sí poseen un prestigio en el mundo. Se alaba la tecnología, la industria y la flexibilidad del mercado, pero casi ninguno de los que se proclaman tecnólogos cosmopolitas se marcha a formar parte de industrias existentes al margen de las universidades, sino que prefieren seguir dentro de las propias universidades, en ese mundo que cada vez parece más ficticio.

Sin embargo el sistema sigue en pie tal como está porque pequeños grupos de profesores, que gustan de denominarse a sí mismo elites académicas, y a los que otros simplemente llaman oligarquías, encuentran beneficioso que las universidades sigan así. Para ellos es beneficioso porque se han hecho con el control de la institución y sus órganos de gobierno, de evaluación y de control a nivel autonómico y estatal. (...)

Del mismo modo que en España ha desaparecido el debate político real, basado en ideas y programas concretos, para ser sustituido por una crónica más o menos escandalosa de la vida y milagros de los dirigentes y militantes de los partidos políticos, cuyos nuevos líderes son incapaces de argmentar con seriedad y rigor, en las universidades se está dando una dejacion de responsabilidades por parte de muchos profesores que permite, y a veces incluso obliga, a que personas menos capacitadas o muy inexpertas asuman cargos para los que no están preparados. Unas personas que por su excesiva juventud y a veces por su falta de perspectiva son las únicas capaces de creer en un nuevo sistema académico en el que su promoción y su futuro laboral dependen de evaluaciones sin sentido, basadas en la cantidad de sus publicaciones y en las técnicas de gestión del currículum (....).

Para estos nuevos profesores toda la universidad es un simulacro en el que se trata de manejar y acumular los signos externos de prestigio, que permiten ascender académicamente, sean los que sean esos signos, a los que siempre tend´ran que someterse, a pesar de que saben perfectamente que esos signos pueden resultar arbitrarios.

Ellos tienen que vivir en ese mundo cerrado de funcionarios rentistas, evaluadores de sí mismos, carentes cada vez más de un sistema de valores específico, y en el que sólo se puede ascender a costa de los demás, en el que hay que pelearse para conseguir unos recursos, que por definición siempre serán escasos para cualquier rentista, y en el que lo fundamental es llegar a formar parte de la pequeña oligarquía de evaluadores, contoladores y autoridades de todo tipo, para poder así estar seguro al juzgar a los demás y no ser juzgado.

En un sistema funcionarial en descomposición las oligarquías están regidas, como en cualuqier sistema, por la ley de hierro de la oligarquía de Mitchels, según la cual el gurpo dirigente tiene que ofrecer la opcion de formar parte de él a algunas personas, con el fin de que la mayoría pueda reconocer su legitimidad, a cambio de poder integrarse en el futuro en él. Sin embargo, por tratarse precisamente de una oligarquía muy cerrada, en este caso el número de cooptados de be ser muy pequeño, por lo que ese mecanismo debe ser reforzado por los mecanismos de control de la mayoría, mientras las circunstancias externas a la institución permitan que esta misma siga existiendo de la misma manera en la que lo hace.

¿Hasta cuándo será así? No lo podemos saber, puesto que los historiadores, como alguien dijo, sólo sabemos profetizar el pasado. Sin embargo si desembocamos en el mundo real, con el que habíamos comenzado este artículo, podemos conjeturar que la situación de las universidades españolas deberá cambiar en el futuro, ya sea con una reforma radical, impuesta desde el exterior, pero que trate de salvar los caracteres básicos de la institución, con el fin de que pueda seguir cumpliendo sus funciones específicas, o bien con una reconversión más o menos salvaje, que sería impuesta cuando la absoluta disonancia entre las universidades y la realidad llegue a ser realmente conocida.

La posibilidad de una reforma integral y coherente no parece de momento posible, debido a la situación de crisis económica mundial en la que estamos. Pero no sólo por ella, sino porque la mentalidad de las propias oligarquías dirigentes, de evaluadores, controladores y autoridades académicas y políticas en cada uno de sus niveles la hace difícilmente concebible, por una parte, y nada deseable, por la otra. (...)

R. A. Baker ha señalado que el problema actual del capitalismo, un sistema que él considera esencialmente bueno, es el excesivo peso del capital financiero, o especulativo, frente al capital productivo. Por ello sería lógico pensar que, si algún capital va a entrar en las universidades españolas, será precisamente el capital financiero, que encarna la banca.

Dicho capital buscará beneficios rápidos en las universidades, a las que le interesará endeudar. Es en el mundo de ese capital donde el riesgo de descontrol fiscal y de corrupción puede ser más grande, como señala Baker, y por ello podría ser un peligro para nuestras universidades que unos funcionarios obsesionados por el control de sus instituciones decidiesen ponerse excesivamente en manos de ese capital, que por definición no mejoraría la calidad de esas universidades, sino que trataría de hacerlas entrar en sus circuitos de búsqueda de una alta rentabilidad inmediata.

Deberíamos evitar esa tentación, y la de todos los grupos de funcionarios en decadencia: la corrupción económica, que quizá pueda llegar a ser posible en el futuro. Y sobre todo deberíamos intentar que la pérdida de los valores específicos de la universidad permita que, gracias a la burocracia más desmedida e inútil, entremos en un proceso de control y normalización de las personas y las instituciones en el que sólo puedan llegar a sobrvivir los intelectuamente más mediocres, pues sólo ellos pueden hallar satisfacción y reconocimiento en un mundo académico en el que han desaparecido los verdaderos debates de ideas y en el que los controles más obsesivos y rutinarios se imponen por doquier por parte de quienes se saben incapaces, por su falta de conocimientos y valores, de controlar todas las universidades de un país de otra manera.

Por el contrario este nuevo tipo de funcionarios mediocres podrían sentirse muy a gusto y encontrar el reconocimiento en unas nuevas universidades en las que una docencia anodina, simplificada y regulada hasta la saciedad, unida a una pseudoinvestigación que desea más enterar en los moldes de los controles y las evaluaciones que la búsqueda del conocimiento en sí mismo, puedan llegar a convertir a estas viejas instituciones en pequeñas fábricas de producción en serie de los recursos humanos que requiera en cada momento el mercado, cada vez más degradado, del trabajo.


sábado, 5 de diciembre de 2009

Justificando esfuerzos (Dinámica de la zanahoria)


Más sobre la disonancia cognitiva según Cooper, Scher y Mirabile.

"¿Qué consecuencias tiene el que la gente trabaje duro—a veces hasta sufriendo—por alcanzar un objetivo? La teoría de la disonancia predeciría que cuanto más haya sufrido la gente por alcanzar las cosas, más les gustarán esas cosas. Imagínate que estás intentando que te admitan a un club, una fraternity, a una residencia masculina o femenina en la universidad. Te ves abocado a un complejo periodo de prueba lleno de diversas actividades difíciles o sonrojantes. El comportamiento, que requiere esfuerzo, es inconsistente con las actitudes generales que tiene la gente hacia el hacer cosas desagradables. Además, suponte que el club tuviera determinadas características auténticamente desagradables (por ej. los otros miembros son aburridos, la comida es mala, las fiestas son mediocres). ¿Cómo puedes responder a la disonancia producida entre el sufrimiento de la puesta a prueba, la actitud de que a uno no le gusta sufrir, y las características nada atractivas del grupo? Una manera de tratar con la disonancia es alterar tu percepción del grupo de modo que, para tus ojos, se convierte en el mejor club del mundo. El sufrimiento tendría sentido si se soportase para tener acceso al mejor grupo social del mundo" (68).

Aplicado a la Universidad, esto puede llamarse la dinámica de la zanahoria, visible en diversos ámbitos, pero que rige especialmente los desaforados anhelos por obtener un sexenio de investigación, o por ocupar una cátedra, aunque requiera orientar toda la actividad y vida profesional para convertirlas período de pruebas de estas fraternities, hipotecando otras prioridades. Quizá de ahí deriva en su mayor parte el poder simbólico de los catedráticos, en el proceso de selección para la fraternity, pues la diferencia de sueldo con los demás no es tanta, y en cuanto a capacitaciones docentes o investigadoras son básicamente las mismas que las de un profesor titular. La diferencia tiende a ser imaginaria; por eso son casos casi puros de la dinámica de la zanahoria—éste y el de la anxiety of sexenia. O los doctorados, fuera del ámbito en que los necesitas como requisito para tener una plaza.

El principio de la disonancia cognitiva explica cómo con muy poco coste se pueden movilizar esfuerzos notables, con sólo vender la moto correctamente... y castigar lo suficiente al personal por el camino hacia la zanahoria. Una vez obtenida ésta, será el fruto más delicioso y objeto de codicia de todos los que están sometidos a prueba—retroalimentando así la circulación de energías en el proceso. Deduzco que el castigo y apretura de tuercas son ventajosos en cierto modo, y sobre todo económicamente rentables. Pero hay un pero, claro. Lo malo es, precisamente, la manera en que se enfoca la atención hacia un objetivo que por definición no merece la pena, y genera unas dinámicas circulares bastante perjudiciales en un ámbito en el que la atención debería dedicarse a otros fines más interesantes y valiosos.

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