Observo que ha aparecido una traducción española de
Frame Analysis de Erving Goffman:
Frame Analysis: Los marcos de la experiencia (Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, 2006). Eso me eximirá de meterme yo mismo a traducir el imponente tocho.
Hace tiempo que quería escribir un comentario sobre la conclusión,
especialmente por la teoría del sujeto que parece ofrecer Goffman, como
corolario a su análisis de la experiencia y sus transformaciones a lo
largo del libro. Y también por las conexiones sugestivas que se ofrecen
para una teoría de la retroacción y retrospección, o sea, una teoría
narrativa sobre la constitución de la realidad.
La tesis
central de Goffman la podríamos resumir así: Un marco es un límite
imaginario que se coloca en torno a un conjunto de signos para
considerarlos en su unidad y diferenciarlos respecto a lo que queda
fuera del marco. Los marcos se utilizan para estructurar la experiencia,
y para transformarla, sometiendo la secuencia de signos enmarcada a
distintas modulaciones, manipulaciones o recontextualizaciones.
Enmarcar, modular, y
romper el marco
son operaciones semióticas básicas que estructuran nuestra actividad y
la realidad que habitamos (y construimos, y transformamos).
Me
parece que el concepto de Goffman tiene grandes posibilidades de
entroncar (seguramente ya lo ha hecho, pero esto es un blog) con todo un
conjunto de disciplinas que necesitan hablar de signos y su
transformación, desde la neurología hasta la narratología, pasando por
la lingüística. Por tomar un ejemplo intermedio, volvamos
a la teoría de Arbib sobre el origen del lenguaje. Se
basa en uno de los desplazamientos de marco de Goffman (en lugar del
gesto original, un gesto in absentia que deviene un signo: llevarse la
mano a la boca, sin nada, como signo de "comer"). En este ejemplo, el
desplazamiento original del gesto auténtico al signo está posibilitado
por un tipo especial de neuronas que estimulan la actividad reflexiva
(las neuronas espejo). Pero la reflexividad en sentido más amplio, ya
generalizada al conjunto de la semiosis, es inherente a la teoría de los
marcos. Un marco enmarca signos para poder funcionar y crear sentido en
su interior, y sin embargo ese mismo enmarcamiento posibilita el
ficcionalizar ese conjunto de signos, desplazarlo a otra función,
re-significarlo, re-presentarlo.
Así comienza la conclusión de
Frame Analysis:
"Este
estudio comenzó con la observación de que tenemos (y otros en cantidad
considerable tienen) la capacidad y voluntad de usar la actividad
concreta, efectiva (actividad que tiene sentido en sí misma)—como un
modelo sobre el cual efectuar transformaciones para divertirse, engañar,
experimentar, ensayar, soñar, fantasear, ritualizar, demostrar,
analizar y practicar la caridad. Estas vivaces sombras de
acontecimientos se engranan en la marcha continuada del mundo, pero no
exactamente de la manera tan próxima como es el caso de la actividad
ordinaria, literal." (560, traduzco).
Antes de que me
interrumpa algún desconstructivista, le bajo la mano de un sopapo
admitiéndole que esa actividad "literal" es el resultado de la
sedimentación previa de mucha actividad no literal; y que de hecho es
"literal" mientras no se diga lo contrario. Así, con la llegada de una
catástrofe imprevista, toda nuestra actividad literal y nuestras
prioridades anteriores quedan súbitamente ficcionalizadas: "for even as
it is shown that we can become engrossed in fictive planes of being,
giving to each in turn the accent of reality, so it can be shown that
the resulting experiences are derivative and insecure when placed up
against the real thing" (ibid.).
Cualquier ficción puede servir
pues como plano real sobre el cual apoyar una ficción más evidente,
"llevando a uno a pensar que lo auténticamente soberano es la relación,
no la sustancia" (560-61). Y la actividad cotidiana es de hecho no
"literal" sino precisamente un complejo tejido de actividades
enmcarcadas a distintos niveles, una transición fluida a través de
diversos planos de existencia. Y si filmamos esa compleja vida
cotidiana, "enmarcándola", añadimos un plano más, "Pero aquello de lo
que la versión cinematográfica sería copia, es decir, un ejemplar
irreal, sería a su vez algo no homogéneo con respecto a la realidad,
atravesado a su vez por distintas enmarcaciones y sus diversos planos de
existencia" (561)
La realidad se modela e interpreta de
acuerdo con estos marcos ideales, que a su vez retoman la realidad como
base de operaciones. Una famosa modelo pasando un vestido simula ser una
persona normal que a su vez imita a la modelo. Aquí Goffman piensa en
Oscar Wilde, y su propuesta de que la realidad tal como la percibimos
está hecha de esquemas creados y difundidos por el arte: "Puede que la
vida no sea una imitación del arte, pero la conducta ordinaria, en
cierto sentido, es una imitación de de lo que es propio, un gesto hacia
las formas ejemplares, y la realización primigenia de estos ideales
pertenece más a la ficción que a la realidad" (562).
Existe así
una relación retroalimentativa, o circular, entre lo que creemos que es
la realidad, y lo que es la realidad. Si interpretamos la realidad de
acuerdo con ciertos marcos interpretativos, estamos contribuyendo a que
sea esa la realidad, en una especie de preparación por anticipado de lo
que será nuestra retrospección sobre las acciones que llevemos a cabo,
orientados por tal comprensión: "Lo que la gente entiende que es la
organización de su experiencia, lo refuerzan y apoyan a modo de una
profecía autocumplida" (563). Esto se hace, dice Goffman, por medio de
historias ejemplares (hay aquí implícita toda una narratología del
exemplum), de
juegos,
adivinanzas, noticias, que confirman la lectura aceptada del mundo.
Estos rituales de autosustentación de la realidad forman parte
importante (y poco explícitamente reconocida) de la educación de la
juventud.
Aquí encuentran un lugar privilegiado, entre estas maniobras de autoconfirmación, las diversas modalidades del
hindsight bias o distorsión retrospectiva que han analizado de modo tan brillante Michael J. Bernstein (en
Foregone Conclusions) y Gary Saul Morson (en
Narrative and Freedom). (Puede leerse más sobre la distorsión retrospectiva y sus consecuencias hermenéuticas en mi pseudolibro
Objects in the Rearview Mirror May Appear Firmer Than They Are). En una dialéctica de proyecciones
top-down e interpretaciones
bottom-up, la
realidad que nos permite interactuar con otros y con ella se sostiene
por acuerdo mutuo y por expectativas autocumplidas. Esto le añade
solidez (bueno—un cierto tipo de solidez) no sólo a lo real actual, a lo
que existe ahora, sino también a la trabazón entre el pasado y el
presente. El club de apoyo mutuo que crean los marcos interpretativos
hace también que interpretemos el pasado a la medida del presente, pero
de un presente que interpretamos como continuación y producto del
pasado. Anticipación del futuro, pero también anticipación de la
retrospección, una retrospección que se fundamentará en esa previsión de
retrospección. Expectativa autocumplida para el presente; constitución
retroactiva para el pasado. Así el pasado adquiere toda la solidez que
pueda tener tal ente, y el presente se nos escapa menos (al estar
firmemente enmarcado en una serie de coherencias, premoniciones y
prácticas establecidas).
"De
incontables maneras e incesantemente, la vida social absorbe e
incorpora a sí misma el entendimiento que de ella tenemos" (563). En un
paréntesis autorreflexivo importante, admite Goffman que la teoría
social no está aislada de este proceso, a un nivel metalingüístico
intocable, sino que forma parte integrante de él: "(Y ya que hay que
admitir que mi análisis de los marcos se fusiona con el que emplean los
propios sujetos, el mío, en esa medida, ha de funcionar como una
fantasía de apoyo más)" (563). Lo mismo sucede, supongo, con la crítica
de Morson a las profecías autocumplidas, o con mi crítica a su crítica.
Entender el funcionamiento de los marcos interpretativos es también
darles solidez, no sólo mostrar que están hechos de aire.
De aquí pasaremos a
la teoría del sujeto de Goffman
—otra cosa aérea y sólida a la vez. Pero ya le vale por hoy para un
post: después de todo, a post is a post is a post, lo cual es otra
expectativa autocumplida.
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