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jueves, 30 de noviembre de 2023
lunes, 21 de agosto de 2023
ESPAÑA ES CULPABLE
España es culpable
Arturo Pérez Reverte
Cuando miro atrás sobre cómo hemos llegado a esto, a que una democracia de cuarenta años en uno de los países con más larga historia en Europa se vea en la que nos vemos, me llevan los diablos con la podredumbre moral de una clase política capaz de prevaricar de todo, de demolerlo todo con tal de mantenerse en el poder aunque sea con respiración asistida. De esa panda de charlatanes, fanáticos, catetos y a veces ladrones —con corbata o sin ella—, dueña de una España estupefacta, clientelar o cómplice. De una feria de picaros y cortabolsas que las nuevas formaciones políticas no regeneran, sino alientan.
El disparate catalán tiene como autor principal a esa clase dirigente catalana de toda la vida, alta burguesía cuya arrogante ansia de lucro e impunidad abrieron, de tanto forzarla, la caja de los truenos. Pero no están solos.
Por la tapa se coló el interés de los empresarios calladitos y cómplices, así como esa demagogia estólida, facilona, oportunista, encarnada por los Rufiancitos de turno, aliada para la ocasión con el fanatismo más analfabeto, intransigente, agresivo e incontrolable. Y en esa pinza siniestra, en ese ambiente de chantaje social facilitado por la dejación que el Estado español ha hecho de sus obligaciones —cualquier acto de legítima autoridad democrática se considera ya un acto fascista—, crece y se educa desde hace años la sociedad joven de Cataluña, con efectos dramáticos en la actualidad y devastadores, irreversibles, a corto y medio plazo. En esa fábrica de desprecio, cuando no de odio visceral, a todo cuanto se relaciona con la palabra España.
Pero ojo. Si esas responsabilidades corresponden a la sociedad catalana, el resto de España es tan culpable como ella. Lo fueron quienes, aun conscientes de dónde estaban los más peligrosos cánceres históricos españoles, trocearon en diecisiete porciones competencias fundamentales como educación y fuerzas de seguridad. Lo es esa izquierda que permitió que la bandera y la palabra España pareciesen propiedad exclusiva de la derecha, y lo es la derecha que no vaciló en arropar con tales símbolos sus turbios negocios. Lo son los presidentes desde González a Rajoy, sin excepción, que durante tres décadas permitieron que el nacionalismo despreciara, primero, e insultara, luego, los símbolos del Estado, convirtiendo en apestados a quienes con toda legitimidad los defendían por creer en ellos. Son culpables los ministros de Educación y los políticos que permitieron la contumaz falsedad en los libros de texto que forman generaciones para el futuro. Es responsable la Real Academia Española, que para no meterse en problemas negó siempre su amparo a los profesores, empresarios y padres de familia que acudían a ella denunciando chantajes lingüísticos. Es responsable un país que permite a una horda miserable silbar su himno nacional y a su rey. Son responsables los periodistas y tertulianos que ahora despiertan indignados tras guardar prudente cautela durante décadas, mientras a sus compañeros que pronosticaban lo que iba a ocurrir —no era preciso ser futurólogo— los llamaban exagerados y alarmistas.
Porque no les quepa duda: culpables somos ustedes y yo, que ahora exigimos sentido común a una sociedad civil catalana a la que dejamos indefensa en manos de manipuladores, sinvergüenzas y delincuentes. Una sociedad que, en buena parte, no ha tenido otra que agachar la cabeza y permitir que sus hijos se mimeticen con el paisaje para sobrevivir. Unos españoles desvalidos a quienes ahora exigimos, desde lejos, la heroicidad de que se mantengan firmes, cuando hemos permitido que los aplasten y silencien. Por eso, pase lo que pase, el daño es irreparable y el mal es colectivo, pues todos somos culpables. Por estúpidos. Por indiferentes, por cobardes.
—oOo—
lunes, 31 de diciembre de 2018
lunes, 11 de diciembre de 2017
domingo, 10 de diciembre de 2017
Entrevista a Arturo Pérez-Reverte
España es un estado fallido, nos dice el académico. Y se le ve extraordinariamente indulgente con la tontuna catalana y sus ilusos:
Y aquí otra de hace dos años.
—oOo—
domingo, 3 de septiembre de 2017
Retropost #1770 (2 de septiembre de 2007): Deseos de ser piel roja
Deseos de ser piel roja
Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa
Esto es una reseña de La Carta Esférica
de Arturo Pérez Reverte, con guión y dirección de Imanol Uribe,
interpretada por Aitana Sánchez-Gijón y Carmelo Gómez. En breve: para
pasar el rato, y poco más; apta para echar el domingo por la tarde en la
tele.
Se le ha criticado que si es poco espectacular, que si el ritmo no arranca, que si es demasiado estereotípica en sus diálogos; es cierto que con frecuencia no suena como gente conversando sino como pesonajes exponiendo una historia para ilustración del espectador. Da impresión de estar hecha con pocos medios, tan pocos los buscadores de tesoros como los buscadores de tesoros cinematográficos; se les debió ir el presupuesto en cenar langosta ("langosta verde") en lugar de echarlo en la película. Pero bueno, no me quejo de los mafiosos con pocos medios, por lo menos tenían buena jeta de mafiosos.
El asunto va de un rescate ilegal de un tesoro hundido, del barco jesuita Dei Gloria, a manos de los protagonistas, con competencia por parte de una empresa dudosa con base en Gibraltar. Al final lo localizan calculando la desviación en base a ciertos errores en un mapa y gracias a un sistema de referencia secreto que empleaban los jesuitas, dato que les da un catedrático (posible víctima de los encantos de la protagonista).
Se le ocurre a uno que el reciente caso que sucedió y que tuvo tanto eco en los noticiarios nacionales debió ser en parte una estrategia de lanzamiento de esta película, a través de algún contacto con los noticiarios. Aunque no dudo que piratas hay en Gibraltar, y en todas partes. Hasta en el Ministerio, vamos, porque la Aitana, aquí "Tánger", hace de funcionaria del Museo de la Marina que, con financiación oficial, se dedica a barrer para casa y llevarse las esmeraldas, estafando a todo el mundo por el camino: a su ex (el gibraltareño, bueno, italo-gibraltareño Nino Palermo), a su sicario a quien soborna, a su pareja el marinero protagonista Carmelo Gómez / "Coy" y al socio de ambos "Piloto"... menos mal que el tal Coy cambia las esmeraldas de sitio en el último momento, y la deja con un palmo de narices llevándose un cargamento de piedrecitas. ¿Volverá Tánger a por las esmeraldas, a cambio de más sexo? Nos quedamos con la duda, no despejada por la narración retrospectiva.
Quizá las mejores escenas son las que aparecen las viñetas de El Tesoro de Rackham el Rojo,de Tintín, pero hasta esas son bastante glaciales. La película es fría hasta en las escenas de orgasmos, orgasmos a golpe de guión. Claro, que la impresión que le dejaría a cualquiera la señora funcionaria ésta sería más bien glacial, pero se supone que el marinero tenía otros parámetros y su narración debería ser más apasionada.
En cuanto a mí, lo que me apasiona y me deja frío a la vez es la fascinación del protagonista, y del autor y guionista, por las tías malas remalas—eso sí, mientras estén buenas rebuenas, que sin un culo a juego el mal no tiene el menor atractivo. Uno piensa que una elementa tan vendida, mentirosa y manipuladora como la Tánger-Aitana ésta habría que tenerla apartada con un palo largo, pero no, el sueño del marino Coy es que se vuelva a meter algún día en su vida, como un elemento turbio de pasión y feminidad insondable, que le atrae como las profundidades marinas al Dei Gloria. Como digo, el mismo encanto femenino le veo yo al mafioso italiano y a su sicario, y es posible si nos pasamos a la vida real que la señora recupere las esmeraldas por el procedimiento de romperles las piernas a la pareja de nostálgicos que se acuerdan de ella conversando por el puerto al final. Que la mafia es la mafia.
Ella proyecta mejor idea de sí misma, como mujer de rompe y rasga: cuenta que en las películas de vaqueros hay dos tipos de mujeres, las que chillan cuando vienen los indios, y las que cogen el rifle—y que ella decidió ser de las segundas. Pero del argumento se desprende más bien que prefiere ser de los indios. O más bien podríamos ponerla como emblema de la cultura del pelotazo de los 90: desde el puesto oficial, y con financiación ministerial, pero a barrer para casa sin contemplaciones. Y tal es el oscuro objeto de deseo que se nos hace oscilar ante las narices, encarnados en nuestro Coy-avatar. Hemos de tenerla. Veamos: señoras fantásticas que vemos pasar y con las que no nos acostaremos, son el 100% de ellas, así redondeando o sin redondear. ¿Por qué entonces tenía Tánger "algo especial"? Yo le veo al protagonista, o más bien al autor a través del protagonista, ese mismo deseo de ser piel roja—dividido entre la honestidad ya no ético-política, sino personal-amorosa (guardemos las medidas) con la que actúa, y las ansias de libertad total, para robar, traicionar, no tener ataduras de ningún tipo que no sean las del egoísmo más desmesurado, destructivo e insensato. Que es atractivo, pero para sentirlo como atractivo hay que verlo desde fuera. Y encarnado en una tía buena. Vamos, que el protagonista/guionista/autor, sus ansias de ser piel roja las expresa por vía sexual, y se apropia de la ilegalidad de la vida dándole un cuerpo que se pueda penetrar con violentos embates físicos. ¿Es misoginia, es machismo, esta encarnación de la amoralidad absoluta en la mujer, que con un chasis bien asentado queda absuelta de responsabilidad ética, o más bien invierte los parámetros y se convierte en lo absolutamente deseable? Bueno, es ese tipo especial de misoginia que se combina con la atracción sexual y con una buena dosis de sadomasoquismo. Y machismo, todos muy machos, eh. Hasta ella. Esto es todo un psicodrama del machismo y un catálogo de síndromes varoniles.
Con estos planteamientos queda claro que "para poder quererte / es mejor que tú no estés" como decía Gurruchaga; donde se está bien de verdad es en la pequeña sociedad homosocial, con un colega tan castigado como tú, hablando de ellas y de lo que nos hacen sufrir, y de cómo las toreamos, y de lo remalas que son cuando son tan duras y tan ellas a la vez, y qué atractiva que es la maldad en cueros, y quién fuese un piel roja...
Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa
Esto es una reseña de La Carta Esférica
de Arturo Pérez Reverte, con guión y dirección de Imanol Uribe,
interpretada por Aitana Sánchez-Gijón y Carmelo Gómez. En breve: para
pasar el rato, y poco más; apta para echar el domingo por la tarde en la
tele. Se le ha criticado que si es poco espectacular, que si el ritmo no arranca, que si es demasiado estereotípica en sus diálogos; es cierto que con frecuencia no suena como gente conversando sino como pesonajes exponiendo una historia para ilustración del espectador. Da impresión de estar hecha con pocos medios, tan pocos los buscadores de tesoros como los buscadores de tesoros cinematográficos; se les debió ir el presupuesto en cenar langosta ("langosta verde") en lugar de echarlo en la película. Pero bueno, no me quejo de los mafiosos con pocos medios, por lo menos tenían buena jeta de mafiosos.
El asunto va de un rescate ilegal de un tesoro hundido, del barco jesuita Dei Gloria, a manos de los protagonistas, con competencia por parte de una empresa dudosa con base en Gibraltar. Al final lo localizan calculando la desviación en base a ciertos errores en un mapa y gracias a un sistema de referencia secreto que empleaban los jesuitas, dato que les da un catedrático (posible víctima de los encantos de la protagonista).
Se le ocurre a uno que el reciente caso que sucedió y que tuvo tanto eco en los noticiarios nacionales debió ser en parte una estrategia de lanzamiento de esta película, a través de algún contacto con los noticiarios. Aunque no dudo que piratas hay en Gibraltar, y en todas partes. Hasta en el Ministerio, vamos, porque la Aitana, aquí "Tánger", hace de funcionaria del Museo de la Marina que, con financiación oficial, se dedica a barrer para casa y llevarse las esmeraldas, estafando a todo el mundo por el camino: a su ex (el gibraltareño, bueno, italo-gibraltareño Nino Palermo), a su sicario a quien soborna, a su pareja el marinero protagonista Carmelo Gómez / "Coy" y al socio de ambos "Piloto"... menos mal que el tal Coy cambia las esmeraldas de sitio en el último momento, y la deja con un palmo de narices llevándose un cargamento de piedrecitas. ¿Volverá Tánger a por las esmeraldas, a cambio de más sexo? Nos quedamos con la duda, no despejada por la narración retrospectiva.
Quizá las mejores escenas son las que aparecen las viñetas de El Tesoro de Rackham el Rojo,de Tintín, pero hasta esas son bastante glaciales. La película es fría hasta en las escenas de orgasmos, orgasmos a golpe de guión. Claro, que la impresión que le dejaría a cualquiera la señora funcionaria ésta sería más bien glacial, pero se supone que el marinero tenía otros parámetros y su narración debería ser más apasionada.
En cuanto a mí, lo que me apasiona y me deja frío a la vez es la fascinación del protagonista, y del autor y guionista, por las tías malas remalas—eso sí, mientras estén buenas rebuenas, que sin un culo a juego el mal no tiene el menor atractivo. Uno piensa que una elementa tan vendida, mentirosa y manipuladora como la Tánger-Aitana ésta habría que tenerla apartada con un palo largo, pero no, el sueño del marino Coy es que se vuelva a meter algún día en su vida, como un elemento turbio de pasión y feminidad insondable, que le atrae como las profundidades marinas al Dei Gloria. Como digo, el mismo encanto femenino le veo yo al mafioso italiano y a su sicario, y es posible si nos pasamos a la vida real que la señora recupere las esmeraldas por el procedimiento de romperles las piernas a la pareja de nostálgicos que se acuerdan de ella conversando por el puerto al final. Que la mafia es la mafia.
Ella proyecta mejor idea de sí misma, como mujer de rompe y rasga: cuenta que en las películas de vaqueros hay dos tipos de mujeres, las que chillan cuando vienen los indios, y las que cogen el rifle—y que ella decidió ser de las segundas. Pero del argumento se desprende más bien que prefiere ser de los indios. O más bien podríamos ponerla como emblema de la cultura del pelotazo de los 90: desde el puesto oficial, y con financiación ministerial, pero a barrer para casa sin contemplaciones. Y tal es el oscuro objeto de deseo que se nos hace oscilar ante las narices, encarnados en nuestro Coy-avatar. Hemos de tenerla. Veamos: señoras fantásticas que vemos pasar y con las que no nos acostaremos, son el 100% de ellas, así redondeando o sin redondear. ¿Por qué entonces tenía Tánger "algo especial"? Yo le veo al protagonista, o más bien al autor a través del protagonista, ese mismo deseo de ser piel roja—dividido entre la honestidad ya no ético-política, sino personal-amorosa (guardemos las medidas) con la que actúa, y las ansias de libertad total, para robar, traicionar, no tener ataduras de ningún tipo que no sean las del egoísmo más desmesurado, destructivo e insensato. Que es atractivo, pero para sentirlo como atractivo hay que verlo desde fuera. Y encarnado en una tía buena. Vamos, que el protagonista/guionista/autor, sus ansias de ser piel roja las expresa por vía sexual, y se apropia de la ilegalidad de la vida dándole un cuerpo que se pueda penetrar con violentos embates físicos. ¿Es misoginia, es machismo, esta encarnación de la amoralidad absoluta en la mujer, que con un chasis bien asentado queda absuelta de responsabilidad ética, o más bien invierte los parámetros y se convierte en lo absolutamente deseable? Bueno, es ese tipo especial de misoginia que se combina con la atracción sexual y con una buena dosis de sadomasoquismo. Y machismo, todos muy machos, eh. Hasta ella. Esto es todo un psicodrama del machismo y un catálogo de síndromes varoniles.
Con estos planteamientos queda claro que "para poder quererte / es mejor que tú no estés" como decía Gurruchaga; donde se está bien de verdad es en la pequeña sociedad homosocial, con un colega tan castigado como tú, hablando de ellas y de lo que nos hacen sufrir, y de cómo las toreamos, y de lo remalas que son cuando son tan duras y tan ellas a la vez, y qué atractiva que es la maldad en cueros, y quién fuese un piel roja...
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