Mostrando entradas con la etiqueta Competitividad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Competitividad. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de junio de 2017

Retropost #1673 (25 de junio de 2007): La táctica de Don Recesvinto


La táctica de Don Recesvinto es lo que yo llamo una buena táctica para hacer pasar a la gente por el aro, adecuada para épocas y ambientes en que haya que obligar a la gente a comulgar con ruedas de molino, para que lo hagan de buena gana y se centren en ello. Me hablaba mi tío de Don Recesvinto, maestro de Biescas en la época de la posguerra, una vez fusilados otros maestros con menos táctica, como mi abuelo. Tras la guerra los supervivientes ya estaban todos firmes, pero gracias a la táctica de Don Recesvinto, lo llevaban con gusto.

"Don Recesvinto era de los que tenían a los niños cantando himnos todo el día. El himno nacional con la letra de Pemán (claro, no van a cantar "lá-la, lá-la, lálala lála lála...), y luego Montañas Nevadas, y el Cara al Sol, claro... Les hacía ir a todos los críos con la camisa azul de Falange, y desfilar, todos los días desfilando. Hasta el sábado tenían que ir a la escuela, que había sólo fiesta por la tarde. Y hasta el domingo tenían que ir: no había escuela, pero tenían que ir a formar, para ir luego desfilando todos juntos a misa. Y los juntaba Don Recesvinto con los soldados (entonces había regimiento en Biescas, deben ser los tiempos esos del comandante D. Casto Cordero Blanco)—que los soldados también iban desfilando hasta la iglesia.

Y los ponía Don Recesvinto a los críos detrás de los soldados, primero los mayores, y luego los pequeños. Los soldados iban desfilando de tres en tres, y los críos de la escuela de dos en dos, y de la mano. Pero a los mayores, les dejaba desfilar sueltos, y a los más mayores ya les dejaba ponerse como a los soldados, de tres en tres. Y bueno, así era la cosa, eso era en lo que pensaban todos, en si les dejaban desfilar de dos en dos o de tres en tres..."

Un hacha, don Recesvinto. No sé si lo ascenderían a desfilar de tres en tres, pero tenía dotes para ocupar puestos de más alta responsabilidad en el Régimen.




—oOo—

viernes, 21 de octubre de 2016

Retropost #1186 (21 de octubre de 2016): El diablo se viste de Prada





El diablo se viste de Prada

Publicado en Cine. com. José Ángel García Landa

(The Devil Wears Prada, David Frankel, 2006). Es arquetípica al menos desde Great Expectations la narración del jovenzuelo aspirante a una brillante carrera social que abandona sus raíces y viejas amistades para volverse un modelno insoportable en la vida falsa del glamur y el bisnes... hasta la gran crisis y el retorno humilde y enseñado. Es, con otra variante, la historia que se cuenta en canciones como Blue Kentucky Girl o Streets of Baltimore. Una variante americana moderna lleva esta historia hacia la ética laboral y empresarial donde se cruza con el proyecto vital del protagonista: Wall Street, Crossing Delancy, Tienes un e-mail, etc. Hace poco también comentaba aquí una bonita versión reciente en In Good Company.

Pues de lo mismo va El diablo se viste de Prada: jovenzuela aspirante a periodista, que ha de encontrar la autenticidad (ay, la búsqueda de la autenticidad en el sistema de clases... pues no tiene tradición ni nada eso, en la novela inglesa). Esto es en Nueva York, ya se sabe, bright lights, big city, y de cómo nos deslumbra. Al final acaba trabajando en periódico tradicional e intelectual de la urbe, pero eso es tras pasar por una fase de secretaria en una revista de modas tipo Vogue (que ya se sabe que hacen perder la cabeza hasta a las vicepresidentas). La chica se las promete muy felices, pero para hacer carrera ha de vender el alma al diablo... cosa muy frecuente, claro, entre quienes quieren hacer cualquier tipo de carrera, especialmente meteórica, despegando por la runway hasta la jet-set de tu profesión.

El diablo que se viste de Prada es la directora de la revista—Meryl Streep, que está, como siempre, genial, en un personaje de los que le van, una jefa venenosa, con tensión interna acumulada, tiránica, perfeccionista y workahólica, que vive para su trabajo y para ser la top of the top, y tener a todos bailando a su son. Le gusta además ver cómo los demás se venden por las zanahorias profesionales que les ofrece; es en realidad, seguramente, uno de sus mayores placeres ver cómo para hacer carrera venden su integridad y traicionan a sus principios y colegas. El poder: la felicidad de ver a los demás hacer no lo que quieren (incluso lo contrario de lo que quieren), y verlos haciendo lo que tú quieres hacer con ellos. Lo dicho, el diablo sobre la tierra, y desde luego que puede vestirse de Prada, de hecho tiende especialmente a vestirse de Prada y a vivir en un mundo de pura imagen: que eso es el poder, el poder proyectar tus imágenes por todo el mundo hasta que desplazan a la realidad y la rehacen a su medida: un microclima donde el Jefe es el rey del mambo, el centro del universo.

Pero la chica periodista recapacita, ve la senda errónea que tomaba, y deja de contestar a las llamadas de su jefa. No como el brazo derecho de la Streep, que va a seguir siendo el factótum hasta el fin de sus días... Así que final feliz; se incluye en él el rechazo al indeseable galán tentador y sus cafeterías de diseño, y el regreso con el novio de toda la vida al que habia cambiado por el empleo megafashion (aunque este final queda un poco abierto, para que imagine el personal, caso frecuente últimamente, como en The Break-up o Eternal Sunshine of the Spotless Mind). También podrá volver la chica a llevar la talla 38, que es la que le pedía su cuerpo, en vez de la 36 que exigía la empresa; y Prada que compre el que quiera, o el que pueda, o el que quiera matarse por ello. Una historia de género, vamos, que se repite porque debemos tenerla mal aprendida, y se seguirá repitiendo cada vez más, supongo. Venderle el alma al trabajo es venderle el alma al diablo, y todos lo hacemos en una medida u otra. Como dice la Streep, si no llevamos Prada, llevamos la Prada de hace diez años atrás, rebajada y pasada por el mercadillo. Pero en fin, siempre aprieta menos que la talla 36 de pasarela.



—oOo—

Mi fotoblog

Mi fotoblog
se puede ver haciendo clic en la foto ésta de Termineitor. Y hay más enlaces a cosas mías al pie de esta página.