miércoles, 17 de mayo de 2017

Qué es moral, y qué no

Qué es moral y qué no

Hay una curiosa dicotomía en la palabra "moral", entendida como sustantivo y como adjetivo. "La moral" de una sociedad, por ejemplo, frente a "esto es moral, o inmoral." El adjetivo "moral" es valorativo, introduce una valoración positiva, y quizá el sustantivojudith artemisia también sea implícitamente valorativo, pues no existe sociedad sin moral.

Para definir qué es moral hay que proceder por niveles de complejidad, o de centralidad. Una moral refinada, compleja o problemática, se edifica sobre los fundamentos de una moral más básica o elemental. Así "es moral", en principio, el comportamiento que se atiene a la moral generalmente aceptada en un entorno social—y tanto más si conlleva sacrificio personal. Hay aquí un elemento de generalidad, o de mera "gramaticalidad" de lo moral, que sigue unas reglas en principio establecidas, aun en el caso de acciones notables o moralmente heroicas.

Pero un análisis más individualizado de un acto podrá hallar que determinada acción es moral aunque (aparentemente) contradiga los valores generalmente aceptados en un entorno social, o (inversamente) que es inmoral aunque se atenga a ellos. Una de las razones posibles para esto, entre otras, consistiría en declarar a toda una moral cultural como "inmoral" desde el punto de vista que adoptamos: así, el acto de Huckleberry Finn ayudando al negro Jim a escapar es inmoral para su sociedad esclavista, e incluso para la parte de él mismo que ha interiorizado esos valores, pero es moral para "nosotros", los lectores implícitos del libro de Mark Twain, y para nosotros, los lectores implícitos del presente texto.

Esta noción de "moral generalmente aceptada" tiene un cierto sentido a nivel operativo o regulativo, con el fin de definir un acto frente a un trasfondo social que siempre es complejo o conflictivo, en especial en la modernidad. Tiene un sentido genético también en tanto en cuanto las sociedades primitivas o antiguas participan más de una moral y religión común a todos los miembros. Pero incluso en la Grecia antigua, Sócrates es problemáticamente a la vez moral (en tanto que héroe ético) e inmoral, en tanto que corruptor de la juventud. El punto de vista que adoptamos para describir un acto como moral o inmoral requiere un análisis cognitivo, y también sociológico-histórico.

En la modernidad contemplamos como héroes morales a los que se distancian de un consenso social que nosotros mismos contemplamos con distancia (la piedad griega, por ejemplo) para explorar un camino moral más universalista, complejo o filosófico. Puede haber sin embargo héroes morales problemáticos, como Nietzsche, e incluso francamente inmorales, como Baudelaire o Sade. La valoración en estos casos supone un grado de paradoja, y muchas veces está puesta por así decirlo entre paréntesis. Nos encanta leer a Sade, pero aguantarlo en persona sería un acto de masoquismo moral.

Hay por tanto una cierta imaginación moral que hay que tener en cuenta, y un cierto evolucionismo moral. Éste iría, según la interpretación actual, en la dirección de un consenso intelectual de respeto al espacio público, a los derechos y obligaciones mutuamente reconocidos (en la línea kantiana) y a la libre autodeterminación del individuo, dentro de estos parámetros. Ahora bien, también es propio del universo moral de la modernidad el reconocer las tensiones a veces irreconciliables y paradojas que surgen entre los distintos requerimientos morales impuestos al individuo, por ejemplo entre la tradición grupal y esta libre autodeterminación. El heroísmo moral puede atribuirse tanto a los actos de libre determinación (al estilo non serviam de James Joyce) o a la autolimitación de esta libre determinación en búsqueda del consenso social, o de una identidad históricamente enraizada. (Sirvan de ejemplo San Manuel Bueno, Mártir, de Unamuno, o un equivalente norteamericano contemporáneo, 36 Arguments for the Existence of God: A Work of Fiction, de Rebecca Goldstein (2011), donde un rabino escéptico ocupa su puesto sin embargo en su comunidad y en sus rituales, sobreponiéndose a su escepticismo personal y a su deseo de escapar de ellos buscando un mundo más abierto).

No entraré en la diferencia entre moral y ética, pues está claro que cada tradición o autor usa estos términos a su gusto. En Ética posmoderna, Zygmunt Bauman oponía la "ética" social gramaticalizada al heroísmo "moral" individual y creativo. Gustavo Bueno nos dice en cambio (en su lección sobre "Ética y moral") que por etimología la "moral" se refiere a las costumbres sociales, y la "ética" al carácter individual. Y en el hablar común español sí parece seguirse más bien este uso: se nos dice que tal acción es ética aunque no sea legal, o aunque sea juzgada como inmoral, indecente, etc.—si responde a una reflexión y decisión consciente deliberada e individual, y especialmente a resultas de un un conflicto ético… y especialmente si valoramos positivamente dicha acción o la respetamos como tolerable dentro del margen dado a la autonomía moral. En cambio, en el hablar común, "moral" o "moralizante" nos suena a sermones, a convencionalismos, a costumbres antiguas que no responden a la realidad de las acciones e intenciones y valores contemporáneos, o propios de una sociedad abierta. Todo ello sea entendido con las salvedades y peros antes expresados.

Por último, sólo apuntaré que desde una perspectiva sociobiológica-evolutiva (la de E. O. Wilson en The Meaning of Human Existence) hay dos tendencias inherentes, e inherentemente en conflicto, en el comportamiento humano, resultantes respectivamente de los principios de selección natural (que potencia el individualismo) y selección social (que prima a los grupos solidarios y con individuos mutuamente altruistas). En la mente de cada cual hay una tensión o equilibrio entre impulsos egoístas e impulsos altruistas, y en unas personas (o en determinados órdenes sociales) priman unos más que otros. Es moral o "ético" en principio el altruismo, la primacía dada a lo social (incluidas las normas generalmente aceptadas, la heteronomía moral); es inmoral el egoísmo, y lo son sus formas derivadas como la manipulación del altruismo ajeno, el maquiavelismo, el parasitismo, etc.

Pero, como antes hemos indicado, la interacción compleja de diversos grupos sociales complica bastante la valoración de lo que puede ser un acto moral, habida cuenta de que puestos a ser altruistas, hay que elegir a qué otros, a qué grupo de otros, apoyar con nuestras acciones altruistas, visto que hay muchos otros con intereses encontrados. Una acción que beneficia al individuo perjudicando la coherencia de su grupo bien puede por otra parte beneficiar a un tercer grupo o potenciar la cooperación altruista o mutualista entre grupos antes enfrentados. En cada situación hay que tener en cuenta, cómo no, el posicionamiento del analista, pues no hay actos intrínsecamente morales o inmorales al margen de su valoración. Y las diversas valoraciones sociales recibidas por el acto en cuestión son a su vez valoradas por el teorizador moral a un nivel mayor de distancia, complejidad o abstracción, y siempre desde un posicionamiento distinto al del sujeto y al de sus demás evaluadores morales.

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