Fui
ayer a la reunión de la comunidad de vecinos de la casa de Tenor Fleta,
por aquí conocida como "casa del Moro", por el retrato de un berberisco
sonriente y maligno, o quizá un turbond Turke, que adorna la entrada. Resulta que soy el único
copropietario (y hay muchos) que vive en Zaragoza. Es curioso, he
observado en mis hermanos y hermanitas, incluida la abajo retratada,
una tendencia a emigrar del pueblo a la ciudad, como yo, para a
continuación hacer una quebrada altamente atípica y volver al pueblo
tras unos años. Igual acabo allí yo también, no sé. De momento fui de
representante a la reunión, y —otra cosa atípica: nos bajan la cuota de
comunidad para el año que viene, a la mitad, se quedará en unos 50
euros mensuales. Esto es claro porque se ha cambiado la calefacción
central por una de gas individualizada; luego cada cual tendrá que ver
si paga más de 50 euros mensuales de gas de media, al año. Mucho gas
parece, pero hay gente friolera. También hay quien no enciende la
calefacción, por lo que veo. Igual nosotros y el turco estamos entre
ellos, porque ahora tras el paso de varios huracanes la casa está
deshabitada, y un tanto patas arriba, todo hay que decirlo. Lo mejor
sería alquilársela a alguien que viva ahí y se responsabilice de
tenerla ordenada, y los demás que vayan por invitación y bajo control. Hasta ahora, los diversos habitantes que van
circulando por ahí o no están lo bastante, o no se preocupan o no se
consideran con autoridad suficiente para poner un poco de orden.
Así que mejor que la alquile alguna persona de orden. Es que donde hay
muchos propietarios, unos por otros, la casa sin barrer. Tras la
elección de cargos no salí presidente en la reunión, uf, ni tampoco
ninguno de mis copropietarios. Menos mal, porque no recuerdo con agrado
mi única presidencia de comunidad. En esta comunidad tenemos —otra cosa
rara— un presidente voluntario y entusiasta y al parecer eficaz, que se
apunta una vez tras otra con el consenso de todos los vecinos. Como
única anécdota—una vecina reclamaba a la comunidad el pago de una obra
dudosa, de 500 y pico euros. Se sometió a votación y se le pagará
aunque se lleva la mitad del remanente. Yo fui el único que votó que
no, sin más criterio que por el siguiente: al estar representando a
muchos, que ni sabían de ese gasto ni podían opinar de él, me pareció
más coherente votar en contra, al ser un caso dudoso, mejor que
comprometer los eurillos (pocos) de mis representados. Por cierto que
estaba Luis Carlos en la reunión, también viejo habitante de esta casa
donde yo viví en aquella década en la que éramos todos más jóvenes y
más guapos aunque vestíamos y nos peinábamos con peor gusto—en los
ochenta. El año que viene radiamos más, si sigo siendo copropietario de
nada, y representante electo de las masas.
Entre Krahe y El Rocío
Hace 2 horas


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