Dos tristezas del pensamiento veo yo, de carácter distinto, y cada una unida a una satisfacción del pensamiento.
Una, la tristeza del pensamiento fracasado (pero ése rara vez se produce tristeza a sí mismo, aunque produzca tristeza al observador que se complace en ver a su través)—
—y otra, la tristeza del pensamiento que (para triunfo y satisfacción del pensamiento) llega a descubrir una verdad... que produce tristeza.