domingo, 8 de enero de 2012

Reversibilidad de las realidades


Vamos con Oscar a la Librería General a comprar un libro llamado Galipete, y pasa una cosa curiosa. Tras hacer la cola llegamos al empleado (esto en una planta con decenas de miles de libros):


—"Buenas, queremos un libro que se llama Galipete"  

Por la cara que pone el dependiente cualquiera diría que no le suena de nada o que le parece una broma, pero pregunta, "¿de iniciación o avanzado?"

— "De iniciación" dice Oscar.

Y el empleado, sin ir a ninguna parte ni agacharse, nos da el libro de Galipete. Lo pagamos. "Gracias." "Adiós."

En la calle comentamos el caso:

—Oscar, aquí ha habido un fallo de Matrix. No esperaban que nos diésemos cuenta, pero es totalmente improbable que el empleado tuviese en el mostrador el libro de Galipete. Bueno, de hecho no había ningún libro en el mostrador. Pero se le ha materializado en la mano. Creo que es la prueba de que vivimos en una realidad ficticia.

—Es cierto. Se ha notado un poco. Me parece que sólo nos queda una solución, que es pedirle a Morfeo que venga, y tomarnos la pastilla azul. Para vivir en nuestra fantasía sin problemas.

—¿Es lo que harías tú?

—Sí. Yo siempre pienso que yo elegiría la pastilla azul, y no la roja. Esa te manda a la realidad, pero allí tienes muchos problemas, luchando con máquinas y pulpos mecánicos. Yo creo que es mejor vivir en nuestra realidad.

—¿En nuestra realidad autocontenida?

—Claro, porque cuando quieres puedes jugar a Matrix en un videojuego. Y así tienes la ventaja de que no sales lesionado.

—Oscar, este concepto me parece que podríamos llamarlo el de la reversibilidad de las realidades. O quizá el de la mutua inserción paradójica de las realidades.

—Los que eligen la pastilla roja son valientes, pero les falta un gen. El gen de la cobardía: que es muy útil, porque nos permite sobrevivir. La cobardía se hizo para adaptarnos al mundo y poder sobrevivir; los valientes normalmente mueren enseguida.

—Hoy estás sembrao, Otas. Bueno, según en qué casos también viene bien tener el gen de la valentía, que también puede ayudar a sobrevivir. Entonces necesitamos mejor los dos genes: el de la cobardía y el de la valentía. Y un tercer gen, que ordene activarse a uno o a otro según convenga.

—Ya sé; el gen de la inteligencia.





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