martes, 6 de julio de 2010

El ordenador renacentista

The Renaissance Computer: Knowledge Technology in the First Age of Print, libro editado por Neil Rhodes y Jonathan Sawday (Routledge, 2000).

Los editores presentan el libro con una recomendación de Stephen Greenblatt ("an exciting and adventurous book"), y un planteamiento general de la cuestión, que traduzco. El paradigma es, digamos, McLuhaniano, en la línea de La Galaxia Gutenberg (—un antecedente importante son también las reflexiones de W. J. Ong sobre la imprenta al final de Orality and Literacy).

"En el siglo XV, la imprenta era la 'nueva tecnología'. La primera revolución informática empezó con la llegada del libro impreso, que permitió a los estudiosos del Renacimiento formular nuevas maneras de organizar y diseminar el conocimiento.

Para 1500 había ya veinte millones de libros circulando por Europa. ¿Cuál fue el impacto sobre nuestra manera de entender el mundo que tuvo esta enorme explosión en la circulación de textos e imágenes?

El Ordenador del Renacimiento examina el fascinante desarrollo de nuevos métodos de almacenamiento y búsqueda de información que tuvo lugar con la llegada de la letra impresa. Ahora que nos embarcamos en la segunda revolución de la información, un deslumbrante plantel de importantes expertos en cultura renacentista explora asuntos que hoy son significativamente urgentes; entre ellos:
- La contribución de las tecnologías del conocimiento a la formación de los estados y a la identidad nacional.
- el efecto de la multimedialidad, de la oralidad y de la memoria, en la educación.
- La importancia de la presentación visual de la información y de cómo los artefactos de búsqueda reflejan y dirigen las maneras de pensar."

Un breve índice traducido, antes de pasar a algunas notas sobre cada capítulo:

Neil Rhodes y Jonathan Sawday, "Introducción. Mundos de papel. Imaginando el ordenador del Renacimiento,"
Leah S. Marcus, "El silencio del archivo y el ruido del ciberespacio,"
Jonathan Sawday, "Hacia el ordenador renacentista,"
Timothy J. Reiss, "Del Trivum al Quadrivium: Ramus, el método, y la tecnología matemática,"
Stephen Orgel, "Iconos textuales: Leyendo las ilustraciones de la primera Edad Moderna,"
Thomas S. Corns, "El buscador de la primera Edad Moderna: Índices alfabéticos, páginas de título, marginalia, contenidos."
Andrew Hadfield, "Saberes nacionales e internacionales: Los límites de las historias de las naciones."
Sarah Annes Brown, "La Red de Aracne: La mitografía intertextual y el Acteón renacentista."
Nonna Crook y Neil Rhodes, "Las Hijas de la Memoria: el Gunaikeion de Thomas Heywood y el Ordenador Femenino."
Anne Lake Prescott "La Academia Francesa de Pierre de La Primaudaye: Volviéndose enciclopédico."
Claire Preston. "En la selva de las formas: Ideas y cosas en los gabinetes de curiosidades de Thomas Browne."
Neil Rhodes, "Redes Articuladas: El Yo, el Libro y el Mundo"

Una adivinanza. Teniendo en cuenta que la portada reproduce una representación gráfica de una red de servidores y sitios web conectados entre sí, ¿por qué las letras de la palabra cOmPuTEr en el título tienen distinto tamaño? (Respuesta aquí: http://www.opte.org/history/).


Neil Rhodes y Jonathan Sawday, "Introduction: Paperworlds: Imagining the Renaissance Computer." 1-17.

Se subestima con frecuencia el impacto que produjo la imprenta no sólo en la compra y distribución de libros, sino también en su producción. Antes, cada libro se encargaba en los copistas un poco "a medida": el contenido y forma de cada libro era "resultado de una negociación entre el productor y el consumidor" (2). Esto empezó a cambiar a partir del siglo XIII con la producción de libros de texto para los estudiantes universitarios—y la imprenta sería la transformación definitiva. Los libros habían sido ejemplares raros, únicos, personalizados por su amanuense y por las notas de sus usuarios."La nueva tecnología de la imprenta con capital intensivo de principios del siglos XVI podía reproducir réplicas casi libres de errores de un texto dado, una y otra vez" (4). Observan los autores la prudencia y moderación de Lutero (lejos de presentarse como un revolucionario incendiario) cuando en lugar de imprimir sus tesis si más las sometió a debate en la Iglesia según el procedimiento escolástico establecido. Más bien se queja Lutero en una carta de 1518 a Christopher Scheurl de que no quería que circulasen tanto sus tesis, sino sólo entre unos pocos entendidos, hasta que fuesen aprobadas—y que con la imprenta se difunden y traducen por todas partes. Si damos esto por bueno, dicen los autores, sería "uno de los primeros ejemplos en que el medio se lleva la culpa del mensaje" (5). Pero inmediatamente se apunta Lutero al nuevo medio, y anuncia la próxima publicación de su Sermón sobre las Indulgencias y la Gracia (1518)—el primer best-seller, según Mark U. Edwards (Printing, Propaganda, and Martin Luther, 1994). "La gente está engañada", dice Lutero, y procede a desengañarla mediante el debate público y publicado. Observan Rhodes y Sawday: "No hay sugerencia ahora de dirigirse a un grupo elitista de académicos y de colegas eclesiásticos. Más bien, Lutero ha entendido que el medio, tanto como sus propias palabras, había creado un público, y que había que inventar ahora nuevas maneras de dirigirse a ese público" (6). La imprenta sería un importante medio de difusión de las ideas reformistas. Se hizo posible el desarrollo de las bibliotecas particulares, y personajes como Lutero se volvieron autores— autores vivos, o contemporáneos, hechos por el público lector, no autores pasados cuya autoridad derivaba de un lento proceso de filtrado educativo mediatizado por las autoridades. Se desarrolla así, con la prensas, el espacio de debate público característico de la mentalidad europea moderna.

Es un paso similar al que se dio hace poco con la difusión del ordenador personal y de la publicación personalizada. Hay analogías interesantes entre el desarrollo de las técnicas de uso y búsqueda de información en una y otra época. De hecho ya antes de la imprenta habían empezado a desarrollarse instrumentos de "búsqueda" para permitir el acceso a la información: índices, listas de contenidos para los voluminosos códices. La misma forma del códice invitaba a "buscar" infomación de manera más manejable que la del rollo de pergamino.

"Pero fue la multiplicidad misma de los libros impresos la que rápidamente educó a sus lectores en cómo leer. El lector tenía que aprender a participar en la construcción de un texto, buscando en él de maneras que el autor podría no haber anticipado nunca, ligando juntas ideas que aparecen localizadas en partes diferentes de la obra, incluso comparando las ideas o textos que se encuentran en fuentes distintas con relativa facilidad. La mesa de trabajo del investigador moderno, atestada de hojas de papel y artefactos de escritura, desbordante de libros apilados unos sobre otros, había llegado" (7).

La página impresa pronto generalizó instrumentos como secciones y subsecciones, notas al pie o al margen, divisiones de párrrafos a veces en distinto tipo de letra para señalar jerarquías informativas, claves para relacionar ilustraciones y letra impresa, etc. La llegada de la imprenta puede compararse a la creación de un nuevo sistema operativo para la transmisión y almacenamiento de ideas. La imprenta dio a los textos una fijeza que no tenían antes, para bien o para mal (Martin Davis, "Humanism in Script and Print"). La uniformidad establece nuevos protocolos de lectura, y enfrentarse a textos previos al desarrollo de la imprenta requiere dominar todo un universo de capacidades lectoras diferente. El orden alfabético, sin más, se desarrolló como consecuencia de la imprenta, aunque no se difundió como medio de organizar la información hasta el siglo XVII. Observa Tom MacArthur que en un principio el orden alfabético "debió parecer un orden perverso, inconexo y en última instancia carente de sentido, para hombres que estaban interesados en marcos bien definidos para contener todo tipo de conocimientos" (8-9).

"Las bases de datos del ordenador del Renacimiento son las grandes colecciones de conocimientos reunidas por los humanistas: los tesauros retóricos, diccionarios, mitologías, historias, atlas y cosmologías. Estos se pasaban a los impresores y emergían como 'enciclopedias', 'espejos', 'anatomías', 'teatros', 'digestos' y 'compendios', términos que proliferaron repentinamente en el siglo XVI" (9).

(—y que son efecto de la nueva tecnología, igual que los cibergéneros, blogs, foros, etc., lo son de la tecnología de la Web 2.0)

En The Faerie Queene de Spenser, la mente humana aparece retratada bajo la imagen de un viejo escritorio con pergaminos imperfectos y apolillados—No había en la época métodos fiables de indexación, búsqueda y ordenación de la información. Y en un universo que se percibe como fragmentado, cualquier imposición de orden, siquiera sea arbitrario, será bienvenido:

"Entonces, como ahora, la nueva tecnología parecía prometer la realización de ese viejo sueño de los escolásticos de amasar el conocimiento universal (omne scibile—todo lo que se puede saber) en una biblioteca infinita, pero la realidad era más dura de lograr" (9)

McLuhan y Ong ya estudiaron cada uno a su estilo la relación entre la era de la imprenta y la era electrónica, "planteando cuestiones que sólo ahora están empezando a ocupar un papel central en el debate académico en las humanidades" (9). Seguidos por D. F. McKenzie, Roger Chartier, etc. "La experiencia multimedia moderna a través del ordenador nos estimula a pensar de nuevo sobre las relaciones entre voz y escritura, texto e imagen en periodos anteriores" (10).

Ong llamó la atención sobre la reconceptualización del conocimiento, su presentación y transmisión en Petrus Ramus:

"no hay duda de que explotó las posibilidades de las formas visuales de la imprenta para crear maneras innovadoras de transmitir el conocimiento, y de que pedagógicamente su influencia fue inmensa. La idea del 'Método' de Ramus la adoptaron los impresores, de manera que hacia la segunda mitad del siglo XVI, mucho antes de que la adoptase Descartes, la palabra 'método' aparece más frecuentemente como parte del título de los libros, más aún que los familiares espejos, teatros y anatomías" (10)

A veces pasa desapercibida la manera en que la nueva tecnología también supone una perpetuación de la antigua, prolongando su vida. (Algo parecido sucede ahora en el caso de mi bibliografía—artefacto informatico pero relativo a libros, tecnología pasada pero también presente, diseñada a caballo entre la letra impresa y la pantalla, en parte un resto del pasado superado, y también quizá una manera de ese pasado de perpetuarse en el ámbito de los nuevos medios. Este párrafo es especialmente adecuado al caso):

"El Ordenador del Renacimiento tiene así rostro de Jano, mirando a la vez hacia delante y hacia atrás. Prometiendo acceso a un nuevo medio de explorar y comprender el mundo, su tendencia, inicialmente, fue simplemente la de acumular catálogos en expansión permanente de todo lo que ya se conocía" (11)

—sólo más tarde pasaría a hacerse uso crítico y conectivo de esas acumulaciones de saber. Los renacentistas eran también medievales a su modo. La circulación de colecciones manuscritas de poesía continuó, por ejemplo durante doscientos años tras la invención de la imprenta. (Esto nos indicaría analógicamente que los libros impresos podrían durar, como forma marginal de distribución, hasta la segunda mitad del siglo XXII—más o menos).

Más notable aún, señalan los autores, la lección académica o conferencia ha sobrevivido hasta hoy, a las fotocopiadoras y al acceso en red a materiales de enseñanza.

La era de la imprenta creó la era del libro como objeto fijo y texto estable (dentro de unos límites). Hoy, el ordenador y el hipertexto "están rápidamente deshaciendo esa idealización de la estabilidad, y están devolviéndonos a un tipo de textualidad que puede tener más en común con la era previa a la imprenta" (12).

—y se alteran los nexos creados por la estabilidad tecnológica previa: de producción, financiación, distribución, derechos, venta… En red no hay finales, todo es más colaborativo, interactivo. Donde sí se parecen las nuevas tecnologías de la imprenta y el ordenador es en la multiplicación del volumen de la información—produciendo el peligro de la sobrecarga informativa: necesitaremos desarrollar técnicas, dicen Rhodes y Sawday, para enfrentarnos a la sobreabundancia (copia) y que ésta no nos empobrezca. La respuesta de los humanistas, en su momento, fue el desarrollo de un nuevo género, los libros de notas o de lugares comunes, como el De copia verborum atque rerum de Erasmo. Se organizaba temáticamente más bien que alfabéticamente, y era según Ann Moss un "sistema de recuperación de información" que respondía a "la explosión del conocimiento en forma de libros impresos a lo largo del siglo XVI" (13). (Podríamos comparar estos libros de lugares comunes a las misceláneas y collectanea varia que tienen algo de antepasados del blog personal—pues éste es, en cierto modo, el libro de lugares comunes o de anotaciones que corresponde al nuevo régimen de las comunicaciones en red. El blog como blog misceláneo de notas y de enlaces).

Como hoy el ordenador, la imprenta produjo una sensación a la vez de caos universal del la información, y de conexión o conectividad universal. En el Renacimiento proliferan los sistemas de analogías y correspondencias para ordenar e interpretar el mundo; según Montaigne "toutes choses se tiennent par quelque similitude", y hay una consciencia de una interconexión de sentido, con "el libro de la Naturaleza como un intertexto gigante de múltiples conexiones y alusiones" (13). (Hoy, los enlaces hipertextuales parecen ofrecer una nueva versión de esa conectividad universal. Remito aquí a algunas reflexiones de mi artículo sobre intertextualidad e hipertextualidad, "Linkterature: from Word to Web").

"Los ensayos de este libro, pues, exploran la tecnología de los textos impresos en época temprana, para revelar cúantas de las funciones y efectos del ordenador contemporáneo se imaginaron, anticiparon o incluso se iban buscando mucho antes de la invención de la tecnología digital de los ordenadores modernos."

Hay en el proyecto de The Renaissance Computer una dosis inevitable (y quizá no indeseable) de distorsión retrospectiva, pues evidentemente los esfuerzos precibernéticos de los escritores e impresores del Renacimiento tienen un aspecto muy distinto hoy del que tenían para quienes estaban inmersos en ellos. Pero surgen de esta perspectiva retrospectiva unas dimensiones muy interesantes de las tecnologías de la textualidad y de la información de la primera Edad Moderna, y un cierto espejo en el que contemplarnos, y especular sobre lo que estamos haciendo, ordenando estos textos en este ordenador.

Leah S Marcus, "The Silence of the Archive and the Noise of Cyberspace." 18-28.
Jonathan Sawday, "Toward the Renaissance Computer." 29-44.
Timothy J. Reiss, "From Trivium to Quadrivium: Ramus, Method and Mathematical Technology." 45-58.
Stephen Orgel, "Textual Icons: Reading Early Modern Illustrations." 59-94.
Thomas S. Corns, "The Early Modern Search Engine: Indices, Title Pages, Marginalia and Contents." 95-105.
Andrew Hadfield, "National and International Knowledge: The Limits of the Histories of Nations." 106-19.
Sarah Annes Brown, "Arachne's Web: Intertextual Mythography and the Renaissance Actaeon." 120-34.
Nonna Crook y Neil Rhodes, "The Daughters of Memory: Thomas Heywood's Gunaikeion and the Female Computer." 135-56.
Anne Lake Prescott, "Pierre de La Primaudaye's French Academy: Growing Encyclopaedic." 157-69.
Claire Preston, "In the Wilderness of Forms. Ideas and Things in Thomas Browne's Cabinets of Curiosity." 170-83.
Neil Rhodes, "Articulate Networks: The Self, the Book and the World." 184-96.





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