martes, 31 de octubre de 2023

No es fe la fe que no dura

 Poemas de amor imposible de La Galatea de Cervantes.


Mayor fe en lo más dudoso

 

Por lo imposible peleo,

Y si quiero retirarme

Ni paso ni senda veo:

Que, hasta vencer o acabarme

Tras sí me lleva el deseo.

Y aunque sé que aquí es forzoso

Antes morir que vencer,

Cuando estoy más peligroso

Entonces vengo a tener

Mayor fe en lo más dudoso.

 

El cielo, que me condena

A no esperar buena andanza,

Me da siempre a mano llena

Sin las sombras de esperanza,

Mil certidumbres de pena.

Mas mi percho valeroso,

Que se abrasa y  se resuelve

En vivo fuego amoroso,

En contracambio le vuelve

Mayor fe en lo más dudoso.

 

Inconstancia firme, duda,

Falsa fe, cierto temor,

Voluntad de amor desnuda

Nunca turban el amor

Que de firme no se muda.

Vuele el tiempo presuroso,

Suceda ausencia o desdén,

Crezca el mal, mengüe el reposo

Que yo tendré por mi bien

Mayor fe en lo más dudoso.

 

¿No es conocida locura

Y notable desvarío

Querer yo lo que ventura

Me niega, y el hado mío,

Y la suerte no asegura?

De todo estoy temeroso,

No hay gusto que me entretenga,

Y en trance tan peligroso,

Me hace el amor que tenga

Mayor fe en lo más dudoso.

 

Alcanzo de mi dolor

Que está en tal término puesto,

Que llega donde el amor;

Y el imaginar en esto,

Templa en parte su rigor.

De pobre y menesteroso,

Doy a la imaginación

Alivio tan congojoso,

Porque tenga el corazón

Mayor fe en lo más dudoso.

 

Y más ahora, que vienen

De golpe todos los males;

Y, para que más me penen,

Aunque todos son mortales,

En la vida me entretienen.

Mas, en fin, si un fin hermoso

Nuestra vida en honra sube,

El mío me hará famoso,

Porque en muerte y vida tuve

Mayor fe en lo más dudoso.

 

 

Sola la fe permanece

 

¡Cuán fácil cosa es llevarse

El viento las esperanzas

Que pudieron fabricarse

De las vanas confianzas

Que suelen imaginarse!

Todo concluye y fenece:

Las esperanzas de amor.

Los medios que el tiempo ofrece;

Mas en el buen amador

Sola la fe permanece

 

Ella en mi tal fuerza alcanza,

Que, a pesar de aquel desdén,

Lleno de desconfianza,

Siempre me asegura un bien

Que sustenta la esperanza.

Y aunque el amor desfallece

En el blanco, airado pecho

Que tanto mis males crece,

En el mío, a su despecho,

Sola la fe permanece.

 

Sabes, amor, tú, que cobras

Tributo de mi fe cierta,

Y tanto en cobrar le sobras,

Que mi fe nunca fue muerta,

Pues se aviva con mis obras.

Y sabes bien que descrece

Toda mi gloria y contento

Cuanto más tu furia cresce,

Y que en mi alma de asiento

Sola la fe permanece.

 

Pero si es cosa notoria,

Y no hay que poner duda en ella,

Que la fe no entra en la gloria,

Yo, que no estaré sin ella,

¿Qué triunfo espero o victoria?

Mi sentido desvanece

Con el mal que se figura;

Todo el bien desaparece.

Y, entre tanta desventura,

Sola la fe permanece.

 

 

Fe viva, esperanza muerta

 

En el mal que me lastima

Y en el bien de mi dolor,

Es mi fe de tanta estima,

Que, ni huye del temor,

Ni a la esperanza se arrima.

No la turba o desconcierta

Ver que está mi pena cierta

En su difícil subida.

Ni que consumen la vida

Fe viva, esperanza muerta.

 

Milagro es este en mi mal;

Mas eslo, porque mi bien,

Si viene, venga a ser tal,

Que, entre mil bienes, le den

La palma por principal.

La fama, con lengua experta,

Dé al mundo noticia cierta.

Que el firme amor se mantiene

En mi pecho, adonde tiene

Fe viva, esperanza muerta.

 

Vuestro desdén riguroso

Y mi humilde merecer,

Me tienen tan temeroso,

Que ya que os supe querer,

Ni puedo hablaros, ni oso.

Veo de contino abierta

A mi desdicha la puerta,

Y que acabo poco a poco,

Porque con vos valen poco

Fe viva, esperanza muerta.

 

No llega a mi fantasía

Un tan loco devaneo,

Como es pensar que podría

El menor bien que deseo

Alcanzar por la fe mía.

Podéis, pastora, estar cierta

Que el alma rendida acierta

A amaros cual merecéis,

Pues siempre en ella hallaréis

Fe viva, esperanza muerta.

 

 

No es fe la fe que no dura

 

Si a las veces desespera

Del bien la firme afición,

Quien desmaya en la carrera

De la amorosa pasión

¿Qué fruto o qué premio espera?

Yo no sé quién se asegura

Gloria, gustos y ventura

Por un ímpetu amoroso.

Si en él y en el más dichoso

No es fe la fe que no dura.

 

En mil trances ya sabidos

Se han visto, y en los amores,

Los soberbios y atrevidos,

Al principio vencedores.

Y a la fin quedar vencidos.

Sabe el que tiene cordura

Que en la firmeza se apura

El triunfo de la batalla,

Y sabe que, aunque se halla,

No es fe la fe que no dura.

 

En el que quisiere amar

No más de por su contento,

Es imposible durar

En su vano pensamiento

La fe que se ha de guardar.

Si en la mayor desventura

Mi fe tan firme y segura,

Como en el bien no estuviera,

Yo mismo della dijera,

No es fe la fe que no dura.

 

El ímpetu y ligereza

De un nuevo amador insano,

Los llantos y la tristeza,

Son nubes que en el verano

Se deshacen con presteza.

No es amor el que le apura,

Sino apetito y locura,

Pues cuanto  quiere, no quiere;

No es amante el que no muere,

No es fe la fe que no dura.

 

 

Sola es fe la fe que os tengo

 

Amarili, ingrata y bella,

¿Quién os podrá enternecer,

Si os vienen a endurecer

Las ansias de mi querella,

Y la fe de mi querer?

Bien sabéis, pastora, vos

Que, en el amor que mantengo,

A tan alto extremo vengo,

Que, después de la de Dios,

Sola es fe la fe que os tengo.

 

Y puesto que subo tanto

En amar cosa mortal

Tal bien encierra mi mal,

Que el alma por él levanto

A su patria natural.

Por esto conozco y sé

Que tal es mi amor tan luengo

Como muero y me entretengo,

Y que, si en amor hay fe,

Sola es fe la fe que os tengo.

 

Los muchos años gastados

En amorosos servicios,

Del alma los sacrificios,

De mi fe y de mis cuidados

Dan manifiestos indicios.

Por esto no os pediré

Remedio al mal que sostengo,

Y, si a pedírosle vengo,

Es, Amarili, porque

Sola es fe la fe que os tengo.

 

En el mar de mi tormenta

Jamás he visto bonanza,

Y aquella alegre esperanza

Con quien la fe se sustenta,

De la mía no se alcanza.

Del amor y de fortuna

Me quejo; mas no me vengo,

Pues por ellas a tal vengo,

Que, sin esperanza alguna,

Sola es fe la fe que os tengo.

 

 

—oOo—

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