lunes, 25 de julio de 2011

Somos hijos de la guerra

Somos hijos de la guerra por Javier Falgueras Cano: una tesis que se resume como sigue:
karzai
"Partimos de una simple hipótesis, acorde con los más estrictos principios etológicos y de convergencia evolutiva, cual es... Más  que por el cambio climático en el África ancestral, los primeros homínidos tuvieron que aumentar los enfrentamientos por el territorio en la misma medida en que los árboles desaparecían. Hasta el punto en que apareció la sabana, y la presión selectiva motivada por estas contiendas se hizo más intensa incluso que la Selección Natural. A partir de aquí la mayor parte de las adaptaciones positivas que se seleccionan son las que dan la victoria en combate. Cada vez seremos más guerreros, más gregarios y más inteligentes. Y con ello podemos explicar fácilmente los universales que nos separan del resto de animales, y que nos hacen únicos, como el bipedismo, la mano acortada, la aguda visión estereoscópica, el altruismo, las relaciones sociales y sexuales, el lenguaje, el arte, la extinción de las demás especies de homínidos, el fenómeno de masas, el de Estocolmo, el tribalismo, la guerra, etc."

Es una tesis que pocas veces se oye enunciada tan claramente, y que me parece q
ue tiene una gran dosis de verdad—de verdad de la desagradable, que es lo que puede explicar el que se oiga tan poco.

De hecho se ha oído mucho esta tesis, aunque no en el lenguaje de la etología y del evolucionismo, que es el que se utiliza aquí. Nuestra visión tradicional de la historia siempre ha sido la de "reyes y batallas": pueblos y sociedades pugnando con otras por el dominio, el territorio o por la vida sin más; conquistas, matanzas, genocidios, poblaciones desplazadas y arrinconadas. La historia de los Westerns, sin ir más lejos, o de las películas de la Segunda Guerra Mundial. La carrera armamentista y la Guerra Fría todavía la tenemos muy presente—si no el famoso Choque de Civilizaciones de Hutchinson—y somos conscientes de los presupuestos destinados a los ejércitos y de que la tecnología de punta de lanza en investigación va asociada siempre a tecnología militar. Internet, sin ir más lejos, o la investigación en energía nuclear. Y esperen a ver qué inventos horrendos salen del LHC. En suma, que la tesis ésta no nos pilla de nuevas, todo lo más como un modo de recalcar algo que nos resulta muy familiar, y de llevarlo al origen mismo de la humanidad. No es que la humanidad sea humanidad, y además (como un defecto molesto, o o como un mal superable) sea violenta. Es que la humanidad se ha hecho humanidad mediante la violencia, el dominio y explotación de todo lo que la rodea—y muy especialmente con la exterminación de competidores cercanos, incluyendo a todas las demás especies de homínidos que formaban grupos menos potentes—ejércitos menos competitivos, según lo pondría Falgueras— y esto sin distinguir mucho en si pertenecían a la misma especie o no, pues la especie misma se va "refinando" mediante la asimilación cultural de los grupos marginales a la modalidad cultural dominante, o su exterminación.

Sirve muy en concreto la tesis para explicar el funcionamiento de los grupos humanos para su mayor eficacia, la división social del trabajo entre las tres castas tradicionales: los guerreros, los trabajadores, y los sacerdotes. Siendo la misión de los sacerdotes aquí articular el universo ideológico que da cohesión al grupo—los dioses que el pueblo tiene unos en exclusiva (como hoy los santos patrones) y otros compartidos con la etnia que proporciona no sólo competidores de bajo nivel sino también aliados potenciales ante enemigos externos más hostiles. Si es que aún se reconoce la dinámica tribal en la misma distribución de la tierra y de las solidaridades ideológicas.

En suma, que la importancia de este razonamiento se halla en subrayar cómo la organización social y la naturaleza misma de los seres humanos está íntimamente ligada a la lógica de la guerra.  Sin entrar en si es concebible que la guerra desaparezca o se supere como medio de resolución de conflictos—historia hipotética ésta—lo que sí podemos decir es que la historia efectiva se ha hecho con la guerra. La guerra nos ha hecho humanos, y ha sido consustancial al desarrollo de las civilizaciones, y de las formas de la socialidad humana. De hecho la socialidad y ayuda mutua con los próximos no son sino la otra cara de la hostilidad y competencia con los que son un poco menos próximos. Hobbes ya decía que el hombre es un lobo para el hombre—le faltaba añadir que los lobos cooperan para cazar. La ayuda mutua, la socialidad, la racionalidad, el lenguaje, las leyes y la cultura, no se han desarrollado ni ejercido nunca en el vacío, sino en un marco de conflicto siempre latente o abierto entre especies, etnias, poblaciones y grupos sociales, pugnando por la supervivencia y por los recursos propios y ajenos. Es normal que nuestra atención se dirija a otra parte, y que esto sea a la vez evidente y pase desapercibido—como decía Nietzsche, la reflexión nunca ha sido muy dada a reconocer que cabalga a lomos de un tigre.



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