miércoles, 19 de enero de 2011

Construcción del espacio-tiempo humano

Un interesante artículo de Susan Savage-Rumbaugh en On the Human, "Human Language—Human Consciousness", comparando las modalidades de cognición humanas con las de los bonobos, parientes biológicos cercanos pero cognitivamente lejanos. Enfatiza la importancia del lenguaje en la construcción de un orden simbólico virtual que es el que habitan los humanos (ver más en "La caverna del cerebro: el lenguaje como realidad virtual"). Me interesa este párrafo que especifica las consecuencias para la autoconceptualización vital humana, mostrando cómo somos seres cognitivamente narrativos, que construimos una historia particular en la que habitamos.

A personal narrative then arises through the vehicle of language. Indeed a personal narrative is required, expected and placed upon every human being, by the very nature of human language. This personal narrative becomes organized around the anticipated bodily changes that it is imagined will take place from birth to old age. The power of the bifurcated mind, through linguistically encoded expectancies, shapes and molds all of human behavior. When these capacities are jointly executed by other similar minds — the substrate of human culture is manufactured. Human culture, because it rides upon a manufactured space/time self-reflective substrate, is unique. Though it shares some properties with animal culture, it is not merely a natural Darwinian extension of animal culture. It is based on constructed time/space, constructed mental relationships, constructed moral responsibilities, and constructed personal narratives — and individuals, must, at all times, justify their actions toward another on the basis of their co-constructed expectancies.

Hoy mismo, por cierto, ponían este enlace en el grupo de LinkedIn de Narratividad: you are a living story, nos dice Juliet Bruce, y el trabajo de construir y reconstruir y reescribir la historia personal—aparte del de vivirla—es continuo. El libro de Gary Saul Morson Narrative and Freedom: The Shadows of Time analiza algunas maneras patológicas, y otras críticas y saludables, de vivir la relación con el tiempo y el pasado y el futuro, y de construir una imagen de nuestra experiencia temporal que sea habitable y no nos encarcele en nuestras propias ficciones.

En el seno de otras historias la construimos esa historia personal, claro, y esto me hace insistir en la importancia de la noción de anclaje narrativo, sobre la que pienso volver próximamente. El anclaje narrativo de unas historias en otras, es parte de una construcción cognitiva de la realidad—más en concreto parte de la dimensión narrativa de esa construcción cognitiva de la realidad, lo que podríamos llamar narrative mapping o la construcción de mapas narrativos.

En "Interacción internalizada: El desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico" comentaba más aspectos de esta interacción entre cognición y lenguaje que crea la realidad simbólicamente estructurada propia de los humanos.
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Podríamos concebir La Máquina de E. M. Forster como una expresión límite de dicha construcción humana de una realidad virtual en la que habitar. La Máquina, la Caverna, Matrix—se le pueden dar distintos nombres a la realidad mental en que habitamos. Y cierto que elijo unas versiones inquietantes o sofocantes, de esa realidad artificial que creamos—versiones que se han vuelto en exceso artificiales. Pero es difícil concebir la vida humana en un espacio y en un tiempo no amueblados y habilitados por las tecnologías de generación social. El espacio en que habitamos está socializado, estructurado artificialmente e interaccionalmente—y asimismo el tiempo. (Sobre la teoría del tiempo social de Julio Iglesias de Ussel escribí en Tecnologías de sincronización).

Y también es una construcción social la interioridad humana—el espacio y el tiempo interiores. En este artículo sobre la realidad como expectativa autocumplida desarrollo más esta idea: la realidad en la que habitamos es, en principio, la que esperamos encontrar, la pactada socialmente—y ese pacto social se aplica a nuestras relaciones con nosotros mismos. Son consecuencias ulteriores de ese carácter construido del espacio-tiempo humano al que se refiere Savage-Rumbaugh. 

(Lo que no me queda claro es el matiz antidarwinista de Savage-Rumbaugh—por qué no habría de estar la capacidad cognitiva humana sometida a leyes darwinianas. Si ha resultado seleccionada hasta ahora la cognición humana, es precisamente por sus beneficios competitivos en el ecosistema en el que competían los humanos. Otra cosa es que den lugar esa cognición humana y esa socialidad humana a otro ecosistema emergente, propiamente humano).

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Y otro corolario más, sobre esto de habitar espacio-tiempos virtuales. Una observación sobre la vida personal como historia o narración me ha venido a la cabeza, a cuenta de La Carte et le territoire de Michel Houellebecq. Oyendo hablar a su padre, observa el protagonista de la novela cómo la obra y carrera de su padre, un arquitecto, parecen resumirse en la recreación y reelaboración de una obsesión infantil. Las vidas son resumibles: lo que tienen de característico o individual, si es identificable o reconocible, se resume al fin en poco espacio:

Son père se tut à nouveau, resta comme suspendu dans ses souvenirs, pus se tassa sur lui-même, parut se rapetisser, s'amenuiser, et Jed prit alors conscience de la fougue, de l'enthousiasme avec lesquels il avait parlé pendant ces dernières minutes. Jamais il ne l'avait entendu parler ainsi, depuis qu'il était enfant—et jamais plus, songea-t-il aussitôt, il ne l'entendrait parler ainsi, il venait de revivre, pour la dernière fois, l'espérance et l'échec qui formaient l'histoire de sa vie. C'est peu de chose, en général, une vie humaine, ça peut se résumer à un nombre d'événements restreint, et cette fois Jed avait bel et bien compris, l'amertume et les années perdues, le cancer et le stress, le suicide de sa mère aussi. (229)
(...) Les derniers dessins réalisés par son père n'évoquaient en aucun cas un bâtiment habitable, en tout cas par des humains. Des escaliers en spirale montaient vertigineusement jusqu'aux cieux, rejoignant des passerelles ténues, translucides, qui unissaient des bâtiments irréguliers, lancéolés, d'une blancheur éblouissante, dont les formes rappelaient celles de certains cirrus. Au fond, se dit tristement Jed en refermant le dossier, son père n'avait jamais cessé de vouloir bâtir des maisons pour les hirondelles. (406)



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