sábado, 9 de abril de 2011

Nueva normativa de másteres

Sigue el perpetuum mobile de normativas de estudios de postgrado. Tras el nuevo decreto de Doctorado, ahora la Universidad de Zaragoza reorganizará sus estudios de máster—en una línea que parece apuntar a mayores requisitos (y por supuesto mayores papeleos) para la implantación de estudios de máster. El discurso es cómo no el de la calidad, junto con el de la viabilidad—y en la práctica supondrá un ajuste selectivo de la oferta a la nueva realidad económica de la Universidad: que tiene que aprovechar personal, reducir gastos, y recortar estudios. Incluidos los de calidad que no tengan buena ratio calidad-precio. A los que no recorte, los llamarán de calidad—o léase al revés, harán una selección de lo que interese conservar por A, B o C, y se guardará lo más competitivo según criterios de número de estudiantes, financiación externa recibida, y posibilidades de competir frente a otras universidades. Ya cuando estaba yo en la Comisión de Doctorado íbamos teledirigidos con unas plantillas encaminadas a recortar programas de doctorado. Que, vale, será más viable económicamente para una universidad endeudada hasta las cejas, pero difícilmente puede considerarse que es una mejora del conocimiento o un aumento de la calidad en todos los sentidos, el eliminar estudios y posibilidades de doctorarse en áreas y especialidades donde antes sí se podía. El estrangulamiento burocrático será inexorable. En nuestro departamento igual son noticias bienvenidas para algunos (eso de que ahora sí se reconoce como un criterio prioritario la existencia de proyectos financiados, para la existencia del máster)—pero de hecho es dudoso que nuestros másteres puedan sobrevivir en la nueva ecología académica. Ya hay uno que sobrevivirá de oficio, de hecho el peor organizado—el de Formación de Profesorado que nos aterrizó de rebote y por imposición ministerial, en una facultad de Educación que no estaba lista para organizar ni ése ni el resto de la colección de másteres paralelos que forman el llamado "Máster de Secundaria". Allí se ve bien claro que una cosa es la calidad (académicamente o intelectualmente entendida) y otra las plantillas administrativas que se utilizan para distribuir enseñanzas por aquí y por allá y recortar por unos sitios y otros. Difícil veo que sobreviva a las evaluaciones y plantillas el máster de Estudios Textuales y Culturales en Lengua Inglesa, por falta de demanda estudiantil—aunque tenga muchos indicadores de calidad adicionales. Seguramente habrá conversaciones para reorganizar todo el mapa de másteres y ofertar sólo uno de Filologías Modernas... o quizá sólo uno de estudios ingleses.  El máster de Traducción tendrá que ceder sus estudiantes por el bien de la causa, me temo, para juntar fuerzas. De los papeleos ya mayúsculos que tuvieron que hacer los coordinadores para implantar los másteres ahora existentes, yo me libré en tiempos porque mis colegas me vetaron la entrada de entrada, anticipándose a un futuro que quizá nunca llegue y haciendo obligatorio ya, hace seis años, venir con la financiación debajo del brazo (en forma de proyecto subvencionado) para poder participar en la docencia. Luego un juez les obligó a los coordinadores a dar marcha atrás y retrotraer toda la cuestión y deshacer toda esa normativa sobrepuesta, y comérseme con tomate les apeteciera o no.  Los nuevos papeleos para diseñar el máster creo que van a dejar pequeños a los anteriores—así que esperemos les queden fuerzas o ganas a nuestros catedráticos para seguir coordinando, y que las nuevas plantillas y cuadrículas aprieten pero no ahoguen. Si no, se cerrará el chiringuito de los postgrados filológicos, y la Universidad... agradecida, que estamos de recortes y nos gustan más los másteres con prácticas en empresas. Y con el máster es de temer que caerá el Doctorado en Estudios Ingleses, que lo tiene como puerta de entrada. Y habremos hecho una calidad como unas tortas. Eso de doctorarse por amor al arte no tiene bastante calidad, así de entrada, en el Nuevo Mundo boloñés—tiene que haber cifras detrás que lo avalen. Y toda esta historia es también parte del discurso de la competencia entre universidades—para que unas destaquen inter pares, lo más expeditivo es cerrar a las otras o cortarles los recursos. Tened y se os dará: hasta Cristo estaría de acuerdo con eso.



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