lunes, 17 de enero de 2011

Pasan corriendo unos perros




Me pregunta Oscar por las diferencias de cotización entre las obras de Picasso y las de otros pintores. Lamento haber perdido el cuento "El Conejo", uno que tenía Álvaro de pequeño. Era una obrita crítica, con cierta penetración satírica en el mundo del arte, similar a la que se muestra en la última novela de Houellebecq, La Carte et le territoire.  Reconstruiré el texto de memoria, aunque lástima de las ilustraciones, no desmerecían de los cuadros de Rabanito. El Topo como crítico era impagable.
Y los Perros vienen a simbolizar, a mi entender, el funcionamiento azaroso de los Torbellinos de Información.


       El Conejo

El artista Rabanito
trabaja con gran ardor;
nuestro amigo el Conejito
quiere ser un gran pintor.

Expone con ilusión
sus cuadros para venderlos:
pero, ¡qué desilusión!
Nadie se acerca a mirarlos.

Pasan corriendo unos Perros
sin mirar por dónde van.
—¡Mis cuadros!—grita el conejo—
¡Que me los vais a ensuciar!

—¡Gamberros!—llora el conejo
con la mayor amargura—
¡Habéis dejado mis cuadros
buenos para la basura!

Cuando ya iba a tirarlos,
surge el primer comprador:
—¡Esto es Arte!—dice el Topo—
¡Qué armonía! ¡Qué color!

—¿Borrones quiere la gente?
¡Pues vaya gustos más raros!
Cuantos mamarrachos pinta
Se los quitan de las manos.

Rico y famoso el artista,
de nada se ha de privar.
Con zanahorias y alfalfa
hoy se podrá regalar.

¡Rabanito está contento!
Y como pintar borrones
le lleva muy poco tiempo,
pasa el resto en diversiones.
 
 

El mapa y el territorio

Me he leído con mucho interés la última novela de Michel Houellebecq, Premio Goncourt 2010, La carte et le territoire. Me dijo mi amiga Tere que había una polémica a cuenta de que había copiado a la Wikipedia, y en efecto, la había—en la Wikipedia mismo puede encontrarse el debate, en el artículo dedicado a Michel Houellebecq, el cual no ha copiado el autor, a pesar de su notable interés por sí mismo. Realmente merece un artículo en Vanity Fea, el tema éste del uso de sí mismo que hace Houellebecq. En líneas generales supongo que se le puede ubicar en la línea de este razonamiento que hacía yo a cuenta de David Lodge y Quin Dai, hace poco. En una sociedad mediática en la que la literatura es espectáculo, los best-sellers son espectáculo, y los autores son parte del espectáculo, era de esperar que surjan usos experimentales de la figura del autor, o curiosidades si se quiere, como el caso de Houellebecq, que es uno de los principales personajes de esta novela, ficcionalizado en parte, no puede ser de otra manera porque está ambientada en el futuro, dentro de unos años.  Si Houellebecq copia a la Wikipedia, ha dicho, es en parte buscando un estilo neutro y objetivo—quizá también como parodia anticipada del tipo de literatura que puede tener éxito hoy en día. A Jonathan Littell lo llamaban novelista de wikipedia (por su documentación): bien se ve que merece mucho más el calificativo Houellebecq, que a ratos también aspira al estilo de la Wikipedia (a veces hay trozos mal pegados incluso, pero no les criticaré yo el gusto a los jueces del Premio Goncourt).

En suma, la novela va (al menos en parte) sobre la carrera artística de Jed Martin, primero fotógrafo, luego pintor y luego cineasta experimental por llamarlo algo. El título se refiere en parte a los mapas Michelin que fotografiaba Jed, en una fase que le lanzó como artista, después de unos estudios de arte un poco pasmados. De hecho Jed está algo pasmado toda la vida, mira la vida pasar, como si no tuviese mucho que ver con él. En realidad es un artista muy dedicado, aunque a un nivel se tome su arte tan poco en serio como su vida—como Houellebecq copiando cachos de Wikipedia y haciéndolos pasar por arte. A Jed le acaban lloviendo los millones cuando su obra (por efectos del capitalismo) alcanza cotizaciones extravagantes y ridículas, es un pintor bueno, lo sabe él mismo, pero en cuanto a la lluvia de millones, dice, "Il ne faut pas chercher de sens à ce qui n'en a aucun" (395). Y so it goes, en efecto. El dinero no hace más feliz a Jed, ni más desgraciado. Se aísla y vive el resto de su vida solo, dedicado a hacer unas películas experimentales sobre la vegetación invadiendo las obras humanas, una especie de pronunciamiento cósmico sobre la falta de sentido no sólo de su existencia, sino de la existencia humana en general—lo superfluo de las aspiraciones humanas vistas desde fuera, un punto de vista que Jed (y su sosias Houellebecq) logran atisbar. Por cierto que la narración simpatiza abiertamente, en la medida en que la simpatía es una emoción de su registro, con este personaje totalmente carente de calor humano, de empatía y de interés por sus semejantes. Suponiendo que los haya. Pero tampoco es tan raro, Jed—le llega una carretada más de millones mientras veía La Bande à Picsou en Disney Channel, a falta de cosas más interesantes que hacer con su vida. Conoce a una mujer hermosísima, inteligente, que lo aprecia—Olga, que trabajaba para Michelin—pero la deja irse de su vida sin mover un dedo. Cuando tiene oportunidad de volver con ella años después, una vez medida la profundidad del vacío que ha dejado, vuelve a rechazarla, y elige el absurdo de su existencia solitaria—más fiel quizá a la última realidad humana, no sé, pero en todo caso más fiel a su vocación de solitario.  Con Olga había explorado el territorio, además del mapa. Francia, la Francia rural en la que acabará viviendo—por cierto, parece ser que Houellebecq había ido a parar al cabo de Gata, como José Angel Valente, no sé si aún seguirá por allí. En Jed vemos una versión parcial del propio autor, sin duda. Otra la vemos en el propio personaje de Houellebecq, con quien siente Jed una afinidad temperamental, y que será el tema de su último cuadro, de precio disparatado.  Se lo va a entregar a Houellebecq—y la siguiente vez que volverá a su casa será para decirle a la policía que el cuadro falta. Un detalle que permitirá resolver el crimen que investigaba la policía.

Bien, porque otro episodio central de la novela es el asesinato espectacular de Houellebecq, a quien encuentran en su casa hecho jirones de carne, distribuidos por todo el salón imitando un poco una pintura de Pollock. Su cabeza, y la de su perro, las han dejado contemplando la escena. La policía pensaba en un asesinato ritual, maníaco—y no sé por qué revisan sus ideas cuando descubren que lo ha matado un coleccionista, por el cuadro al parecer. Cada cual que piense lo que quiera—el asesino sí era un maníaco, un fabricante de monstruos aunque a su manera es otro eco más del propio autor, con su mundillo inhumano separado de la humanidad.  Insisto en que estos Houellebecq y Jed son sólo avatares o humores del autor, aunque con el primero coincidan ciertos hechos autobiográficos (como su estancia en Irlanda, o su depresión). Espero, y supongo, vamos—el mapa nunca coincide con el territorio, aunque esta novela juegue con la idea—por muy hiperrealista que sea la pintura del mapa. Y desde luego Houellebecq tiene aparte de mucha indiferencia a muchos intereses humanos, un gran sentido del humor y una ironía olímpica sobre sí mismo, o sobre la persona en la que podría convertirse en una vida posible. Se presenta a sí mismo, en las visitas de Jed y en la investigación policial, como un personaje asocial, aislado del mundo y de la amistad, borracho, desorganizado en su vida personal—probablemente ve mucho La bande à Picsou en Disney Channel entre cheque y cheque de sus editores. Aunque su vida social es mucho más intensa, como se ve por el frenesí de nombres de personajes reales, mediáticos, periodísticos etc. de Francia que aparecen por la novela. El name-dropping del que habla la Wikipedia: por una parte es una estrategia transparente para lanzar la novela, para que hablen de ella los famosos que en ella aparecen (Beigbeder, Sollers, etc.) y todos los que les siguen la pista—parte del márketing mediático bien estudiado que decíamos. Por otra, es obvio que es una estrategia interesante, y que en cierto modo Houellebecq está cogiendo por los cuernos el toro de la realidad con la que tiene que lidiar, en su labor de artista. El arte aparece aquí como algo divorciado de la inteligencia—digamos que sigue su propio instinto, su visión u obligación inexplicable, y son los críticos (en el caso de Jed, el propio Houellebecq y otros) quienes aportan una justificación intelectual para las labores del artista. El mismo artista está viendo las aventuras del tío Gilito; y por supuesto es el mercado quien decide la cotización, un absurdo del cual no hablaremos más, como Wittgenstein (395).

"Nous aussi, nous sommes des produits", le dice Houellebecq a Jed, viendo su coche, "des produits culturels. Nous aussi, nous serons frappés d'obsolescence. Le fonctionnement du dispositif est identique—à ceci près qu'il n'y a pas, en général, d'amélioration technique ou fonctionnelle évidente ; seul demeure l'exigence de nouveauté à l'état pur" (172)

—Y a eso aspira la novela, a estar atenta a su tiempo, y al futuro inmediato que la va a desplazar y a revelar su irrelevancia.





Otros hilos tiene la novela, que como digo es un retrato rico, sarcástico, de la soledad occidental hipermediatizada e hiperrepresentada. Por ejemplo la relación de Jed con su padre. Es también tema de un cuadro suyo (de la serie de cuadros hiperrealistas sobre profesionales que lo hace multimillonario). Lo ve una vez al año, un ritual absurdo de comida navideña, y poco más. El propio Houellebecq tampoco tuvo buena familia, y podría decirse que se ve. El padre de Jed va a morir, no tiene apego a la vida, le parece una triste broma que le hayan tenido que poner un ano artificial, y se va a Suiza a una floreciente empresa dedicada a la eutanasia—mucho más floreciente que el burdel de la puerta de al lado, al parecer atiende esta empresa a cien clientes diarios. Jed va a preguntar por su padre, que fue "atendido debidamente"—y acaba dándole una paliza a la gerente. Pero sin gran pasión tampoco, sólo quizá por justicia estética o sentido del deber. Las despedidas de los padres suelen ser malas e insuficientes; ésta capta lo malo de modo muy logrado.

Bueno, quizá me despida yo con una descripción de Houellebecq visto por Jed visto por Houellebecq. Tenía el autor unos cincuenta años aquí, es varios años antes de su muerte que tendrá lugar en el futuro inmediato, hacia 2015, y esperemos que no esté calculada. Jed llama a la puerta de Houellebecq, en Irlanda:


Tocó y redobló durante al menos dos minutos a su puerta, bajo una lluvia violenta, antes de que Houellebecq viniese a abrirle. El autor de Las Partículas Elementales iba vestido con un pijama rayado gris que le daba una vaga apariencia de presidiario de culebrón televisivo; llevaba el pelo revuelto y sucio, la cara colorada, casi como si tuviese rosácea, y apestaba un poco. La incapacidad de asearse es una de las señales más seguras de la caída en estado depresivo, se acordó Jed. (....) Las cajas de las mudanzas seguían sin abrir. Había echado barriga desde la última vez, pero su cuello, sus brazos, seguían igual de descarnados; parecía una tortuga vieja y enferma. (166)

¡La figure de l'auteur, indeed! Como decía, no le falta humor ni autoironía, dentro de la desolación. Cierto que es un experimento literario logrado, La carte et le territoire, aunque adolezca de obsolescencia prevista, si no planificada. Take it sudden as it flies / Though you take it not to hold...



 
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Le Temps des cerises

Una canción que ya era vieja cuando nací yo.  Y joven no soy.








domingo, 16 de enero de 2011

Conversación de anónimos sobre el Asunto

 

No había visto esta página con la noticia de El Periódico donde se informó sobre nuestro contencioso. Si llego a saber lo de la edición en red pongo algún comentario, ahora están cerrados.  Es curioso ver las opiniones de la gente al respecto; unos desprecian todo lo que tenga que ver con jerarquías académicas (claro que habrá que verlos a ellos en la cola del supermercado, si alguien quiere pasar antes...) y otros critican bastante al departamento. Las intervenciones van en orden blog, las más recientes arriba.


gentuza - 13/01/2011 - 18:50:38 h.
Los servicios jurídicos de la Universidad han tenido que defender a una catedrática que se negaba a acatar las órdenes del rector???? PUES QUE SE LE PASE LA MINUTA Y SE PUBLIQUEN SUS NOMBRES Y APELLIDOS, que no tenemos que pagar sus cacicadas el resto de gente. 


Universitario. - 13/01/2011 - 18:43:55 h.
ESte proceso ha puesto en evidencia cómo se las gastan los poderes fácticos en esta universidad de provincias, a la que no hace mella La Constitución. Los de siempre siguen mandando a su modo, cubriendo sus actos con apariencias de legalidad.
Esto es una universidad cazurra. Así llegará al núm 1 del ranking mundial... de cazurrez. 


fede - 13/01/2011 - 18:21:58 h.
Esta gente que quiere imponer sus criterios desluce el papel de la Universidad y dice mucho de su calidad humana e investigadora. Ahí quede en el recuerdo, en prensa escrita y digital para el resto de sus vidas. Que todos los estudiantes sepan who is who entre sus profesores. 


reverte - 13/01/2011 - 18:14:26 h.
Menuda novedad... universidades españolas politizadas y con enchufismo galopante...

Generalmente sociatas ya doctrinadoras. 


Filólogo - 13/01/2011 - 15:12:57 h.
Bravo por los dos profesores. 


Bebo - 13/01/2011 - 14:46:30 h.
Pues no hay mas que buscar en el blog del que ha ganado el juicio:

http://garciala.blogia.com/2007/021803-reincidencia-en-la-reincidencia.php

Elo - 13/01/2011 - 14:15:11 h.
Sería bueno que se publicase nombres y apellidos de las personas que querían imponer sus criterios, nada de ampararse en departamentos.

María - 13/01/2011 - 13:56:51 h.
Quien lea lo sucedido aquí sabe que esto no es más que la punta del iceberg.
Un caso en el que los afectados no se han dejado pisotear, como es sana costumbre si quieres salir en la foto en la Universidad española.
Lo malo es que el resto de estas situaciones siguen en el mayor de los silencios porque si pides justicia, ya puedes ir buscando otra profesión, dado que la universidad española, por medio de llamadas telefónicas entre amigos, te habrá cerrado las puertas.

Traviesa - 13/01/2011 - 13:27:20 h.
Hay mas mamoneo en unizar que en el tranvia...
Que retiren al fumador!

Gothic - 13/01/2011 - 13:11:32 h.
Ahora podrían investigar si algún doctorando ha plagiado trabajos y encima ha aprobado, porque es vox populi y vergüenza ajena da a los que defendemos a capa y espada a nuestra institución universitaria.

Preguntón - 13/01/2011 - 13:02:58 h.
La endogamia con la que funciona la universidad, unida a la arbitrariedad departamental en asignación de asignaturas es algo clásico que perdurará ad aeternum.

Una pena...es lo que tenemos. Así se llega al ejemplo de que un profesor especialista en X le asignen otra asignatura Y que nada tiene que ver con su especialidad por el mero hecho de haber llegado el último al departamento.

Atención atención - 13/01/2011 - 12:52:30 h.
Es que hasta alumnos han ido al defensor del universitario por cuestiones que atañen a este departamento. Y cuestiones graves. A ver en qué queda la cosa.

Qué penica - 13/01/2011 - 12:40:37 h.
A mí tampoco me sorprende...Burocracia universitaria en estado puro. Quinquenios por aquí, sexenios por allá...jerarquías...No conozco un sitio con más jerarquías y escalafones...y sin embargo no manda nadie. Todos saben quién está por encima -y elige antes- y quién por debajo -y se queda con los restos-. Pero allí no hay nadie que mande, gestione, de instrucciones...y se responsabilice de ello. Así va la Universidad, que es un refugio de incompetentes donde el que menos importa es el alumno.

por desgracia - 13/01/2011 - 12:21:50 h.
A mi tampoco me sorprende la noticia, por desgracia gran parte de la universidad funciona asi.....

no me extraña - 13/01/2011 - 11:46:09 h.
A mí no me sorprende nada esta noticia por lo que tengo entendido de este departamento.

En mi blog de Blogia también me han puesto algún comentario, así como en la página de El Periódico en la que figuraba la respuesta del Director justificando la actuación del departamento.


Javier - 14/01/2011 - 17:16:15 h.
Blablabla, profesores, doctores, catedráticos de universidad y lo que quieran ser, dando pena y ningún ejemplo de inteligencia.
Uno espera algo más de la docencia universitaria.

elenita - 14/01/2011 - 13:36:01 h.
No se puede justificar lo injustificable. Vergonzoso.

 
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Sonetik

Elena Frolova cantando un poema de Joseph Brodsky. Se siente uno como uno de esos rusos de la salita, recordando aquellos años imaginarios en Crimea.







sábado, 15 de enero de 2011

El Gran Diseño y Hacedor de Estrellas (4): Historias alternativas


En el capítulo 4 de
The Grand Design, Hawking y Mlodinow equiparan el comportamiento del universo al de un sistema subatómico regido por leyes cuánticas.

La física cuántica nos presenta un panorama extraño sobre el comportamiento de la naturaleza a escala atómica y subatómica. Por ejemplo, el famoso experimento de las dos ranuras lelvado a cabo por Davisson y Germer, del que parece deducirse que cada partícula puede interferir consigo misma, y pasar por las dos ranuras a la vez... O el principio de incertidumbre de Heisenberg, que formula la imposibilidad de medir simultáneamente la posición y la velocidad de una partícula.

"La física cuántica parecería socavar la idea de que la naturaleza está gobernada por leyes, pero no es así. En vez de eso, nos lleva a aceptar un nuevo tipo de determinismo: Dado el estado de un sistema en algún momento dado, las leyes de la naturaleza determinan las probabilidadesw de varios futuros y pasados, en lugar de determinar el futuro y el pasado con certidumbre". (72).


Estas probabilidades cuánticas revelan la estructura aleatoria de la realidad—por mucho que nuestra "realidad aparente" sea menos aleatoria. Lo subyacente pocos lo entendemos—nadie entiende la mecánica cuántica, dijo Feynman, supongo que incluyéndose a sí mismo.  Feynman sin embargo explicó cómo un mundo de apariencia newtoniana (o sea, "de andar por casa") puede surgir a partir de un universo regido por leyes cuánticas.

En el caso de la partícula que pasa por las dos ranuras, decía Feynman, lo que sucede es que las partículas siguen todos los trayectos, y los siguen simultáneamente:

"Suena a ciencia ficción, pero no lo es. Feynman formuló una expresión matemática (la suma de historias de Feynman) que refleja esta idea y que reproduce todas las leyes de la física cuántica. En la teoría de Feynman las matemáticas y la representación física son diferentes de la formulación original de la física cuántica, pero las predicciones son las mismas" (75).


En sustancia, aunque las partículas individuales tienen este comportamiento pongamos que impredecible, "para los objetos grandes, las trayectorias muy similares a la trayectoria predicha por Newton tendrán fases similares y se sumarán para dar un resultado cuya contribución a la suma es la mayor con gran diferencia, así el único destino que tiene una probabilidad efectivamente mayor que cero es el destino predicho por la teoría newtoniana, y ese destino tiene una probabilidad que es casi de uno. De ahí que los objetos grandes se muevan igual que predice que lo van a hacer la teoría de Newton." (79).

Esto parece una manera razonable de reducir la mecánica newtoniana a mecánica cuántica. Lo que parece más dudoso (y contradictorio) es la suposición continuada que se insinúa en este libro de que cualquier sistema es en principio igualmente azaroso, sea subatómico o no. Por ejemplo cuando se dice que

"Feynman mostró que, para un sistema general, la probabilidad de cualquier observación se construye de todas las historias posibles que podrían haber llevado a esa observación. Por eso su método se llama la formulación de 'suma de historias' o de 'historias alternativas' de la física cuántica" (80).
 



Insistamos sólo en que la observación de objetos grandes no es lo mismo que la de partículas subatómicas, y que por tanto la relevancia de esas historias alternativas es proporcionalmente tanto menos relevante en un ámbito que en otro. Más confusión puede surgir todavía si la noción de "pasado" definido en términos físicos, de física cuántica, se extiende indebidamente a la construcción del pasado en otros ámbitos o disciplinas—además de otras escalas. Por tanto, cuando Hawking/Mlodinow reescriben el pasado newtoniano, habría que ser muy prudentes y no extenderlo indebidamente del modo que decimos:

"Esta idea [las historias alternativas de Feynman] tiene importantes implicaciones para nuestro concepto del 'pasado' En teoría newtoniana, se presupone que el pasado existe como una serie definida de acontecimientos. (...) La física cuántica nos dice que por muy exhaustiva que sea nuestra observación del presente, el pasado (no observado), como el futuro, es indefinido, y existe sólo como un espectro de posibilidades. El universo, según la física cuántica, no tiene un único pasado, o una única historia" (82)

Perdón: pero yo diría más bien que sí tiene una sola historia a gran escala, aunque sea borrosa, o un jardín de senderos que se bifurcan, a pequeña escala.

"En este capítulo hemos ilustrado la física cuántica empleando el experimento de la doble ranura. En lo que sigue aplicaremos la formulación de Feynman de la mecánica cuántica al universo en su conjunto. Veremos que, como una partícula, el universo no tiene una única historia, sino todas las historias posibles, cada una con su propia probabilidad; y nuestras observaciones de su estado actual afectan a su pasado y determinan las diferentes historias del universo, igual que las observaciones de las partículas en el experimento de la doble ranura afectan al pasado de las partículas. Ese análisis mostrará cómo las leyes de la naturaleza surgieron del Big Bang". (83)

Cada una con su propia probabilidad: la desigualdad de probabilidades es aquí crucial, y sus implicaciones podrían pasar desapercibidas en la formulación de Hawking/M, que peca un tanto de matematizar la cuestión en exceso (cosa no sorprendente, claro, viniendo de un matemático). El Universo no es un entorno subatómico, y no lo conocemos del mismo modo que a las partículas. Aquí el peligro sería pasar alegremente a presuponer que todos los universos imaginables existen al mismo título
—como en Star Maker de Stapledon—, y al mismo tiempo, sólo que estamos en uno de ellos nada más—una biblioteca de Babel de tiempos diferentes e historias entrecruzadas. Mientras que la conclusión más correcta quizá sea la opuesta: que el pasado no existe (en el sentido en el que existe el presente). La indeterminabilidad del nivel subatómico no implica, ni mucho menos, la existencia cierta de muchas líneas de pasado y futuro en la evolución del universo macroscópico—más bien muy al contrario. Para más detalles sobre la no existencia del pasado, y del futuro, encuentro conveniente remitir a la Filosofía del Presente de George Herbert Mead.  Puesto que el pasado no existe (ya), habrá que construirlo, constantemente—pero ese pasado construido existe en tanto que operación cognitiva en unos agregados macroscópicos llamados astros, cuerpos, seres vivos, humanos, etc.  Por supuesto reconstrucciones de ésas habrá muchas y alternativas—incluso las hechas por científicos, cuando se topan con la imposibilidad de determinar el nivel subatómico. Como se ve, es compleja la cuestión de a qué nivel y en qué medida existe el pasado, y en qué muchos sentidos puede decirse que es un espectro de posibilidades según a qué nivel de abstracción hagamos el corte. Y en una teoría física, cuántica o no, no cabe una epistemología, ni una hermenéutica. La cuestión del pasado no quedará otra solución que tratarla al nivel macroscópico o microscópico adecuado para cada circunstancia y necesidad, y disciplina.  O, lo que es lo mismo, con los instrumentos cognitivos apropiados para cada uno de los fenómenos emergentes que se dan a los distintos niveles de escala física.

 
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viernes, 14 de enero de 2011

Welcome Again to the Hotel California

Volvemos al Hotel California, uno de esos sitios suspendidos fuera del tiempo que solemos visitar—y en los que quizá siga embebido nuestro fantasma, tomando champán rosa, cuando nosotros pasemos a otros asuntos.







Vaya, me ha salido tolerable. Me voy a tomar un Château d'Ayud para celebrarlo.



Valoraciones e idoneidades


La noticia de ayer de El Periódico sobre la resolución del contencioso docente en Filología Inglesa aparece hoy recogida de nuevo en la sección de "las noticias más valoradas" del periódico de ayer. Enlace que también nos pasa el resumen de prensa de la Universidad (excelente servicio, éste). También aparece como la noticia de ayer más leída en el dossier de prensa de la Universidad.  O sea que algún eco ha tenido la cosa. También me han escrito unos pocos colegas que habían pasado por asuntos parecidos, para felicitarnos por la resolución favorable del asunto.

Otra noticia recogida en El Periódico y el dossier es la respuesta que al parecer ha dado la Dirección del departamento (o sea, Ignacio Guillén) al periódico en relación a la noticia publicada ayer.  Merece un pequeño comentario—en puridad merecería una notita enviada al periódico, pero tampoco están las naciones pendientes del tema. Y es difícil enfocar el asunto de modo breve para quien no esté dentro de la Universidad. Dice la nota de hoy que Filología defiende su forma de adjudicar la docencia , aunque acata la sentencia del Juez, y el meollo de la argumentación del Director del departamento de Filología Inglesa y Alemana para "defender su método" es como sigue:

"Seguramente sea más práctico recurrir a la jerarquía académica o a la antigüedad en el cuerpo, pero nosotros creemos que, por ejemplo, impartir una asignatura que tiene que ver con la Commonwealth sea impartida por alguien con experiencia en la lengua inglesa", advirtió Ignacio Guillén, director del departamento y sobre quien recaen las principales acusaciones vertidas por los dos profesores que llevaron la adjudicación a los tribunales.

Este razonamiento cambia de modo grotesco las proporciones del asunto, pues ignora que la adjudicación se hace siempre entre profesores de la misma área de conocimiento. Vamos, que parece sugerir como si yo no supiera inglés, cuando soy Profesor Titular de esta materia, me doctoré en ella en los años ochenta, tengo un máster en ella en una universidad americana, y cinco quinquenios de experiencia docente reconocida y tres sexenios de investigación.

El ejemplo sugiere que mi único mérito es la jerarquía o antigüedad en la función pública. Pues no, señores. En la función pública y en el área de conocimiento a la que pertenece la materia. Y con abundantes méritos en ella, bastantes más que los demás candidatos reunidos. Lo que pasa es que ante la imposibilidad demostrada de que el departamento valore estos méritos de manera objetiva, pues por votación decidieron que yo tenía cero publicaciones y cero años de experiencia docente, y ante nuestras reclamaciones al respecto, el Juez optó por anular todo el proceso y atenerse a los criterios más objetivables. O sea que el criterio experto del Departamento, al que parece aludir el Director, se ha aplicado de manera tan torcida que ha habido que prescindir de él. Pero no llegará la sangre al río, ni vendrán a hablarnos de la Commonwealth los viejos catedráticos de teología, porque créanme que todo profesor de Filología Inglesa es experto en Filología Inglesa, acreditadamente.

Otra cosa es que quizá a estos profesores a los que les hemos pasado por delante, por currículum, o sea por  jerarquía y antigüedad, hubiesen trabajado más en los detalles del temario que ellos habían programado. Pero es que ese temario y programa lo habían hecho ellos, y no nosotros, porque los pusieron allí a dedo mientras que a nosotros se nos excluía de entrada, en plan "no tienen ustedes derecho". Así que hay una cierta petición de principio en toda esta cuestión de quién es experto en lo suyo y quién es más idóneo para qué. Sobre estas cosas guarda el Director un tupido silencio.

También defiende su postura el Director acudiendo a las cifras y al voto popular (pues todos sabemos que las mayorías democráticas nunca se equivocan): el Consejo de departamento, arguye, "votó con una balance de 25 a favor de lo que defendíamos nosotros por sólo dos votos en contra". Pues vaya, mire, resulta que los veinticinco se equivocaron, y los veinticinco decidieron desoír la sentencia anterior del juez. Son cosas que también pasan, que veinticinco vayan agarrados de la mano hacia no se sabe dónde.







Y, por cierto, sí hemos señalado al Dr. Guillén como máximo responsable a nivel administrativo de esta cuestión, porque lo es— él o la Universidad que no enmendó su actuación. Eso no es una opinión nuestra, es la responsabilidad atribuida por el Auto judicial, que no ha sido recurrido. Pero la inspiración de esta política no proviene del Dr. Guillén, eso también lo hemos dicho. Él, que no es catedrático, se ha limitado, como los otros veinticinco y otros tantos más que dejaron hacer, a seguir los deseos de los catedráticos en lugar de atenerse a la normativa o a las órdenes del Juez. Pero la inspiración originaria de todas estas actuaciones erróneas proviene, y eso es de dominio público, de la Dra. Susana Onega, que es la que siempre ha defendido la primacía docente e investigadora de los profesores que pertenecen a los grupos de investigación, por encima de los derechos de los demás profesores. El mérito de pertenecer al grupo de investigación de los catedráticos había de eclipsar y anular todos los demás. Esto es también no una opinión sino un hecho que ella misma supongo que no tendrá ningún problema en reconocer, pues ha sido siempre su postura explícita y decidida y transmitida a todos los demás profesores. Que sepamos, la sigue sosteniendo a pesar de la sentencia del juez.  Y lo mismo los Dres. Francisco Collado y Celestino Deleyto, que han defendido lo mismo también por activa y por pasiva, cosa que yo no me invento, en absoluto. En múltiples actas consta. En la última acta que hemos recibido vuelve a defender el Dr. Collado la "idoneidad" (entiéndase: definida por los catedráticos) como criterio para asignar la docencia, frente a la jerarquía y a la antigüedad que ordena utilizar el juez.

Lo que no consta en acta, pero también es muy cierto, es que si estos catedráticos cambiasen de criterio, todos los demás irían de la mano detrás, el Director el primero. Y por esa dejación de criterio pasa lo que pasa, y acaban las cosas como acaban.


 
 
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Hotel California


And still those voices are calling from far away....
Así sin ensayar, agarro la guitarra y esto es lo que sale bajo el epígrafe "Hotel California". Siempre prometo que algún día las ensayaré más, y a veces cumplo.








jueves, 13 de enero de 2011

On the Radio


Tarareando una canción de Regina Spektor:







Llegamos al Periódico

Me pasan por debajo de la puerta una fotocopia de una noticia de El Periódico de Aragón de hoy, en la que se habla de nuestro contencioso administrativo y de su resolución. La firma J. Oto, y remite como fuente a este blog; pues al parecer la Universidad sólo ha querido comentar que el conflicto responde a una 'cuestión interna'.

Quizá no esté de más aclarar que no conozco al periodista ni he tenido ningún contacto con él, aunque desde luego le agradezco que dé a conocer la cuestión a sus lectores.

 La noticia ha sido difundida a través del servicio de prensa de la Universidad (también está en este enlace). Se señala que "La asignación de la docencia en Filología acaba en los tribunales. El juez da la razón a dos profesores contra la ordenación seguida por el departamento. La sentencia obliga a apelar a la jerarquía académica y a la antigüedad".

Una pequeña inexactitud en la formulación de El Periódico es que yo no digo que haya trato de favor "hacia los catedráticos" (lo hay de oficio y por norma, vamos, que no es de favor sino de sistema)—a lo que iba es que hay trato de favor a los miembros de los equipos de los catedráticos —no catedráticos ellos mismos, pero que ejercen como tales con el único mérito decisivo de tener alianzas adecuadas.

Este departamento sigue estando infradotado de catedráticos, aunque la cosa se va remediando (es un decir) con las promociones de estos últimos años. Yo recomiendo a los catedráticos que si tan interesados están en promocionar a los miembros de sus equipos, que los hagan catedráticos, en lugar de hacerlos pasar por delante por la puerta falsa. Se lo agradecerán ellos, los primeros.

En cuanto a mí, diría yo a lo Groucho Marx que es un club, el de los catedráticos, al que prefiero tener el honor de no pertenecer, visto lo visto. Les envidio (un poquito, tampoco es para tanto) su sueldo, pero sus maneras son detestables, y el criterio que ejercen es casi invariablemente torcido, parcial e interesado, guiado únicamente por alianzas pasadas, presentes y futuras, favores mutuos y dependencias feudales. Un mismo mérito puede valer cien o cero, indistintamente, según sople el viento, en el tipo de valoración en que es especialista un catedrático. El instrumental requerido para la profesión es un embudo de tamaño natural, y en la medida en que se puede vender efectivamente el alma, es en estos tratos donde se vende.

Además, las uvas de la promoción a cátedras están verdes: otros tienen más "méritos acumulados" que yo, con todo este asunto a cuestas; van mucho mejor encaminados a la cátedra, y sería necedad pretender competir con currículos tan abultados.

 
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miércoles, 12 de enero de 2011

Graves daños te encumbrarán


Podría ser el título de algún grabado de los Caprichos de Goya. Y tiene ironía la cosa. Ahora resulta que algunas de las mejores pinturas de Goya, de las más geniales y originales, son como son porque resultaron gravemente dañadas en su traslado y "restauración".

Graves daños que, como se ve, las mejoraron y las hicieron menos convencionales de lo que eran en un principio. Así, el famoso perro enterrado que pintó Goya era menos abstracto y minimalista que el que ahora se exhibe en el Museo del Prado. Y la Pelea a Garrotazos no presentaba a los dos personajes enterrados en el suelo hasta las rodillas. 

Era una pelea más vulgar y menos expresionista. Parece que los desperfectos les sentaron bien a las pinturas, y el pincel de Goya se volvió más suelto y atrevido, retroactivamente.


Aquí hay una noticia de El Heraldo de Aragón que da más detalles, y que sin embargo no capta la deliciosa ironía de la situación. Sic transit Goya...


 
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martes, 11 de enero de 2011

Eet

Me suscribo al canal de YouTube de Regina Spektor. Eh, que sólo tiene 33544 suscriptores, conmigo. Merece más—me recuerda algo a Kate Bush, en lo chiflada e imaginativa. En Spotify también hay mucha Regina Spektor—lástima, así no le voy a comprar ningún disco.








It’s like forgetting the words to your favorite song
You can’t believe it
You were always singing along
It was so easy and the words so sweet
You can’t remember
You try to move your feet

It was so easy and the words so sweet
You can’t remember, you try to feel the beat...



 
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lunes, 10 de enero de 2011

La posición del sujeto

 

Me ha gustado pasablemente este fragmento de Lawrence Grossberg sobre el posicionamiento y constitución social del sujeto.  Más en todo caso que la conclusión global del artículo, que termina con un suspiro utópico en pos de una política de la identidad en la que el Sujeto fuese totalmente autónomo y eligiese sin condicionante alguno a qué grupos o colectivos se habría de adherir para autodefinirse y autoarticularse. (Supongo que la admisión a todos los clubs también sería libre y sin condicionantes, jjj...). Mundo celestial,  parece mentira que un materialista cultural admita siquiera semejante planteamiento angélico. En fin, aquí "la cuestión del sujeto" según Grossberg, traduzco:


La cuestión del sujeto es una cuestión epistemológica, en el sentido más amplio del término. El sujeto describe una posición en el seno de un ámbito de subjetividad o de un ámbito fenomenológico, producida por una maquinaria subjetivizadora específica (ya que no todas las subjetivizaciones son sujetificadoras). En la medida en que todos tienen una experiencia del mundo, la subjetividad debe ser en cierto sentido un valor universal (que de hecho puede ser accesible a más seres además de los humanos). Todos tienen alguna forma de subjetividad y así, en al menos un sentido, existen como sujeto, aunque investigaciones más detalladas habrían de especificar las diferentes formas de la existencia del sujeto. Todos existen en el centro de un ámbito fenomenológico y por tanto tienen algún tipo de acceso a la experiencia, a algún tipo de conocimiento sobre sí mismos y sobre su mundo. Por supuesto, bien puede ser que la subjetividad en tanto que valor necesario para la vida esté también desigualmente distribuida, que algunos individuos puedan tener la posibilidad de ocupar más de una de esas posiciones, que algunas de esas posiciones ofrezcan perspectivas específicas sobre la realidad que sean diferentes de otras, o que algunas posiciones vengan a ser más valoradas que otras. Podemos especificar algo acerca de la forma moderna de la subjetividad remitiéndonos al argumento de Althusser (1971) —y releyéndolo: la subjetividad moderna ha de funcionar, hasta cierto punto, en el sentido de "autorizar" la experiencia misma, aunque, de nuevo, algunas posiciones bien pueden ser más capaces que otras de dar expresión a su "autoridad" y de defenderla. En este sentido, la subjetividad no es una cuestión ontológica sino un valor epistemológico contextualmente producido. En términos de Deleuze, es el producto de una máquina estratificadora que produce lo real como una relación de contenido (cuerpos) y de expresión (subjetividad como valor).
 
Naturalmente, la subjetividad en este sentido es abstracta. Y al menos en el seno de las sociedades humanas, siempre está inscrita o distribuida en códigos culturales que organizan a los sujetos definiendo identidades sociales. Tales códigos valoran de modo diferencial determinadas posiciones concretas en el ámbito de la subjetividad. En otros términos, aunque todo el mundo existe en los estratos de la subjetividad, también están localizados en posiciones particulares, cada una de las cuales capacita dando posibilidades de experiencia y limitándolas, posibilitando la expresión de esas experiencias, y proporcionando legitimaciones para esas representaciones. Así, la cuestión de la identidad es una cuestión de poder social y de su articulación, de su anclaje, en el cuerpo de la población misma. En ese sentido, el yo en tanto que encarnación material de las identidades, los puntos materiales en los que los códigos de diferencia y distinción se inscriben en el ente social, existe sólo tras la inscipción de las diferencias históricas. Hall (1992: 16), por ejemplo, describe la función del racismo como "dirigida a sujetarnos a nosotros 'aquí' y a ellos 'allá', para fijar a cada cual en el lugar designado para su especie". En términos deleuzeanos, el yo es el producto de una maquinaria diferenciadora.

Aunque está claro que las estructuras de la subjetividad y del yo pueden influir en, y pueden articularse con cuestiones de poder y posibilidades agentivas, no hay razón para suponer que sean las mismas o equivalentes. De hecho, la cuestión de la agentividad es cosa de acción y de la naturaleza del cambio. En su forma más común, es la cuestión de Wittgenstein: ¿Qué diferencia hay entre que yo levante el brazo y que mi brazo se levante? Plantea cuestiones de intencionalidad pero sin presuponer una respuesta mentalista ni voluntarista. Obviamente, en el ámbito de los estudios culturales la cuestión de la agentividad supone más que una simple pregunta sobre si la gente controla sus propias acciones mediante algún acto volitivo. En términos de la modernidad clásica, la cuestión de la agentividad plantea cuestiones sobre el libre albedrío, o sobre cómo puede ser que la gente sea responsable por sus acciones determinadas. Pero en términos culturales más amplios, las cuestiones de agentividad implican la cuestión de las posibilidades de acción como intervenciones en los procesos mediante los cuales la realidad se está transformando continuamente, y en los que se ejerce el poder. Es decir, en términos de Marx, el problema de la agentividad es el problema de comprender cómo la gente hace la historia en condiciones que no son obra suya. ¿Quién llega a hacer historia?

(de "Identity and Cultural Studies", en Questions of Cultural Identity, ed. Stuart Hall y Paul Du Gay. Sage, 1996, pp. 98-99).

Aún no había escrito esto Lawrence Grossberg cuando adquirí mi primer libro suyo—sin comprarlo, por cierto. Era Marxism and the Interpretation of Culture, y servía de tope para mantener abierta una puerta en mi residencia de estudiantes, en Providence, Rhode Island. En 1989, cuando aún no había caído el Muro. La URSS cayó, recuerdo, años después—un verano, mientras yo limpiaba una piscina cerca de Chimillas.


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Degustación de libros


Volviendo de la plaza con Ivo y Oscar me explican sus gustos literarios—aclarándome que no incluyen a Jane Austen, pero sí en cambio exquisita literatura como por ejemplo Tolkien. Y especifica más Ivo:

Ivo:—El otro día probé los libros, para ver a qué sabían. Y los de Tolkien saben salados, muy bien sabían. Los de Christopher Tolkien, que me estoy leyendo ahora Los hijos de Húrin, saben dulces. Los de C. S. Lewis saben agridulces; los de Terry Pratchett casi agrios. Y los de J. K. Rowling saben ácidos.

Oscar: —Hum, pues es una suerte que así los ciegos podrán también disfrutar de esta literatura, sobre todo si se les agudizan los sentidos, incluido el gusto.


 
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domingo, 9 de enero de 2011

Welcome to the Machine



Oía yo ésta en Wish You Were Here... creo. Allá por 1980, o antes. Entonces no tenía hijos, ni máquinas a las que dar la bienvenida. Ahora... bienvenidos a la máquina.





 
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Leyendo intenciones




Llevo años ya republicando mis viejos escritos, sin llegar a alcanzarme. Cierto es que lo hago por triplicado. Hoy subo a Academia un viejo artículo, escrito en los ochenta y publicado hace veinte años, sobre teoría de la interpretación.

"Authorial Intention in Literary Hermeneutics: On Two American Theories"

Apareció en la Miscelánea departamental, pero veo que ese volumen no está en red. Ya en tiempos lo colgué en html, y ahora con Zamzar lo he convertido limpiamente a PDF para subirlo a mis repositorios habituales como el SSRN y Zaguán.

Otro artículo procedente de mi tesis de máster de Brown sobre "El Monstruo" de Stephen Crane, también de la misma época, y que también apareció en la Miscelánea.

Reading Racism: The Assumption of Authorial Intentions in Stephen Crane's 'The Monster'

En html está aquí. También lo subo al SSRN.  Mucho escribí sobre cuestiones de intencionalidad por esa época, y aún sigo en ello a veces. Algunos artículos más sobre el tema hay en mi página de publicaciones.


 
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La llave de Sarah



Recomiendo no perderse esta película, en especial a quien le gusten las películas de judíos perseguidos y de nazis—más en concreto el tipo de público al que le gustó La decisión de Sophie, con la que tiene algunos puntos estructurales de contacto. O, por traer la cosa más cerca, a quien le gustase Il y a longtemps que je t'aime, de Philippe Claudel, que no es de nazis pero sí de secretos y culpas del pasado enterrados largo tiempo. Y que es otra película francesa reciente que también recomiendo mucho. Por cierto que en las dos hacen papeles memorables tanto Frédéric Pierrot como Kristin Scott-Thomas.

Aquí siguen muchos spoilers, no suelo avisar yo de estas cosas. En IMDb hay más datos sobre esta película, llamada allí Her name was Sarah.

Tiene mucho mérito la película al retratar el colaboracionismo y antisemitismo francés, con ocasión del episodio del Velódromo de Invierno, de París, en el que miles de judíos fueron hacinados tras una redada por los barrios parisinos en el verano de 1942, y fueron deportados luego a los campos de exterminio. Todo a cargo de la policía francesa, a las órdenes de los nazis.

La película se origina en torno a dos personas que ocupan sucesivamente el mismo piso del barrio del Marais—Sarah Starzinsky, una niña, es apresada allí con sus padres—pero antes de salir deja a su hermanito Michel escondido en el armario y lo encierra con llave, diciéndole que volverá, que espere...

El piso es ocupado desde ese verano por la familia Tezac, y muchos años más tarde, la protagonista de la película, Julia Armond (Kristin Scott Thomas) va a trasladarse a él, con su marido Bertrand Tezac (Pierrot), hijo de los viejos ocupantes. Pero Julia está escribiendo un artículo sobre los judíos deportados de París, y decide investigar qué pasó para que ese piso quedase libre en el verano del 42.  Descubre Julia un esqueleto en el armario de la familia, por así decirlo.  Sarah consiguió escaparse del campo, y consiguió volver con su llave a colarse en el piso y abrir la puerta a su hermanito—pero lo encontró allí muerto, y de eso fueron testigos el abuelo de Bertrand y su padre. Éste le cuenta a Julia lo que sabe, un secreto bien guardado, del cual Bertrand no sabía nada. La película alterna entre la historia de Sarah y la de Julia, sacando poco a poco a la luz los años ocultos.

Julia investiga, 
y descubre en los archivos, entre tantos y tantos muertos con nombres, apellidos y fotos, la constancia de la muerte de los padres de Sarah, en los campos nazis. Pero Sarah no consta; ha desaparecido. Tras las revelaciones de su suegro, descubre Julia que Sarah estuvo unos años en el campo con una familia que la había recogido tras su fuga, pero luego se fue a América. Allí le sigue la pista Julia,  y acaba descubriendo más cosas—que Sarah se casó allí y que se suicidó poco después de tener un hijo. Su familia americana no sabía nada de su pasado europeo. También localiza al hijo, para quien todo era secreto—ni idea de su identidad judía oculta, pues Sarah temía las persecuciones. Algún trauma mal asumido la llevó a suicidarse—posiblemente la angustia que siente por la muerte de su hermanito.  Trae a la vida a un niño, y luego se suicida, inexplicablemente, como Primo Levi, una más de los salvados ahogados.

Al principio el hijo de Sarah, William, no quiere saber nada de esta historia que le descubre un secreto de familia doloroso, y le vuelve irreconocible a su madre. Son cosas que pasan—a veces la gente más próxima arrastra estos secretos, y nos da sorpresas póstumas.  Hay que reescribir la historia recibida, como decía Oscar Wilde—es un deber. Con el tiempo comprenderá mejor William su propia historia, y se reconciliará con Julia, a quien había despachado con malos modos. Quizá incluso acaban juntos como pareja.

Porque aquí interviene la otra línea argumental de la película: la crisis matrimonial de Julia. Tras muchos años de intentar tener un niño con Bertrand, se ha quedado embarazada—y éste no lo quiere. De hecho, la presiona para que aborte. Y a punto está Julia de hacerlo, por él, porque ella sí quiere tener el niño... (cosas que hace la gente, también, incluso gente supuestamente inteligente). Pero se interfiere la otra historia, y sale corriendo de la clínica abortiva. Y tendrá a su niña, y se separará de Bertrand. La niña se llamará Sarah.

La película es una soterrada polémica contra el aborto. Es la convergencia entre las persecuciones judías y la práctica del aborto gratuito donde se apoyan tanto el argumento como el simbolismo de la película. Establece un paralelismo, en su doble línea argumental, entre la chocante indiferencia de los parisinos a la persecución y exterminio de los judíos, y la indiferencia y falta de sensibilidad de todos los civilizados occidentales que rodean a Julia, frente a la cuestión del aborto. Julia paseándose entre las fotos de los judíos exterminados también se está paseando en cierto modo entre las fotos de quienes podrían haber nacido y no lo hicieron por decisión de los que habrían sido sus padres. La lista de judíos masacrados no es más larga que la lista potencial de bebés que fueron abortados.  Hay una continuidad en la ceguera selectiva y en la aceptación cotidiana de la crueldad—muchas personas viven esto con angustia y ven en la cultura del aborto contemporánea una "cultura de la muerte" con más analogías de las deseables con otros exterminios industriales masivos del siglo XX.
(No nos centraremos ahora en las diferencias que por supuesto también hay).




Y analogías hay —la película las señala de modo no insistente sino más bien indirecto y simbólico. Lo que da fuerza a Sarah para huir del campo y vivir es la llave que tiene, la que sacará a su hermanito del armario donde lo ha encerrado—a la vez un útero acogedor y protector, y una tumba que le espera sin él saberlo. La existencia de su propio hijo, William, quizá se deba al recuerdo traumático de ese pequeño tío suyo, Michel, del cual nada sabía. Sarah se quita la vida cuando William tenía aproximadamente la edad de Michel—quizá demasiado hastiada de responsabilidades, o abrumada sin más por un profundo trauma. Y la historia de Sarah, al entrecruzarse subliminalmente con la del embarazo de Julia, hará que ésta tome la decisión de seguir por su cuenta y marcar distancias con respecto a un marido que la quiere hacer abortar. Julia consigue hacer salir del armario de su vientre a la pequeña víctima simbólica. A la niña que nace le pone de nombre Sarah, en homenaje consciente a la pequeña superviviente.  La película propone que con la salida a la luz de los secretos ocultos el trauma se supera, y se puede seguir adelante, siendo conscientes del peso de la historia pero también liberados en parte de él. Bertrand era partidario de enterrar los secretos de familia; Julia prefiere enfrentarse a ellos, aunque las consecuencias sean desagradables. Asumir las responsabilidades del pasado a veces requiere reorganizar el presente, y tomar una dirección que quizá nos transforme y nos haga ver las cosas de otra manera, y nos separe de la gente a la que queríamos. Entretanto, han quedado víctimas por el camino.





Her Name Was Sarah. (La llave de Sarah).
Dir. Gilles Paquet-Brenner. Screenplay by Gilles Paquet-Brenner and Serge Joncour, based on Tatiana de Rosnay's novel Elle s'appelait Sarah. Cast: Kristin Scott Thomas (Julia Armond), Mélusine Mayance (Sarah Starzynki), Niels Arestrup (Jules Dufaure), Frédéric Pierrot (Bertrand Tezac), Michel Duchaussoy (Édouard Tezac), Dominique Frot (Geneviève Dufaure), Gisèle Casadesus (Mamé), Aidan Quinn (William Rainsferd), Natasha Mashkevich (Mme. Starzinski), Arben Bajraktaraj (M. Starzinski), Sarah Ber (Rachel), Karina Hin (Zoe Tezac), James Gerard (Mike Bambers), Charlotte Poutrel (Sarah jeune femme). Music by Max Richter. Cinemat. Pascal Ridao. Ed. Hervé Schneid. Prod. des. Françoise Dupertuis. Exec. Prod. Gaetan Rousseau. Prod. Stéphane Marsil. France: Hugo Productions – Studio 37 – TF1- France 2 (…), 2010.*


 
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sábado, 8 de enero de 2011

Internetquellen zur Komparatistik


Enlazan mi bibliografía entre los recursos recomendados de Internet para el estudio de la literatura comparada—en la Universidad Goethe, de Frankfurt.

Estoy en buena compañía con lo mejorcito de la Filología—entre asociaciones de prestigio, referencias a otras universidades alemanas, y publicaciones como éstas:


Stanford Encyclopedia of Philosophy
Diccionario de la Lengua Española
Encyclopaedia Britannica
Encyclopedia of Judaism
Internet Encyclopedia of Philosophy
The Living Handbook of Narratology
Oxford English Dictionary
Oxford Reference Online... etc.

Mi enlace está al final, entre las bibliografías, que además de la mía son éstas:

Annotierte Bibliographie zur Literaturtheorie
Bibliographie der Deutschen Sprach- und Literaturwissenschaft (BDSL Online)
Les bibliographies annotées de ADARR
MLA International Bibliography
Studienbibliographie zur Neuskandinavistik

Tampoco es sean del mismo nivel todas, pero... —"albricias y otras palabras alegres", como decía Leoncio el León.

 
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Mi fotoblog

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se puede ver haciendo clic en la foto ésta de Termineitor. Y hay más enlaces a cosas mías al pie de esta página.