tren es el
símbolo e instrumento de la modernidad, lo que se lleva a la India
antigua y la va acumulando en las calles de la gran ciudad. En esta
segunda parte muere el padre de Apu, en la ciudad sagrada de Benarés,
tras el primer éxodo, narrado en Pather
Panchali—ahora se ganaba allí la vida como sacerdote. Vuelve a
comenzar por así decirlo la historia narrada en la primera película, y
avanza un poco más, cuando Apu vuelve con su madre Sarbajaya a un
pueblo, tampoco lejos del tren, y empieza allí a asistir a la escuela.
Destacará como estudiante, y los libros, por pocos y precarios que
sean, le abrirán un mundo que era desconocido para sus compañeros, y
que lo llevará lejos del pueblo. Gana una beca, y va a estudiar, y
visita poco a su madre—nos preguntamos si el título, Aparajito, "los invictos", se
refiere a la tenacidad de Apu o también al carácter sacrificado de su
madre, pendiente del hijo, que la va dejando atrás como hacen los
hijos. El director lo muestra críticamente, frío y desapegado a veces,
pero también comprendiéndolo en su situación y en su dedicación a su
carrera. La protagonista emocional de la película es, por supuesto,
Sarbajaya, la madre (Karuna
Banerjee), conmovedora hasta decir basta, un arquetipo de abnegación,
ahorrando para el hijo, a la vez ayudándole a volar e intentando
retenerlo un poquito más en casa. Su viejo tío quería que Apu siguiese
la tradición familiar y se hiciera sacerdote, pero ir a la ciudad
significa también desapegarse de las viejas tradiciones. Ni siquiera
hace unas ceremonias fúnebres decentes al modo tradicional por su
madre, este Apu—tiene prisa, tiene exámenes, tiene impaciencia, dice
que ya se encargará de eso en la ciudad. Lo vemos alejarse, al final,
hacia el futuro, mientras su viejo tío lo mira desde el interior del
patio de la casa desvencijada. A la que seguramente no volverá Apu a
verlo vivo, se va sin mirar atrás. Qué película tan memorable, cómo
cuenta lo que tiene que contar sin una coma de más, qué moderna, o qué
eterna, en 1956, cuando estas historias pasaban y seguirían pasando,
aquí narradas por anticipado. El éxodo del pasado al futuro, del campo
a la ciudad, de la tradición a la modernidad, del apego al desapego— la
historia del mundo solapada con la historia de nuestra propia vida, es
la historia de muchos, en primera persona, no hace falta que la veamos
en cine, pero ayuda a entenderla, o a entendernos, o a vernos desde
fuera.
Entre Krahe y El Rocío
Hace 2 horas


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