jueves, 15 de octubre de 2009

Cultura popular, literatura y traducción



Segunda parte de la reseña del libro New Trends in Translation and Cultural Identity, ed. Micaela Muñoz-Calvo, Carmen Buesa-Gómez, y M. Ángeles Ruiz-Moneva (Cambridge Scholars Publishing, 2008). (I. Cultural Identity, Ideology, and Translation; II. Popular culture, literature and translation; III. Translating the Media: Translating the Culture; IV. Scientific Discourse as Cultural Translation).

Abre esta segunda parte Karen Seago (London Metropolitan U), que continúa su estudio de las traducciones de los cuentos de Grimm al inglés, en "Proto-Feminist Translation Strategies? A Case Study of 19th Century Translations of the Grimm Brothers' 'Sleeping Beauty'" (165-84). Estudia los sentidos localizados que adquieren las traducciones, con matices propios que les dan una especificidad histórica, en sus presupuestos culturales o sus actitudes genéricas. La perspectiva es feminista, siguiendo a Luise von Flotow: "Como la mujer, la traducción es un término negativo o infravalorado en un conjunto de oposiciones binarias en las que la masculinidad o el autor se asocian a la producción crativa y original, y las mujeres o los traductores a la imitación, a la reproducción" (165—traducciones mías). Frente a eso, la perspectiva feminista enfatiza el aspecto creativo de la traducción. Flotow identificaba una serie de estrategias traductológicas feministas—alguna de las cuales, por cierto, si bien pueden serlo típicamente, no lo son definitoria ni exclusivamente: el uso de prólogos y explicaciones de la intervención, la visibilización del trabajo de la traductora, el "secuestro" del texto exponiendo o saboteando sus ideas patriarcales, o transformando y corrigiendo éstas. Seago también matiza o modera las tendencias totalizantes de lo que podría ser un feminismo simplista o dicotómico, siguiendo a Massardier-Kenney, que propone también una serie de estrategias de traducción feministas, ya sea basadas en el autor o en el traductor. Con estos presupuestos teóricos se analiza un texto de la tradición "hostil" al feminismo (o viceversa), un texto patriarcal convencional como "La Bella Durmiente". Se comparan las traducciones de "La Bella Durmiente" de Matilda Louisa Davis (1855) y de Louisa Crane (1882) y sus respectivas elecciones y estrategias de traducción. Las traducciones no son declaradamente feministas, pero sí se aprecian intervenciones en el texto, y elecciones traductológicas, que refuerzan el papel de la mujer en el relato o debilitan ciertos presupuestos patriarcales del original. Crane, en particular, enfatiza la agentividad de las figuras femeninas o evita las construcciones gramaticales o elecciones léxicas que les atribuyan pasividad. La relectura de Grimm que hace Davis es menos pronunciadamente feminista, o más influida por el discurso entonces dominante sobre la mujer. Seago contempla estas opciones con referencia al debate sobre la naturaleza y el papel de la mujer, en la época victoriana, su complementariedad con respecto al hombre o su autonomía personal, y sobre cuál había de ser su papel en la esfera pública. Los detalles apreciados por Seago, y la modulación de una perspectiva y agentividad femenina, sólo se hacen visibles comparativamente, sobre la base de un estudio de diversas versiones del mismo texto.

Silvia Molina (Universidad Politécnica de of Madrid) escribe sobre "Conexiones perdidas: reescribiendo el feminismo anglonorteamericano en español ("Missed Connections: Re-Writing Anglo-American Feminism into Spanish", 185-93). Es un comentario de primera mano sobre la experiencia de la autora traducir un sustancial volumen de teoría feminista, Feminisms, A Reader (ed. Sandra Kemp y Judith Squires, Routledge, 1997), que incluye 85 textos representativos. Se comentan especialmente los conflictos inherentes al uso y traducción del género gramatical, un fenómeno que pone de manifiesto la dimensión interpretativa e ideológica de la traducción. También comienza la autora comentando las diversas estrategias de traducción relevantes desde una práctica feminista de la misma, y que se superponen al conjunto de problemas de transvase y adaptación culturales entre el original y la traducción: "las traductoras feministas repiensan no sólo la identidad cultural sino la genérica, dejando de lado las nociones 'naturales' preconcebidas" (186). A pesar del interés del tema, la orientación y redacción de este capítulo es sin embargo un tanto desorganizada e inconclusiva, y se encuentran traducciones discutibles o erratas ortográficas, como cuando se traduce una frase con estos acentos: "... nuestro deseo no-coercitivo de follar, cómo, cuándo, dónde elijamos".

La contribución de Ayse Banu Karadag (Universidad Técnica de Yildiz, Turquía) debe contemplarse en el contexto de la actual tensión entre occidentalización y tradicionalismo islámico en Turquía, y con el trasfondo de la influencia creciente del integrismo islamista. Versa sobre "La ideología religiosa y las traducciones de Robinson Crusoe al turco (otomano y moderno)" ("Religious Ideology and the Translations of Robinson Crusoe into [Ottoman and Modern] Turkish", 195-216). Aparte de ofrecer información bibliográfica al respecto, se centra en la traducción o adaptación de la obra de Defoe por el integrista Ali Çank1r1l1. Frente al Robinson heredado por la tradición turca, representante del hombre ilustrado occidental, este autor islamiza al personaje y a la obra—y comienza por presentarla como una deformación de Hayy Ibn Yaqzan de Ibn Tufail (a veces conocido en España como El Filósofo Autodidacto de Abentofail o Abubacer). La traducción reorienta el texto en múltiples aspectos, promoviendo la ideología del autor, en el seno de una casa editorial influida por el movimiento islámico Nur. Aun siendo informativo, este trabajo es muy elemental desde el punto de vista traductológico y del análisis de las ideologías, y se echa de ver que la autora no sólo escribe "con prudencia" sobre el fundamentalismo, sino que está todavía iniciándose en la redacción de trabajos académicos. Esto último sucede también con otras contribuciones de académicos jóvenes a este volumen.

Mª Isabel Herrando Rodrigo, de la Universidad de Zaragoza), escribe sobre los avatares traductológicos de otro clásico inglés del XVIII: en este caso, Los viajes de Gulliver y sus adaptaciones infantiles, en "A Reflection on Adaptations of Gulliver's Travels for Children and Teenagers in Spain During the Last Half of the 20th Century" (217-36). Es conocido el curioso destino de esta obra sarcástica e irónica, convertida en inofensivo cuento para niños. Herrando observa fenómenos como la simplificación o selección de episodios, la reutilización del mismo texto traducido, pero con distinto aparato crítico y editorial, para su orientación a diversos tipos o niveles de lectores, o las versiones simplificadas para su uso en clases de inglés: todo con atención a elementos paratextuales, como ilustraciones, notas, etc. Lo que yo subrayaría es que (todo lo característico de) Swift se pierde por el camino, y las traducciones se quedan con la anécdota o el episodio pintoresco, y queda sin traducir la auténtica aportación del autor. Son consecuencias de la muerte de éxito.

Maurice Frank O'Connor (Universidad de Cádiz) trata sobre el novelista anglo-nigeriano Ben Okri y su papel como mediador cultural ("Ben Okri as Cultural Translator", 237-47). La "traducción" se refiere aquí no literalmente a un transvase lingüístico que da lugar a un texto traducido a partir de un original, sino al elemento de mediación e interpretación cultural tan importante también en las traducciones propiamente dichas entre textos de orígenes culturales muy dispares, y que a menudo pasa desapercibido en la conceptualización de la traducción como un mero transvase de palabras y expresiones lingüísticas. Los textos de Okri son un ejemplo de los textos "multiculturales" de la segunda mitad del siglo XX, que cuestionan el etnocentrismo de las anteriores representaciones de Africa o el oriente recibido a través de una perspectiva imperialista y eurocéntrica. Suponen también una reapropiación y legitimación de la cultura nativa en sus propios términos. Se plantea, claro, la cuestión de la lengua, pues estas nuevas representaciones se articulan en el caso de Okri, Rushdie, o Achebe, en inglés—la lengua colonial. Hay un ejercicio por tanto de modelaje o reapropiación lingüística, en "un inglés nuevo, todavía en comunión plena con su hogar ancestral pero alterado para adecuarse al nuevo entorno africano", tal como lo expresa Achebe (1975). El desarrollo narrativo de The Famished Road de Okri se articula en torno al motivo del abiku, un niño-espíritu que recorre el mundo de los vivos y de los muertos. A diferencia del elemento mágico de los "hijos de medianoche" de Rushdie, en este caso el motivo se basa en una creencia con raíces en la conciencia colectiva nigeriana. A la vez Okri readapta muchos episodios de la Odisea, dándoles un correlato en la experiencia del protagonista Azaro, y efectúa así una mediación entre dos tradiciones mítico-narrativas. Es especialmente interesante este punto de encuentro en tanto que, como señala O'Connor, la obra de Homero representa un crucial punto de encuentro en Occidente entre la oralidad mítica tradicional y la nueva poesía escrita—en términos de W. Ong, "marcó el punto de la historia humana en el que interiorización profunda de la escritura alfabética se enfrentó directamente con la oralidad" (1982: 24). La escritura de Okri también asimila la oralidad africana, a la vez que entabla este diálogo con la tradición occidental—y crea así un complejo genérico para la modernidad africana, "una nueva mitopoética Afro-moderna que habla desde una inscripción migratoriamente ubicada" (O'Connor 243). También la figura de Don Quijote y su mundo paralelo de encantamientos halla su correlato, y es un influencia explícita en Okri. La obra de Okri es pues un complejo acto de intermediación postcolonial: "La reactivación del saber indígena a través de un canon occidental se vuelve así un acto de traducción cultural más que una simple re-evaluación de una determinada tradición cultural" (244), y supone una dignificación y promoción de la tradición africana nativa, frente a los presupuestos unidireccionales del colonialismo cultural europeo. Pero los efectos postcoloniales se producen en diversas direcciones: y así el artículo termina en otra nota, con unos apuntes de crítica a la promoción de los escritores "internacionales" como Okri, autores "culturalmente autotraducidos" por así decirlo para buscar un público más amplio, mientras se descuida totalmente la traducción de quienes promueven su cultural local escribiendo en las lenguas nativas minoritarias o culturalmente marginadas. Es la postura crítica asociada a Ngugi wa Thiong'o (otro "autotraducido", por cierto). Las decisiones comerciales de las grandes editoriales y la política de los premios literarios acaban modelando la recepción y el eco internacional de un tipo determinado de producción literaria "local".

Javier Muñoz-Basols (Universidad de Oxford) comenta de primera mano algunos problemas prácticos de traducción, en concreto sobre la traducción del humor cuando va ligado indisolublemente a la forma lingüística y al sonido. Su experiencia se refiere a la traducción que hizo de una novela juvenil de la norteamericana Carol Weston, relativa a una estancia en España de su protagonista ("Translating Sound-Based Humor in Carol Weston's With Love from Spain, Melanie Martin: A Practical Case Study", 249-66). Muñoz-Basols propone una traducción atenta al público de destino y a la equivalencia de efecto humorístico y cultural, antes que a la fidelidad literal que no sería posible o no tendría sentido en muchos casos. La traducción require así capacidad de inventiva y originalidad por parte del traductor.

Carmen Valero Garcés (Universidad de Alcalá) escribe un capítulo sobre la literatura africana contemporánea y sus avatares traductológicos en Occidente y más concretamente en España. ("Forging African Identity through Literature and Getting to Know It Through Translation" 267-87). La traducción se enfoca aquí, como en el capítulo de O'Connor, desde el punto de vista de la teoría postcolonial, como medio imprescindible de contacto cultural que a la vez se ve implicado en la dinámica de fuerzas del colonialismo (cultural y económico). Las mismas teorías occidentales de la traducción necesitarían reconceptualizarse para tratar adecuadamente con la realidad multilingüe del mundo postcolonial. Tras algunos datos y comentarios sobre la traducción de autores africanos en España, se centra la autora en dos figuras novelísticas en concreto, Buchi Emecheta y Nuruddin Farah, comentando diversos problemas prácticos de traducción, así como la práctica podríamos deicir "pre-traductológica" de estos autores, que escriben ya con vistas a un contexto de lectura occidental. Observa Valero la precariedad y precipitación de las traducciónes, por el propio contexto, y es de notar que tanto muchas soluciones traductológicas de las novelas como en ocasiones la crítica propuesta es cuestionable en su adecuación. Se enfatiza, naturalmente, la problemática de la distancia entre la cultura representada y la cultura de destino de traducción, con la particularidad de que en este caso existe la lengua inglesa como mediación entre el contexto africano original y el español. Recalca la autora la riqueza del paradigma teórico de los estudios postcolonialistas para la teoría traductológica: el estudio de la literatura africana desde estos presupuestos es un panorama complicado y arriesgado pero muy fecundo en sus resultados.

El capítulo de Juan Ráez Padilla (U de Jaén) versa, también desde un perspectiva postcolonialista, sobre la poética de Seamus Heaney y en concreto su traducción de Beowulf que (junto con el premio Nobel, claro) le ha ganado un puesto privilegiado "presidiendo la mesa literaria" como antes lo hiciera otro anglo-irlandés, W. B. Yeats ("Seating at the Head of the Literary Table: Seamus Heaney's Countercultural Redress in Beowulf: A New Translation", 289-98). La actitud de Yeats hacia la lengua inglesa es una mezcla de alienación y apropiación: la denuncia como algo "ajeno" a la sustancia de Irlanda, y a la vez hace acto explícito de apropiación. En su traducción de Beowulf, por ejemplo, "irlandifica" el acento del poema épico anglosajón, a la vez que (tanto en su práctica traductora como en sus comentarios sobre ella) llama la atención sobre el sustrato colonial de la lengua inglesa en Irlanda. No deja de ser llamativo, aparte del ejercicio literario en sí, el grado de resentimiento y de alienación que puede tener respecto al inglés un poeta como Heaney que ha hecho de él su instrumento expresivo. Como otros nacionalistas, Heaney utiliza una dialéctica (a mi entender tendenciosa) de agravio personal, para sostener que él debería estar hablando en irlandés, una lengua que se le ha "robado". Su "apropiación" de Beowulf, origen de la tradición literaria inglesa, tiene pues un cierto elemento vengativo, aunque Ráez hace una interpretación más favorable de la actitud del poeta, y de sus gestos de "subversión y no sumisión". Aun habida cuenta de la importancia del contexto postcolonial, y del resentimiento a él asociado, habría que añadir a esta lectura de las "apropiaciones" de Heaney una dimensión de teatralización del la identidad (nacional en este caso) del yo, con una finalidad en última instancia de promoción de la propia figura y obra—de hecho no se sugiere otra cosa en el título de Ráez, aquello de "presidir la mesa" un tanto competitivamente.

Juan Miguel Zarandona (U of Valladolid) escribe sobre los poemas artúricos contemporáneos de Antonio Enrique, poemas bilingües, autotraducidos, y de paso comenta sobre el fenómeno de la autotraducción ("Silver Shadow (2004): The Arthurian Poems of Antonio Enrique or the Different Reception of a Translation and a Self-Translation", 299-309). Comenta cómo frecuentemente va asociada la autotraducción a otro fenómeno, el de la "pseudotraducción", cuando una obra se hace pasar por traducción de un original inexistente. En el caso de estas traducciones de Antonio Enrique, se observa un culto a la fidelidad y literalidad casi nabokoviano, algo que rara vez se da en las autotraducciones: es más usual que el escritor aproveche para reescribir la obra, a la vez que se autotraduce. A pesar de eso observa Zarandona cómo la traducción siempre requiere pequeñas alteraciones de la forma o el sentido. Es la autotraducción, en todo caso, un fenómeno singular que implica a la autoría y la identidad de la obra de maneras singulares, por lo que requeriría a decir de Zarandona una atención mayor y más estudios de casos particulares. Ya los hay, claro, de casos señeros como el propio Nabokov a quien aludíamos—habiendo casos de autotraducción en los que a decir de B. T. Fitch (a cuenta de Beckett) pierde el sentido la diferencia entre original y traducción. (Sobre el caso de la autotraducción en Beckett publiqué yo por cierto uno de mis primeros trabajos académicos: "'Abstracted to Death': Estética de la traducción y el bilingüismo en la prosa de Beckett").

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