Durant le mois de juin 2017, le labex TransferS et Mathias
Girel (CAPHÉS) ont accueilli Alexander KLEIN, professeur de philosophie à
l’Université d’État de Californie, Long Beach (États-Unis).
Cette première lecture d'Alexander Klein est organisée dans le cadre
du colloque "La notion de conscience. À partir de William James."
Lecture 1 : The Curious Case of the Decapitated Frog
Physiologists
have long known that some vertebrates can survive for months without a
brain. This phenomenon attracted limited attention until the 19th
century when a series of experiments on living, decapitated frogs
ignited a controversy about consciousness. Pflüger demonstrated that
such creatures do not just exhibit reflexes ; they also perform
purposive behaviors. Suppose one thinks, along with Pflüger’s ally
Lewes, that purposive behavior is a mark of consciousness. Then one must
count a decapitated frog as conscious. If one rejects this mark, one
can avoid saying peculiar things about decapitated animals. But as
Huxley showed, this position leads quickly to epiphenomenalism. The
dispute long remained stalemated because it rested on conflicting sets
of intuitions that were each compatible with the growing body of
experiments. Understanding this controversy in physiology is a necessary
background to grasping James’s evolutionary account of consciousness.
Algunas salen más apagadas que otras, qué se le va a hacer.
Ps. Acababa de poner este crismas cuando nos comunican la muerte de
Luis Vicente, el padre de Pilindrín. Es el tercer consuegro de mis
padres que muere estos últimos meses. Los nietitos Elsa y Marco se
quedarán sin conocerlo, pues aún no han llegado al umbral de la memoria.
¿Es el cosmos inconsistente de por sí? ¿O se sostiene sobre un juego de dados increíblemente acertado? ¿O se asienta quizá sobre muchos, innumerables, juegos de dados? El ajuste fino de las fuerzas de la naturaleza nos llevaría a inclinarnos por la segunda opción. Pero ésta abre también abismos de incertidumbre...
Son remotos los múltiples universos, de haberlos, y así es incierto, y teórico a lo sumo, nuestro conocimiento de ellos. Seguramente seguirán ocupando a la mente humana por siempre jamás, pues nos enfrentamos en estos límites del conocimiento a una especie de antinomia de la razón de las que tanto gustaba de analizar (que no resolver) Kant. El único universo se enfrenta a la paradoja de su insuficiencia racional, y nos hace postular otros mundos que no hacen sino complicar la cuestión, multiplicando los problemas a la vez que se multiplican los mundos... para no acabar sino siendo reabsorbidos en la noción primigenia y ahora ampliada de universo, entendido como el contenedor o principio generador común de todos los universos.
En el siglo XVIII mantuvo abierto el diálogo sobre la multiplicidad de los mundos Bernard Bouvier de Fontenelle con su Diálogo sobre la pluralidad de los mundos. Un multiverso a su manera. Y, más allá, podemos ir al principio de la tradición cosmológica occidental, donde se juntan el origen de la física y el de la filosofía, en la obra de los estoicos o de los presocráticos, que también se ocupaban de los muchos mundos—y del mundo que a todos los contiene. En estos términos presentaba el debate Plutarco, en su diálogo sobre el fin de los oráculos:
¿Y quién podría sentirse alarmado por otras ideas de los estoicos, que preguntan cómo podría seguir habiendo un Destino y una Providencia, y cómo no habría de haber muchos dioses supremos que lleven el nombre de Zeus o Zen, si hay más de un mundo? Porque, en primer lugar, si es absurdo suponer que hay más mundos que uno, entonces ciertamente las ideas de estas gentes serán todavía más absurdas; pues crean un número infinito de soles y de lunas y de Apolos y de Artemisas, y de Poseidones, en el ciclo infinito de los mundos. Pero el segundo punto es el siguiente: qué necesidad habría de que hubiese muchos dioses llevando el nombre de Zeus, si hubiese más mundos que uno, y que no hubiese en cada mundo un dios poseedor de sentido y de razón, como el que entre nosotors lleva el nombre de Dios y Padre de todos? O bien, qué impedirá que todos los mundos estén sometidos al Destino y Providencia de Zeus, y qué habrá de impedir que él los supervise y los dirija a su vez, y que les proporcione a todos ellos primeros principios, fuentes materiales, y planes de todo lo que tiene lugar? ¿No tenemos acaso con frecuencia, en este mundo nuestro, un cuerpo único compuesto de cuerpos separados, como por ejemplo una asamblea de personas, o un ejército, o una compañía de bailarines, cada uno de los cuales tiene la facultad contingente de vivir, de pensar, y de aprender, como cree Crisipo, mientras en todo el Universo, que haya diez mundos, o cincuenta, o incluso cien, viviendo bajo un único plan razonado, y organizado bajo un solo gobierno, se considera una imposiblidad? Y sin embargo, una organización tal es totalmente adecuada para los dioses. (Plutarco, De defectu oraculorum, §29).
Si no hay una serie infinita de mundos posibles, ni una serie infinita de conversadores sobre estas cuestiones (como la que ridiculiza Cicerón en sus Analitica Priora), sí hay al menos una larga serie de conversadores a lo largo de la historia.
Cada época (y cada disciplina del conocimiento) se enfrente a su manera a esta paradoja, con los instrumentos conceptuales que le son propios. Parece aventurado o ingenuo considerar que los instrumentos de hoy en día sean los que vayan a resolver la cuestión por siempre jamás: lo más que puede esperarse es que mantengan abierto el discurso racional sobre esta cuestión, y apunten a una congruencia o consiliencia con otros problemas relacionados con éste en física o en filosofía—realizando, por así decirlo, una contribución relevante a la conversación. Es lo que creemos hace la teoría de Smolin y Mangabeira Unger, ampliando el actual paradigma de la Física y de la Cosmología en un diálogo con la teoría ("darwinista", pongamos) de la selección natural y de la emergencia espontánea de la complejidad.
Esta teoría propone una sustitución del actual paradigma físico-matemático (newtoniano o einsteiniano) de interpretación de las leyes naturales, por un paradigma cosmológico-evolucionista, que admite la posibilidad de una evolución de una modificación de las leyes naturales en acontecimientos cosmológicos extremos (como el Big Bang, aquí reinterpretado y reconceptualizado), y propone un sistema racional de selección de leyes naturales capaces de generar mundos "viables" como el que habitamos sin acudir a la pura combinatoria matemática de los mundos múltiples hipotéticos, incomunicados entre sí y sólo accesibles mediante un razonamiento matemático.
Esta teoría del evolucionismo cósmico también modera el encumbrado papel encomendado a las matemáticas en el paradigma newtoniano (donde son el plan rector del universo o un plano de la "mente de Dios"), y les atribuye un rol más limitadamente humano, más instrumental, y menos predictivo en lo que al mundo físico se refiere. Aunque también se apoya el paradigma propuesto por Smolin en una teoría matemática capaz de describir el universo como un proceso de acontecimientos únicos. Es una teoría, en suma, que combina de manera novedosa la noción de multiverso con la de un universo único regido (si tal puede decirse) por ese "dios único" y gerente de los Primeros Principios que sería el Tiempo. O quizá Cronos.
Seguiremos atendiendo al diálogo de las eras sobre la multiplicidad de los mundos.
La conclusión de que el multiverso no es una tesis suficientemente explicativa lleva a Soler Gil a volver a (o, quizá, a no salir de) la tesis creacionista—en una especie de justificación científica por aporía de la razón, vista la inviabilidad de las otras alternativas propuestas.
Pero el razonamiento no es tan coherente como podría parecer—cosa que no sorprenderá a los evolucionistas escépticos ante el "diseño inteligente". Soler Gil no entra realmente a discutir la tesis evolucionista de Smolin que menciona—cosa que no es de extrañar porque su versión más acabada se ha formulado con posterioridad a esta intervención.
En cuanto a nosotros, la combinatoria matemática de Tegmark nos parece, vista desde aquí, un
delirio de la razón. Y en efecto es demasiado grande su multiverso (como casi todos, por lo demás), siguiendo la ley
de que las cosas que pueden imaginarse o que hipotéticamente podrían
existir son por principio muchas más de las que efectivamente existen.
Tegmark ofende a este principio básico de la razón, y su teoría es una especie de platonismo desaforado.
Aquí preferimos considerar a las matemáticas como una estructura cognoscitiva humana (y capaz de delirios y patinazos), y no como un sistema de Ideas subyacente a la realidad. Son más bien un sistema de Ideas superpuesto a la realidad. Lee Smolin y Roberto Mangabeira Unger argumentan elocuentemente a favor de este papel más limitado de las matemáticas en cosmología y en física.
Hablábamos hace poco de esta tentación creacionista en los cosmólogos hispanos, y de la
alternativa que ofrece una cosmología evolucionista, en El
descubrimiento del espacio inmenso y del tiempo infinito.
Soler Gil, Francisco. "El multiverso y el ajuste
fino de las leyes de la naturaleza." La
inteligencia en la naturaleza. Ed. Francisco Rodríguez Valls. Madrid:
Biblioteca Nueva, 2012. 135-45.
_____. "El multiverso y el ajuste fino de las
leyes de la naturaleza." Video lecture. YouTube (Philosophie der Kosmologie) 20 July 2015.*
Aparece en este blog sobre filosofía una reseña de una de mis últimas publicaciones, este libro coeditado con la directora del grupo HERAF (Hermenéutica y Antropología Fenomenológica):
Miguel Ángel Bastante Recuerda - Reseña de Corporalidad, Temporalidad, Afectividad:
Perspectivas filosófico-antropológicas. Ed. Luisa Paz Rodríguez Suárez y
José Angel García Landa. (Berlín: Logos Verlag, 2017). Philosophybooks.info
22 Dec. 2017.https://philosophybooks.info/2017/12/
Vale,
el título es sensacionalista, pero es que esto es un blog. Y los tipos
que lo dicen son científicos—al menos el que lo dice es un científico
(Peter Ward, de la Universidad de Washington) en conversación con Carl
Zimmer, autor del blog de divulgación científica The Loom. Me refiero a su videoconversación sobre "Mass Extinctions" (en inglés) en bloggingheads.tv,
un sitio muy interesante. Me ha impactado siempre el tema de la
extinción masiva por catástrofe cósmica. Aquí hablan de estas
extinciones desde el punto de vista geológico, de Alvarez y la verdad
incómoda de los dinosaurios, del bólido de Tunguska, de la extinción del
Pérmico, de la posibilidad de que un asteroide termine con la especie
humana. Del calentamiento global—y hasta de Bruce Willis, que tuvo algo
que ver con un impactos profundos. Del proyecto Spaceguard. Y de esos
huesos de dinosaurio en la Luna. A quien le vaya el tema, también le
recomiendo la novela de Arthur C. Clarke, The Hammer of God.
Temblaba yo cuando nuestra asesora cinematográfica ha elegido esta
película para los niños, siendo una continuación/variación de otra, y
con una intriga de historia-ficción demasiado complicada para mentes de
críos... pero no, se lo han pasado genial con las claves y las
persecuciones y las disparatadas pistas del tesoro. Así que con críos se
puede ir. Y es de Disney, o sea que hasta las parejas de separados y
divorciados se acaban reconciliando.
El cartel muestra a
Nicolas Cage en plan Estatua de la Libertad. Y además del ésta,
desfilan por aquí todos los iconos patrios, y más. El asesinato de
Lincoln. La otra Estatua de la Libertad, la de París. El palacio de
Buckingham (—la pérfida Albión que ayudaba a los sudistas, faltaría
más). La Casa Blanca. El Despacho Oral, con intriga erótica/no sexual
incluida. Roosevelt. Kennedy y John-John. La Biblioteca del Congreso. El
monte Rushmore... Vamos, que no se empachan de provocar un empacho. Y
se descubre la perdida ciudad de oro de las leyendas, que está bajo el
monte Rushmore, y da lugar a abundantes Indiana Jones antics entre las antiques.
Pero ojo: que mayor icono es el Presidente. La peli pertenece al género de la Presidentolatría—como Independence Day o Air Force One,
casi casi. Aquí el presidente de los EE.UU. no da puñetazos a los
terroristas, ni derriba platillos volantes en su jet (cuesta creer que
nos logren vender estas cosas, ¿eh?) pero hace algo que últimamente
parece más de ciencia ficción: es un tipo culto y sutil.
Por otra parte, todos los presidentes lo son, según esta película.
Llevan entre todos un libro secreto (que no es un diario, para nada)
donde se pasan los gajes del oficio que sólo otro presidente podrá leer.
No me he enterado bien de lo que había en la página 47, algo que debía
remediar Nicholas Cage a cambio de consultar unas pistas para el tesoro
que había en otra página...
Y, en fin, que se ayuda a crear
mito de lo que hubo, y de lo que no hubo. Esa soñada civilización
avanzada en la antigua América. Tan ficticia como la capacidad craneal
sobrehumana de los presidentes. Claro que con retrato de veinte metros
en piedra, y con el guionista a su favor, cualquier presidente puede
parecer un hombre de talla, en lugar de un caradura. Y de eso se trata,
sobre todo, de crear devoción icónica y sobrecogimiento instintivo ante
la historia viviente. (Como sucede aquí con el signo del Zorro, o la N
napoleónica tumbada, sueños de gloria).
Recomiendo como antídoto, para reducir las cosas a su justa proporción, el cuento "The President", de Donald Barthelme, en Unspeakable Practices, Unnatural Acts.
La Búsqueda: El Diario secreto. Director: Jon Turteltaub. Interpretes: Nicolas Cage, Diane Kruger, Justin Bartha, Jon Voight. Disney, 2007.
Muchos de los rasgos de la escritura de madurez de Beckett comienzan
a perfilarse en sus relatos de 1945, donde la historia y los personajes
son máscaras de la escritura más bien que criaturas del realismo, pues
la historia admite una doble lectura reflexiva, en la que el acto de
escribir y las aventuras del personaje producidas por esta escritura
establecen relaciones paradójicas que convierten a la aventura en un
reflejo de la escritura, y a la escritura en una aventura metaficcional.
Many traits of Beckett's mature writing begin to take shape in the
stories he wrote in 1945, in which the story and the characters are
masks for the act of writing rather than realistic creatures. The story
may be given a reflexive reading, in which paradoxical relationships are
established between the act of writing and the character's adventures
which are produced by this writing, transforming the adventures into a
reflection of the writing, and the writing into a metafictional
adventure.
García Landa, José Angel. "La subjetividad como máscara
en las Nouvelles de Beckett." Miscelánea 7 (Zaragoza, 1986): 125-137.*
Son ciudades de larga memoria,
donde las familias se observan mutuamente entre visillos, y la
información va pasando de generación en generación. Hablábamos del gran
auto de fe de 1610 en el curso del cual se redactó un sumario de doce
mil folios y se interrogó a miles de personas. Algunas acabaron en la
hoguera.
"Yo sé dónde las quemaban. Es que tengo un recuerdo."
Recuerda cuando era pequeña, y que era el día de su primera
comunión, lo recuerda porque en los años sesenta se llevaba a las niñas
más que arregladas—le había puesto su madre una diadema con flores, y el
velo, y para que todo se tuviese bien, unas horquillas que apretaban lo
suyo, todo tenso—que le hacía tener la diadema bien clavada en la
cabeza bien presente, y buenas ganas de que acabase todo para quitársela
de una vez.
E iban en expedición familiar disgregada, a
Santa María de Palacio, la iglesia que está a la entrada de la ciudad,
al lado del puente viejo del Ebro. No sabe por qué se adelantó con la
novia de su tío, y ésta la llevó de propio por la calle Ruavieja un poco
más lejos de la iglesia, justo fuera de la ciudad, donde ahora empieza
el parque del Ebro y está el puente de hierro.
—Mira, ¿ves ahí abajo? Allí mismo quemaron a unos parientes nuestros.
Saco a ventilar a los niños, después de ver un vídeo de Conectados
y su ración de tele. Pero aún quieren más, y van lamiendo escaparates
viendo lo que proyecten ahí en las teles que venden. Cierto es que dos
teles juntas echando la misma imagen atraen la vista más que una—quizá
el doble. Y tengo esta conversación fenomenológica con Álvaro:
- Mira estos críos, están como locos mirando cualquier pantalla que
les aparece ante los ojos. Deberíais mirar menos pantallas. Y yo
también.
- Ya, pero es que las pantallas atraen la vista. Como el
movimiento a la visión de los depredadores. Hay estudios científicos de
eso. Luego te lo enseño, salía en el Muy Interesante.
Y es que las pantallas son muy interesantes: si comparas una pantalla
así con lucecitas y movimiento, y al lado un cuadro... pues miras la
pantalla.
- Hm. Sí. Pero el cuadro al menos es más interesante que la realidad, ¿verdad?
- Verdad. Entre una cosa de verdad y una pintada, pues miras la pintada. Bueno, sobre todo si el cuadro es bonito.
- O entre una chica y un maniquí, pues el maniquí. A menos que la
chica sea un auténtico maniquí. Porque a ver: si ponemos en fila: una
pantalla, un cuadro, un espejo, y la realidad, aún te miras cualquier cosa antes que la realidad . ¿O no?
- Si, sí, es verdad. Así van ordenadas las cosas, lo primero la
pantalla, y lo último la realidad. Hasta el espejo es más interesante
que la cosa sin más.
- Aunque la realidad de hecho es bonita, es
como un diseño gráfico con acabados muy acabados. Mira qué combinaciones
de colores tan inesperadas, qué estética tan avanzada tiene.
-
Ya, pero una pantalla con su recuadro, y con colores, y cosas que se
mueven... A mí me da pena la realidad, pobre realidad, no le hacemos ni
caso, la verdad es que no puede competir con los vídeos.
- Y sin
embargo si le hiciésemos caso sí que hay cosas bonitas. Mira por ejemplo
este niño Otas, qué saltitos va pegando, qué salao.
- Sí que es gracioso, sí. Pero en una pantalla aún quedaría mejor.
- Os trás, mira esa pantalla. (Que está al otro lado de la calle, y pasa por enmedio un autobús de los largos)—Se
ve el programa a través de las ventanas del autobús. Y eso también es
más interesante que ver la realidad, ¿no? Digo—que ver la pantalla sin
más.
- Ahá.
A una mala, nos haremos gafas con los dedos, para ver el mundo a través de algún medio auxiliar.
Felicidades a todos mis lectores por el solsticio invernal / cumpleaños de Cristo.
(A las lectoras las felicito otro día). Si me atengo al contador de
visitas deben ser los lectores felicitados más de los que normalmente
imagino, o en todo caso más de los que se manifiestan. Igual se sienten
obligados a ponerme un comentario contestando "gracias", jeje—es broma,
no os molestéis, ni tampoco os molestéis.
Qué cosas, en cuestión tarjetas navideñas estoy bajo mínimos; me llegan
bastantes en concepto de Sr. de Penas, pero lo que es "a mí - a mí", me
felicitan desde hace años tres o cuatro personas nada más, viejos
conocidos con quienes no tengo más contacto: una pareja de gays
mayorcitos, y también una antigua alumna... También una ex me felicita a
veces—y se me alteran súbitamente las pulsaciones. Si a eso le sumamos
una felicitación que me ha llegado de Albert Rivera, el hombre desnudo
de Ciutadans (—quizá más abrigado por estas fechas: ¡gracias, Albert!) y
la del presidente del Corte Inglés, pues somos realmente una extraña
pandilla. Aunque habría que ver juntos a los felicitados lectores de
este blog para ver otra colección de gente diversa, supongo.
También habría que ver, por el ojo de la cerradura de la mente, a
los grupitos y familias que se reunen efectivamente sólo por Navidad,
agregaciones de personas a veces igualmente arbitrarias. Nos atenemos a
nuestro grupito y nos deja de parecer improbable: los demás son cosas
que sólo existen en la imaginación.
Como tantas otras maneras de pasar las navidades, posibles sólo como
ejercicio cerebral. Atención, pregunta (dijo Cormac McCarthy)—¿cómo se
distingue lo que nunca ha sido de lo que ya se sabe que nunca será?
Y qué vueltas mentales en la sala de los pasos perdidos, a la hora
de mandar una felicitación a tal o cual persona, si será adecuado, si
habrás encontrado el tono apropiado, si habrán recompuesto el ambiente
en la pareja para mandar recuerdos a los dos o no, si enviar una
felicitación que quizá sea la última, o no, si se va a malinterpretar o
va a parecer intrusiva tu felicitación, si conviene pasar por casa de
tal o de cual, glubs... Las redes sociales son terreno minado. ¿Cómo
aburrirse en Navidad, con este First Life hiperrealista?
Y
eso que ni siquiera he empezado a poner el belén, que es otro aliciente
para mis compañeros de piso. ("¡Mira, somos papanueles!")
Entendemos aquí por “modo” en sentido amplio la mayor o menor filtración
de la información narrativa a través de la actividad del narrador,
siguiendo la analogía macroestructual con el modo verbal introducida por
Genette. Al comparar distintas teorías de la narración contemporáneas,
observamos una serie de recurrencias a la hora de oponer modos de
presentación de la historia directos, inmediatos o “dramáticos” a modos
de representación más distanciadores, mediatizados, que ofrecen la
información narrativa al lector de una manera ya más procesada, filtrada
o valorada. Proponemos una clasificación preliminar de estas
modalidades de (re)presentación.
________________________________________________________________________________
English abstract: Modes of Mood in Narrative. — Narrative modality can
be defined in general terms as the greater or lesser filtering of
narrative information through the narrator's activity; the term "mood"
was proposed by Genette as a macrostructural analogue to verbal mood.
From a comparison of a number of contemporary theories of narrative, a
number of recurrences stand out as regards the opposition between
direct, immediate or "dramatic" modes of presentation, on one hand, and,
on the other, more distancing or mediating modes, which provide the
reader with information already processed, filtered or evaluated. The
paper proposes a preliminary classification of these modes of narrative
(re)presentation.
José Angel García Landa. "El
modo del género narrativo: diversas interpretaciones." Mecanografiado, U
de Zaragoza, 1985. Edición en red (2004):