martes, 22 de junio de 2010

El Conflicto, según el director


En el informe anual de gestión del director del Departamento de Filología Inglesa y Alemana (Universidad de Zaragoza) se expone en estos términos el contencioso sobre asignación docente que venimos teniendo sobre el Máster de Estudios Textuales y Culturales en Lengua Inglesa:

Otra batalla, ésta quizás más personal que las anteriores, ha sido la de lograr que la Universidad de Zaragoza desarrolle técnicamente y de una vez por todas su Reglamento de organización y gestión de la calidad de grados y másteres, petición que he tenido la suerte de poder explicar directamente a Rector y Vicerrector de Profesorado, porque hasta la fecha, desde mi punto de vista, este Reglamento de mayo de 2009 se está quedando en mero papel mojado o de aplicación muy limitada: la elaboración de Guías Docentes verdaderamente adaptadas al EEES, pero sin pasar al nivel de los recursos humanos. Si no se da este paso cualitativo, mejor que se derogue. Sin embargo, los Estatutos reformados por Claustro el 21 de abril pasado ya contemplan por lo menos que los Departamentos pueden elevar su propuesta de asignación docente a Consejo de Gobierno teniendo en cuenta los resultados de la aplicación del sistema de la calidad, y el Vicerrector de Profesorado sigue admitiendo en sus Instrucciones que la distribución del encargo docente de un Departamento, o Fase 2 de elaboración del POD anual, debe basarse en criterios emanados de los Consejos de Departamento.

Con respecto a la asignación entre el profesorado del Departamento de la oferta docente 2009-2010, sólo ha estado en litigio un 0,91% de la misma; esto es, 2 asignaturas de las 215 a cargo de las Áreas del Departamento (194 a cargo de Filología Inglesa y 25 a cargo de Filología Alemana). Sin embargo, ese apenas 1% ha consumido un elevado número de horas de la gestión del Director y del propio Consejo del Departamento. Durante mi segundo año de mandato, el Consejo se ha reunido en seis ocasiones, cuatro de ellas en forma de sesión ordinaria y dos con carácter extraordinario. La primera de las sesiones extraordinarias (6 de octubre de 2009) vino motivada fundamentalmente por la existencia de dos sentencias judiciales a las que se dio tratamiento separado con el fin de garantizar la precisión de las certificaciones de las ejecutorias solicitadas desde Rectorado. Ambos procedimientos abreviados fueron interpuestos por los profesores Beatriz Penas y José Ángel García, quienes parecen entender, dadas sus intervenciones en Consejos y Comisiones, que las sentencias fueron plenamente favorables a sus demandas, a saber, su participación en el Programa de Doctorado en Estudios Ingleses como miembros de pleno derecho y la impartición de sendas asignaturas del Máster de Estudios Textuales y Culturales en Lengua Inglesa (“Alternativas al Canon” y “La Representación”, respectivamente), el 0,91% citado arriba, por delante de otros profesores alegando mayor antigüedad en Cuerpo Docente y méritos docentes o investigadores tan adecuados como o mejores que los de los otros profesores co-peticionarios de la docencia en cuestión. No lo entendió así la mayoría del Consejo, como muestran sus Actas de 6 de octubre y 26 de noviembre de 2009.

A fecha de hoy, todavía se desconoce cuál es la resolución final del Sr. Juez firmante de las sentencias en cuanto a si el Consejo de Departamento, con sus actuaciones y acuerdos de octubre y noviembre de 2009, ha ejecutado debidamente la sentencia relativa a la docencia de Máster en litigio, a pesar de que la Dirección del Departamento ha pedido al Rectorado insistentemente que tramite, por ser la Universidad y no el Departamento la otra parte del contencioso-administrativo citado, el resultado de tales actuaciones y acuerdos al Sr. Juez. Y es que la ejecutoria del Rectorado no vino en septiembre acompañada de informe jurídico alguno de letrado asesor, sino simplemente de la interpretación personal del contenido de la sentencia por parte del Jefe del Servicio de Personal Docente e Investigador y después del Vicerrector de Profesorado y del propio Rector, supuestamente, instando al Consejo a considerar que el único criterio objetivo de asignación es la antigüedad, pero siempre sin aportar informe jurídico alguno y, aún peor, tras la comunicación de los Acuerdos de noviembre, en tono cada vez más amenazante dirigido explícitamente a este Director. Ya he dicho antes que, como Director, he defendido públicamente en el seno de la Universidad, ante órganos de centro y de departamento, y ante el propio Sr. Rector, que la adaptación de las titulaciones universitarias al EEES no se puede quedar en cuestiones formales textuales superficiales (Guías Docentes), sino que también pasa por una asignación de docencia en la que a los conceptos de cuerpo y antigüedad se una el de mérito docente e investigador en relación con las líneas maestras del Proyecto de Titulación y con las particulares de los contenidos del programa y de los objetivos contextualizados de las asignaturas.

En suma, la posición que ya sabemos. Que asignando la docencia por jerarquía académica, titulación y antigüedad (método tradicional de asignación de docencia en la Universidad—no "antigüedad" como dice el Director) no seríamos excluídos del Máster los recurrentes. Pero que si tenemos en cuenta la calidad, ahí la cosa cambia, pues el Director no duda de que los criterios de calidad y las baremaciones hechas por el departamento sobre los currícula respectivos son procedimientos impecables. (O sea, los ceros que nos pusieron en docencia e investigación, están muy bien puestos según este director que también votó a favor de eso. Así le va el criterio).

Es de notar la resistencia del Director a aplicar los criterios ordenados por el Juez, aun ante el tono amenazante que va adoptando la Universidad: todo en aras de la Calidad tal como la entiende el departamento, y de la coherencia de las garantías de Calidad de las titulaciones del proceso de Bolonia. (Entiéndase: he aquí un hombre que se deja la piel antes que dejar que unos burócratas y jueces, —porque la orden del Rector es sólo supuesta, énfasis añadido—perviertan la calidad de la universidad: calidad que pasa a su entender por la valoración en cero puntos de la carrera docente e investigadora del Dr. García Landa, que nunca ha escrito nada relacionado con la representación, ni ha dado clases en la Universidad de Zaragoza). Queda claro asimismo que ha recibido instrucciones precisas de la Universidad sobre cómo aplicar la sentencia, y que se niega a seguirlas. De ahí que tenga que dedicarle tanto tiempo al asunto éste, puesto que si se siguiesen la normativa y las órdenes estaría resuelto desde hace años, o no habría habido asunto.

Lo que no queda tan claro en la posición del director es que, si este reglamento de Calidad entró en vigor por primera vez hace un año (mayo de 2009, obsérvese), cómo es que venimos siendo excluidos en nombre de la Calidad desde hace cinco años, desde que el máster comenzó a gestarse.

Se lo diré yo: porque el reglamento de Calidad viene siendo la excusa utilizada ahora para excluirnos, o el instrumento que se espera usar ahora para la exclusión. Antes era la no pertenencia a grupos de investigación (criterio que fue anulado). El punto persistente, inicial y final, es la voluntad de exclusión—no digo del Director, que sólo mueve papeles en la dirección que sopla el viento: las excusas administrativas alegadas para excluirnos, siempre con apoyo de la Dirección, han ido variando, y probablemente seguirán haciéndolo.


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Y, para muestra un botón, un voto particular de los tres que hemos presentado a resultas del último consejo de departamento del curso, junto con una petición al Rector. Hemos rechazado además la nueva normativa de asignación docente (que es la vieja que fue anulada, ahora barnizada), y la asignación docente forzosa que se nos ha hecho de asignaturas no solicitadas, pasándonos por delante a profesores más recientes. Y también la contumacia en desoír las órdenes del Rectorado y de los jueces.


Voto particular a los puntos 4 y 5 del orden del día de la sesión de Consejo de Departamento de Filología Inglesa y Alemana, 23/6/2010


Los abajo firmantes deseamos hacer constar nuestro voto particular en contra de la decisión del Consejo de Departamento de Filología Inglesa y Alemana por la cual se ratifican las actuaciones relativas a la ordenación docente de la docencia del Departamento en la Facultad de Filosofía y Letras (punto 4) que nos atañe, y contra el informe de gestión del Director del Departamento relativo a su gestión durante 2009-2010 (punto 5).

La razón de dichos votos en contra es la gestión llevada a cabo por el Director en la organización docente del Máster de Estudios Textuales y Culturales, pues se sigue incumpliendo en lo que a nosotros toca la normativa universitaria de general aplicación, así como la sentencia judicial 268/09 del Tribunal de lo Contencioso Administrativo nº 2 de Zaragoza (que ordenaba el uso de criterios objetivos en la asignación docente), y las órdenes del Rectorado relativas a la ejecución de dicha sentencia. La ordenación docente efectuada por la Facultad de Filosofía y Letras según criterios no objetivos (punto 4, ratificación de la actuación de la Comisión de Filología Inglesa relativa al Máster Estudios T&C recogida en su Acta 58).

Por otra parte, como consta en el propio informe del Director, éste ha hecho caso omiso de las instrucciones recibidas repetidamente al respecto desde el Rectorado, y, es más, a lo largo de este año ni siquiera ha informado al Consejo de Departamento sobre las órdenes y conminaciones a que alude el informe. En la propia reunión del Consejo del día de la fecha, el Director ha reconocido abiertamente que ha incumplido tales instrucciones y que no las ha dado a conocer al Consejo.

Si al Director le caben dudas sobre los mandatos del Rector y el Juez, la prudencia aconsejaría seguir en la adjudicación de docencia las normas generalmente aceptadas en la Universidad, en lugar de las más dudosas, más cuestionadas y de más incierta legalidad.

Manifestamos además nuestra indignación por el hecho de que, ante tal actuación, esta gestión reciba del Consejo de Departamento una votación favorable.

Zaragoza, 23 de junio de 2010

José Angel García Landa - Beatriz Penas Ibáñez



lunes, 21 de junio de 2010

Escenas sangrientas


Oscar ha visto demasiadas veces El Señor de los Anillos, me temo, y no para de contarnos entusiasmado historias de orcos y elfos y combates terroríficos.

—Oscar, tienes el cráneo demasiado sorbido por estas historias de orcos; vas a ver menos estas películas.
—Tranquilo, papá; ¡si las escenas más sangrientas de mi vida las he visto en una pescadería!

Torpemán

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Solicitud equipamiento informático


Enviada hoy a mi departamento:
Ante la convocatoria del Plan de Equipamiento Docente 2010, deseo exponer a la Comisión Permanente la necesidad de renovar el equipo informático de mi despacho. Es una solicitud que vengo haciendo ya desde años atrás sin éxito.

Actualmente dispongo de un iMac modelo del siglo pasado, que por su limitada capacidad no puede manejar la mayoría de los programas más corrientes actuales de tratamiento de textos, navegación por Internet o gestión de correo, ni permite ver vídeo u oir sonido, ni abrir la mayoría de las páginas web, etc. No cumple, ni de lejos, los requisitos mínimos definidos para un "puesto informático básico" según el documento difundido por el Vicerrectorado.

Su uso es necesario tanto en docencia como en investigación. Si no me equivoco, soy con diferencia el profesor que más uso hace de la red en este departamento—como puede verse con una búsqueda comparativa :
http://www.bing.com/search?q=%22Jos%C3%A9+%C3%81ngel+Garc%C3%ADa+Landa%22&go=&form=QBLH&filt=all

—y sin embargo dispongo de uno de los equipos más anticuados del departamento, si no el más anticuado, que no puede gestionar, en realidad ni acceder a, los sitios web que más uso.

Desde hace años vengo elaborando páginas web de acompañamiento a algunas de las asignaturas que he impartido (Shakespare y Comentario de Textos)—por ejemplo,
http://www.unizar.es/departamentos/filologia_inglesa/garciala/comentario.html
y desearía extenderlo a las demás, por su utilidad, pero tengo que hacer esto desde mi ordenador particular (el de casa que me compro yo con mi dinero), por lo ya expuesto.

Desearía, de ser posible, que el equipo a instalar fuese un Macintosh, pues es el que vengo utilizando desde siempre y me supondría un gran obstáculo la incompatibilidad con mi ordenador particular, que es en el que vengo realizando la mayor parte de estas tareas.

Zaragoza, 21 de junio de 2010
José Angel García Landa


(Pero la Universidad de Zaragoza está paupérrima, y ya me dicen desde mi departamento de más de cien profesores que sólo atenderán una petición)

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PS, 2 de julio: Albricias y otras palabras alegres. Me han asignado un equipo Macintosh de gama baja (que siendo Macintosh es alta, claro) y tendré pronto, creo, un iMac con monitor de 21 pulgadas, memoria de 4GB, disco duro de 500GB, cámara integrada, etc. etc: vamos, lo que tiene cualquiera en la Universidad desde hace años, menos yo. Muchas gracias por cierto, retrospectivamente, a la Dra. Onega y al Dr. Collado, que me cedieron in illo tempore parte de su asignación presupuestaria para comprarme el ordenador que ahora jubilaré.



But soft!


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domingo, 20 de junio de 2010

Bea / Eva


Hoy hemos estado de reunión familiar y pizzería Mamma Mia. ¡Feliz cumple, Evita! Que pronto cumple.

Día intenso

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The Blind Side (Un sueño posible)

The Blind Side (Un sueño posible)




Qué mal está América para que esta película haya tenido un exitazo, y encima le hayan dado un oscar a Sandra Bullock, que aunque me suelen gustar sus películas no está especialmente nada en ellas, ni en ésta tampoco. Igual el oscar se lo han dado al personaje, y no a la actuación. La película está basada en una historia real; y va de una familia extremadamente republicana que por una ventolera caritativa de la señora acaban adoptando a un chavalote negro de doscientos kilos, Big Mike, que no tenía familia ni amparo en la vida. Le ayudan a superar sus problemas con los estudios y lo promocionan hasta convertirlo en un as del fútbol americano (que era para lo que lo habían admitido en su exclusivo colegio, inicialmente). Siendo atípicas las acciones de la familia en su círculo social, etc., incluso les investigan para ver si era todo un truco para meter deportistas de élite negros en un college sureño tradicionalmente blanco—por vía de la familia. Pero aquí todos son muy sinceros y no hay truco, sólo cristianismo y grandes corazones dickensianos. La película parece mentalmente de otra época, abogando simbólicamente por la integración total del negro en la comunidad blanca, renunciando a su propia comunidad, que aquí es una mera ruina de borrachos, drogadictos, criminales y chulos de barrio. Big Mike se distancia simbólicamente de los de su barrio, peleándose con ellos por los insultos lanzados a su familia blanca—en lugar de hacer como haría un negro bien integrado, y soltarles un insulto todavía más gordo que los dejase planchados y admirados. También es atípico el chaval al no tener ningún lazo social real con su comunidad, ni ganas de comunicarse con nadie, y ningún instinto sexual según parece. En suma, será un caso real, pero como decía Aristóteles a veces la realidad no es realista—por mucho que le pongan al final, con los títulos de crédito, las fotos de los auténticos protagonistas de la historia. El sueño será posible, o real, pero sigue siendo un sueño, si no una fantasía delirante. Las películas americanas son siempre a un nivel una cierta alegoría social, con resoluciones imaginarias de conflictos reales (especialmente entre negros y blancos), y podríamos decir que aquí los términos del conflicto están muy amañados—o que la situación tiene muchos ángulos muertos y puntos ciegos. Como digo, es (la película y la señora) extremadamente republicana. Pero muy caritativa, eso sí; yo, particularmente, no acostumbro a invitar a dormir en casa a ningún negrazo de doscientos kilos y aspecto hosco que me encuentro por la calle, ni yo ni la mayoría de mis amigos progres, e incluso diría que pocos republicanos lo hacen. Y hasta que no se generalice la solución de esta película, no sabremos si la receta propuesta para los males de América era la adecuada. A mí me da como que lo último que querrían muchos negros, por mal barrio en que vivan, es que los adopte una familia de republicanos de la Asociación del Rifle, y que los manden a un colegio pijo. A hacer carrera y contactos, hala.

sábado, 19 de junio de 2010

Hey Soul Sister


Training. Al contrario que lo que hacen los del lipdub de la Universidad de Vic, canto la canción pero sin bailotearla.




De José Saramago


…que se acaba de morir, había ido escribiendo yo alguna cosa que otra relacionada con él:

_____. "A ciegas." Reseña de la película de Fernando Meirelles.
http://garciala.blogia.com/2009/032402-a-ciegas.php

_____. "El hombre duplicado."
http://vanityfea.blogspot.com/2009/07/el-hombre-duplicado.html

_____. "Semiótica del subgesto."
http://vanityfea.blogspot.com/2009/07/semiotica-del-subgesto.html

_____. "El viaje del elefante."
http://vanityfea.blogspot.com/2009/08/el-viaje-del-elefante.html


Y de su novela Todos los nombres venía una nota que cogí para presentación propia en mi bibliografía. Igual sirve también de obituario.

viernes, 18 de junio de 2010

Sobre la Heterosexualidad Obligatoria, etc.



Sobre la Heterosexualidad Obligatoria, etc.

Me pregunta Lisbeth Másquisierayo-Salander en el Facebook:

— ¿Qué opinas del discurso de Beatriz Preciado, tú que estás más puesto en esas cosas y eres una persona con criterio?



— Buf, para criterios colores. Para opinar bien opinado habría que escribir un tratado. Pero así como opinión rápida, me parece que es talmente el discurso de Judith Butler traducido al español, y antes que el de ella el de Monique Wittig. Y por resumir en una pildorita: si el género es algo construido y arbitrario (que no lo es totalmente, apostillo), entonces el preciado discurso se autodesconstruye, porque cualquier construcción o convención genérica es tan buena o auténtica como cualquier otra. Las habrá sólo mayoritarias o minoritarias. Ni siquiera podremos decir que los géneros promovidos por el Orden Heterosexual carecen de sustancia, pues nunca podrían tener otra (según ese discurso) que la que tienen. O sea, que quien quiera ser minoritario habrá de ser por vocación (—o por naturaleza), pues la autenticidad sustancial no le avala más que a cualquier otro. Y los números menos.



The Living Handbook of Narratology


Nos comunican a través del European Narratology Network la publicación en red del Living Handbook of Narratology de la Universidad de Hamburgo, llevado adelante por el grupo de narratólogos de la Universidad de Hamburgo, con sus miembros asociados de París y otras universidades. Es un manual de teoría narrativa o narratología, de libre acceso, y se publicará tanto en versión impresa, en ediciones constantemente actualizadas, como en esta versión en red que por supuesto también se actualizará, en parte a través de un wiki accesible para los narratólogos del ENN. Es una modalidad interesante de sinergia entre red y versión impresa, La primera edición impresa me la enviaron hace unos meses.

A mí me invitaron a escribir un capítulo, y quizá debería haberlo hecho, pero decliné amablemente. Viendo los resultados uno se arrepiente, claro, y es dos veces miserable como decía Spinoza, por lo que (no) hizo y por el arrepentimiento. De no estar entre el plantel de autores... Pero bueno, me consolaré con que al menos sí se me cita en el volumen unas cuantas veces.




jueves, 17 de junio de 2010

Exigencia de criterios objetivos


Un año más, nuestro departamento parece decidido a utilizar criterios sui géneris para excluirnos de impartir docencia en segundo ciclo "Bolonia". Ya es una tradición. Antes exigían que tuviésemos un proyecto de investigación subvencionado, y esa exigencia la anuló un juez. El año pasado, solventaron el asunto valorando nuestra "calidad" y determinando que (a pesar de nuestros quinquenios y sexenios de méritos de investigación y docencia) teníamos, según baremo, CERO publicaciones y CERO años de experiencia docente. Así con todo el morro: una baremación bien cocinada, sí señor. Este año nos vuelven a pedir el currículum para una nueva sesión de toreo. Y contestamos lo siguiente:


Destinatario: Sra. Coordinadora del Máster de Estudios Textuales y Culturales en Lengua Inglesa
Remitentes: Dres. García Landa y Penas Ibáñez
Asunto: Valoración idoneidad POD máster
S.ref. 11/06/10
Fecha: 17/06/10


Sra. Coordinadora:

En el escrito de referencia nos solicita Vd. que presentemos en Secretaría del Departamento copia del currículum completo más evaluaciones de la docencia antes de las 14 h. del viernes 18 de junio. Sin embargo, sobre los criterios que va a utilizar la Comisión de evaluación de la Docencia del Máster, para determinar la idoneidad de los profesores, no hemos recibido otra documentación orientativa al margen del informe anual que Vd. elaboró "sobre la evaluación docente y perfil del profesorado para la docencia del curso 2010/2011 en grados y másteres universitarios ya implantados".

Solicitamos, por ello, que (con anterioridad a la entrega de nuestros currícula) se hagan públicos los criterios objetivos que la comisión de evaluación de la docencia del máster va a utilizar para valorarlos y (tenemos que suponer) para valorar los de los demás candidatos a la impartición de dichas asignaturas. Esperamos su respuesta antes de enviar nuestro currículum.

No tenemos intención de negarnos a su petición, sino que teniendo en cuenta la experiencia de años pasados, es necesario actuar de una vez y sin dilaciones conforme a derecho. A la vista del informe de máster que Vd. misma ha realizado, y tras la negativa del Director del departamento en el último Consejo (12/06/10) a informar sobre las órdenes recibidas del Rector a este respecto, hay que observar que en ningún sitio han quedado explicitados los criterios objetivos a seguir para la organización docente del Máster.

Del Informe Anual referido parece colegirse que algunos de los criterios no especificados que se usarán podrían responder a las siguientes preguntas:

"¿cumple con los requisitos establecidos para impartir la asignatura?
¿Tiene encuestas positivas de su labor docente en los últimos cinco años?
¿Tiene, en su caso, encuestas positivas de su labor docente en la impartición de esta asignatura?
¿Ha colaborado en la confección de la Guía Docente de la Asignatura?
¿Se recomienda su continuidad como profesor/a de esta asignatura?"

Podemos garantizarle a Vd. y a la Comisión valoradora que tenemos encuestas positivas de nuestra labor docente en los últimos años (y destacadas), y que cumplimos los requisitos establecidos para impartir la asignatura si por ello se entiende los requisitos legales y objetivos. También podemos confirmarles que, como consta en la documentación departamental, somos funcionarios de carrera más antiguos que los demás profesores (del mismo cuerpo docente y área de conocimiento) que han entrado en competición solicitando la misma docencia que nosotros.

Y le recordamos a Vd. la imposibilidad por nuestra parte de haber impartido docencia en las asignaturas, o de haber participado en la elaboración de sus guías docentes, dada la oposición frontal e inmotivada de Vd., de los demás coordinadores, y de la dirección del Departamento, que llevó durante años a nuestra exclusión previa de todo procedimiento de organización del Máster (incluyendo la elaboración de guías docentes). Esta exclusión se realizó usando criterios (en especial el de pertenencia a determinados grupos de investigación) que han sido repetidamente anulados por el Rectorado y por los tribunales de justicia. Todo esto hace doblemente injustas las pretensiones actuales de que sometamos nuestros currícula a una valoración que no garantiza la objetividad de los criterios a seguir, máxime cuando ni la coordinadora ni los demás miembros de la comisión evaluadora han dado señal alguna de replantear sus posturas conformemente a derecho.

La publicidad previa de los criterios objetivos a seguir es especialmente necesaria tras la experiencia del año pasado, en que se valoraron nuestros currícula, con amplia experiencia docente e investigadora avalada por quinquenios y sexenios, en cero puntos en ambos apartados—amañando para ello el baremo con criterios no publicados ni aprobados previamente. Esa actuación fue impropia, y no estamos dispuestos a dejarnos envolver una vez más en una farsa disfrazada de procedimiento administrativo.

Adjuntamos copia de la sentencia nº 268/09 del juzgado nº 2 de lo Contencioso Administrativo de Zaragoza, que como Vd. sabe ordena la utilización de criterios objetivos y de general aplicación en la Universidad para realizar la asignación docente: criterios que no pueden derivar de valoraciones subjetivas por mucho que éstas se remitan a la memoria del Máster. Citamos de la sentencia:

"los criterios por su propia naturaleza son algo objetivo, que no pueden depender al final de lo que se decida en consideración a cuestiones tan etéreas y volátiles como 'los criterios específicos y nuevas necesidades de profesorado que se derivan de memorias justificativas de estos estudios para que se ponderen debidamente'" (p. 7).

El uso de criterios inadecuados en años anteriores llevó a la anulación judicial de las actuaciones. Esta sentencia anuló, asimismo, la aplicación de baremos para asignar la docencia en postgrado, exigiendo el uso de criterios objetivos como puede Vd. leer en su página 5. Le recordamos también que la sentencia del Juzgado nº 2, y la orden directa del Rector, exigen la retrotracción del procedimiento (p. 8, punto 4) y el uso de criterios adecuados desde el principio de las actuaciones. Estos extremos de la sentencia y de la orden del Rector no se están cumpliendo, y más bien parece que se busca de nuevo contravenirlos.

Le comunicamos que la copia de nuestros currícula la depositaremos mañana en el Rectorado, juntamente con un informe sobre las actuaciones del Departamento relativas a la ordenación docente en Máster y en Doctorado, explicando en qué sentido siguen incumpliendo la normativa universitaria y las órdenes del Rector y del Juez.


Zaragoza, 17 de junio de 2010

José Angel García Landa           Beatriz Penas Ibáñez

La diferencia con el año pasado es que aquí todos los años cambia la normativa, para ofrecer un blanco móvil, y en esta ocasión es otra comisión la que pretende hacer la baremación a la baja de nuestros currícula. En concreto, la comisión del máster, los mismos que llevan cinco años excluyéndonos de entrada, y que han visto anuladas sus actuaciones—pero que siguen sosteniendo que los tribunales no les van a ordenar a ellos cómo distribuir la docencia. Así que imagínense qué garantías de calidad y qué perspectivas de objetividad en los criterios...


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El mencionado escrito al Rector, solicitando una vez más que en este departamento se cumplan las normas. Sobre este asunto lo venimos solicitando desde 2005.


Remitentes: Dres. José Ángel García Landa, Beatriz Penas Ibáñez (Departamento de Filología Inglesa y Alemana).
Destinatario: Excmo y Mgfco. Sr. Rector de la Universidad de Zaragoza / Sr. Vicerrector de Profesorado de la Universidad de Zaragoza.
Asunto: Informe sobre no ejecución de sentencia judicial y orden rectoral



Excmo. Sr. Rector Magnífico:

Los abajo firmantes nos dirigimos a V.E.M. con una doble finalidad: 1) informar sobre la no ejecución de unas sentencias judiciales y órdenes rectorales relativas a ordenación docente, y 2) solicitar la intervención de V.E.M. para corregir dicha situación.

1) INFORME

Antecedentes

Desde la implantación de los nuevos postgrados, el Departamento de Filología Inglesa ha venido incumpliendo la normativa universitaria, las órdenes del Rector, y las sentencias judiciales relativas a la ordenación docente. Durante los últimos años se han venido produciendo actuaciones irregulares y confusas encaminadas a la protección mutua de los grupos de investigación y sus miembros, mediante normativas que excluían de la docencia en Máster y Doctorado a quienes no pertenecemos a ellos. Estas normativas se justificaban desde los criterios establecidos en las memorias del Máster y del Doctorado, redactadas por los mismos directores de esos grupos de investigación.

El Rectorado anuló las normativas ilegales, pero al continuar aplicándose los mismos criterios para la ordenación docente, y persistir nuestra exclusión de Máster y Doctorado, nos vimos obligados a recurrir a los tribunales de lo contencioso administrativo. En las dos sentencias emitidas en junio de 2009 por los tribunales nº 2 y 3 de Zaragoza (sentencias 268/09 y 203/09 respectivamente), los jueces ordenaron la anulación de los criterios establecidos por el Departamento para restringir la docencia en Máster, y nuestra inclusión en el programa de Doctorado. El Rector ordenó al departamento el cumplimiento de dichas sentencias en sus propios términos (orden enviada el 23/9/2009).

Tanto las sentencias como las órdenes del Rector fueron recibidas con gran desagrado por los coordinadores del Máster y por la dirección del Departamento. Se hallaron maneras de anular el efecto de estas órdenes, y de que se siguiesen produciendo los mismos efectos de exclusión con un simulacro formal de acatamiento—como ya se había hecho anteriormente con las órdenes del Rector. En todos estos años, sin excepción, los grupos de investigación han logrado que la docencia de Máster se asigne a sus miembros, aun cuando son funcionarios más recientes y con menos méritos objetivos que quienes hemos solicitado docencia y hemos sido excluidos.

Tanto en el pasado curso académico, como en el presente, la fórmula utilizada para incumplir las órdenes recibidas ha sido la redacción de una nueva normativa (alegando el desarrollo de la normativa de los nuevos grados)—pero una normativa que en lugar de atenerse a criterios objetivos, como se les ha ordenado, vuelve a introducir la aplicación de un baremo de méritos (anulado por el Juez en su sentencia) que reintroduce criterios que emanan de las memorias. Además, estos baremos se usaron de modo arbitrario, como quedó patente por la nula puntuación otorgada a nuestros currícula tanto en méritos de investigación y publicaciones como en experiencia docente, lo cual es contradictorio con los currícula que adjuntamos (ANEXOS 1 y 2). El departamento también se ha negado a efectuar la retrotracción del procedimiento de asignación docente según ordenaba el juez, antes de la aplicación del baremo.

Ültimas actuaciones

- El Director del Departamento no ha comunicado al Consejo de departamento el contenido de escritos del Rector y del Vicerrector relativos a este procedimiento y que son absolutamente relevantes para la toma de decisiones del Consejo. Conocemos por vía judicial una orden rectoral de incluir nuestros nombres y líneas de investigación en el nuevo programa de Doctorado. Se han incluido nuestros nombres pero ha habido siempre una negativa explícita a incluir nuestras líneas como las de los demás profesores. En el último Consejo de departmento, las Dras. Penas y Muñoz preguntaron al Director a este respecto, y éste manifestó que era su responsabilidad decidir qué información daba o no daba al Consejo. Se le volvió a preguntar si en caso de ser relevante esta información para la toma de decisiones del Consejo no debería comunicarla, y volvió a reiterar su posición. Se le explicó que no necesitaba asumir personalmente una responsabilidad que competía al Consejo, pero mantuvo su posición. Con lo cual el Consejo no ha podido conocer estas órdenes del Rector. (ANEXO 3).

- En lugar de acatar las órdenes relativas al uso de criterios objetivos y de general aplicación en la Universidad para la ordenación docente, el Director ha pedido a los coordinadores de los Másteres en los que tiene docencia el Departamento que emitan "informe sobre la evaluación docente y perfil del profesorado para la docencia del curso 2010-2011", y ha propuesto al Departamento que dicho informe de los coordinadores sea vinculante. Es decir que, desentendiéndose de la elaboración y aplicación de criterios objetivos de asignación docente, según exigen las órdenes del juez y del Rector, se vuelve a remitir a fuentes externas—en este caso la Coordinadora del Máster de Estudios Textuales y Culturales (informe en ANEXO 4). Es de notar que de no existir criterios objetivos y generales del Departamento, la ordenación docente se realizará en cada titulación con criterios diferentes. Esto es lo contrario de los criterios objetivos y de general aplicación que ordenan utilizar la sentencia judicial 268/09 y el Rectorado. (Es de notar que la comisión departamental que tomó esta decisión, el día 7/6/2010, lo hizo sin conocer siquiera el contenido del informe de la coordinadora, y que el Consejo ratificó esta actuación a pesar de ello — ANEXO 5—dicho quede como indicativo de los modos de actuar de gran parte de los miembros de este departamento).

Del citado informe anual de la Coordinadora parece colegirse que algunos de los criterios (no especificados) que se usarán habrán de responder a las siguientes preguntas:

a) ¿cumple con los requisitos establecidos para impartir la asignatura?
b) ¿Tiene encuestas positivas de su labor docente en los últimos cinco años?
c) ¿Tiene, en su caso, encuestas positivas de su labor docente en la impartición de esta asignatura?
d) ¿Ha colaborado en la confección de la Guía Docente de la Asignatura?
e) ¿Se recomienda su continuidad como profesor/a de esta asignatura?"

En ningún caso establece la Coordinadora, por supuesto, un orden de prelación basado en los criterios objetivos no anulados por la sentencia judicial y usados en todos los demás departamentos—y también en nuestro propio departamento en todos los demás casos excepto en el nuestro.

- En el último Consejo del 12/6/10 la Dra. Muñoz (ANEXO 6) solicitó que se cumpliera la orden del juez relativa a la retrotracción del procedimiento—especialmente visto que el Consejo de departamento aprobó hacer vinculante el informe de la Coordinadora y con él sus criterios a) b) c) d) e). Es de notar que cuando el Departamento hizo ademán de acatar la orden del Rector a este respecto, en 2009, este punto de la orden fue explícitamente excluido, y ni siquiera se incluyó en el orden del día.

- El 11/6/10 la Coordinadora ha pedido que le enviemos nuestros currícula para que la comisión de calidad del Máster los someta a valoración y determine nuestra "idoneidad". Dados los antecedentes, no puede caber duda sobre el resultado de este procedimiento, visto que la Coordinadora ha buscado inflexiblemente, desde un principio, nuestra exclusión del Máster y del Doctorado. Adjuntamos el escrito de la Coordinadora y nuestra respuesta razonada, exigiendo que se hagan públicos previamente los criterios objetivos a aplicar (ANEXOS 7 y 8).

2) SOLICITUD

Solicitamos de V.E.M.

1) Que ordene nuevamente al Departamento de Filología Inglesa y Alemana, o a la Coordinadora del Máster y presidenta de su comisión de Calidad, si es que por el mencionado carácter vinculante de su informe procede delegar en ella la asignación docente del Departamento, que se acaten las órdenes recibidas del Rector y de los jueces, incluyendo la retrotracción del procedimiento,

2) Que vele por que la asignación docente se efectúe en este Departamento en base a criterios objetivos y de general aplicación en la Universidad, a saber, los no anulados en la sentencia del Juzgado:

a) Orden de niveles: 1. Catedráticos de Universidad, 2. Profesores Titulares de Universidad y Catedráticos de Escuela Universitaria; 3. Profesores Titulares de Escuela Universitaria y Profesores Contratados Doctores, 4. Investigadores contratados, profesores colaboradores, profesores asociados LRU Tiempo Completo y Prof. Ayudantes Doctores; 5) Ayudantes y Prof. Asociados a tiempo parcial, 6) Personal Investigador en formación con obligaciones docentes;
b) A igual nivel, mayor nivel de titulación universitaria
c) En caso de igualdad, mayor tiempo de dedicación docente (completo/parcial)
d) En caso de igualdad, la mayor antigüedad en el cuerpo de los funcionarios o en la categoría de los contratados, y, en su defecto, mayor antigüedad en la UZ (criterios especificados en la p. 5 de la sentencia, tras la anulación por el juez, p. 8, del uso de baremos interpretables ad hoc y de criterios particulares establecidos en las memorias).

En el momento actual de implantación de nuevas normativas y procedimientos, es especialmente importante que éstas no se tergiversen o instrumentalicen para maniobras de acoso laboral, ni exclusión arbitraria de funcionarios, ni favoritismos de grupos de apoyo mutuo. Y que no se usen como excusa para reintroducir criterios que han sido repetidamente anulados por su arbitrariedad. No debe permitirse que el discurso de la "calidad" que acompaña al proceso de Bolonia se utilice como excusa para encubrir procedimientos que en última instancia son arbitrarios y no obedecen sino a intereses y motivaciones feudales.

También debería velar V.E.M. por que surtan finalmente algún efecto las órdenes del Rectorado y del Juzgado, pues hasta ahora el Departamento de Filología Inglesa y Alemana ha encontrado fácilmente maneras de sortearlas y seguir produciendo los mismos efectos buscados.

Nuestros currícula adjuntos pueden enviarse a la Coordinadora del Máster, si V.E.M. lo considera adecuado, junto con las órdenes que sean pertinentes.

Zaragoza, 18 de junio de 2010

José Ángel García Landa Beatriz Penas Ibáñez
Facultad de Filosofía y Letras Facultad de Filosofía y Letras


miércoles, 16 de junio de 2010

España a comienzos del siglo XX


(Notas sobre el capítulo 1 del libro de Antony Beevor La guerra civil española).



 

A principios del siglo XX, los mandamientos de la constitución de 1876 en lo tocante a representación popular se conculcaban ex profeso. "España no era un país democrático en el sentido actual del término" (16). La miseria de las clases proletarias y el inmobilismo y ventajismo de los grandes propietarios y de la Iglesia creaban un caldo de cultivo de conflictos. Y el sistema político de la Restauración, con sus elecciones amañadas por el caciquismo y su inercia elitista, no tenía instrumentos capaces de efectuar las reformas sociales que pudiesen contener los periódicos estallidos de violencia popular.

La gran crisis y huelga del 13 de agosto de 1917 presagiaba la revuelta de 1934. Y ya participó Franco en la represión de la huelga en Asturias. Beevor condena (implícitamente) la dureza de la represión, pero no dice nada sobre la oportunidad o legalidad de las acciones de los huelguistas. La represión restauró el orden, pero el sistema estaba desfasado, los políticos no sabían cómo pasar "del liberalismo oligárquico a una democracia de masa" (Santos Juliá). En 1919, nuevos conflictos. "Los patronos respondieron a la violencia con la violencia", nos dice Beevor —se queda uno, claro, con la duda de si a la violencia hay que responder con la sumisión... Pero está claro que el sistema no caminaba hacia una evolución habitable.

En 1923 se produjo el golpe de Primo de Rivera, aceptado por el Rey, y seguidamente por Largo Caballero y la UGT (a pesar de la oposición de Indalecio Prieto). Muchos convergieron en el paraguas de la dictadura: "quizás una de las peores gestiones de la Dictadura la llevó a cabo su ministro de Hacienda, Calvo Sotelo, con la paridad monetaria de la peseta" (25) —con la especulación y la fuga de capitales, la República recibió la peseta al 50% de su valor.

El Pacto de San Sebastián que trajo la República iba apoyado en militares republicanos como Gonzalo Queipo de Llano, Ramón Franco, Ignacio Hidalgo de Cisneros, Fermín Galán o Ángel García Hernández. El comité revolucionario iba presidido por Niceto Alcalá Zamora. Los militares de Jaca se sublevaron el 12 de diciembre de 1930 porque no les llegó un aviso de retraso de la sublevación.

Muchos intelectuales (entre ellos Ortega y Gasset, Marañón, Ramón Perez de Ayala) formaron una agrupación "Al servicio de la República" presidida por Antonio Machado; su toma de postura fue crucial para la llegada de la República. Hay que subrayar que las elecciones del 12 de abril de 1931 eran municipales, en absoluto constituyentes. Beevor arguye que ganaron los republicanos "en las capitales de provincia" y que no se conocen los resultados exactos. No subraya Beevor, sin embargo, el hecho de que la República llegó de modo revolucionario, no mediante una transición legítima, pues las elecciones que ganaron en modo alguno les facultaban legalmente para imponer un nuevo régimen y anular la constitución. Romanones, miembro del gobierno Aznar que había sucedido a Berenguer, intentó pactar con los republicanos pero éstos no se avinieron. Y Sanjurjo, jefe de la guardia civil, declaró que el gobierno no tendría su ayuda para imponer el orden vigente. "A las seis de la mañana del día 14 de abril se proclamó la República en Éibar" (28)—. Beevor apunta la alegría que se extendió por toda España, pero la alegría no hace más legal (ni menos pasmante) el hecho de que unos particulares, a resultas de unas elecciones municipales, ordenaron al Rey salir del país—y que el Rey les obedeció, faltando a su deber y a sus funciones constitucionales.

La República llegó pues de modo revolucionario, un movimiento popular apoyado por élites y por el Ejército, y por un derrumbe o renuncia del sistema anterior. Pero supuso una ruptura de legalidad, la primera de muchas que seguirían. En la perspectiva de Beevor, y de muchos historiadores, la gravedad de esta ruptura de la legalidad no aparece, y se pierde entre la alegría de la fiesta.


Borges: "Lectores"


LECTORES

De aquel hidalgo de cetrina y seca
tez y de heroico afán se conjetura
que, en víspera perpetua de aventura,
no salió nunca de su biblioteca.

La crónica puntual que sus empeños
narra y sus tragicómicos desplantes
fue soñada por él, no por Cervantes,
y no es más que una crónica de sueños.

Tal es también mi suerte. Sé que hay algo
inmortal y esencial que he sepultado
en esa biblioteca del pasado

en que leí la historia del hidalgo.
Las lentas hojas vuelve un niño y grave
sueña con vagas cosas que no sabe.




















(Encontrado paseándome por Poesía en español - Spanish poetry)


martes, 15 de junio de 2010

Recordando, olvidando, retocando la guerra y la paz


Otra nota sobre el libro Guerra civil: Mito y Memoria, sobre el que hablaba el otro día ("El pasado retroactivo"). Varios de los autores remiten a la perspectiva de M. Halbwachs en Les Cadres sociaux de la mémoire (1925) y La mémoire collective (1950). Así, Michael Richards, en "El régimen de Franco y la política de memoria de la guerra civil española" observa cómo los recuerdos de los acontecimientos "son conformados y reformados por los cambiantes contextos e identidades sociales y políticas. La memoria es de por sí un acontecimiento social" (171); "el recuerdo es un proceso altamente intersubjetivo, que es conformado por nuestro cambiante entorno. Se trata de un fenómeno generacional y que es moldeado por la forma en que damos sentido y nos enfrentamos al cambio" (172). "Tal como ha argumentado Alessandra Portelli, la memoria no es simplemente un espejo de lo que ha sucedido, es una de las cosas que sucede" (174).

Richards da unas cifras de víctimas mortales en la guerra civil de unos 350.000 muertos entre 1936 y 1939, tanto en el campo de batalla como debidos a la represión en ambos bandos, y otros 214.000 muertos, o más, en 1940-42 causados por el hambre, la enfermedad y la represión del bando vencedor—remite a Santos Juliá, Víctimas de la Guerra Civil y a J. Díez Nicolás. (173). El franquismo pasó en su política de memoria "de la invocación sagrada al realismo político". "Dado el carácter excluyente de la memoria pública, es evidente que una parte importante de la memoria de la guerra en España es vivida como una cultura de represión desde el lado de los derrotados. Al esfuerzo repubicano de guerra se le niega la expresión, la representación y la ritualidad pública" (176). En un principio, la guerra era la "Cruzada" o la "Guerra de liberación" y había analogías con la Reconquista y las purificaciones de moros y judíos en el siglo XV (178); la continuidad orgánica de España como nación se asociaba a estas expulsiones (179). Otro mito histórico asociado a la guerra civil era el levantamiento contra Napoleón: el enemigo era algo externo. Aunque el franquismo pasó a potenciar la celebración de la paz, y a promover la denominación de guerra civil como algo que no había de repetirse, el régimen siguió basándose en la hegemonía de los vencedores, y el supuesto monumento a las víctimas de la guerra, el Valle de los Caídos, estaba obviamente sesgado hacia la promoción de los valores del bando vencedor.

Los años sesenta estuvieron marcados por la emigración de los pueblos a las ciudades: y esa emigración supuso una reorientación temporal también. Se deja atrás en cierto modo el pasado, y al ir a la ciudad se orienta la atención al futuro, a salir adelante en la nueva situación. Tras el silencio sobre la guerra que rodeó a los niños que crecieron en los años cuarenta, en los años sesenta y setenta la "amnesia colectiva" se veía como la actitud más aconsejable para remediar los males de España. Desde el poder, aun aceptando la corresponsabilidad en la guerra, se seguía justificando la purga de sangre que ésta supuso, una cuestión que iba asociada al poder franquista como una sensación de pecado original (197). Según Castilla del Pino, la clave de la actitud del español medio bajo el franquismo estaba en la prudencia, en juzgar con cuidado lo que podía y no podía hacerse—adecuándose a las reglas del juego existentes. Según Richards,

"La prudencia, nacida de una sensación de miedo más o menos consciente y resumida en el lema no hay que meterse en nada, puede argumentarse que es algo distinto del consentimiento, de la misma manera que no es tampoco de forma directa un caso de 'olvido' (...) Una estrategia decidida de 'olvido' presupone que la guerra era de hecho recordada; si la metáfora del 'trauma' tiene alguna utilidad para describir las colectividades sociales, tal vez dichos grupos poseen también una memoria inconsciente." (198)

Una cuestión pendiente es si la transición fue una curación del trauma, o una continuación y síntoma del mismo. Seguramente un poco de todo, visto el debate que hoy sigue suscitando la cuestión de la guerra y de la propia transición como superación del régimen franquista.



De los demás artículos, me ha interesado especialmente para estas cuestiones el de Paloma Aguilar Fernández, "Presencia y ausencia de la guerra civil y del franquismo en la democracia española. Reflexiones en torno a la articulación y ruptura del 'pacto de silencio'" (245-93). Aludiendo al aluvión de libros sobre El pasado oculto, La memoria incómoda, El silencio roto, La voz dormida, etc., observa que "la denuncia de la supuesta 'amnesia' actual de los españoles en no pocas ocasiones se confunde con la denuncia del indiscutible silencio al que fueron sometidos los vencidos a lo largo de la dictadura" (247). Sobre el pacto de la Transición, basado en no pasar cuentas sobre el pasado franquista, tiene Aguilar una posición un tanto diferente de la que hoy se va convirtiendo en piedra de toque de la izquierda, especialmente a raíz del asunto Garzón. Se sostiene hoy con frecuencia que la Transición fue una solución cerrada en falso, y que la amnistía al franquismo fue producto de una situación coercitiva, un pacto de silencio auspiciado por los impulsores de la transición, y una estafa a los deseos populares de justicia. Frente a esto dice Aguilar,

"trataré de demostrar que el anterior acuerdo, mediante el que se evitaba la instrumentalización partidista del pasado, fue ampliamente respaldado por una ciudadanía temerosa de las consecuencias de abrir un debate sobre el mismo y, por lo tanto, no fue sólo fruto de la imposición de unos políticos empeñados en soslayarlo" (248).

—Donde quizá la palabra clave, claro, sea "temerosa". Ahora que el temor es complejo, y no hay que interpretarlo sólo como temor a involuciones o militaradas. Con eso se mezcla la actitud ambivalente de gran parte de la ciudadanía a su propia implicación con el régimen. Después de todo, "la complicidad de una parte importante de la sociedad con la dictadura contribuía a explicar su longevidad" (248).

Lo que sí es falso es la ilusión retroactiva potenciada por algunos hoy, de que no hubo reparación alguna a los representantes del bando derrotado:

"Es cierto que no siempre ha habido voluntad política para aprobar medidas compensatorias dirigidas a los vencidos en la guerra, y menos aún a los represaliados durante la dictadura, pero no debe decirse que no han existido en absoluto, pues la voluntad de reparación, con todas sus limitaciones, está presente desde el principio de la democracia" (249).

El supuesto "pacto de silencio" se rompe, según Aguilar, por una conjunción de un cambio estratégico por parte de las elites parlamentarias, con un relevo generacional:

"Aunque (...) las nuevas generaciones se sienten más libres y seguras para indagar, sin traumas, ni culpas, en el pasado, la ruptura del pacto de no instrumentación política de éste no parece haberse debido a presiones ejercidas desde la sociedad civil, sino a una decisión interesada de las elites parlamentarias, provocada por un importante cambio en la correlación de fuerzas políticas" (250)

—a saber, la llegada del PP al poder en los años 90, y el intento desesperado del PSOE por no perder el poder primero, y recuperarlo luego.

El pacto en cuestión era a la vez tácito, una voluntad de no instrumentalizar políticamente el pasado, y también explícito, encarnado en la Ley de Amnistía de 1977, "mediante el que se impide juzgar las posibles violaciones de derechos cometidas por cualquier parte con anterioridad al periodo de vigencia de la amnistía" (251). Aguilar observa que la amnistía al franquismo tuvo lugar en su momento "sin impacto social alguno" (282) ni rechazo visible; y que no sería razonable condenar el pacto, sino más bien examinarlo con cuidado, pues iba encaminado a establecer reglas del juego y a superar recelos y suspicacias. Admite que al contrario que la guerra, "la dictadura estaba demasiado cerca como para que fuera posible articular una reflexión serena sobre la misma; además se anticipaba que no se alcanzaría un consenso equivalente en torno a ella. En cualquier caso, el carácter traumático de ambos recuerdos (el de la guerra y el del franquismo) aconsejaba la mayor prudencia" (254). 

(Recordemos lo dicho sobre la prudencia como la actitud característica bajo el franquismo, según Castilla del Pino... Quizá haya que pensar que hoy en día persiste la proximidad emocional de la dictadura, a pesar del tiempo, y también la imposibilidad de articular un consenso en torno a ella).

En el análisis de Aguilar hay un lugar para el hindsight bias o falacia retrospectiva que cometemos al juzgar el pasado desde el presente. El pasado aquél hoy sabemos (en parte) a dónde conducía; pero quienes en él vivían tenían ante sí un futuro incierto, no lo que para nosotros ya es pasado (incluyendo la amenaza involucionista del 23-F y su resolución).


"Las personas más críticas con el modelo de transición español suelen desatender el alto grado de incertidumbre del periodo, así como los peligros de amenaza golpista, proyectando desde un presente sin problemas de estabilidad política la invectiva hacia un pasado que se imagina ausente de limitaciones." (254)

Mucho decir, quizá, lo de un presente sin problemas de estabilidad política, el de la España de hoy. También hay que reconocer que fue una reconciliation under duress, como ha de reconocer Aguilar—no hay que pasar por alto, dice, "los obstáculos entonces existentes para llevar a cabo una política de depuración de responsabilidades bajo la dictadura" (255). Obstáculos a los que, a partir de entonces, hay que sumar la propia aquiescencia a renunciar a depurar responsabilidades expresada en la ley de amnistía del 1977. Ley preconstitucional, por cierto, no está de más recordarlo, si bien la propia constitución apoyó su consenso sobre la misma ley de amnistía... y en el harakiri institucional del propio régimen franquista, otra cuestión que con frecuencia se soslaya con demasiada ligereza.

En todo caso, recuerda Aguilar, es innegable que el ambiente dominante durante la Transición, tanto entre las elites políticas como en la mayoría de la población, era el de una decidida búsqueda de reconciliación, y una orientación al pasado, no buscando ajustes de cuentas con el pasado franquista.

"Cualquier proposición en esa línea era inmediatamente tildada de 'revanchista' por parte de la derecha y de 'inoportuna' por parte de la izquierda. Tan estigmatizados quedaron los pocos que demandaban justicia que, al final, una vez estabilizada la democracia, la izquierda se olvidó de recoger sus soslayadas inquietudes, en parte también porque no existía una demanda social fuerte y visible que presionara en esa dirección." (257).

Es difícil de entender que más allá de pedir responsabilidades, ni siquiera se homenajease debidamente a las víctimas del franquismo, y que en la larga etapa socialista hiciera bien poco en este sentido. Le dijo Gutiérrez Mellado a Felipe González, antes de llegar a presidente, que no removiera el pasado mientras viviera la generación que protagonizó la guerra civil, pues "debajo del rescoldo sigue habiendo fuego" (259).

Una cosa es el primer franquismo, autoritario, represor mediante la imposición brutal; no lo mismo fue el segundo franquismo, el marco político de tantos años al que se adaptaron los españoles sin una contestación, y que en cierto modo evolucionó dando lugar a la transición sin ruptura. Un problema, esta continuidad de la situación actual con la transición, y de ésta con el franquismo, para quienes abogan una ruptura y deslegitimación total del proceso—pues es el que ha creado la legitimidad actualmente existente.

"La falta de consenso en torno al segundo franquismo explica por qué se ha dedicado tanto espacio al estudio de la represión posbélica, a la autarquía y al exilio, y tan poco a la España de los años sesenta y setenta, que es determinante para entender la transición" (261).

En una serie televisiva como Cuéntame cómo pasó se ofrece

"una aproximación benévola de lo que se llamaría 'franquismo sociológico', del que los padres protagonistas son un buen exponente, mientras no les hagan evolucionar en direcciones insospechadas. Esta serie viene a justificar la pasividad de aquella parte de la sociedad que bastante tenía con sobrevivir y a mostrar que el ciudadano medio no disponía de tiempo ni de energías para emplearlas en litigios políticos" (262)

—y ya desde el franquismo se ha considerado y mantenido como valor político prioritario la paz, "incluso por encima de la justicia, la libertad y la democracia" (263). 

(Es algo que se vio claramente, quizá, en la actitud mayoritaria de pasividad y aceptación de la negociación con terroristas auspiciada por el gobierno de Zapatero, considerada indigna por sectores amplios pero minoritarios).  

En suma, tanto durante el franquismo como después, la mayoría de la sociedad prefiere mirar hacia adelante y alcanzar un consenso habitable, antes que afrontar seriamente las responsabilidades por la brutalidad de la guerra y, quizá aún más, por la connivencia mayoritaria con la dictadura.

"Finalmente, el orgullo que sienten los españoles por la forma consensuada en que se hizo la transición y su alta valoración de la moderación y el orden permiten deducir los límites que les gustaría que ser respetasen en la contienda política" (271).

Paralelo a esto fue la caída en el olvido de la figura de Franco y su relativa pérdida de visibilidad pública. Hace poco decía Almodóvar que su manera de luchar contra el franquismo era hacer como que Franco no había existido. Debe haber sido una actitud corriente, al parecer.

El 20 de noviembre de 2002 se aprobó en las Cortes "la condena al pasado franquista y el homenaje a sus víctimas (incluida la obligación por parte de las administraciones públicas de facilitar el acceso a las fosas comunes y de ayudar en la identificación de los restos", pero a la vez se acordó evitar que lo aprobado "sirva para reavivar viejas heridas o remover el rescoldo de la confrontación civil" (Boletín del Congreso, cit. en Aguilar 272). Para Aguilar, este "reciente acto de reprobación de la dictadura ha permitido, en cierta forma, rematar un consenso fundacional que había quedado incompleto debido a la proximidad de la dictadura y a la falta de acuerdo respecto a su valoración" (280). No es preciso subrayar que ese acto no deslegitima la Transición, sino que en sus propios términos la refuerza y culmina.

Vino esta toma de postura ante la dictadura tras un largo período en que no se había tocado el pacto en torno a la no instrumentalización política del franquismo. Para Aguilar, el pacto lo rompió en los años 90 el PSOE, al sentir que iba a perder el gobierno: "Ante esta posibilidad, decidió romper el citado acuerdo político y hacer una campaña desesperada contra el Partido Popular mediante la instrumentalización de su pasado franquista" (283). (Hay que recordar que Julio Anguita condenó públicamente esta campaña). A partir de entonces es moneda corriente el combatir al PP asociándolo a la dictadura... 

(y esto por mucho que personas y dirigentes de ambos partidos vengan con frecuencia tanto de un bando de la guerra civil como del otro–y que el PP, claro, se fundase con posterioridad a la transición). 

Observa Aguilar que el PSOE

"a pesar de haber dispuesto del poder durante catorce años (varios de ellos con amplias mayorías parlamentarias) no impulsó las medidas que luego apoyaría desde la oposición acerca de la condena del pasado y de la rehabilitación de las víctimas" (288).

Hay, como se ve, mucha historia retroactiva en estas actitudes hacia el franquismo.

Concluye Aguilar que el supuesto pacto de silencio "fue un acuerdo de no instrumentalización política del pasado, auspiciado por una sociedad traumatizada por el mismo y deseosa de mirar hacia el futuro" (290), un acuerdo ampliamente aceptado por la sociedad española. Pero que si bien la ley de amnistía de 1977 impide juzgar crímenes amnistiados, no impide que se hagan investigaciones históricas al respecto:

"aunque no pueda juzgarse penalmente a los torturadores del franquismo, que por causa de la citada ley gozan de una inmunidad total, nada debería impedir que fueran debidamente documentados los delitos en que incurrieron, pues hay muchos testimonios orales que podrían recopilarse al respecto" (292)

—así como todo tipo de historias sobre sistemas de control social, vigilancia, espionaje, etc.  

(Por no hablar de obtención de puestos políticos y cargos por contactos con el régimen, beneficios económicos por información privilegiada como en el caso de Santillana, etc. etc.).

Está, por último, siempre abierta la posibilidad de que dicha ley se revoque, con una mayoría parlamentaria adecuada. Pero si no hay consenso total en torno a la oportunidad de la ley en su momento, mucho menos lo hay sobre la oportunidad de revocarla hoy, treinta y tantos años después. Si las decisiones sobre el pasado son realizativas, tomar esa opción sería no sólo revelador de un trauma mal superado, sino una profundización en el trauma mismo. Así veo yo la última escaramuza al respecto, el caso Garzón relativo a la investigación de los crímenes del franquismo, en el que las opciones jurídicas tomadas por el juez oscilan entre lo jurídicamente dudoso y lo grotesco.

Pero quizá estemos abocados a ver más maniobras en ese sentido, y más rituales simbólicos que a la vez exorcizan el trauma y ahondan en él, síntomas demasiado tardíos de cosas que se creían descartadas. Veremos, quizá, desenterrar el cuerpo de Franco, para sacarlo de su mausoleo faraónico; quizá incluso se le degrade en el Ejército, o se le quite el título de Jefe de Estado, a posteriori. Incluso, quién sabe, se le negará la promoción a general. Pantanos, en cambio, no creo que vayan a volarse muchos.

La casa de Franco


—oOo—

lunes, 14 de junio de 2010

Take Me Home, Country Roads


Una canción de John Denver. La oía mucho hace treinta y tantos años, en una cinta que tenía mi hermano. Y también la oí en una película—un aficionadillo la tocaba allí, como yo ahora. Todo esto en los setenta. A John Denver lo di por muerto en accidente de avión a principios de los ochenta—extraño, porque en realidad el accidente sucedería en 1997.





Esta es mi guitarra nueva, Washburn made in China. Espero que no me defraude y acabe acostumbrándome a ella.

Adorno y Horkheimer hablan de la Expo Zaragoza 2008


Con sesenta años de antelación, la tenían cachada. El fragmento viene de "The Culture Industry: Enlightenment as Mass Deception", en Dialectics of Enlightenment.

The decorative industrial management buildings and exhibition centers in authoritarian countries are much the same as anywhere else. The huge gleaming towers that shoot up everywhere are outward signs of the ingenious planning of international concerns, toward which the unleashed entrepreneurial system (whose monuments are a mass of gloomy houses and business premises in grimy, spiritless cities) was already hastening. Even now the older houses just outside the concrete city centers look like slums, and the new bungalows on the outskirts are at one with the flimsy structures of world fairs in their praise of technical progress and their built-in demand to be discarded after a short while like empty food cans.

domingo, 13 de junio de 2010

El pasado retroactivo


Voy leyendo desde hace años, a ritmo lento, libros sobre historia española reciente. El último que ha caído ha sido Guerra Civil: Mito y Memoria, editado por Julio Aróstegui y François Godicheau. Es un volumen bastante iluminador, en general poco sectario ni simplista. 

Comienza con un artículo interesante de Marie-Claire Lavabre, sobre "Sociología de la memoria y acontecimientos traumáticos", donde se acerca de modo interdisciplinar a la cuestión de la memoria histórica: "la toma en consideración de la 'memoria', es decir, de las representaciones del acontecimiento y del sentido retroactivo del acontecimiento, constituye, sin duda, un punto de vista epistemológico innovador en historia." (31). Remite a Pierre Nora, para quien la memoria en este sentido es "no el recuerdo, sino la economía general y la administración del pasado en el presente"; dice Lavabre que "la noción de memoria encuentra su sentido en la distinción estratégica entre historia y memoria" (41). Así, a la historia crítica como tal se contraponen "los usos del pasado y de la historia—lo que denomina 'memoria histórica', entendida esta vez como historia no crítica o aun como 'historia oficial'"—y es ésto más que la 'memoria colectiva' lo que estudia Nora (41). Es lo que los críticos materialistas culturales llaman apropiación, en este caso del pasado: "Se denominará entonces memoria histórica a los usos del pasado y de la historia, tal como se la apropian grupos sociales, partidos, iglesias, naciones o Estados" (43)—apropiaciones dominantes o dominadas, plurales o selectivas, que establecen con frecuencia analogías entre el presente o el pasado—"de manera que la historia propiamente dicha tenderá, en principio, si no a la unidad, al menos sí a la crítica de las memorias históricas y al establecimiento de diferencias entre el pasado y el presente" (43). A la vez hay un deber de memoria y un deber de evitar los abusos de la memoria, observa Lavabre. Hace falta una visión crítica sobre los procesos de apropiación de la Historia, incluidos, enfatizaría yo, los de la propia Historia "crítica" u oficial—"porque eso que llamamos la memoria colectiva no es a fin de cuentas otra cosa que un trabajo de homogeneización de las representaciones y de reducción de la diversidad de las interpretaciones del pasado, un trabajo, como todos los trabajos, que necesita tiempo" (54). Un tiempo, diría yo, que a la vez que construye una verdad histórica compartible, nos aleja de la historia vivida y de los conflictos efectivos vividos en lo que fue el presente, para crear —retroactivamente— una pasado que sirve a los fines de quienes usan la historia.

Julio Aróstegui también escribe un artículo panorámico sobre "Traumas colectivos y memorias generacionales: el caso de la guerra civil"—donde observa que el discurso de la reconciliación entre los españoles que sustentó la transición estuvo caracterizado por un cierto "olvido" de la guerra civil, que ha ido seguido en los años noventa por un resurgir de la polémica. En los últimos años, "el deber de memoria vino a ser plenamente reivindicado y exigido por los nietos de la guerra" (90). Hay una nueva memoria de la guerra y nuevas interpretaciones, cambiantes y múltiples, de las reparaciones exigibles: "toda nueva sociedad engendra una nueva memoria histórica" (92), y Aróstegui ve favorablemente que "la más incisiva, justa y creadora de esas memorias es la de la generación más joven que es la que verdaderamente recoge el legado de ese trauma colectivo" (92)—aunque parece contradictorio suponer que "la generación más joven" tenga, así en bloque, una visión determinada de las causas de la guerra civil y de la política más adecuada a aplicar al respecto. Se queda uno con la noción de que estamos sobre terreno movedizo, que la memoria y la historia que se hacen, y la política que se promueve, no van a conseguir estabilizar el diagnóstico y la imagen de lo que sucedió en los años 30 y de sus secuelas, incluida la transición española y el momento en que vivimos. Cada opinión al respecto es una intervención que altera el mismo terreno sobre el que se formula. 

Más lúcido parece al respecto el siguiente artículo, de Pablo Sánchez León: "La objetividad como ortodoxia: los historiadores y el conocimiento de la guerra civil". La imparcialidad histórica parece en este terreno y en este momento, una ficción ideológica, al que no escapan los historiadores, supuestos garantes de la verdad de las cosas:


"la presunción de imparcialidad ha sido el principal recurso que ha permitido a los historiadores de los últimos treinta años aspirar legítimamente a monopolizar el marco intelectual de toda la memoria colectiva sobre la guerra civil española. Mas no por ello hemos de dejar de concebir las afirmaciones gremiales de los historiadores esencialmente como una retórica. La supuesta objetividad ha funcionado como la coartada en el ámbito epistemológico de una sólida ortodoxia merced a la cual los historiadores, aparte de lograr reconocimiento social, contribuyen más a la legitimidad del orden democrático que a proporcionar un conocimiento distanciado e imparcial de un acontecimiento que todavía hoy figura como el más traumático de la historia contemporánea española" (130).

Como Lavabre, remite Sánchez León a una visión crítica que no superponga analógicamente y de modo simplista el presente y el pasado—usando la República y la guerra como modo de confirmar identidades actuales, algo que ha venido haciendo la historiografía de la guerra civil.


"He aquí la gran asignatura pendiente de la historiografía de la guerra civil española: dar el paso de asumir que aquellos españoles que combatieron entre 1936 y 1939 eran demasiado diferentes a lso españoles actuales como para que resulte de recibo conservar una imagen naturalizada de ellos justificada en una común 'españolidad' o en supuestas analogías formales entre las ideologías dominantes en la España de la Segunda República y las de la monarquía constitucional actual" (135)

Paradójicamente, reclama Sánchez León a la vez un reconocimiento de la imposibilidad de reclamar neutralidad y objetividad... algo que hacía, a su manera desde luego, la historiografía del primer franquismo. Podríamos quizá añadir a esta perspectiva la observación que la historiografía viene ejerciendo esa imposibilidad de neutralidad y objetividad, y que la ejerce mediante la maniobra ilusionista de (precisamente) dar por sentadas su neutralidad y objetividad.

François Godicheau traza la historia de la denominación del conflicto en "Guerra civil, guerra incivil: la pacificación por el nombre." El nombre de "guerra civil" se empezó a usar cuando primó la idea de la reconciliación y superación del conflicto, ya en época franquista: cuando se pasó de glorificar la "Cruzada" a la promoción de la idea del nunca más. Observa Godicheau, como otros autores del volumen, que para la comprensión adecuada del conflicto hay que evitar el proyectar actitudes actuales (—al menos, diríamos, no hacerlo de modo simplista, suponiendo que no pueda evitarse el hacerlo).

"En general, nadie se pregunta si los actores de la época tenían razones suficientes para actuar ni cuáles eran éstas realmente, porque se considera a priori que esas razones eran malas, insuficientes y moralmente condenables." (160). Habría que orientar la investigación, dice Godicheau, hacia la historia social, y hacia "la comprensión de la racionalidad propia de los autores, diferente de la nuestra, y no hacia el establecimiento de responsabilidades" (161). Aunque me temo que la tentación es irresistible, una vez sabido el resultado de las decisiones tomadas y de sus consecuencias. Es la ventaja de escribir historia, en lugar de vivir en ella.



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