jueves, 12 de agosto de 2010

Crimen nacional y tragedia

Comentario que pongo a un artículo sobre Hiroshima y Nagasaki, de Fernando Peregrín, en Tercera Cultura:

El Estado de Derecho de los norteamericanos, como el de otras muchas naciones, tiene elementos endebles en sus raíces— como la exterminación masiva e indiscriminada de civiles en Hiroshima o Nagasaki, por la que jamás se ha juzgado a Truman, por ejemplo, ni se le ha apeado de ningún panteón. Son crímenes de guerra nunca reconocidos como tales, sino justificados y medio escondidos, medio aceptados como parte de la tradición patriótica. Pero en eso no somos distintos los demás occidentales. Todos los Estados son, en cuanto tales, administradores de violencia, y muchas veces esa violencia legal se ha llevado por delante a inocentes, sin que se exijan responsabilidades. Por eso la historia es trágica, porque aun en el caso de llegue a prevalecer lo relativamente mejor (desde un punto de vista ético, digo), va imbricado indisolublemente con mucho de lo peor. Nosotros colaboramos con quienes sostienen el sistema que no exige responsabilidades— aun manteniendo una distancia crítica con respecto a lo que menos nos gusta de nuestra sociedad, estamos pillados todos en una cadena humana.

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