Leyendo Blanquerna, de Raimundo Lulio. Un debate matrimonial (I.vi.3-4):
3. "Bien segura podéis estar, esposa—respondió Evast—, que no me habéis dado jamás ni el menor disgusto; antes os digo, que desde aquel día en que quiso Dios unirnos con el vínculo del santo matrimonio, he dado siempre gracias a Su Divina Majestad por haberme favorecido con vuestra amable compañía; pues entre los muchos favores que en este mundo está repartiendo a sus siervos el Altísimo, de que se le debieran dar siempre gracias repetidas, uno es el logro de una fiel y buena compañera. No penséis, pues, haberme en alguna manera disgustado, en cuanto os he visto obrar; antes os pido perdón por si acaso he faltado, o si algo he obrado contra vuestro parecer y dictamen. Mas estando nosotros al cabo de nuestros días y siendo el estado religioso mucho más perfecto que el matrimonial, y debiendo los mortales acercarse siempre más a Dios por buenas obras, cuanto les fuera posible, mientras ahora tenemos tiempo y ocasión oportuna para ello os ruego que, así como siempre me habéis obedecido, os dignéis también ahora condescender en que, dejando a nuestro hijo Blanquerna en la vida activa, entremos ambos en la contemplativa, poniendo todo nuestro conato en ver cómo podremos, con la gracia de Dios, estar juntos en la gloria eternamente y sin fin."
4. "Dueño y señor mío—respondió Aloma—, con rubor y reverencia responde mi amor a vuestra propuesta. Sabe Dios que no cupo jamás en mi pensamiento ni dictamen, dejar de obedecer en nada a vuestros preceptos, ni que hubiese jamás entre mi voluntad y la vuestra oposición alguna. Pero por cuanto el principio de nuestra sociedad estuvo en el vínculo del matrimonio, y el principio en todo tiempo mira al fin como su correlativo, por esto soy de sentir que vivamos ambos juntos hasta el fin, y sólo la muerte nos separe. Y así habéis de entender que no convengo en obrar contra el principio del estado primero en que Dios me colocó, conservó y guardó de faltar en algo la fidelidad del matrimonio. En todo lo demás, mientras redunde a gloria y alabanza de Dios, podréis mandarme, que obedeceré gustosa; pero tanto como dejar el estado en que Dios me ha puesto, eso no. Ni vos, salvando vuestro honor, me debéis aconsejar otro estado a que no tengo tanta inclinación como al presente en que me hallo; pues sé que muchos hombres y mujeres, por falta de devoción menosprecian su estado y lo abandonan. Por ahora quisiera me dijeseis: ¿por qué más amáis el estado de religión que el del matrimonio que tenéis?"
5. "Mucho siento, esposa mía, vuestra respuesta—dijo Evast—, aunque pienso me decís esto para enseñar que con resignaros a mi voluntad me hacéis mayor obsequio y queréis darme a entender que con repugnancia dejáis este estado y por mi respeto tomáis el de religión, porque os quede yo más deudor y obligado; pero en vano buscáis medios con que tenerme más grato, porque estoy sobremanera contento y satisfecho de vos y de vuestro entrañable cariño; apliquemos sobre todo nuestro conato en ganar amor y mérito para con dios, a cuyo tribunal hemos de venir todos. Según sé vuestra santa vida y mis muchos deslices, más gustosa pasaréis vos al estado religioso que no yo".
6. Cuando Aloma entendió que su esposo creía que ella se excusaba de consentir a la propuesta sólo para probar su amor y ganarle más el agrado, se le llenaron de lágrimas los ojos y entre sollozos y suspiros, le dijo: "Esposo mío, sólo Dios sabe los pensamientos del hombre. Habéis de entender que en mi vida no tuvo jamás mi corazón tanta pena como ahora, que contrasta con vuestra voluntad; porque viendo que mi fidelidad y amor que siempre os he tenido, ahora no se rinde a vuestro querer, se oprime con tal fuerza mi corazón que saltan las lágrimas a los ojos, quienes sólo de mirarse quedan corridos; y mi conciencia, con dificultad me hace pensar sea falta aquello mismo en que no puede haberla. Os hago saber, pues, que os respondo seriamente según mi amor y estado. Mi amor me da pena no obedeciendo a vuestros intentos, y me hace aborrecer la separación que habría entre los dos en caso de entrar en religión. Intolerable fuera para mí vuestra ausencia, porque mi amor apetece vuestra sociedad en todo tiempo, ni puede consentir mi vista en carecer de vuestra presencia. Sin duda siento mucho no poder cumplir aquello en que vuestro deseo tendría su complacencia, y mi afecto su despecho y desconsuelo."
7. "No me gusta, esposa mía, vuestro amoroso razonamiento—respondió Evast—. y sé muy bien que es voluntad de Dios que ame el hombre a su buena mujer. Todos estos motivos y otros muchos serán a mi corazón estímulos de dolor, habiéndome de apartar de vos. Vuestra presencia llena de júbilo el cauce de mi pecho; vuestra honestidad y buenas costumbres abultan mucho más mi regocijo. Ni puedo disimularlo, oyendo a muchos que alaban vuestros procederes, pues entonces, sin querer, se asoma el júbilo en mi semblante. Pero me conviene amar más a Dios, mi Criador y Salvador, que no a vos ni a cualquiera otra criatura (...).
—oOo—
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Se aceptan opiniones alternativas, e incluso coincidentes: