martes, 17 de abril de 2018

Lugares de la memoria (y de la desmemoria) - La historia y su construcción

Vengo de la primera conferencia del ciclo "Fotos como novelas" que tiene lugar en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, sobre la relación entre fotografía y narración. Es parte de un ciclo más amplio, 'Vida en ficciones', que adopta un nuevo tema cada año. A mí me interesa la cuestión de la relación entre fotografía y narración sobre todo por el tiempo que le dedico a la fotografía (tengo un fotoblog con más de 70.000 fotos), por las vueltas que le doy a la narratología (por ejemplo aquí) y porque me viene a la cabeza aquel artículo que escribí sobre la narratividad del fotoblog.

La conferencia de hoy la daba Ana Teresa Ortega, reconocidísima investigadora de la fotografía y sus usos, con el título "Lugares de la memoria: La historia y su construcción".   El título es demasiado general, pues la conferencia y el proyecto actual de la conferenciante consiste en una documentación de las antiguas cárceles y campos de concentración del franquismo, contrastando su uso previo con el que se les dio en la guerra y la posguerra, y con su reutilización actual, la mayoría de las veces sin conservar memoria de los prisioneros que tuvieron entre sus muros o de los reos que allí se ejecutaron.

El trabajo de documentación merece reconocimiento, especialmente en el contexto de los actuales proyectos de recuperación de la memoria histórica (del bando republicano, se entiende), y es en ese contexto donde habría que ubicar este trabajo. De ahí que el título sea demasiado general y no responda más que vagamente al contenido de la conferencia. "Memoria fotográfica de las prisiones y campos de concentración franquistas" sería más exacto. Hay que decir que la vaguedad de acotación del tema tiene consecuencias nefastas para la "transversalidad ideológica" que según la conferenciante le inspira, pues no hace mención ni por asomo de las cárceles, prisioneros, chekas y matanzas del lado republicano, exactamente como si no hubiera habido jamás tal cosa, y como si los "paseos", la pena de muerte, los juicios sumarísimos, el acoso a los inocentes, las masacres y las detenciones arbitrarias fuesen cosa exclusiva del bando franquista, y no una práctica generalizada en los dos bandos, y en todos los bandos de todas las guerras europeas y no europeas.

Produce angustia el relato de tanto sufrimiento, tanto acogotamiento en masa, encarcelamientos hacinados, y juicios sumarísimos con condenas a muerte a mansalva. Se explica bien que bajo el discurso oficial triunfalista o benevolente del franquismo quedase la memoria resentida de todo este sufrimiento invisibilizado, que explica en parte (aunque sólo en parte) el actual resentimiento de las izquierdas, obsesionadas con el franquismo, y su negativa a reconocer los aspectos "positivos" del régimen—el despegue económico, etc. etc., aspectos positivos que en parte se edificaron sobre las costillas de tantos trabajadores forzosos, aparte de los sueldos bajos, los emigrantes, y demás. Y a costa de una política dirigida sin contestación por el procedimiento del ordeno y mando impuestos por el terror.

Sin embargo también produce turbación, como digo, la visión tan unilateral que ofrece la conferenciante. El silenciamiento total de los totalitarismos, violencias y masacres de la zona republicana, de sus chekas y bandas de matones sueltos, a la caza de católicos, y las espectaculares y sádicas torturas que caracterizaron a tantas prisiones republicanas. Que si prisiones franquistas las hubo a cientos, también a cientos las hubo republicanas—más de 200 chekas en Madrid nada más, que por fuerza eran pequeñas pero no por ello era menos espantoso lo que allí sucedía. Para los anales de la demonología humana, es más. Y chekas hubo en Barcelona, no aparecieron las prisiones en Cataluña como setas tras la lluvia sólo al acabar la guerra, como se echaba de aparentar en esta conferencia. César Vidal escribió un libro sobre las chekas de Madrid, y ahora ha salido otro que (un poco en el espíritu de 'antes y ahora' que anima a esta conferenciante) desvela los horrores que tenían lugar en tantos edificios de aspecto inocente, cargados de historia. Muchos de estos historiadores se centran de modo sectario en las víctimas de un solo bando.

Me temo que también ésta ha sido una conferencia sectaria, hay que decirlo.  A veces de un modo incluso ingenuo, si sectarismo e ingenuidad pueden coexistir, y pueden. Así por ejemplo, muestra la conferenciante un mapa de los campos de concentración a final de la guerra, y hace notar que todos están en la zona franquista: hay una amplia zona libre de campos que es el cuadrante sureste que seguía bajo la República. En fin, esto se comenta solo. El mapa era un mapa franquista oficial para mostrar la localización de SUS campos, no estaban documentando al enemigo.  También aparecían los latiguillos sectarios del bando republicano, como la mención reverencial, en tono de martirologio, al fusilamiento del Presidente Companys—sin alusión ni presuposición, claro está, a los miles de inocentes fusilados por órdenes del Companys.  O se repetía la historia de los miles de muertos de la plaza de toros de Badajoz, que es una burda invención propagandística de un periodista norteamericano.

Claro, es que son cosas, lo de la matanza de Badajoz como lo del bombardeo de Guernica, que pasan a la categoría de iconos sacros de la maldad franquista, cuando la realidad es bastante diferente de su versión mítica. Un buen ejemplo, por cierto, de "la historia y su construcción" que podría aprovechar la conferenciante si se sintiese animada a investigar más en la cuestión—cosa que no creo, visto el botón de muestra. Por supuesto que hubo fusilados, y muchos, en la plaza de toros de Badajoz, pero no hubo ni dos mil ni cuatro mil. Nadie ha podido mostrar ni una lista de los miles de víctimas identificadas, ni mucho menos una fosa común con los muertos, y no les arriendo la ganancia si lo intentan. Sí se ha documentado ampliamente en cambio cómo se creó la bola de nieve de la mentira propagandística en este caso (ver Los mitos de la guerra civil de Pío Moa—sí, lo siento, Pío Moa, que es Tucídides al lado de la versión oída en esta conferencia). Y eso que iba la conferencia sobre "la construcción de la historia"....  Lo mismo que Guernica: se suele decir "un pueblo de seis mil habitantes, y más todavía por ser día de mercado, quedó totalmente arrasado bajo las bombas de la Luftwaffe enviada por Franco". Y luego ves que ni fue Franco el que ordenó bombardear el pueblo, ni llegaron a 150 las víctimas mortales (126 según el estudio más documentado). El pueblo quedó hecho un ascua, eso sí—pero la mayor parte ardió tras el bombardeo, con la mayoría de la gente poniéndose a salvo.  Salas Larrazábal ya documentó esto de modo autoritativo, y los relatos de la parte contraria (Preston et al.) prefieren desde entonces refugiarse en vaguedades como "la destrucción total de un pueblo de 6000 habitantes y que cada cual entienda lo que quiera"). En fin, que se parece tanto la leyenda de Guernica a la historia de Guernica, como la leyenda del Guernica a la historia del Guernica. Picasso (director del Museo del Prado) jamás pisó Madrid, y cobró a precio de oro el encargo que se le hizo del cuadro para conmemorar el bombardeo—no lo pintó en un arrebato generoso de dolor republicano, como hace suponer la historia oficial. Picasso (que brindaba por Stalin, así que a masacres tampoco le impresionaba nadie) ni siquiera pintó el cuadro para la ocasión, pues no verán en él la menor alusión a un bombardeo aéreo. Es una alegoría general del sufrimiento, la brutalidad humana o la confusión; al parecer recicló un cuadro para expresar el dolor de la muerte de un torero, aunque también hay quien dice que es una especie de Nacimiento agónico o conflictivo. En fin, ni árbol, ni vascos, ni bombas, ni mercado, ni Luftwaffe, ni Franco, ni Hitler. Y así el resto de la elaboración.

Lo mismo sucede con las decenas de miles de condenas a muerte tras la guerra a las que aludía la conferenciante: aunque no hubo precisamente carencia de fusilamientos, la mayoría de las condenas no se ejecutaban, eran conmutadas por cadena perpetua, y la cadena perpetua no solía durar más de seis años. De todo hubo, pero si mal no recuerdo, de todas esas cadenas perpetuas, el último preso del bando rojo que seguía en la cárcel a mediados de los setenta era Marcos Ana, y no por rojo sino por asesino.  Bueno, supuestamente se ejecutó a tantos ejecutados precisamente por asesinos, y no por ser meramente rojos, que roja era supuestamente media España, aunque hubo venganzas y abusos y horrores más que abundantes, como no podía ser menos. (Aquí cuenta algunos un fraile, Gumersindo de Estella, que actuaba como confesor de condenados a muerte). Un horror de fusilamientos en fila. Pero claro, no es lo mismo decir hubo cien mil condenados a muerte que decir hubo cien mil ejecuciones. No hay que ser franquista para saber que no es lo mismo: de hecho quizá nunca hubo tanto desfase entre condena y ejecución como el que hubo en estos tribunales de la Causa General. Y muchas de las víctimas mortales murieron por malas condiciones higiénicas, enfermedades, hacinamientos, infecciones, en estas cárceles de posguerra que eran realmente un espanto, como bien explica la conferenciante.

En fin, hay que decir que la idea del proyecto (imágenes del pasado, del presente, historia olvidada en los edificios, etc.) queda seriamente viciada por el relato monocular del que participa la conferenciante. A la que no cuesta mucho ubicar (me alarmaría seriamente que fuese de Ciudadanos) en la órbita podemoide de Compromís por Catalunya o de sus aliados socialistas más simplificatorios—lo cual va en serio detrimento de cualquier proyecto de memoria histórica que no esté gravemente aquejado de Alzheimer en uno de los hemisferios cerebrales. Lamentablemente hay mucho de esto en España hoy, demasiado, y no es aceptable dejarle la última palabra a un relato sobre la memoria histórica tan desmemoriado y tan creador de desmemoria. La conferenciante ha presentado parte de la historia,  sectariamente seleccionada de modo inconfeso, como si fuese la auténtica historia desvelada. Por eso me ha parecido bastante mal que no haya habido turno de preguntas al final de la conferencia. Está claro que cualquier observación medianamente sopesada sobre la memoria de las cárceles y de las masacres podía dar al traste con el relato cuidadosamente construido.





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