domingo, 7 de febrero de 2010

Estética y sociobiología de la atención


Notas tomadas sobre la lectura del capítulo 7, "Art and Attention", de On the Origin of Stories, de Brian Boyd (2009).

Un elemento previo para explicar el origen del arte está la manera humana de organizar y compartir la atención. El juego de la fantasía, la creación de un mundo ficticio asociado a la experiencia virtual de los animales jóvenes, es otro elemento importante. Pero un elemento importante en la sociedad humana es esa dimensión de atención compartida. (Aquí en Babel's Dawn hay un post interesante sobre la biología de la atención compartida como algo diferencial en los humanos).

La competición entre individuos es un concepto básico en las teorías de la evolución, pero también lo es la cooperación y formación de grupos. Los seres vivos cooperan y forman sociedades para maximizar recursos y para competir mejor contra otros. Así pues, la evolución es un complicado juego de cooperación y competición: "incluyendo la competición para cooperar (en el interior de los grupos) y la cooperación (a nivel de grupo) para competir (contra otros grupos).

Problemas de la vida social: que nunca coinciden completamente los propósitos, para fundar la cooperación—pueden ser opuestos. Además, "las ventajas de la cooperación pueden ser explotadas por los que aceptan los beneficios sin pagar su parte de los gastos" (101). Cuanto mayor el grupo, más difícil es mantener la cooperación. Y sin embargo, cuanto mayor sea, mejor competirá contra otros grupos. Hay aquí un equilibrio difícil e inestable. Los grupos grandes tendrán éxito si consiguen desarrollar modos de controlar a parásitos y egoístas que minen el sistema.

El lenguaje es un medio básico para organizar la coordinación precisa y flexible de actividades. Y el arte ha tenido un papel crucial a la hora de organizar la atención y la voluntad colectiva. En el caso de una sociedad compleja como la humana, se ha vuelto cada vez más importante un tipo elaborado de atención: la atención a la atención de los demás. "A medida que se multiplican las ventajas de la vida social, los seres atienden a otros miembros del grupo y a su atención mutua para controlar afiliaciones, alianzas, y el status que son precisos para evitar un conflicto constante sobre el acceso a los recursos" (102). —(Habría que combinar esta teoría evolucionista de la atención con la manera en que explica Goffman tanto la dinámica de grupos como la vigilancia mutua recursiva que son inherentes a la interacción humana). En especies con distintos grados de inteligencia social (córvidos, delfines, monos y simios...) se observa esta atención reflexiva a la atención de los demás, aunque es en los humanos donde alcanza un extremado refinamiento y complejidad. Hay rituales de atención mutua, coordinación vocal o acciones, de movimientos, etc., en diversas especies sociales. A los humanos se nos nota hasta en el blanco de los ojos en qué medida prestamos atención a los demás. Es crucial para los humanos saber a dónde está mirando el vecino.
mascara
El acto de señalar es prelingüístico, pero presupone una orientación de la atención que subyace a la capacidad lingüística, que sin esa deixis primaria del señalar y esa atención compartida a lo señalado no tendría ni dónde asentarse. El lenguaje permite una mayor organización de la cooperación, pero igualmente se puede usar, esta nueva capacidad de cooperación, para fines competitivos.

Alude Boyd a la función especial de las neuronas espejo en el desarrollo de una forma avanzada de atención reflexiva y empatía. Goleman, el de la inteligencia emocional, observa que compartir la atención es un paso crucial para la cooperación eficaz y productiva; y es algo que se produce desde la compenetración física y emocional hasta la intencional y perceptual. El juego de los cachorros y animales jóvenes sirve para desarrollar esta empatía y cooperación:

"Los humanos, más flexibles en su comportamiento, y dependientes durante mucho más tiempo en la niñez, extienden y alargan el juego social, no sólo en la infancia, sino a lo largo de toda la vida adulta. Y lo extienden, de modo crucial, en el juego cognitivo del arte" (104).

(Y aquí vemos una de las paradojas de la realidad humana—— que lo "no serio", el juego, el arte, lo irrelevante y ficticio, es en cierto modo la garantía de la humanidad misma, lo que permite la flexibilidad mental que caracteriza a nuestra especie. Resulta de allí otra línea variable y difícil de calcular, la de cuánta "no seriedad" es oportuna a la hora de tratar cuestiones serias. No hay soluciones tajantes para esta cuestión, y de ahí que la falta de seriedad pueda ser tanto irrelevante e irresponsable, o contener los principios de un enfrentamiento mucho más radical y serio con la situación que se plantea).

En gran medida el arte está asociado a este principio hiperestimulativo del juego. Los niños "se saturan con estímulos sobrenormales, suficientemente vívidos como para mantenerles y volverles a captar la atención, y piden compulsivamente los mismos relatos y canciones." (Y los mayores somos iguales, salvando las estaturas: requerimos y admitimos ligeras variaciones). Las distintas modalidades de arte son para Boyd maneras especializadas de coordinar y mantener la atención, la coordinación, las normas compartidas, las interpretaciones sobre las modalidades de actuación social, los valores que organizan la sociedad y la acción del grupo. También promueve el arte directamente una identificación y atención, aumenta la socialidad alrededor de objetos, historias, rituales, etc., socialmente valorados. La ficción promueve modelos de comportamiento, historias ejemplares, consejos, admoniciones simbólicas: las historias e imágenes compartidas coordinan los valores y las emociones de los miembros de una sociedad.

Por otra parte, el arte es terreno de competición. Ya hemos visto que cooperación y competición se retroalimentan e interpenetran:

"Nuestra dependencia humana de la cooperación no elimina la competición. La cooperación nos proporciona muchas ventajas que no podemos obtener individualmente, pero entonces competimos por hacernos con esas ventajas: de hecho, como señaló Darwin, 'la competición será más fuerte entre las formas aliadas, que ocupan casi el mismo sitio en la economía de la naturaleza'" (109).

(Todo esto es aplicable también, claro, al reparto de recursos y puestos en las universidades. Por poner un ejemplo. También lo que a continuación dice Boyd sobre el status y la jerarquía).

La jerarquía social es parte inherente de la organización y coordinación social. Ahorra trabajo y posibilita la organización eficaz; evita disputas constantes. Ahora bien, también las genera, pues si el status superior proporciona más ventajas (sociales, sexuales, de atención, etc.), eso estimula la competencia por obtenerlo:

"Los humanos por naturaleza buscamos el status con ferocidad: sin descanso, aunque sea de modo inconsciente, intentamos aupar nuestra propia posición impresionando a nuestros iguales, y por naturaleza, aunque sea de modo inconsciente, evaluamos a los demás en base a su posición" (109)

(O sea que esto no sólo se aplica a los ránkings de blogs, ni a las compras de pisos y coches y vestimentas que nos adornen).

Las dinámicas que rigen estos comportamientos siempre son complejas. Como la mayoría estamos en posiciones relativamente inferiores, también cooperamos para resistir a las jerarquías, y para impedir que otros suban demasiado. Ya entre los chimpancés, el status social depende no tanto del individuo en sí, sino de su red social: de su capacidad para formar, interpretar y cultivar alianzas. (Las redes sociales de los humanos, Facebook etc., son por tanto sólo una versión mejorada, 2.0, de las redes sociales de los simios. Aún podría decirse que son primitivas estas redes sociales en red, por la manera un tanto primaria en que se busca captar la atención y alimentar el círculo social en "cantidad"). Entre los chimpancés, la dominancia la definió Michael Chance como "la atención que los subordinados centran en un sujeto dominante". Todo cuestion de organizacion social de la atención. Y no distintos son los famosos, ricos y poderosos, con todos los medios de comunicación pendientes de organizar la atención social hacia ellos, primates privilegiados y Primados. Choca que le demos tanta atención a algunas personas que la merecen poco, o que son una simple patología de la atención, un torbellino de atención sin nada en medio, y no mencionaré a nadie. Choca porque según dice Boyd,—"no sólo buscamos ganar la atención de los demás: también resistimos a que otros atraigan nuestra atención sin buenas razones" (110). Los niños dicen, "mira, mira lo que hago", pero pronto aprenden que los exhibicionistas aburren.

Y sin embargo el bla bla de la atención organiza (es la maldición de ser humanos) hasta la menor de las ocasiones en que abrimos la boca.

"En la conversación no es lo más frecuente que ofrezcamos información a otros con la esperanza de que a continuación nos ofrezcan ellos alguna información. En lugar de eso, a menudo buscamos status por medio de lo que decimos, según su relevancia o valor para los otros. Podemos impartir información en la conversación no tanto como un servicio, sino para que los oyentes nos otorguen status: nos 'recompensamos unos a otros con la moneda del status'" (Boyd, cita a Dessalles, "Altruism, Status, and the Origin of Relevance").

—del status, y de la atención: "escucha lo que digo, que luego escucharé yo lo que dices". También en los blogs escribimos "para ver los comentarios" como dice Carmen París. Y "en la conversación espontánea nos ganamos aceptación, respeto y status por la relevancia de lo que decimos a la situación" (111). (Académicamente, también explica esta teoría de la relevancia el status intelectual de los sujetos pensantes. Se supone que los académicos contribuimos de modo relevante a conversaciones altamente definidas y estructuradas. Aunque claro, siempre está el factor de los "torbellinos de información" y de las modas, que distorsionan la cuestión de la relevancia. A veces una contribución es altamente relevante simplemente por el hecho de estar de moda y tener más capacidad de atraer la atención. Todo esto se supone que lo filtra y lo sedimenta el tiempo, pero a veces el filtraje se hace para ningún espectador, o para muy pocos. Y muchas veces lo que parecía irrelevante se vuelve relevante retroactivamente.). La búsqueda de éxito de los artistas, la enfermiza necesidad de los escritores de que alguien los lea, pasándonos sus obras por las narices, los académicos buscando desesperadamente quien los cite y los reseñe... no son sino casos especializados de esta sociobiología de la atención que organiza la acción humana.

"La estrategia de una persona que busca atención puede ser rápidamente desplegada en su contra por otros, porque todos buscamos el status que confiere la atención, y porque todos tenemos una capacidad innata de imitación"—(112)

—y esto da lugar a complejas y endiabladas dinámicas y corrientes cruzadas de originalidad e imitación, role-models imitados por ejércitos de originales, lanzamientos de modas con y sin éxito, imitaciones patológicas, invenciones inauditas ignoradas, remolinos de información, inexplicables torbellinos de éxito y dinero alrededor de Harry Potter, vigilancias mutuas, contraataques... no lean a ése, ¡léanme a mí!

Se me ocurre, leyendo las explicaciones de Boyd sobre la atención (algunos dirían sobre la vanidad) que, siendo que la búsqueda de atención organiza la vida social de punta a punta, al margen de que se desarrollen estrategias más efectivas de relaciones públicas para atraer la atención sobre uno o sobre el negocio de uno (es decir, al margen del éxito tangible logrado en recursos, amistades o dinero) también hay lugar para toda una estética de la atención. Siendo que todos tenemos que gestionar la atención de nuestra red social, colegas o conciudadanos, hay en cada caso maneras más o menos aceptables o logradas de hacerlo. Puede evaluarse así positiva o negativamente no sólo la atención efectiva conseguida, sino la manera de hacerlo: su discreción, buen gusto, originalidad, aceptabilidad ética... Y no hay por supuesto una única estética de la atención, sino múltiples estéticas y criterios divergentes según la persona o la situación: lo que a uno le parece aceptable o adecuado como manera de gestionar su dosis de atención, el vecino lo considera un ligero exceso de autobombo, te pasaste de la raya. Eso no quiere decir que el vecino no haga lo propio por medios más indirectos o más aceptables en su círculo. Lo que está claro es que no puedes atraer la atención como lo estimes oportuno y además dejar a todo el mundo contento: hay estéticas enfrentadas al respecto—estéticas y éticas de la atención. Apenas nos dedicamos a otra cosa.





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