miércoles, 13 de enero de 2010

La Calidad, según la directora de la ANECA

He estado en una conferencia en el ICE de la Universidad de Zaragoza, presentada por el Rector y moderada por el director del ICE, Fernando Zulaica, impartida por la directora de la ANECA, Zulima Fernández. Se inauguraba el nuevo programa de actividades de formación del ICE, con especial atención a la implantación de los nuevos títulos adaptados a Bolonia. Estos títulos traen consigo unos procedimientos de garantía de la calidad, gestionados por la ANECA: para planificar adecuadamente qué se va a enseñar, para hacer un seguimiento de la aplicación de los planes, y evaluar los resultados (qué se ha aprendido, cómo se ha recibido el título, si responde a las necesidades laborales, etc.).

La Directora ha enfatizado la importancia de mantener el objetivo prioritario a la vista: la autocrítica, la comprobación de la efectividad de las propias actividades, el desarrollo de procedimientos que garanticen adecuadamente esta observación de la calidad—y hasta de procedimientos de garantía de la Calidad de los procesos seguidos por las propias agencias de Calidad—who watches the Watchmen.

Agencias hay unas cuantas, entre la Aneca y las Anequillas autonómicas (visto que las competencias en educación están transferidas), y la Directora parecía muy consciente de las críticas que han llegado sobre la multiplicación de instancias y procesos, y sobre el cúmulo de papel y de impresos y de mosqueo que esto genera. Ha expresado su confianza en que una vez se implante más la consciencia de una cultura de la calidad habrá menos resistencia a este papeleo, o que el propio papeleo buscará maneras de hacerse más atento a las necesidades reales de la evaluación y al funcionamiento efectivo de las titulaciones. La acreditación de calidad es un proceso al cual está muy acostumbrada la empresa privada, pero que es recibido con más que cierto recelo y resistencia en la Universidad (pública, habría que especificar). Por cierto, la Directora es catedrática de Organización de Empresas, con lo cual su presencia en la ANECA para gestionar la calidad de las universidades tiene no sólo una lógica práctica y operativa, sino, como lo diría yo, también un cierto valor simbólico-emblemático. De este giro un tanto empresarial hacia la educación superior como Mercado que supone todo el proceso de Bolonia. (Hay un buen dossier sobre Calidad universitaria en Fírgoa).

Bien, la conferencia ha sido un visionado panorámico, muy clarificador, sobre cómo conceptualiza la ANECA las necesidades y procesos en esta evaluación de la calidad de titulaciones y de docencia. En todo ello se van siguiendo no las inspiraciones de la propia ANECA, sino las instrucciones recibidas del Ministerio, y resultantes de los acuerdos a nivel europeo, sobre los procedimientos de calidad a desarrollar para una correcta implantación de Bolonia (o de los acuerdos de Bergen, en este caso). Está satisfecha la Directora al mostrar que España se encuentra si no en el grupo de cabeza, sí muy bien situada en cuanto al cumplimiento de los objetivos marcados por esos protocolos. Fallamos un poco en el Suplemento Europeo al título, y más (me parece) en la implantación de los acuerdos de Lisboa. Pero comparados con muchos países, como Francia o Alemania, que apenas han hecho algo por desarrollar protocolos de calidad, vamos bien en España. En cabeza están los anglosajones (a quienes viene imitando supongo todo este proceso) y varios países nórdicos (aunque no precisamente Islandia ni Finlandia).

Si la conferencia es interesante, aún lo es más (para mí) la sesión de preguntas. Yo soy de los preguntones, le digo a Fernand0, que se sienta a mi lado, y de hecho hago dos preguntas, abusando claramente de la paciencia de todo el mundo.

Pero quien abre el fuego es el catedrático de mi facultad Túa Blesa, que expresa cortés pero claramente el malestar generado entre muchísimos universitarios por la ANECA y sus procedimientos y lo que representa. Y protesta especialmente por el mantenimiento en secreto o confidencialidad de los nombres de los expertos que realizan las evaluaciones—citando la Ley de Procedimiento Administrativo, que garantiza la transparencia y publicidad de los procesos. Tenemos derecho a saber quién nos evalúa (a veces con criterios pasmosos por ponerlo suavemente), dice el Dr. Blesa. Le recuerdan estos informes confidenciales a la censura franquista. A todo esto le replica la Directora que si bien los asesores externos son secretos, los miembros de las comisiones de la ANECA que utilizan esos asesoramientos son públicos. Y que quizá en un futuro se plantee el que también lo sean los asesores, pero que en todo caso no le parece una cuestión tan crucial. También dice que no es tan distinto esto (aunque sea en la Administración) de los informes confidenciales de los asesores en las revistas académicas. También deja claro la Directora de la ANECA que su agencia no tiene nada que ver con la evaluación de proyectos de investigación (eso lo hace la ANEP)—así que si hay malestar por eso, será otra agencia la responsable.

La Dra. Jaime observa que se tiene insuficientemente en cuenta la evaluación de la calidad de la docencia de un profesor, para acreditaciones etc., dándose siempre un peso excesivo a la investigación. También rompe una lanza a favor del sistema británico, que diferencia entre enseñantes y evaluadores (con los examinadores externos, etc.), y se pregunta para cuándo algo parecido aquí. (Aunque algunos evaluadores externos van apareciendo en estos proceso de la ANECA, la generalización del sistema está lejos. Evitaría, concurre la Directora de la ANECA, que el estudiante vea al profesor como un obstáculo entre él y el aprobado. Pero eso no entra en la perspectiva de nuestro sistema de evaluación, al menos por ahora.

Por cierto, un tema ausente por completo de la conferencia ha sido el famoso fracaso escolar, o los rumoreados deseos o presiones o incentivos o procedimientos para que en el nuevo sistema universitario-mercantil se evalúe favorablemente al cliente, al comprador del producto. Sí alude la Directora a que en los nuevos estudios se evaluará no un cúmulo indefinido o múltiple de cosas, sino unas cosas predeterminadas, pocas y concretas—y es por allí por donde parece que asoma la patita el tema de la famosa bajada de niveles, o la Logsegización de la Universidad, que podría suponer esto de Bolonia y la implantación de los grados. Se me ocurre a mí que si los objetivos a alcanzar son muy medibles y concretos, puede que también estén estandarizados, o que sean limitados y cuantificables en exceso. Calidad es lo que define la normativa de calidad como medible y evaluable por procedimientos uniformizados.... y puede, puede, que eso no coincida siempre con la calidad tal como uno la venía entendiendo.

Sobre este desfase entre calidad sobre el papel y calidad efectiva hay otras preguntas. Una profesora de Enfermería alude a auténticas falsificaciones que se hacen sobre el papel, mintiendo sobre medios, procesos y protocolos en la carrera para conseguir la implantación de un título. Pero esto no parece preocupar mucho a la Directora (que sí alude varias veces al problema de que los medios se conviertan en fines, sin embargo). Dice la Directora que los mismos procedimientos de evaluación de resultados se encargarán de sacara a la luz estas falsedades y ponerles coto: donde no se ha actuado bien, no puede haber buenos resultados, y a la larga eso se echará de ver. (Claro que a uno se le ocurre que para entonces los tramposos no sólo tienen mucho ganado de entrada, en subvenciones o en lo que sea, sino que ya estarán preparando la siguiente trampa... y la Administración es notablemente incompetente a la hora de exigir responsabilidades en estos casos.)

Yo intervengo para hacer dos preguntas. La primera muy concreta—¿Introducirá la ANECA un sistema de menciones de calidad, o 'premios', para distinguir unos programas frente a otros, como se venía haciendo en los programas de Doctorado pre-Bolonia? Este sistema se ha interrumpido. ¿Y por qué no se hará, o por qué se hará si se vuelve a hacer?

Me contesta la Directora que no está establecido todavía que se vaya a hacer o no. Que éste no es el momento oportuno, visto que esas menciones de calidad procedería concederlas a programas que ya llevasen unos años funcionando y obteniendo buenos resultados—algo que para las titulaciones de Bolonia está en el futuro. Que ella no lo vería mal para el Doctorado, que se reintrodujeran las menciones de calidad, pero que lo ve más improcedente en los grados y másteres. Interviene otro profesor con experiencia en la ANECA, y observa que sería superfluo y quizá contraproducente—y que los mismos procesos de garantía de la calidad previstos por Bolonia, la acreditación y revisión de las titulaciones, el examen de resultados, etc., son suficiente procedimiento de garantía de calidad sin tener que implantar unos concursos de menciones que multiplicarían el papeleo innecesariamente y distraerían la atención.


Y ahora, la pregunta del millón—y la respuesta, from the horse's mouth.
En mi segunda pregunta, llamo la atención sobre una cuestión que ha ido apareciendo de modo intermitente: cómo los propios procedimientos de calidad pueden convertirse en un mecanismo contraproducente, que entorpezca de hecho el buen funcionamiento del sistema, y pervierta la noción misma de calidad.

La propia Directora ha aludido a esto en un punto de su charla, y es muy consciente del asunto—hasta se remite a un estudio clásico sobre la cuestión, el artículo de Jethro Newton "¿Alimentando a la Bestia o mejorando la calidad?". Aludía Newton al peligro de que el proceso de evaluación de calidad se convierta en un fin en sí mismo, y sostenía que

"un mejoramiento genuino de la calidad sólo puede ser sustentado si es establecido como una premisa de base a partir de las iniciativas y esfuerzos de los académicos y demás miembros de la conducción, más bien que impuesto por medio de elaborados mecanismos de acciones tendientes a dar cuenta de los resultados".

Yo hago notar que "calidad", siendo bonita palabra, en realidad va unida necesariamente a "estandarización"—palabra más fea. Si se evalúan sólo ciertos parámetros ("unos pocos" quizá), la Calidad oficial puede convertirse en algo mecánico y que lleve más que a un enriquecimiento de la docencia, a una macdonaldización, una estandarización de objetivos y procedimientos, y en última instancia a un empobrecimiento—pues nuestra atención se desvía de la materia o disciplina a enseñar, se desvía de la cosa en sí, y pasa a fijarse en cómo cumplir con los objetivos de calidad. Es una cuestión que, según he observado, parece preocupar más entre las disciplinas de Humanidades; en las ciencias suele haber menos disconformidad con parámetros objetivables y estandarizados. (Ver por ejemplo este artículo de Adela Cortina). Es decir, la fijación de criterios para "obtener la calidad", si se hace de manera estrecha y limitada, puede ser contraproducente. Y la misma necesidad de someter a evaluación una serie de parámetros concretos lleva, quieras que no, a esa estandarización de objetivos y procedimientos—algo que ofende de modo particular las sensibilidades intelectuales de los humanistas.

Como ejemplo, le pongo a la Directora de Aneca el criterio de la pertenencia a grupos de investigación. Y le pido que me aclare si le consta o no que las cosas son como le digo. (Aunque de hecho ya sé la respuesta—es sólo para que se oiga en público). Antes he aludido a los programas de Doctorado con Mención de Calidad. Pues bien, ¿es cierto que la ANECA sólo permite el acceso a dichos programas a los profesores que están trabajando en un proyecto de investigación subvencionado?
Recordaré aquí que este es el contencioso que nos viene enfrentando a mí y a un par de profesores más con nuestro departamento desde hace años: la coordinadora de nuestro Máster y Doctorado, la Dra. Onega, y los demás catedráticos del Departamento (Collado-Deleyto-Vázquez), y la Dirección del mismo y sus profesores en general han venido excluyéndonos de Máster y Doctorado alegando que no pertenecíamos a un equipo de investigación con un proyecto subvencionado. Un proyecto vivo, como gusta de decir la Dra. Onega. El tema ha llegado a juicio y se ha resuelto a nuestro favor, pero los catedráticos siguen sosteniendo que eso se debe a la ignorancia de los jueces: que los criterios de Calidad de la universidad son muy distintos, como sabe cualquiera que (como la Dra. Onega) haya trabajado en la ANECA. Y por supuesto, la Dra. Onega ha vuelto a ser nombrada coordinadora de máster y Doctorado, como si tal.

Respuesta de la Directora de la ANECA, sobre ese supuesto requisito de pertenencia a grupos de investigación:

Que la cosa no es en absoluto de esa manera. Que ni ahora, ni nunca, ha sido un requisito la pertenencia a equipos de investigación para participar en un programa de Doctorado o dirigir tesis doctorales, ni con mención de calidad ni sin ella.

Bien, así que mi ejemplo de Calidad de Bote no vale—no es un criterio que utilice la ANECA. (Como digo, yo ya lo sabía. Aunque nuestros catedráticos estaban, digámoslo piadosamente, mal informados todos estos años).

—"Bien," digo yo, "si es así, me parece una aclaración muy ilustrativa. Porque en el Doctorado de mi departamento éste es un criterio determinante, que según se viene repitiendo procede de la ANECA. Y lo dicen personas que han colaborado estrechamente con la ANECA. No sólo se viene aduciendo este criterio, sino que se ha venido aplicando sistemáticamente, desde que interviene la ANECA en la evaluación de los programas de Doctorado." Se recordará que en nuestro departamento se nos ha expulsado del postgrado, y se ha mantenido hasta la saciedad que el profesorado del Doctorado ha de estar en un proyecto de investigación "Vivo", o "vivales", que es requisito sine quo non para que la ANECA conceda la Mención de Calidad.

Aquí interviene otra profesora que ha sido evaluadora de la ANECA, la Dra. Mª Victoria Escribano, para mostrar su extrañeza, y corroborar que ese supuesto criterio de ninguna manera existe. A lo que replico,

"Bueno, yo estoy de acuerdo, pero en mi Departamento han venido siempre sosteniendo lo contrario, y llevándolo a efecto. De hecho, nos ha dicho repetidamente la Dra. Onega que la aplicación informática de la ANECA exige la introducción de un código de proyecto de investigación en una casilla, y que si no consta, el programa impide procesar la solicitud. Estas son las historias que nos han venido contando en nuestro Departamento: Departamento de Filología Inglesa y Alemana—que se sepa bien". La Dra. Onega es quien viene sosteniendo esto. Pero peor aún: son historias que ha aceptado la Dirección del departamento y su consejo. Porque una cosa es que alguien en concreto desbarre—sería anecdótico. Más grave es cuando eso no se corrige, y todos van detrás, siguiendo la corriente, a conciencia.

Y aquí ya se ponía nervioso el moderador, Dr. Zulaica, no sé si por las alusiones a personas, o porque al parecer consideraba todo esto cuestiones anecdóticas y marginales, que nada tienen que ver con la Calidad... Y es cierto—nada tienen que ver. No lo digo yo—lo dice la directora de la ANECA.

¿Algún comentario, Sres Catedráticos—Dres. Onega, Collado, Deleyto y Vázquez? Que por cierto no había ninguno de ellos en la sala, para ser tan aficionados a la ANECA como dicen que son. ¿Les constará ya cómo son las cosas, o serán precisas mayores aclaraciones?

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