lunes, 16 de agosto de 2010
Otro enlace americano
Me ponen un enlace a la bibliografía en la Catholic University of America, en concreto en la guía de estudios para Filología Hispánica de la biblioteca.
Tiene esta biblioteca una colección muy organizada de guías de estudio—cosa frecuente en las bibliotecas universitarias americanas, y que acabará llegando por aquí, supongo. Otra buena colección de guías de estudio por materias la encontré hace poco en la Florida Gulf Coast University, donde también me enlazaron, en la sección de Filología Inglesa.
Y siguen apareciendo:
1) acabo de localizar mi ficha en el sancta sanctorum de la bibliografía norteamericana, la Biblioteca del Congreso de Washington—en la página de LIBRARY OF CONGRESS AUTHORITIES). Al parecer hay en esta biblioteca un par de libros míos, además de un enlace a la bibliografía.
2) Aparezco también en la página de recursos para Filología Alemana de la Universidad de Yale. Es mi cuarta crucecita de la Ivy League—porque ya me pusieron otros enlaces antes en Pennsylvania, en Brown, donde hice un máster, y varios en esa universidad de Cambridge que lleva fama de ser la mejor del mundo.
sábado, 14 de agosto de 2010
La apropiación de la Universidad y la promoción del conformismo
Una vez me dijo una directora de mi departamento—totalmente en serio lo decía—que el departamento, a pesar de ser en apariencia parte de una institución pública, de hecho pertenecía a la catedrática, era SUYO. Puede que el caso no sea tan extraño, aunque normalmente las maneras en que los funcionarios se apropian de las instituciones son más indirectas. Pero son muy reales, sin embargo, las génesis de oligarquías funcionariales, redes de dependencias, grupos de gatekeepers o de trepadores asociados de escalafones... Cada vez se define más estrictamente, para la promoción dentro de la Universidad, lo que han de ser una carrera política y un expediente académico promocionables—que han de ser estándar, impolutos, con las afiliaciones convenientes, y con sellos de calidades y acreditaciones que hacen muy fácil descabalgar a quien no vaya recto por la vía trazada. Sobre todo eso tiene algo que decir José Carlos Bermejo Barrera, en la última sección de su libro La Fábrica de la Ignorancia (Akal, 2009). Algunos párrafos de esa sección final, titulada como sigue: "Se está gestando un proceso de patrimonialización de la Universidad, mediante el cual grupos de funcionarios pasan a monopolizar el control de la misma".
En ese proceso, a su vez, están teniendo lugar dos procesos paralelos: a) la monopolización de los beneficios académicos y materiales que se pueden obtener de la misma universidad por parte de oligarquías de profesores, y b) la degradación del ejercicio de la autoridad académica, que sufre un proceso de deslegitimación y que progresivamente pasa a ser monopolizada y ejercida por personas de menor jerarquía intelectual, lo que se reflejaría en la necesidad obsesiva de incrementar el control de la institución y el debilitamiento de de la capacidad de argumentación y el debate público e institucional. Un proceso éste último paralelo al de la degradación general de la vida política y de los partidos políticos españoles.
El incremento de la necesidad de control por parte de grupos de funcionarios en crisis es una consecuencia no sólo de la crisis de los propios sistemas en los que viven, sino de su incapacidad de analizar la realidad circundante. Esto les ha llevado, y les sigue llevando, a incrementar los procedimientos administrativos y de control de las instituciones y de la población, y a hacerlos cada vez más complejos y farragosos, con lo que se puede conseguir que lleguen a ser casi inútiles, además de perder su credibilidad propia.
Ese incremento de los procedimientos puede justificar y justifica la necesidad de la existencia de los propios cuerpos de funcionarios y del incremento de su número, pero a su vez el creciente alejamiento de la realidad circundante y la inutilidad de los propios procedimientos no pueden hacer otra cosa que alargar la agonía del sistema, a veces en plazos desesperadamente largos, si la caída no se ve precipitada por circunstancias externas.
Todo ello está ocurriendo también en la universidad española actual, en la que se ha creado una agencia de acreditación y control: la ANECA. Una agencia que viola los principios básicos del ejercicio de la función pública, puesto que suele ser más bien afín al partido político gobernante en cada momento, cuyos mandatos ejecuta. Esta agencia establece criterios de control de la calidad que no tienen ningún valor ni ninguna eficacia.
Se trata de unos procedimientos complejos hasta el barroquismo, meramente verbales y vacíos de contenido, construidos en torno a un lenguaje pseudopedagógico y pseudoempresarial, que sirven para justificarlo todo. Con ellos se puede conseguir aprobar cualquier plan de estudios que sea exactamente igual que el anterior, o en el que grupos de profesores ofrezcan sus materias sin ton ni son, superponiendo cada uno las suyas con las de los demás. Con ellos se pueden acreditar másteres carentes de valor en el mercado, y esteblecer toda clase de clasificaciones científicas, que en muchos casos ni siquiera coinciden con las establecidas internacionalmente, como es el caso de muchas revistas científicas.
Los participantes en los procesos de evaluación son los propios funcionarios, evaluados previamente con ese mismo sistema, y a veces ni siquiera los que han merecido las evaluaciones más altas. Unos funcionarios que creen poder controlarlo todo, desde los baremos para nombrar profesores hasta la distribución de todo tipo de recursos. Unos recursos que se controlan muy poco, una vez han sido asignados, debido a que da la impresión de que el mayor mérito es haber conseguido cada recurso específico, independientemente de los resultados que se obtengan con él. Y todo ello se debe a que en el caso de la ANECA, como en muchos casos cuando se trata de cuerpos de funcionarios, lo importante es el propio procedimiento, un procedimiento que puede llegar a constituirse en un verdadero ritual, tal como ocurría en la China antigua.
Como se trata, pues, de funcionarios aislados del mundo real, rentistas del Estado, que se hipervaloran a sí mismos y la importancia de su labor, complican voluntariamente los procedimientos, de tal modo que lo que se valora es la voluntad de someterse al propio procedimiento, de aceptar las normas y los sistemas cada vez más arbitrarios y complejos, a la vez que progresivamente menos creíbles.
En este caso, como en el de todo sistema funcionarial en descomposición, cunde la sensación de que todos esos procedimientos en realidad son inútiles y meramente verbales. Se predica, por ejemplo, la movilidad y el cosmopolitismo, pero en realidad no hay movilidad de profesores entre las universidades españolas, y prácticamente ningún profesor español es promovido a puestos fijos en las universidades que sí poseen un prestigio en el mundo. Se alaba la tecnología, la industria y la flexibilidad del mercado, pero casi ninguno de los que se proclaman tecnólogos cosmopolitas se marcha a formar parte de industrias existentes al margen de las universidades, sino que prefieren seguir dentro de las propias universidades, en ese mundo que cada vez parece más ficticio.
Sin embargo el sistema sigue en pie tal como está porque pequeños grupos de profesores, que gustan de denominarse a sí mismo elites académicas, y a los que otros simplemente llaman oligarquías, encuentran beneficioso que las universidades sigan así. Para ellos es beneficioso porque se han hecho con el control de la institución y sus órganos de gobierno, de evaluación y de control a nivel autonómico y estatal. (...)
Del mismo modo que en España ha desaparecido el debate político real, basado en ideas y programas concretos, para ser sustituido por una crónica más o menos escandalosa de la vida y milagros de los dirigentes y militantes de los partidos políticos, cuyos nuevos líderes son incapaces de argmentar con seriedad y rigor, en las universidades se está dando una dejacion de responsabilidades por parte de muchos profesores que permite, y a veces incluso obliga, a que personas menos capacitadas o muy inexpertas asuman cargos para los que no están preparados. Unas personas que por su excesiva juventud y a veces por su falta de perspectiva son las únicas capaces de creer en un nuevo sistema académico en el que su promoción y su futuro laboral dependen de evaluaciones sin sentido, basadas en la cantidad de sus publicaciones y en las técnicas de gestión del currículum (....).
Para estos nuevos profesores toda la universidad es un simulacro en el que se trata de manejar y acumular los signos externos de prestigio, que permiten ascender académicamente, sean los que sean esos signos, a los que siempre tend´ran que someterse, a pesar de que saben perfectamente que esos signos pueden resultar arbitrarios.
Ellos tienen que vivir en ese mundo cerrado de funcionarios rentistas, evaluadores de sí mismos, carentes cada vez más de un sistema de valores específico, y en el que sólo se puede ascender a costa de los demás, en el que hay que pelearse para conseguir unos recursos, que por definición siempre serán escasos para cualquier rentista, y en el que lo fundamental es llegar a formar parte de la pequeña oligarquía de evaluadores, contoladores y autoridades de todo tipo, para poder así estar seguro al juzgar a los demás y no ser juzgado.
En un sistema funcionarial en descomposición las oligarquías están regidas, como en cualuqier sistema, por la ley de hierro de la oligarquía de Mitchels, según la cual el gurpo dirigente tiene que ofrecer la opcion de formar parte de él a algunas personas, con el fin de que la mayoría pueda reconocer su legitimidad, a cambio de poder integrarse en el futuro en él. Sin embargo, por tratarse precisamente de una oligarquía muy cerrada, en este caso el número de cooptados de be ser muy pequeño, por lo que ese mecanismo debe ser reforzado por los mecanismos de control de la mayoría, mientras las circunstancias externas a la institución permitan que esta misma siga existiendo de la misma manera en la que lo hace.
¿Hasta cuándo será así? No lo podemos saber, puesto que los historiadores, como alguien dijo, sólo sabemos profetizar el pasado. Sin embargo si desembocamos en el mundo real, con el que habíamos comenzado este artículo, podemos conjeturar que la situación de las universidades españolas deberá cambiar en el futuro, ya sea con una reforma radical, impuesta desde el exterior, pero que trate de salvar los caracteres básicos de la institución, con el fin de que pueda seguir cumpliendo sus funciones específicas, o bien con una reconversión más o menos salvaje, que sería impuesta cuando la absoluta disonancia entre las universidades y la realidad llegue a ser realmente conocida.
La posibilidad de una reforma integral y coherente no parece de momento posible, debido a la situación de crisis económica mundial en la que estamos. Pero no sólo por ella, sino porque la mentalidad de las propias oligarquías dirigentes, de evaluadores, controladores y autoridades académicas y políticas en cada uno de sus niveles la hace difícilmente concebible, por una parte, y nada deseable, por la otra. (...)
R. A. Baker ha señalado que el problema actual del capitalismo, un sistema que él considera esencialmente bueno, es el excesivo peso del capital financiero, o especulativo, frente al capital productivo. Por ello sería lógico pensar que, si algún capital va a entrar en las universidades españolas, será precisamente el capital financiero, que encarna la banca.
Dicho capital buscará beneficios rápidos en las universidades, a las que le interesará endeudar. Es en el mundo de ese capital donde el riesgo de descontrol fiscal y de corrupción puede ser más grande, como señala Baker, y por ello podría ser un peligro para nuestras universidades que unos funcionarios obsesionados por el control de sus instituciones decidiesen ponerse excesivamente en manos de ese capital, que por definición no mejoraría la calidad de esas universidades, sino que trataría de hacerlas entrar en sus circuitos de búsqueda de una alta rentabilidad inmediata.
Deberíamos evitar esa tentación, y la de todos los grupos de funcionarios en decadencia: la corrupción económica, que quizá pueda llegar a ser posible en el futuro. Y sobre todo deberíamos intentar que la pérdida de los valores específicos de la universidad permita que, gracias a la burocracia más desmedida e inútil, entremos en un proceso de control y normalización de las personas y las instituciones en el que sólo puedan llegar a sobrvivir los intelectuamente más mediocres, pues sólo ellos pueden hallar satisfacción y reconocimiento en un mundo académico en el que han desaparecido los verdaderos debates de ideas y en el que los controles más obsesivos y rutinarios se imponen por doquier por parte de quienes se saben incapaces, por su falta de conocimientos y valores, de controlar todas las universidades de un país de otra manera.
Por el contrario este nuevo tipo de funcionarios mediocres podrían sentirse muy a gusto y encontrar el reconocimiento en unas nuevas universidades en las que una docencia anodina, simplificada y regulada hasta la saciedad, unida a una pseudoinvestigación que desea más enterar en los moldes de los controles y las evaluaciones que la búsqueda del conocimiento en sí mismo, puedan llegar a convertir a estas viejas instituciones en pequeñas fábricas de producción en serie de los recursos humanos que requiera en cada momento el mercado, cada vez más degradado, del trabajo.
El incremento de la necesidad de control por parte de grupos de funcionarios en crisis es una consecuencia no sólo de la crisis de los propios sistemas en los que viven, sino de su incapacidad de analizar la realidad circundante. Esto les ha llevado, y les sigue llevando, a incrementar los procedimientos administrativos y de control de las instituciones y de la población, y a hacerlos cada vez más complejos y farragosos, con lo que se puede conseguir que lleguen a ser casi inútiles, además de perder su credibilidad propia.
Ese incremento de los procedimientos puede justificar y justifica la necesidad de la existencia de los propios cuerpos de funcionarios y del incremento de su número, pero a su vez el creciente alejamiento de la realidad circundante y la inutilidad de los propios procedimientos no pueden hacer otra cosa que alargar la agonía del sistema, a veces en plazos desesperadamente largos, si la caída no se ve precipitada por circunstancias externas.
Todo ello está ocurriendo también en la universidad española actual, en la que se ha creado una agencia de acreditación y control: la ANECA. Una agencia que viola los principios básicos del ejercicio de la función pública, puesto que suele ser más bien afín al partido político gobernante en cada momento, cuyos mandatos ejecuta. Esta agencia establece criterios de control de la calidad que no tienen ningún valor ni ninguna eficacia.
Se trata de unos procedimientos complejos hasta el barroquismo, meramente verbales y vacíos de contenido, construidos en torno a un lenguaje pseudopedagógico y pseudoempresarial, que sirven para justificarlo todo. Con ellos se puede conseguir aprobar cualquier plan de estudios que sea exactamente igual que el anterior, o en el que grupos de profesores ofrezcan sus materias sin ton ni son, superponiendo cada uno las suyas con las de los demás. Con ellos se pueden acreditar másteres carentes de valor en el mercado, y esteblecer toda clase de clasificaciones científicas, que en muchos casos ni siquiera coinciden con las establecidas internacionalmente, como es el caso de muchas revistas científicas.
Los participantes en los procesos de evaluación son los propios funcionarios, evaluados previamente con ese mismo sistema, y a veces ni siquiera los que han merecido las evaluaciones más altas. Unos funcionarios que creen poder controlarlo todo, desde los baremos para nombrar profesores hasta la distribución de todo tipo de recursos. Unos recursos que se controlan muy poco, una vez han sido asignados, debido a que da la impresión de que el mayor mérito es haber conseguido cada recurso específico, independientemente de los resultados que se obtengan con él. Y todo ello se debe a que en el caso de la ANECA, como en muchos casos cuando se trata de cuerpos de funcionarios, lo importante es el propio procedimiento, un procedimiento que puede llegar a constituirse en un verdadero ritual, tal como ocurría en la China antigua.
Como se trata, pues, de funcionarios aislados del mundo real, rentistas del Estado, que se hipervaloran a sí mismos y la importancia de su labor, complican voluntariamente los procedimientos, de tal modo que lo que se valora es la voluntad de someterse al propio procedimiento, de aceptar las normas y los sistemas cada vez más arbitrarios y complejos, a la vez que progresivamente menos creíbles.
En este caso, como en el de todo sistema funcionarial en descomposición, cunde la sensación de que todos esos procedimientos en realidad son inútiles y meramente verbales. Se predica, por ejemplo, la movilidad y el cosmopolitismo, pero en realidad no hay movilidad de profesores entre las universidades españolas, y prácticamente ningún profesor español es promovido a puestos fijos en las universidades que sí poseen un prestigio en el mundo. Se alaba la tecnología, la industria y la flexibilidad del mercado, pero casi ninguno de los que se proclaman tecnólogos cosmopolitas se marcha a formar parte de industrias existentes al margen de las universidades, sino que prefieren seguir dentro de las propias universidades, en ese mundo que cada vez parece más ficticio.
Sin embargo el sistema sigue en pie tal como está porque pequeños grupos de profesores, que gustan de denominarse a sí mismo elites académicas, y a los que otros simplemente llaman oligarquías, encuentran beneficioso que las universidades sigan así. Para ellos es beneficioso porque se han hecho con el control de la institución y sus órganos de gobierno, de evaluación y de control a nivel autonómico y estatal. (...)
Del mismo modo que en España ha desaparecido el debate político real, basado en ideas y programas concretos, para ser sustituido por una crónica más o menos escandalosa de la vida y milagros de los dirigentes y militantes de los partidos políticos, cuyos nuevos líderes son incapaces de argmentar con seriedad y rigor, en las universidades se está dando una dejacion de responsabilidades por parte de muchos profesores que permite, y a veces incluso obliga, a que personas menos capacitadas o muy inexpertas asuman cargos para los que no están preparados. Unas personas que por su excesiva juventud y a veces por su falta de perspectiva son las únicas capaces de creer en un nuevo sistema académico en el que su promoción y su futuro laboral dependen de evaluaciones sin sentido, basadas en la cantidad de sus publicaciones y en las técnicas de gestión del currículum (....).
Para estos nuevos profesores toda la universidad es un simulacro en el que se trata de manejar y acumular los signos externos de prestigio, que permiten ascender académicamente, sean los que sean esos signos, a los que siempre tend´ran que someterse, a pesar de que saben perfectamente que esos signos pueden resultar arbitrarios.
Ellos tienen que vivir en ese mundo cerrado de funcionarios rentistas, evaluadores de sí mismos, carentes cada vez más de un sistema de valores específico, y en el que sólo se puede ascender a costa de los demás, en el que hay que pelearse para conseguir unos recursos, que por definición siempre serán escasos para cualquier rentista, y en el que lo fundamental es llegar a formar parte de la pequeña oligarquía de evaluadores, contoladores y autoridades de todo tipo, para poder así estar seguro al juzgar a los demás y no ser juzgado.
En un sistema funcionarial en descomposición las oligarquías están regidas, como en cualuqier sistema, por la ley de hierro de la oligarquía de Mitchels, según la cual el gurpo dirigente tiene que ofrecer la opcion de formar parte de él a algunas personas, con el fin de que la mayoría pueda reconocer su legitimidad, a cambio de poder integrarse en el futuro en él. Sin embargo, por tratarse precisamente de una oligarquía muy cerrada, en este caso el número de cooptados de be ser muy pequeño, por lo que ese mecanismo debe ser reforzado por los mecanismos de control de la mayoría, mientras las circunstancias externas a la institución permitan que esta misma siga existiendo de la misma manera en la que lo hace.
¿Hasta cuándo será así? No lo podemos saber, puesto que los historiadores, como alguien dijo, sólo sabemos profetizar el pasado. Sin embargo si desembocamos en el mundo real, con el que habíamos comenzado este artículo, podemos conjeturar que la situación de las universidades españolas deberá cambiar en el futuro, ya sea con una reforma radical, impuesta desde el exterior, pero que trate de salvar los caracteres básicos de la institución, con el fin de que pueda seguir cumpliendo sus funciones específicas, o bien con una reconversión más o menos salvaje, que sería impuesta cuando la absoluta disonancia entre las universidades y la realidad llegue a ser realmente conocida.
La posibilidad de una reforma integral y coherente no parece de momento posible, debido a la situación de crisis económica mundial en la que estamos. Pero no sólo por ella, sino porque la mentalidad de las propias oligarquías dirigentes, de evaluadores, controladores y autoridades académicas y políticas en cada uno de sus niveles la hace difícilmente concebible, por una parte, y nada deseable, por la otra. (...)
R. A. Baker ha señalado que el problema actual del capitalismo, un sistema que él considera esencialmente bueno, es el excesivo peso del capital financiero, o especulativo, frente al capital productivo. Por ello sería lógico pensar que, si algún capital va a entrar en las universidades españolas, será precisamente el capital financiero, que encarna la banca.
Dicho capital buscará beneficios rápidos en las universidades, a las que le interesará endeudar. Es en el mundo de ese capital donde el riesgo de descontrol fiscal y de corrupción puede ser más grande, como señala Baker, y por ello podría ser un peligro para nuestras universidades que unos funcionarios obsesionados por el control de sus instituciones decidiesen ponerse excesivamente en manos de ese capital, que por definición no mejoraría la calidad de esas universidades, sino que trataría de hacerlas entrar en sus circuitos de búsqueda de una alta rentabilidad inmediata.
Deberíamos evitar esa tentación, y la de todos los grupos de funcionarios en decadencia: la corrupción económica, que quizá pueda llegar a ser posible en el futuro. Y sobre todo deberíamos intentar que la pérdida de los valores específicos de la universidad permita que, gracias a la burocracia más desmedida e inútil, entremos en un proceso de control y normalización de las personas y las instituciones en el que sólo puedan llegar a sobrvivir los intelectuamente más mediocres, pues sólo ellos pueden hallar satisfacción y reconocimiento en un mundo académico en el que han desaparecido los verdaderos debates de ideas y en el que los controles más obsesivos y rutinarios se imponen por doquier por parte de quienes se saben incapaces, por su falta de conocimientos y valores, de controlar todas las universidades de un país de otra manera.
Por el contrario este nuevo tipo de funcionarios mediocres podrían sentirse muy a gusto y encontrar el reconocimiento en unas nuevas universidades en las que una docencia anodina, simplificada y regulada hasta la saciedad, unida a una pseudoinvestigación que desea más enterar en los moldes de los controles y las evaluaciones que la búsqueda del conocimiento en sí mismo, puedan llegar a convertir a estas viejas instituciones en pequeñas fábricas de producción en serie de los recursos humanos que requiera en cada momento el mercado, cada vez más degradado, del trabajo.
viernes, 13 de agosto de 2010
Inception
Por cierto, sí vi Inception / Origen, la aclamada película de Christopher Nolan, después de haber visto hace poco El caballero oscuro, y ambas me han gustado. Podría haber ido a repetir Origen otra vez, que no estaría de más (las malas lenguas dicen que es una película diseñada para conseguir dos ingresos de taquilla por espectador)—con Álvaro y Beatriz que fueron a verla ayer, pero en su lugar me fui con los pequeños a Toy Story 3, que también recomiendo y recomiendan ellos. Y eso que Ivo tenía muchas ganas de ver Origen, aunque iba avisado de que supondría un reto para su redonda cabeza.
Aquí hay una reseña de Roger Ebert, para quien lea inglés y no sepa de qué va la fiesta. Y aquí otras más elaboradas, una de David Hudson, otra de Vanessa Thorpe y otra de David Bordwell y Kristin Thompson. Ésta con interesantes apuntes narratológicos, y hasta una interpretación con referencia a la teoría de las múltiples inserciones de representaciones mentales de Robin Dunbar. Cierto que la película es una obra de arte de construcción compleja, y una mina para los aficionados a las paradojas narrativas y a los relatos con múltiples niveles, como yo.
De la reseña de Ebert, lo que más modificaría yo es esa noción de que la película es tan original... está hecha íntegramente (como todo, decía Barthes) de materiales reciclados, entrecruzados y recombinados. Algunos de ellos de películas previas de Leonardo DiCaprio, según entiendo—hay que cuidar el Star System. Y las peleas espectaculares con efectos de gravedad cero, el argumento de videojuego, los paisajes imposibles, los niveles de realidad, la duda ontológica sobre si el mundo es sólido—todo se puede encontrar en películas anteriores. Citemos así rápidamente: Total Recall, Solaris, eXistenz, Abre los ojos / Vanilla Sky, The Matrix, Eternal Sunshine of the Spotless Mind, La memoria de los muertos, El imaginario del Doctor Parnassus, World Builder, o aquélla de Robin Williams sobre el mundo de los sueños... con angustia de pérdida de pareja incluida, en estos casos. Eso sí, Inception está muy bien hecha en todos sus aspectos, y si hay costuras están bien alisadas. La pequeña señal ambigua del final, la peonza que termina o no termina de girar, y nos deja con la duda de si hemos llegado a la realidad o estamos atrapados todavía en una ficción onírica—y lo estamos, claro, pero por poco tiempo, porque pronto termina la película, y el cine es el modelo de ficción onírica que inspira todas estas ambivalencias de la realidad.... La pequeña señal, digo, la peonza, me recuerda al caballito de papiroflexia que aparece al final de Blade Runner—una pequeña pista de que quizá la realidad que hemos estado viviendo por delegación admite ser interpretada de otra manera. También es, claro, como el beso final de Total Recall, un homenaje a la ficcionalidad del cine y su capacidad para hacernos vivir mundos dentro de mundos.
En cuanto a mí, todo el que me conozca sabrá que Inception sí siembra hábilmente dudas sobre si, una vez despertamos a la realidad de la sala, y los zombis abandonan el local como decía Mecano—sobre si hemos vuelto realmente a la realidad, o seguimos atrapados en un sueño apofénico, en el que oscuras señales nos dan pistas de que estamos viviendo una realidad virtual artísticamente diseñada por el Genio Maligno. Recordemos la inquietante investigación filosófica de Nick Bostrom, "Are You Living In a Computer Simulation?". Son estas dudas a la vez un tema eterno—que toda la vida es sueño— y un Leitmotiv de nuestros tiempos acelerados por la realidad virtual y los niveles de representación insertos unos dentro de otros, la facilidad para manejarlos que nos han dado la novela, el cinematógrafo y la cibernética. Inception se pone sus propias normas, arbitrarias, claro—la diferencia de duración entre los tiempos de un nivel y otro, la permeabilidad de los niveles de sueño, que da lugar a divertidas correspondencias entre una realidad y otra, las arquitecturas paradójicas que son una especie de símbolo visual de la película misma... todo manejado con una soltura y un acabado que son los que le han dado a esta película el éxito que ha tenido, no pensemos que es el tema cartesiano (ése de la duda sobre la sustancialidad de la realidad) el que más vende en cine, por muy sustancialmente cinematográfico que sea. Y lo es—esta película, lejos de ser original como creía Ebert, es una obra de género, de un género, el de las múltiples realidades, que se ha ido asentando poco a poco en el cine, que asoma mucho en algunas películas como ésta, y menos explícitamente, apenas esbozado, en otras—pero con el cual el cine ha encontrado un auténtico filón, una vocación—y un puente más que lo une a nuestra experiencia cotidiana, que una vez la interpretamos como lo que es, es compleja, y nos lleva a lo largo del día, y de la noche, a través de múltiples mundos virtuales, ensoñaciones, imaginaciones, pesadillas y despertares—abre los ojos—parciales, antes de ese gran despertar al sueño eterno que es la muerte.
Dos detalles. La exposa de Cobb/DiCaprio, interpretada por Marion Cotillard—Mal, creo que se llamaba—ha acabado confundiendo sueños y realidad, con todos esos experimentos metaficcionales, y se suicida creyendo que así va a salir al mundo exterior fuera de todos los sueños. Sólo logra, claro, morir—y seguir viva únicamente como personaje del mundo más profundo de los habitados por Cobb, un mundo que va arrastrando en secreto a través de todas sus labores y trabajos de fino ingeniero—pero que no cesa de producirle interferencias y de poner en peligro la estabilidad de todos los demás mundos en los que habita. En el centro de todas las redes de mundos de Cobb, allí está la femme fatale, la araña o mujer monstruo de quien no puede escapar, a la vez añorada y temida—con ella vivió una vida entera, virtual, y llegó por lo que se ve a celebrar las bodas de oro y a morir de viejo con ella—antes de verse arrojado a través de otras dimensiones en las que eran otras vidas las vividas. Todos los tiempos de la vida (de la real y de las posibles) son virtualmente simultáneos, en cierto modo, y también eso lo recoge la película, esa eternidad del recuerdo o esa simultaneidad de los muchos mundos mentales en que habitamos.
Y el otro detalle: la idea que quiere implantar Cobb, como encargo de Saito, para acabar con el imperio concurrente. La duda sobre cómo haría Fischer Jr., el joven heredero capitalista, para no decepcionar a su padre Fischer Sr. Pues el joven heredero tiene una relación problemática con su padre, y ése es el punto débil a atacar, según Cobb y Saito. Se le hará creer que Fischer Sr. estaba decepcionado con Jr. porque no había intentado vivir su propia vida, sino únicamente imitarle a él y seguir sus pasos (que llevan a la decepción). Aquí hay una escena que retoma un tema de Ciudadano Kane: el millonario moribundo nos da una señal que remite a la infancia—Rosebud—pero en este caso no a la propia infancia, como señal de su insatisfacción con su propia vida, sino a la infancia de su hijo. Guarda el anciano agonizante, en la caja fuerte, el testamento que anula sus disposiciones anteriores sobre su fortuna, y también un molinillo de viento de su hijo cuando era pequeño. Como señal de la decepción que supone que crezca todo hijo, supongo, pues no queda claro aquí, viva la vida que viva, cómo podría haber satisfecho las aspiraciones de su padre, si era al niño a lo que echaba de menos. Llegados a este punto sugiero cambiar de nivel de realidad, e ir a ver Toy Story 3.
____________________
Addenda: En primicia, o segundicia, la reseña de Inception según Álvaro, publicada en su facebook:
Origen es, sin duda, una de las mejores películas que he visto, y la encuentro al mismo nivel que Matrix (aunque le falta el Agente Smith :D). Guau, en serio, es que lo tiene todo: la dosis justa de acción (es decir, un huevo), sueños, tren...es, unos efectos especiales de la leche, un guión muy bueno y bien explicado...
Bueno, empecemos analizando el principio. Es difícil de la leche, así de claro. Te sacan a unos chinos, una peonza y al DiCaprio medio ahogado y no sabes qué leches pasa ahí. Luego, a los diez minutos, ya pillas el ritmo y el estilo de la peli, te empiezan a explicar conceptos y la sigues bien, pero vamos, que empieza fuerte XD. Además, más tarde el asunto se complica mucho y hay momentos en los que piensas “Me pierdo, me pierdo”, pero no hay que tener miedo, que todo está explicado ¿vale?. Llegados a este punto, para seguir con el post voy a tener que explicar un poco del argumento (nada que no podáis ver en cualquier blog, en serio): el prota, Cobb, es un especialista en espionaje industrial que tiene un método un tanto curioso; el equipo que lidera seda a la persona de la que quieren extraer la información y crea un escenario virtual en su mente (un “sueño artificial”), que el sujeto se ocupa de rellenar con la información de su cerebro. En ese “sueño” siempre incluyen un lugar seguro (una caja fuerte, una cárcel...), que el cerebro del receptor reconoce automáticamente y llena con la información que desea mantener en secreto. Luego, Cobb se inyecta un sedante, se introduce en el mismo sueño que el receptor y roba la información que necesita de su mente. Así de simple XDD Bueno, el caso es que un día un japonés le contrata para que haga lo contrario; introducir una idea en la mente del heredero de un imperio financiero rival para que decida disolver la empresa de su padre cuando éste muera (de ahí el título de la peli: “Origen”, el Origen de una idea, aunque deberían haberla traducido como “Concepción”, más bien...). Los personajes están muy bien, la verdad, y la peli también tiene momentos graciosos ("Tienes que soñar a lo grande, tío" -lanzagrazadas- PTUI-KABOOM!!!!)
Finalizando ya la parte sin Spoilers, os digo que es una peli MUY buena y muy entretenida, pero que te obliga a estar con la CPU mental a toda leche las dos horas y media que dura.
SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS
Fischer es un pobre pardillo, así de claro. Pero pobre chaval, joder, la de meneos que le meten para, al final, manipularle la mente...y la pena que me dio cuando entra, engañado, en su propia cabeza, abre la cajita fuerte de su padre...y se encuentra con su propio Rosebud...imaginario, porque eso sólo significa que, en el fondo, él, y sólo él, quería creer que su padre le quería. Es una mentira imaginada por él mismo, pero el pobre se lo traga porque piensa que está en la mente de su tío. Ahí sí que tuve ganas de meterle de leches a Cobb...cretino...¬¬
Y me parecieron muy guays las escenas en el segundo sueño, cuando están en la nieve. Parecía que estaban en el Call of Duty: Modern Warfare, o algo así...lol
Ah, por cierto, las proyecciones-gente de negocios de cara seria daban cague, ¿eh? XD
Bueno, la próxima peli que veré será un poco más facilona: "Los Mercenarios" (OOOOH!! Sesentones cachas metiendo caña!!) XD
Bueno, empecemos analizando el principio. Es difícil de la leche, así de claro. Te sacan a unos chinos, una peonza y al DiCaprio medio ahogado y no sabes qué leches pasa ahí. Luego, a los diez minutos, ya pillas el ritmo y el estilo de la peli, te empiezan a explicar conceptos y la sigues bien, pero vamos, que empieza fuerte XD. Además, más tarde el asunto se complica mucho y hay momentos en los que piensas “Me pierdo, me pierdo”, pero no hay que tener miedo, que todo está explicado ¿vale?. Llegados a este punto, para seguir con el post voy a tener que explicar un poco del argumento (nada que no podáis ver en cualquier blog, en serio): el prota, Cobb, es un especialista en espionaje industrial que tiene un método un tanto curioso; el equipo que lidera seda a la persona de la que quieren extraer la información y crea un escenario virtual en su mente (un “sueño artificial”), que el sujeto se ocupa de rellenar con la información de su cerebro. En ese “sueño” siempre incluyen un lugar seguro (una caja fuerte, una cárcel...), que el cerebro del receptor reconoce automáticamente y llena con la información que desea mantener en secreto. Luego, Cobb se inyecta un sedante, se introduce en el mismo sueño que el receptor y roba la información que necesita de su mente. Así de simple XDD Bueno, el caso es que un día un japonés le contrata para que haga lo contrario; introducir una idea en la mente del heredero de un imperio financiero rival para que decida disolver la empresa de su padre cuando éste muera (de ahí el título de la peli: “Origen”, el Origen de una idea, aunque deberían haberla traducido como “Concepción”, más bien...). Los personajes están muy bien, la verdad, y la peli también tiene momentos graciosos ("Tienes que soñar a lo grande, tío" -lanzagrazadas- PTUI-KABOOM!!!!)
Finalizando ya la parte sin Spoilers, os digo que es una peli MUY buena y muy entretenida, pero que te obliga a estar con la CPU mental a toda leche las dos horas y media que dura.
SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS
Fischer es un pobre pardillo, así de claro. Pero pobre chaval, joder, la de meneos que le meten para, al final, manipularle la mente...y la pena que me dio cuando entra, engañado, en su propia cabeza, abre la cajita fuerte de su padre...y se encuentra con su propio Rosebud...imaginario, porque eso sólo significa que, en el fondo, él, y sólo él, quería creer que su padre le quería. Es una mentira imaginada por él mismo, pero el pobre se lo traga porque piensa que está en la mente de su tío. Ahí sí que tuve ganas de meterle de leches a Cobb...cretino...¬¬
Y me parecieron muy guays las escenas en el segundo sueño, cuando están en la nieve. Parecía que estaban en el Call of Duty: Modern Warfare, o algo así...lol
Ah, por cierto, las proyecciones-gente de negocios de cara seria daban cague, ¿eh? XD
Bueno, la próxima peli que veré será un poco más facilona: "Los Mercenarios" (OOOOH!! Sesentones cachas metiendo caña!!) XD
(Buen punto lo del Rosebud imaginario, este Álvarez...)
jueves, 12 de agosto de 2010
Crimen nacional y tragedia
Comentario que pongo a un artículo sobre Hiroshima y Nagasaki, de Fernando Peregrín, en Tercera Cultura:
El Estado de Derecho de los norteamericanos, como el de otras muchas naciones, tiene elementos endebles en sus raíces— como la exterminación masiva e indiscriminada de civiles en Hiroshima o Nagasaki, por la que jamás se ha juzgado a Truman, por ejemplo, ni se le ha apeado de ningún panteón. Son crímenes de guerra nunca reconocidos como tales, sino justificados y medio escondidos, medio aceptados como parte de la tradición patriótica. Pero en eso no somos distintos los demás occidentales. Todos los Estados son, en cuanto tales, administradores de violencia, y muchas veces esa violencia legal se ha llevado por delante a inocentes, sin que se exijan responsabilidades. Por eso la historia es trágica, porque aun en el caso de llegue a prevalecer lo relativamente mejor (desde un punto de vista ético, digo), va imbricado indisolublemente con mucho de lo peor. Nosotros colaboramos con quienes sostienen el sistema que no exige responsabilidades— aun manteniendo una distancia crítica con respecto a lo que menos nos gusta de nuestra sociedad, estamos pillados todos en una cadena humana de culpabilidad y responsabilidades.
_________
PS, 2020: Un artículo de Michael Shermer sobre la reponsabilidad de EEUU al usar el arma atómica en Hiroshima y Nagasaki:
Fat Man & Little Boy: https://www.skeptic.com/reading_room/fat-man-little-boy-75th-anniversary-nuclear-weapons/
miércoles, 11 de agosto de 2010
La Maestra
Este texto lo escribió mi padre para el libro Maestras (Zaragoza: Prames, 2004), un libro colectivo de relatos, recuerdos y notas sobre las maestras de los pueblos. En la portada de este libro aparece mi tía Angelines, su hermana, como maestra arquetípica, en la clásica foto rodeada de los niños de la escuela.
LA MAESTRA
(A Eusebia Pomar Guillén)
(A Eusebia Pomar Guillén)
¿Un relato? ¿Una historieta? ¿Una historia? La realidad supera a la ficción. Allá va.
En un lugar del Pirineo, cuyo nombre tendrás tú que averiguar, bastante más de cien años ha nació una maestra. Y digo que nació maestra porque eso quiso ser desde que balbuceó sus primeras palabras, aunque al principio sólo lograba decir que quería ser ’maeta’. A ese fin dedicó todos sus afanes. Vosotros juzgaréis.
Su padre, Benito, agricultor en los Monegros, había hecho el servicio militar en Cuba y al regreso, cansado de ver sequías y deseoso de ver España, compró una galera y unas mulas y, junto con uno de sus hermanos, durante varios años, ése fue su menester.
Para sufragar los gastos compraban lo que más abundaba en el país que atravesaban e iban vendiéndolo a lo largo del camino. Naranjas en Valencia, mantas en Palencia... Decía su hija, la maestra, que contaba anécdotas de cualquier lugar de España donde llegase una carretera, de carro, lo mismo de Galicia como de Andalucía.
Pero todo tiene su término y a él se le acabó la carretera antes de llegar a Sallent de Gállego. Era lógico porque en aquél entonces estaban empezando a construirla. Y, cosa atípica, empezaron a construirla por el fin. En Sallent decían que que si se empezaba por el final siempre se encontraría presupuesto para llegar a enlazarla si éste se acababa. Como siempre, tenían sus buenas influencias y las emplearon.
Sallent estaba rebosante de obreros con dinero y sin tiendas donde comprar. Así pues, allí llegaron, aunque no me explico cómo, nuestros incansables viajeros y, encontrando un vacío comercial, montaron el primer comercio fijo del Valle de Tena de que tengo noticia. Eso fue hacia 1880-84.
Allí, con Dámasa, una sallentina vecina, fundaron su familia. Pero aquí no nació la maestra sino un hermano suyo. Valle abajo avanzó la carretera, con ella los obreros y la tienda tras ellos. En el pueblo de esta segunda tienda del Valle de Tena nació la maestra que nos ocupa.
Al bautizo no asistieron sus abuelos, tíos ni parientes de Sallent, porque aquel año, por Todos los Santos, cayó una gran nevada. Su madre tampoco fue a la iglesia, pues no era prudente salir de casa con esa gran nevada y un parto tan reciente. Pero sí tuvo una gran sorpresa:
—¿Sabes cómo se llama tu hija? —le preguntó la madrina al regresar de la iglesia.
—María, como dijimos—contestó la madre.
—No; se llama Eusebia. El cura ha dicho que no se le debía quitar un nombre tan bonito como se ha traído.
Dos años más tarde, en 1892, finalizadas las obras de la carretera, comercio y familia se trasladaron a Biescas.
Aquí hicieron una gran amistad con dos maestros jóvenes que acababan de llegar y que pronto contrajeron matrimonio: D. Amadeo y Dª Maximina. Ambos influyeron grandemente en el destino de nuestra maestra.De los 6 a los 13 años Eusebia asistió a la escuela de Biescas con toda normalidad. Debe subrayarse, eso sí, su aplicación y sentido de la responsabilidad.
Por aquel entonces, no existía el Ministerio de Educación, ni con este nombre ni con los que sucesivamente se le van adjudicando, y los maestros, aunque conseguían su plaza por oposición, dependían económicamente del Ayuntamiento. Según costumbre recibían, al final del año, un canastillo lelno de duros, pesetas, perras gordas (10 céntimos), perras chicas (5 céntimos) y céntimos propiamente dichos (gordos y chicos).
Al comercio de Biescas acudían muchos clientes, siendo habituales los de Sallent, que no pasaban sin visitar a su paisana. El más destacado de todos, al menos por su estatura, era el Gigante de Sallent, que también era admirado por su fuerza. Los sacos que un hombre normal llevaba apurado en sus espaldas los llevaba él sin esfuerzo bajo el brazo, y no uno, sino dos. Cuando entraba en la cocina debía instalarse encogido, con la cabeza entre dos vigas. Tapaba con la punta del dedo pulgar un duro de los "Amadeos" sin que pudiera verse nada en absoluto. Destacaba también por su carácter bonachón.
En 1903, cuando Eusebia contaba 13 años y sólo le quedaba uno de ir a la escuela, murió el Maestro, idóneo, o enseñante que se ocupaba de los niños de 4 a 6 años, y a D. Amadeo y Dª Maximina se les vino el cielo encima de pensar que sus nuevos alumnos ingresaran sin distinguir siquiera las vocales. He de aclarar que, por aquellas fechas, la matrícula normal en las escuelas de Biescas rondaba los 130 alumnos y otras tantas alumnas, atendidos por un maestro y una maestra. Se hicieron muchas gestiones para mantener la escuela de 4 a 6 años abierta, pero nadie en el pueblo quería hacerse cargo de esa tarea.
Como la alumna, Eusebia, de 13 años, era despierta, aplicada, responsable y tenía una indudable vocación de Maestra, D. Amadeo le propuso que se encargara de esa clase. Tras muchas dudas por parte de todos, pues había que buscar también un local, prepararon una sala grande en lo alto de la casa, y ayudada por su madre, que de tanto en tanto subía de la tienda para colaborar, empezó su tarea.
Cobraba una peseta al mes por cada niño. Esto lo pagaban los padres. Si el niño se constipaba o tenía el sarampión, se reducía la aportación a 80, 60, 40... céntimos.
Todo lo que ganaba lo dedicó, desde el primer momento, para sufragar sus estudios de maestra.
Sus estudios de Magisterio los hizo por libre, ayudada principalmente por Dª Maximina, su vecina y maestra y que, con el tiempo, llegaría a ser su cuñada. Pero con sus 130 alumnas, la casa, los hijos y preparando las labores de costura, que entonces se hacían en la escuela, quedaba muy poco tiempo. Así pues, tuvo que afrontar sus estudios casi sin ningún apoyo. La vida era sencilla y en las largas y oscuras tardes de invierno se juntaban las dos familias para contar los sucesos del día, narrar cuentos o leer historias del periódico, a la luz de la vela o de las teas, aunque, a partir de 1901, ya pudieron hacerlo a la luz de las bombillas. Cuando Eusebia acabó sus estudios, comenzó a preparar las oposiciones al Magisterio. El lugar más cercano para hacerlas era Zaragoza y ya debía haber tren, pues no recuerdo oírla hablar de ir en diligencia. Dª Maximina, en 1890, vino a Biescas, desde Huesca, en diligencia de caballos, haciendo noche en Santa María de la Peña.
Seis veces se presentó a las oposiciones, con sus correspondientes desilusiones, pero siempre fue tenaz y constante y al final, a sus 26 años, fue destinada a Otal. Hoy ahí no vive nadie. Llegó la lluvia amarilla.
Otal tenía entonces 16 hogares. Entre 100 y 120 habitantes en verano. En invierno, solamente quedaban en el pueblo los ancianos, las mujeres y los niños. Los hombres iban con el ganado a la tierra baja. Saliendo de Biescas, al este, tras una montaña cubierta de nieve la mitad del años, se encuentra Otal. Para llegar a Otal, que está a 1470 m. y es el pueblo más alto de toda la comarca, si se va andando, lo mejor es subir a Erata por Barbenuta y Espierre. Una vez en la punta, a 2005 m., ves el pueblo abajo en un valle muy solano. Esta es la ruta que eligieron Eusebia, sus padres, D. Amadeo y los acompañantes que desde Otal vinieron a buscarlos con caballerías.
Como siempre, con los machos cargados a tope, les costó 6 horas llegar al pueblo. Todos alabaron la valentía de la maestra, que sin descabalgar, había llegado al pueblo atravesando los tramos más peligrosos, donde era frecuente que las caballerías resbalasen e incluso cayesen. Había una explicación: la maestra iba aterrorizada y confiaba más en el instinto del animal que en sus propias fuerzas. Por otra parte, si se desmontaba, no había en todo el trayecto un punto donde volver a montarse en aquellas bestias enormes, tranquilas y sensatas.
Todo esto aconteció el día de San Ramón, 31 de agosto de 1916, en plena Primera Guerra Europea. Cuando llegaron ahí, sólo se escuchaban la bandurria, guitarra y acordeón, usuales en las fiestas de los pueblos en aquél entonces, y es que ese día se celebraba la fiesta en Otal. Del sol de la montaña llegó roja y quemada, y, visto el panorama de aislamiento y soledad que le esperaba, le entró tal llantina que, a pesar de la fiesta, los halagos de todos y su natural comedido, no se pudo contener. A esto habían venido a parar todas sus ilusiones, todos sus esfuerzos, todos sus sacrificios, estudiando después de las horas de clase, incluso a la luz de la luna, ahorrando peseta a peseta, céntimo a céntimo, para poder desplazarse a Zaragoza a unas oposiciones tantas veces fallidas.
Ya más calmada, pues, eso sí, sabía sobreponerse a las situaciones más adversas, se hizo cargo de la situación y resolvió que tenía que aceptar la realidad por dura que le pareciese. Para consolarla, los vecinos le explicaron que en invierno, durante muchos días, a veces meses, no se abría la escuela a causa de las nevadas y las ventiscas que envolvían las puertas de nieve y por lo tanto no tendría que ir a trabajar.
"¿Ve Vd. esa borda? Pues cuando nieva en invierno todo se queda parejo y los terneros, cuando salen a beber, se pasean por el tejado lo mismo que por la calle".
A Eusebia, que ante todo estaba allí para ser maestra y no concebía pasarse el invierno sin trabajar, no le gustó la perspectiva, así que, cuando llegaron las grandes nevadas, consiguió que le abrieran camino hasta la escuela, adonde iba a veces por trincheras de nieve más altas que ella, y no era pequeña.
En las Navidades y Pascuas, las únicas salidas que hacía durante el curso, el paso a través de la montaña de Erata, con la nieve, estaba impracticable. Hacían el viaje por Escartín, Ainielle, Berbusa, Oliván, Orós Bajo y Orós Alto, con paradas en las casas de familiares y conocidos de los acompañantes, lo cual, unido al paso seguro pero cansino de las caballerías, hacía que empleasen todo el día.
Llorando entró y llorando se marcó de Otal, tras seis años de estancia. Todo el pueblo salió a despedirla. Allí dejaba, enterrado en el pequeño cementerio, a su padre, que la acompañó en sus últimos años y que, tras haber recorrido todas las carreteras habidas, vino a terminar sus días en un pueblo en el que ni siquiera llega, hoy en día, una pista forestal.
Por concurso salió destinada a Belber de Cinca, un pueblo ya mayor y con mejores comunicaciones, de donde recordaba las grandes celebraciones que hacían para la fiesta del árbol.
Durante su estancia en Belber, contrajo matrimonio con Ángel, hermano de sus antiguos maestros y vecinos, con los cuales seguía teniendo una estrecha relación. Era el amor de su vida.
Fue ahí donde se le presentó un gran dilema: debía escoger entre marchar a vivir a Escuer (hoy Escuer Alto), sin carretera, y abandonando la profesión que tanto esfuerzo le había costado, o bien continuar en Belber, separada de su marido. Sin dudarlo, pero con gran duelo, optó por lo primero.
En el año 1930, en un concurso de traslados, consiguió la escuela de Biescas, que además acababa de estrenar edificio. Todo iba de frente.
Su marido, Ángel, animó al Ayuntamiento, y tras muchas gestiones en Madrid habían conseguido trasladar el pueblo de Escuer, muchas de cuyas casas presentaban grietas por corrimientos de tierras, al actual emplazamiento junto a la carretera. Muchos de sus vecinos, que trabajaban en las obras de los barrancos de Arás y Arratiecho, vieron acortada sensiblemente la distancia al trabajo, y él mismo podía desplazarse y vivir en Biescas. Pero eso es otra historia, y larga: sigamos con la Maestra.
Y llegó la guerra. A los quince días de comenzar ésta, cuando aún nadie sabía muy bien por dónde venían los tiros, Eusebia se enteró bien de dónde iban a parar. Su marido fue la primera víctima de toda la comarca.
Llorando, sin consuelo posible, comprobó que perdía la vista. No podría dar clases. Era viuda y con tres hijos a su cargo. Tomó la determinación de no llorar más. Se hizo a sí misma un pacto silencioso de silencio. Ese tema era tabú y nadie quiso en adelante provocar más llantos.
Respetaremos el pacto. Pasarmos por alto los momentos y escenas más tristes, y nos ceñiremos en lo posible a los aspectos más profesionales.
Toda Maestra lleva en su interior un instinto de segunda madre. Muchas de las maestras, durante la guerra, tuvieron, bien a su pesar, que ejercerlo a tope.
A fin de sacar a los niños de los peligros del frente, se crearon las Colonias Escolares. A una de ellas, en las Vilas del Turbón (Huesca) fueron a parar los niños y maestras de Biescas. Allí la dedicación a los alumnos era exclusiva, incondicional e ineludible. Día y noche. 24 horas.
Era la supervivencia. Era suplir a cada madre, que estaría llorando y que sólo tenían el pequeño consuelo de pensar que sus hijos estaban en manos de personas en las que siempre habían confiado y que no los abandonarían. Pero era la guerra...
Fueron maestras y madres de día y de noche, con los enfermos y con los díscolos, procurando sufrir la falta de amor maternal y los momentos tristes que a veces embargaban sobre todo a los más pequeños. Nadie estaba seguro de que volviesen a ver a sus padres y eso los niños instintivamente lo percibían.
Como premio a esta gran labor, al reincorporarse con sus alumnos a la zona llamada nacional, fueron suspendidas de empleo y sueldo, probablemente por haber ejercido su profesión en el bando contrario.
Esta situación duró varios meses. El dinero ya no valía, pues había una nueva moneda, los ahorros se acababan y su situación no se resolvía. Así pues Eusebia, que como maestra siempre había impartido la justicia entre sus alumnos, creyó que aquella nueva sociedad no podía funcionar sin, al menos, un atisbo de justicia. Se armó de valor y junto con Maximina, su antigua maestra y ahora inseparable compañera de desgracias, ésta no muy convencida, solicitaron una entrevista con el entonces Director General de Enseñanza Primaria.
Hasta el año 1959 ejerció su labor en Biescas, luchando tenazmente por que sus hijos alcanzasen al menos los mismos estudios que ella. No era tarea fácil. En primer lugar, sólo había un Instituto Oficial en Huesca y en aquellos tiempos de racionamiento ya era un logro conseguir la supervivencia. Para desplazarse a Huesca se necesitaba un salvoconducto de fronteras cuyo costo venía a ser bastante más de la mitad de un jornal y sólo valía, cuando más, para 15 días.
Jamás profirió Eusebia una palabra de odio o venganza. Fue cristiana en el sentido más profundo de la palabra. No concebía la mentira ni como broma.
Entre 1929 y 1959, junto con su cuñada que ejerció cincuenta años, todos ellos en Biescas, fueron maestras de abuelas, hijas y madres de toda esta villa. En total, desde 1903 hasta 1960, fecha en que se jubiló a los setenta años, transcurrieron cincuenta y siete, todos dedicados a la enseñanza. Quizá vosotros sepáis de otros récords.
Tras una permuta, acabó su carrera en Saqués, y justamente aquel día, tras un gran temporal de lluvias se cortó, en el Zoque, la carretera que construían cuando nació. Hoy, desde el pueblo en que nació hasta el que finalizó su profesión (quién iba entonces a pensarlo), como dice la Ronda de Boltaña, puede uno desplazarse en un barquito de vela. Pero esta vez de verdad.
Sirvan estas líneas de homenaje, aunque breve, para estas dos y en general todas las maestras que, muchas veces incomprendidas, han dejado su vida y su alma esparcida por los yermos, como decía, no hace tanto, una de ellas.
Tres han sido los motivos que me han llevado a escoger a esta maestra.
1) La conocía muy bien.
2) No tengo noticia de nadie que haya dedicado más tiempo a la enseñanza.
3) Era, y seguirá siendo siempre, mi madre y maestra.
En un lugar del Pirineo, cuyo nombre tendrás tú que averiguar, bastante más de cien años ha nació una maestra. Y digo que nació maestra porque eso quiso ser desde que balbuceó sus primeras palabras, aunque al principio sólo lograba decir que quería ser ’maeta’. A ese fin dedicó todos sus afanes. Vosotros juzgaréis.
Su padre, Benito, agricultor en los Monegros, había hecho el servicio militar en Cuba y al regreso, cansado de ver sequías y deseoso de ver España, compró una galera y unas mulas y, junto con uno de sus hermanos, durante varios años, ése fue su menester.
Para sufragar los gastos compraban lo que más abundaba en el país que atravesaban e iban vendiéndolo a lo largo del camino. Naranjas en Valencia, mantas en Palencia... Decía su hija, la maestra, que contaba anécdotas de cualquier lugar de España donde llegase una carretera, de carro, lo mismo de Galicia como de Andalucía.
Pero todo tiene su término y a él se le acabó la carretera antes de llegar a Sallent de Gállego. Era lógico porque en aquél entonces estaban empezando a construirla. Y, cosa atípica, empezaron a construirla por el fin. En Sallent decían que que si se empezaba por el final siempre se encontraría presupuesto para llegar a enlazarla si éste se acababa. Como siempre, tenían sus buenas influencias y las emplearon.
Sallent estaba rebosante de obreros con dinero y sin tiendas donde comprar. Así pues, allí llegaron, aunque no me explico cómo, nuestros incansables viajeros y, encontrando un vacío comercial, montaron el primer comercio fijo del Valle de Tena de que tengo noticia. Eso fue hacia 1880-84.
Allí, con Dámasa, una sallentina vecina, fundaron su familia. Pero aquí no nació la maestra sino un hermano suyo. Valle abajo avanzó la carretera, con ella los obreros y la tienda tras ellos. En el pueblo de esta segunda tienda del Valle de Tena nació la maestra que nos ocupa.
Al bautizo no asistieron sus abuelos, tíos ni parientes de Sallent, porque aquel año, por Todos los Santos, cayó una gran nevada. Su madre tampoco fue a la iglesia, pues no era prudente salir de casa con esa gran nevada y un parto tan reciente. Pero sí tuvo una gran sorpresa:
—¿Sabes cómo se llama tu hija? —le preguntó la madrina al regresar de la iglesia.
—María, como dijimos—contestó la madre.
—No; se llama Eusebia. El cura ha dicho que no se le debía quitar un nombre tan bonito como se ha traído.
Dos años más tarde, en 1892, finalizadas las obras de la carretera, comercio y familia se trasladaron a Biescas.
Aquí hicieron una gran amistad con dos maestros jóvenes que acababan de llegar y que pronto contrajeron matrimonio: D. Amadeo y Dª Maximina. Ambos influyeron grandemente en el destino de nuestra maestra.De los 6 a los 13 años Eusebia asistió a la escuela de Biescas con toda normalidad. Debe subrayarse, eso sí, su aplicación y sentido de la responsabilidad.
Por aquel entonces, no existía el Ministerio de Educación, ni con este nombre ni con los que sucesivamente se le van adjudicando, y los maestros, aunque conseguían su plaza por oposición, dependían económicamente del Ayuntamiento. Según costumbre recibían, al final del año, un canastillo lelno de duros, pesetas, perras gordas (10 céntimos), perras chicas (5 céntimos) y céntimos propiamente dichos (gordos y chicos).
Al comercio de Biescas acudían muchos clientes, siendo habituales los de Sallent, que no pasaban sin visitar a su paisana. El más destacado de todos, al menos por su estatura, era el Gigante de Sallent, que también era admirado por su fuerza. Los sacos que un hombre normal llevaba apurado en sus espaldas los llevaba él sin esfuerzo bajo el brazo, y no uno, sino dos. Cuando entraba en la cocina debía instalarse encogido, con la cabeza entre dos vigas. Tapaba con la punta del dedo pulgar un duro de los "Amadeos" sin que pudiera verse nada en absoluto. Destacaba también por su carácter bonachón.
En 1903, cuando Eusebia contaba 13 años y sólo le quedaba uno de ir a la escuela, murió el Maestro, idóneo, o enseñante que se ocupaba de los niños de 4 a 6 años, y a D. Amadeo y Dª Maximina se les vino el cielo encima de pensar que sus nuevos alumnos ingresaran sin distinguir siquiera las vocales. He de aclarar que, por aquellas fechas, la matrícula normal en las escuelas de Biescas rondaba los 130 alumnos y otras tantas alumnas, atendidos por un maestro y una maestra. Se hicieron muchas gestiones para mantener la escuela de 4 a 6 años abierta, pero nadie en el pueblo quería hacerse cargo de esa tarea.
Como la alumna, Eusebia, de 13 años, era despierta, aplicada, responsable y tenía una indudable vocación de Maestra, D. Amadeo le propuso que se encargara de esa clase. Tras muchas dudas por parte de todos, pues había que buscar también un local, prepararon una sala grande en lo alto de la casa, y ayudada por su madre, que de tanto en tanto subía de la tienda para colaborar, empezó su tarea.
Cobraba una peseta al mes por cada niño. Esto lo pagaban los padres. Si el niño se constipaba o tenía el sarampión, se reducía la aportación a 80, 60, 40... céntimos.
Todo lo que ganaba lo dedicó, desde el primer momento, para sufragar sus estudios de maestra.
Sus estudios de Magisterio los hizo por libre, ayudada principalmente por Dª Maximina, su vecina y maestra y que, con el tiempo, llegaría a ser su cuñada. Pero con sus 130 alumnas, la casa, los hijos y preparando las labores de costura, que entonces se hacían en la escuela, quedaba muy poco tiempo. Así pues, tuvo que afrontar sus estudios casi sin ningún apoyo. La vida era sencilla y en las largas y oscuras tardes de invierno se juntaban las dos familias para contar los sucesos del día, narrar cuentos o leer historias del periódico, a la luz de la vela o de las teas, aunque, a partir de 1901, ya pudieron hacerlo a la luz de las bombillas. Cuando Eusebia acabó sus estudios, comenzó a preparar las oposiciones al Magisterio. El lugar más cercano para hacerlas era Zaragoza y ya debía haber tren, pues no recuerdo oírla hablar de ir en diligencia. Dª Maximina, en 1890, vino a Biescas, desde Huesca, en diligencia de caballos, haciendo noche en Santa María de la Peña.
Seis veces se presentó a las oposiciones, con sus correspondientes desilusiones, pero siempre fue tenaz y constante y al final, a sus 26 años, fue destinada a Otal. Hoy ahí no vive nadie. Llegó la lluvia amarilla.
Otal tenía entonces 16 hogares. Entre 100 y 120 habitantes en verano. En invierno, solamente quedaban en el pueblo los ancianos, las mujeres y los niños. Los hombres iban con el ganado a la tierra baja. Saliendo de Biescas, al este, tras una montaña cubierta de nieve la mitad del años, se encuentra Otal. Para llegar a Otal, que está a 1470 m. y es el pueblo más alto de toda la comarca, si se va andando, lo mejor es subir a Erata por Barbenuta y Espierre. Una vez en la punta, a 2005 m., ves el pueblo abajo en un valle muy solano. Esta es la ruta que eligieron Eusebia, sus padres, D. Amadeo y los acompañantes que desde Otal vinieron a buscarlos con caballerías.
Como siempre, con los machos cargados a tope, les costó 6 horas llegar al pueblo. Todos alabaron la valentía de la maestra, que sin descabalgar, había llegado al pueblo atravesando los tramos más peligrosos, donde era frecuente que las caballerías resbalasen e incluso cayesen. Había una explicación: la maestra iba aterrorizada y confiaba más en el instinto del animal que en sus propias fuerzas. Por otra parte, si se desmontaba, no había en todo el trayecto un punto donde volver a montarse en aquellas bestias enormes, tranquilas y sensatas.
Todo esto aconteció el día de San Ramón, 31 de agosto de 1916, en plena Primera Guerra Europea. Cuando llegaron ahí, sólo se escuchaban la bandurria, guitarra y acordeón, usuales en las fiestas de los pueblos en aquél entonces, y es que ese día se celebraba la fiesta en Otal. Del sol de la montaña llegó roja y quemada, y, visto el panorama de aislamiento y soledad que le esperaba, le entró tal llantina que, a pesar de la fiesta, los halagos de todos y su natural comedido, no se pudo contener. A esto habían venido a parar todas sus ilusiones, todos sus esfuerzos, todos sus sacrificios, estudiando después de las horas de clase, incluso a la luz de la luna, ahorrando peseta a peseta, céntimo a céntimo, para poder desplazarse a Zaragoza a unas oposiciones tantas veces fallidas.
Ya más calmada, pues, eso sí, sabía sobreponerse a las situaciones más adversas, se hizo cargo de la situación y resolvió que tenía que aceptar la realidad por dura que le pareciese. Para consolarla, los vecinos le explicaron que en invierno, durante muchos días, a veces meses, no se abría la escuela a causa de las nevadas y las ventiscas que envolvían las puertas de nieve y por lo tanto no tendría que ir a trabajar.
"¿Ve Vd. esa borda? Pues cuando nieva en invierno todo se queda parejo y los terneros, cuando salen a beber, se pasean por el tejado lo mismo que por la calle".
A Eusebia, que ante todo estaba allí para ser maestra y no concebía pasarse el invierno sin trabajar, no le gustó la perspectiva, así que, cuando llegaron las grandes nevadas, consiguió que le abrieran camino hasta la escuela, adonde iba a veces por trincheras de nieve más altas que ella, y no era pequeña.
En las Navidades y Pascuas, las únicas salidas que hacía durante el curso, el paso a través de la montaña de Erata, con la nieve, estaba impracticable. Hacían el viaje por Escartín, Ainielle, Berbusa, Oliván, Orós Bajo y Orós Alto, con paradas en las casas de familiares y conocidos de los acompañantes, lo cual, unido al paso seguro pero cansino de las caballerías, hacía que empleasen todo el día.
Llorando entró y llorando se marcó de Otal, tras seis años de estancia. Todo el pueblo salió a despedirla. Allí dejaba, enterrado en el pequeño cementerio, a su padre, que la acompañó en sus últimos años y que, tras haber recorrido todas las carreteras habidas, vino a terminar sus días en un pueblo en el que ni siquiera llega, hoy en día, una pista forestal.
Por concurso salió destinada a Belber de Cinca, un pueblo ya mayor y con mejores comunicaciones, de donde recordaba las grandes celebraciones que hacían para la fiesta del árbol.
Durante su estancia en Belber, contrajo matrimonio con Ángel, hermano de sus antiguos maestros y vecinos, con los cuales seguía teniendo una estrecha relación. Era el amor de su vida.
Fue ahí donde se le presentó un gran dilema: debía escoger entre marchar a vivir a Escuer (hoy Escuer Alto), sin carretera, y abandonando la profesión que tanto esfuerzo le había costado, o bien continuar en Belber, separada de su marido. Sin dudarlo, pero con gran duelo, optó por lo primero.
En el año 1930, en un concurso de traslados, consiguió la escuela de Biescas, que además acababa de estrenar edificio. Todo iba de frente.
Su marido, Ángel, animó al Ayuntamiento, y tras muchas gestiones en Madrid habían conseguido trasladar el pueblo de Escuer, muchas de cuyas casas presentaban grietas por corrimientos de tierras, al actual emplazamiento junto a la carretera. Muchos de sus vecinos, que trabajaban en las obras de los barrancos de Arás y Arratiecho, vieron acortada sensiblemente la distancia al trabajo, y él mismo podía desplazarse y vivir en Biescas. Pero eso es otra historia, y larga: sigamos con la Maestra.
Y llegó la guerra. A los quince días de comenzar ésta, cuando aún nadie sabía muy bien por dónde venían los tiros, Eusebia se enteró bien de dónde iban a parar. Su marido fue la primera víctima de toda la comarca.
Llorando, sin consuelo posible, comprobó que perdía la vista. No podría dar clases. Era viuda y con tres hijos a su cargo. Tomó la determinación de no llorar más. Se hizo a sí misma un pacto silencioso de silencio. Ese tema era tabú y nadie quiso en adelante provocar más llantos.
Respetaremos el pacto. Pasarmos por alto los momentos y escenas más tristes, y nos ceñiremos en lo posible a los aspectos más profesionales.
Toda Maestra lleva en su interior un instinto de segunda madre. Muchas de las maestras, durante la guerra, tuvieron, bien a su pesar, que ejercerlo a tope.
A fin de sacar a los niños de los peligros del frente, se crearon las Colonias Escolares. A una de ellas, en las Vilas del Turbón (Huesca) fueron a parar los niños y maestras de Biescas. Allí la dedicación a los alumnos era exclusiva, incondicional e ineludible. Día y noche. 24 horas.
Era la supervivencia. Era suplir a cada madre, que estaría llorando y que sólo tenían el pequeño consuelo de pensar que sus hijos estaban en manos de personas en las que siempre habían confiado y que no los abandonarían. Pero era la guerra...
Fueron maestras y madres de día y de noche, con los enfermos y con los díscolos, procurando sufrir la falta de amor maternal y los momentos tristes que a veces embargaban sobre todo a los más pequeños. Nadie estaba seguro de que volviesen a ver a sus padres y eso los niños instintivamente lo percibían.
Como premio a esta gran labor, al reincorporarse con sus alumnos a la zona llamada nacional, fueron suspendidas de empleo y sueldo, probablemente por haber ejercido su profesión en el bando contrario.
Esta situación duró varios meses. El dinero ya no valía, pues había una nueva moneda, los ahorros se acababan y su situación no se resolvía. Así pues Eusebia, que como maestra siempre había impartido la justicia entre sus alumnos, creyó que aquella nueva sociedad no podía funcionar sin, al menos, un atisbo de justicia. Se armó de valor y junto con Maximina, su antigua maestra y ahora inseparable compañera de desgracias, ésta no muy convencida, solicitaron una entrevista con el entonces Director General de Enseñanza Primaria.
Hasta el año 1959 ejerció su labor en Biescas, luchando tenazmente por que sus hijos alcanzasen al menos los mismos estudios que ella. No era tarea fácil. En primer lugar, sólo había un Instituto Oficial en Huesca y en aquellos tiempos de racionamiento ya era un logro conseguir la supervivencia. Para desplazarse a Huesca se necesitaba un salvoconducto de fronteras cuyo costo venía a ser bastante más de la mitad de un jornal y sólo valía, cuando más, para 15 días.
Jamás profirió Eusebia una palabra de odio o venganza. Fue cristiana en el sentido más profundo de la palabra. No concebía la mentira ni como broma.
Entre 1929 y 1959, junto con su cuñada que ejerció cincuenta años, todos ellos en Biescas, fueron maestras de abuelas, hijas y madres de toda esta villa. En total, desde 1903 hasta 1960, fecha en que se jubiló a los setenta años, transcurrieron cincuenta y siete, todos dedicados a la enseñanza. Quizá vosotros sepáis de otros récords.
Tras una permuta, acabó su carrera en Saqués, y justamente aquel día, tras un gran temporal de lluvias se cortó, en el Zoque, la carretera que construían cuando nació. Hoy, desde el pueblo en que nació hasta el que finalizó su profesión (quién iba entonces a pensarlo), como dice la Ronda de Boltaña, puede uno desplazarse en un barquito de vela. Pero esta vez de verdad.
Sirvan estas líneas de homenaje, aunque breve, para estas dos y en general todas las maestras que, muchas veces incomprendidas, han dejado su vida y su alma esparcida por los yermos, como decía, no hace tanto, una de ellas.
Tres han sido los motivos que me han llevado a escoger a esta maestra.
1) La conocía muy bien.
2) No tengo noticia de nadie que haya dedicado más tiempo a la enseñanza.
3) Era, y seguirá siendo siempre, mi madre y maestra.
Ángel García Pomar
Biescas (Huesca)
marzo 2004
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PS: Mi padre abrió su blog Biescas2121 poco antes de su muerte en agosto de 2010. Aunque no pudo continuarlo, quería poner en él este texto. Por fin hoy he localizado la clave y puedo hacerlo. Así que con este homenaje a las maestras y maestros pongo allí este artículo para terminar su blog en recuerdo suyo pues un gran maestro fue, igual que él quiso recordar a su madre al final de su vida.
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PS (2015): En el libro de Enrique Satué Niños del Frente se habla de la estancia de mi abuela en las colonias de guerra en Vilas del Turbón.
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martes, 10 de agosto de 2010
Más sobre retroalimentación cerebral
En mayo nos pasaron por Psyart este post; comentaba Norman Holland que la idea de la retroalimentación cerebral está desarrollada (con vistas a sus consecuencias para la teoría literaria) en su libro Literature and the Brain.
Does the Brain Use the Scientific Method?
Our senses—sight, hearing, taste, touch, and smell—are bombarded with input from the ever-changing world around us. For centuries, philosophers and scientists have tried to make sense of just how our brains make sense of our environments. A neuroimaging study in the Feb. 24 issue of the Journal of Neuroscience by researchers at the Max Planck Institute in Germany suggests that our brain does so by a process similar to the scientific method.
The predictive brain
The idea of a 'little scientist' inside in our heads making and testing predictions is not a new one. It is at the crux of the mind/body problem—or the nature of the relationship between our mental and emotional processes and our brains—and has been hotly debated since Plato was on the lecture circuit.
"I've been studying how brains give rise to minds for over 50 years," says Stephen Grossberg, director of Boston University's Center for Adaptive Systems. "And part of examining the mind/body problem is understanding it in terms of the real-time adaptation of an individual's behavior to a changing world filled with unexpected events."
How are human beings able to suss out the environment around them so quickly and efficiently? One idea is that our brains are forming predictions from the top down. That is, we use data from our past experiences to help cull all the extraneous sensory data that is flowing in from the environment. Neuroanatomy seems to support this idea.
"Everywhere you look in the brain, almost every connection you see has one going in the other direction, too," says Moshe Bar, a neuroscientist at Harvard Medical School. "The more we thought about this anatomical set-up, the more it seemed like there must be some kind of feedback happening."
Arjen Alink, a researcher at the Max Planck Institute, thinks this feedback has everything to do with the brain actively making predictions about the environment—and then testing them against sensory input. "We believe that the brain actually constantly has some kind of expectation about what will happen next," says Alink. "Sensory input provides information about whether those predictions are correct."
Less activation for predictable stimuli
Alink and his colleagues decided to test this hypothesis by measuring brain activity in Area V1, the area of the occipital cortex linked to early pattern recognition.
"There was a previous finding that the brain has less activation when perceiving coherent motion, or lots of objects moving in a similar pattern, than when seeing random motion," says Alink. "This and other studies provided a context that if a stimulus is predictable the brain doesn't have to make as much as an effort to process it."
To see if this finding held at V1, the first stage of visual processing in the cortex, the researchers scanned study participants using fMRI while showing them visual images that moved in predictable and unpredictable manners. "If anticipation or prediction is a fundamental principle, then we should see reduced activation in V1 for a more predictable stimulus even at this early stage of processing."
And that is what the group found—suggesting that V1 processing is more efficient when the stimulus is predictable. But going further, the group also found a direct correlation between predictability and brain activation. "
As the stimulus becomes less predictable, we'd expect the signal in the brain to increase. And as it becomes more and more predictable, the activation should systematically reduce," says Alink. "That's what we found. With the least predictable stimuli, we saw the highest response in V1. In the most predictable, the lowest. And in between the two, an intermediate level of activation. It seems that our brain works hard to hypothesize and then test what's going to happen next."
Prediction and mood
Bar says the finding is consistent with other work going on in the field. "More and more, you see the top-down facilitation of perception and action everywhere. Evolution has shaped our brains to be proactive and anticipate what is happening around us and what could happen later."
But he also argues that motivation is required to do this—and the brain's reward for making these continuous hypotheses about the outside world is a better mood. In a review published in the November 2009 issue of Trends in Cognitive Sciences, Bar suggests that the healthy brain is always generating predictions to help us minimize uncertainty, prepare future actions, and make the right decisions. An unhealthy brain, on the other hand, is unable to make these predictions, leading to more uncertainty and, ultimately, depressed mood.
"Imagine a population that can't generate predictions often enough. They live in a constant state of uncertainty and anxiety," says Bar. "Prolonged anxiety leads to mood-related mental disorders and depression."
He argues that depression leads to a chemical imbalance in the brain that prunes synaptic connections in the hippocampus, making it more difficult for the brain to generate predictions. Bar does acknowledge the hypothesis has a bit of a chicken/egg problem—does the brain stop predicting leading to the lack of those connections and then a lack of neurotransmitter release? Or does a lack of neurotransmitter lead to fewer connections and less predictions? But it is an area, he contends, that requires further study.
"The idea is that there are links between serotonin and associations that help the brain make predictions," he says. "And there may be promising treatments for depression that come out of this line of research."
Next steps
Alink cautions that his work is preliminary but promising. In future work, he hopes to look at predictions making use of other senses and investigate the role memory plays. Bar plans to focus his efforts on the relationships between predictions and mood disorders. Both agree there is plenty still to learn. But Grossberg is excited about all the possibilities'and future studies that may offer new insights to the age-old mind/body problem.
"This is where the revolution is. It's not about predicting in a stationary world where things don't change. That's classical, that's known. And it's not just about prediction," says Grossberg. "It's about how our brains can learn to make predictions about a world that's changing in unexpected ways. It's understanding how new fast learning and information processing can occur in response to a non-stationary world without destabilizing our current memories and knowledge."
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Y en septiembre, también via PsyArt:
Speaker-listener neural coupling underlies successful communication.
Stephens GJ, Silbert LJ, Hasson U.
Joseph Henry Laboratories of Physics, Princeton University, Princeton, NJ 08544, USA.
Proc Natl Acad Sci U S A. 2010 Aug 10;107(32):14425-30. Epub 2010 Jul 26.
Abstract
Verbal communication is a joint activity; however, speech production and comprehension have primarily been analyzed as independent processes within the boundaries of individual brains. Here, we applied fMRI to record brain activity from both speakers and listeners during natural verbal communication. We used the speaker's spatiotemporal brain activity to model listeners' brain activity and found that the speaker's activity is spatially and temporally coupled with the listener's activity. This coupling vanishes when participants fail to communicate. Moreover, though on average the listener's brain activity mirrors the speaker's activity with a delay, we also find areas that exhibit predictive anticipatory responses. We connected the extent of neural coupling to a quantitative measure of story comprehension and find that the greater the anticipatory speaker-listener coupling, the greater the understanding. We argue that the observed alignment of production- and comprehension-based processes serves as a mechanism by which brains convey information.
PMID: 20660768 [PubMed - indexed for MEDLINE]
La neurolingüística parece así encontrar una manifestación neurológica de fenómenos bien conocidos y estudiados desde el punto de vista de otras disciplinas lingüísticas, como análisis del discurso o la hermenéutica. A este respecto, quizá venga bien recordar que los procesos interactivos de anticipación, retrospección y estructuración del sentido que Teun A. van Dijk y Walter Kintsch llaman top-down y bottom-up processing, en su libro Strategies of Discourse Comprehension, tienen unos análogos o precedentes muy interesantes, y normalmente ignorados por los discursivistas, en la lingüística hermenéutica de Schleiermacher. La teoría del círculo hermenéutico se abre, con estos últimos experimentos, a un desarrollo e interpretación neurolingüísticos.
lunes, 9 de agosto de 2010
When the World Has Changed
Hoy me he suscrito a este canal de Michael Penrose, y se ha suscrito él, o su canal, al mío.
Me ha gustado este poema/canción sobre otra familia de once hijos:
Me ha gustado este poema/canción sobre otra familia de once hijos:
sábado, 7 de agosto de 2010
El maestro de Biescas
Mi padre, Ángel García Pomar, maestro de Biescas, y mío, ha muerto hoy, a las siete de la tarde, en Huesca. En paz y ejemplarmente, como ha vivido.
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viernes, 6 de agosto de 2010
El último hospital
Parece que mi padre está en el último hospital, aunque nunca sabemos nada de cómo resultan ser las cosas. Esta tarde vuelvo de Vigo a Zaragoza, y de allí a Huesca, donde está ingresado, sin perspectivas de tener más vida por delante. Nos esperan malos días, por mucho que estemos avisados de la muerte y casi estemos acostumbrados a tenerla rondando por casa.
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jueves, 5 de agosto de 2010
Citado en reseña beckettiana
Se refiere a mi libro sobre Beckett José Francisco Fernández en una de sus reseñas sobre literatura irlandesa en Irish Studies in Spain 2007— en concreto a cuenta del libro Tentativas sobre Beckett editado por Julián Jiménez Heffernan. Unos párrafos:
Julián Jiménez Heffernan writes what I consider to be the best chapter of the book. He posits the thesis that if Beckett, as is commonly asserted, dismantled the Western tradition of narrative, he must have known it well in the first place. In any case for Jiménez Heffernan the novel as a literary genre was doomed to obliterate itself from the very beginning, it was destined to meet the end of the God-like author, a state of things that Beckett’s writing perfectly symbolizes and which is widely accepted today.
Jiménez Heffernan claims that Beckett did not destroy anything and advances powerful reasons: he wrote novels (not anti-novels, Jiménez Heffernan stresses); there is plenty of evidence in the form of echoes and allusions to show that his novels are deeply embedded in the long history of novel writing (Jiménez Heffernan speaks of Beckett’s seven novels. I would say there are eight of them as Dream of Fair to Middling Women is not a mere draft but a fully completed work); this same tradition has always shown a great capacity to reshape itself and to give birth to new forms which have renewed the genre. Beckett would belong to this category of alternative writing as old as the novel itself.
This appreciation is not completely new. José Ángel García Landa in Samuel Beckett y la Narración Reflexiva (Zaragoza: Prensas Universitarias, 1992) also placed Beckett’s prose fiction in the tradition of the novel. In his study on Beckett’s trilogy, García Landa claimed that Beckett’s subversion of the novelistic genre implied in fact the conquering of new territories for this fictional form. It must also be said, however, that the concept of anti-novel does not necessary cancel any kinship with a previous tradition. In his A Dictionary of Narratology (Lincoln: University of Nebraska Press, 1987) Gerald Prince defines antinarrative merely as “A (verbal or nonverbal) text adopting the trappings of narrative but systematically calling narrative logic and narrative conventions into question”, and he mentions Molloy as an example of antinarrative.
Jiménez Heffernan claims that Beckett did not destroy anything and advances powerful reasons: he wrote novels (not anti-novels, Jiménez Heffernan stresses); there is plenty of evidence in the form of echoes and allusions to show that his novels are deeply embedded in the long history of novel writing (Jiménez Heffernan speaks of Beckett’s seven novels. I would say there are eight of them as Dream of Fair to Middling Women is not a mere draft but a fully completed work); this same tradition has always shown a great capacity to reshape itself and to give birth to new forms which have renewed the genre. Beckett would belong to this category of alternative writing as old as the novel itself.
This appreciation is not completely new. José Ángel García Landa in Samuel Beckett y la Narración Reflexiva (Zaragoza: Prensas Universitarias, 1992) also placed Beckett’s prose fiction in the tradition of the novel. In his study on Beckett’s trilogy, García Landa claimed that Beckett’s subversion of the novelistic genre implied in fact the conquering of new territories for this fictional form. It must also be said, however, that the concept of anti-novel does not necessary cancel any kinship with a previous tradition. In his A Dictionary of Narratology (Lincoln: University of Nebraska Press, 1987) Gerald Prince defines antinarrative merely as “A (verbal or nonverbal) text adopting the trappings of narrative but systematically calling narrative logic and narrative conventions into question”, and he mentions Molloy as an example of antinarrative.
miércoles, 4 de agosto de 2010
Neurología de la intencionalidad y Perspectiva Dominante
Brian Boyd, en "Literature, Evolution, and Cognition"—con Hamlet como ejemplo analizado—dice lo siguiente sobre la neurología de la intencionalidad:
Nervous systems, consciousness and intelligence allow information to be gathered rapidly to recognize new problems and manipulated flexibly to try to reach new solutions. Social learning often offers still better solutions than individual intelligence, since it enables individuals to avoid the cost of solving problems on their own. Evolution has attuned social species to understand others in terms not just of actions and expressions but also in terms of intentions, in terms of the problems they are trying to deal with and the solutions they are trying to achieve. We interpret social events not just in terms of patterns of action but especially in terms of patterns of intention (Tomasello et al.). One way we understand others is through the help of mirror neurons: neurons in our brain’s motor cortex that fire not only, say, when we grasp something, but when we see another grasp something. Mirror neurons fire more intensely at an intention than at an apparently undirected action (at a directed move toward something graspable, say, rather than a casual stretching of the arm in the same direction) (Iacoboni), or to think of this in another way, we can intuit in a flash the problems we think others’ behavior is trying to solve. Experiments show that even infants interpret actions in terms of goals, in terms of the problem that an action solves (Premack and Premack).
Las neuronas espejo, otra vez—esenciales para entender el mundo intersubjetivo en el que vivimos: un mundo de intenciones, en el que las intenciones de otros (reconstruidas, hipotéticas, deducidas, ligadas a percepciones repetidas)—son una parte esencial. Ahora resulta que son especialmente sensibles a las acciones que se perciben como intencionales. Esto supondría que en su actividad se da un proceso de retroalimentación, en interacción con otros sistemas cerebrales (memoria, etc.) que asignan intencionalidad a un comportamiento.
El mundo que cada ser construye es una estructura de información: de información sobre lo que hay, sobre lo que ha habido (intepretación de huellas, pistas, etc.) y sobre lo que puede haber en el futuro: sobre todo reconstruyendo las intenciones y los mundos intencionales de los demás, un juego en el que los humanos destacamos con ventaja sobre cualquier otro animal por la complejidad de nuestro mundo social.
Es importante, en el juego de mundos enfrentados entre dos seres vivos que interactúan, el mayor o menor dominio perspectivístico de la situación: lo que en otros sitios se ha llamado topsight— "vista desde arriba" o "perspectiva dominante". Claro que esta vista dominante hay que definirla con respecto a alguna intención particular—puede haber vistas dominantes entrecruzadas en una situación concreta, en la que los actores persiguen objetivos distintos o parcialmente distintos—por ejemplo, un ladrón puede estar vigilándome a ver si me roba la cartera, y mientras yo observo, ajeno a ello, su pésimo gusto en cuestión de cortes de pelo.
Boyd sobre la Teoría de la Mente como marco analítico:
Probably the most active research area in comparative, developmental and evolutionary psychology over the last thirty years has been Theory of Mind. Theory of Mind covers the ways in which creatures develop an understanding of others of their kind—develop, that is, both at the species and the individual level: understanding others first in terms of desires, then intentions, then also, in humans, from about the age of four, of beliefs (Perner; Saxe and Baron-Cohen). In the 1980s Theory of Mind research tended to stress what was then called the Machiavellian Intelligence hypothesis (Byrne and Whiten). This proposed that intelligence had arisen especially out of the pressure to understand others, and above all to try to compete with, to outwit, deceive and manipulate others. Competition certainly remains a sharpener of intelligence, and Hamlet and Claudius in particular hone their wits in the back-and-forth of probe and concealment.
The struggle of one mind to read another that wants not to be read has an inherent fascination. We know these struggles from both sides, and the experience may make us more aware than anything else of the thin knife-edge between cooperation and competition, between shared understanding and our strategic hoarding of information to ourselves. No wonder the struggle of mind-reader against would-be mind-reader repeatedly provides so much of the shape and force of revenge tragedy.
The struggle of one mind to read another that wants not to be read has an inherent fascination. We know these struggles from both sides, and the experience may make us more aware than anything else of the thin knife-edge between cooperation and competition, between shared understanding and our strategic hoarding of information to ourselves. No wonder the struggle of mind-reader against would-be mind-reader repeatedly provides so much of the shape and force of revenge tragedy.
Sobre lectura de la mente ya hablamos aquí en "Leyéndonos la mente: Dos artículos sobre narratología cognitiva."
La comprensión de las falsas creencias que es tan crucial en la Teoría de la Mente es crucial para una definición de topsight: la visión dominante es la que ve las visiones de los demás como falsas creencias, y se sabe no englobada por la intencionalidad ajena—es la posición que consigue una y otra vez Hamlet en la obra de Shakespeare, a pesar de todas las trampas que le tiende Claudio.
Vemos cómo la comprensión de la intencionalidad nos lleva desde la neurología de la percepción a la teoría de los marcos de acción y de los mundos posibles—pues unos y otros han de ser cotejados para descifrar la intencionalidad ajena, reconstruir el mundo de las otras intenciones, y determinar sobre esa base las acciones a tomar.
Once we clearly grasp false belief we can also realise that we can have false beliefs if we happen to have missed out on key information. We realize we may not know what we need to know. That recognition amplifies human curiosity far beyond that of chimpanzees, the next most curious species, but it also lays the ground of our unique human anxiety. There may be things we feel we need to know about that we know we do not know. We want to understand ultimate causes and consequences. Where do we come from? Where do we go to?
Es decir, nos preguntamos sobre quién goza del topsight sobre determinada situación, o sobre el universo—de ahí pasa Boyd a una discusión sobre la religión. Combatimos la ansiedad que produce el no saber sentando que (aunque no sepamos) al menos sí hay alguien que sabe, que domina perspectivísticamente la realidad, y a quien se puede propiciar con rituales o comportamientos adecuados.
La creencia en espíritus omniscientes, aparte de ser una consecuencia gratuita o desplazada de la evolución de nuestra inteligencia social (lo que Gould llamaría una enjuta o spandrel)— tendría por tanto un cierto valor adaptativo, al hacer más utilizable esa inteligencia social, evitando embarcarla en problemas recursivos o apaciguando ansiedades surgidas de la percepción misma de las falsas creencias. (Sobre el valor adaptativo de la religión, como cohesionadora del grupo social y motivadora de acciones altruistas, también hablamos en "Programados para creer").
La cooperación típica de los humanos requiere según Boyd unas capacidades de la teoría de la mente todavía más elaboradas que los escenarios competitivos típicos asociados con los maquiavélicos chimpancés. El esconder las propias creencias—para competir—es más sencillo que compartir de modo elaborado las propias creencias, un proceso que da lugar a la compleja colaboración social humana, al lenguaje, y a posibilidades de inteligencia social mucho más elaboradas (tanto para la colaboración como para la competición maquiavélica) que se abren en este mundo propiamente humano.
En el análisis de Hamlet que hace Boyd, quizá se eche en falta la cuestión de la perspectiva dominante. La perspectiva de Hamlet, por potente que sea, no puede ser la dominante en la obra, aunque domine las de los demás personajes—el propio Hamlet muere debido en parte a las limitaciones de su perspectiva. En drama no hay narrador, y ninguno de los personajes, ni siquiera el más intrigante o inteligente, es dueño de la acción de la obra. Pero sí hay autor, e intencionalidad autorial. El autor nos sitúa (sistemáticamente es así en Shakespare) al público en la perspectiva dominante, aquélla en la que, aupados por él mismo y por Hamlet, podemos contemplar el panorama de las acciones, intenciones y motivaciones humanas. Pero la lucha por el topsight continúa en las interpretaciones críticas. (Ver otro ejemplo de enfrentamiento de inteligencias críticas en "Poe-tics of Topsight").
Pero una cuestión que sí sugiere el análisis de Boyd es el esfuerzo reflexivo de la mente de Hamlet por entenderse a sí misma—como un empeño cognitivo. Quién se conocerá a sí mismo—quién tendrá topsight sobre su propia mente. Para ello se requiere, seguramente, no sólo una capacidad reflexiva superior, sino también el paso del tiempo, que nos da esa elevación espontánea sobre las intenciones y proyectos del pasado, hace surgir planes ocultos, y hace que se publique todo lo que se guardaba en un cajón. De esto obtenemos conocimiento. Pero el éxito en la acción depende no del conocimiento retrospectivo, sino del prospectivo, de la capacidad de construir y representar la intencionalidad más relevante o comprensiva en una situación dada, rápidamente, en medio de la acción para permitir reorientarla—anticipándonos a lo que será nuestra propia evaluación retrospectiva de ese encuentro de mundos mentales, y del éxito o fracaso de nuestras intenciones.
Descriptive Criticism
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