jueves, 24 de febrero de 2011

Aparcada


Aparcada, originally uploaded by JoseAngelGarciaLanda.
Aunque pisando la raya.

Más sobre censura en AEDEAN


Hace un año y pico, cuando mi departamento estaba utilizando malas artes e ingeniería normativa para excluirme de los programas de máster y de doctorado, envié un mensaje a la lista de distribución de AEDEAN denunciando la situación. Con la idea de que la información no es dañina—que si así se actuaba aquí, es presuponible que a nadie le importará defender su actuación aquí y en Tombuctú.

Quizá lo que ofendió es que titulase mi mensaje "Prácticas mafiosas en la Universidad de Zaragoza". Aunque más ofensivas son las prácticas, una vez te las aplican, que el llamarlas así en protesta.

Bien, pues se vio muy mal al parecer, por parte de mucha gente en la asociación, que yo hablase de esas cosas en la lista. Está bien visto en ella anunciar publicaciones propias (sin ánimo de lucro), o congresos propios o ajenos. Y punto—hasta ahí llega el consenso sobre lo que es aceptable encontrarse en una lista de correo académica. Temas problemáticos, vade retro. 

Eso por parte del público en general (por ejemplo, nadie de la lista me transmitió ningún tipo de apoyo, ni nada parecido). Y por parte de la dirección de la Asociación, se dieron rápidamente instrucciones para que se censurasen mis mensajes. También se instauró (por decretazo e improvisadamente, y sin protestas de nadie) la censura previa en una lista que hasta entonces era libre. Tal fue el escándalo que causó de oír cosas no deseadas y que no queremos oír.  Y oigan, que en AEDEAN hay un "foro permanente sobre la censura"—que no sé si se habrá dedicado a estudiar este caso práctico close to home.

El relato detallado lo conté aquí: "Censura en AEDEAN".

Aún me pasma la mansa aceptación de la censura por parte de esta sociedad académica, sin un solo chistar en contra. Intentando primero disimular lo que se hacía, además. A mí me sirvió para tomarle la medida en ciertos aspectos—de hasta dónde llega, y qué tipo de prioridades tiene. De hecho, ya hace tiempo que no iba a los congresos—aunque sigo siendo socio, un poco por hacer patria. Y mandando mensajes inocuos a la lista cuando procede, sabiendo que los que puedan molestar a alguien, aunque sea con causa justa, serán censurados.

Como el paso del tiempo crea sus propias ironías, ahora resulta que la postura del ofensivo personaje (yo) resulta que es la que ha ganado la causa, una vez tras otra, en los tribunales de justicia. Mientras que los compañeros ofendidos que tanto preocupaban a la presidenta de la asociación, resulta que estaban prevaricando y que han tenido que ser llamados al orden por los jueces. Y se han anulado sus actuaciones administrativas de los últimos cuatro años, porque (como venía sosteniendo yo) eran contrarias a derecho y a las buenas prácticas en la administración. 

Parece por tanto que la dirección de AEDEAN se apresuró a tomar parte en el lado inadecuado—porque al parecer (según dice la "verdad judicial" del asunto), yo no estaba calumniando a nadie, sino dando información verdadera que la asociación se apresuró a tapar en favor de no se sabe qué intereses.

Yo sabía (conociendo el percal) que había habido telefonazos de alguna de nuestras catedráticas, hoy estoy poco belicoso y no diré cuál, para internar pararme los pies.  Por la vía de la Sociedad del Petit Comité, a la que todo catedrático digno de tal nombre, y catedraticable que se precie, reconoce como el lugar donde se ejercen las influencias que van a misa. La sociedad ésa de prohombres y promujeres que rigen sus feudos, y en la que el respeto mutuo al corralillo ajeno prima sobre norma y sobre  ley.

Al parecer, la catedrática en cuestión (y antigua presidenta de esta asociación) llamó a unos cuantos catedráticos para recabar su apoyo para que se me expulsase ipso facto de AEDEAN, —cosa que tampoco me parece que tiene precedentes—para que me enterase de lo que supone ofender a las fuerzas vivas. Vamos, en la mejor tradición de las viejas tradiciones.  Y estas cosas van a misa, hasta cierto punto—porque si bien no me expulsaron, me aplicaron la censura inmediatamente, algo en lo que todos al parecer sí convinieron. O al menos ninguno me ha hecho saber lo contrario. Ni tampoco me ha dicho nadie "vaya, pues tenías razón".... igual siguen dándole palmaditas en la espalda a la parte que prevaricaba y manipulaba. Tampoco, que yo sepa, se ha manifestado ningún socio en contra de la censura a las opiniones de los socios que no le puedan gustar a .... ni se sabe quién. Y luego, a darle al Critical Discourse Analysis, y a los Subaltern Studies.

Bien, pues ese es el ambiente entre bambalinas. Siempre informativo, para quien quiera enterarse de qué actitudes petrificadas van por ahí rigiendo cómo se hacen las cosas.

Por supuesto, argumentar públicamente contra lo que yo había dicho, eso a nadie le pasó por las mientes. Ni cuestionar la inmoralidad política de censurar la palabra en una lista a miembros de la asociación. Simplemente se apresuraron a poner la mordaza, como si hubiese un perro rabioso por allí suelto.

Y esto es lo que va a misa, y esto es lo que se ve como comportamiento adecuado y correcto en una sociedad académica.  ¿Libertad de crítica, o de expresión? Pero qué me dice usted...  Aquí quien hace carrera, que es de lo que va la cosa, la hace de otra manera, y en otros pasillos menos visibles. Y guardando un prudente silencio frente a quien te pueda perjudicar.

 
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Estimado coronel Gadafi

Carta a Gadafi propuesta por Amnistía Internacional España:

Estimado coronel Gadafi:

A través de la presente me permito ponerme en contacto con usted para hacerle llegar mi más sincera preocupación por los hechos que están teniendo lugar en su país.
He recibido información de que las fuerzas de seguridad están reprimiendo de una forma extremadamente violenta las manifestaciones pacíficas de ciudadanos y ciudadanas libias que han salido a la calle para pedir reformas y para reclamar sus libertades y sus derechos humanos. La información recibida habla de que las fuerzas de seguridad estarían utilizando armamento letal, como ametralladoras y otras armas, para disparar directamente a los manifestantes, incluso desde el aire.
Quisiera hacerle saber que condeno totalmente esta represión en contra de la población libia y le exijo que haga todo lo que esté en su mano para que el gobierno libio detenga de forma inmediata este baño de sangre y respete los derechos humanos, incluyendo la libertad de expresión, de todas aquellas personas que deseen manifestarse pacíficamente. Además, también le exijo que se identifique a los responsables de esta brutal represión y que rindan cuentas por sus actos.
Atentamente,
----su firma aquí-----


Pues eso, a ver si Gadafi pilla a esos malvados y los entrega a las autoridades y a la justicia de Libia.


 
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miércoles, 23 de febrero de 2011

Combinación de feuilles mortes

Cuánto cuento el Veintitrés Efe





Treinta años después nos siguen vendiendo la versión oficial del Golpe, recalentada y lista para el consumo de nuevas generaciones. En Radio Nacional, claro, y en la SER, faltaría más... pero hasta Carlos Herrera nos recuerda (por si nos fallaba la memoria) que el golpe lo paró el Rey —oye, un dato que se ha dicho poco al parecer.

Pues hala, a celebrar. Aquí hay más lectura y auditura al respecto.

"Narratología del 23-F."
   
"Ills Like White Elephants."  
   
"23-F, la verdad."

"Vislumbrando más sobre el 23-F."

"El discurso del Rey."

"La versión extraoficial del 23-F."

Un debate de ayer noche:





Y otro de hoy:




PS- Oigo por Radio Nacional que hace diez años uno de cada tres españoles decía tener algún recuerdo claro del 23-F veinte años después. Y que, sorprendentemente, ahora es uno de cada DOS españoles el que dice tener algún recuerdo claro de ese día. Sobre este tema del efecto de los acontecimientos colectivos en la memoria escribí ya algo en "Narratología del 23-F." Está claro que el coro social de recuerdos ayuda a mantener los recuerdos individuales, a reavivarlos, o a inventarlos en caso necesario donde no los había. En la radio interpretaban esto como el efecto de una decisión colectiva de los españoles de recordar esta fecha, como un acontecimiento simbólico.

Yo distinguiría dos ingredientes en este tema del recuerdo del 23-F. Uno, la mitificación de los acontecimientos y la creación de un símbolo con abundantes ingredientes ficcionales: el Rey ganándose la corona con sus propias fuerzas, los españoles rechazando el franquismo, enviando a la cárcel a los franquistas, haciendo suya la Democracia, etc. El relato oficial del 23-F, en suma, que es el que (en tanto que públicamente aceptado) genera una verdad colectiva a la que la gente viene a sumarse. El "yo estaba allí", "yo me acuerdo", viene a ser una participación simbólica del ciudadano en esta construcción colectiva de la identidad nacional, y sería el lado digamos "positivo" (a pesar de las muchas medias verdades o silencios interesados) que tendría esta persistencia del 23-F.

El lado negativo es, claro, el de las mentiras, secetos, cintas ocultas, medias verdades y malas memorias. Sería el lado por el cual el 23-F no es una fiesta de la democracia (escenificada por el lenguaraz Bono), recordada con gusto, sino un acontecimiento traumático—no sólo en lo que fue, sino en lo que ha continuado siendo por los engaños acumulados en su derredor. Un trauma mal curado, un return of the repressed, que viene y viene otra vez, junto con la fiesta, alimentado cada vez que sale a la luz un secretillo más, o se pilla una contradicción más en la versión oficial. Los secretos mal guardados y los traumas persistentes son también un generador de memoria colectiva.

Así que los dos aspectos—el trauma de la manipulación política, y la fiesta de la democracia, van entremezclados en la memoria colectiva del 23-F.



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PS, 2021. Diez años después, la cosa no ha mejorado; si acaso empeora con el autoexilio del corrupto rey Juan Carlos—según Herrera en Cope, "el elefante blanco que salvó la democracia". Si es que hay que joderse vivo. Este país está podrido de falsedad. Los vídeos que puse por supuesto hace tiempo que desaparecieron; en el ecosistema de la charca podrida sólo sobrevive lo más adaptado al medio.


Lectura lacaniana del 11-M

Arbol verde y amarillo

martes, 22 de febrero de 2011

domingo, 20 de febrero de 2011

Hoja en coche azul


Hoja en coche azul, originally uploaded by JoseAngelGarciaLanda.
Como decía un chiste de El Roto esta semana (un tío en una galería de arte mirando borrones): "Qué repetitiva es la originalidad".

Reading Personal Imprints

From a discussion in LinkedIn

(Grace Conception says that "I tend to think that a wholly transparent historiography is not possible. For me, history or history writing is an interplay of the sources of history (archival records for instance) and the historian's interpretation of these sources, further elucidated in his or her construction of past events. I really think that in historical works, the historian, much like the writer of literary works, leaves her personal imprint")

—And I very much agree, Grace! Only, the kind of personal imprint that is left by the historian, and by the author of fiction, or the poet, is relative to the generic or discursive conventions which are used by the writer in question. Moreover, the kind of reading that is made of that imprint is also mediated by generic conventions. Autobiographical readings have been anathema to many schools of criticism, and I suppose that reading "personal imprints" in their works is not an approach that many historians tend to favour. But, as Plato said, we send our writings out into the world, and sometimes they meet unanticipated receivers... and unanticipated readings.

I suppose discussion of implied readers and ideal audiences might originate in that passage of Plato's
Phaedrus:

Writing, you know, has this strange quality about it, which makes it really like painting: the painter's products stand before us quite as though they were alive; but if you question them, they maintain a solemn silence. So, too, with written words: you might think they spoke as though they made sense, but if you ask them anything about what they are saying, if you wish an explanation, they go on telling you the same thing, over and over forever. Once a thing is put in writing, it rolls about all over the place, falling into the hands of those who have no concern with it just as easily as under the notice of those who comprehend; it has no notion of whom to address or whom to avoid. And when it is ill-treated or abused as illegitimate, it always needs its father to help it, being quite unable to protect or help itself.

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Otro episodio interesante en la búsqueda del interlocutor ideal viene dado en la Teoría de los Sentimientos Morales de Adam Smith. El receptor ideal al que alude Smith es el que atiende a aquellos aspectos de nuestro discurso hacia los que nosotros le dirigimos la atención, y no nos rompe los marcos ni las presuposiciones al dirigir nuestra atención, o peor aún, la de otros, sobre algún aspecto de nuestro discurso que revela fallos lógicos, presuposiciones indeseables, o que nos desacredita de alguna manera. Estos lectores resistentes (que los llamaba Judith Fetterley) los anticipaba Smith cuando se refiere al contraste entre el receptor ideal de nuestro discurso, y el efectivo— Y los receptores resistentes son muy necesarios, claro, más que los meramente aquiescentes—pero qué molestos resultan a veces para el escritor. El escritor quiere o bien esconderse tras su texto, o (si emerge de él una imagen del escritor) que sea una imagen cuidada e idealizada—la imagen deseada, la del Autor Implícito. Quien hace surgir una imagen no controlada por el propio autor no puede esperar que el autor le dé la aprobación y bienvenida. Se la darán otros, en todo caso—como decía Genette al final de Figures III, "il y a toujours du monde à côté." Sería pretencioso pretender controlar la conversación de todo el mundo, aunque el tema de la misma seamos nosotros mismos.

 
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Facebook como sociedad líquida de individuos


La sociedad de individuos, característica del mundo postmoderno, la contrapone Zygmunt Bauman (desfavorablemente, entiéndase) a la "sociedad de ciudadanos" socialmente responsables—que no sé realmente de qué período histórico ha sido característica—o si pertenece sólo al desiderátum de las utopías o de las miradas selectivas e idealizantes sobre el pasado.  Cuando escribió esto Bauman no había Facebook, y apenas "redes sociales" en Internet. No es de esto de lo que habla Bauman, sino de las experiencias característicamente postmodernas—pero sin embargo se ajusta muy bien su descripción pesimista y desilusionada a lo que podría pensar de las relaciones sociales virtuales, siendo casi una descripción por anticipado de lo que viene siendo la red social de los individuos en lo que él llama la modernidad líquida:

Si el individuo es el enemigo número uno del ciudadano, y si la individualización pone en aprietos la idea de ciudadanía y la política basada en ese principio, es porque las preocupaciones de los individuos en tanto tales colman hasta el borde el espacio público cuando éstos aducen ser los únicos ocupantes legítimos y expulsan a codazos del discurso público todo lo demás. Lo 'público' se encuentra colonizado por lo 'privado'. El interés público se limita a la curiosidad por la vida privada de las figuras públicas, y el arte de la vida pública queda reducido a la exhibición pública de asuntos privados y a a confesiones públicas de sentimientos privados (cuanto más íntimos, mejor). Los 'temas públicos' que se resisten a esa reducción se transforman en algo incomprensible.
    Las posibilidades de que los actores individualizados sean 'rearraigados' en el cuerpo republicano de la ciudadanía son escasas. Lo que los anima a aventurarse dentro de la escena pública no es tanto la búsqueda de causas comunes ni de los modos de negociar el significado del bien común y los principios de la vida en común, sino más bien una desesperada necesidad de 'interconectarse'. [Nunca mejor dicho con respecto a Internet y Facebook—aunque quizá Bauman esté pensando en comunidades típicamente urbanas del tipo "grupos de autoayuda", etc.] Compartir intimidades, como no cesa de señalar Richard Sennett, tiende a ser el método preferido, si no el único restante, de 'construcción de comunidad'. Esta técnica de construcción sólo puede dar a luz 'comunidades' frágiles y efímeras como emociones dispersas y erráticas que cambian de objetivo sin ton ni son, a la deriva en su búsqueda infructuosa de un puerto seguro: comunidades de preocupaciones compartidas, ansiedades compartidas u odios compartidos—pero en todo caso comunidades 'perchero', reuniones momentáneas alrededor de un clavo en el que muchos individuos solitarios cuelgan sus miedos individuales y solitarios—. [Aquí está realmente certero Bauman, caracterizando las inútiles páginas de "gustos" de Facebook, comunidades inútiles, evanescentes e inutilizables de cientos o miles de gentes a las que les "gusta esto"] Como lo señala Ulrich Beck (en su ensayo 'On the Mortality of Industrial Society'),
aquello que emerge de la disuelta norma social es un ego desnudo, atermorizado y agresivo en busca de amor y ayuda. En su búsqueda de sí mismo y del afecto social, se pierde con facilidad en la jungla del yo [...] Alguien que anda hurgueteando en la niebla del propio yo se vuelve incapaz de advertir que ese aislamiento, ese 'solitario confinamiento del ego', es una condena masiva.
La individualización ha llegado para quedarse; todo razonamiento acerca de los medios de hacer frente a su impacto sobre el modo en que llevamos adelante nuestras vidas debe partir de la aceptación de ese hecho. La individualización concede a un número cada vez mayor de hombres y mujeres una libertad de experimentación sin precedentes—pero (timeo danaos et dona ferentes...) también acarrea la tarea sin precedentes de hacerse cargo de las consecuencias—. El abismo que se abre entre el derecho a la autoafirmación y la capacidad de controlar los mecanismos sociales que la hacen viable o inviable parece alzarse como la mayor contradicción de la modernidad fluida—una brecha a la que por ensayo/error, reflexión crítica y abierta experimentación, deberemos aprender a enfrentarnos colectivamente—.  
 

E individualmente, hay que añadir, claro.  Esto viene de la sección "El individuo en guerra con el ciudadano", de Modernidad Líquida (2000). Bauman es un tanto all-or-nothingist, "todo-o-nadista"—ve unos síntomas característicos de nuevas tendencias, y ya reduce el conjunto de la realidad a esos síntomas característicos como si hubiese todo sufrido una transformación de raíz, y no hubiese inercias más que notables en la sociedad humana. Yo tengo menos fe que él en esa hipotética sociedad de ciudadanos en la que los ciudadanos no sean a la vez individuos. La visualizo muy claramente en los movimientos de masas de ciudadanos, algunos de ellos ciudadasnos poco individuales, en los años 30 pongamos, todos socialmente muy concienciados y todos poniendo alguna colectividad nacional o de clase o de Pueblo o de lo que sea, por delante de las individualidades que eran denunciadas como un vicio burgués. En aquellos años de modernidad sólida Bauman era un comunista ortodoxo—en Polonia; luego heterodoxo dentro de un orden, pero siempre comunista. ¿Será Bauman un nostálgico de esos de que con Stalin primero, y luego contra Stalin, vivíamos mejor?

 
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Fila de hojas


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