sábado, 23 de octubre de 2010

L'aigle noir


Un primer intento con esta canción de Barbara. Ya lo intenté hace tiempo, que ya se me había aparecido antes el águila ésta, pero la encuentro dificilísima. Volveremos a ella, si las previsiones valen de algo.







La drôle de fin

 

Esta canción de Sylvie Vartan, La drôle de fin, no la había oído en treinta y cinco años, pero aún me acordaba de ella, y del verano en que sonaba en las radios—en Francia la oía, sí, en aquel verano del 75, en un pueblecito perdido del Allier.






Y
también leía los amores y desamores de Sylvie Vartan y Johnny Hallyday en Salut les copains... 









 
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La maladie d'amour


Un bonito videostill, canción de Michel Sardou.








viernes, 22 de octubre de 2010

Cómo decirlo sin decirlo


Menuda la ha armado el alcalde de Valladolid con sus comentarios sobre la ya ministra (y quién sabe si futura presidenta...) Leire Pajín, descalificando su capacitación para el cargo, y diciendo que no iba a decir no sé qué cosa que piensa cada vez que ve sus morritos... sic.

Yo lo interpreté como que se refería a lo que se comenta últimamente sobre el parecido realmente pasmoso entre Pajín y Felipe González, llamado también en tiempos "el morritos" (—pues no creo que nadie le vea parecido a Pajín con Mick Jagger, otro famoso "morritos"). Hay quien dice también que en el parecido con González se halla la explicación para el inexplicable ascenso de Pajín en el partido, a la velocidad de la espuma o del corcho blanco.

Pero luego el alcalde pepero echó marcha atrás, y terminó de arreglar la cosa pidiendo "disculpas" y diciendo que le recordaba Pajín "a un personaje de dibujos animados"... con lo cual siguió sin decir lo que quería decir, o no decir, —y provocó una furia de declaraciones del PSOE. (Al parecer, si nos atenemos a la lógica del razonamiento de José Blanco, no se pueden verter opiniones negativas sobre la capacitación de una mujer—y de hecho, cualquier crítica a una mujer sería un ejemplo de machismo, quedando en duda si cualquier crítica a un hombre sería un ejemplo de feminismo radical).

Me ha llamado la atención cómo en los medios, incluso los más críticos con el gobierno (Intereconomía, Onda Cero, Libertad Digital, etc.) han afeado las declaraciones del alcalde, pero siempre sin aclarar cuál era su sentido, o a qué se podría haber estado refiriendo el hombre con la críptica alusión a los morritos. Eso sí, a continuación seguido, y como quien no quiere la cosa, todos hablaban de Felipe González, cosa que el alcalde no había hecho. Debe ser que a todo el mundo le choca el parecido, que todo el mundo ha oído el bulo, y que nadie tiene nada de sustancia que decir al respecto.

Como siempre, Google proporciona a su manera las respuestas—siempre se encuentra allí lo que se busca, en esa máquina de los deseos—buscando "Leire Pajín Felipe González". Que sea cierto el diagnóstico de este polígrafo... eso ya es otra cosa, y habría que preguntarles a los interesados. Por lo que se ve, eso nadie tiene intención de hacerlo. Será que no hay interés.


La maleta hecha



Dos comentarios graciosos sobre el cese súbito de la vicepresidenta Fernández de la Vega:

De la Vega:
"En un gobierno democrático, un servidor público tiene que estar siempre con la maleta hecha."

Federico Jiménez Losantos: "¿La maleta? Vamos ya, ¡Ni los baúles de la Piquer!"

César Vidal: "¿La maleta? En su caso, será el tren mercancías."


Libertad vs. Ley


Un debate de Libertad Digital, con Gabriel Albiac, Javier Gómez de Liaño y Agapito Maestre.





jueves, 21 de octubre de 2010

Incidente de ejecución



Nuestros colegas departamentales (líderes y catedráticos algunos, fieles sirvientes otros) nos vetan desde hace años la participación en los postgrados del Departamento. Una vez tras otra, la Universidad primero, y los juzgados de lo contencioso administrativo luego, nos dan la razón a nosotros. Pero entonces el departamento produce una nueva remesa de papel y elude el cumplimiento de las órdenes y sentencias --y sigue excluyéndonos del Máster y sigue arrinconándonos en el programa de doctorado.

Las últimas órdenes del Rector ordenando al departamento asignar la docencia con criterios claros, justos, objetivos y no anulados en los tribunales se incumplió explícitamente. Les decían hasta qué párrafo tenían que tachar—porque si no nuestro departamento alega que no entiende las instrucciones. En este caso las órdenes eran tan claras que no podían hacer más que desobedecerlas explícitamente, y eso hicieron. De hecho, el Director incluso las ocultó al consejo de departamento, esas órdenes del Rector.

Y el Rectorado, en lugar de tomar medidas... se rinde y deja hacer.

Así que seguimos interponiendo escritos pidiendo que, también aquí, haya ley y normas iguales para todos. He aquí una selección de nuestro último escrito a los juzgados, para estrenar el año académico 2010-11 con un asunto que viene coleando desde 2005:

 



 


El Rectorado, lejos de hacer seguir sus propias instrucciones directas para la elaboración del POD, habiendo recibido mi protesta, me envió a mí una orden diciendo que tenía que atenerme a la docencia que (contrariamente a derecho y norma y a las órdenes directas del Rector) me había asignado mi departamento. Bravo por la coherencia.

Mientras se funcione de esta manera en la Universidad, los feudos y redes clientelares seguirán campando a sus anchas.

Y ya nos pueden dar mientras premios a la Calidad, ya. Donde no hay ley, la calidad falla por la base.

 


Wayfaring Stranger (3)

Una antigua canción country, himno o espiritual,  que me recuerda al poema anglosajón The Wanderer.





miércoles, 20 de octubre de 2010

Lejos queda ya el verano




Lejos queda ya el verano...

Pero acabo de volver a ponerme mi programación musical de este verano—voy haciendo listas de reproducción en mi canal de YouTube, y aquí pongo un enlace a unas cuantas canciones que sonaban por esta pantalla aquel verano de 2010.

También esto subiendo fotos a mi flickr a tutiplén. Por error he destruido varios cientos de ellas, momentos que ahora han pasado para siempre—por segunda vez, y ahora sí que definitivamente. Pero todavía quedan más fotos del verano de las que nadie querría ver jamás. Por el fotoblog van a ir apareciendo, no se sabe ante quién.



Premio a Micaela


Un premio ha ganado Micaela Muñoz, nuestra amiga y colega organizadora de los exámenes de Cambridge. ¡Enhorabuena! Algo me toca porque venía yo colaborando también un poco de refilón en la organización ésta del centro de Cambridge en Zaragoza, aunque lo voy dejando últimamente.







 


Plus ça change...




Cambio de gobierno Zapatero, plus ça change, plus c'est la même chose. Salen con su pensión vitalicia en el bolsillo una buena remesa de vendidos, ineptos, mentirosos y mamporreros de partido—y entran otros que... ya veremos, pero no creo que vayan a dejar el pabellón mucho más alto.  Caamaño, ministro de justicia y personaje representativo del nivel, ahí sigue. De Leire Pajín, esa chica González, comentábamos ayer precisamente que si no entraba de ministra ahora, lo haría como última orden de Zapatero antes de abandonar él el gobierno–para embolsarle un sueldo-pensión más que sumar a los que ya tiene. Pero ministra había de ser Leire, aunque fuera por encima del esqueleto de ZP. Tan inexplicable es la afición que se le tiene a esta señora, ya me explicarán por qué. Sí es modelo de una cosa muy buscada—de encefalograma invariablemente partidista. A Trini, también muy querida, también le han buscado un apaño—si no en Madrid, pues entonces en Madrid. Y nuestro todavía presidente aragonés, Marcelino Iglesias, irá de yes-man ahora a Madrid.  Pues vale. Corbacho volverá a la política activa, según anunció que haría, después de calentar el sillón del ministerio. De su sustituto nos dice que "tengo un gran concepto con él"—así que Dios nos coja confesados. Moratinos podrá ir a pasar su tiempo libre a Cuba, Marruecos, Irán o Venezuela, países con gobiernos a los que tiene tanta afición. Lo de la Bibiana no tenía nombre. Y no es que sea mejor Rubalcaba que de la Vega más Rubalcaba, pero al menos perderemos de vista a uno más de esos personajes tan falsarios y sectarios que tan alto suelen llegar. Por sus méritos políticos, que estas capacidades son las que se aprecian. Ahora "sólo" tenemos a la ex-Vice en el Consejo de Estado. Salgado continúa, que aún está a la espera de llegar a sus cinco millones de parados.

"Son, todos, lo peor de la clase", dixit la Dra. Penas.

A la historia pasó, por cierto, eso de la paridad hombres-mujeres, burbujilla/ocurrencia de un día.

Aquí el comentario de Libertad Digital:


Jiménez Losantos, Federico. "Federico a las 8: Rubalcaba, el hombre fuerte del Ejecutivo." EsRadio 21 Oct. 2020.*

         https://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2010-10-21/federico-a-las-8-rubalcaba-el-hombre-fuerte-del-ejecutivo-18035.html

         2020






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Reflejo y vanidad


Un poema de Jorge Luis Borges, "Los espejos".







martes, 19 de octubre de 2010

Un pájaro en la noche y la destrucción de los altares

Este capítulo del libro segundo de la Historia Ecclesiastica Gentis Anglorum, de Beda el Venerable (siglo VIII) narra de modo memorable la conversión al cristianismo del rey Edwin de Northumbria, tras la predicación de Paulino.

CHAPTER XIII

OF THE COUNCIL HE HELD WITH HIS CHIEF MEN ABOUT EMBRACING THE FAITH OF CHRIST, AND HOW THE HIGH PRIEST PROFANED HIS OWN ALTARS. [A.D. 627.]

THE king, hearing these words, answered, that he was both willing and bound to receive the faith which he taught; but that he would confer about it with his principal friends and counsellers, to the end that if they also were of his opinion, they might all together be cleansed in Christ the Fountain of Life. Paulinus consenting, the king did as he said; for, holding a council with the wise men, he asked of every one in particular what he thought of the new doctrine, and the new worship that was preached? To which the chief of his own priests, Coifi, immediately answered, "O king, consider what this is which is now preached to us; for I verily declare to you, that the religion which we have hitherto professed has, as far as I can learn, no virtue in it. For none of your people has applied himself more diligently to the worship of our gods than I; and yet there are many who receive greater favours from you, and are more preferred than I, and are more prosperous in all their undertakings. Now if the gods were good for any thing, they would rather forward me, who have been more careful to serve them. It remains, therefore, that if upon examination you find those new doctrines, which are now preached to us, better and more efficacious, we immediately receive them without any delay."

Another of the king's chief men, approving of his words and exhortations, presently added: "The present life of man, O king, seems to me, in comparison of that time which is unknown to us, like to the swift flight of a sparrow through the room wherein you sit at supper in winter, with your commanders and ministers, and a good fire in the midst, whilst the storms of rain and snow prevail abroad; the sparrow, I say, flying in at one door, and immediately out at another, whilst he is within, is safe from the wintry storm; but after a short space of fair weather, he immediately vanishes out of your sight, into the dark winter from which he had emerged. So this life of man appears for a short space, but of what went before, or what is to follow, we are utterly ignorant. If, therefore, this new doctrine contains something more certain, it seems justly to deserve to be followed." The other elders and king's councillors, by Divine inspiration, spoke to the same effect.

But Coifi added, that he wished more attentively to hear Paulinus' discourse concerning the God whom he preached; which he having by the king's command performed, Coifi, hearing his words, cried out, "I have long since been sensible that there was nothing in that which we worshipped; because the more diligently I sought after truth in that worship, the less I found it. But now I freely confess, that such truth evidently appears in this preaching as can confer on us the gifts of life, of salvation, and of eternal happiness. For which reason I advise, O king, that we instantly abjure and set fire to those temples and altars which we have consecrated without reaping any benefit from them." In short, the king publicly gave his licence to Paulinus to preach the Gospel, and renouncing idolatry, declared that he received the faith of Christ: and then he inquired of the high priest who should first profane the altars and temples of their idols, with the enclosures that were about them, he answered, "I; for who can more properly than myself destroy those things which I worshipped through ignorance, for an example to all others, through the wisdom which has been given me by the true God?" Then immediately, in contempt of his former superstitions, he desired the king to furnish him with arms and a stallion; and mounting the same, he set out to destroy the idols; for it was not lawful before for the high priest either to carry arms, or to ride on any but a mare. Having, therefore, girt a sword about him, with a spear in his hand, he mounted the king's stallion and proceeded to the idols. The multitude, beholding it, concluded he was distracted; but he lost no time, for as soon as he drew near the temple he profaned the same, casting into it the spear which he held; and rejoicing in the knowledge of the worship of the true God, he commanded his companions to destroy the temple, with all its enclosures, by fire. This place where the idols were is still shown, not far from York, to the eastward, beyond the river Derwent, and is now called Godmundinghan, where the high priest, by the inspiration of the true God, profaned and destroyed the altars which he had himself consecrated.




lunes, 18 de octubre de 2010

domingo, 17 de octubre de 2010

The Stand

No leía yo mucho Stephen King, pero poco que leas es mucho (se podría decir que demasiado). Tras empaparme hace un tiempo The Tommyknockers, acabo de leerme The Stand, ambas dos por encima de las mil páginas. Tengo esperando Duma Key, objeto hace poco del comentario despectivo de Norman Holland en su blog; y no sé si me animaré con su última, la de la ciudad aislada por una cúpula, visto que ya aparecía parodiada por anticipado en la película de los Simpson.

No me disgusta del todo Stephen King, no. Es un narrador muy eficaz sobre todo a la hora de presentar personajes solitarios embarcados en su propia actividad y tren de pensamientos. También me gusta su representación de la realidad cotidiana americana, los retratos de gente y de lenguaje, las alteraciones súbitas del paisaje ordinario del consumismo—el desastre o lo monstruoso irrumpiendo en la normalidad, en el mundo de hábitos televisivos y marcas y consumo irreflexivo. Es auténtica literatura popular, como los comics de Spiderman, o como Deepak Chopra, y hay en él un poco de todo, como en botica.

The Stand es la historia de una pandemia de gripe, que a modo de Peste apocalíptica extermina a casi toda la población del planeta. La novela sigue las aventuras de unos pocos de los supervivientes, desperdigados por los Estados Unidos, buscándose unos a otros, juntándose en grupos y formando la raíz de una nueva comunidad que perpetúe lo mejor de los valores y la civilización americana. 




Se sitúa así en la tradición de la narración post-apocalíptica, o de desastres universales y destrucción seguida de un renacer. El modelo de este tipo de relatos es la historia de Noé en el Génesis: la tradición bíblica está muy presente en estas historias, y muy en concreto en The Stand. Hay otra tradición emparentada, en la línea de catástrofes universales, como son las novelas de extinción de la especie, como The Last Man de Mary Shelley. Pero de hecho este género tiene pocas obras; incluso en relatos post-apocalípticos de pesimismo acentuado como The Road, de Cormac McCarthy, hay un final esperanzador. Con lo cual la catástrofe resulta ser unas veces castigo divino, o purificación por los errores de la civilización, en la mejor tradición bíblica. En todo caso, es un nuevo comienzo lo que encontramos al final, no un final completo y absoluto, al cual la mente humana parece resistirse. Tenemos un atisbo de eso en La máquina del tiempo de H.G. Wells; pero ni siquiera la novela de El último hombre de Mary Shelley representa directamente la muerte absoluta de la humanidad. ¿Quizá sería un rasgo de misantropía el narrar eso?

The Stand, en cualquier caso, se sitúa de lleno en esta tradición. Más en concreto, en la tradición de novelas de epidemia inaugurada por La peste escarlata de Jack London. Hay, claro está, muchas otras novelas de epidemia, desde el Journal of the Plague Year de Defoe, hasta La Peste de Camus o Ensayo sobre la ceguera de Saramago. Pero la peste de Jack London es apocalíptica: termina con la civilización occidental, y supone una reversión de la cultura humana a épocas primitivas. Hay otros post-apocalipsis, los nucleares, que plantean la cuestión en términos similares. A la rotura de los lazos sociales que produce toda catástrofe universal, guerra o plaga, las novelas de las pandemias añaden la desconfianza entre las personas que supone el temor al contagio. Este rasgo no está muy acentuado en The Stand, por cierto: la pandemia de gripe mutante se extiende tan rápido que la gente está más bien desinformada y sucumben casi todos simultáneamente, sin que el novelista enfatice mucho escenas de expulsión de enfermos, abandonos, o cuarentenas. La primera parte de la novela presenta a los principales protagonistas, junto con otros personajes que mueren; en un argumento de muchos hilos que al principio se hace difícil de seguir por el gran número de personajes. La novela va adquiriendo una forma más convergente y unificada a medida que los supervivientes dispersos se van juntando; esto es un principio estructural que define en gran medida su forma.

Otro principio argumental clave es, por supuesto, el maniqueísmo de la trama: los buenos se reúnen al este de las Montañas Rocosas, en última instancia en Boulder, Colorado, tras un periplo por muchos estados americanos, alrededor de la figura de una abuela negra centenaria, Mother Abagail. Los malos se agrupan en torno a una encarnacion del demonio llamada Randall Flagg—en Las Vegas. Cada una de las dos comunidades intenta reconstruir la civilización a su manera: pero la Zona Libre de Boulder retoma los ideales de la constitución norteamericana, mientras que los seguidores de Flagg están sometidos a una dictadura satánica que los esclaviza bajo un líder al modo hitleriano o napoleónico. 

Este es sin duda el aspecto más simplista y "pop" de la novela, el que le hace combinar una descripción realista de los efectos de una pandemia universal en USA —ingrediente importante de la novela—con una cosa muy distinta, una Batalla de Armageddón entre las fuerzas del Bien y del Mal, al modo de El Señor de los Anillos, obra que inspiró a Stephen King, y que algunos personajes de The Stand conocen por cierto. La Madre Abagail es humana, pero ha sido elegida por Dios para transmitir sus mensajes y reunir en torno a ella a los fieles; Flagg por su parte no es humano, sino una encarnación del mal que asume forma humana. Ambos tienen poderes visionarios sobrenaturales, y se encargan de transmitir a sus respectivas comunidades la naturaleza de su lucha, de modo que a través de sueños compartidos, visiones, rumores, intuiciones, etc., todos son conscientes de la lucha en la que se hallan embarcados. Los mensajes paranormales y avisos del más allá son parte necesaria del paisaje de Stephen King. Hay que señalar que no es que los personajes crean que hay un enfrentamiento entre las fuerzas del bien y del mal, sino que el propio novelista (me refiero al autor implícito) es quien comparte esta visión mítica con ellos, y organiza así el mundo de la novela como un espacio donde las máquinas de Coca Cola y los coches automáticos se mueven por un paisaje ordenado por líneas de fuerza generadas por un pensamiento espiritualista, precientífíco—parece ser que es el paisaje real de la América profunda, este país de creyentes, un paisaje surreal en extremo para quienes hemos dejado atrás estas mitologías orientales. Sí, Stephen King hace terror con las raíces emocionales del pensamiento mítico, pero su éxito se debe a que esas raíces están muy vivas en el registro emocional de las personas, y más en América.

Esto no es literatura seria, claro, y le pone un nivelillo bajo de tope al análisis que hace Stephen King de los asuntos humanos. Ni siquiera los cristianos más irredentos, como el Papa, admitirían que Dios y el diablo intervienen de este modo en los asuntos humanos. Aunque el novelista busca guardar las distancias, mostrar indirectamente el plan divino de la lucha del Bien y del Mal, toda distancia es poca, y novelas como esta son un curioso resto de la mente mítica, invadida por terrores sobrenaturales, que todavía parece ser organiza muchos cerebros en el Occidente norteamericano. Un mundo diseñado y organizado por la lucha entre el Bien y el Mal a través de los asuntos humanos. Es el Pilgrim's Progress de Bunyan, o el Paraíso Perdido, cruzado como digo con una indigestión de consumismo pop. 

Porque uno de los rasgos más peculiares de The Stand es la pervivencia de los objetos, la sobreabundancia repentina de bienes de consumo inundando las calles y las ciudades, todos aún sin decaer y sin haber llegado a su fecha de caducidad; todos a disposición de los supervivientes. En cierto modo es una alegoría de la muerte por sobreproducción: nada tan característico como coches excelentes, con sus muertos dentro, y sus bolsas de patatas fritas o de comidas preparadas a disposición de los pocos supervivientes. También eligen estos las mejores casas, sin electricidad por desgracia de momento, aunque pronto reparan los generadores. Otro aspecto naíf profundo de esta novela es cómo parece desprenderse de ella que el novelista prepara (tras la victoria final) un renacer de los Estados Unidos en versión reducida, en forma de pequeña comunidad llevable y democrática, donde América va a arrancar de nuevo apenas interrumpida en sus costumbres. No parece consciente, ni el autor ni los personajes, de la manera en que el american way of life depende de todo un mundo globalizado y de una red económica amplia y compleja, que jamás podría ser replicada a escala menor en una pequeña comunidad.

Más realista es en este sentido La Peste Escarlata, de London, en el que en el espacio de dos generaciones se ha interrumpido la historia civilizada, y el mundo ha vuelto a un estado tribal prehistórico. Lo mismo sucede en el final memorable de Earth Abides, de George R. Stewart. Es una excelente novela dentro de esta tradición, muy diferente a la de King. Para empezar, no hay fuerzas divinas ni satánicas organizando los asuntos humanos, sino que estos dependen (como de hecho sucede según nuestras noticias) de sus propias fuerzas, de las fuerzas naturales de su entorno, y de las opciones que toman. En Earth Abides se reconstruye una pequeña comunidad americana en un origen, y se vive (como en The Stand) de las rentas de la vieja civilización moderna—pero los coches van envejeciendo, los bienes se van deteriorando, y la pequeña comunidad americana va transformándose en una tribu de salvajes que al final veneran al anciano, al último superviviente del viejo mundo, como a un dios viviente, o quizá más bien como a un fetiche.

En The Stand se nos promete, como en The Scarlet Plague, una vuelta al ciclo de los asuntos humanos. Flagg ha muerto en la explosión nuclear que destruye la comunidad de Las Vegas, pero se reencarna en el último capítulo y va buscando nuevos acólitos en una tribu de negros ignorantes. Por cierto, aparte de la negra Mother Abagail (los negros tienen en el imaginario popular americano un contacto especialmente directo con la autenticidad y con la palabra de Dios) no parece haber otros negros en la comunidad de la Zona Libre de Boulder, parece una América idealmente blanca, tras la muerte de su profetisa.

Las causas del desastre encierran una lección, naturalmente, en toda novela de ciencia ficción (pues también de esto, aparte de la fantasía, tiene su dosis The Stand). En Earth Abides, la plaga era de origen misterioso, una especie de accidente natural. En The Scarlet Plague, está asociada a la superpoblación, fruto del desarrollo productivo, que causa el hacinamiento de la población en ciudades y la aparición de gérmenes nuevos de modo incontrolable (una teoría que tiene tanto de premonición científica como de ciencia-ficción, por cierto). En The Stand, el origen de la epidemia es un arma bacteriológica descontrolada—pero todo va mezclado con la acción de las fuerzas del Mal, que se manifiestan en los tiranos, en los intelectuales ególatras como Harold Lauder, y en los lobos y comadrejas. La novela tiene su lado de denuncia frente al militarismo criminal, pero (como suele suceder con los productos del pensamiento pop) lleva una empanada mental no resuelta con los fines y medios y criterios de las Fuerzas del Bien— en un momento una de las protagonistas, Frannie Goldsmith, casi lo pone de manifiesto al denunciar al dios de la Madre Abigail como un sanguinario matarife que ha exterminado sin pensárselo bien a la especie humana. Y es que la teología de The Stand es tan nebulosa a este respecto, sobre los poderes e intenciones de Dios, como cualquier otra teología que vea espíritus interviniendo en asuntos humanos. Otro aspecto de la empanada emocional del autor con estas cuestiones es el papel de la Bomba Atómica, ciertamente un producto del militarismo demente, pero que aquí hace el papel de la Mano de Dios, tal cual, al encargarse el Todopoderoso de que uno de los secuaces de Flagg, enloquecido por amor al fuego o confundido, la haga detonar en medio de la fiesta del Malvado.

Una pequeña expedición con la mayoría de los protagonistas (el ex-cantante pop Larry Underwood, el sociólogo Glen Bateman, etc.) había viajado a Las Vegas por inspiración divina para acabar con el Malo— no se sabe para qué, puesto que el esbirro pirómano que hace detonar la bomba, Trashcan Man, la hubiera hecho detonar igualmente sin la intervención de este grupito para nada. En la deflagración se consumen, observa el narrador, buenos y malos por igual (y sin mucha coherencia teológica que digamos, pero es éste un dios y un Autor al que no hay que pedir muchas cuentas). En fin, el Amor a la Bomba, satirizado tan bien por Kubrick en Doctor Strangelove, aquí aparece en estado casi puro, como en esas películas de los 50 (The Day the Earth Stood Still es un buen ejemplo) en el que la Bomba aparece encarnada a la vez como el peligro y como la Solución. Hay también en The Stand alguna frase al efecto de que la Peste Universal ha sido una buena limpia... no se perdió mucho, comenta el narrador. Un pensamiento digamos que poco humanista; extraño este narrador, capaz de prestar tanta atención a la humanidad vulgar y sus banales acciones, y a la vez despreciarlos tan olímpicamente. También en eso se parece a su dios.

Sobrevive inesperadamente, de los miembros de la expedición, el más cercano al papel del protagonista de la novela, Stuart Redman, varón americano modelo, sencillo y directo, la pareja de Frannie Goldsmith (aunque no el padre del hijo que ésta da a luz). Stuart y Frannie también serán de los primeros que dejen la comunidad de Boulder para convertirse en pioneros que colonicen de nuevo la costa Este. De lo que haya sucedido en otras partes del mundo no se sabe mucho, ni tampoco parece preocupar como cuestión relevante, también en eso la novela ésta es extraordinariamente norteamericana. En fin, muy recomendable The Stand como literatura de la América profunda. Y de la superficial.



 



Nunca he estado en Atlantic City




He soñado, o soñé, que mi padre era el director
y el cámara, y productor (no el guionista,
pues no había guión preescrito) de una película,
que muchos años después veía la gente, y preguntaban,
quiénes eran esos que salían en la película y actuaban,
Si vivir puede llamarse actuar. Era en Atlantic City.
Tan poco control hay sobre lo que son nuestras vidas
y sus públicos futuros (nosotros entre ese público futuro).
Y los sitios donde estamos en los sueños.
Desde luego no parecían conscientes los actores
de nosotros y de en qué rollo estaban, ellos en su película.
Ni el director lo tenía eso pensado.
Y les explicaba yo a mis niños quiénes eran,
esas personas apenas reconocibles del vídeo casero,
y las irreconocibles,
quienes éramos. —Ah. Vale.
Y preguntaban, en el sueño, —¿y siempre estábais en Atlantic City?
Ahí decía yo, contra toda evidencia, que no,
Que yo nunca había estado en Atlantic City—Ah.
Y era cierto también, en cierto modo sólo,
Porque nunca he estado en Atlantic City.
Son sueños sin embargo que pueden soñarse.

 



sábado, 16 de octubre de 2010

Prohibido Álava

 

El indigno "gobierno de España" vuelve a quemar los vagones para mantener la locomotora en marcha (hacia ninguna parte). Ahora, para mantener a Zapatero sentado en la Moncloa, para el bien que hace, han pactado con el Partido Nacionalista Vasco un arreglo para aprobar los presupuestos, éstos y los del año que viene supongo.

El PNV, del cual, aparte de las connivencias y medias tintas con el terrorismo, lo mínimo que se puede decir es que es un partido que busca la secesión con España—manteniendo sólo las vías imprescindibles que convengan para chupar del bote. Un partido cuyo plan para el País Vasco no es que sea ya un enemigo resentido de España, sino un parásito activo que le sorba su cupo, y el del vecino si es posible. En este chanchullo del cupo vasco hay que decir que están a una todos los vascos, sean peneuvistas, socialistas, o del PP. Y los grandes partidos en su conjunto, vamos. Sólo UPyD, partido también bastante vasco de origen, lo ha denunciado.

Ningún día pasa sin su noticia secesionista. Ahora han pactado socialistas y nacionalistas la cesión de veinte transferencias más-- con el truco del almendruco ése de que según la constitución se pueden pactar transferencias no explicitadas entre el gobierno y la comunidad autónoma. La idea de la Constitución no era, naturalmente, que esto sirva para constituir un estado indepediente, o peor aún, dependiente a la manera de los parásitos, pero por allí van los tiros.  (Y qué razón tienen los de la eta, cuando dicen que si no fuera por los tiros... el país vasco sería como cualquier otra autonomía). Ahora van a hacerse los nacionalistas con la administración de la seguridad social, para tener también allí tratamiento preferente. Otra de las cosas que van a transferir es la administración de prisiones. Con lo cual ya se divisa desde aquí la política penitenciaria alternativa y euskaldunizada que se va a diseñar. Ya decía Rubalcaba que "en las cárceles del País Vasco no hay ningún miembro de eta", y qué razón que va a llevar enseguida.

Pero sólo quiero comentar un detalle especialmente revelador de este pacto, al margen de las transferencias. Es el "cambio de denominación" de las provincias vascas, que pasarán a llamarse -- bueno, provincias creo que ya ni las llaman, les dicen "territorios", pero ahora se suprimen oficialmente los nombres de Guipúzcoa, Álava y Vizcaya, para sustituirlos por sus equivalentes vascos. Ojo, no cuando se habla en vasco, sino cuando se habla en español. Como si el gobierno dictase que no habrá que referirse en los documentos oficiales a Nueva York, sino a New York, ni a Moscú, sino a Moskva, ni a Munich sino a München. La normalización, lo llaman—es una práctica nacionalista bien establecida, como ya pasó con Lérida/Lleida, o La Coruña/A Coruña. El gobierno, autonómico y nacional los dos a una, es tan prepotente que cree que puede legislar cómo se llaman las cosas, legislar sobre el idioma. Claro que la política lingüística no es otra cosa que legislar sobre el idioma, y se hace constantemente, con cierto éxito. Pero eso supone ir guiando y torciendo la voluntad de la gente, acogotando a los disidentes, en lugar de dejar que estos asuntos sigan su vía -- y que cada cual hable como dios le dé a entender. Hasta donde llegue el largo brazo del gobierno, por tanto, no se podrá decir ya ni Álava, ni Vizcaya, ni escribir Guipúzcoa. La gente luego llamará a las cosas como quiera donde no la vigile el Gobierno, claro.

Es una pequeña señal, nada más, se dirá. Que roza lo irrelevante. Pero es una pequeña señal de por dónde van los tiros. Unas pequeñas horcas caudinas por donde indican los nacionalistas vascos que hay que pasar, y por las cuales se va a encargar este sucio, este indigno "gobierno de España", que bien conoce el valor de los símbolos, de que vaya desfilando todo el resto del país. En esto como en todo lo demás. No votéis PSOE, nunca más.


 




Lacombe Lucien


Lacombe Lucien es una obra maestra del cine francés, de Louis Malle, ambientada en el sureste de Francia, durante la ocupación nazi. Es la historia de un infeliz paleto, con ínfulas de matoncillo, que se enrola como colaboracionista en la policía alemana. Los títulos de crédito finales, un tanto abruptos, nos dicen que fue arrestado y fusilado; la película sin embargo se centra en sus actividades como abusón, en el ambiente de los agentes colaboracionistas, y en la historia "de amor" de Lucien con una refugiada judía, a cuya familia chantajea. 

 

 

 

El título de esta película es el nombre del protagonista dicho al revés—así se presenta él, tras oír cómo en los informes policiales se leían los nombres empezando por el apellido. Es un rasgo muy característico de este personaje, que a veces parece actuar por mero instinto de imitación, en plan "a donde fueres haz lo que vieres". Así la película tiene toques muy sarcásticos, porque en la Francia de 1944 Lacombe Lucien ve más colaboracionismo con los nazis que resistencia. Y ve que los que medran son los colaboracionistas, así que no duda en subirse al carro. Sin mucho cálculo, porque como digo es un paleto abismalmente profundo, un chaval de pueblo sin inteligencia ni cultura ni don de gentes ni capacidades de expresión, excelentemente retratado. Los trabajos sucios de las guerras se hacen con el personal que hay a mano, y mucho de lo que se pone a mano parece ser como este Lacombe. Otros maulas vemos, en el hotel que les sirve como comisaría, sala de torturas y casa de citas: un psicópata antisemita, un ciclista venido a menos, un niño bien perdulario que vive la vida, etc. Todos dispuestos a las mayores crueldades sin pensarlo dos veces, y de hecho buscándolas como adrenalina sádica. Hay muchas escenas memorables, como cuando se hacen pasar por resistentes para cazar a quienes estén dispuestos a ayudarles, y disfrutan aterrorizando a sus víctimas, saqueando sus casas, abusando como los matones de siempre y de toda la vida, los que organizan novatadas en los colegios o en la mili, los voceras de taberna que te echan el brazo encima y te hablan a gritos, ese tipo de gente, que en las guerras sacan lo mejorcito de sí mismos, y pasan a hacer redadas, interrogatorios a golpes, y listas, muchas listas, les encantan de repente los listados y la revisión de documentos.  De ese mundo apestoso va Lucien Lacombe, un retrato del fascismo en acción que es memorable porque vemos quiénes son los canallas de toda la vida que son los que le han dado al fascismo su fama merecida—pero cuando los tiempos no prometen no van necesariamente de fascistas.

Lucien es a la vez típico y diferente. No tiene iniciativas—de él no saldrían estas situaciones, si no se las encuentra. Es de los que siguen a los demás e imitan. La película tiene muchos planos de valoración (implícita, digo), y en algunos Lucien es simplemente, o podría ser, un muchacho más de su pueblo, si no hubiese guerra podría haberse casado con la pastorcilla de las ovejas. Le gusta matar pajarillos, sí, pero bueno, eso lo hacen muchos chavales de pueblo que no llegan a asesinos. Lucien está haciéndose hombre, está en su propia crisis: su padre se ha unido al maquis, y su madre se ha arrejuntado con el dueño de la finca que lo empleaba. Lucien limpia su escopeta, pero no va a matar al patrón, sólo caza conejos. Pero tiene confusión y rabia interna; quiere crecer, hacer algo que lo saque de su trabajo en el hospicio. Un buen trabajador honrado, como el caballo que ve sacar muerto, sólo consigue acabar deslomado. Y eso también enseña. Ve que unos se apuntan al maquis, como su padre, otros (y les va mejor) a la colaboración. La moneda cae del lado de la colaboración, un poco por casualidad también. Delata a la red de resistentes que conocía de oídas, un poco como todos, medio por miedo medio por deslenguado y por mero cateto. Un lado de Lucien sigue siendo ese chaval simple de su aldea, y cuando tenga que huir al campo al final de la película vuelve a ser el crío que cazaba pájaros y liebres. La inocencia sigue allí, pero ha sido pervertida irremediablemente, por sus elecciones, sí, pero también por las circunstancias, y por la historia. En otro ambiente Lucien no hubiera hecho nada reseñable, o bien poco, a pesar de su falta total de compasión y su estolidez moral. Una sociedad ordenada lo hubiera mantenido en orden, pero la guerra (la guerra civil especialmente) desordena profundamente el orden moral que hace ser a la gente lo que es.

Lo más reseñable que hace Lucien tras su elección inicial es cambiar de bando súbitamente. Gran parte de las escenas son las de la humillación del refugiado judío Hamm, que ve cómo Lucien y su mentor, el pijonauta psicópata, lo van atenazando, humillando, extorsionando, a él y a su hija. El otro quería dinero; Lucien es aún peor porque se enamora (dentro de sus posibilidades) de la chica judía, France, y la mete en problemas, y la seduce o viola, la putea en opinión de su padre, y se convierte en una pesadilla para la familia, el autoinvitado indeseable, que se impone por una mezcla de brutalidad, estupidez y de falta de mundo sin más. Un poco lo contrario de lo que pasa con los alemanes en novelas de la Ocupación como Le Silence de la mer de Vercors o la Suite française de Irène Némirovsky. Lo patético es que el mundo de Hamm y de su hija se ha reducido tanto (y esto está magistralmente llevado), tanto que acaban por doblegarse a su destino: el educadísimo Hamm, acorralado en su propia casa por la vulgaridad armada, va a entregarse al hotel-comisaría, en unas escenas de auténtico humor negro; France su hija acaba entendiéndose con Lucien y disfrutando de su compañía (alegoría alegoría... y placer), sobre todo cuando las salva a ella y a su abuela de ser internadas en un campo de concentración... Pero en ese momento Lucien estaba improvisando, venía a arrestarlas con un alemán, y de no ser porque el alemán le disputa el botín, hubiera llevado a France y a su abuela tan tranquilo a embarcarlas para el campo. Pero en un arrebato mata al alemán, y huyen... a España, pero no llegan. En el campo encuentran la tranquilidad, toman el sol, cazan pájaros y conejos, allí no hay guerra, casi son una familia vulgar, la vida sigue improvisadamente, hasta que irrumpen los títulos de crédito de la historia, a pasar factura.

En fin, una película de antihéroe, magistral, pero es que en las guerras abundan esos más que los héroes. También una película de guerra que pocos clasificarán como tal, y es que las guerras suelen estar mal filmadas. Esta no.


Lacombe Lucien. Dir. Louis Malle. Written by Louis Malle and Patrick Modiano. Cast: Pierre Blaise, Aurore Clément, Holgen Löwenadler. France, Germany, Italy, 1974.

 



viernes, 15 de octubre de 2010

Trouthe

Un poema de Geoffrey Chaucer, "Truth":

Flee fro the prees, and dwelle with sothfastnesse,
Suffice thee thy good, tho hit be smal;
For hord hath hate, and climbing tickelnesse,
Prees hath envye, and wele blent overal;
Savour no more than thee bihove shal;
Werk wel thy-self, that other folk canst rede;
And trouthe thee shal delivere, hit is no drede.

Tempest thee noght al croked to redresse,
In trust of hir that turneth as a bal:
Gret reste stant in litel besinesse;
And eek bewar to sporne ageyn an al;
Stryve noght, as doth the crokke with the wal.
Daunte thy-self, that dauntest otheres dede;
And trouthe thee shal delivere, hit is no drede.

That thee is sent, receyve in buxumnesse,
The wrastling for this worlde axeth a fal.
Her nis non hoom, her nis but wildernesse:
Forth, pilgrim, forth! Forth, beste, out of thy stal!
Know thy contree, lok up, thank God of al;
Hold the hye way, and lat thy gost thee lede:
And trouthe thee shal delivere, hit is no drede.

ENVOY

Therefore, thou vache, leve thyn old wrecchednesse
Unto the worlde; leve now to be thral;
Crye him mercy, that of his hy goodnesse
Made thee of nought, and in especial
Draw unto him, and pray in general
For thee, and eek for other, hevenlich mede;
And trouthe thee shal delivere, hit is no drede.


Un ideal a la vez de independencia personal, de autoconocimiento y equilibrio, y de humildad cristiana. Chaucer nos anima a salir al camino con confianza y prudencia, y a ir más allá de nuestro pequeño mundo. Cierto que a él le tocó ir más lejos de Canterbury en sus peregrinaciones. Otra verdad algo distinta sobre el poeta nos la cuenta él mismo, en su poema "The House of Fame", en un pasaje en el que un águila lo coge en sus garras y lo eleva por los aires. Se pregunta Chaucer si es acaso que Júpiter lo va a hacer copero suyo, o si lo va a convertir en una estrella...  Así le contesta el águila:

'Thou demest of thy-self amis;
For Ioves is not ther-aboute—
I dar wel putte thee out of doute—
To make of thee as yet a sterre (...)
Ioves halt hit greet humblesse
And vertu eek, that thou wolt make
A-night ful ofte thyn heed to ake,
In thy studie so thou wrytest (...)
But of thy verray neyghebores,
That dwellen almost at thy dores,
Thou herest neither that ne this;
For whan thy labour doon al is,
And hast y-maad thy rekeninges,
In stede of reste and newe thinges,
Thou goost hoom to thy hous anoon;
And, also domb as any stoon,
Thou sittest at another boke,
Til fully daswed is thy loke,
And livest thus as an hermyte,
Although thyn abstinence is lyte.




jueves, 14 de octubre de 2010

Versos sueltos y poesías líricas


Mi madre siempre ha sido aficionada a escribir versos, muy ocasionalmente, eso sí. Me acaba de pasar una colección de liras, su estrofa favorita, la que le sale sola podríamos decir. Ya me gustaría poner aquí esas liras, de no ser porque a mi madre no le apetece nada pasar a ser poetisa publicada. Pero, para muestra un botón, me deja poner un ejemplo que no es poesía lírica, sino más bien self-begetting reflexive poetry. Esta poesía la debió escribir hacia 1948, pero con su memoria prodigiosa aún se acuerda. Así presenta ella el "Empeño vano":

Mi primera poesía fue la que escribí cuando estudiaba 2º de bachillerato, como ejercicio de “ Preceptiva literaria” que me ordenó mi profesor de entonces , un fraile capuchino llamado por todos Padre Lorenzo y quien , muchos años más tarde, ya casada y maestra en Biescas, vino a hacerme una visita:


EMPEÑO VANO

Ayer, cuando ya me iba
De clase de preceptiva
Me dijo el Padre Lorenzo
“Mª Dolores: un verso”
“¿Un verso?”dije extrañada
¡Padre, si yo no sé nada!
¿Cómo no vas a saber?
¡Si eso es muy fácil, mujer!
Mas el Padre se equivoca
Pues me he vuelto medio loca
Discurriendo a ver si hallaba
Lo que desde ayer buscaba.
Lo dejo por imposible.
No se me ha ocurrido nada
Debe ser imprescindible
Ser poco menos que  un hada.


(¡Me parece que por fin le puso buena nota el Padre Lorenzo!)


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se puede ver haciendo clic en la foto ésta de Termineitor. Y hay más enlaces a cosas mías al pie de esta página.