domingo, 23 de agosto de 2009

Ideas innatas (o fijas) en lingüística

Aparte de ir reseñando a ratos perdidos Adam's Tongue, de Derek Bickerton, últimamente me he leído otro libro muy interesante sobre el origen del lenguaje, The First Word, de Christine Kenneally (Nueva York: Penguin, 2007). Allí sigue las investigaciones de personas que desde muy diversos ángulos han contribuido a la investigación sobre el origen del lenguaje, contrarrestando en los últimos años la indiferencia o miedo a tocar el tema que existía. No se consideraba que preguntarse sobre el origen del lenguaje fuese académicamente respetable o serio—incluso se llegó a vetar oficialmente la publicación de artículos sobre el tema desde algunas sociedades académicas influyentes. Con la marea que vivimos hoy de biolingüística, igual vuelve pronto la prohibición....

El descrédito acompañaba también a las investigaciones sobre lenguaje animal, que es uno de los campos desde los que se contribuye hoy a la investigación sobre el origen del lenguaje. Llama la atención leyendo este libro el seguidismo y la cerrazón mental de los lingüistas académicos, capaces de orientar toda su vida en una dirección de investigación y seguir en ella sin grandes preguntas sobre si la orientación general del campo es realmente la más interesante o productiva. En especial, una figura que marca el libro es Chomsky, gran pope de la lingüistica y director de muchos rebaños académicos. El generativismo ha sido la típica escuela que ha actuado de modo sectario y cerrojo, desautorizando todas las investigaciones que no tienen lugar dentro de su campo—y luego reorientándose violentamente para seguir las contorsiones mentales de Chomsky, cuando éste descubre algún aspecto nuevo del lenguaje que antes ignoraba olímpicamente, lluevan críticas o no. Según Kenneally,

"El estudio de la evolución del lenguaje es en algunos aspectos lo contrario a la lingüística formal que creó Chomsky. No empieza con el lenguaje como una abstracción formal, sino que lo enraíza primero en el cuerpo humano, y en la historia" (272)

Chomsky ha contribuido a llamar la atención sobre algunos aspectos biológicos del lenguaje, como el innatismo y la gramática universal, pero de un modo ambivalente—formulando la cuestión de una manera parcial y descontextualizada, y encerrando los términos del debate en las estrechas paredes demarcadas por su teoría; de modo que su influencia sobre este estudio ha sido tan perjudicial como beneficiosa. Hoy no se considera que el lenguaje sea un problema intratable para la biología, sino que se espera poder llegar a una consiliencia. Pero esto requerirá una teoría del lenguaje distinta de la chomskiana. Sobre el planteamiento chomskiano, ésta es la conclusión de Kenneally:

"El poder que Chomsky ha ejercido y todavía ejerce es impresionante. Muchos investigadores contemplan las ideas del artículo sobre la evolución del lenguaje en Science como la maduración natural y el progreso de una mente brillante. Este individuo y sus ideas sin par han influido sobre literalmente miles de académicos. En los primeros días de [los estudios sobre] la evolución del lenguaje, su nombre se usaba como una piedra de toque de modo obsesivo en muchos artículos. Pero parece que la gente se está liberando ahora de esta infuencia.
Pocos están capacitados para la labor de desentrañar las ideas atribuidas a Chomsky de las ideas que realmente son suyas. Sin duda, la gente lo tiene por responsable de cosas que no dijo. Y con frecuencia se le acusa de negar cosas que sí dijo.
En cuanto a la lingüística generativa, poniéndolo de modo amable como hace Jim Hurford, está quitándole carga a la gramática universal. De hecho, toda la evidencia proveniente de los genes, gestos, habla, fisiología y daños cerebrales, señalan en direcciones otras que la gramática universal. Hoy, muchos investigadores que arguyen que el aspecto innato del lenguaje no es ni específico a una lengua ni tiene naturaleza gramatical, todavía usan el término "gramática universal". Algunos investigadores incluso se toman la molestia de especificar que cuando utilizan "gramática universal" no se refieren a algo que sea ni universal, ni una gramática, una precaución que ciertamente parece calificar a este término como engañoso o irrelevante.
Sólo el tiempo dirá si la magnitud de la influencia de Chomsky persistirá. Por hoy la división entre sus muchos críticos y sus seguidores sigue siendo de un celo religioso, con muchos investigadores creyendo que Chomsky is un villano académico que desencaminó completamente a la lingüística. Según con qué luz, sin embargo, el problema viene a ser uno de definición. El interés de Chomsky se extiende sólo a lo que él considera el núcleo sintáctico del lenguaje. Esto necesariamente excluye todo este otro estudio. ¿Por qué habría de importar tanto esto? Tener intereses, y por tanto áreas de indiferencia, es una libertad que se le permite a casi cualquier otra persona en la academia, pero la falta de interés de Chomsky en un tema con frecuencia lleva a desacreditarlo. Y hay otros que lo ven como la fuente de todo lo que sabemos hoy. (...)
En cuanto a la evolución del lenguaje, estos hechos son innegables: Chomsky la ignoró mucho tiempo, su desautorización fue tratada como un argumento irrefutable, y ahora la evolución del lenguaje ha cobrado vida propia. Probablemente la verdad es que la explosión en la evolución del lenguaje ha ocurrido tanto por Chomsky como a pesar de él. Chomsky atrajo la atención del mundo a la complejidad del lenguaje y a su carácter innato. Que su versión de la complejidad o del innatismo vayan a durar es otra cuestión." (272-73)

También Bickerton le dedica a Chomsky un capítulo en Adam's Tonguepara argüir que sus ideas sobre la evolución del lenguaje están completamente equivocadas, pues siguen sin atender a la conexión profunda entre la evolución del lenguaje y la evolución humana. "Chomsky cree", nos dice Bickerton, que el pensamiento humano apareció primero, y luego vino el lenguaje; yo creo que apareció primero el lenguaje, y luego vino el pensamiento humano". Hay aquí también algo de mea culpa. Pasó Bickerton de generativista, a generativista crítico, y ahora a proponente de una teoría de la evolución del lenguaje que no tiene mucho que ver ni con Chomsky ni con Bickerton versión 1.0. Antes creía Bickerton en una mutación súbita que creó el primer humano con lenguaje y capacidad de habla—y algo así parecía requerir la teoría de Chomsky, en la medida en que apelaba a algún tipo de narración evolucionaria. Hoy Bickerton suscribe una teoría mucho más descentralizada del lenguaje—sin "órgano del lenguaje", y mucho más distribuida y gradual evolutivamente. El lenguaje es una capacidad basada en muchas funciones mentales diversas; no es "una" cosa. Esta teoría, asociable también a la noción del bricolaje evolutivo cerebral propuesta por Gary Marcus, parece irse imponiendo como telón de fondo de la historia sobre la evolución del lenguaje.

"La idea de que los animales no piensan—o de que, si piensan, es un pensamiento completa y cualitativamente distinto del pensamiento humano—por fin está muriendo, si no está completamente muerta. Esta idea orientó la investigación en muchos campos durante décadas, tanto directamente como asustando a la gente de tratar el tema por miedo a parecer tontos" (Kenneally 282)

Y muchas disciplinas tienen algo que contribuir al estudio del lenguaje, al margen de la lingüistica abstracta y formal, estructuralista o chomskiana. El lenguaje no es una cosa unificada, con una estructura central como sostiene Chomsky. Es una amalgama compleja de funciones mentales y capacidades muy distribuidas—conecta partes del cerebro muy antiguas y partes recientemente evolucionadas; es producto en parte de la selección natural, en parte de la evolución Baldwiniana que modifica activamente el entorno de la selección genética. Y también en muchos de sus aspectos es resultado impredecible de exaptaciones funcionales y de accidentes estructurales (los spandrels de Gould). Por tanto, muchas disciplinas diversas han de contribuir a su estudio, y seguramente se verán transformadas por esta interacción.

Current recursions


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sábado, 22 de agosto de 2009

Edgar Allan Poe: Sonnet—To Science

Science! true daughter of Old Time thou art!
Who alterest all things with thy peering eyes.
Why preyest thou thus upon the poet's heart,
Vulture, whose wings are dull realities?
How should he love thee? or how deem thee wise,
Who wouldst not leave him in his wandering
To seek for treasure in the jewelled skies,
Albeit he soared with undaunted wing?
Hast thou not dragged Diana from her car?
And driven the Hamadryad from the wood
To seek a shelter in some happier star?
Hast thou not torn the Naiad from her flood,
The Elfin from the green grass, and from me
The summer dream beneath the tamarind tree?

(1829-1845)

¡Ciencia! ¡Sí que eres hija fiel del Tiempo anciano!
Que todo lo alteras con tus ojos inquisidores.
¿Por qué haces presa así en el corazón del poeta,
Buitre que eres, con alas de toscas realidades?
¿Cómo habría él de amarte? ¿O cómo creerte sabia,
A tí, que no querrías dejarle errar por su camino,
Ir a buscar tesoros en los cielos de brillantes,
Aunque se elevó a ellos con atrevidas alas?
¿No has sacado tú a empujones a Diana de su carro?
¿Ni has expulsado a la hamadríada del bosque,
A buscar refugio en algún astro más dichoso?
¿No has arrancado a la náyade de sus ondas,
Al elfo de la hierba verde, y no me has arrancado, a mí,
Del sueño de verano, en el tamarindo, bajo el árbol?


Un poe-ma


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Vera Lynn

Viernes 21 de agosto de 2009

Vera Lynn
Aquí ensayando Pink Floyd desde la punta la mañana. Con ruidos de fondo naturales—me ayuda con los efectos especiales el tío del butano. Los sonidos de fondo de Pink Floyd eran más calculados, aunque siempre me he preguntado cómo hicieron el disco antes de la película. Vera es una canción corta, pero lo breve, sí.






Marín, para ser lugar de gente de orden, es un sitio ruidoso. Está medio pueblo levantado con obras y tearing down the walls; por suerte hace mejor tiempo que en las rías altas, obscured by clouds, y podemos seguir nuestros guitarreos en la playa. Y, truly,

Wish You Were Here

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jueves, 20 de agosto de 2009

Consiliencia, Evolución y Anclaje narrativo


Una de las más complejas teorías de la evolución fue formulada por Herbert Spencer hace más de cien años: la primera edición de su libro First Principles es de 1862, y la última revisada por el autor es de 1900. Resulta irónico que hoy se vea en Spencer una especie de epígono de Darwin, pues la teoría de la evolución de Spencer no sólo precedió al Origen de las Especies en Social Statics (1850), sino que es mucho más compleja y amplia que el darwinismo. Es una teoría de la evolución global del universo y sus fenómenos, no sólo una teoría de la evolución de las formas vivas, aunque dentro de ella haya sitio para una evolución de los seres vivos, aspecto en el que Spencer remite con frecuencia a Darwin. Pero trata también de la evolución de muchos más fenómenos, a nivel físico-matemático, cosmológico y astronómico, geológico, biológico, psicológico, sociológico, económico y cultural.

Evidentemente, su concepto de evolución es mucho más abstracto y general que el de Darwin, pues pretende englobar una multitud de fenómenos en los que la teoría darwiniana ni entra ni sale. Para Darwin, la teoría de la evolución no se ocupa ni siquiera del origen de la vida, pues nunca se arriesga a escribir sobre este tema. Sugiere Darwin que todos los seres vivos descienden de una forma original, pero no especula sobre cómo se originó esa forma al margen de decirnos en lenguaje pseudo-bíblico que "se le insufló la vida". El darwinismo se ocupa de la evolución entendida como la formación de variedades diversas de seres vivos: evolución es, para Darwin (que no gusta de usar el término), "descendencia con modificación" y origen de las especies y variedades de seres vivos. Tampoco se ocupa Darwin de englobar fenómenos biológicos como la consciencia, mientras que la evolución de ésta es crucial en la teoría de Spencer.

La definición de evolución Spencer es más general y ambiciosa, demasiado seguramente se dirá:

La evolución es una integración de materia unida a una disipación del movimiento; en las que la materia pasa de una homogeneidad relativamente indefinida e incoherente a una heterogeneidad relativamente definida y coherente; y en las que el movimiento retenido experimenta una transformación paralela. (358-59).

Ejemplos de esta relativa integración son, a distintos niveles,

- la formación de un planeta a partir de materia aislada.
- la formación de seres pluricelulares a partir de organismos unicelulares.
- la formación de sociedades complejas unificando poblaciones dispersas
- la integración de los sistemas productivos y económicos en una economía global

Ejemplos de la heterogeneidad creciente que acompaña a cada una de esas unificaciones podrían ser:

- la formación de planetas con características diferenciadas en distintos puntos del sistema solar.
- la diversidad de formas pluricelulares y de estructuras anatómicas comparadas con la relativa uniformidad de los seres unicelulares.
- la diferenciación de clases sociales y de oficios en una nación
- la división global del trabajo y la especialización extrema de la producción permitida por las comunicaciones.

Spencer no conocía Internet ni el GATS, pero los procesos de globalización, la economía de la larga cola, etc. no son sino un corolario de esta ley de la evolución. Sí habla Spencer de la Unión Europea, basándose en datos y en procesos históricos, en la era victoriana—mucho antes de que esta idea llegase a la cabeza de ningún político.

Spencer no trata en detalle del origen de la vida y de la consciencia, pero los ubica en el marco de esta teoría general de la evolución de la complejidad. (Hay que decir que si también es "evolución" en un sentido más general cualquier cambio, incluyendo los procesos de desintegración y desagregación, para Spencer esos deben ser tratados como un proceso inverso—a la evolución integradora y complejificadora, que se da en ciertos lugares del universo, puede sucederle, o darse a la vez en otros, la disolución, una tendencia a lo que otros han llamado la entropía, con la reducción de la heterogeneidad. La consciencia es, en el marco de la teoría de Spencer, un fenómeno posible en procesos vitales muy complejos y de alta heterogeneidad. (Es muy consonante con la teoría de Spencer la teoría de la consciencia desarrollada por G. H Mead en su Filosofía del presente, y es tentador completar estas dos teorías de la complejidad una con otra).

Esta integración global de los procesos evolutivos, y esta noción de la consciencia, no pueden sino culminar en una filosofía de la evolución que se redefina a sí misma en tales términos. La filosofía habrá de ser un proceso de integración, y en tanto que es la más alta actividad de la consciencia, la filosofía debe concebirse a sí misma en estos términos y ser consciente de lo que es, contemplada en el marco de los procesos evolutivos generales. (Y perdónese, a Spencer, o a Hegel, si en estos planteamientos hay algo de reflexividad circular, inevitable por definición, o de autoencumbramiento del propio sistema, cuya justicia yo no les discutiré).

Spencer no usa el término "consiliencia", tan de moda desde E. O. Wilson (Consilience: The Unity of Knowledge, 1998), pero no puede ser más claro ni más ambicioso que Wilson a la hora de formular este objetivo. Sin necesidad de reorientar la tarea de la filosofía, encuentra Spencer, implícita en la idea misma de filosofía esta presuposición y finalidad— "la implicación tácita de que la Filosofía es el conocimiento totalmente unificado" (484).

Después de la definición de la tarea, sienta en First Principles las bases axiomáticas del conocimiento, las "proposiciones fundamentales, o proposiciones no deducibles de otras más profundas", derivadas de la naturaleza misma de nuestra racionalidad—"tomamos como datos aquellos componentes de nuestra inteligencia sin los que no pueden tener lugar los procesos mentales que implica el filosofar" (484)—y de allí pasamos a ciertas verdades primarias, que para Spencer son "la indestructibilidad de la materia" (algo que tendrá que verse modificado por las ecuaciones de Einstein), y "la continuidad del Movimiento", ambos derivados del principio más general de "la persistencia de la Fuerza". Por derivación surgen de aquí otros principios básicos de la física, como "La Persistencia de las Relaciones entre Fuerzas", consecuencia necesaria del principio de que la fuerza no puede ni surgir de la nada ni ir a parar a la nada. (La teoría del Big Bang y de los agujeros negros somete estas nociones victorianas a unos límites más allá de los que no podemos ir, y a los cuales tampoco se acerca Spencer, que se mueve en un universo más newtoniano).

El siguiente paso del razonamiento es que "las fuerzas que parecen perderse se transforman en sus equivalentes en otras fuerzas: o, inversamente, que las fuerzas que se hacen manifiestas, lo hacen por la desaparición de fuerzas equivalentes preexistentes. Estas verdades las encontramos ilustradas por los movimientos de los cuerpos celestiales, por los cambios que tienen lugar en la superficie terrestre, y por todas las acciones orgánicas o supraorgánicas" (485)— Por ejemplo, nos recuerda Spencer qué enorme proporción de las fuerzas biológicas o geológicas de la Tierra son producto de las transformaciones de la radiación solar.

Otras leyes se derivan del principio de la conservación de la fuerza, e ilustran a su vez múltiples fenómenos físicos, biológicos o neurológicos-psicológicos. Así, la ley del mínimo esfuerzo, la "ley de que todo se mueve siguiendo la línea de menor resistencia, o la línea de mayor tracción, o la resultante de ambas" (485). Es de notar cómo, mucho antes de Cajal o de la neurociencia, actúa aquí Spencer como puente entre la psicología de asociación de ideas de Locke y la moderna ciencia de las conexiones neuronales:

"Una estimulación implica una fuerza añadida a, o desarrollada en, esa parte del organismo en la que se asienta; mientras que un movimiento mecánico implica un gasto o pérdida de fuerza en la parte del organismo en la que se asienta: implicando alguna tensión de estado molecular entre los dos puntos. De aquí que si, en la vida de un animal diminuto, hay circunstancias que llevan a que una estimulación en un lugar concreto vaya seguida habitualmente de una contracción en otro lugar concreto—si hay así un movimiento repetido a través de alguna línea de resistencia mínima entre estos dos puntos, ¿qué habrá de resultar en lo que respecta a la línea? Si esta línea—este canal—está afectada por la descarga—si la acción obstructiva de los tejidos atravesados implica alguna reacción sobre ellos, deduciendo su capacidad de obstrucción; entonces un movimiento subsiguiente entre estos dos puentos se encontrará con menor resistencia que el movimiento previo, y consiguientemente utilizará este canal de modo todavía más decidido. Cada repetición disminuirá todavía más la resistencia presentada; y así gradualmente se formará una línea de comunicación permanente, que diferirá grandemente del tejido en torno en lo que respecta a la facilidad con la que la recorre la fuerza. De aquí pueden surgir en las criaturas pequeñas unas conexiones nerviosas rudimentarias." (§79; 211-212)

El mismo principio se aplica a los hábitos, aprendizaje, asociaciones de impresiones y recuerdos, etc.

Otro de los principios básicos derivados es el de el Ritmo de Movimiento, la creación de alternancias por composición de fuerzas, repeticiones, ondulaciones, o equilibrios parciales de fuerzas—de hecho, si existe la vida y el orden y la consciencia, es porque las fuerzas se han dispuesto de modo complejo y rítmico, y porque se dan grandes procesos de equilibrios de fuerzas de larga duración.

De este modo, Spencer asienta el conocimiento de los fenómenos naturales sobre una física que a su vez reposa sobre los principios necesarios para la comprensión racional de los fenómenos. Es labor de la Filosofía la comprensión de cómo los diversos fenómenos físicos y cósmicos obedecen a una lógica común, una "ley de cooperación" (lo que G. H. Mead llamará la socialidad básica de los fenómenos físicos, presente desde la interacción de fuerzas hasta los fenómenos conscientes). "Y por tanto, en la comprensión del Cosmos como algo conforme a esta ley de cooperación, debe consistir la unificación más alta que busca la filosofía" (486).

La ley que buscaba Spencer, una ley que explique "la redistribución continua de la Materia y del Movimiento" podría verse realizada, al menos en parte, en la relatividad de Einstein, y especificada en concreto en la fórmula que relaciona la energía y la materia, e=mc2.

Idealmente, esta filosofía global, o ciencia consiliente, debería ser capaz de explicar todos los fenómenos "en su paso de lo imperceptible a lo perceptible, y en su vuelta a los imperceptible". Este paso se da en cada uno de los fenómenos universales, y también en el Universo entendido en su conjunto. Es la historia de todo, el proceso de desarrollo de los fenómenos que Spencer llama evolución.

Es interesante, para mí, la dimensión historiográfica-narrativa de este proyecto filosófico. Una filosofía de la evolución es, a la vez, el una teoría global de la historia del universo, en sus fenómenos físicos, astronómicos, geológicos, biológicos. Incluye una historia de la evolución humana, aunque no se ocupe Spencer de este asunto. Sobre esta concepción también se asientan las historias de la historia: el desarrollo de las culturas y sociedades, y de los fenómenos psicológicos e ideológicos. Un fenómeno es comprensible, por una parte, como manifestación de principios básicos que lo generan; por otra, como parte de un contexto más amplio. Así, la historia de cada fenómeno, "en su aparición y hasta su desaparición", se asienta en una historia más amplia, o en un marco general de todas las historias.

Todo esto tiene una dimensión narrativa, y desde luego muchas implicaciones para la teoría de la narración. Al analizar el anclaje narrativo, mostramos cómo cada narración no es un fenómeno simple—narratológicamente simple—sino que está compuesto por muchos otros fenómenos narrativos: procesos, anécdotas, historias previas, arquetipos, marcos de interpretación, argumentos virtuales... Todos estos encuentran su anclaje en la narración en cuestión que los enmarca y relaciona, pero únicamente pueden hacerlo a través del lazo que proporciona la narratividad general de la realidad, ese carácter relacional de todos los fenómenos de evolución y desarrollo temporal que puede encontrar una base para su conceptualización en una filosofía evolutiva y consiliente como la expuesta aquí por Spencer. Cada vez que en una narración se presupone un determinado modo en que las cosas son o suceden, o cada vez que se alude a una "gran narración" (como la expansión del capitalismo, la civilización, la urbanización o globalización, etc.) como marco para la experiencia narrada, es a semejante comprensión narrativa de la realidad a la que acudimos. Podemos suponer que esto es hasta cierto punto intuitivo tanto en quienes producen narraciones como en quienes las leen o interpretan—y que filosofías como la de Spencer no hacen sino sacar a la luz, y formular de modo explícito y articulado, esta relación narrativa general que tenemos con el mundo como proceso de transformación en curso, integrado en su complejidad y diversidad, y que obedece a regularidades observables en su desarrollo temporal.

El universo, la evolución universal, puede concebirse, según sugiere la filosofía de Spencer, como un gran proceso narrativo (o narrable), o como un complejo de múltiples procesos narrativos, engarzados unos en otros, enmarcando unos a otros, o secuenciados; procesos clasificables o comprensibles por su relación al conjunto. La Historia tradicionalmente entendida (o sea, la historia de las civilizaciones) es sólo un pequeño capítulo de esta gran historia—pues la historia misma es sólo un episodio de la gran historia de los asuntos humanos vistos a con mayor perspectiva: la historia de la humanización, del origen del lenguaje, la historia de los homínidos que nos precedieron, o la historia de la evolución de las especies en su conjunto—lo que Darwin denominó la "grandiosa secuencia de acontecimientos" de la que se ocupaba su ciencia.

Como muestra Spencer, esta historia de la vida es a su vez sólo un pequeño capítulo de la historia de los procesos físicos y químicos. Y así concibe Spencer el papel de su filosofía evolutiva como una convergencia de razonamiento, de ciencia natural o humana, y de explicación narrativa de todo lo existente, desde que aparece (principio de la historia) hasta que desaparece (y conclusión):

"Si empieza sus explicaciones con existencias que ya tienen formas concretas, o se interrumpe mientras todavía mantienen formas concretas, entonces, manifiestamente tenían historias precedentes, o tendrán historias sucesivas, o las dos, de las que no se da cuenta (o: que no se cuentan). De lo cual vimos que se seguía que la fórmula buscada, aplicable por igual a las existencias tomadas de una en una y en su totalidad, debe ser aplicable a la historia completa de cada una y a la historia completa de todo. Esta debe ser la forma ideal de una Filosofía, por muy lejos de ella que quede en la realidad." (§186; 486)

Todo es un proceso complejo, en el que Spencer distingue un proceso primario de evolución, una "integración de materia y disipación del movimiento", y procesos secundarios que lo acompañan, una evolución compuesta:—"La redistribución primaria de la Materia y del Movimiento va acompañada por redistribuciones secundarias" (§186; 487), redistribuciones que resultan en la generación de complejidad, y no en una integración en una unidad universal simple. Se crean todos divididos en partes, y a la vez hay integraciones indirectas que hacen esas partes, a la vez que diferenciadas, mutuamente dependientes:

"De esta redistribución primaria, pasamos a considerar las redistribuciones secundarias, inquiriendo cómo llegó a haber una formación de partes durante la formación de un todo. Resultó que hay habitualmente un paso de la homogeneidad a la heterogeneidad, junto con el paso de la difusión a la concentración. Mientras que la materia que compone el sistema Solar ha ido adquiriendo una forma más densa, ha cambiado de una unidad a una variedad de distribución. La solidificación de la Tierra ha ido acompañada por un proceso que va de una relativa uniformidad a una extema multiformidad. En el curso de su desarrollo desde un germen hasta un masa de volumen relativamente grande, cada planta y animal también avanza de la simplicidad a la complejidad. El aumento de una sociedad en números y en consolidación va acompañada por un aumento de heterogeneidad tanto en su organización productiva como política. Y lo mismo se aplica a todos los productos supraorgánicos—el Lenguaje, la Ciencia, el Arte y la Literatura." (§187; 488).

En todo tipo de fenómenos, dice Spencer en una fórmula necesariamente general, se pasa de una disposición relativamente difusa, uniforme e indeterminada, a la creación de formas múltiples, concentradas, complejas e integradas unas con otras. A menos, esto es, que estas formas complejas empiecen a disolverse. Aclara Spencer que no se trata de una casualidad, que todas las disciplinas del conocimiento y todos los fenómenos puedan subsumirse bajo esta ley evolutiva común. Más bien el proceso es el contrario: las disciplinas que usamos para conocer y clasificar la realidad no son sino "agrupaciones convencionales, hechas para facilitar la distribución y adquisición del conocimiento"—es decir, que "no hay varios tipos de Evolución que tengan algunos rasgos en común, sino una sola Evolución que tiene lugar en todas partes de la misma manera" (§188, 490). Efectivamente, en última instancia, la labor de la ciencia es mostrar la raíz común en la evolución de todos los fenómenos, una vez conocidos los principios generales de la realidad manifestados en el comportamiento de la materia y de la energía, y en las leyes uniformes de la física—es decir, en los efectos primeros de la Fuerza generadora del universo:

"El análisis reduce estas diferentes clases de efecto a una clase de efecto; y estos diferentes tipos de uniformidad a una clase de uniformidad. Y el logro más alto de la Ciencia es la interpretación de todo género de fenómenos como manifestaciones diversamente condicionadas de este único efecto, bajo modalidades diversamente condicionadas de este único tipo de uniformidad." (§194, 498)

Podríamos matizar, a la definición de Spencer, que la diferenciación entre Evolución y Disolución es relativa al mismo sujeto observador: siendo fenómenos complejos por excelencia la vida y la consciencia, que llevan a elaborar teorías sobre la evolución, la propia constitución del tema como objeto de observación y estudio introduce espontáneamente una direccionalidad en el proceso, y una valoración positiva de los fenómenos de complejificación, y negativa de los fenómenos de desintegración—si bien, desde un punto de vista que haga abstracción de sí mismo, todo es evolución, y de hecho ambas quedan comprendidas en la propia teoría de Spencer como efectos de las mismas causas—como un continuo, por tanto. El hecho mismo de que Spencer distinga evolución de disolución, se dirá quizá, es "teleológico", "direccionalista", y otras palabras escandalosas para el siglo XX. Y sin embargo, su teoría es bastante autoconsciente en este sentido: vivimos en un mundo de objetos, y nos interesa sobremanera la formación de objetos, y su disolución—su biografía, podríamos decir, porque estamos sujetos a la misma ley de evolución y disolución que todo lo demás. Nuestro conocimiento es conocimiento narrativo porque no es neutro con respecto al universo, sino que está implicado en su misma estructura evolutiva.

Sí modificaría yo, sin embargo, la manera en que formula Spencer la relación entre evolución y disolución, para mostrar que la imbricación entre procesos integrativos y procesos disolutivos es mucho más estrecha de lo que haría parecer la formulación que él usa. Añado la cursiva:

"Todas las cosas están creciendo y/ o decayendo, acumulando materia y/ o desgastándose, integrándose y/ o desintegrándose" (§95, 251)


Explica Spencer, con razonamiento admirable, cómo todos los fenómenos de la evolución así definidos se siguen del principio de la Conservación de la Fuerza. Cómo cualquier todo homogéneo al que se aplica una fuerza ha de perder su homogeneidad; cómo se produce una desigualdad de relaciones, una diferenciación de partes, a las que se sigue aplicando este proceso en complejidad creciente, de modo que lo menos heterogéneo tiende continuamente a volverse más heterogéneo. Ya hablé en otro post de la multiplicación geométrica de los efectos de en la generación de la complejidad—la versión spenceriana del efecto mariposa.

Un capítulo adicional de esta ley de evolución es la propia evolución del pensamiento (y aquí toca la teoría de Spencer de modo reflexivo a su propia génesis). Si el Universo es producto de una Fuerza unificada y con efectos complejos y diversificados, el pensamiento evoluciona hacia la captación cada vez más precisa de esa unidad y de esas modalidades de la complejidad, y hacia la consiliencia de los modos del conocimiento—por ejemplo, en este libro de Spencer. Sólo en esta medida puede hablarse de un principio antrópico en el Universo—la consciencia, producto de la compleja socialidad e integración de los fenómenos del universo, tiende espontáneamente, y de modo reflexivo, a analizar esa complejidad y por tanto a analizarse a sí misma. Lo cual sería muy distinto de suponer que la consciencia ha diseñado el universo—la noción a la que nos llevaría la falacia de la retrospección. Es interesante este pasaje de First Principles sobre la evolución de la ciencia y de la religión y de la manera en que se concibe históricamente, y se disuelve, la agentividad de los dioses:

"Hacia alguna conclusión de este género ha avanzado, y manifiestamente continúa avanzando, la investigación científica, metafísica y teológica. La coalescencia de las concepciones politeistas en una concepción monoteísta, y la reducción de la concepción monoteísta a una forma más general, en la que la supervisión personal se funde en una inmanencia universal, muestra claramente este avance. Igualmente se muestra en el desvanecimiento de viejas teorías sobre 'esencias', 'potencias', 'virtualidades ocultas', etc.; en el abandono de teorías tales como las 'Ideas platónicas', las 'Armonías Preestablecidas', y similares; y en la tendencia hacia la identificación del Ser como algo presente en la consciencia, y del Ser condicionado de otras maneras fuera de la consciencia. Todavía más visible es en el progreso de la Ciencia, que, desde el principio, ha venido agrupando los hechos aislados bajo leyes, uniendo leyes especiales bajo leyes más generales, y buscando así alcanzar leyes de generalidad cada vez mayor; hasta que el concepto de leyes universales se ha convertido en algo familiar para ella.
Siendo así la unificación la característica del desarrollo de todos los tipos de pensamiento, y siendo razonablemente previsible que se llegue en última instancia a una unidad, surge de aquí todavía más apoyo a nuestra conclusión. Ya que, a menos que exista otra unidad diferente y todavía más elevada, la unidad que hayamos alcanzado debe ser aquella hacia la cual tiende el desarrollo del pensamiento." (§ 192, 495-496)

Avisa Spencer de que su teoría no debe juzgarse por los detalles de su exposición, o por las limitaciones de la ciencia de su momento, sino por el plan general que lleva desde principios básicos universales a una interpretación global y unificada de los fenómenos del universo.

Y es aquí donde encontramos la formulación más explícita de una convergencia entre interpretación consiliente, teoría evolucionista y anclaje narrativo:

"Si estas conclusiones se aceptan—si se está de acuerdo con la idea de que los fenómenos que tienen lugar en todas partes son partes del proceso general de la Evolución, salvo cuando son partes del proceso inverso de la Disolución; entonces podemos inferir que todos los fenómenos reciben su interpretación completa únicamente cuando se les reconoce como partes de estos procesos" (§ 193; 496).

El conocimiento de un fenómeno es un conocimiento narrativamente estructurado—el conocimiento no sólo de su estructura presente, sino también de su historia, y de su futuro,

"Y el conocimiento que tenemos de él permanece incompleto hasta que haya unido las historias pasadas, presentes y futuras en un todo" (§ 93, 246)

Extendiendo la fórmula de Dobzhansky ("nada en biología tiene sentido fuera de la teoría de la evolución") podríamos decir que nada tiene sentido fuera de la teoría de la evolución—o, más bien, si lo tiene, es un sentido parcial, un sentido imperfecto cuya relación con los demás sentidos de las cosas sólo encuentra su explicación en este marco consiliente.

También se encuentra en Spencer la sugerencia de que estas maniobras de anclaje y engarce narrativo no son únicamente una empresa teórico-filosófica, sino que son parte constituyente de nuestra vida cotidiana. Como decía yo en otro artículo sobre el anclaje narrativo, "lo hacemos constantemente"—el anclaje narrativo de historias con historias es una de las maniobras cognitivas más básicas para permitirnos construir un mundo:

"Nuestras acciones y palabras cotidianas presuponen en mayor o menor medida este tipo de conocimiento, efectivo o potencial, de estados que han precedido y de estados que vendrán después. Conocer a cualquier hombre en persona implica haberlo visto antes con un aspecto muy similar a su aspecto actual; y reconocerlo sin más como hombre, implica los estados antecedentes inferidos de la infancia, la niñez y la juventud. Aunque no se conoce específicamente el futuro de ese hombre, se conoce en general: que morirá y se descompondrá, son hechos que completan en líneas generales los cambios que ha de atravesar. Y lo mismo con todos los objetos que nos rodean" (§93: 246)

—el gran Orbe mismo, sí, y todos los que lo han de heredar. También en Shakespeare hay una teoría de la evolución, como en tantos otros sitios. (Aquí hablaba yo de la Biblia como teoría de la evolución: "El orden natural y la complejidad: Paley, Lamarck, Vico y el Génesis."). La ciencia es un generador de tales biografías implícitas para todas las cosas, puesto que explica cada fenómeno como un fenómeno histórico. El siglo diecinueve fue un siglo historicista, y después de un siglo XX estructuralista, es saludable volver a la teoría extremadamente historicista de Spencer como recordatorio de que hay una historia en todo. Todo es un cronotopo, una conjunción única de fenómenos que contienen un historia inherente. La ciencia estudia a un ser humano o a una oveja o a un gusano de seda como seres con una historia vital que los define como tales, y con una evolución, pero también estudia la evolución de sus cuerpos, o de la casa de ese hombre como un fenómeno natural:

"No deteniéndose sin más en el lomo de la oveja y en el capullo del gusano de seda, identifica en la lana y en la seda los materiales nitrogenados que la oveja y la oruga han absorbido de las plantas. La sustancia de las hojas de una planta, junto con la madera de la que están hechos los muebles, los remonta a ciertos gases del aire y ciertos minerales del suelo. Y el estrato de piedra extraído de la cantera para construir la casa, deduce que antaño fue un sedimento suelto depositado en un estuario o en el fondo marino." (§93; 247)

Una Ciencia de Todo es, una ciencia consiliente, es por tanto una Historia de Todo, una ciencia con una prominente dimensión narrativa:

"Si, por tanto, el pasado y el futuro de cada objeto es una esfera de conocimiento posible: y si el progreso intelectual consiste en gran medida, o en su parte principal, en ampliar el conocimiento que tenemos de este pasado y de este futuro; es obvio que el límite hacia el que progresamos es una expresión del pasado completo y del futuro completo de cada objeto y del conjunto de todos los objetos" (§93; 247)

Un empeño desfasadamente decimonónico, se dirá quizá. Pero Spencer reconoce las dimensiones extraordinarias de este empeño, y observa que señala sólo la dirección a la que tiende el conocimiento, no el límite que alcanzará, por sus limitaciones inherentes. En cualquier caso, la ciencia del siglo XX, fuesen cuales fuesen sus presupuestos metodológicos a este respecto, no ha dejado de moverse en esta dirección consiliente, y no se ha quedado corta precisamente en la formulación de historias de todo, historias del tiempo, o historias del Universo:

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En la ilustración, la historia que subyace a todas las historias—nuestro relato actual sobre la historia de la realidad: más de diez mil millones de años luz de evoluciones.




Oralidad fingida


Estoy oyendo al ministro José Blanco hacer el paripé de que le hacen una entrevista en la radio. Está todo escrito, pero tanto el presentador como el ministro, ateniéndose a la redacción de alguien, intentan mantener la ficción de que lo que dicen es producto de una conversación espontánea.

El ministro proyecta así la impresión de ser una persona mucho más informada, elocuente, con ideas claras, capaz de usar un lenguaje elaborado y de planificar lo que va a decir—alguien que tiene una memoria sobrehumana y que no vacila en exponer sus ideas, alguien que controla, en suma. Lo malo es que hay muchos pequeños detalles que traicionan la oralidad trucada, empezando por el tono de lectura, y sobre todo cuando el ministro, a pesar del servilismo del entrevistador, se trabuca y lee la línea siguiente, o sigue pronunciando a su manera las "construciones" y los "concetos". En la tertulia, por supuesto, todos han fingido que la entrevista era perfectamente espontánea, diciendo que Blanco es un "ministro revelación", valorando sus "reacciones", etc.

Cómo no, es en la SER— en otros sitios podrían no prestarse a estos montajillos de abyecto "ser"vilismo al gobierno. De hecho, suenan como la SER de hace cincuenta años entrevistando a López Rodó o a López Bravo.

Es una convención con infinitas variedades contextuales, la fluidez entre la palabra escrita y la hablada. Como en el caso de los conferenciantes que leen su conferencia, o los actores que recitan su papel fingiendo espontanediad, o los abogados que siguen una estrategia preescrita, los amantes que repiten frases hechas, los profesores que se atienen a un programa, o los presentadores que utilizan un registro determinado, además de seguir un orden en su exposición... Y especialmente en la radio, hay mucha más escritura de lo que parece detrás de lo que oímos hablar. De hecho, lo oral y lo escrito están interpenetrados de tantas maneras y en tantos contextos que casi parece una maravilla que a estas alturas aún se pueda hacer trampa con estas cosas, y que todavía puedan crearse efectos de falsedad cuando alguien se atiene a un texto fingiendo que está hablando de modo espontáneo e improvisado.

Pero donde hay voluntad de engañar, y de vender una moto a una audiencia que se presume estúpida o entregada, todo efecto semiótico es posible, desde los más sobaos hasta los más novedosos.

Por cierto, lo que ha dicho el ministro, aparte de meterse con la oposición, ha sido que van a subir los impuestos por la crisis. Qué sorpresa, y qué receta. Y luego, que era sólo una reflexión personal así improvisada. Lo que digo: más falsos que un duro de madera.




miércoles, 19 de agosto de 2009

En marcha hacia ninguna parte


Oía por la radio a Alejo Vidal Quadras, un señor con el que suelo estar bastante de acuerdo en sus valoraciones sobre los nacionalismos secesionistas en España. Decía algo que sabe en realidad todo el mundo, a saber, que la Constitución de 1978 proporcionó un marco autonomista que planificaba una gran descentralización del Estado, a cambio de que los nacionalistas se atuviesen a ese marco y trabajasen dentro de él—y que no ha habido tal respeto al marco constitucional, ni ninguna intención de atenerse a él, sino más bien una intención unas veces declarada y otras no, de desmantelarla, a la Constitución y a España en su conjunto.

Es más: esto no lo decía Vidal Quadras, pero todo el mundo sabe que la dinámica nacionalista, rigurosamente aplicada durante toda la etapa democrática, es exigir cada vez más y más autonomía, y que el objetivo es la secesión total, alentada unas veces abiertamente y otras entre líneas por los propios dirigentes que ocupan cargos públicos en el sistema autonómico. Es decir: que el Estado se está desmantelando a sí mismo, con gente colocada en puestos influyentes trabajando activamente para ello.

Ahora mismo el comentario venía a cuenta de que desde la Generalidad de Cataluña se van a alentar manifestaciones para presionar al Tribunal Constitucional para que dé una sentencia favorable al Estatuto catalán—una de esas leyes centrífugas que dan un paso crucial en la dirección de desarticular un estado con una sola Ley para todos.

En lo que se equivocaba Vidal Quadras es en el remedio propuesto: él dice que debería haber un entendimiento entre los dos grandes partidos nacionales (se refiere a su propio partido, el PP, en el que él es bastante marginal, y al PSOE, en el que son aún más marginales sus ideas)— un acuerdo para acotar los límites del marco constitucional, atajar la deriva secesionista, etc., etc.

Y vale, esto tiene cierta plausibilidad viendo lo que pasa ahora en el País Vasco, donde ese pacto ha sido posible. Y donde sí hay algunas cuestiones en marcha como la reocupación del espacio público retirando los símbolos terroristas que lo dominan, o algo tan simple como poner la bandera española en la sede del gobierno vasco—de donde se quitó hace treinta años, o más bien quizá nunca se llegó a poner (con socialistas o sin socialistas en el gobierno).

Pero la mayoría de los vascos rechazan esa colaboración entre los dos partidos. No es de extrañar, si les han llenado las orejas durante tanto tiempo de que colaborar con el PP es aliarse con el Fascismo. Y los vascos, en su mayoría, tienen clarísimo que, como el del chiste, quieren ser más vascos. Y menos españoles. Eso hasta que no cambien los mensajes que les llegan por los medios de comunicación. (Ver, además, este acróstico vasco).

No diré que la propuesta de Vidal Quadras vaya mal orientada del todo, pero sí es descabellada, y eso ya la vuelve inviable. Es un mero desiderátum, respetable en tanto que tal, pero sin ningún viso de traducirse en hechos reales. Presupone un cierto dirigismo de la opinión pública por parte de los políticos asentados en el sistema, cosa que gustará a unos y a otros no (otros que querrían que fuese la opinión pública la que dirigiese a los políticos). Pero es comprensible en un planteamiento de la política que se quiere pragmático, no-nonsense, y razonablemente maquiavélico. Ahora bien, un pragmático debería atenerse a la realidad de lo que hay. Y el problema es que el supuesto pragmatismo de Vidal Quadras es un pragmatismo basado en elementos imaginarios. Porque en España no hay partidos nacionalistas españoles, o sólo los hay en lo que se considera la extrema derecha extraparlamentaria. Bueno, quizá haya uno, UPyD, que ni es extrema derecha ni es extraparlamentario, —aunque su actitud hacia el nacionalismo español no es tanto sentimental y patriotera y agitabanderas y venga nuestro Pueblo y nuestras tradiciones y nuestros Derechos Históricos y toda esa monserga nacionalista, sino que es es entenderlo como un marco legal irrenunciable para un estado realmente de derecho, y no manipulado por dinámicas secesionistas y particularistas.

Está claro que UPyD está solísimo, en este sentido, con su única diputada en el Parlamento español. Entre todos los demás, no hay nacionalistas españoles "de bajo tono" como Rosa Díez, o si los hay no se manifiestan.

Así que desde luego sí que saldrán a la calle decenas de miles de catalanes a defender la secesión y el nacionalismo catalán. Y no saldrá nadie a defender la Constitución española nunca, ni siquiera cuatro falangistas, porque no la quieren ni ellos. Así de viciado está el espacio público español: se le puede dar leña al mono, que es de goma, mientras aguante.

Porque lo que todos entendemos por nacionalismo no es esta cosa de estado de derecho y marcos legales e igualdad de los ciudadanos, no. El nacionalismo bien entendido es la historia ésta del banderamen, todos con su ikurriña a cuestas, lo de hablar gallego de oficio cuando te mira alguien, lo de exigir la Expulsión de los Conquistadores Españoles que nos invadieron, y toda esta matraca que va asociada a la ocupación de puestos en las instituciones, y la creación de más y más capas superpuestas de administraciones locales y localistas.

A lo que iba, que de este nacionalismo, lo habrá vasco, catalán, gallego, navarro, balear, andaluz, y hasta manchego sin duda. Lo que no lo hay es español. Ese viene desacreditado por cuarenta años de franquismo y treinta años de autonomismo.

El PSOE no es un partido nacional. Por supuesto no es nacional en el sentido de "nacionales y rojos", que sería por supuesto rojo, pero tampoco es nacional en el sentido de estar implantado en todo el Estado—ya está "predividido" en varios partidos socialistas que prefiguran la secesión catalana y vasca, yendo ya por delante. Tampoco es nacional, ni mucho menos, en su voluntad de impulsar a España como "proyecto común" que se dice ahora, o como "unidad de destino en lo universal" que decía José Antonio Primo de Rivera. Allí el pensamiento es nebuloso—y en la práctica, es oportunista y tendente, nueve veces de cada diez, a asociarse con los nacionalistas para desmantelar España. Sí, hasta en el País Vasco: allí lo han hecho durante muchos años, y apenas llevan unos meses deshaciéndolo con el PP. La educación antiespañola del País Vasco, el odio al invasor, al PSOE se los debemos tanto como a los nacionalistas de boina. Pues muchas gracias.

Y el PP tampoco es un partido nacional. Ni siquiera ahora que se han implantado (mínimamente creo) en Navarra, una vez descubierta la voluntad nacionalista de UPN, y mira que lo decían las siglas bien claro, eso de lo mío mío y lo tuyo de todos, lema navarro de toda la vida. El PP es un partido mayormente interesado en colocar al PP, con unos resabios de derechas o de liberalismo por aquí y por allá, pero básicamente yendo al oportunismo. Lo que haga prosperar al partido es lo que furrula, y lo demás son historias. Si hay que aliarse con los nacionalistas ya lo harán—que en todo caso la preselección ya la han hecho los nacionalistas apartándose de ellos. El PP no tiene entre sus prioridades, en absoluto, el tener una postura clara sobre el marco legal español ni sobre los límites del Estado de las Autonomías. En el País Vasco son más vascos que nadie, y en cataluña son muy catalanes. Y en Galicia, gallegos ante todo. Aunque algunos individuos tengan consciencia de esta cuestión en el partido, el partido como tal no la tiene, ni la quiere tener. A veces al PP se le llama nacional como heredero del bando azul (que si el cielo de la gaviota, que si la libretita de Aznar)—cosa probablemente tan injusta como llamarlo nacional en cualquier otro sentido. La historia recibida, las inquinas y rencillas de los partidos en sus zancadillas mutuas, los intereses de las administraciones locales—todo converge para hacer leña de la idea de un país en el que los ciudadanos puedan reconocerse como españoles antes que nada.

En España no hay fuerzas que cohesionen a la nación, salvo las de la inercia y las de los intereses compartidos, que son muchas y por eso estamos aún donde estamos. Pero todo el discurso público nacionalista va dirigido al desmantelamiento de la "nación de naciones". Por supuesto, desde fuera nos colocan en la misma bolsa, pero no es receta para un país ser una unidad sólo aparente, o visto desde fuera. Y el supuesto acuerdo entre "partidos nacionales" que podría atajar esta deriva nacionalista no se va a dar porque no hay partidos nacionales interesados en cohesionar al país, o en defender unos principios constitucionales que cada vez aparecen más como viciados en su origen, tanto por sus condicionamientos previos como por los efectos que han seguido. La inercia de la opinión pública a este respecto se retroalimenta con los intereses bastardos de los partidos mayoritarios en ocupar las administraciones locales con un discurso localista. La maquinaria está en marcha, y sólo puede moverse, por la manera en que están dispuestas las piezas, en una dirección. Nadie va a parar la deriva secesionista en España—vamos camino de Bélgica, si no de Yugoslavia. Donde también se reían de estas cosas.




martes, 18 de agosto de 2009

1599: Dudas y... pensándolo mejor

Capítulo 15 del libro de James Shapiro 1599: A Year in the Life of William Shakespeare (Londres: Faber and Faber, 2005)


(Capítulo 15: Ensayos y soliloquios)

Hamlet es demasiado largo. La versión más cercana a lo que Shakespeare escribió en 1599 es el segundo Quarto; la versión revisada y acortada del First Folio es también imposible de representar con las condiciones del teatro isabelino. No es plausible que Shakespeare estuviese pensando "ya" en una obra más para ser leída que para ser representada, ni parece que Shakespeare se ocupase de su publicación. Para Shapiro, seguramente estaba escribiendo sin más, llevado por su escritura. Ahora era miembro prominente de su compañía y tenía más libertad, pero nunca volvió a escribir algo tan largo; y sólo Lear fue revisado tan ampliamente.

"Las diferencias entre la primera y la segunda versión de Hamlet revelan mucho sobre cómo escribía Shakespeare, y aunque sólo sea por eso vale la pena examinarlas. Las revisiones también cuentan la historia de como Shakespeare decidió alterar la trayectoria de la obra y reforzar la resolución de su héroe." (341)

Probablemente, Shakespeare terminó su primera versión de Hamlet a finales de 1599. La revisó y reescribió, con muchos pequeños cambios, pero sólo cortó 230 versos—y añadió 90. "Incluso en esta segunda versión estaba dejando que la obra siguiese su propio curso" (341). A principios de 1600 la presentó a su compañía... pero se hicieron necesarios más cambios para poderla representar. Al sobrevivir en parte este proceso, se pueden discernir sus revisiones entre otros cambios introducidos por copistas, tipógrafos, etc. "Shakespeare retocaba de modo obsesivo—mucho más de lo que haría pensar su fama de nunca tachar un verso" (342). Muchos pequeños cambios de expresión que la mejoran, o resultan ser significativos, por ej. "O that this too too sallied flesh would melt" se vuelve "too too solid flesh", cambiando "mancillada" (sullied) por "acosada"—y el sentido se vuelve menos psicológico-obsesivo, menos asociado a la obsesión por la culpa de su madre, y más relacionado con el argumento de venganza y la inacción de Hamlet. O se suprime un "pero" en "Ahora podría hacerlo, pero está rezando"—con lo cual Hamlet se vuelve más oportunista, y menos dubitativo. "El gran número de cambios sobre la primera versión sugiere cierta incertidumbre por parte de Shakespeare, como si no estuviese tan seguro de adónde se dirigían el argumento y los personajes de la obra como lo había estado en Julius Caesar o As You Like It." (344)

Hay un episodio en IV.iv, el encuentro con las tropas de Fortinbras, y sus tropas que van a la muerte—encuentro que da un giro a la obra:

"Fortinbras es la contrapartida de Hamlet: un joven príncipe inquieto, resintiéndose por falta de acción bajo la autoridad de su tío, y ansioso por vengar a su padre.
El encuentro casual es el punto en el que gira la obra, cristalizando para Hamlet la futilidad de las acciones heroicas". (344)

En este monólogo, Hamlet condena tanto la acción irreflexiva como el exceso de reflexión. Hamlet critica la cultura heroica (asociada a Essex), y concluye que la grandeza consiste en buscar pelea por ofensas imaginarias. Fortinbras es un ejemplo de este uso abusivo y criminal de la cultura del honor. Quizá también se refiera esta reflexión a la campaña del rey Hamlet en Polonia, tan parecida a la de Fortinbras. A Hamlet le suena falsa su obligación de matar a Claudio, no puede justificarla con el discurso tradicional: "Este saber amargo y ganado con penar sirve como culminación a los angustiados soliloquios que le preceden. Y sin embargo, como bien vio Shakespeare, hacía desarrilar el argumento de la venganza" (347)—y podía volver el final de la obra arbitrario y casual. Cuando Hamlet muere, vota por dar el reino a Fortinbras—quizá una acción o irónica o estoica y desilusionada. En todo caso no va a haber elecciones, parece claro. La obra comienza con preparativos contra las tropas de Fortinbras, y termina aceptando la sumisión a él—un final desengañado:

"Al permitir que su escritura lo llevase a donde quisiera en su primer borrador, Shakespeare había creado al más grande de sus protagonistas, pero la trayectoria de los soliloquios de Hamlet había dejado a la resolución de la obra falta de coherencia, y había roto demasiado radicalmente con las convenciones del argumento de venganza, que tenía que arrastrar tanto al protagonista como al drama a uan conclusión satisfactoria. Shakespeare tenía que elegir ahora entre la integridad de su personaje, o la intriga, y eligió la intriga. Había que cortar el soliloquio culminante de Hamlet. Cuando revisó esta escena, Shakespeare eliminó el largo soliloquio en su integridad, junto con las palabras entre Hamlet y el Capitán de Fortinbras". (348).

La cesión del reino a Fortinbras es menos desengañada y más esperanzadora, y los hombres de éste ya no son "sin ley" sino "sin tierras". En esta revisión se da más peso a Laertes como contrapartida de Hamlet. También se da una nueva motivación a Hamlet para matar a Claudio: no ya el honor, sino la salvación, requieren eliminar este "cáncer"—y así, "El Hamlet de la versión revisada ya no está a la deriva, ya no se encuentra en un mundo en el que la acción parece arbitraria y sin sentido" (351)—un cambio hábil con pocas modificaciones, según Shapiro. "Durante la mayor parte de la versión revisada, Hamlet es el mismo danés reflexivo y melancólico que era en la anterior. Es sólo cerca del final cuando los dos Hamlets difieren significativamente—alcanzando cada uno un tipo de claridad diferente" (351).


En la primera versión, iban así las palabras de Hamlet a Horatio antes del duelo con Laertes, cuando hay premoniciones de muerte:

"If it be, 'tis not to come; if it be not to come, it will be now; if it be not now, yet it will come; the readiness is all, since no man, of aught he leaves, knows what is't to leave betimes. Let be." (V.ii.220-24)

Esto enlazaba con "To be or not to be". La nueva versión es más esperanzada, menos estoica-resignada, más decidida a la acción:

"the readiness is all, since no man has aught of what he leaves. What is't to leave betimes?" (V.ii.222-24)

Pero muchos han preferido la primera versión. Por otra parte, si bien la versión revisada apela (como en Julio César) al tiranicidio teológicamente justificado, no queda claro que sea solución en términos prácticos, pues a un tirano sucede otro como Fortinbras.
La versión revisada volvió a recortarse, no sabemos a manos de quién, para su representación, y el éxito fue inmediato, como se ve por las alusiones y parodias de los contemporáneos. También se representó en 1603 en Oxford y Cambridge, en una versión aún más recortada; pero estas dos no se han conservado. En 1603 se publicó una versión reconstruida memorísticamente por uno de los actores secundarios. Esta versión era pirata y llevó a la publicación de una edición mejor en 1604/5 por parte de los Chamberlain's Men—eligieron publicar la primera redacción, quizá precisamente por lo difícil de su representación por otras compañías. Pero en el First Folio, Heminges y Condell usaron la primera versión revisada, más familiar para los actores.

"Su decisión de hacerlo así abrió una caja de Pandora: los editores que ahora podían elegir entre dos textos buenos pero bastante diferentes de Hamlet se veían muy tentados a combinar lo mejor de cada uno, y pocos resistieron las ganas de hacerlo. Como resultado, desde el siglo dieciocho, la obra ha existido en múltiples versiones híbridas" (356).

Últimamente empiezan a respetarse las versiones diferenciadas, como en el Oxford Shakespeare, que publica dos, o el Arden, que incluye también el Quarto pirata. En un futuro se volverán marginales los Hamlets "combinados".

De esta historia de revisiones sale un retrato de Shakespeare distinto. Escribe siguiendo su inspiración, pero revisa y recorta y reorienta sin dudar para adaptarse a las necesidades prácticas de su compañía y del éxito teatral, pues sólo a través del teatro llegaría la obra al público. Jonson, en su poema de alabanza a Shakespeare, habla de cómo revisaba, y su manera de decirlo sugiere que el poeta se transforma a sí mismo con la revisión. Quedan en Hamlet, para Shapiro, huellas del trabajo de revisión, pero prueba del éxito es lo mucho que ha gustado siempre la obra.

(Quedan, es cierto, trazas de muchos remiendos y superposiciones en Hamlet, y algunas sólo con el movimiento del drama pasan desapercibidas. Por ejemplo, no queda claro cuál es el sentido que tiene, para Hamlet, el duelo con Laertes, duelo entre fingido y real a varios niveles, y trucado por Laertes y el rey. Para ellos sí tiene sentido, pero para Hamlet parece forzada, como la escena de la obra dentro de la obra en The Spanish Tragedy... O bien una especie de suicidio, y una renuncia a la venganza, también falta de coherencia. La decisión de matar al rey viene precipitada por los avatares del duelo, no por lo que le precede en la obra ni por una resolución de Hamlet. Aunque todo esto es una conjunción de materiales problemáticos, resulta sin embargo muy productivo para los actores, en su tratamiento diverso del estado de ánimo del personaje, y para los adaptadores, recortando tal o cual fragmento—por ejemplo a Osric, que viene a hacer el mismo papel en Hamlet que el patán que trae la serpiente al final de Antonio y Cleopatra. Tal como queda el final, el combate de esgrima viene a precipitar la venganza de Hamlet, venganza que de lo contrario no está claro si llegaría alguna vez o no; y quizá ese defecto de la obra expresa, como no lo haría ningún acierto, la tensión emocional e intelectual que divide al personaje; a la vez que da al final un carácter catártico más potente, cuando las fintas y amagos del duelo cortesano se convierten en una matanza de verdad. Esta súbita transformación del teatro en realidad la aprendió muy bien Shakespeare del Kyd de The Spanish Tragedy, y quizá también del primer Hamlet, al que alguna posibilidad le debió ver Shakespeare, además de la de usarlo de telón de fondo. ¿Cuántos Hamlets hemos nombrado aquí? ¿Tres, cinco, siete, ocho, dieciocho? El texto de la obra tiene tantas facetas como el personaje. Un proyecto tentador, parcialmente realizado en Rosencrantz and Guildenstern Are Dead, de Tom Stoppard, consiste en recortar la obra en dos mitades de tal manera que esté "casi completa" pero en dos versiones que no tengan ninguna escena en común. A esto invita la historia textual de Hamlet, y quizá también el personaje en su diversidad de actitudes—interpretando el papel de príncipe, o de loco, o de príncipe loco, o de director de escena, o de actor que narra la historia de una venganza... El poema ilimitado no pudo resistirse a retocarlo Shakespeare, y no pueden parar de retocarlo cada editor, actor o crítico que ponen las manos en él).

lunes, 17 de agosto de 2009

Adam's Tongue 8: El 'Big Bang'

Reseña del libro de Derek Bickerton sobre el origen del lenguaje, Adam's Tongue (2009)





(No esperen ninguna gran explosión del lenguaje en este capítulo del libro de Bickerton. Más bien un "small crack". Pero significativo. Y acompañado de interesantes reflexiones sobre la teoría de la evolución y la ecología).

Ha cambiado bastante en las últimas décadas la imagen de la evolución humana. De una línea directa que llevaba de los simios a nosotros, pasando por australopitecos, homo habilis, homo erectus y neandertales, se ha pasado a un panorama más ramificado con múltiples especies, cuya relación con nosotros es incierta; de un tiempo en que era plausible la hipótesis multirregional, en la que los prehumanos de todo el Viejo Mundo hubieran evolucionado conjuntamente, humanizándose progresivamente todos a la vez, se ha pasado a la aceptación casi universal de la hipótesis de "out of Africa", situando el origen del homo sapiens en Africa. A los viejos diagramas lineales, que nos relacionaban con los simios pero a una distancia decente, le suceden diagramas fragmentarios, en forma de matorral, con líneas de puntos, interrogativas....

(Hay que aclarar, sobre estas "múltiples ramas", que el modelo actual, si bien ha multiplicado las especies de humanos primitivos, es en cierto sentido más lineal que nunca: en efecto, si descendemos todos de un pequeño grupo (pre)humano de Africa, se hace difícil distinguir a ese grupo en concreto entre todas las especies y subespecies emparentadas de humanoides primitivos. Pero el modelo actual deja en principio menos lugar a la hibridación y al entrecruzamiento de ramas genealógicas entre variedades humanas primitivas, algo que por difícil que sea de concebir en la práctica estaba prácticamente implicado por el modelo multirregional).

En paleontología, como en cualquier disciplina de estudio, nos dice Bickerton que hay dos tipos de personas: los juntadores y los separadores : "si eres un juntador, quieres agrupar varios tipos supeficialmente diferentes en la misma categoría; si eres un separador, quieres categorías con etiquetas separadas para cada tipo" (148). Una manera de salir de debates interminables sobre estas diferencias es atender a cómo sucede la especiación. Porque como dijo Dobzhanksy, en biología nada tiene sentido sin la teoría de la evolución, y sobre la cuestión de la especiación versaba el libro de Darwin. También es crucial para el asunto del origen del lenguaje:

"El nacimiento del lenguaje fue sólo parte—tuvo que ser sólo parte—de lo que a menudo se llama, de manera que puede llevar a confusión, un 'acontecimiento de especiación'. En la evolución, la mayoría de las cosas interesantes suceden cuendo una especie se separa de otra como una rama y por así decirlo abre su propio negocio" (148).

(Y este asunto seguirá siendo debatido... porque si situamos el origen del homo sapiens hace unos doscientos mil años, queda por determinar por qué el florecimiento de la cultura simbólica se sitúa mucho más recientemente, hace menos de cien mil años. Suponiendo que fuese asociado al origen del lenguaje—del lenguaje moderno, y suponiendo que este origen pueda ir asociado a una transformación relativamente revolucionaria, podríamos tener la paradoja evolucionaria de humanos de nuestra especie biológica pero sin lenguaje, seguidos de una transformación cultural y mental radical pero no acompañada de una especiación. De todos modos, como veremos ahora, la noción de especiación pierde en gran medida su sentido una vez se aplica a formas humanas con un desarrollo cultural considerable: pues la capacidad de interreproducción pasa a ser en gran medida irrelevante, al ser los criterios culturales, y no los biológicos, quienes dictan cuál es el grupo al que se pertenece, y con el que es viable o aceptable la reproducción).

Bickerton, siguiendo a Robert Foley y Marta Lahr, asocia la especiación al aislamiento de un pequeño grupo, con respecto a la población mayoritaria de la especie. Aun si vuelven a reunirse las poblaciones, un grupo que haya desarrollado suficientes diferencias tenderá a reproducirse entre sí de modo diferenciado. (Las poblaciones humanas no serían sino una variante probablemente más extrema de este caso general). Y explotarán alimentos diferenciados de los de la población mayoritaria. Al final habrá imposibilidad de reproducción con la especie principal, o gran dificultad: pero es un proceso que no puede situarse en un momento dado, pues va asociado al aislamiento geográfico y a la diferenciación del comportamiento.

(La teoría del aislamiento de poblaciones ya estaba en la concepción original de Darwin—quizá sin suficiente énfasis. Ver mi artículo "Grandiosa secuencia de acontecimientos." Más sobre especies y especiación puede verse en mis artículos "Ideas de especie y especies de ideas" y en "Especiación y retrospección: El diseño inteligente de Vladimir Nabokov").

Otra manera en que puede darse la especiación es mediante la construcción de un nicho ecológico diferenciado, sin grandes diferencias físicas ni de ubicación geográfica: es el caso de los primeros nichos ecológicos de los protohumanos—omnívoro (australopitecos), omnívoro más rompedor de huesos (australopitecos tardíos, homo temprano), omnívoro más preferentemente carnívoro (Homo avanzado, ergaster o erectus). Las principales diferencias se debían a la manera de buscarse la vida. Hoy se sabe que el Homo habilis y el Homo erectus coexistieron durante medio millón de años o más, lo cual sugiere según Maeve Leakey que explotaban nichos ecológicos distintos. Según Bickerton,

"La hipótesis más plausible es que el grupo ancestral del erectus se separó del habilis (o bien quizá de otro antepasado diferente) pasando de una estrategia de explotación local basada en la extracción de médula ósea a una estrategia territorial basada en la explotación de cadáveres de grandes herbívoros. Un estilo de vida tan novedoso llevaría a la selección tanto de cambios de comportamiento como de cambios físicos. Erectus tendría que adquirir una constitución más adecuada para cubrir las mayores distancias requeridas por el nuevo estilo de vida, y erectus era de hecho más alto y más esbelto que habilis. Sin duda se dieron otros cambios que no se conservan en el registro fósil, como la capacidad de resistir la sed, y mejoras en la capacidad de arrojar objetos. (Luego veremos por qué). Aun si erectus se originó como una rama de habilis, las hembras erectus ya no querrían hijos de machos habilis. Las dos especies bien podrían coexistir en el mismo territorio, usándolo en momentos diferentes para propósitos diferentes". (151-52).

En algún momento, quizá, un protohumano armado con una lasca de piedra descubrió que podía acceder antes que nadie a la carne de los paquidermos muertos. Si esa estrategia prosperó, desencadenaría una catarata de cambios de comportamiento. Primero cambios en el comportamiento, insiste Bickerton: luego, cambios en la población y en el cuerpo.
Parece razonable suponer que los cambios impulsados por las acciones intencionales de los propios animales se muevan más rápido que los cambios debidos a la deriva genética o incluso que los debidos a modificaciones de las presiones selectivas. Fueron precisamente tales secuencias de cambio rápido, seguidas por largos períodos de aparente estasis evolutiva, las que hicieron surgir la teoría del equilibrio puntuado. (153).

(Así pues, la teoría sobre el origen del lenguaje de Bickerton es consonante en sus planteamientos generales con la teoría del equilibrio puntuado de Stephen Jay Gould y Niles Eldredge. Eso a pesar de que Gould no se interesó mucho por el papel evolutivo dinámico del origen del lenguaje, centrándose más en sus aspectos accidentales—en el lenguaje como pechina o enjuta de la construcción cerebral, un subproducto colateral de la evolución—ver mi artículo sobre "El lenguaje como exaptación". Aunque si bien el hecho parezca ser que el lenguaje esté construido sobre la exaptación de sistemas cognitivos anteriormente existentes, de ello no se sigue que su función evolutiva sea accidental o gratuita: sino más bien todo lo contrario. Stephen Pinker, Paul Bloom y otros criticaron el desinterés de Gould por el papel evolutivo del lenguaje. Ver The First Word, de Christine Kenneally, 2007. Pero esto no significa en absoluto que la teoría evolutiva de Gould sea irrelevante para conceptualizar la evolución de lenguaje, ni contradictoria con la de Bickerton).

Arguye Bickerton que la teoría de construcción de nichos arroja nueva luz sobre la manera en que funciona el equilibrio puntuado, con especies generalmente estáticas y acontecimientos "rápidos" de especiación—proporciona un mecanismo de explicación de cómo se dan estos fenómenos. El debate en torno a la cuestión del equilibrio puntuado se centró en si era un proceso general, frecuente o infrecuente, y pareció ignorar la cuestión de que ni Gould ni nadie había propuesto una causa de por qué sucedía. Pasó como con Wegener, cuya teoría de la deriva continental fue ignorada porque se atuvo al hecho, sin dar una explicación causal:

"El problema de Wegener era que nunca propuso un mecanismo para explicar por qué los continentes iban a la deriva, igual que Gould nunca propuso un mecanismo para explicar por qué habría la evolución de alternar entre cambios rápidos y estasis. Y entonces se descubrió la tectónica de placas, y todo el mundo de repente vio que los continentes no podían sino ir a la deriva". (154)

Algo parecido sucede con la teoría de construcción de nichos. Una especie está acomodada a su nicho ecológico, o lo construye, y se adapta a él como una mano a un guante. Esto favorece la estasis de la especie. Pero si algo cambia súbitamente, se requiere la construcción de un nuevo nicho, rápidamente. (También esto explicaría por qué tiende una nueva especie, con tanta frecuencia, a suplantar a la especie madre. Esta habría dejado de estar adaptada al nuevo ambiente, y se extingue, mientras que una pequeña población variada sobrevive en un nuevo nicho).

"La teoría de construcción de nichos también explica por qué, desde el último antepasado común de los humanos y los simios, ha habido tantas especiaciones en nuestra línea, y tan pocas en la línea de los simios. La rama de los simios vivía en un entorno inalterado y se quedó felizmente en los nichos que ya ocupaba. Nuestra rama se vio forzada, primero, y decidió, después, construir más y más nichos nuevos, a medida que sus capacidades se ampliaban con construcciones sucesivas. (...). La construcción sucesiva de nichos significaba que podíamos evolucionar in situ, sin esperar a que la separación geográfica desencadenase el proceso de especiación. El proceso de construcción de nichos fue lo que impulsó nuestras sucesivas especiaciones y nos hizo lo que somos". (154)

La estasis también se dio… por ejemplo en el millón de años de la cultura de las hachas de mano. (Ver también mi artículo "No evolucionaremos").
Uno de estos pasos evolutivos, muy importante, fue cuando hubo cambios en la alimentación, pasando de romper huesos a rasgar pieles. Esto lleva a cambios de organización. Hace falta desperdigarse en pequeños grupos para cubrir una área muy grande, para localizar con más eficacia los cadáveres de grandes animales. Los huesos duran mucho: los grandes cadáveres sólo pueden explotarse por los cortadores de piel si son muy recientes. Así pues, los explotadores de médula ósea pueden permitirse vivir en grupos más grandes. Y los descubridores del nuevo nicho tuvieron que pasar a la vez a reducir sus grupos y a competir con los grandes depredadores. Esto requería cambios de estrategia importantes. De todo esto no hay pruebas: sólo probabilidades. Pero es en este nuevo nicho, en este nuevo comportamiento y en su nueva estrategia de grupo, donde propone Bickerton encontrar un paso crucial en el desarrollo del lenguaje.


Modas en ecología humana primitiva suelen ignorar hechos básicos. Primero éramos, se supone, cazadores de grandes animales; la teoría machista del gran cazador. Esto ignora que hasta los humanos recientes no existieron las armas que permitiesen sostener esta hipótesis. Luego vino el feminismo: y la clave eran las mujeres y la recolección pausada. Pero esto ignora las realidades de la sabana, donde esa vida es imposible. Pero "nadie deja jamás que los hechos interfieran con una teoría culturalmente apropiada" (157). Ni humildes carroñeros o recolectores, ni grandes cazadores. Lo que propone Bickerton es que estos ancestros, en este nuevo nicho ecológico, eran carroñeros agresivos, compitiendo con los grandes carnívoros, pero normalmente sin combate directo con ellos. 


Para poder ocupar con éxito un gran cadáver primero hay que localizarlo, y eso requiere dispersión en parejas o pequeños grupos. Luego hay que imponerse por la fuerza de los números, la única fuerza disponible—y aquí es crucial la capacidad de lanzar piedras que desarrollaron los humanos frente a los simios. Y el papel del lenguaje es crucial a la hora de reclutar al grupo necesario. Es algo parecido a la estrategia de las hormigas: seguramente las primeras palabras con desplazamiento de sentido (distintas de los ACS, de los gritos de alarma la comunicación animal) se referían probablemente a los animales encontrados muertos, imitando su sonido y sus gestos. Aquí suscribe Bickerton la teoría del origen onomatopéyico, icónico, del lenguaje, una de las más intuitivas y tradicionales—y también la teoría gestual, simultáneamente.

"Mucho más importante que el tipo de señal que se utilizase es el hecho de que usar cualquier tipo de señal, para indicar un cadáver de animal que habías visto hace horas a quizá varias millas de distancia, sería el primer caso claro de desplazamiento fuera de los himenópteros. Algunos de los que escriben sobre la evolución del lenguaje le dan demasiada importancia a la arbitrariedad—al hecho de que, en las lenguas de hoy, las palabras rara vez se parecen o suenan como las cosas a las que se refieren. Pero lo mismo es cierto de muchas señales ACS—una gran mayoría de las llamadas de alarma, por ejemplo. Pero en cambio, fuera de las abejas y de las hormigas, no hay señales ACS que consigan realizar desplazamiento.
Así que el auténtico paso crucial para entrar en el lenguaje tendría que ser el desplazamiento, antes que la arbitrariedad." (160)

Una especie hace lo que tiene que hacer, dice Bickerton, y las hembras participarían en esta estrategia como los machos. Los argumentos extraídos por analogía de las hembras chimpancés, o de las hembras humanas en otro nicho ecológico distinto, no vienen al caso. La estrategia de reclutamiento requiere a la gran mayoría de la comunidad para funcionar. Y sería más lógico que fuesen las mujeres quienes hiciesen la mayor parte del trabajo de cortar carne mientras los machos (seres más prescindibles para la comunidad) mantendrían a las fieras a raya. Las piedras no son mortíferas, pero pueden dañar las posibilidades de competición de un carnívoro si le rompen algo, y por tanto es una estrategia de lucha viable.

Esta es una historia hipotética, pero basada probabilísticamente en datos sobre la ecología y el comportamiento. Una teoría del origen evolutivo del lenguaje debe satisfacer estas características:
—la presión selectiva debe ser fuerte (y esto queda demostrado por la extinción de las especies que se limitaron a romper huesos).
—la presión selectiva debe ser de caracter único, como el lenguaje (y no hay otra especie con un problema de subsistencia similar que se puediese resolver sólo con el reclutamiento).
—el uso del lenguaje tuvo que ser crucial y funcional desde el primer momento (aquí se require un protolenguaje mínimo, y va ligado directamente a la alimentación).
—la teoría no debe contradecir en nada la ecología de las especies ancestrales.
—la teoría debe explicar por qué habrían de creerse las señales "baratas" (y potencialmente falsificables—pero en este caso se trata de ayudar a obtener comida, no reporta ventaja la falsificación).
—la teoría debe explicar cómo se contrarresta el egoísmo de los primates. (Aquí se contrarresta porque sólo mediante la cooperación se podría acceder al alimento). La cuestión de la cooperación es crucial: pues el lenguaje, sin cooperación obligada, no hubiera resultado más que en discusiones y rivalidad.

"Sólo una especie que llegase a depender (no exclusivamente, claro, pero sí de modo sustancial) en obtener acceso a cadáveres gigantes se habría visto obligada a reclutar a congéneres no parientes. Obligada: porque de no cooperar los no parientes, nadie obtenía nada" (167-68)

Esto no explica todo el lenguaje, sino sólo el primer paso, el origen de protopalabras: la manera en que se rompe la prisión del aquí y ahora, y se crea un pequeño efecto que tiene un efecto caótico sobre el conjunto del sistema. La aparición del lenguaje llevaría en última instancia a efectos imprevisibles en el desarrollo de la mentalidad y de la cultura humana. (Esta teoría también explicaría en cierto modo la infamia que persigue al mentiroso—el rechazo de la mentira sería algo ligado al origen mismo del lenguaje y de la cooperación).

La teoría de Bickerton está por tanto en sintonía con otras teorías modernas en este aspecto: no coloca primero el desarrollo de la inteligencia, y después el del lenguaje, sino al revés. El lenguaje, surgido por necesidades ecológicas en una especie no privilegiadamente inteligente, llevó de modo complejo a un desarrollo mental y cerebral. Como señala Chistine Kenneally en
The First Word, no es el cerebro desarrollado el que explica la aparición del lenguaje, sino el lenguaje el que explica la aparición del cerebro humano desarrollado).

Y una pequeña objeción: Bickerton habla siempre de 'palabras', y ciertamente la evolución y origen de las primeras palabras es un momento crucial en la evolución del lenguaje. Pero un enfoque más integracionalista de la cuestión colocaría el énfasis no en las palabras sino en los actos de habla: el acto de habla del reclutamiento, por ejemplo. La misma situación de interacción social parece pedirlo. Son los actos de interacción social, el "hacer cosas con palabras" o con gestos o sin palabras, lo que importa de modo crucial—hacer cosas: las palabras vienen después, por un proceso de refinado, abstracción y filtrado. Pero lo primordial en un sentido ecológico no son las palabras y sus significados, ni los nombres de objetos o animales, sino las situaciones y sus significados, y los actos de interacción social y sus significados. La pragmática precede a la semántica, y ésta a la sintaxis. Recuerdo que en un congreso en los años ochenta, cuando se discutían las alternativas de la "semántica generativa" a la teoría de Chomsky, proponía yo por qué no desarrollar una
pragmática generativa como base interaccional del lenguaje, con especificaciones ulteriores de semánticas y sintaxis, como fenómenos derivados y "superficiales".

Como se sabe, la gran obsesión de la lingüística con la sintaxis (y con la morfología) fue asociada a la gramática generativa de Chomsky, y a otros estructuralismos de mediados del siglo XX, bien dominantes hasta hace poco, o todavía hoy de hecho. Y Chomsky siempre ha defendido la importancia de la sintaxis como un componente crucial y definitorio para entender lo que es el lenguaje. Es la de Chomsky una teoría (o una colección de teorías) que habla otro idioma que la de Bickerton con sus pidgins y sus protolenguajes. En el siguiente capítulo, se ocupará Bickerton de la teoría chomskiana de la evolución del lenguaje.




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