
Bien, pues en el Consejo de hoy, tras el informe de la Ecónoma, le preguntamos sobre esta cuestión—con cargo a qué fondos se había pagado a este abogado, visto que al parecer lo había contratado el Departamento. (Nos ahorramos otras preguntas todavía más interesantes, como por ejemplo por qué no se ha informado nunca de eso a los miembros del Consejo de departamento). Bien, pues la Ecónoma replica que no se le ha pagado con ninguna partida que ella controle, y manifiesta su sorpresa pues dice que desconocía que se hubiera contratado a ningún letrado por parte del Departamento. Y no dudamos de su palabra.
Igual es esto lo más divertido del caso—que el asunto se lleva con tanto secretismo de las Fuerzas Vivas, que no les cuentan las cosas ni a todos los del equipo directivo.
Seguidamente apunta el Director que sí se contactó con un abogado que elaboró un informe. Y ante la pregunta reiterada de cómo se le pagó, o quién le pagó, informa el Director que el abogado actuó desinteresadamente y sin cobrar. Ante eso, y entre el murmullo de admiración, manifestamos nuestra sorpresa:
—Vaya, qué desinteresado.
—Qué tío más majo, oye. Así da gusto.
También le he sugerido al Director que nos podría facilitar a todos su teléfono, para cuando tengamos un caso que requiera de los servicios de un abogado. Claro que en esta ocasión tampoco se ha lucido mucho el abogado, porque el caso lo han perdido, y dice el juez (cito de la sentencia) que la argumentación legal utilizada "sonrojaría a un estudiante de primero de Derecho". Esto lo atribuyo yo, sin embargo, a la naturaleza impresentable e indefendible de la postura del Departamento, y no a la habilidad de un abogado paladín de causas perdidas. E injustas.


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