martes, 2 de marzo de 2010

Comentar un texto

Algunas notas volanderas sobre lo que supone comentar un texto, ahora que estoy comenzando una vez más la asignatura de Comentario de Textos Literarios Ingleses.

Podríamos distinguir, en la actividad del comentario, entre
1) cosas que le hacemos al texto,
2) cosas que le hacemos a nuestro interlocutor / interlocutores,
3) cosas que nos hacemos a nosotros mismos, los comentadores.
Quevedo espía
El comentario sigue varias direcciones contrapuestas a la vez.

Por una parte generaliza, mostrando cómo el texto es un caso específico de fenómenos más generales que lo constituyen, generan, o explican. Un idioma, un estilo, unas convenciones, unos fenómenos históricos - la civilización, la individualidad moderna, la globalización, la evolución, etc.

Por otra parte, el comentario debería identificar los aspectos más individuales e irreductibles del texto, y profundizar en ellos: ayudarnos a ver el texto (o incluso nuestra lectura de él) como un fenómeno único e irrepetible. Explicable, sí; constituido por procesos más generales, quizá. Pero en una confluencia única y contingente. Hay que moverse en las dos direcciones a la vez, explorando tanto la generalidad como la individualidad del texto.

En lo referente al lenguaje también por una parte simplificaremos y normalizaremos: explicando puntos oscuros, palabras o expresiones difíciles, etc., reducimos el texto al lenguaje corriente. Establecemos alusiones literarias o referencias históricas, fijamos sentidos. Cerramos el sentido del texto, en un sentido.

En otro, la dirección contraria: abrimos posibilidades, identificamos ambigüedades donde todo parecía estar claro, hallamos dobles sentidos o actitudes complejas donde parecía haber sólo un sentido o una simple actitud. Exploramos potencialidades, o las creamos.

Contextualizamos el texto: histórica, ideológicamente. Pero a la vez nuestra idea de ese contexto puede resultar transformada por nuestra comprensión del texto como un fenómeno complejo. "El Renacimiento" como contexto se vuelve más complejo cuando le incorporamos algunos análisis en profundidad de obras de Shakespeare.

Identificamos y establecemos lazos intertextuales, de muy diverso tipo. La intertextualidad puede ir desde estructuras literarias compartidas, o el uso de géneros, hasta citas y referencias, alusiones muy específicas, ya sean explícitas o implícitas. Relacionar un texto con una galaxia intertextual ayuda a contextualizarlo intelectualmente: y no sólo hemos de relacionarlo con sus fuentes o predecesores, ni con otros textos "hermanos", del mismo autor o de la misma época o cultura o género -- sino también con textos posteriores, que el autor no conocía pero nosotros sí, y que nos permiten darle una perspectiva prospectiva a toda esta exploración.

Lo mismo podemos decir de los lazos del texto con la biografía del autor. El texto es explicado por la biografía, pero sólo en parte. También ayuda (también sólo en parte) a explicar la biografía. Y quizá no sólo la que precede al texto, sino la que siguió al texto y no era aún conocida (por no vivida) por el autor cuando escribió esta obra.

Analizaremos relaciones formales, y qué instrumentos se usan para crear forma. Es útil la noción de "marco": qué marcos se usan para estructurar el texto internamente, en secciones que se utilizan como elementos de montaje para configurar la estructura global. Y cuál es la sustancia, o cuáles los protocolos, que constituyen esos marcos. Cómo se consigue trazar una línea (imaginaria) alrededor de ciertos sectores textuales para que todos los signos que quedan dentro de ella formen parte de esa sección o marco. (Por ejemplo el uso de un marco narrativo o perspectivístico será un caso posible).

Análisis retórico: analizar el texto como discurso, como acto de habla o fenómeno comunicativo. Quizá destacando un aspecto especialmente interesante del texto: el "momento lingüístico" del mismo, por utilizar un término de Hillis Miller. O sea, la manera en que el texto reflexiona sobre su propias condiciones como acto comunicativo, literario, etc., y se problematiza a sí mismo, por así decirlo, como fenómeno representacional o semiótico. (Así, por ejemplo, en este poema de Sidney, el momento lingüístico es el que lleva al texto a generarse a sí mismo, a contar la historia de su propia autogénesis, tras enfrentarse al fracaso expresivo que se produce inicialmente, al intentar el poeta seguir modelos para la expresión de los sentimientos. Reciclando ese fracaso y haciendo de él materia literaria, tenemos soneto reflexivo).

De ahí pasaremos al análisis crítico-teórico: el texto puede contemplarse desde muchos ángulos críticos distintos, siguiendo los protocolos de lectura de las diversas escuelas críticas (formalistas, fenomenológicas, materialistas, feministas, historicistas, etc.).

Luego está la dimensión interactiva. Cómo se ha usado este texto para la comunicación social, en la tradición crítica, o cómo se está usando.

Esto nos lleva a la manera en que el texto que estamos comentando puede proporcionarnos conocimiento sobre el proceso mismo del comentario de texto. En qué consiste comentar (usar, leer, explicar) un texto. La actividad de comentario habría de reflexionar sobre sí misma a la par que sobre el texto comentado.

Y clarificar nuestras ideas mutuamente, puesto que el comentario se hace con alguien y para alguien, en un contexto determinado que se presta a la colaboración y al intercambio de ideas. A la negociación entre interpretaciones, pensando de modo interactivo, pues todo comentario es una intervención sobre el texto, sobre nosotros mismos y sobre las ideas que puedan tener nuestros interlocutores (oyentes, lectores, estudiantes, profesores) sobre el texto. También es una intervención sobre las ideas de estos interlocutores sobre qué es comentar un texto, sobre sus ideas sobre nosotros mismos y quizá hasta sobre sí mismos.


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