sábado, 12 de diciembre de 2009

La vergüenza del Sáhara

Está bien este artículo de Javier y Carlos Bardem sobre la vergonzosa política española (y por supuesto marroquí) con el Sáhara y los saharauis, a cuenta del caso Aminetu Haidar. Aunque se queda corto.

Del nivel de bajeza de la política española en el Sáhara, sobre todo desde los años 70, casi no se puede dar una idea exacta. Venía siendo tradicional por parte de la izquierda un apoyo así un poco de boquilla al Frente Polisario, pero especialmente desde que apareció Zapatero todo son abrazos y buen rollito con Marruecos, y al Sáhara que lo parta un rayo, aunque se incumplan todas las resoluciones de la ONU y todas las responsabilidades políticas y morales de España.

España, por una política de descolonización mal orientada, dejó el Sáhara en tromba, en lugar de defenderlo de una ocupación "pacífica" por parte de los marroquíes. Menos mal que a éstos no les dio por orientar la Marcha Verde hacia Ceuta o Melilla o Andalucía o Canarias, porque posiblemente hubieran caído con la misma facilidad que el Sáhara, ante un gobierno desorientado mirándose unos a otros y a ver qué decía el jefe—con un jefe de estado inepto, y con el viejo dictador entubado y sin posibilidad de dar órdenes. Sería mucho decir que con Franco no hubiera pasado lo que pasó... de la guerra de Ifni, supongo que no se acuerdan ni los que fueron allí, y hubo amplias muestras de incompetencia. Pero por lo menos se hizo un amago de defenderse. Y está inscrito en el momento elegido para la Marcha Verde que pasaba España por un momento especialmente débil.

Es triste decir que de todos los gobernantes españoles el que mejor se ha portado con los saharauis fue Franco—sí, el facha de Franco, menos facha en esto que todos los que le han seguido. De súbditos coloniales, convirtió a los saharauis en ciudadanos españoles, como a los de Almería. Para lo que les sirvió... Como ciudadanos de Franco eran también súbditos, claro, y sujetos a las arbitrariedades del gobierno de la época, y a las arbitrariedades aún mayores que se dieron con el vacío de poder. Pero no andamos ahora mejor que en esos años, ni de memoria ni de rigor, ni de dignidad.

En un país con una mínima coherencia política, se hubiera pasado factura a los responsables de semejante fiasco—pero aquí no recuerdo que se hablase dos veces del tema. Ni que dimitiese el gobierno siquiera, claro que con la que les venía cayendo a ellos con la crisis política y la transición... Se entiende que nadie pidiese deponer al jefe del Estado por alta traición, pues había falta no sólo de costumbre sino de apoyatura legal, y nunca a los reyes del viejo estilo se les aplicó semejante tratamiento—menos en Inglaterra quizá—ni aunque pierdan una provincia del tamaño de media España, sin mover un dedo. Que, oye, es mucho perder, así para estrenarse y empezar el reino con buen pie. Dos de esas, y nos quedamos sin provincias donde reinar.

Esto le ha salido gratis al Rey. ¿Pero... que ni siquiera se buscase algún cabeza de turco? ¿Que no se diese ni entonces ni después el menor amago de depurar responsabilidades? Ya no es que no se haya juzgado a nadie por alta traición; es que no cayó ni Arias Navarro, y allí no dimitió ni el botones del Ministerio. Más bien, a Arias Navarro se le nombró Grande de España—"se le nombró", vamos, el rey lo nombró. Indicación clara de a qué nivel recaían las auténticas responsabilidades de lo sucedido. Lo que digo, menos mal que a Marruecos no le dio por ocupar Andalucía, que el mismo derecho legal tenía a hacerlo. España se dedicó a fingir que no había sucedido nada, una solución redonda. Y a dí de hoy aún se sigue luciendo con la herencia del Sáhara, en casos como el de Aminetu Haidar, y explorando nuevas dimensiones de la bajeza.

Porque lo que se entiende aún menos es el simulacro de amistad y proximidad con Marruecos, y tanta diplomacia servil y tantos paños calientes y tanto primo del sur, mientras sigue bajo una ocupación ilegal y no reconocida internacionalmente un territorio que era responsabilidad de España, y poblado por gente que eran, y ni se sabe en virtud de qué dejaron de ser, ciudadanos españoles. Esto es bajeza hasta perder la medida. Sólo la existencia de resoluciones de descolonización de la ONU ha servido a España como una mínima excusa para salvar mínimamente la cara, aunque no parece que le preocupe mucho nada de este tema de la cara. Y claro que Marruecos no cumple esas resoluciones, y tan panchos, España con su administración teórica, humillada pero viendo telebasura; Marruecos con su ocupación efectiva, y el Polisario rabiando tras el muro, con sus campamentos destartalados en el desierto. Con lo cual se ha creado una situación que no tiene solución ni difícil ni fácil.





Para muchos, sólo en las canciones habrá un asomo de esa libertad. En la realidad, sólo hay grados de servidumbres—más o menos voluntarias, cuando hay suerte. O servidumbres impuestas, cuando la historia sopla viento en contra, y cuando quienes tenían que dar la cara por esa libertad prefieren eludir sus responsabilidades. Sin que nadie pase factura.

2 comentarios:

  1. A mí me parece curioso que esto nos parezca vergonzoso, pero si se supiese la trama que existe entre el poder de nuestro país y Guinea Ecuatorial. Por puros intereses políticos-económicos-estratégicos se apoya una dictadura en la que muchísima gente vive en el hambre, la tortura y la indefensión más absolutas. Pero los medios sólo miran hacia Marruecos, porque tienen órdenes de no mirar más abajo, porque se nos verán las vergüenzas al descubierto...
    Asco de gente en el poder.

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  2. Sí, supongo que el postcolonialismo vergonzoso es una de las especialidades nacionales más discretamente llevadas.

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