Big history Podcast - What Is Big History?
lunes, 11 de marzo de 2024
sábado, 25 de septiembre de 2021
Retropost, 2011: Forever Young
Sigo recordando día a día mis viejos posts de hace años. Algunos fueron a parar, ya hace diez años, a Ibercampus; es el caso de éste:
—oOo—
jueves, 13 de octubre de 2016
sábado, 24 de septiembre de 2016
jueves, 16 de abril de 2015
La complejidad sale cara: Panorama de la Evolución antes de la Disolución
Complexity Is Expensive: A Panorama of Evolution Before Dissolution
Note: Downloadable document is in Spanish.
Number of Pages in PDF File: 8
| eJournal Classifications (Date posted: April 05, 2015) |
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_____________
_____. "La complejidad sale cara." In García Landa, Vanity Fea 11 Sept. 2011.*
http://vanityfea.blogspot.com/2011/09/la-complejidad-sale-cara.html
2011
_____. "La complejidad sale cara." Ibercampus (Vanity Fea) 3 Oct. 2011.*
http://www.ibercampus.info/articulo.asp?idarticulo=14544
2013
_____. "La complejidad sale cara: Panorama de la Evolución antes de la Disolución (Complexity Is Expensive: A Panorama of Evolution before Dissolution)." SSRN 5 April 2015.*
https://ssrn.com/abstract=2589662
2015
Environmental Anthropology eJournal 5 April 2015.*
http://www.ssrn.com/link/Environmental-Anthropology.html
2015
Biological Anthropology eJournal 5 April 2015.*
http://www.ssrn.com/link/Biological-Anthropology.html
2015
Human Cognition in Evolution & Development eJournal 5 April 2015.*
http://www.ssrn.com/link/Biological-Anthropology.html
2015
Socially Responsible Investment eJournal 5 April 2015.*
http://www.ssrn.com/link/Socially-Responsible-Investment.html
2015
History of Western Philosophy eJournal 5 April 2015.*
http://www.ssrn.com/link/History-of-Western-Philosophy.html
2015
Philosophy of Science eJournal 5 April 2015.*
http://www.ssrn.com/link/Philosophy-Science.html
2015
_____. "La complejidad sale cara: Panorama de la Evolución antes de la Disolución." In García Landa, Vanity Fea 16 April 2015.*
http://vanityfea.blogspot.com.es/2015/04/la-complejidad-sale-cara-panorama-de-la.html
2015
_____. "La complejidad sale cara: Panorama de la Evolución antes de la Disolución." Academia 7 Oct. 2015.*
https://www.academia.edu/28974639/
2016
_____. "La complejidad sale cara: Panorama de la Evolución antes de la Disolución." ResearchGate 9 Oct. 2016.*
https://www.researchgate.net/publication/308954021
2016
_____. "La complejidad sale cara: Panorama de la Evolución antes de la Disolución."Net Sight de José Angel García Landa 4 Jan. 2024.*
https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/ComplejidadCara.pdf
2024
viernes, 24 de octubre de 2014
Big History and the Future of Humanity
Fred Spier - "Big History and the Future of Humanity." Video lecture at Villanova University. Online at YouTube (Villanova University) 16 Sept. 2011.*
2013
martes, 14 de mayo de 2013
martes, 26 de marzo de 2013
Big History and the Future of Humanity
Sobre Spier comenté algo en Globalización y Sostenibilidad.
lunes, 31 de octubre de 2011
Somos Siete Mil Millones
... Únete a nosotros. Nos
anuncian que hoy, hoy treinta y
uno de octubre de dos mil once,
llega el planeta Tierra a siete mil millones de habitantes, en
crecimiento continuo y de momento imparable. Por... suerte, digamos.
Sólo grandes catástrofes lo pararán, mayores que las que ya hay, quiero
decir—con epidemias, tsunamis, volcanes, hambrunas, guerras, crisis y
abortos masivos e industrializados. De momento, seguimos creciendo felizmente,
como los gusanos en un queso, hasta que el agotamiento de los recursos
nos reduzca a proporciones más adecuadas a lo que serán las
circunstancias. En un queso agusanado, si hay muchos gusanos, pronto
habrá muchos más. Y enseguida muchos más—hasta que de repente no
queda ninguno, o muy pocos, cuando se ha agotado el queso.
Pobres de los que vivan en esas circunstancias—pobres de los que ya
están viviendo en ellas, porque el futuro no llega de golpe, como no se
va de golpe el pasado. Para viajar al pasado, para viajar al futuro
(quién dice que no existen las máquinas del tiempo, se llaman coches y
aviones) basta con ir al lugar adecuado, a Los Angeles, a México, a
Lagos.
No hace tanto, la última vez que se habló de este tema, quizá,
cuando
me mudé a esta casa—éramos sólo seis mil millones. Y aún me acuerdo
como si fuera ayer, que cuando era yo adolescente, éramos cuatro mil
millones. Y tres mil
cuando yo nací.
Los crecimientos continuos se nos presentan como una situación estable, controlada y normal. No lo son. Alfred Bartlett ha llamado a esta ilusión o falacia mental el secreto matemático mejor guardado del siglo XX. Nos hemos acostumbrado a vivir con un crecimiento exponencial. Cuando está claro cuál es el final de ese camino—todos los gráficos lo enseñan, esos que muestran los índices de las ordenadas escalando súbitamente a medida que las abscisas se acercan al año dos mil y se adentran en nuestro siglo. ¿Les sugiere algo este gráfico? Aquí habla más al respecto Bartlett: "Aritmética,población y energía"—una conferencia que es imprescindible para poner estas cuestiones en perspectiva.
Oigan un dato que repiten estos días. En el año 2050, la población se habrá duplicado. Las tierras de cultivo, sin embargo, sólo habrán aumentado un cinco por ciento. ¿Sería posible alimentar adecuadamente a esa población con esas tierras? Posible, quizá, con muchas condicionantes. ¿Se hará? Lo dudo mucho.
Termino ahora de apuntar cuatro notas sobre el libro de Fred Spier, El lugar del hombre en el cosmos. Tras narrar el origen de la vida y el crecimiento de la especie humana, se pregunta Spier por nuestras perspectivas de futuro, y más en concreto por la sostenibilidad de nuestra civilización globalizada. Uno de los últimos compases del libro habla sobre...
La disponibilidad de recursos materiales y energéticos.
Siguiendo su razonamiento, nuestro futuro como especie será más o menos largo y próspero (o breve y terrible) según la disponibilidad de recursos, y sobre todo de energía: al estar muchos recursos dispersos y ser de difícil utilización, de no tener energía barata para extraerlos y aprovecharlos, "se sigue que la disponibilidad de energía guarda una muy estrecha relación con la disponibilidad de otros recursos" (414).
Spier, a quien algunos podrán considerar pesimista, peca para mí de optimismo casi descabellado en algunos aspectos. Por ejemplo, argumenta, y con razón, que "una de nuestras necesidades primordiales pasa por mantener controladas las cifras demográficas humanas"—o de lo contrario caeremos en una profunda crisis (y no hablamos de que quiebre algún banco, no, o de que recorten las pensiones, sino de cosas espantosas). "Por fortuna", dice Spier, "el crecimiento demográfico global parece estar manteniéndose de forma espontánea en niveles estables, y da la impresión de que dicho fenómeno está ligado con el creciente proceso de urbanización" (414-15).
—¡Pero de qué está hablando!— como diría Bartlett, What's he talking about?!!!!
Mil millones de habitantes más en estos diez años, y llama a esto ¡"un nivel estable"! — Es un caso ejemplar del espejismo a que aludía Bartlett, la confusión entre un crecimiento sostenido y la estabilidad. No, la población no es estable en su crecimiento, porque el crecimiento no es estabilidad, en absoluto, y menos a estas alturas de la película. Me temo que el crecimiento exponencial de la población frente a los recursos va a pillar a más de uno por sorpresa, incluido a mí que escribo estas líneas. Y yo pensando en releer a Malthus, a estas alturas.
Si los desincentivos urbanos al crecimiento a los que alude Spier han de funcionar, no será antes de que el mundo esté tan superpoblado como Ciudad de México. Un panorama nada envidiable, en el que lamentablemente habrán de vivir nuestros nietos, si no nuestros hijos. Es como para aconsejarles que no tengan hijos, como nos lo aconsejábamos nosotros en tiempos, viendo el futuro tan dudoso como hoy lo vemos. Pues que nos sigamos equivocando—qué más se puede pedir.
Los humanos sobrevivirán (algunos) de una manera u otra, eso sí. Los propios humanos son un recurso energético y material explotable, como bien se ha venido demostrando en cien mil años de historia. La explotación de los recursos naturales siempre ha pasado en el caso de los humanos por un filtro humano: por la explotación del hombre por el hombre, o de la mujer por el hombre—y en el futuro, tanto más lo hará. No nos preocupemos por el planeta—el planeta sobrevivirá, y posiblemente la vida en una forma u otra. Con extinciones masivas de especies, eso sí. Incluso en circunstancias espantosas, sobrevivirán también humanos durante mucho tiempo. Lo que no sobrevivirá, sino que se transformará enormemente, como viene haciéndolo sin cesar, es nuestro mundo globalizado y nuestra cultura actual. Para Spier,
A lo cual cabe matizar, dos preguntas que no son evidentes de por si. ¿Qué es deseable? ¿Qué necesitamos? —O, quizá, una tercera, ¿qué es soportable, pujando a la baja, entre la oferta de condiciones y la demanda de vida? Son límites que algunos ya exploran, terrenos baldíos de la experiencia humana que serán cada vez más frecuentados, siquiera sea por que cada vez habrá más gente apretándose para ocupar ese espacio.
Aun contando (de modo optimista) con la posibilidad de descubrimientos de recursos energéticos insospechados (pero reléase la fábula de las botellas de bacterias de Bartlett), Spier considea altamente preocupante la actual dependencia de recursos energéticos no renovables, los combustibles fósiles. Estamos, quizá ("quizá", dice) en el principio del fin. No son buenas las perspectivas para lograr reactores de fusión nuclear viables. Pero no nos detendremos en el impulso de quemar todo el combustible fósil, hasta que no sea a la fuerza:
El candidato de Spier para la renovación energética es la energía solar, aunque augura unos problemas asociados a su desarrollo—quizá no los más obvios. Lo que a mí me parece es más bien que la actual energía solar va a caballo de la energía de los combustibles fósiles, que son los que impulsan nuestra sociedad avanzada. No sabemos si llegaremos a tiempo a la cita con la energía solar—quién llegará, quiero decir, y cómo. Puede leerse al respecto la curiosa novela Solar, de Ian McEwan. No sabemos qué va a pasar con la producción industrial cuando deje de ser viable el actual régimen de transportes. Desde luego, como señala Spier, habrá que potenciar lo local—pero no sabemos cómo de difícil va a ser la transición de un régimen a otro.
Hay formas de complejidad cultural energéticamente costosas van a verse seriamente afectadas, en especial transporte por avión y coche. Pero también la agricultura moderna industrial, que depende de las máquinas. Spier considera que "El mantenimiento de la actual complejidad electrónica global es probablemnte menos costoso, y por consiguiente es posible que se vea expuesto a una reducción menor" (421)—ójala, y seguiremos retransmitiendo. Pero, si se transforman la agricultura, y el transporte, la industria ha de cambiar, de maneras inimaginables. O únicamente imaginables en un registro cyberpunk, me temo.
El agotamiento de los recursos clave y el aumento de la entropía
No es sólo el agotamiento del petróleo lo que amenaza a la agricultura industrializada. También el agotamiento de los fosfatos, señalado por Spier como un recurso en disminución y que será insustituible—hoy va a parar al mar, se vuelve inutilizable allí, y habrá que economizarlo. Otros procesos entrópicos están en curso: los gases causantes del efecto invernadero, la pérdida de la biodiversidad debida a la urbanización, la tala masiva de bosques y la agricultura industrial, la proliferación de desechos industriales y basuras... Si ha de haber una transicón a un régimen sostenible a largo plazo, el desarrollo de una energía renovable será crucial, y no sabemos cómo podrá usarse para contener estos procesos entrópicos. Todo parece apuntar a la necesidad de una transformación radical en los hábitos humanos de consumo de energía, pero también de organización social, de consumo y de alimentación. Esta transformación alcanza más allá de los seres humanos, pues implica a una buena parte de la biosfera controlada por ellos e implicada en sus procesos de producción y sus sistemas de organización. La transición a un régimen de energía renovable y de población estable habrá de producirse—y habría de ser pronto...
... Pero estamos muy lejos de que se produzca esa transición. Hemos pasado varias niveles de alarma de gravedad creciente (esto no lo dice Spier sino yo) y sin embargo no nos detendremos hasta haber comprometido seriamente, qué digo comprometido, abocado a la destrucción, cualquier tipo de régimen económico semejante a los que hemos conocido en el pasado. El futuro será distinto, quizá bonito para algunos, pero el futuro de la mayoría de la humanidad futura no nos parece envidiable, visto desde aquí. Aunque hay ambientes para todos los gustos.
Una reflexión de orden general sobre el pasado, y sobre el futuro. No hemos estado en ellos, y sin embargo, a vista de pájaro, podemos verlos desde aquí. La complejidad actual es producto de una larguísima etapa de formación, sistemas complejos acumulándose sobre sistemas más simples, desde un origen absolutamente simple—y el futuro verá el decrecimiento de la complejidad, a más corto o a más largo plazo. Esto sucederá, y sobre eso hay pocas dudas. Lo que desconcemos es si estamos en una fase relativamente temprana, o relativamente tardía, de la historia de los sistemas complejos. Todo es evolución, panta reï, como decía Heráclito, todo fluye. No hay ningún sistema que de por sí sea estable, sólo estabilidad aparente o parcial, o ciclos como vueltas de peonza que se repiten, cada vuelta aparentemente como la anterior, pero en realidad distinta, mientras la peonza va perdiendo energía. No hay sistemas estables, ni desarrollos sostenibles.
Herbert Spencer, en First Principles, ya habló de los procesos complejos de equilibración relativa, o estabilidad, y de su disolución a más largo plazo. Hay que decir que Spencer ve el crecimiento de la población humana con relativa poca preocupación; como Spier, parece creer que se equilibrará (aunque igual su altura olímpica es demasiado remota para observar los procesos por los cuales ésto se lleve a cabo):
—Esto sucederá cuando nos hayamos comido todo el queso que son los
combustibles fósiles. De qué viviremos, no se dice. De la luz del sol. Y los cataclismos posibles de la adaptación a este
régimen, no los menciona Spencer.
Desde
este punto del mundo
vemos lo que es el mundo, vemos su pasado remoto y su futuro lejano,
dentro de los límites que nos son dados. A esa escala, casi parece
ocioso preguntar cuánto tiempo tenemos, y sin embargo es una cuestión
que no puede sino preocuparnos. Y cuánto tendrán nuestros
descendientes, y qué es lo que les va a tocar vivir.
¿Emigrarán los seres humanos a otros planetas?
La respuesta, en breve, es no. Mucho la matiza Spier, hasta extremos casi ridículos, especulando con la posibilidad improbable de un viaje interestelar que (en cualquier caso) seguiría dejando en la Tierra a la totalidad de la especie humana en bloque, y que no resolvería nada sino una precaria continuidad de algunas tradiciones culturales. Ni eso, habría que decir. Un puñado de astronautas no podrían, ni con auxilio informático, mantener una compleja tradición cultural, que depende de una amplia población y una extensa organización social. Serían a la vez los últimos hombres y los nuevos primitivos, antes de su muerte fría que sería más temprana que tardía.
Pero no sucederá, ni siquiera ese epílogo de la historia. No disponemos de la tecnología y de la energía necesaria para impulsar ese viaje, y con toda seguridad nunca dispondremos de ellas. No habrá naves interestelares, pues sólo el derroche industrial del siglo XX ha hecho posibles nuestras diminutas incursiones en el vecindario extraterrestre. Para recorrer el futuro precario, la Tierra es nuestra única nave espacial, y el destino de una hipotética nave o flotilla interestelar no haría sino remedar, en versión abreviada y a modo de farsa tecnológica, un grotesco théâtre de la cruauté, la tragedia de la historia humana. Las dejaremos esas naves para el cine, compensación imaginaria, y ya tenemos en cualquier caso las Historias Futuras de Olaf Stapledon y otros a modo de consuelo. Pronto tendremos otros asuntos que resolver, y otros futuros más apremiantes. He de decir que Spier también concluye, con lúgubre parquedad, que esos sueños de la razón no son sino sueños de la imaginación: "en la actualidad, no se dan las circunstancias Goldilocks necesarias para la realización de viajes espaciales a largas distancias" (427).
Los viajes a las estrellas son una fantasía de la era industrial, del mismo modo que el Más Allá era una fantasía de la era de la servidumbre. Huímos a los cielos—pero sólo en la imaginación. Muchos no lo han entendido aún.
Unas palabras para concluir
La conclusión de Spier es un interrogante—¿seremos capaces de desarrollar un régimen sostenible, no para la eternidad, pues el ser humano está abocado a la extinción, sino durante un tiempo razonablemente largo? ¿Un régimen en el que sea posible mantener la complejidad cultural alcanzada o al menos gran parte de ella?
Para eso tendremos que hacer algo que no hemos hecho. A saber, remodelar, culturalmente, nuestros hábitos despilfarradores de consumo, que probablemente vienen (y aquí Spier parece concurrir con los sociobiólogos evolucionistas) de un desfase cultural. Somos depredadores de la sabana (es nuestro origen) trasladados a otro entorno, pero seguimos comportándonos de manera depredadora—refinados, eso sí, nuestros hábitos depredadores y convertidos en una compleja estructura de trabajo y explotación a nivel mundial.
Puesto así, la pregunta de si lograremos cambiar(nos) o no, es ociosa, o retórica, o nos embarca en un razonamiento dialéctico.
No cambiaremos,
no nos cambiaremos, a menos que las circunstancias nos cambien y nos
fuercen a cambiarnos, y no será bonito de ver. El pasado es una larga
historia de brutalidad y horrores, que también tiene muchos elementos
de sweetness and light.
Probablemente también lo será el futuro—en gran parte de él no nos
reconoceríamos, como no nos reconoceríamos a gusto en nuestros
ancestros no tan remotos. Queda por ver si es tan largo como el pasado,
el futuro éste incierto y no muy agradable. Entretanto, seguimos
quemando la sabana, como si fuese la Tierra plana, "inmersos en una
forma de sociedad que por lo general prima los resultados a corto
plazo, ya sea en el ámbito económico o en el político" (429). La
sabana parece muy plana, e inacabable. Pero la
Tierra es redonda, decía mi padre, y avanzando tras la hoguera,
pronto nos encontraremos con tierra quemada por
delante.Concluye Spier su libro, sobre la complejidad y la sostenibilidad:
Pero no hace falta esperar a que llegue el futuro, para verlo, como decíamos antes—nosotros, y Radio Futura (en "Enamorado de la moda juvenil") —"el futuro ya está aquí".
miércoles, 26 de octubre de 2011
Globalización y sostenibilidad
Cuatro notas sacadas del final de El lugar del hombre en el cosmos,
de Fred Spier. Estas obras sobre Gran Historia, sobre el ser humano en
el contexto de la evolución cósmica, y de la ecología de los recursos,
son muy iluminadoras–ayudan a comprender mejor la historia humana como
una historia de organización para uso de recursos, unos tradicionales y
otros resultado de innovaciones, inventos y nuevos modos de
explotación. Así, por una parte se refuerzan las categorías
tradicionales del estudio histórico (el Neolítico y el desarrollo de la
agricultura, la aparición de los Estados y de las ciudades, etc.) y,
por otra, el nuevo énfasis lleva a replantearse la cuestion de en qué
época vivimos. ¿No convendría llamarla, por ejemplo, la Era de los
Combustibles Fósiles?
Claro que eso es un único criterio. Otros hablan, fijándose en otros
aspectos, de la era de la globalización, pero es que una cosa lleva a
la otra. Globalización siempre ha habido en mayor o menor medida, desde
que el ser humano salió de África por su propio pie y se fue
globalizando sin saberlo. Los imperios antiguos o modernos también
"globalizaban" a su manera, que ya desde entonces tiene mal nombre esto
de la globalización. Y la Iglesia católica era iglesia globalizada, o
aspiraba a serlo. Pero con la potencia de los combustibles fósiles, de
la máquina de vapor, del motor de explosión, o de los reactores, la
globalización se acelera. Todo lo existente se acelera. Nuestra
agricultura depende de los combustibles fósiles, para empezar, y la
estructura de nuestros estados y nuestra economía. Cabalgamos a lomos
de combustibles fósiles, y son ellos los que han permitido,
indirectamente, por vía del comercio acelerado y del crecimiento
industrial, que se produzca otro fenómeno globalizador: la comunicación
electrónica, la informática, y la red de comunicaciones global en la
que ahora mismo estás—hipócrita lector, a lomos de tus combustibles
fósiles. Como quien va a lomos de un tigre, y no sabe qué es lo que lo mueve.
Esto es insostenible.
Lo de los combustibles fósiles, digo—eso es obvio. Los quemaremos, y
antes de lo que pensamos, por el crecimiento continuo de nuestra
economía. Ver a este respecto el vídeo sobre Aritmética,
población y energía, de Alfred A. Bartlett, que transcribo aquí. La
duda está en si la humanidad es sostenible. Ese es el interrogante que
cierra los últimos capítulos del libro de Spier (como otros—se me
ocurre Solar, de Ian McEwan,
a este respecto). Que nuestra economía no es sostenible, ni nuestra
sociedad, en su estado actual, ofrece pocas dudas.
No está en
equilibrio, a pesar de algunas engañosas apariencias, sino en
desequilibrio inestable, en avance perpetuo con correcciones
improvisadas sobre la marcha. No es un avance controlado, ni dirigido,
aunque haya elementos de control y dirección: las medidas económicas y
financieras de la Unión Europea, por ejemplo, las que se toman este año
para paliar la crisis de deuda, tienen efectos calculados, y otros
incalculados–hay que seguir avanzando, y evitando el colapso y el caos.
Como buenamente se pueda.
Pero volviendo a Spier. Habla de la informatización como la tercera oleada de la globalización, último paso en el establecimiento de redes de comercio, producción, intercambio, dependencia e información a nivel global:
Por una errata dice que esto comenzó en el siglo XVIII—claro, se
refiere al XIX, cuando con la red telegráfica se estableció la versión
decimonónica de Internet. Y (qué poco se sospechaba en el siglo XX) al
tender los cables eléctricos se estaba tendiendo también la futura red
de Internet. Información es energía, a su manera, pues la
información permite reorganizar los procesos y rentabilizar el trabajo
de modo mucho más eficiente. Así, con una producción bruta
relativamente menor, la producción de la era electrónica genera una
rentabilidad económica mucho mayor, y así, "En los países pioneros en
la iniciación del proceso de la industrialización, el surgimiento de la
moderna tecnología informática ha dado lugar a la aparición de un gran
número de industrias de servicios. Hasta el momento presente, esta
nueva oportunidad de arrancar en cabeza de la comunidad internacional
ha permitido que estos países sigan siendo competitivos y que conserven
un nivel de vida relativamente elevado" (383)—aunque ahora la formación
y producción informáticas ya se extienden por países anteriormente
subdesarrollados.
La globalización ha acelerado los procesos de disolución de las
comunidades y creencias tradicionales, sus economías, sus costumbres y
sus modos de vida, dando lugar a "nuevos sentimientos de inseguridad,
tanto entre los ricos como entre los pobres. Y a su vez, la expresión
de estas percepciones adquiere muy a menudo la forma de un nuevo fervor
religioso." (385-86). La globalización también fomenta la imagen de un
mundo no sólo interconectado y mutuamente dependiente, sino también
frágil y aislado frente al cosmos. Spier retorna en diversos puntos del
libro a una imagen que le impactó, la de la Tierra vista desde el
espacio, imagen que "habría de estimular muy notablemente la idea de
que la Tierra es en realidad un frágil 'vehículo espacial'" (386). La
consciencia ecologista, en sentido amplio, se ve reforzada por estas
transformaciones globalizadoras y estas nuevas percepciones de nuestro
planeta como un conjunto.
Y ahí sitúa Spier, de modo reflexivo a modo de self-begetting narrative
de las descritas por Steven Kellman, el origen de su propio interés por
la Gran Historia, por enmarcar de modo más insistente la historia
"histórica" en la historia de la evolución cultural de la Humanidad,
incluyendo historia y prehistoria, y éstas en el marco de la evolución
de la vida y de la formación de nuestro planeta y del cosmos:
Cierto, en parte—Y sin embargo hay que recordar que hay precursores de estos enfoques holísticos que han sido injustamente postergados durante los últimos cien años, cuando podrían haber servido de inspiración para este tipo de aproximación. Spier piensa en Alexander von Humboldt, y yo pienso más concretamente en Herbert Spencer. En Spencer encontramos un esfuerzo por explicar en términos de dinámica energética y de su eficiencia los distintos procesos evolutivos a nivel cósmico primero, geológico después (con la formación de distintos entornos diferenciados en la corteza terrestre), biológico, con una definición de la vida como un proceso energético de especial complejidad e intensidad. Y luego también aplica su principio básico a la cultura, el pensamiento, etc. Simplista, han dicho muchos—pero también un esfuerzo intelectual titánico, y una perspectiva, la de Spencer, que nos lleva como la cosmología actual, desde una Fuerza indiferenciada en el origen del cosmos, a la generación de complejidad local diferenciada, y luego a la decadencia entrópica de dicha complejidad, y a la destrucción de los entornos locales complejos. Es la historia del universo, en la medida en que la podemos apreciar desde aquí. Yo, desde luego, no puedo sino recomendar la lectura de First Principles, una obra que en su línea decimonónica podríamos llamar un intento de una "Fenomenología de la Energía", y de sus efectos complejos, incluido el Espíritu.
Los humanos hemos sido grandes acaparadores y gastadores de energía. Calcula Spier que nuestra especie ha multiplicado por treinta millones la cantidad de energía controlada y gastada, desde su origen en una población de unos pocos miles de individuos. Hemos desarrollado también no sólo cantidad, sino calidad—maneras increíblemente diversas, todas únicas, de extraer, almacenar o gastar energía. Este crecimiento tiene un lado triunfante, y un lado alarmante—de ahí la consciencia ecológica de los estudiosos de la Gran Historia. ¿Es sostenible? Ya hemos visto que no en el sentido de estable. La mayor integración informativa y productiva mundial podría resultar especialmente vulnerable a ciertos tipos de catástrofe global—aunque ayude a paliar otras carencias y problemas. Un exceso de organización podría desmoronarse al contagiarse la desorganización rápidamente por las redes globales de interdependencia y de comunicaciones.
Un nivel de producción sin precedentes, en las sociedades modernas, que es—insostenible. Si toda la Humanidad se volviese Occidente, estaríamos perdidos. Y ese camino llevan, pero no llegará a tanto la cosa. El despilfarro de combustibles fósiles llega a su límite natural, y empiezan los años de penurias graduales, donde habrá que rentabilizar la energía y cuidar más el medio ambiente. La entropía generada por la producción amenaza con ahogarnos una vez alcanzado un nivel máximo de desarrollo.
Lo de Gaia interprétenlo como una manera de hablar. No necesitamos a Gaia tomando decisiones, cuando están ahí las consecuencias de nuestras propias acciones,
Bloody instructions, which, being taught, return
To plague the inventor"
"Podría darse perfectamente el caso de que, a largo plazo, la principal característica de la historia humana fuera la de constituir un proceso marcado por la consecución de una eficiencia cada vez mayor." (397)
No lo refutaré, pues ha sido el caso hasta ahora—pero ha tenido un precio, el socavamiento de las propias condiciones de la existencia a que antes se refería Spier. La eficacia tiene un límite. Y en cualquier caso, aun si respetásemos nuestro entorno ecológico y alcanzásemos un equilibrio con él (cosa que la humanidad jamás ha hecho), hay que tener en cuenta que nuestro entorno no depende únicamente de nosotros, sino de fuerzas naturales muy superiores, que no lo han alterado radicalmente en los últimos milenios, pero que bien pueden hacerlo—y de modo súbito, para nosotros.
La humanidad tiene un límite, y sería optimista ver ese límite en el límite de la energía del universo. Ese límite para el universo existe, desde luego, para la cosmología moderna:
—como el autor, por ejemplo. Pero es optimista, decimos el horizonte del Universo. Porque estamos atados no al Universo, sino a nuestro planeta, mal que nos pese, y a pesar de alguna sonda espacial y de muchas películas de ciencia ficción. Se pregunta así pues Spier, al cerrar su libro, por las perspectivas de futuro para la vida y la humanidad en el planeta Tierra.
Aún recuerdo cómo hace casi cuarenta años nos hablaban de estas cosas en la escuela de Biescas: de la contaminación, del agotamiento futuro del carbón y del petróleo. El año dos mil aparecía remoto y envuelto en crisis y colapso. Hoy, en la década de 2010, el futuro vuelve a aparecer envuelto en crisis y colapso. Al menos en un duro aterrizaje en el reality principle, conforme toca a su fin la era de los combustibles fósiles. En 1971 Marion King Hubbert denunciaba la imposibilidad de un crecimiento exponencial continuado. En fin, Malthus ya lo había hecho casi doscientos años antes, y se le creyó desautorizado. Y ahora Alfred Bartlett también habla de Hubbert en su conferencia sobre "Aritmética, población y energía". Cuando nos acordamos de él, por algo será: el futuro va filtrando a los profetas. Cita Spier a Hubbert:
Hay quien confía ingenuamente en el ingenio humano para mantener indefinidamente este régimen de consumo. Ingenuity... Ya. Habrá que tener en cuenta lo que dice Howard Thomas Odum, citado por Spier:
"El saber y el ingenio son los medios con los que se consigue que el suministro de energía resulte operativo—suponiendo que se disponga de él—, sin olvidar que el desarrollo y la conservación del conocimiento también dependen de la disponibilidad energética" (410, énfasis mío).
La investigación sobre energías sostenibles, por tanto, no tiene lugar en el vacío—también cabalga a lomos de un tigre, en una carrera contra el tiempo. Una manera de contar esa carrera puede verse en la novela de Ian McEwan, Solar, sobre un decadente científico occidental que investiga sobre cómo hacer la energía solar aprovechable y rentable. Una carrera contra el tiempo, y contra sí misma, en la que está atrapada la sociedad postindustrial. La humanidad sobrevivirá, de alguna manera. Nuestra sociedad actual, hiperproductiva y despilfarradora, es más que probable que no. Tendrá que transformarse radicalmente, a sea-change, y no se reconocerá a sí misma, posiblemente, en la nueva Edad Media sin final determinable que seguirá a la Era de los Combustibles Fósiles. Spier lo pone de manera más interrogativa, como correponde a los interrogantes abiertos:
Los modelos informáticos desarrollados por el equipo de Dennis Meadows
en el MIT, para calcular la interacción futura de desarrollo,
crecimiento, producción y consumo, resultaron terriblemente pesimistas:
"en todos los casos observaron que la estructura sistémica se venía
abajo. Al final trataron de hallar otras formas de estabilizar el
sistema mundial, pero no obtuvieron sino una mayoría de resultados
negativos. Sus descubrimientos desembocarían en una serie de turbadoras
conclusiones y recomendaciones que deberían ayudarnos a luchar por un
mundo más sostenible" (412). Contribuirían las primeras previsiones al
informe del Club de Roma de 1972, sobre Los Límites del Crecimiento, que fue un hito en la conciencia sobre estas cuestiones.
Ignoro si Meadows et al. incluyeron en su modelo, me temo que no, las hipotecas subprime
y la crisis de la deuda soberana. Datos que no harían nada, supongo,
por mejorar sus perspectivas. El futuro siempre tiene la capacidad de
sorprendernos, a veces incluso de modo agradable; a la larga, siempre
de modo inesperadamente desagradable.
El concepto de "desarrollo sostenible" (que Bartlett considera una contradicción en términos) fue en cierto modo un avance, y se introdujo en un informe de la ONU de 1987, Nuestro futuro común. Desarrollo sostenible, definen, "es aquel que alcance a satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones". (412). Bonito concepto, pero, releyéndolo, hay que decir que el desarrollo sostenible es algo que ni ha existido ni existirá. El desarrollo siempre ha sido insostenible a largo plazo, siempre consumiéndose a sí mismo como un combustible fósil; siempre ha comprometido al futuro y lo ha privado de opciones, y las opciones serán cada vez menores, a pesar del creciente desarrollo de la complejidad cultural e industrial.
No acabo de terminar con el libro de Spier sobre El lugar del hombre en el cosmos. Otro día vuelvo, si tengo world enough, and time.
domingo, 11 de septiembre de 2011
La complejidad sale cara
Leyendo El lugar del hombre en el cosmos, de Fred Spier (2010), uno de los conceptos que más utiliza es el de las "condiciones Goldilocks" necesarias para que surjan determinados tipos de fenómeno en el cosmos. Esto se refiere a la historia de Ricitos de Oro, que encontraba la mesa, o el plato, de uno de los tres osos demasiado grande, el de otro, demasiado pequeño, y del oso u osa mediano, justo como hacía falta. Bien, pues en el universo, de igual modo, los fenómenos surgen en condiciones adecuadas, en un gradiente medio de circunstancias adecuadas, o en una "ventana" podríamos decir de conjunción de otros fenómenos, que permite o causa que surja un determinado tipo de combinación de materia y fuerzas antes imposible, y con ello tipos de formas complejas que hasta entonces no se habían dado. Nosotros somos una de esas formas complejas, posibles sólo en una muy específica conjunción de circunstancias (antes inexistentes, y después irrepetibles).
Así por ejemplo, el "sosiego cósmico" relativo en nuestra galaxia, sin colisiones con otras, ha favorecido que se hayan dado las condiciones de estabilidad que permitieron el surgimiento de la vida. O unas circunstancias muy especiales en el seno de las estrellas permitieron surgir los elementos químicos estables y complejos. Etc. Y así, circunstancias nunca dadas antes, llevan por la escala de la complejidad, hasta aquí. Es el otro lado del principio antrópico, la "casualidad" que hace que, mirando hacia atrás, parezca que las circunstancias del universo se han creado especialmente para nosotros.
También es interesante la correlación entre información y complejidad: en todo hay información, pero parte importante del desarrollo de formas complejas susperiores conlleva el surgimiento de sistemas de retroalimentación de la información. Así, las estrellas son formas complejas, a su propio nivel, pero "en las estrellas no se acumula ninguna información que pudiera ayudarlas a adaptarse a las circunstancias. En contraste con lo que es propio de la vida, las estrellas y las galaxias son entidades complejas pero no adaptativas" (134)— (Esto me hacía pensar en las estrellas conscientes de Star Maker, de Olaf Stapledon, un concepto que si bien fascinante resultaba allí científicamente repulsivo, parte del extraño espiritualismo que se juntaba con el evolucionismo en Stapledon...). 
En los niveles de alta complejidad, podemos pasar a definir la complejidad como la capacidad de gestión, integración, uso y retroalimentación de la información sobre el propio sistema y su entorno. Primero, la información codificada a nivel molecular y genético para la propia reproducción del organismo. Y, a un nivel más elevado de complejidad, la información sobre el entorno, con la creación de imágenes virtuales de la realidad y de su estructura informacional—para adaptar el comportamiento y planificar la acción futura. La consciencia, y la reflexión consciente sobre las propias circunstancias, y la planificación racional de la propia evolución, serían entonces la cima de la complejidad, y en ella se encuentra el ser humano. Hay, por tanto, una Gran Cadena del Ser de la complejidad y la consciencia que es formulable en términos físicos y matemáticos. Y la generación de imágenes complejas del tiempo y del entorno (mapas temporales y mapas de la realidad) es una parte crucial de esta complejidad.
Otra cosa de las que llaman la atención en el libro de Spier es que establece una relación entre la complejidad y la potencia energética de los sistemas. No sé si de manera muy fiable en cuanto a los datos, o en cuanto a la correlación tan directa (pues sospecho que distintas estructuraciones utilizan o maximizan la energía de manera distinta) aunque la idea es interesante.Los humanos, por cierto, están en un punto medio de la tasa metabólica óptima para los animales.
Uno de los corolarios de esta correlación entre energía y complejidad, es que la complejidad sale cara, energéticamente hablando. Los sistemas complejos, entendiendo por ellos los que más información gestionan sobre sí y su entorno, consumen más energía—para empezar, consumen a los sistemas inmediatamente menos complejos para maximizar su aporte energético. Esto podríamos relacionarlo con el hecho de que los humanos se convirtieran en una excepción entre los grandes mamíferos: depredadores sociales y carnívoros. O, también, lo podríamos relacionar con la explosión de productividad y creatividad de los dos últimos siglos, sobre los hombros de las máquinas, quemando carbón primero y petróleo después, hasta hoy. Quemando mucho para levantar una cultura compleja, que a saber si se derrumbará antes de que consigamos desarrollar una fuente alternativa de energía. Porque la complejidad es costosa, cara de mantener. Y no es ecológicamente responsable—a no ser que la necesidad y la consciencia nos lleven a trazar un plan de supervivencia propia.
Una vez más me llama la atención cómo muchos de los conceptos usados por Spier fueron desarrollados por Herbert Spencer hace ciento cincuenta años—sin que al parecer se le reconozca mucho. Así, dice Spier, "La complejidad que muestran tanto las estrellas como los planetas en el transcurso de toda su existencia es bastante baja si la comparamos con la que manifiesta la vida, y además la forma básica que pueden adoptar esos cuerpos celestes resulta notablemente predecible" (152). Spencer define la vida como una forma especialmente densa de empaquetamiento de la energía para su uso, o una integración compleja de la materia. También es central en la teoría de la formación de la tierra y la vida de Spencer algo que describe Spier así (p. 166):
Spencer suena no muy distinto:
De las regiones diferenciadas a los nichos ecológicos (y a su construcción activa por parte de los seres vivos) sólo hay un paso, o un camino quizá, siguiendo el mismo razonamiento. La construcción de nichos ecológicos es una manera en que los propios seres vivos, en lugar de meramente adaptarse al entorno, adaptan el entorno, retroalimentativamente, a sus propias necesidades, contribuyendo activamente al mantenimiento de las "circunstancias Goldilocks", como diría Spier, necesarias para su supervivencia. La propia complejidad se cultiva a sí misma—es en parte la hipótesis Gaia sobre la relativa estabilidad de la vida en la Tierra, y eliminación de las formas que no cooperan con esa estabilidad. Muchas formas de vida avanzadas desarrollan regímenes de almacenamiento de energía (nichos ecológicos) para mantener una complejidad constante en circunstancias cambiantes e irregulares.
Pero quedémonos con esta reflexión sobre el entorno necesario para mantener los Ricitos de Oro de nuestra complejidad:
Malas perspectivas. Hemos conseguido explotar fuentes de energía concentrada de que han mantenido y potenciado nuestra complejidad: la carne de otros animales, la producción agrícola y ganadera organizada, la maquinaria industrial movida por combustibles fósiles, y la gestión eficaz de la información. Pero "ese tipo de situaciones no suele prolongarse demasiado" (190). Ahora bien, también señala Spier que no es habitual que la complejidad vaya a menos: que una vez surgida no suele haber regresión (211). Aquí percibo yo una contradicción que quizá de momento esté sin resolver, en este lugar del cosmos.



