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sábado, 25 de septiembre de 2021

Retropost, 2011: Forever Young


Sigo recordando día a día mis viejos posts de hace años. Algunos fueron a parar, ya hace diez años, a Ibercampus; es el caso de éste:





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jueves, 16 de abril de 2015

La complejidad sale cara: Panorama de la Evolución antes de la Disolución

Un artículo sobre evolución cósmica, complejidad y ecología, en el que comentamos algunos aspectos reflexivos de las nociones de complejidad y de sostenibilidad utilizadas por Fred Spier en su teoría de la evolución cósmica, y hacemos notar las analogías con la teoría evolucionista de Herbert Spencer, que oponía los procesos de 'evolución' (o emergencia de novedad y ámbitos complejos) a los de 'disolución' o pérdida de tal complejidad y diversidad.

 




Complexity Is Expensive: A Panorama of Evolution Before Dissolution

 This is a commentary on some reflexive issues relative to the notions of complexity and of sustainability used by Fred Spier in his theory of cosmic evolution. We also note the analogies with Herbert Spencer's evolutionary theory, which opposed processes of 'evolution' (i.e. the emergence of novelty and complex environments) to those of 'dissolution', characterized by the loss of such complexity and diversity.







Note: Downloadable document is in Spanish.

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eJournal Classifications  (Date posted: April 05, 2015)
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_____. "La complejidad sale cara." In García Landa, Vanity Fea 11 Sept. 2011.*

         http://vanityfea.blogspot.com/2011/09/la-complejidad-sale-cara.html

         2011

_____. "La complejidad sale cara." Ibercampus (Vanity Fea) 3 Oct. 2011.*

         http://www.ibercampus.info/articulo.asp?idarticulo=14544

         2013

_____. "La complejidad sale cara: Panorama de la Evolución antes de la Disolución (Complexity Is Expensive: A Panorama of Evolution before Dissolution)." SSRN 5 April 2015.*

         https://ssrn.com/abstract=2589662

         2015

         Environmental Anthropology eJournal 5 April 2015.*

         http://www.ssrn.com/link/Environmental-Anthropology.html

         2015

         Biological Anthropology eJournal 5 April 2015.*

         http://www.ssrn.com/link/Biological-Anthropology.html

         2015

         Human Cognition in Evolution & Development eJournal 5 April 2015.*

         http://www.ssrn.com/link/Biological-Anthropology.html

         2015

         Socially Responsible Investment eJournal 5 April 2015.*

         http://www.ssrn.com/link/Socially-Responsible-Investment.html

         2015

         History of Western Philosophy eJournal 5 April 2015.*

         http://www.ssrn.com/link/History-of-Western-Philosophy.html

         2015

         Philosophy of Science eJournal 5 April 2015.*

         http://www.ssrn.com/link/Philosophy-Science.html

         2015

_____. "La complejidad sale cara: Panorama de la Evolución antes de la Disolución." In García Landa, Vanity Fea 16 April 2015.*

         http://vanityfea.blogspot.com.es/2015/04/la-complejidad-sale-cara-panorama-de-la.html

         2015

_____. "La complejidad sale cara: Panorama de la Evolución antes de la Disolución." Academia 7 Oct. 2015.*

         https://www.academia.edu/28974639/

         2016

_____. "La complejidad sale cara: Panorama de la Evolución antes de la Disolución." ResearchGate 9 Oct. 2016.*

         https://www.researchgate.net/publication/308954021

         2016

_____. "La complejidad sale cara: Panorama de la Evolución antes de la Disolución."Net Sight de José Angel García Landa 4 Jan. 2024.*

         https://personal.unizar.es/garciala/publicaciones/ComplejidadCara.pdf

         2024





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viernes, 24 de octubre de 2014

Big History and the Future of Humanity

Fred Spier - "Big History and the Future of Humanity." Video lecture at Villanova University. Online at YouTube (Villanova University) 16 Sept. 2011.*

         http://youtu.be/DdOlv_HdN0Y

         2013

 

 

 



lunes, 31 de octubre de 2011

Somos Siete Mil Millones


... Únete a nosotros. Nos anuncian que hoy, hoy treinta y uno de octubre de dos mil once, llega el planeta Tierra a siete mil millones de habitantes, en crecimiento continuo y de momento imparable. Por... suerte, digamos. Sólo grandes catástrofes lo pararán, mayores que las que ya hay, quiero decir—con epidemias, tsunamis, volcanes, hambrunas, guerras, crisis y abortos masivos e industrializados. De momento, seguimos creciendo felizmente, como los gusanos en un queso, hasta que el agotamiento de los recursos nos reduzca a proporciones más adecuadas a lo que serán las circunstancias. En un queso agusanado, si hay muchos gusanos, pronto habrá muchos más. Y enseguida muchos más—hasta que de repente no queda ninguno, o muy pocos, cuando se ha agotado el queso.

Pobres de los que vivan en esas circunstancias—pobres de los que ya están viviendo en ellas, porque el futuro no llega de golpe, como no se va de golpe el pasado. Para viajar al pasado, para viajar al futuro (quién dice que no existen las máquinas del tiempo, se llaman coches y aviones) basta con ir al lugar adecuado, a Los Angeles, a México, a Lagos.

No hace tanto, la última vez que se habló de este tema, quizá, cuando me mudé a esta casa—éramos sólo seis mil millones. Y aún me acuerdo como si fuera ayer, que cuando era yo adolescente, éramos cuatro mil millones. Y tres mil cuando yo nací. 

 
Los crecimientos continuos se nos presentan como una situación estable, controlada y normal. No lo son. Alfred Bartlett ha llamado a esta ilusión o falacia mental el secreto matemático mejor guardado del siglo XX. Nos hemos acostumbrado a vivir con un crecimiento exponencial. Cuando está claro cuál es el final de ese camino—todos los gráficos lo enseñan, esos que muestran los índices de las ordenadas escalando súbitamente a medida que las abscisas se acercan al año dos mil y se adentran en nuestro siglo.  ¿Les sugiere algo este gráfico?  Aquí habla más al respecto Bartlett: "Aritmética,población y energía"—una conferencia que es imprescindible para poner estas cuestiones en perspectiva. 

Oigan un dato que repiten estos días. En el año 2050, la población se habrá duplicado. Las tierras de cultivo, sin embargo, sólo habrán aumentado un cinco por ciento. ¿Sería posible alimentar adecuadamente a esa población con esas tierras? Posible, quizá, con muchas condicionantes. ¿Se hará? Lo dudo mucho.

Termino ahora de apuntar cuatro notas sobre el libro de Fred Spier, El lugar del hombre en el cosmos. Tras narrar el origen de la vida y el crecimiento de la especie humana, se pregunta Spier por nuestras perspectivas de futuro, y más en concreto por la sostenibilidad de nuestra civilización globalizada. Uno de los últimos compases del libro habla sobre...


La disponibilidad de recursos materiales y energéticos.

Siguiendo su razonamiento, nuestro futuro como especie será más o menos largo y próspero (o breve y terrible) según la disponibilidad de recursos, y sobre todo de energía: al estar muchos recursos dispersos y ser de difícil utilización, de no tener energía barata para extraerlos y aprovecharlos, "se sigue que la disponibilidad de energía guarda una muy estrecha relación con la disponibilidad de otros recursos" (414).

Spier, a quien algunos podrán considerar pesimista, peca para mí de optimismo casi descabellado en algunos aspectos. Por ejemplo, argumenta, y con razón, que "una de nuestras necesidades primordiales pasa por mantener controladas las cifras demográficas humanas"—o de lo contrario caeremos en una profunda crisis (y no hablamos de que quiebre algún banco, no, o de que recorten las pensiones, sino de cosas espantosas). "Por fortuna", dice Spier, "el crecimiento demográfico global parece estar manteniéndose de forma espontánea en niveles estables, y da la impresión de que dicho fenómeno está ligado con el creciente proceso de urbanización" (414-15).

—¡Pero de qué está hablando!— como diría Bartlett, What's he talking about?!!!!

Mil millones de habitantes más en estos diez años, y llama a esto ¡"un nivel estable"! — Es un caso ejemplar del espejismo a que aludía Bartlett, la confusión entre un crecimiento sostenido y la estabilidad. No, la población no es estable en su crecimiento, porque el crecimiento no es estabilidad, en absoluto, y menos a estas alturas de la película. Me temo que el crecimiento exponencial de la población frente a los recursos va a pillar a más de uno por sorpresa, incluido a mí que escribo estas líneas. Y yo pensando en releer a Malthus, a estas alturas.

Si los desincentivos urbanos al crecimiento a los que alude Spier han de funcionar, no será antes de que el mundo esté tan superpoblado como Ciudad de México. Un panorama nada envidiable, en el que lamentablemente habrán de vivir nuestros nietos, si no nuestros hijos. Es como para aconsejarles que no tengan hijos, como nos lo aconsejábamos nosotros en tiempos, viendo el futuro tan dudoso como hoy lo vemos. Pues que nos sigamos equivocando—qué más se puede pedir.

Los humanos sobrevivirán (algunos) de una manera u otra, eso sí. Los propios humanos son un recurso energético y material explotable, como bien se ha venido demostrando en cien mil años de historia. La explotación de los recursos naturales siempre ha pasado en el caso de los humanos por un filtro humano: por la explotación del hombre por el hombre, o de la mujer por el hombre—y en el futuro, tanto más lo hará. No nos preocupemos por el planeta—el planeta sobrevivirá, y posiblemente la vida en una forma u otra. Con extinciones masivas de especies, eso sí. Incluso en circunstancias espantosas, sobrevivirán también humanos durante mucho tiempo. Lo que no sobrevivirá, sino que se transformará enormemente, como viene haciéndolo sin cesar, es nuestro mundo globalizado y nuestra cultura actual. Para Spier,

"la interrogante decisiva parece ser la que gira en torno a la cantidad de energía de la que podamos disponer para construir el volumen de complejidad que necesitamos, manteniendo al mismo tiempo la entropía dentro de unos márgenes deseables" (415).

A lo cual cabe matizar, dos preguntas que no son evidentes de por si. ¿Qué es deseable? ¿Qué necesitamos? —O, quizá, una tercera, ¿qué es soportable, pujando a la baja, entre la oferta de condiciones y la demanda de vida? Son límites que algunos ya exploran, terrenos baldíos de la experiencia humana que serán cada vez más frecuentados, siquiera sea por que cada vez habrá más gente apretándose para ocupar ese espacio.

Aun contando (de modo optimista) con la posibilidad de descubrimientos de recursos energéticos insospechados (pero reléase la fábula de las botellas de bacterias de Bartlett), Spier considea altamente preocupante la actual dependencia de recursos energéticos no renovables, los combustibles fósiles. Estamos, quizá ("quizá", dice) en el principio del fin. No son buenas las perspectivas para lograr reactores de fusión nuclear viables. Pero no nos detendremos en el impulso de quemar todo el combustible fósil, hasta que no sea a la fuerza:

"será difícil inciar una transición que nos lleve a utilizar fuentes de energía renovable mientras los combustibles fósiles sigan resultando asequibles, ya que el actual régimen económico impulsa la competitividad" (417)

El candidato de Spier para la renovación energética es la energía solar, aunque augura unos problemas asociados a su desarrollo—quizá no los más obvios. Lo que a mí me parece es más bien que la actual energía solar va a caballo de la energía de los combustibles fósiles, que son los que impulsan nuestra sociedad avanzada. No sabemos si llegaremos a tiempo a la cita con la energía solar—quién llegará, quiero decir, y cómo. Puede leerse al respecto la curiosa novela Solar, de Ian McEwan. No sabemos qué va a pasar con la producción industrial cuando deje de ser viable el actual régimen de transportes. Desde luego, como señala Spier, habrá que potenciar lo local—pero no sabemos cómo de difícil va a ser la transición de un régimen a otro.

"Será preciso diseñar y producir un gran número de nuevas formas de complejidad construida. Todo esto significa que el futuro de los ingenieros presenta unos visos excepcionalmente halagüeños" (420).

Hay formas de complejidad cultural energéticamente costosas van a verse seriamente afectadas, en especial transporte por avión y coche. Pero también la agricultura moderna industrial, que depende de las máquinas. Spier considera que "El mantenimiento de la actual complejidad electrónica global es probablemnte menos costoso, y por consiguiente es posible que se vea expuesto a una reducción menor" (421)—ójala, y seguiremos retransmitiendo. Pero, si se transforman la agricultura, y el transporte, la industria ha de cambiar, de maneras inimaginables. O únicamente imaginables en un registro cyberpunk, me temo.


El agotamiento de los recursos clave y el aumento de la entropía

No es sólo el agotamiento del petróleo lo que amenaza a la agricultura industrializada. También el agotamiento de los fosfatos, señalado por Spier como un recurso en disminución y que será insustituible—hoy va a parar al mar, se vuelve inutilizable allí, y habrá que economizarlo. Otros procesos entrópicos están en curso: los gases causantes del efecto invernadero, la pérdida de la biodiversidad debida a la urbanización, la tala masiva de bosques y la agricultura industrial, la proliferación de desechos industriales y basuras... Si ha de haber una transicón a un régimen sostenible a largo plazo, el desarrollo de una energía renovable será crucial, y no sabemos cómo podrá usarse para contener estos procesos entrópicos. Todo parece apuntar a la necesidad de una transformación radical en los hábitos humanos de consumo de energía, pero también de organización social, de consumo y de alimentación. Esta transformación alcanza más allá de los seres humanos, pues implica a una buena parte de la biosfera controlada por ellos e implicada en sus procesos de producción y sus sistemas de organización. La transición a un régimen de energía renovable y de población estable habrá de producirse—y habría de ser pronto...

... Pero estamos muy lejos de que se produzca esa transición. Hemos pasado varias niveles de alarma de gravedad creciente (esto no lo dice Spier sino yo) y sin embargo no nos detendremos hasta haber comprometido seriamente, qué digo comprometido, abocado a la destrucción, cualquier tipo de régimen económico semejante a los que hemos conocido en el pasado. El futuro será distinto, quizá bonito para algunos, pero el futuro de la mayoría de la humanidad futura no nos parece envidiable, visto desde aquí. Aunque hay ambientes para todos los gustos.




Una reflexión de orden general sobre el pasado, y sobre el futuro. No hemos estado en ellos, y sin embargo, a vista de pájaro, podemos verlos desde aquí. La complejidad actual es producto de una larguísima etapa de formación, sistemas complejos acumulándose sobre sistemas más simples, desde un origen absolutamente simple—y el futuro verá el decrecimiento de la complejidad, a más corto o a más largo plazo. Esto sucederá, y sobre eso hay pocas dudas. Lo que desconcemos es si estamos en una fase relativamente temprana, o relativamente tardía, de la historia de los sistemas complejos. Todo es evolución, panta reï, como decía Heráclito, todo fluye. No hay ningún sistema que de por sí sea estable, sólo estabilidad aparente o parcial, o ciclos como vueltas de peonza que se repiten, cada vuelta aparentemente como la anterior, pero en realidad distinta, mientras la peonza va perdiendo energía. No hay sistemas estables, ni desarrollos sostenibles.

Herbert Spencer, en First Principles, ya habló de los procesos complejos de equilibración relativa, o estabilidad, y de su disolución a más largo plazo. Hay que decir que Spencer ve el crecimiento de la población humana con relativa poca preocupación; como Spier, parece creer que se equilibrará (aunque igual su altura olímpica es demasiado remota para observar los procesos por los cuales ésto se lleve a cabo):

"Evidentemente, este progreso industrial tiene su límite, lo que el Dr. Mill ha llamado 'el estado estacionario'. Cuando la población se haya hecho densa en todas las partes habitables del mundo; cuando los recursos de todas las regiones hayan sido completamente explorados; y cuando todas las artes productivas no admitan mejoras ulteriores; entonces habrá de resultar un equilibrio casi completo, tanto entre la fertilidad y mortalidad de cada sociedad, y entre sus actividades productoras y consumidoras. Cada sociedad no exhibirá sino desviaciones menores de su número medio, y el ritmo de sus funciones industriales continuará de un día a otro con perturbaciones comparativamente insignificantes" (First Principles 459).

—Esto sucederá cuando nos hayamos comido todo el queso que son los combustibles fósiles. De qué viviremos, no se dice. De la luz del sol. Y los cataclismos posibles de la adaptación a este régimen, no los menciona Spencer.

Desde este punto del mundo vemos lo que es el mundo, vemos su pasado remoto y su futuro lejano, dentro de los límites que nos son dados. A esa escala, casi parece ocioso preguntar cuánto tiempo tenemos, y sin embargo es una cuestión que no puede sino preocuparnos. Y cuánto tendrán nuestros descendientes, y qué es lo que les va a tocar vivir.




¿Emigrarán los seres humanos a otros planetas?

La respuesta, en breve, es no. Mucho la matiza Spier, hasta extremos casi ridículos, especulando con la posibilidad improbable de un viaje interestelar que (en cualquier caso) seguiría dejando en la Tierra a la totalidad de la especie humana en bloque, y que no resolvería nada sino una precaria continuidad de algunas tradiciones culturales. Ni eso, habría que decir. Un puñado de astronautas no podrían, ni con auxilio informático, mantener una compleja tradición cultural, que depende de una amplia población y una extensa organización social. Serían a la vez los últimos hombres y los nuevos primitivos, antes de su muerte fría que sería más temprana que tardía.

Pero no sucederá, ni siquiera ese
epílogo de la historia. No disponemos de la tecnología y de la energía necesaria para impulsar ese viaje, y con toda seguridad nunca dispondremos de ellas. No habrá naves interestelares, pues sólo el derroche industrial del siglo XX ha hecho posibles nuestras diminutas incursiones en el vecindario extraterrestre. Para recorrer el futuro precario, la Tierra es nuestra única nave espacial, y el destino de una hipotética nave o flotilla interestelar no haría sino remedar, en versión abreviada y a modo de farsa tecnológica, un grotesco théâtre de la cruauté, la tragedia de la historia humana. Las dejaremos esas naves para el cine, compensación imaginaria, y ya tenemos en cualquier caso las Historias Futuras de Olaf Stapledon y otros a modo de consuelo. Pronto tendremos otros asuntos que resolver, y otros futuros más apremiantes. He de decir que Spier también concluye, con lúgubre parquedad, que esos sueños de la razón no son sino sueños de la imaginación: "en la actualidad, no se dan las circunstancias Goldilocks necesarias para la realización de viajes espaciales a largas distancias" (427).

Los viajes a las estrellas son una fantasía de la era industrial, del mismo modo que el Más Allá era una fantasía de la era de la servidumbre. Huímos a los cielos—pero sólo en la imaginación. Muchos no lo han entendido aún.


Unas palabras para concluir

La conclusión de Spier es un interrogante—¿seremos capaces de desarrollar un régimen sostenible, no para la eternidad, pues el ser humano está abocado a la extinción, sino durante un tiempo razonablemente largo? ¿Un régimen en el que sea posible mantener la complejidad cultural alcanzada o al menos gran parte de ella?

Para eso tendremos que hacer algo que no hemos hecho. A saber, remodelar, culturalmente, nuestros hábitos despilfarradores de consumo, que probablemente vienen (y aquí Spier parece concurrir con los sociobiólogos evolucionistas) de un desfase cultural. Somos depredadores de la sabana (es nuestro origen) trasladados a otro entorno, pero seguimos comportándonos de manera depredadora—refinados, eso sí, nuestros hábitos depredadores y convertidos en una compleja estructura de trabajo y explotación a nivel mundial.

"es posible  que los seres humanos estén genéticamente programados para extraer una mayor cantidad de materia y energía de la que precisan para asegurar su supervivencia y su reproducción. De ser esto efectivamente cierto, ¿habrá que pensar que los seres humanos tienden genéticamente a rebasar las circunstancias Goldilocks que delimitan su exsitencia en el planeta Tierra? Si así fuera, ¿habrá esperanza de poder domeñar este instinto biológico con ayuda de la cultura? ¿Cuáles son las circunstancias sociales que podrían favorecer este tipo de conducta? (428)

Puesto así, la pregunta de si lograremos cambiar(nos) o no, es ociosa, o retórica, o n
os embarca en un razonamiento dialéctico. No cambiaremos, no nos cambiaremos, a menos que las circunstancias nos cambien y nos fuercen a cambiarnos, y no será bonito de ver. El pasado es una larga historia de brutalidad y horrores, que también tiene muchos elementos de sweetness and light. Probablemente también lo será el futuro—en gran parte de él no nos reconoceríamos, como no nos reconoceríamos a gusto en nuestros ancestros no tan remotos. Queda por ver si es tan largo como el pasado, el futuro éste incierto y no muy agradable. Entretanto, seguimos quemando la sabana, como si fuese la Tierra plana, "inmersos en una forma de sociedad que por lo general prima los resultados a corto plazo, ya sea en el ámbito económico o en el político" (429).  La sabana parece muy plana, e inacabable. Pero la Tierra es redonda, decía mi padre, y avanzando tras la hoguera, pronto nos encontraremos con tierra quemada por delante.

Concluye Spier su libro, sobre la complejidad y la sostenibilidad:


"Sea como fuere, espero haber dejado claro que el principio centrado en el estudio pormenorizado de los efectos que tiene el hecho de que los flujos de energía, al recorrer la materia en el marco de unos determinados límites Goldilocks, conduzcan tanto al aumento como al declive de la complejidad a todos los niveles, no sólo venga a simplificar muy notablemente nuestra comprensión del pasado remoto, sino que ayude a esclarecer las cuestiones clave a que habrá de enfrentarse la humanidad en un futuro inmediato". (430)

Pero
no hace falta esperar a que llegue el futuro, para verlo, como decíamos antes—nosotros, y Radio Futura (en "Enamorado de la moda juvenil") —"el futuro ya está aquí".


 
 
—oOo—





miércoles, 26 de octubre de 2011

Globalización y sostenibilidad

 

Cuatro notas sacadas del final de El lugar del hombre en el cosmos, de Fred Spier. Estas obras sobre Gran Historia, sobre el ser humano en el contexto de la evolución cósmica, y de la ecología de los recursos, son muy iluminadoras–ayudan a comprender mejor la historia humana como una historia de organización para uso de recursos, unos tradicionales y otros resultado de innovaciones, inventos y nuevos modos de explotación. Así, por una parte se refuerzan las categorías tradicionales del estudio histórico (el Neolítico y el desarrollo de la agricultura, la aparición de los Estados y de las ciudades, etc.) y, por otra, el nuevo énfasis lleva a replantearse la cuestion de en qué época vivimos. ¿No convendría llamarla, por ejemplo, la Era de los Combustibles Fósiles?

Claro que eso es un único criterio. Otros hablan, fijándose en otros aspectos, de la era de la globalización, pero es que una cosa lleva a la otra. Globalización siempre ha habido en mayor o menor medida, desde que el ser humano salió de África por su propio pie y se fue globalizando sin saberlo. Los imperios antiguos o modernos también "globalizaban" a su manera, que ya desde entonces tiene mal nombre esto de la globalización. Y la Iglesia católica era iglesia globalizada, o aspiraba a serlo. Pero con la potencia de los combustibles fósiles, de la máquina de vapor, del motor de explosión, o de los reactores, la globalización se acelera.  Todo lo existente se acelera. Nuestra agricultura depende de los combustibles fósiles, para empezar, y la estructura de nuestros estados y nuestra economía. Cabalgamos a lomos de combustibles fósiles, y son ellos los que han permitido, indirectamente, por vía del comercio acelerado y del crecimiento industrial, que se produzca otro fenómeno globalizador: la comunicación electrónica, la informática, y la red de comunicaciones global en la que ahora mismo estás—hipócrita lector, a lomos de tus combustibles fósiles. Como quien va a lomos de un tigre, y no sabe qué es lo que lo mueve.

Esto es insostenible.

Lo de los combustibles fósiles, digo—eso es obvio. Los quemaremos, y antes de lo que pensamos, por el crecimiento continuo de nuestra economía. Ver a este respecto el vídeo sobre Aritmética, población y energía, de Alfred A. Bartlett, que transcribo aquí. La duda está en si la humanidad es sostenible. Ese es el interrogante que cierra los últimos capítulos del libro de Spier (como otros—se me ocurre Solar, de Ian McEwan, a este respecto). Que nuestra economía no es sostenible, ni nuestra sociedad, en su estado actual, ofrece pocas dudas.
No está en equilibrio, a pesar de algunas engañosas apariencias, sino en desequilibrio inestable, en avance perpetuo con correcciones improvisadas sobre la marcha. No es un avance controlado, ni dirigido, aunque haya elementos de control y dirección: las medidas económicas y financieras de la Unión Europea, por ejemplo, las que se toman este año para paliar la crisis de deuda, tienen efectos calculados, y otros incalculados–hay que seguir avanzando, y evitando el colapso y el caos. Como buenamente se pueda.

Pero volviendo a Spier. Habla de la informatización como la tercera oleada de la globalización, último paso en el establecimiento de redes de comercio, producción, intercambio, dependencia e información a nivel global:

"La actual revolución en curso de la tecnología informática ha venido a reforzar notablemente todas estas transformaciones Los últimos sesenta años han asistido al surgimiento de una nueva capacidad: la de manipular un volumen de datos electrónicos que no conoce precedentes" (381).


Por una errata dice que esto comenzó en el siglo XVIII—claro, se refiere al XIX, cuando con la red telegráfica se estableció la versión decimonónica de Internet. Y (qué poco se sospechaba en el siglo XX) al tender los cables eléctricos se estaba tendiendo también la futura red de Internet.  Información es energía, a su manera, pues la información permite reorganizar los procesos y rentabilizar el trabajo de modo mucho más eficiente. Así, con una producción bruta relativamente menor, la producción de la era electrónica genera una rentabilidad económica mucho mayor, y así, "En los países pioneros en la iniciación del proceso de la industrialización, el surgimiento de la moderna tecnología informática ha dado lugar a la aparición de un gran número de industrias de servicios. Hasta el momento presente, esta nueva oportunidad de arrancar en cabeza de la comunidad internacional ha permitido que estos países sigan siendo competitivos y que conserven un nivel de vida relativamente elevado" (383)—aunque ahora la formación y producción informáticas ya se extienden por países anteriormente subdesarrollados.

La globalización ha acelerado los procesos de disolución de las comunidades y creencias tradicionales, sus economías, sus costumbres y sus modos de vida, dando lugar a "nuevos sentimientos de inseguridad, tanto entre los ricos como entre los pobres. Y a su vez, la expresión de estas percepciones adquiere muy a menudo la forma de un nuevo fervor religioso." (385-86). La globalización también fomenta la imagen de un mundo no sólo interconectado y mutuamente dependiente, sino también frágil y aislado frente al cosmos. Spier retorna en diversos puntos del libro a una imagen que le impactó, la de la Tierra vista desde el espacio, imagen que "habría de estimular muy notablemente la idea de que la Tierra es en realidad un frágil 'vehículo espacial'" (386). La consciencia ecologista, en sentido amplio, se ve reforzada por estas transformaciones globalizadoras y estas nuevas percepciones de nuestro planeta como un conjunto. 

Y ahí sitúa Spier, de modo reflexivo a modo de self-begetting narrative de las descritas por Steven Kellman, el origen de su propio interés por la Gran Historia, por enmarcar de modo más insistente la historia "histórica" en la historia de la evolución cultural de la Humanidad, incluyendo historia y prehistoria, y éstas en el marco de la evolución de la vida y de la formación de nuestro planeta y del cosmos:

"Estas instantáneas iban a proporcionar un fuerte impulso tanto al naciente movimiento de defensa del medio ambiente como a los enfoques científicos de carácter holístico que por entonces comenzaron a surgir, como la cosmología asociada con la Gran Explosión, la tectónica de placas o la hipótesis de Gaia de James Lovelock—todos los cuales terminarían haciendo posible la presente síntesis de la Gran Historia" (386-87).

Cierto, en parte—Y sin embargo hay que recordar que hay precursores de estos enfoques holísticos que han sido injustamente postergados durante los últimos cien años, cuando podrían haber servido de inspiración para este tipo de aproximación. Spier piensa en Alexander von Humboldt, y yo pienso más concretamente en Herbert Spencer. En Spencer encontramos un esfuerzo por explicar en términos de dinámica energética y de su eficiencia los distintos procesos evolutivos a nivel cósmico primero, geológico después (con la formación de distintos entornos diferenciados en la corteza terrestre), biológico, con una definición de la vida como un proceso energético de especial complejidad e intensidad. Y luego también aplica su principio básico a la cultura, el pensamiento, etc.  Simplista, han dicho muchos—pero también un esfuerzo intelectual titánico, y una perspectiva, la de Spencer, que nos lleva como la cosmología actual, desde una Fuerza indiferenciada en el origen del cosmos, a la generación de complejidad local diferenciada, y luego a la decadencia entrópica de dicha complejidad, y a la destrucción de los entornos locales complejos. Es la historia del universo, en la medida en que la podemos apreciar desde aquí.  Yo, desde luego, no puedo sino recomendar la lectura de First Principles, una obra que en su línea decimonónica podríamos llamar un intento de una "Fenomenología de la Energía", y de sus efectos complejos, incluido el Espíritu.

Los humanos hemos sido grandes acaparadores y gastadores de energía. Calcula Spier que nuestra especie ha multiplicado por treinta millones la cantidad de energía controlada y gastada, desde su origen en una población de unos pocos miles de individuos. Hemos desarrollado también no sólo cantidad, sino calidad—maneras increíblemente diversas, todas únicas, de extraer, almacenar o gastar energía. Este crecimiento tiene un lado triunfante, y un lado alarmante—de ahí la consciencia ecológica de los estudiosos de la Gran Historia. ¿Es sostenible? Ya hemos visto que no en el sentido de estable. La mayor integración informativa y productiva mundial podría resultar especialmente vulnerable a ciertos tipos de catástrofe global—aunque ayude a paliar otras carencias y problemas. Un exceso de organización podría desmoronarse al contagiarse la desorganización rápidamente por las redes globales de interdependencia y de comunicaciones.

"Sin embargo, todavía más serio es el hecho de que todas las sociedades industriales dependan hoy tan notablemente de las menguantes reservas de recursos naturales, y fundamentalmente de los combustibles fósiles. Hasta la fecha, la utilización de combustibles fósiles a gran escala ha posibilitado la consecución de unos niveles de complejidad cultural global inimaginables a costa del declive de las viejas formas de complejidad local y regional." (393-94)

Un nivel de producción sin precedentes, en las sociedades modernas, que es—insostenible. Si toda la Humanidad se volviese Occidente, estaríamos perdidos. Y ese camino llevan, pero no llegará a tanto la cosa. El despilfarro de combustibles fósiles llega a su límite natural, y empiezan los años de penurias graduales, donde habrá que rentabilizar la energía y cuidar más el medio ambiente. La entropía generada por la producción amenaza con ahogarnos una vez alcanzado un nivel máximo de desarrollo.

"Por consiguiente, uno se pregunta si los seres humanos serán o no capaces de inventar un sistema de reciclado de basuras eficiente, y cuáles podrían ser, en caso negativo, las consecuencias. O por expresarlo en términos de la teoría de Gaia que formulara James Lovelock, surge la interrogante de si Gaia procederá o no a eliminar de forma no aleatoria a la especie humana debido a que puede estar socavando las circunstancias Goldilocks [las circunstancias que permiten determinado tipo de complejidad] que su propia continuidad requiere. (395)

Lo de Gaia interprétenlo como una manera de hablar. No necesitamos a Gaia tomando decisiones, cuando están ahí las consecuencias de nuestras propias acciones,

    "we but teach
Bloody instructions, which, being taught, return
To plague the inventor"
—decía Macbeth.  Yo no peco de optimista: Spier sí, pues arguye que

"Podría darse perfectamente el caso de que, a largo plazo, la principal característica de la historia humana fuera la de constituir un proceso marcado por la consecución de una eficiencia cada vez mayor." (397)

No lo refutaré, pues ha sido el caso hasta ahora—pero ha tenido un precio, el socavamiento de las propias condiciones de la existencia a que antes se refería Spier. La eficacia tiene un límite. Y en cualquier caso, aun si respetásemos nuestro entorno ecológico y alcanzásemos un equilibrio con él (cosa que la humanidad jamás ha hecho), hay que tener en cuenta que nuestro entorno no depende únicamente de nosotros, sino de fuerzas naturales muy superiores, que no lo han alterado radicalmente en los últimos milenios, pero que bien pueden hacerlo—y de modo súbito, para nosotros.

La humanidad tiene un límite, y sería optimista ver ese límite en el límite de la energía del universo. Ese límite para el universo existe, desde luego, para la cosmología moderna:


"Según parece, únicamente el universo joven en el que ahora vivimos dispone de suficiente abasto de materia y de energía, y sólo ese abundante suministro alcanza a producir—en combinación con los equilibrios que tienden a generar las fuerzas de la naturaleza—unas circunstancias Goldilocks capaces de conducir inevitablemente al surgimiento de estos tipos de gran complejidad" (406)

—como el autor, por ejemplo. Pero es optimista, decimos el horizonte del Universo. Porque estamos atados no al Universo, sino a nuestro planeta, mal que nos pese, y a pesar de alguna sonda espacial y de muchas películas de ciencia ficción. Se pregunta así pues Spier, al cerrar su libro, por las perspectivas de futuro para la vida y la humanidad en el planeta Tierra.


"A estas alturas nadie se sorprenderá si digo que el destino de la humanidad parece estar íntimamente vinculado con la disponibilidad de materia y energía. No se trata de nada nuevo. Son muchos los autores que resaltaron ya este planteamiento a lo largo de la década de 1970. Y sin embargo, en años posteriores, sus duros mensajes se convertirían primero en materia disputada y caerían después poco menos que en el olvido" (408).

Aún recuerdo cómo hace casi cuarenta años nos hablaban de estas cosas en la escuela de Biescas: de la contaminación, del agotamiento futuro del carbón y del petróleo. El año dos mil aparecía remoto y envuelto en crisis y colapso. Hoy, en la década de 2010, el futuro vuelve a aparecer envuelto en crisis y colapso. Al menos en un duro aterrizaje en el reality principle, conforme toca a su fin la era de los combustibles fósiles. En 1971 Marion King Hubbert denunciaba la imposibilidad de un crecimiento exponencial continuado. En fin, Malthus ya lo había hecho casi doscientos años antes, y se le creyó desautorizado. Y ahora Alfred Bartlett también habla de Hubbert en su conferencia sobre "Aritmética, población y energía". Cuando nos acordamos de él, por algo será: el futuro va filtrando a los profetas. Cita Spier a Hubbert:


"A las personas que vivimos en la época actual y que nos hemos acostumbrado a un constante crecimiento exponencial del consumo de recursos energéticos derivados de los combustibles fósiles nos resulta difícil comprender cabalmente que la era de los combustibles fósiles revela tener en último término un carácter notablemente transitorio tan pronto examinamos un período más amplio de la historia humana. La mejor manera de apreciar la situación es contemplar las cosas en un arco temporal de unos diez mil años, cinco mil a un lado del presente y otros cinco mil al otro. Desde esta perspectiva se constata que el ciclo completo de la explotación de los combustibles fósiles presentes en el planeta se extende quizá por espacio de unos mil trescientos años, con la particularidad de que el principal segmento del ciclo (definido como el periodo en el que se extrae y se quema la totalidad del combustible fósil, salvo la primera y la última franjas, de un 10 por 100 cada una) apenas abarca más de tres siglos." (Hubbert, en Spier 410-11).

Hay quien confía ingenuamente en el ingenio humano para mantener indefinidamente este régimen de consumo. Ingenuity... Ya. Habrá que tener en cuenta lo que dice Howard Thomas Odum, citado por Spier:

"El saber y el ingenio son los medios con los que se consigue que el suministro de energía resulte operativo—suponiendo que se disponga de él—, sin olvidar que el desarrollo y la conservación del conocimiento también dependen de la disponibilidad energética" (410, énfasis mío).

La investigación sobre energías sostenibles, por tanto, no tiene lugar en el vacío—también cabalga a lomos de un tigre, en una carrera contra el tiempo. Una manera de contar esa carrera puede verse en la novela de Ian McEwan, Solar, sobre un decadente científico occidental que investiga sobre cómo hacer la energía solar aprovechable y rentable. Una carrera contra el tiempo, y contra sí misma, en la que está atrapada la sociedad postindustrial. La humanidad sobrevivirá, de alguna manera. Nuestra sociedad actual, hiperproductiva y despilfarradora, es más que probable que no. Tendrá que transformarse radicalmente, a sea-change, y no se reconocerá a sí misma, posiblemente, en la nueva Edad Media sin final determinable que seguirá a la Era de los Combustibles Fósiles. Spier lo pone de manera más interrogativa, como correponde a los interrogantes abiertos:


"En otras palabras, la incógnita a la que nos enfrentábamos [en los 70, pero también ahora] pasaba por averiguar si nos resultaría posible o no disponer de la suficiente materia y energía como para producir la complejidad que deseábamos—y obviamente sin asfixiarnos con la entropía resultante—. (410)


Los modelos informáticos desarrollados por el equipo de Dennis Meadows en el MIT, para calcular la interacción futura de desarrollo, crecimiento, producción y consumo, resultaron terriblemente pesimistas: "en todos los casos observaron que la estructura sistémica se venía abajo. Al final trataron de hallar otras formas de estabilizar el sistema mundial, pero no obtuvieron sino una mayoría de resultados negativos. Sus descubrimientos desembocarían en una serie de turbadoras conclusiones y recomendaciones que deberían ayudarnos a luchar por un mundo más sostenible" (412). Contribuirían las primeras previsiones al informe del Club de Roma de 1972, sobre Los Límites del Crecimiento, que fue un hito en la conciencia sobre estas cuestiones.

Ignoro si Meadows et al. incluyeron en su modelo, me temo que no, las hipotecas subprime y la crisis de la deuda soberana. Datos que no harían nada, supongo, por mejorar sus perspectivas. El futuro siempre tiene la capacidad de sorprendernos, a veces incluso de modo agradable; a la larga, siempre de modo inesperadamente desagradable. 




El concepto de "desarrollo sostenible" (que Bartlett considera una contradicción en términos) fue en cierto modo un avance, y se introdujo en un informe de la ONU de 1987, Nuestro futuro común. Desarrollo sostenible, definen, "es aquel que alcance a satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones". (412). Bonito concepto, pero, releyéndolo, hay que decir que el desarrollo sostenible es algo que ni ha existido ni existirá. El desarrollo siempre ha sido insostenible a largo plazo, siempre consumiéndose a sí mismo como un combustible fósil; siempre ha comprometido al futuro y lo ha privado de opciones, y las opciones serán cada vez menores, a pesar del creciente desarrollo de la complejidad cultural e industrial.

No acabo de terminar con el libro de Spier sobre El lugar del hombre en el cosmos. Otro día vuelvo, si tengo world enough, and time.


 
 
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domingo, 11 de septiembre de 2011

La complejidad sale cara


Leyendo El lugar del hombre en el cosmos, de Fred Spier (2010), uno de los conceptos que más utiliza es el de las "condiciones Goldilocks" necesarias para que surjan determinados tipos de fenómeno en el cosmos. Esto se refiere a la historia de Ricitos de Oro, que encontraba la mesa, o el plato, de uno de los tres osos demasiado grande, el de otro, demasiado pequeño, y del oso u osa mediano, justo como hacía falta. Bien, pues en el universo, de igual modo, los fenómenos surgen en condiciones adecuadas, en un gradiente medio de circunstancias adecuadas, o en una "ventana" podríamos decir de conjunción de otros fenómenos, que permite o causa que surja un determinado tipo de combinación de materia y fuerzas antes imposible, y con ello tipos de formas complejas que hasta entonces no se habían dado. Nosotros somos una de esas formas complejas, posibles sólo en una muy específica conjunción de circunstancias (antes inexistentes, y después irrepetibles).

Así por ejemplo, el "sosiego cósmico" relativo en nuestra galaxia, sin colisiones con otras, ha favorecido que se hayan dado las condiciones de estabilidad que permitieron el surgimiento de la vida. O unas circunstancias muy especiales en el seno de las estrellas permitieron surgir los elementos químicos estables y complejos. Etc. Y así, circunstancias nunca dadas antes, llevan por la escala de la complejidad, hasta aquí. Es el otro lado del principio antrópico, la "casualidad" que hace que, mirando hacia atrás, parezca que las circunstancias del universo se han creado especialmente para nosotros.

También es interesante la correlación entre información y complejidad: en todo hay información, pero parte importante del desarrollo de formas complejas susperiores conlleva el surgimiento de sistemas de retroalimentación de la información. Así, las estrellas son formas complejas, a su propio nivel, pero "en las estrellas no se acumula ninguna información que pudiera ayudarlas a adaptarse a las circunstancias. En contraste con lo que es propio de la vida, las estrellas y las galaxias son entidades complejas pero no adaptativas"  (134)— (Esto me hacía pensar en las estrellas conscientes de Star Maker, de Olaf Stapledon, un concepto que si bien fascinante resultaba allí científicamente repulsivo, parte del extraño espiritualismo que se juntaba con el evolucionismo en Stapledon...).

En los niveles de alta complejidad, podemos pasar a definir la complejidad como la capacidad de gestión, integración, uso y retroalimentación de la información sobre el propio sistema y su entorno. Primero, la información codificada a nivel molecular y genético para la propia reproducción del organismo. Y, a un nivel más elevado de complejidad, la información sobre el entorno, con la creación de imágenes virtuales de la realidad y de su estructura informacional—para adaptar el comportamiento y planificar la acción futura. La consciencia, y la reflexión consciente sobre las propias circunstancias, y la planificación racional de la propia evolución, serían entonces la cima de la complejidad, y en ella se encuentra el ser humano. Hay, por tanto, una Gran Cadena del Ser de la complejidad y la consciencia que es formulable en términos físicos y matemáticos. Y la generación de imágenes complejas del tiempo y del entorno (mapas temporales y mapas de la realidad) es una parte crucial de esta complejidad.

Otra cosa de las que llaman la atención en el libro de Spier es que establece una relación entre la complejidad y la potencia energética de los sistemas. No sé si de manera muy fiable en cuanto a los datos, o en cuanto a la correlación tan directa (pues sospecho que distintas estructuraciones utilizan o maximizan la energía de manera distinta) aunque la idea es interesante.


"Hasta las formas de vida de mayores dimensiones resultan diminutas si las comparamos con las galaxias, las estrellas o los planetas. Sin embargo, como ya vimos en el capítulo 2, la vida genera unas densidades energéticas mucho mayores que las de los objetos inanimados. Si la densidad energética de nuestro sol no supera actualmente los 2 x 10-4 vatios/kg, las plantas modernas, por ejemplo, rondan los 0,9 vatios/kg, y los animales alcanzan cifras aún mayores, de unos 2 vatios/kg aproximadamente. Está claro que, a diferencia de las estrellas, la vida es capaz de generar unas densidades energéticas considerablemente muy elevadas, manteniendo al mismo tiempo unas circunstancias Goldilocks muy moderadas" (168)

Los humanos, por cierto, están en un punto medio de la tasa metabólica óptima para los animales.


Uno de los corolarios de esta correlación entre energía y complejidad, es que la complejidad sale cara, energéticamente hablando. Los sistemas complejos, entendiendo por ellos los que más información gestionan sobre sí y su entorno, consumen más energía—para empezar, consumen a los sistemas inmediatamente menos complejos para maximizar su aporte energético. Esto podríamos relacionarlo con el hecho de que los humanos se convirtieran en una excepción entre los grandes mamíferos: depredadores sociales y carnívoros. O, también, lo podríamos relacionar con la explosión de productividad y creatividad de los dos últimos siglos, sobre los hombros de las máquinas, quemando carbón primero y petróleo después, hasta hoy. Quemando mucho para levantar una cultura compleja, que a saber si se derrumbará antes de que consigamos desarrollar una fuente alternativa de energía. Porque la complejidad es costosa, cara de mantener. Y no es ecológicamente responsable—a no ser que la necesidad y la consciencia nos lleven a trazar un plan de supervivencia propia.

Una vez más me llama la atención cómo muchos de los conceptos usados por Spier fueron desarrollados por Herbert Spencer hace ciento cincuenta años—sin que al parecer se le reconozca mucho. Así, dice Spier, "La complejidad que muestran tanto las estrellas como los planetas en el transcurso de toda su existencia es bastante baja si la comparamos con la que manifiesta la vida, y además la forma básica que pueden adoptar esos cuerpos celestes resulta notablemente predecible" (152). Spencer define la vida como una forma especialmente densa de empaquetamiento de la energía para su uso, o una integración compleja de la materia. También es central en la teoría de la formación de la tierra y la vida de Spencer algo que describe Spier así (p. 166):


"La mejor forma de describir la evolución que experimentaron a largo plazo las condiciones existentes en la superficie de la Tierra consiste posiblemente en decir que a un comienzo de índole más bien uniforme le siguió un abanico de circunstancias cada vez más diferenciado, lo cual terminaría dando lugar al surgimiento de un gran número de regiones, todas ellas provistas de características particulares" (166).

Spencer suena no muy distinto:


"Omitiendo explicaciones detalladas, y teniendo en cuenta matizaciones que ahora no podemos especificar, está suficientemente claro que las mutaciones geológicas han tendido constantemente a complicar las formas de vida, ya se consideren por separado o colectivamente. Esa multiplicación de efectos que ha sido una causa parcial de la transformación de la corteza terrestre de lo simple a lo complejo, ha llevado simultáneamente a una transformación paralela de la vida en su superficie. (First Principles, 404).

De las regiones diferenciadas a los nichos ecológicos (y a su construcción activa por parte de los seres vivos) sólo hay un paso, o un camino quizá, siguiendo el mismo razonamiento. La construcción de nichos ecológicos es una manera en que los propios seres vivos, en lugar de meramente adaptarse al entorno, adaptan el entorno, retroalimentativamente, a sus propias necesidades, contribuyendo activamente al mantenimiento de las "circunstancias Goldilocks", como diría Spier, necesarias para su supervivencia.
La propia complejidad se cultiva a sí misma—es en parte la hipótesis Gaia sobre la relativa estabilidad de la vida en la Tierra, y eliminación de las formas que no cooperan con esa estabilidad. Muchas formas de vida avanzadas desarrollan regímenes de almacenamiento de energía (nichos ecológicos) para mantener una complejidad constante en circunstancias cambiantes e irregulares.

Pero quedémonos con esta reflexión sobre el entorno necesario para mantener los Ricitos de Oro de nuestra complejidad:


"La gran complejidad conlleva asimismo un riesgo de decadencia superior. Esto significa que muchas de las formas de vida dotadas de una mayor complejidad podrían verse abocadas a una vida muy efímera, lo cual se aplicaría tanto a los individuos como a las especies. Además, la evolución biológica y la historia humana han causado cambios muy acusados en el entorno natural". (185).

Malas perspectivas. Hemos conseguido explotar fuentes de energía concentrada de que han mantenido y potenciado nuestra complejidad: la carne de otros animales, la producción agrícola y ganadera organizada, la maquinaria industrial movida por combustibles fósiles, y la gestión eficaz de la información. Pero "ese tipo de situaciones no suele prolongarse demasiado" (190). Ahora bien, también señala Spier que no es habitual que la complejidad vaya a menos: que una vez surgida no suele haber regresión (211). Aquí percibo yo una contradicción que quizá de momento esté sin resolver, en este lugar del cosmos.


 
 
 
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