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viernes, 1 de enero de 2021

Los buenos alumnos

Camuflados, los hay. Están sometidos, sin embargo, al control de sus pares (o de sus impares, más bien). La vigilancia mutua e implacable del alumnado es lo que más hace por impedir que suban el nivel y la participación en clase.

 

 

 

 

 

jueves, 14 de febrero de 2019

Retropost (14 de febrero de 2009): La clase


La clase (Entre les Murs)


 

Me atrajo a esta película una reseña de RedAragón que decía así:

El cine lleva años tratando el tema de los conflictos escolares, ya sea en institutos de extrarradio con alumnos problemáticos, en colegios de élite, en las universidades o en la enseñanza primaria. Se han rodado películas para todos los gustos pero muy pocas han sabido captar tan bien lo que pasa en las aulas como La clase. El secreto de este impecable acercamiento a la realidad está en el material de partida. La novela de François Bégaudeau repasa un año escolar sin una estructura narrativa clara, simplemente acumulando incidentes e incidencias. Y es el propio autor quien interpreta al profesor del filme, reviviendo para el cine sus experiencias.


Sí que hay una estructura narrativa, por supuesto (aunque no sea "clara" en el sentido Hollywood del término). Un año escolar proporciona una estructura con comienzo, mitad y final: presenta también a un profesor de un instituto de barrio de inmigrantes teniendo una crisis con sus alumnos, crisis que termina en consejo disciplinario y con la expulsión del alumno más conflictivo (que ya iba de centro en centro).  Este alumno es un africano llamado Souleymane, un hombretón sin ningún interés por lo que le enseñan, y que obviamente debería estar en un sitio que le interesase más. 

La película contempla el fracaso del sistema, y reparte bastante ecuánimemente las culpas, o más bien no reparte culpas sino que constata cómo funcionan las cosas. El profesor, François, que enseña lengua y literatura, tiene buena voluntad pero quizá una dinámica inadecuada de trato con los alumnos, y surgen tensiones. Al final hay una escena violenta; Souleymane es expulsado, y la tragedia propuesta en la película es que su padre lo mandará a Mali si es expulsado—y aun con todo, el consejo toma esa decisión. Otra alumna negra le confía a François, como remate del año escolar, que no ha aprendido nada (pero nada) pero que tampoco quiere ir a formación profesional. Cosa que la película sugiere es comprensible—y que a mí no me parece tan clara. Hay quien si no le va la gramática o las mates está mejor en formación profesional. Y si al muchacho lo mandan a Mali, eso es una decisión familiar—que ellos conocen Mali, y su situación familiar, y hasta a su hijo, es de suponer, mejor que los docentes.

La película trata pues sobre todo del lado triste de la educación reglada, como un proceso más bien mecánico, carcelario y alienante (un poco en la línea de Mal de escuela). Dando una de cal y otra de arena, la película y el sistema educativo muestran la cara y la cruz de intentar aprender cosas que ofenden a la vida, como la gramática o la literatura canónicas. Esto crea conflictos entre el hipotético interés formativo de estas materias, y el desinterés obvio e inmediato de los estudiantes, como es conocido. Pero aquí parece como si a los docentes les fuese a pillar todo de nuevas: ni hay programas de integración ni discusión de necesidades especiales: el plantel de profesorado es poco atractivo (en eso está muy realista la cosa) y parecen fuera de contacto con el mundo de los alumnos: doblemente, pues aparte del abismo de la edad, son prácticamente todos franceses blancos, y no inmigrantes (porque ir a París es para los que tienen puntos). Hace poco ha defendido, sobre la escuela ante la sociedad multicultural, una tesis doctoral José Luis Díaz Moreta en la UNED, examinando esta nueva situación en las aulas en España. Menos nueva en Francia, pero nadie lo diría viendo la película, que seguramente carga las tintas sobre la irrelevancia del sistema educativo y la desorientación de los profesores ante el multiculturalismo.

Es cierto que la película logra captar un aire de lo cotidiano imprevisible, evitando hábilmente el ritmo habitual de secuencias, escenas y transiciones. En parte se debe al elemento de improvisación en la filmación, cogiendo material de seminarios semiimprovisados que aprovechaban la auténtica experiencia de Bégaudeau como profesor llevando una clase. Aquí hay una entrevista muy interesante con el director y el autor/protagonista sobre la filmación, usando una cámara siempre sobre Bégaudeau, otra sobre el centro de atención de la clase, y otra captando acontecimientos y gestos colaterales. Por supuesto esto hay que montarlo luego, y muy bien hecho que está; en esta película se fusionan con una transición indiscernible lo auténtico y lo prediseñado, la espontaneidad y la actuación. Como sucede en cierto modo en una clase, vamos, que también tiene lo suyo de improvisación sobre el guión del programa.

Entre las reseñas casi unánimemente rendidas a la película, aquí hay una más crítica de Jacques Merle en Politique autrement. Que es consciente de que la película tiene mucho de panfleto antipedagógico, que participa de muchos de los males que denuncia, con educación light que subestima a los alumnos, y que falsea la situación en la misma medida en que la documenta. La película misma denuncia la falsa mayéutica del profesor cuando una de las alumnas dice que ha leído la República, algo impensable en uno de estos estudiantes según los parámetros del profesor de lengua y literatura. El profesor es un Sócrates insuficiente: si bien hace lo que puede, a veces es él mismo el problema en lugar de la solución, y las preguntas socráticas de los estudiantes le deberían aportar a él tanto como las de él a ellos. Ellos sí que aprenden mucho unos de otros—y hasta del profesor, no lo descartemos. Pero él está menos dispuesto a escucharles, le falta consciencia de lo delicado de la diversidad, y los subestima bajo una apariencia de diálogo—como bien captan los estudiantes— y se encastilla a veces abiertamente, a veces subrepticiamente, en su papel privilegiado. Eso la película lo deja claro. También sugiere que parte del conflicto con los estudiantes puede deberse a represiones y tensiones de naturaleza homosexual. El profesor, al parecer, es homosexual, aunque lo niega cuando le preguntan sus alumnos— y tengamos en cuenta que estamos tratando aquí con mucho estudiante musulmán procedentes de culturas muy machistas y homófobas.  Quizá no sea casual que el conflicto estalle entre el profesor dentro de su armario y el alumno que se atreve a preguntarle sobre su orientación sexual—pero si hay aquí mala conciencia o resentimiento, es algo que la película trata tan solapadamente como el profesor. Como digo, hay circuitos inesperados en esta película entre la ficción y la realidad, y se prestan mucho a interpretaciones diversas.

En suma, una película sobre la educación atípica, polémica, a la vez realista e irritante, crítica e insuficiente, documental y tendenciosa; excelentemente realizada y con personajes y e interpretaciones complejos y bien llevados, partiendo de un planteamiento básico que sugiere interesantes cuestiones sobre la utilidad o no de la educación reglada, y sobre los límites de la realidad y la ficción. Siempre hay un drama de poder entre líneas, aparte de la cuestión que se esté tratando de modo explícito, en el aula o en el cine.


Entre les murs. Dir. Laurent Cantet, based on the novel by François Bégaudeau. Cast: François Bégaudeau, Nassim Amrabt, Laura Baquela, Cherif Bounaïdja. (Palme d'Or at Cannes 2008). English title: The Class. Spanish title: La clase.





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miércoles, 22 de noviembre de 2017

Retropost #1874 (22 de noviembre de 2007): That Dangerous Supplement

That dangerous supplement

Publicado en Filología Inglesa. com. José Ángel García Landa

Hay un error (o defecto) en el Suplemento Europeo al Título que se expide a los estudiantes de Filología Inglesa.

Los primeros estudiantes de Filología Inglesa de la Universidad de Zaragoza que han solicitado la expedición del suplemento europeo al título se han encontrado con una sorpresa. En la descripción de los estudios realizados, consta en dicho suplemento que las distintas asignaturas de la carrera se han cursado en español. (O castellano, no sé). NO en inglés. Ahora bien, aunque el título tiene un nombre español (Licenciado en Filología Inglesa), y los descriptores oficiales están en español, la práctica totalidad de las clases se imparten en inglés.

Otra cuestión es que quizá haya algún profesor que imparta docencia en español. Entiendo que, puestos a generalizar, es más exacto decir que la titulación se imparte en inglés que decir que se imparte en español. Pero, administrativamente hablando, es dudoso la Universidad tenga constancia oficial de que las clases en este departamento se imparten en inglés.

Es de esperar que se trate de un pequeño problema administrativo solventable rápidamente y sin complicaciones. Donde pone "español", póngase "inglés", Sr@s de la secretaría. Porque como hayamos topado con una incongruencia administrativa mayor—por ejemplo, que se esté presuponiendo que todas las titulaciones universitarias se imparten en español a menos que haya grupos desdoblados en inglés para ello... los problemas pueden ser mayúsculos.

Los profesores de inglés somos los únicos que por definición no podemos al parecer beneficiarnos de estos planes de desdoble de docencia al inglés, y duplicación consiguiente de materias, que se están implantando en algunos centros. Tendría gracia que, además, no constase como docencia en inglés la que se viene impartiendo en el departamento desde hace años. Y la solución vendría impuesta con lógica inflexible: habría que dar las clases de inglés en español.

Que se corrija el dichoso suplemento, y no se hable más.

(Nota enviada hoy al Rincón de Opinión de la Universidad. También he enviado mi opinión sobre el nuevo Centro de Lenguas Modernas. Observo que últimamente no desaparecen mis mensajes enviados al Rincón de Opinión... que siga así, esperemos).

PS: Sigue aquí la normativa universitaria que nos excluye, contradictoria de todo punto con el hecho de que no se reconozca en el Suplemento Europeo al Título el que nuestra docencia se imparte en inglés. Cara, gano; cruz, pierdes:

Acuerdo de 13 de noviembre de 2007, del Consejo de Gobierno de la Universidad de Zaragoza, por el que se establece un reconocimiento a los centros por impartición de asignaturas en lengua inglesa.

De conformidad con lo dispuesto en el artículo 9.1, párrafo 2º, del acuerdo del Consejo de Gobierno de 21 de febrero de 2006, por el que se establece el régimen de dedicación docente y retribuciones de los cargos académicos y de gestión de los departamentos, centros e institutos universitarios de investigación, el Consejo de Gobierno de la Universidad de Zaragoza acuerda, para el curso 2008/09, la asignación a los Centros de una descarga docente global por implantación de asignaturas impartidas en lengua inglesa, a excepción de aquéllas de o sobre lengua y literatura inglesas. Este reconocimiento tiene como objetivo incentivar y apoyar la implantación de asignaturas en inglés, durante una fase inicial de dos cursos, que se corresponde con su preparación y puesta en marcha. La descarga, expresada en horas de docencia, se calculará mediante la suma de los créditos que supongan estas asignaturas, multiplicada por 5, y reducida al múltiplo de 10 más próximo.





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lunes, 15 de mayo de 2017

Retropost #1610 (15 de mayo de 2007): Los preciados apuntes


Últimamente me he apuntado a recibir Ibercampus, una revista web sobre la universidad ibera—supongo que por mantener más bajo el porcentaje de correo basura. Hoy leía esta noticiapreciación: "La red pondrá en apuros a los profesores que impartan material desfasado". Entre otras: "Muchas universidades españolas ya piden a los profesores que cuelguen los apuntes en Internet, para que los alumnos tengan acceso al material libremente. Algo que, según algunos expertos, pondrá en evidencia a aquellos contenidos pobres o desfasados y, por ende, a sus autores."

Vaya, yo creía que los alumnos tenían acceso libre a bibliotecas, libros, la red, el OpenCourseWare... pero resulta que faltaba el meollo meollorum, la madre de la madre del cordero: los apuntes que contienen la única vía hacia el conocimiento de la Materia... Porque, por supuesto, nadie se molesta en consultar la bibliografía recomendada, habiendo apuntes.

Aparte, esta nueva Directiva hacia la Calidad se contradice con otra: se supone que los alumnos ya no van a oír clases magistrales, que van a ser desterradas a Tomi, ni van a tener que hacer exámenes. ¿Para qué quieren apuntes, pues? En clase realizarán (en grupo) unos ejercicios prácticos que supondrán trabajo realizado y—por supuesto—aprobado. ¿Para qué van a querer apuntes teóricos sobre unas disciplinas que son esencialmente prácticas? Igual he entendido mal, y lo que hay que poner en red son los ejercicios a realizar en clase. Y las soluciones, claro. O igual ya no hay que ir a clase para nada mejor; apaga y vámonos, bastantes estudiantes ya lo hacen.

Otra cosa es que no sé si en el contrato con la Universidad entra (igual ahora lo añaden en la letra pequeña) la obligación de publish or perish en este sentido. ¿Será la Universidad la dueña de tus lecciones, con copyright además? Supongo que en buena ley se entiende que el saber emana de la Universidad, siendo tú sólo su portavoz, o quizás más bien un mero empleadillo prescindible, y obstáculo a su labor docente.

Podría quizá hacer como el Van Veen de Nabokov, y después de colgar mis apuntes en versión podcast, descargarlos simultáneamente en clase mientras muevo los labios, asegurando así la calidad docente del material impartido.

Yo lo malo es que muchas veces no sé lo que voy a decir en clase hasta que lo digo. Claro que tengo un programa, y hasta a veces apuntes—de esos viejos y amarillos, algunos incluso en Internet, con fondo amarillo—pero normalmente lo que digo no se parece mucho a los apuntes. Al menos no la parte interesante de lo que digo. A veces también participan los alumnos—no todo lo que yo querría. Igual les debería pedir a ellos que me digan también lo que van a decir, para colgarlo en la red. O, en lugar de ir a clase, hacemos un blog todos juntos, y así ya lo tienen hecho los del año que viene, y no tienen que consultarlo. Porque, por supuesto, ni tomar apuntes ni repetir lo ya hecho por otros parecen actividades formativas, y de todos modos todo está en ya la red. O en las bibliotecas. ¿Comentarios?





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miércoles, 23 de noviembre de 2016

Retropost #1229 (23 de noviembre de 2006): The Questioner Who Sits So Sly



The Questioner who sits so sly

Publicado en Universidad. com. José Ángel García Landa

O, sobre las mutuas evaluaciones de profesores y estudiantes en la Universidad....

Bueno, la semana pasada me llegaron las últimas evaluaciones del viejo sistema, basadas en las encuestas que realizaron los alumnos del curso anterior. Las despido sin gran dolor de corazón, porque siempre me han parecido mal diseñadas. De entre las cuestiones que tenían que valorar los alumnos del uno al cinco, a veces el cinco era "positivo" (muy bien) y en otras preguntas era "negativo" (muy mal), lo cual desorientaba bastante, y hacía imposible hacer una valoración global. En esas encuestas, mis resultados se han movido siempre en la mediocridad; obtenía buenas puntuaciones en cuestiones periféricas como si soy puntual, si atiendo bien en las tutorías, etc., pero en la cuestión más crucial, la eficacia y claridad de mis explicaciones…. flojo. Siempre allí la nota más baja.

Y lo mismo ha pasado con las encuestas del nuevo sistema que estrenamos este año, el sistema online, completamente automatizado para el año en curso (lo cual es de agradecer). Como digo, sigo sacando resultados mediocres en cuanto a claridad y eficacia en la transmisión de las ideas. Sí se me puntúa bien en otras cosas: por ejemplo, mi única nota unánime máxima es que soy "educado y respetuoso con los alumnos"; también tengo excelente dominio de la materia, explico bien los objetivos y criterios de la asignatura, soy bastante receptivo y dialogante (sin éxito, como se verá), soy puntual y cumplidor con las clases…

A ver, resumiendo la estructura de la nueva encuesta, está dividida en tres partes: sobre la labor del profesor, sobre la propia labor del estudiante, y un apartado de opiniones o sugerencias. Esta última parte es para redactar; en las dos primeras partes se marca de uno a cinco una serie de 25 preguntas, agrupadas en estos bloques temáticos:

a) Sobre la información facilitada por este profesor al comenzar el curso: 4'39 me ponen de promedio.
b) Sobre el cumplimiento de obligaciones del profesor: 4'85.
c) Sobre las relaciones de este profesor con el estudiante: 4'33 (Mi peor puntuación es en "promover el interés por la materia", aysss..).
d) Sobre el desarrollo de la actividad docente de este profesor, aquí bajamos: 3'57.
e) Opinión global sobre la labor docente del profesor: 3'5 (¡Eh! ¡pero si mi media de todos los apartados es más alta! "Labor docente del profesor, global": 4'05. Será que gusto más en los detalles que cogido en bloque…)

La autocrítica del alumno (sobre si asiste a clase, si se siente preparado, si considera la asignatura en sí formativa, si lleva al día la materia…): media, 3'86. Aún les gano, en su propia estimación, jeje.

Bueno, esto está basado en ocho encuestas solamente, de los 43 estudiantes que tengo en lista en esta asignatura. Sobre la opinión de los demás, mejor no contarla en media, supongo. Si no contesta, no sabe. Además considerando que este año podían hacer la encuesta quienes no aparecen nunca por clase… aún he salido bien librado.

Les comenté a los alumnos estos resultados, para que tengan una visión global del resultado (que si no creo que no la tienen). También les expliqué que en relación a los puntos flojos, de oscuridad o desorden en la explicación, tiene que haber un toma y daca, es decir, que si nunca me hacen preguntas en clase o me piden que repita algo que no se ha entendido, etc., pues que no contribuyen a controlar el nivel de claridad, que es algo necesario. Podría quizá suponerse que me dan por imposible de entrada, pero lo cierto es que no hay costumbre de hacer preguntas en la universidad, en general, y eso me parece muy malo… y, en mi experiencia, difícil de cambiar. El alumno sólo abre la boca en clase (generalizo odiosamente) cuando le asignas un trabajo obligatorio. Nunca—jamás—lo hace por iniciativa propia. Y así pues el feedback está bastante tocado del ala de entrada… porque uno puede ser dialogante, pero si sólo hay bustos escuchantes por el otro lado, el diálogo deviene en monólogo inevitablemente. Pasa como con los blogs. Pero sería injusto echarme la culpa sólo a mí.

Otro problema, claro, y este no se lo comenté tan abiertamente en clase por no herir sensibilidades, es que, naturalmente… yo llego a final de curso y me encuentro con que de cuarenta estudiantes se presentan a los exámenes veinte. El resto, autoevaluación de entrada: no quieren ni ver el examen. De los presentados, pues vienen a aprobar con notas buenas (notable o sobresaliente) una pequeñísima parte. La mayoría de las notas pues van en campana de Gauss: o sea, muchísimas entre el cuatro y el seis. Lo estadísticamente normal, vamos.

Y resulta entonces que la evaluación sobre mi conocimiento de la materia o mi capacidad de explicación la hacen en gran proporción alumnos que desconocen mayormente la materia y que tienen dificultades para seguir las explicaciones. No es que quiera desautorizar a las evaluaciones, que reflejan un punto de vista y una experiencia muy a tener en cuenta, pero también se verá que en cuanto a la validez de los resultados que más evalúan la capacidad del profesor entramos en un regressus in infinitum: el profesor no se explica suficientemente bien —¿para los alumnos de sobresaliente, o para los de suspenso? Añádase que, al ser las clases en inglés, y las obras de Shakespeare también en inglés, y tener muchos alumnos una seria dificultad con la lengua de Shakespeare… pues eso. ¿Quién evaluará a los evaluadores? Los evaluados. ¿Y a los evaluados? Los evaluadores. Como digo, me interesa conocer la opinión, y el nivel, de mis alumnos. Más discutible es que se pretenda hacer de estas encuestas una medición exacta de la calidad docente de un profesor. A menos que entendamos calidad sólo en términos de oferta y demanda, sin criterios adicionales.
Bueno, en estricta justicia, tengo que hacer una matización. Aunque se refiere a algo que creo, no algo que yo sepa ni que contemple la encuesta. Creo, digo, que de hecho son los mejores estudiantes quienes nos evalúan: que las encuestas tienden a ser respondidas por los estudiantes más competentes, informados, interesados, activos, y de mejor nivel en general. (O, si se dice de otra manera... que las encuestas no reflejan la opinión de los estudiantes, sino sólo de los mejores estudiantes). Como digo, de esto no conozco otra prueba que la intuición o el sentido común.

Lo que es en general, los estudiantes no se han interesado mucho por esta cuestión de las evaluaciones. A mí no me han hecho comentarios ni preguntas al respecto (como cuando les hablo de los sonetos de Shakespeare más o menos). También he aprovechado para sermonearles un poco sobre lo poco que participan en elecciones y órganos colegiados, y lo poco que los representan sus representantes (en mi experiencia, no asiste ningún representante de alumnos a consejos ni comisiones a los que yo asisto, y sí existen en teoría esos representantes). La LOU ha rebajado la representación de los estudiantes en los órganos universitarios: antidemocráticamente quizá, pero muy merecidamente habida cuenta (según lo que yo veo) de lo desaprovechada que estaba esa representación, y lo manipulable que es por tanto.

En cuanto a las encuestas, parecida indiferencia. Nos agradece el Vicerrector nuestra colaboración, y nos comunica lo siguiente:

Somos conscientes de que la implantación del nuevo proceso de evaluación de la actividad docente del profesorado implica un cambio cultural importante en nuestra Universidad, y que serán necesarios varios cursos para que se vaya consiguiendo una alta participación en la primera fase del proceso.

La semana pasada se dio el primer paso y más de la mitad del profesorado ha recibido al menos una encuesta en alguna de sus asignaturas/grupo. La participación de los estudiantes ha sido superior al 5%. Además, algunas de las novedades del cuestionario, tales como el punto 4, han sido bien recibidas por los estudiantes, de forma que más del 15% de las encuestas tienen este campo rellenado, lo que supone más de 1300 opiniones que el profesorado va a poder analizar y de las que muy posiblemente se concretarán cientos de pequeñas mejoras en el día a día de nuestra docencia.

Pues eso: cerca de un 5% de participación estudiantil. Al menos una encuesta rellenada por un alumno en alguna asignatura, para más de la mitad de los profesores… No es mucho, la verdad. Nuestros estudiantes deberían ponerse más las pilas, me parece, en esto y en otras cosas. No sólo los profesores.


(PS: Tras redactar esto, me voy a una jornada sobre Neurociencia. Que me sugiere ampliar este post de hace unos días).




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martes, 18 de octubre de 2016

Retropost #1182 (18 de octubre de 2016): Me pagan las clases


Me pagan las clases

Publicado en Universidad. com. José Ángel García Landa

Algo es algo. No, quiero decir que únicamente me pagan las clases, las horas efectivas en las que estoy dentro del aula. No me pagan ni las horas de preparación de clases, ni las reuniones y papeleos, etc., ni por supuesto la investigación...

Eso suponiendo que tenga un sueldo de dentista, claro. Qué menos, no, un profesor doctor en la Universidad, que cobre como un dentista. Y cobro como un dentista, en efecto... suponiendo que me paguen únicamente las horas de clase, y a mitad de precio las tutorías. Pongamos 48 horas al mes, a una media de 50 euros la hora.

Hoy mi dentista me ha cobrado más de 400 euros por tres horas (cortas) de trabajo. O sea que sale, descontando un tanto para material... a unos 100 euros la hora. Pongamos 25 para cada una de las dos enfermeras y 50 para el dentista, por hora. Corto se lo fío.

50 euros de sueldo de dentista por hora efectiva, multiplicado por 48 horas de un mes, dan 2400 euros. Que es, efectivamente, mi sueldo mensual, todos complementos incluidos.

Es decir, que no sólo cobro como un dentista, sino que tengo un horario privilegiado, que ya lo querría un dentista: sólo trabajo unas 12 horas por semana, lo dicho, 48 horas al mes. A cambio, el dentista, si trabaja pongamos 25 horas semanales, se saca cinco mil euros al mes, eso sí.

O sea, que trabajo como un dentista pero sólo doce horas por semana, y el resto de mi supuesto horario de trabajo, hasta 36 horas semanales, pongamos, yo me estoy tocando la barriga. Otras doce horas debería estarlas dedicando supuestamente a preparación de clases, y otras doce a investigación... por redondear. Pero de eso nada. Yo en las clases improviso, suelto lo primero que se me pasa por la cabeza, o leo del libro de texto. E investigar, ja, aquí investigan quienes tienen proyecto. Bueno, a mi nivel, quienes son directores de proyecto; porque en la oposición que me suspendieron me afearon NO que no tuviese participación en proyectos de investigación (que tenía, y mucha) sino que no hubiese dirigido ninguno. Ácabáramos. Quienes no dirigimos proyecto no investigamos, en realidad. Y en cualquier caso, todo lo que publiquemos no tiene validez si no va acompañado por el marchamo de la investigación oficial: "este trabajo forma parte del proyecto bla bla bla, subvencionado por la DGYCIT, con código PSF2006-48". Investigación-ficción la que no va subvencionada, hombre. Entretenimientos de cada cual; como si me da por hacer blogs. ¿Que invierto ese tiempo en prepararme y acumular méritos para la siguiente oposición? Vale, pues eso que llevo por delante. Pero es cosa mía, un pasatiempo útil, o a lo más algo que si se encuentra aprovechable puede ser compensado con una zanahoria para que lo siga haciendo... un complemento salarial, que me sale como si me pagasen seis horas extra al mes. A sueldo de dentista, digo... ay, no, que ya he dicho que ya lo he incluido en los cálculos del sueldo; habría que revisar mis cuentas a la baja. No cobro como un dentista, pues. Y desde luego le echo más de seis horas al mes, no sé si me explico.

Esto de que me pagan únicamente las clases, a sueldo de dentista (o de fontanero, que tampoco es malo), hace comprensibles algunas cosas que si no serían muy anómalas. Por ejemplo, la absoluta prioridad dada a las clases sobre cualquier otra actividad—no queda duda de para qué te contrata la institución. Aunque se hable mucho de la investigación, etc., lo que va a misa en la universidad y hace que todo gire a su alrededor es el Plan de Ordenación Docente. Lo demás, gaseosa y retórica. Se espera que estés como un clavo en las clases, y (con un poco más de flexibilidad) en las tutorías; pero de lo que hagas el resto del tiempo no hay control institucional alguno. Y cómo lo iba a haber, si en realidad es tu tiempo libre, que no está pagado.

También así se entiende que aunque la universidad supuestamente me contrata para labores de docencia e investigación, en realidad no destina ninguna partida fija a investigación... ni un duro, pues yo sólo tengo un presupuesto fijo (y muy escaso) de gastos de docencia. Quien quiera investigar, lo dicho: que se pida proyecto y entonces sí investiga. Si no, no: lo han contratado para dar clases, y que se dé con una piedra en los dientes, que en Argentina los profesores dan las clases gratis. Bastante favor nos hacen con dejarnos presumir de profesores universitarios... a unos mileuristas añosos y con ínfulas (pues mileurista soy de sueldo, si descuento los complementos). A unos tíos que no llegamos ni a fontaneros... ya nos vale.

(PS: La que se ha montado en Francia cuando han cogido a la candidata Ségolène Royal, dejándose grabar en público diciendo que quiere hacer fichar 35 horas semanales a los profesores en sus centros... vía Loïc Le Meur ).




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lunes, 3 de octubre de 2016

Retropost #1164 (3 de octubre de 2016): Los profesores sobramos en la Universidad


Los profesores sobramos en la Universidad

Publicado en Universidad. com. José Ángel García Landa

Es el nuevo discurso sobre la universidad, propiciado por las autoridades académicas y aliñado con salsa boloñesa. Los profesores estamos de más. Somos un problema, un obstáculo para la reforma necesaria de la universidad, en realidad una cosa del pasado. La universidad con profesores es un modelo en última instancia medieval, llevado al ridículo en la época de la universidad masificada de la segunda mitad del siglo XX. Ahora, con la privada, ya hay más competencia entre las universidades, el aula está más tenue, y los alumnos ya no son la peste que eran cuando yo estudiaba, antes son un bien preciado a adquirir y atraer, una fuente de ingresos, clientes. El profesor en cambio sólo produce gasto; aquí hace falta una reconversión industrial. Antes se creía que el profesor tenía una función: hoy se sabe que es inútil. La universidad debe ser más interesante, más participativa, con alumnos activos que se procuran a sí mismos el conocimiento. El énfasis, nos dicen, ya no está en la enseñanza, en realidad no hay que "enseñar": es prepotente, y antipedagógico eso de enseñar. Deben ser los alumnos los que se autoeduquen en una moderna universidad con medios interactivos a su alcance, en centros de autoaprendizaje. ¿Podría pensarse que el profesor, si bien sobra como docente, es necesario como evaluador? Pues no, tampoco; el profesor es la causa del fracaso escolar, primero por sus métodos repulsivos, y segundo por el planteamiento erróneo de toda la cuestión. No se trata de poner cortapisas al proceso de autoeducación, sino estimularlo y valorarlo en lo que tiene de positivo. Luego el mercado de trabajo se encargará del examen final. No es labor del profesor anticiparse al mercado: más bien debería cuidar de subir las tasas de éxito académico, y hacer que su empresa, la Universidad, presente un balance positivo. No es que haya que imponerle un porcentaje determinado de aprobados, por decreto; en realidad todo suspenso es malo, y el espíritu a inculcar es más bien un cambio espontáneo de actitud, una autocrítica, un sentir con los tiempos que lleve al docente a entrar en sintonía con la nueva manera de hacer las cosas, y facilite al alumno el éxito académico que todos deseamos, el alumno por supuesto, pero quizá aún más las autoridades que hacen estadísticas. En realidad, para ser sinceros, el profesor no es un profesor. Será un experto en su materia, si quieren, pero... ¿profesor? Ja. Para eso le haría falta mucha más pedagogía; en realidad sólo los expertos en pedagogía deberían llamarse propiamente profesores. Los demás, al ICE. Les hace falta rellenar unos cuantos impresos previos al curso (y posteriores también) con planificación, objetivos, diseño curricular—pronto estarán informatizados, y el ordenador no dejará pasar ciertas cosas. La clave está en diseñar, y luego dejar que todo funcione solo, que autoaprendan los estudiantes con las actividades y el trabajo en grupo. En grupo, sí, porque la calificación individual es una herencia del pasado. Es mucho mejor valorar a la clase en su conjunto, ya se sabe que el trabajo en equipo es formativo y potencia la sinergia. Mejor que evaluar a los alumnos, de hecho, el profesor debería someterse a una autocrítica, valorarse a sí mismo, autoevaluarse, hacer informes sobre la adecuación de su propio diseño curricular, en función del éxito académico de sus alumnos. Aún más adecuado es que los alumnos evalúen al profesor; esa sí es una evaluación pertinente y que hay que potenciar. Mejor si contribuye a moderar un poquito los sueldos, con complementos de docencia que pueden utilizarse también estadísticamente como indicadores de la modernización de nuestra universidad. ¿Que se obtienen muchos complementos? Modernos que somos. ¿Que no? Eso que nos ahorramos. Mal invertido en todo caso está el dinero que se dedique a preservar una figura medieval, decimonónica, desagradable, autoritaria. ¿Quién quiere oír una lección magistral? Yo desde luego, no. Lo mejor sería diseñar adecuadamente unos sistemas de autoaprendizaje, o importarlos de los americanos, que ya tienen todo esto hecho, y que todo funcionase luego por sí mismo, únicamente con personal de administración y servicios, técnicos para revisar los cuelgues del sistema, o todo lo más unos animadores culturales, unos psicólogos de grupo, que hiciesen las pocas clases, digo clases, reuniones de trabajo con los alumnos, amenas y provechosas para todos. Y titularlos a todos en el período de tiempo establecido. Después de todo, ¿qué mayor estafa puede haber, en una empresa-universidad, que cobrarle a un cliente por un servicio que no se le presta, un producto-diploma que no se le entrega? Deberían devolverle el dinero, en ese caso. La Ministra ya nos anuncia que las Universidades serán financiadas en función de sus resultados académicos (inmediatos, se entiende). Las que produzcan fracaso serán lentamente estranguladas. A buen entendedor. En realidad, los estudios universitarios no tienen por qué ser difíciles, está al alcance de cualquiera ser un médico, arquitecto o filólogo. Si no se le ponen obstáculos, claro; si se introducen las reformas adecuadas en la metodología docente, y si se logra que capten el mensaje los profesores, esos anticuados personajes de dura mollera que para desgracia de la universidad aún siguen siendo muy influyentes en ella. Arrebatar la universidad a los profesores, y luego, en la medida de lo posible, expulsarlos de ella: he ahí un objetivo loable para administradores, pedagogos, rectores y ministros.







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lunes, 1 de febrero de 2016

Retropost #598 (11 de noviembre de 2005): Trancazo



Vamos pasando por el trancazo todos en casa, por turno; empezaron Pibo y Otas, que casi no han ido al cole esta semana, y ahora estoy yo como si me hubieran molido a palos. La gripe aviar no parece, pero vas aviado igual, apenas he llegado arrastrándome al ordenador (aunque sí he ido conduciendo por el tráfico esta mañana con los viruses subiéndoseme por el cuerpo como en una de serie B). Tras un leve subidón dando clase, será que la adrenalina hace lo suyo contra la gripe, habría que probarlo, el bajón ha sido peor luego, con bolsa de agua caliente incluida, ah, y no pruebo bocado desde el jueves. Pero ya se sabe, ahora toca pasar por ahí todos los años, religiosamente, y en fin de semana si es posible, para llegar el lunes pimpante. Lo mío no es justo, desafía a las estadísticas, sólo me habré perdido por enfermedad unas cinco o seis clases en quince años, pero fines de semana muchos muchos más. Claro que algunos también parecen enfermar por sistema el fin de semana, y lo alargan hasta el lunes, eso pasa a veces... ya veremos si me apunto. O a ver si me pillo una buena depresión, que con el estado en que está la Filología, motivos no me faltan, como a cualquier hijo de vecino. Y nuestro departamento no es mal sitio para pillar depresiones. Por suerte, la psicología parece que me va aguantando los trancazos – aunque hay quien disentiría en este punto, como en todo.



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jueves, 7 de enero de 2016

Retropost #513 (21 de septiembre 2005): Empiezan las clases












De momento suavecito... hoy he visto por primera vez a los alumnos de mi grupo de Shakespeare, bastantes menos de los que había hace unos años. Filología Inglesa está de capa caída, poniéndose a tono con las demás Humanidades. En fin, si eso nos proporciona números de grupos manejables, no hay mal que por bien no venga.

También empiezan las clases de los niños, y cuando iba a una reunión de padres en el cole, casi me doy un piñazo al partírseme el embrague de la moto en plena marcha. Quince, quince, años, años tiene. Mañana al taller. Para consolarme del principio de curso me he comprado un chisme informático, esos discos duros miniaturizados que los enchufas al ordenador, parece un mechero y caben dos gigas. Adiós a los disketes, después de veinte años dándoles.

Vaya, oigo ahora por la radio que la comisión ministerial acaba de restablecer la carrera de Historia del Arte. De momento no las filologías catalana y vasca, que siguen englobadas en Lenguas Modernas, pero todo llegará, todo llegará... menos Filología Inglesa. Seguimos los pasos previstos sin desviarnos un ápice.





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martes, 9 de septiembre de 2014

El 15 comenzamos

EL lunes 15 COMENZAMOS las clases.

Mis asignaturas de este cuatrimestre:

Literatura inglesa II    501 Inter     LM     10,30-12,30  y 17,30-19,30
Géneros lit. en la lit.in  X Fac        JV    8.30-10,30 / 10,30-12,30
Introd. lit. ingl.     204 Inter    XJ    15,30-17,30



Y mi horario de clases por tanto:

Lunes    10,30 Lit2
    17,30 Lit2
Martes 10,30 Lit2
    17,30 Lit2
Miercoles 15,30 Litingl
Jueves    8,30 Géneros
    15,30 Litingl       
Viernes 10,30 Géneros

martes, 3 de julio de 2012

Elucidación del Real Decreto-Ley

Aquí va en sustancia la elucidación del Real Decreto-Ley 14/2012, que está en vigor desde el 22 de abril. Lo que dice está bastante claro: quién da 16 créditos, quién 24, quién 32.  Pero a mi entender lo que significa, aparte de lo que dice, es lo siguiente:

 - No hay descargas de la jornada docente del profesorado por ninguna razón que no sean las especificadas en el Real Decreto-Ley, a saber, tener tres o más sexenios de investigación, incluido el último (cuatro o más en el caso de los catedráticos).  Y no hay descargas de la asignación docente ni por razones de edad, ni por razones de ocupar un cargo unipersonal, ni por razones de estar realizando otras labores administrativas o académicas.

Ahora mismo por diversas universidades los directores de departamento, coordinadores de grado, postgrado, decanos, directores de proyectos, etc. etc. tienen cargos y descargos: tienen una reducción de jornada docente, además de un complemento salarial adicional por cargo unipersonal. De quitar el complemento salarial no se dice nada aquí, pero al definir el régimen no se contemplan excepciones "por cargo". Claro, eso se venía contemplando en los estatutos de las universidades y reglamentos internos, pero ahora, las normas que vayan contra esta ley deben ser adaptadas a ella (pues evidentemente no la pueden contravenir): todos los profesores deberán dedicar según esta ley a su actividad docente las horas aquí señaladas. Aunque no hay disposiciones derogatorias ni transitorias al respecto, se especifica que tiene carácter de legislación básica que es competencia del Estado en lo relativo al régimen estatutario de los empleados públicos, o sea que pasa por encima de toda normativa interna y legislación autonómica.

Sobre el régimen de dedicación del profesorado decía esto la LOU, modificada por la LOMLOU (2007):

Art. 68. Régimen de dedicación.
1. El profesorado de las universidades públicas ejercerá sus funciones preferentemente en régimen de dedicación a tiempo completo, o bien a tiempo parcial. La dedicación será, en todo caso, compatible con la realización de trabajos científicos, técnicos o artísticos a que se refiere el artículo 83.
2. La dedicación a tiempo completo del profesorado universitario será requisito necesario para el desempeño de órganos unipersonales de gobierno que, en ningún caso, podrán ejercerse simultáneamente.

Y ahora dice esto el Real Decreto-ley 14/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámbito educativo.

Cuatro. Se da una nueva redacción al artículo 68 de la Ley Orgánica 6/2001, de 21 de diciembre, de Universidades, que queda redactado en los siguientes términos:

«Artículo 68. Régimen de dedicación.
1. El profesorado de las universidades públicas ejercerá sus funciones preferentemente en régimen de dedicación a tiempo completo, o bien a tiempo parcial. La dedicación será, en todo caso, compatible con la realización de trabajos científicos, técnicos o artísticos a que se refiere el artículo 83.
La dedicación a tiempo completo del profesorado universitario será requisito necesario para el desempeño de órganos unipersonales de gobierno que, en ningún caso, podrán ejercerse simultáneamente.
2. Con carácter general, el personal docente e investigador funcionario de las Universidades en régimen de dedicación a tiempo completo dedicará a la actividad docente la parte de la jornada necesaria para impartir en cada curso un total de 24 créditos ECTS.
No obstante, la dedicación a la actividad docente de este personal podrá variar en función de la actividad investigadora reconocida de conformidad con el Real Decreto 1086/1989, de 28 de agosto, sobre retribuciones del profesorado universitario, y que haya dado lugar a la percepción del complemento de productividad previsto en el artículo 2.4 del mismo, y atendiendo a las siguientes reglas:
a) Deberá dedicar a la función docente la parte de la jornada necesaria para impartir en cada curso un total de 16 créditos ECTS quien se encuentre en alguna de las siguientes situaciones:
– Profesores Titulares de Universidad, Profesores Titulares de Escuelas Universitarias o Catedráticos de Escuela Universitaria con tres o más evaluaciones positivas consecutivas, habiéndose superado la más reciente en los últimos seis años.
– Catedráticos de Universidad con cuatro o más evaluaciones positivas consecutivas, habiéndose superado la más reciente en los últimos seis años.
– En todo caso, cuando se hayan superado favorablemente cinco evaluaciones.
b) Deberá dedicar a la función docente la parte de la jornada necesaria para impartir en cada curso un total de 32 créditos ECTS, quien se encuentre en alguna de las siguientes situaciones:
– Que no haya sometido a evaluación el primer período de seis años de actividad investigadora o que haya obtenido una evaluación negativa de dicho período.
– Que hayan transcurrido más de seis años desde la última evaluación positiva.
3. El Gobierno, previo informe de las Comunidades Autónomas y del Consejo de Universidades, regulará las bases del régimen general de dedicación del personal docente e investigador funcionario.»

Bien, sé que no es la interpretación más habitual que se ha hecho de este Real Decreto-Ley esta que he dicho, pero ahí va. Se observará que no introduce ninguna matización sobre otras reducciones de la dedicación docente. Lo que dice está bastante claro: quién da 16 créditos, quién 24, quién 32.  Pero a mi entender lo que significa, aparte de lo que dice, es lo arriba explicado. Y si no, que me lo expliquen a mí.

Claro que es un RD un tanto chapuzas. Al parecer, las universidades se han plantado porque habla el RD en términos de créditos ECTS ("24 créditos ECTS" en vez de 240 horas), que las universidades emplean para contabilizar el trabajo de los estudiantes, no la dedicación de los profesores. Y alegan que no se entiende si es una errata o si se intenta introducir cambios aún más sustanciales en la dedicación de los profesores. A mi entender la ide del Real Decreto es muy clara: que la docencia de los profesores se contabilice a efectos de los créditos ECTS de los estudiantes, lo cual viene a ser contarle 6 créditos por una asignatura que para el estudiante vale 6 créditos—en lugar de los 6,5 u 8 créditos, o los que sean, que se le vienen contando ahora al profesor por una asignatura "de 6 créditos" variando según el número de estudiantes, el grado de experimentalidad, etc. etc.

Por otra parte, este RD parece olvidarse de que existe un RD 898/1985, sobre régimen de profesorado universitario. El que decía que nuestra dedicación era "Para los Profesores con régimen de dedicación a tiempo completo, de ocho horas lectivas y seis horas de tutorías o asistencia al alumnado"—o sea, lo que se venía entendiendo por 24 créditos anuales. Bueno, sí que se acuerda de él, a efectos de cambiarlo, pero digamos que es parco en disposiciones derogatorias, y se olvida de derogarlo. O no se molesta y lo considera derogado de facto... pero así funciona mal la cosa: eso sólo aporta ambigüedades y confusión, y en ellas estamos. Porque al no estar derogado el anterior real decreto, las universidades van a querer atenerse a él—que les gusta más, y no me extraña. Otra cosa es que les dejen.
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Aquí una entrevista con el ministro Wert a cuenta del Real Decreto famoso.


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Y unos días más tarde, ya tenemos, tras la reunión entre el ministerio y la CRUE, la nota aclaratoria sobre el Real Decreto—que en lo que se refiere a la dedicación del profesorado viene a dejarlo en papel mojado. Serán las universidades quienes decidan aplicarlo, o no. Cosa sin precedentes y, por decirlo suavemente, inaudita.



 
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