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domingo, 31 de marzo de 2019

Incesto múltiple tecnológicamente asistido

Dos hermanos (hermano y hermana, digo) tienen una hija, hermana suya, gestada y parida por la que es madre de ellos, y madre y abuela del bebé. Aparte entra en la historia el marido del padre.

Pero curiosamente al ABC no le llama la atención la problemática ética del asunto, sino únicamente la curiosidad del caso. Un problema veía sólo el articulista en la cuestión—que como la madre ya tenía la menopausia, no podía aportar el óvulo para que lo fecundase su hijo.





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domingo, 13 de mayo de 2018

Retropost (13 de mayo de 2008): Incestos—¿en el mismo cesto?


Tras su defensa del suicido como (el) acto que nos hace más humanos, Víctor Gómez Pin protesta contra el apelativo de "monstruo" aplicado al ogro Fritzl, y arguye que el hecho de la consanguinidad de violador y violada es (prácticamente) irrelevante. El incesto es puramente cuestión de relaciones legales entre roles familiares legalmente definidos, no realmente entre parientes consanguíneos en primer grado, arguye. Lo contrario sería para Gómez Pin (una vez más) someternos a la facticidad del hecho biológico y renunciar a la ley social que edificamos como algo diferente de las leyes biológicas:


"desde luego esta variable cuenta... pero cuenta en menor grado. Estamos obligados a que cuente en menor grado; lo contrario equivaldría a tirar por tierra lo que caracteriza a la sociedad humana en relación a las demás sociedades animales, a saber, que la ley prima sobre el orden biológico. Por decirlo llanamente: el caso Fritzl no sería menos tremendo si Elisabeth fuera hija adoptiva, y no biológica, de Joseph."

Y yo, como siempre, disiento y comento:


Creo que no son totalmente exactas estas apreciaciones sobre el incesto. Obsérvese que la ley social presupone la biológica, aun en los casos en que parecería escapar a ella. Edipo no se acostó con su madre "oficial", ni mató a su padre "social", pero sí a los biológicos— y por tanto a los sociales, q.e.d. Es una de las lecciones del mito: que lo social no puede escapar totalmente a lo biológico ni anularlo, o, si se prefiere, que no podemos trascender totalmente nuestra naturaleza animal por mucho que la sociedad pretenda edificar un orden puramente humano. No hay tal.

Y puntualizo además que, diga lo que diga el Filósofo, desde luego que Herr Fritzl es un monstruo—un monstruo moral. No es que a Fritzl se le llame monstruo metafóricamente, como parece creer Gómez Pin, sino al contrario muy literalmente. No tiene, en efecto, una trompa en la frente. Pero desde luego no ha desarrollado ciertas potencialidades humanas que muchos consideramos mínimas, mientras que sí ha obtenido un título de ingeniero (como nos recuerda el filósofo). Y allí está la monstruosidad, en esa descompensación muy real—y peor que una microcefalia.

Dicho esto, me parecen muy interesantes (conceptualmente hablando) todas las zonas de gris entre incesto y sexo legal, así como entre la normalidad y la monstruosidad—que quizá sean todo tonos de gris. Así, por ejemplo, los incestos entre hermanastros de padres y madres distintos, en parejas recasadas, que se crían como hermanos pero luego se casan ellos al divorciarse sus padres. O los morreos entre hermanos. O el caso Byron. O el caso Woody Allen, otro monstruito según quien lo mire. Monstruos hay, pero lo que no hay es una frontera tajante entre los monstruos y los no monstruos. Algún monstruito más o menos grande siempre se pasea por nuestro interior. Y los monstruos también son gente normal en gran medida, o muchas horas al día. Que le pregunten si no a los vecinos de Fritzl.




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viernes, 23 de diciembre de 2011

Origen de las sociedades


Más sobre el origen de las sociedades. De primates, que sociedades hay muchas, pero las de primates incluyen a las sociedades humanas. A cuenta de un artículo aparecido en
Nature—

Shultz, Susanne, Christopher Opie and Quentin D. Atkinson. "Stepwise Evolution of Stable Sociality in Primates." Nature 479 (10 Nov. 2011): 219-22.* doi: 10.1038/nature10601
    http://www.nature.com/nature/journal/v479/n7372/full/nature10601.html
    2011

Nicholas Wade, en el New York Times, "Genes Play Major Role in Primate Social Behavior, Study Finds." informa más sobre esto:


The Oxford survey confirms that the structure of human society, too, is likely to have a genetic basis, since humans are in the primate family, said Bernard Chapais, an expert on human social evolution at the University of Montreal. "Evolutionary change in any particular lineage is highly constrained by the lineage's phylogenetic history," Dr. Chapais said, referring to the evolutionary family tree. "This reasoning applies to all species, including ours. But in humans, cultural variation hides both the social unity of humankind and its biological foundation."

Human multifamily groups may have arisen from the gorilla-type harem structure, with many harems merging together, or from stable breeding bonds replacing sexual promiscuity in a chimpanzee-type society, Dr. Chapais said.

In his book Primeval Kinship (Harvard, 2008), he describes a further stage in human social evolution that occurred when individual bands allied with those with whom they exchanged daughters. The bands in such a marital exchange system formed a tribe, taking human society to a level of organization beyond that of chimpanzee society.

With chimps, territorially based bands also exchange daughters to avoid incest but continue to fight with one another to the death because the males cannot recognize their kinship with relatives in neighboring bands.

El intercambio de hijas como base de la sociedad habría que relacionarlo, claro, con la prohibición del incesto, que como señalaba Lévi-Strauss existe de una forma u otra en todas las sociedades humanas—y por tanto puede considerarse un universal, una piedra angular o estructura fundacional. 


El segundo paso es (parece ser) el reconocimiento de aliados más allá del propio grupo, para evitar la guerra universal—en especial en la época en la que el hombre es un chimpancé para el hombre. Es el momento en que nacen la diplomacia y el potlatch—el intercambio de regalos, que tanta importancia tiene en las sociedades primitivas. Y hasta en la sociedad homérica, ahora que estoy releyendo La Odisea.

Por cierto que algunas conclusiones geneticistas que apunta Wade en su artículo me parecen exageradas, o precipitadas, o sobredimensionadas. Las sociedades, en especial la humana, crean condiciones emergentes que si bien pueden haberse debido en su origen a los genes, se encuentran ya a otro nivel de análisis, y originan una dinámica ecológica que se retroalimenta con la propia existencia de la sociedad (un nicho ecológico, dicho de otro modo), de tal modo que cualquier tendencia genética ya se ve canalizada y conducida por las circunstancias y relaciones socialmente construidas.


 
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