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sábado, 18 de agosto de 2018

Retropost (18 de agosto de 2008): Dialéctica insalubre del amo y el esclavo



En la sección IV.A de la Fenomenología del Espíritu desarrolla Hegel su análisis del reconocimiento mutuo de las consciencias. Es una de las fases una vez la consciencia alcanza el nivel de autoconsciencia:


"La autoconsciencia se enfrenta a otra autoconsciencia; ha salido fuera de sí misma. Esto es significativo en dos sentidos: primero, se ha perdido a sí misma, pues se encuentra a sí misma como un otro; en segundo lugar, al hacer esto, ha dejado atrás al otro, porque no ve al otro como un ser esencial, sino que ve en el otro su propio ser." (§ 179)

Al describir este reconocimiento mutuo, Hegel proporciona una interesante descripción del comportamiento como dialéctica en la que un sujeto está influido por la consciencia que el otro tiene de él. Podríamos decir que presenta la interacción como un componente inherente a la acción humana. Hasta el punto que la relación del sujeto consigo mismo no es "directa" sino que está mediada por el reconocimiento del otro reconociéndose en nosotros:

"Cada uno es para el otro el término medio a través del que cada uno se media a sí consigo mismo, y se une consigo; y cada uno es para sí, y para el otro, un ser inmediato de por sí, que a la vez sólo es tal en virtud de esta mediación. Se reconocen a sí mismos reconociéndose mutuamente." (§ 184)

Este tipo de análisis de la alteridad y de la mutualidad será importante, naturalmente, para asentar tanto una ética como una política (una política basada eventualmente en la ciudadanía y en el mutuo reconocimiento de la libertad del otro). Y llevará a toda una filosofía ética de la mutualidad y de la alteridad en Lévinas o en Ricœur.

Pero el primer paso de las consciencias enfrentadas entre sí da lugar a lo que se ha llamado la dialéctica del amo y del esclavo: una consciencia será así únicamente reconocida, y la otra únicamente reconocedora (§ 185). Dadas dos consciencias buscando reconocimiento mutuo, éste se halla únicamente, según Hegel, en el enfrentamiento al peligro de muerte, en la lucha por la propia libertad, y (si se sobrevive) adoptando una de estas dos posiciones, la del amo o la del esclavo. El amo es el que no teme enfrentarse a la muerte y ha triunfado dominando al esclavo, y manteniéndolo sujeto con la cadena que le recuerda su dominación y la asegura. El esclavo es el que ha preferido la vida como esclavo a la pelea y al riesgo de muerte. Y tiene ante sí al amo, a la cadena, y a su trabajo obligado para recordarle su condición de esclavo.

Para Hegel esto no supone una autonegación fecunda del espíritu, ni una superación dialéctica de la primera fase del reconocimiento mutuo, pues no conserva (la fase del reconocimiento mutuo) en el hecho de superarla:

"Su acción es una negación abstracta—no la negación que proviene de la consciencia, que supera de tal manera que conserva y mantiene lo que queda superado, y que por consiguiente sobrevive a su propia superación." (§ 188)

El amo queda definido como la consciencia que existe para sí, mientras que el esclavo verá su ser supeditado; existirá para el amo y para la satisfacción de aquél:

"existen como dos formas opuestas de la consciencia; una es la consciencia independiente cuya naturaleza esencial es ser para sí misma, la otra es la consciencia dependiente cuya naturaleza esencial es simplemente vivir o ser para otro. El primero es amo, el otro es esclavo" (§ 115)

Supuestamente la relación del amo con el esclavo le da satisfacciones (el trabajo del esclavo, sólo disfrute sin trabajo para el amo) pero también frustración, pues no puede hallar mutuo reconocimiento en el esclavo. También hay un apunte interesante sobre la relación del amo con los instrumentos de dominación utilizados para mantener al esclavo en riesgo permanente de muerte:

"El amo se relaciona mediatamente con el esclavo mediante un ser [una cosa] que es independiente, puesto que es precisamente esto lo que mantiene al esclavo sometido; es su cadena de la cual no pudo liberarse en el combate—y así resulta ser dependiente, posee su independencia en la cosidad. Pero el amo es el poder sobre esta cosa, pues probó en el combate que es algo meramente negativo; ya que tiene poder sobre esta cosa y esto es el poder sobre el otro [el esclavo], se sigue que mantiene al otro sometido." (§190)

—Es curioso que en el análisis de Hegel en § 190 se superponen en esta "cosa" a la que se refiere tanto el instrumento de coerción que maneja el amo, como el objeto de satisfacción que el amo disfruta inmediatamente, dejando el lado sucio y el trabajo para el esclavo. Es un análisis que quizá confunda tanto como aclare las características de uno y otro objeto (suponiendo que no sean efectivamente el mismo a todos los efectos). Así, podría seguirse como corolario que el amo también goza de la cadena y del castigo en cuanto puro objeto de placer, pero que el lado trabajoso de estos instrumentos coercitivos, pues lo hay, no es el amo quien lo ejerce, sino el esclavo. Así pues, el esclavo es quien azota al esclavo, y el esclavo es quien perpetúa la esclavitud. Mientras el amo disfruta no sólo de su libertad de acción sino también tanto del castigo como del objeto que para él fabrica el esclavo (dos aspectos de lo mismo, insistiríamos). Parecería envidiable la postura del amo, pero hay un pero a la hora del reconocimiento muto; el ser amo tiene su inconveniente, decíamos, su lado de "negación abstracta":

"Pero falta el momento del reconocimiento propiamente dicho, que lo que haga el amo al otro también se lo haga a sí mismo, y que lo que el esclavo se hace a sí lo haga también al otro. El resultado es un reconocimiento que es unilateral y desigual." (§ 191).

Y de allí deduce Hegel que "la verdad de la consciencia independiente es por tanto la consciencia servil del esclavo" (§193), pues ésta queda educada por la presencia constante de la Muerte, "el Amo absoluto", y es en ese riesgo de la disolución de todo lo estable donde progresa la autoconsciencia.

En esta especie de análisis químico de las experiencias de la consciencia, Hegel se las arregla por su propio método para que no tengan sentido preguntas como "¿y qué pasa si el amo vence con tanta facilidad al esclavo que no ve en ello ningún riesgo—si el esclavo llega ya vencido?" O bien ,"¿Este amo y este esclavo están solos? ¿Dónde están los otros amos y los otros esclavos?" —Cuestiones que llevarían a plantear el análisis de otra manera, claro: una consciencia realmente social y generada socialmente, y no una consciencia abstracta aislada frente a sí misma y evolucionando según pasos puramente lógicos.

En esta cuestión del reconocimiento mutuo el planteamiento en términos de aislamiento ideal es especialmente grave, pues el análisis de Hegel le lleva a enfrentar obsesivamente al amo y al esclavo, como si su reconocimiento mutuo como tales dependiese únicamente de ellos. Parece claro, sin embargo, que el primer paso para ser amo es despreciar o no tener en consideración siquiera la opinión del esclavo. No parece que el amo parezca frustrado (tal como llevaría a pensar el análisis de Hegel) por no ver frente a sí, en el esclavo, una consciencia como la suya—por haber estropeado su propio plan de reconocimiento mutuo, al no tener frente a sí más que el reconocimiento de un esclavo. Para nada.

Más bien, el amo (una vez sentada su dominación y su categoría de tal, mediante los instrumentos de coerción adecuados) no busca en absoluto su reconocimiento en el esclavo. Ese "reconocimiento" lo remite a los instrumentos de coerción, y es un mero instrumento, no una forma de autorrealización buscada en sí. Lo que busca el amo es el reconocimiento como tal por parte de otros amos—en una sociedad aristocrática. Pero eso es precisamente lo que falta en el análisis de Hegel, donde no hay otros iguales, y el amo sólo se encuentra, frustrado, frente a su esclavo que no se atreve a mirarlo, concentrado en abrillantar la vajilla de plata.

Como hemos dicho, Hegel extraía de ese abrillantamiento de la plata conclusiones educativas para el esclavo, que es quien representa una vía para el desarrollo de la consciencia, y se libera de su apego a la existencia material precisamente mediante el trabajo. "Mediante el trabajo, el esclavo se vuelve consciente de lo que verdaderamente es" (§ 195), o sea, consciencia, negación de sí. "Mediante este redescubrimiento de sí mismo, el esclavo se da cuenta de que es precisamente en su trabajo, en el que parecía tener una existencia únicamente alienada, donde desarrolla una mentalidad propia" (§ 196). Y además se educa interiorizando el miedo permanente a la coerción, algo muy necesario para Hegel, y progresa en lo que también Freud nos dirá que es la esencia de la maduración y de la civilización: la renuncia a la gratificación inmediata. Mientras, la mentalidad del amo queda desdeñosamente caracterizada por Hegel como caprichosa y de corto alcance—no llega a nada; es sólo mediante la sumisión absoluta a la Necesidad ajena a uno, como puede progresar el Espíritu. (más tarde dirá Hegel algo del Estado prusiano a este respecto—encarnación del tánatos y de la disciplina. Y mejor no pensemos en su versión corregida y aumentada en el régimen nazi, donde sólo hay un Amo, encarnación del Estado y de la Necesidad...).
Zeus (Ingres)
Este privilegio dado por Hegel a la consciencia del esclavo es esperable por otra parte en una filosofía de la época de la Revolución francesa, cuando nuevas posibilidades parecen abrirse a la Historia arrinconando en parte a los amos del Antiguo Régimen. Marx, aun en su crítica del análisis de Hegel, sigue apreciando esta realización de sí mismo posibilitada por el trabajo alienante... que para él se vería posibilitada si se pudiese eliminar la plusvalía. Yo en cambio al trabajo alienante lo sigo viendo alienante—en el sentido que la consciencia es también afirmación de sí, no únicamente negación de sí, y la vida no es únicamente progreso espiritual, sino también disfrute de los objetos materiales, y del trabajo de los demás, aunque nos toque currar por turnos. Vamos, que le veo sus puntos a la posición del amo. Y muchos se lo han visto.

No todo ha sido irresponsabilidad y disfrute del Objeto en las sociedades de amos:  vuelven a plantearse allí de modo continuo los problemas del reconocimiento muto, esta vez entre amos—mantener el status, asegurar la coerción, buscar alianzas. Pero no todo va a parar en una lucha a muerte y en el esclavizamiento del otro, y es por ahí por donde la necesidad de reconocimiento mutuo de los amos lleva a desarrollar formas de relación social diferentes de la relación entre amo y esclavo. Es la historia de la emergencia de las sociedades que nos contaba Vico—en la Ciencia Nueva también mostraba cómo las estructuras sociales han evolucionado como sociedades de amos y aristócratas, y de sus protectorados y sometidos, antes de ser sociedades de ciudadanos.

Con el análisis abstracto de Hegel pasa un poco como con las matemáticas de Einstein, que decía que "cuando las proposiciones matemáticas se refieren a la realidad, no son exactas; cuando son exactas, no se refieren a la realidad". No es negar que no haya alguna vez situaciones de dominación y de esclavitud "hegeliana" en estado muy puro y ejemplar—pero sí recordar que las relaciones humanas siempre son en cada situación concreta más complejas y multilaterales. El esclavo a veces es el amo de su casita, y tiende a reproducir esas relaciones de dominación en cuanto puede (capataces, oficinistas, maridos) adoptando actitudes de amo. Por cierto, también convendría sexar al Amo y al Esclavo, pues una de las primeras, básicas y primigenias, relaciones de dominación y esclavitud es precisamente la dominación patriarcal. Y luego las madres tienen hijos...

En fin, que (relativizando la relación claustrofóbica, asfixiante y obsesiva del Amo y el Esclavo, esas caricaturas beckettianas) creo que también quedan relativizadas otras lecciones que Hegel hace que extraigan uno y otro.





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viernes, 1 de junio de 2018

Who's Me

Un año más, y van desde principios de siglo, vuelven a incluirme, al parecer, en el Who's Who in the World:




Who's Me







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sábado, 19 de mayo de 2018

2018 Albert Nelson Marquis Lifetime Achievement Award


Va acercándose a su fin mi carrera, y también mi vida. Por suerte esta ominosa constatación se ve jalonada por pequeñas compensaciones, como por ejemplo mi selección para el Premio del Logro al Trabajo de Toda Una Vida Albert Nelson Marquis, en su edición de 2018, concedido por la empresa y editorial de biografías Marquis Who's Who:


2018 Albert Nelson Marquis Lifetime Award





Ya antes tuvieron la atención, hace años ya, de incluirme en Who's Who in the World. Y ahí, o aquí, seguimos.








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domingo, 26 de noviembre de 2017

Retropost #1881 (26 de noviembre de 2007): Sociedades académicas

Sociedades académicas

Publicado en Filología Inglesa. com. José Ángel García Landa

20071127133608-bacon.jpg

Acaban de anunciarme por la lista de AEDEAN la publicación del último número de Atlantis, la revista de la Asociación (Española de Estudios Anglo-Norteamericanos). Está disponible en red gratuitamente en su página (aún figuro yo allí en el enlace del viejo Consejo de Redacción... y de hecho creo que fui el primero en pedir que AEDEAN hiciera sus publicaciones en Internet, hace como doce años.... claro que entonces se me oyó como quien oye llover. Ahora sólo soy miembro de esta asociación, lo más parecido a una asociación profesional de Filología Inglesa que hay en España. Y a través de ella, también pertenezco a la European Society for the Study of English, ESSE, que aún tiene que ponerse más las pilas en esto de las internés.

Y pertenecía hasta este año a PALA, Poetics and Linguistics Association, de modo intermitente, desde su fundación y cuando me acordaba de enviar el cheque anual. Estos tienen menos picardía y no te envían un cargo periódico al banco, con lo cual tienes que apuntarte cada año. Hasta que este año tocaron fondo mis finanzas y ví que si pagaba la cuota anual se me quedaba la cuenta en blanco, por no decir en rojo. Y claro, llegados a ese punto.... aunque aún volveré por allí, supongo.

Por la misma escasez de fondos, en realidad, más que por otra cosa, he dejado de ir a congresos. Antes iba como un clavo a los de AEDEAN. Pero aun con la ayuda de la universidad, he comprobado que te sale cara la osadía, a menos que tengas un proyecto de investigación subvencionado. No está el sueldo como para ir por ahí haciendo turismo académico.

Y visto que está la web, y hasta con contenido gratis... nos atendremos a ella, de momento. Puede ser la sociedad académica más extensa y más intensa, en realidad. Aunque todavía le falte un hervor a la academia en red. Ya dijo Foucault que la academia funciona mediante la rarefacción del discurso—ponerle obstáculos más que facilidades. E Internet pone demasiadas facilidades, lo cual lo hace sospechoso e indeseable.

Los académicos son esos entes curiosos que se recomiendan mutuamente (¿no tan distintos de los blogueros?) y que basan toda su actividad en la convención de que un discurso o publicación que ha sido autorizado por otro académico, o una pareja de ellos, pasa a un nivel superior de realidad, adquiere un aura que lo transforma en un mérito a los ojos de cualquier otro académico usador de baremos.

Es... una convención. Con efectos buenos, y con efectos malos. Útil para unas cosas, inútil para otras. Sobre todo porque a la hora de la verdad —a la hora de decidir sobre dineros, honores o puestos de trabajo— los académicos tiran tanto de sobreentendidos, normas no escritas, y telefonazos secretos, como de baremos. Más, probablemente. Son los problemas colaterales de la rarefacción del discurso, tanto más serios cuanto más se ha enrarecido el discurso. Pero a esos problemas no se suele prestar atención (por escrito, por escrito...) en la academia; y también se enrarece el discurso sobre ellos—cosa que también es parte imprescindible de la convención.




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lunes, 29 de mayo de 2017

Retropost #1634 (29 de mayo de 2007): P2Peer Reviews



Hay en IfBook una interesante reflexión sobre la acreditación académica de las publicaciones. Los responsables del desarrollo una web de publicación académica, MediaCommons, en la línea de la Web 2.0, están estudiando nuevas maneras de combinar la autopublicación libre con una versión evolucionada de los informes de expertos.  El sistema de informes confidenciales por parte de los expertos entrará en crisis antes o después, al estar unido a un sistema de publicación basado en recursos escasos, y sin capacidad de medir la aceptación ya conseguida por un artículo en una comunidad dada. No creo que el sistema descrito sea una solución muy convincente, pero al menos avanza en esa dirección. Aquí está expuesto en una serie de diapositivas.

La idea básica es que el peipa es publicado de entrada, sólo que se somete a debate y revisión en la web (por personas acreditadas y no entes anónimos), y si el resultado del debate es informado favorablemente por un consejo de redacción, se publica una versión revisada y acreditada con una pegatina. Que, supongo, sube el valor de acreditación de la publicación. Me temo que no parece tan confidencial ni impersonal como el peer reviewing, pero a cambio es mucho más interactivo, y será inevitable que se desarrolle un sistema de valoración actualizado—sin que por eso creo que vayan a desaparecer de momento los tradicionales. Veremos qué peso relativo se concede a unas y otras publicaciones.
 
En lo que a mí respecta, no sé si volveré jamás a intentar conseguir karma académico por mis escritos. Me compensa mucho menos el tiempo perdido en ello, la lentitud del proceso, y las disensiones estériles en torno a cuestiones insignificantes y esterilizantes, como el número de palabras que empleas, o si sería oportuno mencionar a Periquito, que está asociado en la mente del lector con el tema que tú discutes. Sin contar con las distorsiones del sistema, que son muchas—en especial en los volúmenes monotemáticos o especiales de las revistas académicas, que ahora son ya casi la regla (lo excepcional es una revista sin monográficos).

Otro elemento a tener en cuenta en esta reorganización del karma académico será (aparte del prestigio del medio en que publiques) el impacto de un artículo medido no sólo en citas académicas, sino en visitas o en enlaces. Que son una nueva moneda en la economía en red. O también en votos arbitrados a través de metablogs tipo Digg, como este que acaba de crear Emilio Gil aquí mismo en Zaragoza: Literaturame.net: un portal de didáctica, literatura y filología que sirve para que los usuarios promocionen los artículos que han encontrado más interesantes. Y donde encuentro, por ejemplo, esta noticia sobre las nuevas revistas en red que minan la autoridad de las editoriales establecidas: "Rompen con las élites editoriales" . Hay tanto que leer... que los editores nos van a tener que pagar para leer, en lugar de cobrarnos como solían.

Por supuesto, hecha la ley, hecha la trampa, tanto en el sistema clásico de acreditación como en el nuevo. Pero hay que ver cuál nos aporta más para dirigirnos al público que buscamos y cumplir mejor las funciones comunicativas de la escritura. Para mí, por ahora, me ayuda mucho más a pensar y a barajar ideas un blog que un artículo escrito para pasar vistos buenos según procedimientos académicos. Así que ¡vivan los blogs y la publicación libre! La academia ya sabrá cuidar de sí misma y desarrollar estrategias para distribuciones mutuas de karma. Pero parece inevitable que este nuevo medio va a ventilar un poco los asfixiantes procedimientos y los corrillos disciplinarios de la academia. Al menos en disciplinas como la mía, la "Filología" o los "Estudios ingleses", estudios éstos que no son nada si no son una conjunción de diálogos diversos e influencias impredecibles, y que se mueren en cuanto se les aplica un Método oficial sancionado por una comunidad cerrada.




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miércoles, 7 de septiembre de 2011

El mercado de la atención, al alza

Sobre la importancia de la atención para comprender la naturaleza humana, y las dinámicas de organización social y cultural, ya hemos hablado antes por aquí (Atención a la atención). Muy interesante en esta línea es el artículo de LUIS GÓMEZ-JACINTO, "COMPARACIÓN SOCIAL Y AUTOEVALUACIÓN DESDE UN ENFOQUE EVOLUCIONISTA" (PDF). 

Nos comportamos en sociedad de maneras que potencien nuestra autoestima, eligiendo las estrategias adecuadas para ello. Algo en esta línea había argumentado Mark Twain en su sarcástico ensayo What Is Man? —pero ahora los sarcasmos de Twain parece que tienen respaldo científico en la psicología evolucionista.

Y, prosiguiendo en el desarrollo evolutivo de la comunicación y la interacción social, stos razonamientos sobre la dinámica social de la autoimagen habría que aplicarlos también a la netiqueta y al comportamiento en Facebook.

 



Según su abstract,


"Este trabajo analiza el impulso de evaluación
de las propias opiniones y capacidades desde una
perspectiva evolucionista. El proceso social que permite
la autoevaluación es la comparación social. Se propone
que el origen del proceso de comparación social y
autoevaluación se deriva de la competición social a través
de dos autoconceptos: los potenciales de posesión
de recursos y de posesión de atención social. El equivalente
psicológico de estos dos conceptos es el de la
autoestima. La autoestima evolucionó como un sociómetro
que permite al Homo Sapiens calibrar su grado
de pertenencia social/exclusión social en los grupos de
referencia. Las personas se motivan para comportarse
de tal modo que conserven su autoestima, puesto que
las conductas de mantenimiento de la autoestima suelen
reducir la posibilidad de ser ignorado, evitado o
excluido por los demás. Esta autoevaluación es más
sensible a la exclusión de las personas íntimas que al
rechazo de personas alejadas del círculo más cercano.
Esta sensibilidad está relacionada con el nivel de intimidad
que se mantiene con los otros miembros del
grupo, con los dominios de desempeño y con la relevancia
para el yo. Este modelo de mantenimiento de la
autoevaluación es un mecanismo que resuelve un problema
evolutivo al que hubo de enfrentarse el Homo
Sapiens en algún momento clave de su evolución."


Habla de estrategias de gestión de la atención social, cosa que se hace evitando la confrontación con adversarios más potentes y rivalizando con los que se perciben como más débiles. En los seres humanos, la confrontación física, directa o violenta ha cedido en importancia ante la seducción y el desarrollo de atractivo, en una competición por beneficios sociales que llevan ya su cuota de atención y privilegio incorporado—incluyendo, pero no sólo, posición social, profesión, cualificaciones y capacidades, gustos y aficiones, etc.
Y dentro del círculo social o la profesión, el éxito relativo de cada individuo o profesional comparado con los demás. 

"Ser elegido por los demás en un cortejo, en un equipo de fútbol, en la búsqueda de empleo o haciendo amigos son buenos ejemplos de lo que puede suponer esta motivación por ser y, sobre todo, parecer atractivos a los ojos de los otros." (8)

Podríamos decir que las profesiones, titulaciones, etc., son mecanismos sociales para gestionar el mercado de la atención: atención empaquetada y en bloque, podríamos decir, igual que el dinero es trabajo de los demás simbolizado, acumulado y hecho portátil y transferible. El dinero es poder social en metálico ("Money doesn't talk, it swears" decía Bob Dylan), y una titulación o un puesto de trabajo son una modalidad de reconocimiento social "gramaticalizado", indiscutible a un nivel. 

Somos seres sociales y simbólicos, y todos nuestros esfuerzos se dirigen hacia empresas y objetivos más o menos simbólicos. (De ahí que el fútbol, o la ficción, puro simbolismo vacío de contacto con la realidad del sujeto, gratuidad pura, me parezcan algunas de las esferas en las que la naturaleza humana se manifiesta de manera más pura como la pura nada que es).

"La especie Homo Sapiens se decanta por otra manera
menos peligrosa de probar las fuerzas con los adversarios,
en lo que Paul Gilbert y sus colaboradores denominan
potencial de posesión de atención social. Este
potencial se refiere a la cantidad de atención que los
demás le prestan a una determinada persona. En esas
condiciones se compite con los congéneres por la atención
y la valoración de los demás miembros del grupo.
Quien gana en esta competición incrementa notablemente
su estatus, y cae en las regiones del destierro social
quien es ignorado por sus contemporáneos del grupo.
Desde este punto de vista la posición social que uno
ocupa dentro del grupo no procede de la capacidad de
amenazar y luchar, sino de la atención que le proporcionan
los demás (Buss, 2004). Y los demás suelen otorgar
ese interés a las personas que desempeñan una tarea o
función valiosa. Un médico que atiende a un enfermo
recibe automáticamente la mejor de las atenciones por
parte del enfermo y de sus familiares. Los seres humanos
compiten por ser concesionarios de los beneficios de los
demás y así incrementar su potencial de posesión de
atención social. El fracaso en esta tarea conlleva la pérdida
de recursos y de la atención prestada por los otros."

Como digo, Gómez-Jacinto no está pensando precisamente en las redes sociales virtuales o en red, pero merecería repensarse su artículo aplicándolo en este nuevo entorno social—donde resulta, creo, especialmente explicativo.

"Si algo importa al Homo Sapiens es el tema de la pertenencia
social y
lo doloroso que le resulta la exclusión social de cualquier
grupo que considere importante." (....) "La formación de
coaliciones y de alianzas amistosas son otros de los espacios en
los que se pone en juego la autoestima del individuo."


La autoestima funciona, concluyen los evolucionistas comentados por el autor, como un sociómetro que asegura la supervivencia del individuo mediante su integración adecuada en el grupo. Cuando detectamos señales de rechazo, ajustamos nuestro comportamiento para maximizar la aceptación social y la autoestima.

El análisis de la autoestima no sólo es útil para la teorizadores de la evolución o de las relaciones sociales: también es interesantísimo para hacer observaciones aplicadas de nuestro grupo social, o de nuestro propio comportamiento (especialmente al pelo viene en un blog llamado Vanity Fea). Y también, se me ocurre, podrían derivarse de aquí interesantes líneas de análisis del discurso (desarrollando la politeness theory de Goffman, Brown y Levinson, o Leech) y de análisis narrativo—viendo cómo los creadores de ficciones y narraciones interpretan y gestionan por su parte los procesos de autoestima en sus mundos sociales inventados y representados.



 
 
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domingo, 1 de agosto de 2010

Profesores monjes y profesores cortesanos



 
Las reflexiones de José Carlos Bermejo Barrera sobre la dinámica del prestigio y la distinción en la Universidad no sólo proporcionan herramientas conceptuales certeras desde una perspectiva satírico-costumbrista ("profesores cortesanos", "proyectitis", empalabramiento, "capitalismo imaginario", pastoreo universitario...) sino que pueden ayudar a entender la generación por observación mutua (y a veces la súbita transformación) de ideologías, creencias, y doctrinas científicas y académicas, en función del material humano en el que se desarrollan, y de sus dinámicas sociales.
 


Es una distinción, ésta entre profesores monjes y profesores cortesanos, a la que alude José Carlos Bermejo Barrera en su libro crítico-satírico sobre la universidad española, La fábrica de la ignorancia, y que ciertamente tiene su dosis de verdad. Parte del mal que diagnostica Bermejo en la Universidad como "fábrica de la ignorancia" se debe a la proyectitis, de la cual ya hablábamos aquí otro día ("La investigación individual sobra en la Universidad"). A través de los grupos de investigación subvencionados, los profesores se embarcan en una dinámica que Bermejo denomina capitalismo imaginario:


"Unos profesores que últimamente valoran más la actividad investigadora basándose no en los resultados científicos obtenidos y publicados, sino en el dinero gastado en los años anteriores, de acuerdo con el llamado por R. Merton efecto San Mateo, conocido desde hace más de cuarenta años en las universidades norteamericanas, un efecto que, de acuerdo con las palabras de ese evangelio dice que al que tiene, se le dará, y al que no tiene incluso eso se le quitará.
Unos profesores que no dudan a la hora de cambiar todo tipo de criterios para la valoración de la docencia y la investigación de sus colegas, según cada caso y cada persona, y que pueden llegar a considerar cosas como que si es necesario publicar en revistas de prestigio, eso puede lograrse bien accediendo a esas revistas, o bien pasando a considerar como revistas de prestigio aquellas revistas en las que ellos ya publican, lo que se puede conseguir fácilmente convirtiéndose en evaluador en las comisiones que establecen las catalogaciones de las revistas científicas." (68)

Pongo algunas de las observaciones más jugosas sobre la universidad, vista desde dentro por este experto conocedor de la fauna académica. En especial en el capítulo IV, "¿En qué creen los profesores y por qué es tan fácil manipularlos?". No le sorprenderá a nadie que se trate aquí de cuestiones muy relacionadas con el feudalismo en la academia, por mucho que Bermejo no entre de lleno en el tema.


"En la universidad española actual además parece estar vigente el concepto de servidumbre voluntaria. al que el amigo de Michel de Montaigne, Étienne de la Boétie, había dedicado un libro que citábamos en el capítulo primero. Los profesores españoles, en efecto, parecen haberse convertido de unos años a esta parte en unos seres aparentemente sumisos dispuestos a aceptar toda clase de normas y a someterse a todo tipo de pruebas, a cambio de unas mínimas compensaciones económicas" (71).

La docilidad de los profesores viene, según Bermejo, de la misma manera en que se constituye su identidad como sujetos de reconocimiento mutuo. "Los profesores somos seres empalabrados, debemos construir discursos en los que se comunique el conocimiento, y nuestra identidad depende de los discursos que seamos capaces de construir y de nuestra capacidad de comunicarnos con los demás" (73). El reconocimiento mutuo, tan importante en toda sociedad humana, es todavía más crucial en la Academia, que no es sino una sociedad organizada de reconocimientos mutuos. De allí que se produzcan en ella fenómenos patológicos ligados a los procesos, necesidades y ansiedades del reconocimiento mutuo.


"En una institución determinada cada sujeto asume uno o varios roles y logra consolidar un lugar propio o estatus, y de este modo construye su identidad. Se da la paradoja, como señalaba J. L. Moreno, que la identificación entre cada sujeto y su rol puede llegar a ser tan fuerte en algunos casos, que los ataques más profundos que se le pueden hacer a una persona no serán aquellos que vayan dirigidos a los aspectos más íntimos de su personalidad, sino a su yo externo, al yo que desempeña en una institución con la que se siente identificado" (72)

Lo mismo comentábamos a propósito de la teoría de Goffman sobre la generación grupal de identidades, en el post sobre "Equipos y sujetos... al equipo". Parece lógico que el academicismo al cuadrado, o sea, la pertenencia a grupos específicos dentro de la academia, producirá patologías académicas elevadas asimismo al cuadrado. La raíz de esas patologías: la inseguridad y endeblez de la identidad académica—


"El carácter fuertemente lingüístico de la institución académica hace que el grado de identificación entre lo que podríamos llamar el ego interno y el ego externo sea mucho mayor que el resto de las profesiones (...). Podríamos decir que en el mundo universitario más que definir a una persona mediante la fórmula: yo soy lo que hago, o he hecho, se la define mediante la fórmula alternativa: yo soy lo que digo, o lo que he dicho. En términos literarios podríamos traducir esta proposición por yo soy mi obra, que en los términos académicos actuales sería: yo soy mi currículum. (73).

Siguiendo a Pierre Janet y a J. L. Moreno, ve Bermejo una implicación intelectual de la persona con su discurso, o quizá más bien con su imbricación en el discurso de la academia, que lleva a un mayor gasto de energía psíquica y mayor vulnerabilidad psíquica, a que "esa energía que mantiene la tensión necesite un mayor grado de reconocimiento social":


"Ésa esa la razón que puede explicar la tendencia a la vanidad de los profesores universitarios y su búsqueda constante de ser reconocidos por los demás. Por la misma razón estará allí su flanco más vulnerable: podrán ser manipulados mediante el halago, humillados mediante la injuria verbal y controlados gracias a la creación de sistemas que dosifiquen la alabanza y la crítica individual y colectivamente.
El carácter empalabrado de los profesores, unido a su constante necesidad de búsqueda del reconocimiento y al hecho de que por su profesión siempre están juzgando a sus alumnos y a otros profesores, valorando sus grados de conocimiento, hace que el uso del lenguaje pueda adquirir en el mundo universitario unas características muy particulares en el campo de la agresión verbal.
La agresión verbal en las universidades no se realiza básicamente mediante el insulto, sino mediante el uso y manejo constante de argumentos y contraargumentos, de alabanzas, de juicios de aprobación y de refutaciones. Cuando un profesor intenta atacar verbalmente a otro, lo que suele hacer es atacar su rol, su yo externo, siguiendo la lógica implícita, a la que ya habíamos aludido, según la cual: yo soy lo que digo o lo que he dicho." (74).

Sobre la vanidad de los académicos ya había disertado antes Bermejo—ver este post sobre "Enfermedad profesional". Vanidad que, aclaremos, no siempre se manifiesta haciendo ostentación, sino también, conversamente, en forma de inseguridad.


"La necesidad de reconocimiento académico por parte de los profesores es perfectamente natural, puesto que en primer lugar todos los seres humanos necesitamos el reconocimiento de los demás en todos los terrenos y por otra parte el gasto de energía psíquica que implica el trabajo intelectual hace que la necesidad de ese reconocimiento sea aún mayor, lo que los convierte en blanco fácil para la credulidad. Una credulidad que puede llegar a ser incluso un poco infantil y que resulta paradójica en unas personas y en unas instituciones que deberían estar dedicadas al cultivo de la inteligencia. Y es precisamente en esa crédula necesidad de reconocimiento en donde reside la gran debilidad de los profesores españoles actuales, una debilidad que será sistemáticamente manipulada por el sistema universitario español, de un modo especialmente perverso en el momento presente." (74)

Cosas como ésta suceden, es de suponer, en cualquier departamento. Y también en el mío, qué cosas—véase algún ejemplo relacionado con evaluación de méritos, en "Más Aneca".

Siendo el reconocimiento un bien tan ambicionado, es previsible que se intentará conseguirlo por diversas vías, o incluso mediante sucedéaneos. Explica Bermejo en otros capítulos cómo tiende a confundirse la unidad de valoración (el artículo) con la unidad de conocimiento, primando la cantidad de calidad sobre la calidad de la calidad, por así decirlo. O cómo tiende a supeditarse el reconocimiento del conocimiento al reconocimiento del poder institucional—o directamente a primarse la influencia económica en forma de contratos y proyectos como medida de calidad. Es lo que Bourdieu (a quien se remite Bermejo) ha identificado en su libro Homo academicus como dos formas de deseo y ambición en la institución universitaria, la libido sciendi y la libido dominandi. El ansia de saber puede estar muy oculta, no se sabe quién la tiene y quién no... —pero la otra, la ambición de dominio, suele manifestarse de modo bastante más evidente y visible.


"Podríamos, para sintetizar, establecer una contraposición ya consagrada en los estudios de sociología de las universidades entre dos tipos ideales de profesores: el profesor monje, que valora el cultivo del conocimiento por el conocimiento mismo, que asume el gran esfuerzo intelectual y personal que ese cultivo exige y que sólo espera el reconocimiento de sí mismo en términos puramente intelectuales, no aspirando a salirse del marco académico ni a lograr grandes riquezas. Y el profesor cortesano, que se da cuenta de que, en último término, lo único que importa es el prestigio, que todo prestigio es externo, ya que depende de la valoración que los demás hagan de nosotros, y que ese prestigio se puede conseguir manipulando los mecanismos que le son propios." (78-79)

Por supuesto, entre los cortesanos los hay serviles, meros pajecillos, y los hay conde-duques, cada cual intentando situarse en la corte según sus posibilidades. Cuando esta lógica llega a imponerse en el sistema, por diversas circunstancias que Bermejo analiza en detalle, en relación con la estructura político-económica de España y de la evolución de su sistema universitario, puede generarse un sistema bastante perverso "en el campo del conocimiento, en el que a partir de ahora estarán destinados a sobrevivir los más hábiles y oportunistas, es decir, aquellos que—como los virus—sepan encontrar y manipular los puntos débiles de los demás" (81)

Son procesos sin duda siempre presentes, pero que según lo ve Bermejo pueden proliferar de manera especialmente virulenta en la actual situación de la Universidad española [en 2010, y no digamos en 2020]. Así, se pervierten los sistemas de supuesta evaluación de la calidad, que operan sobre un sistema universitario políticamente irreformable, por el galimatías de la descentralización autonómica y la proliferación de normas y administraciones—En este contexto la evaluación de la calidad tiene efectos, pero son quizá tan perversos como beneficiosos:


"esa universidad está sobredimensionada, es disfuncional y se halla en un estado caótico. Sin embargo no se puede reformar por razones políticas y sindicales, y por la imposibilidad de coordinar las universidades de las diecisiete autonomías existentes. Por esta razón debería dar igual evaluar a las universidades que no evaluarlas, si se buscase algún fin real. Ese fin real no se busca, porque si se hallase no se podría aplicar, pero la evaluación cumple sin embargo un papel fundamental, del mismo modo que la instrucción en orden cerrado en el patio de un antiguo cuartel franquista: mantener a los soldados ocupados y disciplinados" (86).

En Fírgoa, web/blog sobre la Universidad, pueden (o podían...) encontrarse más artículos de Bermejo Barrera, por ejemplo algunos textos preliminares de La Fábrica de la ignorancia, o una entrevista sobre el actual proceso de reforma universitaria.   

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PS: La web Fírgoa se suprimió por razones no sé si diga de política o de prudencia temerosa de los académicos editores.  Pueden encontrarla, sin embargo, en la Wayback Machine.







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