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martes, 24 de abril de 2018

Retropost #2122 (24 de abril de 2008): The Subject of the Subject


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Para quien le vaya el sujeto y sus sujecciones, en especial visto por este sujeto—y por Erving Goffman—acabo de colgar este artículo sobre el tema (on the subject): "Goffman: La realidad como expectativa autocumplida y el teatro de la interioridad" —en el Social Science Research Network. En realidad, también va de la realidad, de cómo ésta se sujeta (malamente) en las mentes, y de cómo (al contrario que Jehová) somos y no somos quienes somos. Y de cómo representamos, para los demás y para nuestro público interior, el papel que nos va tocando: el papel de nosotros mismos—pues no soy yo el único que lo hace tan teatralmente.

Bueno, pues de eso va.

Como de costumbre, lo que subo al SSRN es una versión rehecha, repegada, revisada y academizada de posts que ya he publicado aquí antes. El título y resumen están en inglés, pero el artículo está en español (como casi todos los que subo). Bien me critican que sea prolijo en mis posts, pero es que entre pitos y flautas así me sale un peipa de veinticinco páginas veinticinco.

Al público necio y sabio le doy un papel,
Y cada uno haga lo que quiera con él.

Pero ojo los dedos... que es papel virtual: la celulosa no va incluida.

Y oye, qué pocos me dan las gracias. No me extraña que, el que pueda, cobre.




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miércoles, 15 de febrero de 2017

Goffman: El teatro de la interioridad


Presentamos aquí una teoría dramatística del sujeto, la identidad personal y de la interioridad del yo basada en, o quizás más bien contenida en, el capítulo que concluye el gran tratado de psicología social de Erving Goffman Frame Theory, ́Teoría de los marcos ́. Marcos interiorizados, en este caso, y que estructuran al sujeto por dentro, al igual que estructuran la realidad social entre los sujetos. Para entender la estructura de la realidad, y la estructura de nuestro propio yo, hay que releer a Goffman.



English Abstract: We present here a theory of the subject, of personal identity and of the self's interiority based on, or perhaps rather contained, in the concluding chapter of Erving Goffman's seminal treatise of social psychology, Frame Theory. In this case we are dealing with interiorized frames, structuring the self from within, just as they structure the social reality between the subjects. In order to understand the structure of reality, and the structure of our own self, a rereading of Goffman is imperative.


Notes: Downloadable document is available in Spanish.

Keywords: Dramatism, Subject, Self, Social psychology, Goffman, Interactionism, Frames, Frame theory


Garcia Landa, Jose Angel, Goffman: El teatro de la interioridad (Goffman: The Theater of Interiority) (February 16, 2007). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=2915322



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_____. "Goffman: El teatro de la interioridad." In García Landa, Vanity Fea 16 Feb. 2007.
         2007-02-28
_____." Goffman: El teatro de la interioridad (Goffman: The Theater of Interiority." Online at Social Science Research Network 11 Feb. 2017.*
         2017
_____. "Goffman: El teatro de la interioridad." Ibercampus (Vanity Fea) 10 Feb. 2017.*
         2017
_____. "Goffman: El teatro de la interioridad." Vanity Fea 15 Feb. 2017.*
         2017

_____. "Goffman: El teatro de la interioridad." Academia 10 May 2017.*
         2017
_____. "Goffman: El teatro de la interioridad." ResearchGate 11 May 2017.*
         2017


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viernes, 10 de febrero de 2017

Retropost #1362 (10 de febrero de 2007) - Goffman: El teatro de la interioridad



Continúo releyendo y comentando aquí la conclusión de Frame Analysis de Goffman. Comienza la segunda parte diciendo que es tentador establecer una oposición simplista entre la actividad efectiva y sus "formas transformadas": por ejemplo, entre realidad y ficción. Es tentador creer que las formas derivadas de la realidad son copias de un original localizable. Y entonces el análisis de marcos se limitaría al análisis de estas transformaciones, partiendo de un nivel de base simple e inanalizable, la realidad efectiva, no enmarcada.

Pero ya se ha mostrado a lo largo de todo el libro cómo la realidad, al incluir esos marcos, no puede aislarse de ellos. La realidad incluye a la ficción, con o cual se establece entre ellas una relación paradójica, o, si se prefiere, dialéctica. Totus mundus agit histrionem. La realidad, siendo una estructuración semiótica, no puede comprenderse sin analizar estas estructuraciones que la invaden, complican o constituyen.

"Pues la actividad efectiva no ha de contrastarse únicamente con algo obviamente irreal, como los sueños por ejemplo, sino también con los juegos, rituales, experimentaciones, ensayos, y otras disposiciones, incluyendo los engaños, y estas actividades no es que sean tan fantásticas" (563, traduzco).

Conclusión: el análisis no puede establecer una diferencia simplista entre la realidad original y la transformada, y el análisis de marcos se aplica al conjunto de la realidad.

"Sostenemos, pues, que los segmentos de actividad, incluyendo las figuras que los habitan, han de tratarse como un único problema para el análisis. Los ámbitos del ser son aquí los objetos adecuados de estudio, y aquí, lo cotidiano no es un dominio especial que haya de ponerse en contraste con los otros, sino que es meramente otro ámbito" (564).

Aquí Goffman trata en términos de "marcos" lo que otros teorizadores han llamado "mundos posibles". Sí creo que conviene aclarar que por supuesto existe una posición relacional llamada "mundo real", aunque es relacional, precisamente: es decir, ese "mundo real" también existe dentro del marco de una película para los personajes. Y, además de relacionalmente definido, es un ámbito complejo, atravesado y constituido por múltiples marcos no "tan" reales, como aclara Goffman. Y procede a continuación a explicitar la complejidad que subyace al nivel, supuestamente básico, de la "realidad real".

Ejemplo de Goffman: Así como los actores interpretan a su personaje para clarificar de cara al público el sentido de los actos y pensamientos del personaje, de la misma manera nosotros interpretamos a nuestro personaje ("playing himself", interpretando el papel de sí mismo, como diría Shakespeare) especialmente cuando nos sentimos observados por un público no familiarizado con nosotros y que podría malinterpretar nuestros actos, "most evidently when an individual finds he must do something that might be misconstrued as blameworthy by strangers who are merely exercising their right to glance at him before glancing away" (564). Verbigracia, hablamos ostentosa o innecesariamente con algún acompañante nuestro, para que nos oigan terceras personas, cuando se produce algún tipo de confusión interactiva en el grupo que formamos conocidos y desconocidos. O cuando, bajo la mirada de la señora de la limpieza, pasamos por su suelo recién fregado con aspavientos de humildad y precaución, para que no se sienta ofendida por nuestra indiferencia a su trabajo.

En un caso de interacción "real", "efectiva", "cotidiana", puede haber marcos entrecruzados delimitando secuencias de actividad diferenciables.

1). Primero, marcos que delimitan las secuencias de actividad, simultáneas, como en una grabación de varias pistas:
- La actividad principal, la "historia" oficial de lo que está pasando, compartida por todos. Por ejemplo, una reunión de trabajo en una oficina.
- Hasta cuatro canales de actividad subordinados:
    a) Uno relativo a acontecimientos ignorados. Por ejemplo, los ruidos de tripas de uno de los participantes.
    b) Una secuencia de actividad direccional, que orienta y regula la línea de actividad principal pero no es en sí misma objeto de atención. Por ejemplo, los rituales establecidos de toma de palabra, posición en la mesa según la jerarquía, etc., en la reunión de trabajo.
    c) Una secuencia  relativa a la comunicación superpuesta: lo que para los participantes queda fuera de su ámbito perceptual. Por ejemplo, los participantes suponen mutuamente que ninguno de los participantes puede ver lo que está pasando en otra habitación de la oficina.
    d) Un canal de ocultación. Por ejemplo, si un jefe antipático interrumpe la reunión con un telefonazo, mientras uno de los participantes le habla, todos pueden hacer caras o gestos de fastidio al respecto.

2) Al margen de las secuencias de actividad, están los marcos relativos a laminaciones. Por ejemplo, la reunión podría ser no una reunión tal cual, sino estar sometida a algún tipo de modulación o derivación: un ensayo de reunión, una reunión ficticia en el marco de una obra de teatro, etc. Una determinada secuencia de acción, con sus canales de actividad subordinados, puede así verse modulada y reenmarcada en otro contexto de actividad.

3) La actividad puede verse atravesada por diferentes marcos relativos al status de participación de los interactuantes. Por ejemplo, en una conversación entre dos personas, ambas son participantes en igual medida y pueden intercambiarse los papeles de hablante y oyente. Si se añade un tercero, puede mantenerse la plena participación de todos, o puede aparecer en mayor o menor medida el papel del participante sin alocución: si la conversación se centra en dos, el tercero presente puede convertirse en una especie de espectador del marco comunicativo formado por los otros dos. También pueden aparecer modalidades de comunicación limitada entre algunos participantes y que excluya, por connivencia, a parte de los presentes:

"Con un tercer participante, se ha creado también la posibilidad de una red colusiva y una distinción entre colusionadores y excolusionados. Añadamos, en lugar de eso, a un tercero que sea un extraño no participante y tenemos el papel del transeúnte que pasaba por allí, y su actor está aislado de los demás por la falta de atención que dicta la cortesía. Si hacemos un guión con esa situación de dos personas o cualquiera de las situaciones de tres personas, y lo representamos sobre un escenario, ya tenemos, además, los roles del actor y del público." (565)

Bien, pues una vez establecida la posibilidad de este análisis en marcos de la interacción comunicativa, Goffman pasa a aplicarlos al teatro interior del sujeto. Con toda lógica, pues (según nos enseña el interaccionalismo simbólico) la subjetividad emerge por interiorización de la interacción. La interacción consigo mismo, la auto-interacción, es una dimensión esencial del comportamiento. Según Blumer, el sujeto se dirige continuamente a sí mismo self-indications, señales relativas a su propio comportamiento. No olvidemos que las señales dirigidas por el organismo a sí mismo son un elemento crucial en el surgimiento de una consciencia compleja y reflexiva, ya al nivel de las estructuras cerebrales evolucionadas. El sujeto consciente y complejo es sólo posible gracias a la multiplicidad originaria de sistemas de señales internos, en comunicación unos con otros. De ahí que el análisis de la interacción y su estructura de marcos pueda aplicarse también a la actividad subjetiva de cada uno de los participantes en un encuentro comunicativo—aunque el encuentro sea de una sola persona consigo misma, claro.

Así pues, Goffman complica los sujetos "simples" presupuestos en el análisis anterior, con este elemento de autointeracción. La comunicación colusiva puede por tanto darse aun entre dos personas:

"Puede darse la comunicación colusiva en la conversación entre dos personas ya sea bajo la forma de la auto-colusión, cuando uno de los participantes hace apartes gestuales durante el turno de habla de la otra persona, o (por así decirlo) en forma de comunicación colusivo-colusiva, con los dos participantes jugando los papeles de colusionador y excolusionado. También un participante puede estilizar la externalización de su respuesta de modo que se estimule al otro para percibirla pero sin embargo actuar como si no lo hubiese hecho; se anima así al otro a aportar dos modos de funcionamiento, no uno, y se expande así de hecho la situación bipersonal para convertirse en algo más complicado". (565)

La vida cotidiana incluye una teatralidad, como bien supo ver Shakespeare, que potenciaba con el teatro de la vida cotidiana la teatralidad de su propio drama, para devolver al público esa teatralidad social reinterpretada, exteriorizada y comentada. Esa teatralidad nos vuelve actores y da profundidad a nuestros personajes, como comenta Goffman en relación a un caso frecuente: cuando repetimos o contamos las palabras y acciones de una persona a un tercero, o cuando narramos sin más:

"Y cuando un hablante re-presenta una secuencia de experiencia para deleite de su interlocutor, éste último (y hasta cierto punto también el hablante) puede ponerse a contemplar y funcionar de manera no distinta a un público; el oyente y el hablante pueden dar señales de su aprecio a lo que el hablante les está presentando.
   En suma, las situaciones que articulan la interacción multipersonal pueden plegarse y pasar al interior de la conversación entre dos personas, para recibir allí un papel estructural." (565-66).

Todavía enfatiza poco Goffman en este punto, me parece, la naturaleza interactiva de la interioridad. Pensemos en un ejemplo clásico de interioridad, la intimidad, ejemplificada en los secretos que no se cuentan ni salen a la luz en la interacción comunicativa con el otro. Pues bien, el sujeto que se estructura alrededor de un secreto ya ha interiorizado la situación comunicativa consistente en la ocultación del secreto. En sí mismo ha de regular, por supuesto en la interacción con otros, pero también en su economía interna, la representación de dos papeles, el del sujeto-con-secreto y la del sujeto-que-oculta-el-secreto, y ha de ser los dos. No es sino un ejemplo bastante claro de interacción internalizada que ayuda a constituir al sujeto como un ente esencialmente relacional. Generalizando la denuncia del bolero, podríamos decir que según Goffman, lo nuestro es puro teatro.

"Igual que en un escenario", la actividad supuestamente espontánea o natural es inherentemente teatral para Goffman. La organizamos de modo comunicativamente eficaz; y así a veces reímos o lloramos (actos corporales, vitales, supuestamente "descontrolados") en el momento que resulta comunicativamente más adecuado. La narración ordena secuencialmente acontecimientos simultáneos, para comunicarlos. El teatro o el cine clásico, algo menos los modernos, secuencian ordenadamente los turnos conversacionales que en la práctica se solapan. Pues bien, en esto nos dan la forma idealizada de la interacción: y también somos teatrales (aunque menos) fuera del escenario,  dejando que cada cual interprete su papel y colaborando con ellos para que lo redondeen bien, y nos dejen luego hacer bien el nuestro—aun en medio de una confrontación, a veces.

"Y aquí, en lugar de seguir la práctica habitual de 'secuencializar' lo que de hecho sucede a la vez, nos permitimos ver como si estuviese solapado lo que de hecho se ha organizado de modo secuencial—y con eso utilizamos los procedimientos de enmarcación para comprometerlos profundamente en la conspiración general para mantener las creencias existentes sobre nuestra naturaleza humana, en este caso, la creencia en que detrás de nuestras cortesías melindrosas, se halla un elemento indisciplinado y animal" (566)

En la acción social, el cuerpo no se utiliza como una presencia inmediata, sino que se ve implicado en la organización interaccional de la acción, orquestada mediante el juego de cuatro posiciones de sujeto, o funciones de interacción, diferenciables:

- La figura o personaje representado
- El estratega que diseña la acción
- El animador que lleva la acción a cabo
- El "principal" cuyos intereses se sirven mediante la acción

A veces los cuatro papeles están representados por "una misma" persona; otras veces se disocian. Por ejemplo, un cantante puede interpretar a un determinado personaje, cantando las palabras escritas por un autor, y sirviendo los intereses de tal o cual productor, ideólogo, etc.

En las actividades reguladas y organizadas, como trabajo, deportes, ceremonias y rituales, etc. hay diferentes reglamentaciones en cuanto a la presencia y uso del cuerpo: comparemos así una competición deportiva, con sus reglas, etc., a un debate, por ejemplo: en cada actividad hay unos límites y convenciones en cuanto al uso que se da al cuerpo. Eso está regulado, con lo cual la actividad podría parecer totalmente convencionalizada. No es así, sin embargo, y se produce lo que podríamos llamar un efecto de realidad, pues al margen de la actividad oficialmente regulada y usos "oficiales" del cuerpo, hay toda una serie de acciones adicionales, producción de signos y emisión de señales colaterales, realización simultánea de otros rituales interpersonales.

"Y, como producto colateral de sus acciones, el actor proporciona indicaciones de, por ejemplo, su personalidad, posición social, salud, intenciones, y afiliación a otros presentes. Así pues, en el caso de la mayoría de las secuencias de actividad ordinaria y no representada, parece perfectamente posible mostrar que aunque el comportamiento corporal del actor es aprendido y convencional, que aunque se esté llevando a cabo una actuación establecida, la acción se percibe sin embargo como directa y no transformada. (...). Esta cualidad de "directo" es un rasgo distintivo del marco de la actividad cotidiana, y en última instancia debe uno recurrir, para entenderla, a explicaciones basadas en marcos, no en cuerpos". (569)

Así pues, hay todo un lenguaje no verbal que acompaña y modula a la actividad "oficialmente realizada" y que apunta constantemente otros posibles usos del cuerpo.

El papel concedido a la emotividad y expresividad corporal está regulado y limitado por el marco de actividad. Una actividad regulada puede verse interrumpida por accesos de emoción que rompen el marco, pero la sintaxis de esta ruptura está en sí regulada (los abrazos o desesperaciones de los futbolistas, por ejemplo, o un músico que falla una nota y continúa con un gesto casi imperceptible de disculpas/complicidad hacia el público. En la interpretación de canciones populares, hay una "sinceridad" convencional, pues en los casos más logrados el intérprete o animador usa su personaje "real" como trasfondo o garante de la "autenticidad" de la emoción expresada:

"En tanto que cantante, un individuo luce el corazón en la garganta; en tanto que interactor cotidiano, es menos probable que se exponga. Y así como se puede decir que se emociona según requerido en tanto que cantante, también se puede decir que no lo hace en tanto que conversador. Ningún comentario no habla de personas en sí; los dos nos hablan de figuras en un marco de actividad" (572).

En el "marco cotidiano" de interacción, sostiene Goffman, la convención a aplicar es que los actores tienen un control incompleto de sus expresiones emocionales. Aun si disimula, ha de traicionarse a sí mismo, o emitir señales que nos permitan interpretar esa ambivalencia. De otro modo, pasa a considerárselo un psicópata. El comunicador cotidiano ha de revelar sus emociones en adición al control impuesto por la actividad en curso: "En suma, en tanto que personas naturales, se supone que somos contenedores limitados epidérmicamente", indicando nuestro contenido mediante la expresión explícita o mediante señales corporales emitidas que indican la supresión de expresión explícita. La simulación perfecta no se consigue, o en todo caso no se considera aceptable. Y sin embargo lo es, y se consigue fácilmente, en otro marco de actividad al que no se aplique esta ley: el juego del póker, por ejemplo. Así pues, la "sinceridad" o "espontaneidad" del sujeto, y la tensión entre expresión explícita y subliminal, está también sujeta a reglas del juego y a contextos de actividad.

El sujeto individual actúa en un contexto u ocasión social determinada. Allí llega con una identidad biográfica y desempeñando un papel socialmente definido. Y representa ese papel pero sin limitarse a él, a la vez dejando traslucir (en esos apartes, señales subordinadas, estilo de representación, etc.) que su personalidad no se ve agotada por el papel: que aparte del rol social hay una personalidad definida, una entidad moral, una pasión animal, etc. Pero la manera en que se orqueste esta disociación entre persona y personaje depende mucho del tipo de actividad social, de las laminaciones o reenmarcaciones a que se haya visto sometida... Y también de las modas:  al igual que varía según contextos sociales o épocas la longitud o anchura de la corbata, también  varía la amplitud y tipo de disociación aceptable o deseable entre persona y personaje, "entre la figura proyectada y el motor humano que la anima" (573):

"Sí existe una relación entre personas y rol. Pero la relación responde al sistema interaccional —al marco—en el cual se representa el rol y se entrevé el yo del actor. Así pues, el yo no es una entidad a medio esconder entre los acontecimientos, sino una fórmula cambiante para manejarse entre ellos. Al igual que la situación en cuestión prescribe la actitud oficial en el seno de la cual nos ocultamos, así también estipula dónde y cómo habremos de desvelarnos algo, y la cultura misma prescribe qué tipo de entidad debemos creer que somos para tener algo que desvelar de esta manera" (574).

A continuación ejemplifica Goffman la manera en que un subastador o una azafata interpretan su papel... algo que recuerda al análisis sartreano del camarero en El ser y la nada, a no ser porque para Goffman, el sujeto no desaparece tras el rol, sino que se constituye en interacción con el rol: en lugar de tener una superficie alienada, una interpretación perfecta, tenemos un complejo juego de interpretarse a sí mismos en el rol y a la vez a otro personaje "real" que trasluce... todos, podríamos decir, seres de papel o entes teatrales. "En suma, a la vez que se nos asigna un uniforme, se nos asigna también una piel. Por su propia naturaleza, los marcos establecen los límites a partir de los cuales son reenmarcados" (575).

El sujeto es una serie de funciones que se superponen o van juntas en la actividad "normal", pero que en otros marcos de acción se desligan: y en lugar de ser nuestra propia figura, animador, estragega y principal, vemos estos papeles distribuidos en una serie de sujetos coordinados para la acción.

Concluye Goffman su libro Frame Analysis citando el análisis que hace Merleau-Ponty (en La prosa del mundo) de la experiencia del "otro" con quien dialogo— alguien que no es propiamente ni la actitud "oficial" del otro, ni el cuerpo que tengo frente a mí. El otro está no propiamente en su cuerpo, sino en la experiencia de interacción que se crea entre yo y él, y que también noto que me desplaza o me crea a mí. Pues bien, Goffman enfatiza ese propio desplazamiento interactivo que me crea a mí a la vez que crea la experiencia del otro. Soi-même comme un autre, también aquí. Y la imagen del yo que se trasluce es, desde luego, un yo relacional, un juego de espejos y situaciones que, en el momento en que queremos anclar en una sustancialidad, no nos remite sino a una identidad significada que se fragmenta en incontables "realidades" de similar sustancia: interacciones, marcos, situaciones, actitudes hacia otros, resignificadas y reenmarcadas, traslucidas y comunicadas incesantemente. No tenemos más sustancia: "me parece que es teatro".


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lunes, 2 de noviembre de 2015

Origen y estructuración emergente de la interioridad



Este artículo relaciona una teoría de la interioridad surgida de la concepción dramatística de la persona expuesta por Goffman, con las teorías foucaultianas y deleuzianas de la subjetividad, remontándose también a la inspiración nietzscheana originaria sobre la génesis de la interioridad a partir de la represión, formulada en La genealogía de la moral. La noción postestructuralista de los 'pliegues del sujeto', procedente de Deleuze y Foucault, y en concreto tal como es formulada por Nikolas Rose, proporciona un marco teórico complementario que arroja luz adicional sobre el dramatismo de Goffman, y es a su vez esclarecida por este enfoque interaccionista.

Origen y estructuración emergente de la interioridad

 English Abstract:  The Origin and Emergent Structure of Interiority 

This paper relates a theory of interiority derived from Erving Goffman's dramatistic conception of the self with the Deleuzian and Focuauldian constructivist theories of the self, going also back to Nietzsche's original inspiration of the genesis of interiority through repression formulated in The Genealogy of Morals. The post-structuralist notion of the 'folds of the self', coming from Deleuze and Foucault, in particular as formulated by Nikolas Rose, provides a complementary theoretical framework which throws additional light on Goffman's dramatism and is, in its turn, illuminated by this interactional approach.


Note: Downloadable document is in Spanish.
 
Number of Pages in PDF File: 20
Keywords: Erving Goffman, Dramatism, Dramatistic sociology, Self, Emergence, Nietzsche, Dialectics, Interiority, Psychology, Subject, Foucault, Post-structuralism, Nikolas Rose, Deleuze, Symbolic interactionalism


 Reference Info: Vanity Fea 21 de enero de 2011
  
eJournal Classifications (Date posted: October 12, 2015)
AARN Subject Matter eJournals
    
        
            
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_____. "Origen y estructuración emergente de la interioridad." In García Landa, Vanity Fea 21 Jan. 2011.*
         2011
_____. "Origen y estructuración emergente de la interioridad." Net Sight de José Angel García Landa 10 Oct. 2015.*
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         2020
_____. "Origen y estructuración emergente de la interioridad (The Origin and Emergent Structure of Interiority)." Social Science Research Network 12 Oct. 2015.*
         2015
         Cultural Anthropology eJournal 12 Oct. 2015.*
         2015
         Psychological Anthropology eJournal 12 Oct. 2015.*
         2015
         History of Western Philosophy eJournal 12 Oct. 2015.*
         2015
         Philosophy of Mind eJournal 12 Oct. 2015.*
         2015
         Social and Political Philosophy eJournal 12 Oct. 2015.*
         2015
_____. "Origen y estructuración emergente de la interioridad." In García Landa, Vanity Fea 10 Oct. 2015.*
         2015
_____."Origen y estructuración emergente de la interioridad." In García Landa, Vanity Fea 2 Nov. 2015.*
         2015
_____. "Origen y estructuración emergente de la interioridad." Academia 27 Feb. 2017.*
         2017
_____. "Origen y estructuración emergente de la interioridad." ResearchGate 1 March 2017.*
         2017 
_____. "Origen y estructuración emergente de la interioridad." Ibercampus (Vanity Fea) 8 Feb. 2020.*
         2020







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sábado, 10 de octubre de 2015

Origen y estructuración emergente de la interioridad


Este artículo relaciona una teoría de la interioridad, surgida de la concepción dramatística de la persona expuesta por Goffman, con las teorías foucaultianas y deleuzianas de la subjetividad, remontándose también a la inspiración nietzscheana originaria sobre la génesis de la interioridad a partir de la represión, formulada en La genealogía de la moral. La noción postestructuralista de los 'pliegues del sujeto', procedente de Deleuze y Foucault, y en concreto tal como es formulada por Nikolas Rose, proporciona un marco teórico complementario que arroja luz adicional sobre el dramatismo de Goffman, y es a su vez esclarecida por este enfoque interaccionalista.


           Origen y estructuración emergente de la interioridad
 

http://ssrn.com/abstract=2672223

viendose

The Origin and Emergent Structure of Interiority

This paper relates a theory of interiority derived from Erving Goffman's dramatistic conception of the self with the Deleuzian and Foucauldian constructivist theories of the self, going also back to Nietzsche's original inspiration of the genesis of interiority through repression formulated in The Genealogy of Morals. The post-structuralist notion of the 'folds of the self', coming from Deleuze and Foucault, in particular as formulated by Nikolas Rose, provides a complementary theoretical framework which throws additional light on Goffman's dramatism and is, in its turn, illuminated by this interactional approach.

Number of Pages in PDF File: 20


Keywords: Erving Goffman, Dramatism, Dramatistic sociology, Self, Emergence, Nietzsche, Dialectics, Interiority, Psychology, Subject, Foucault, Post-structuralism, Nikolas Rose, Deleuze, Symbolic interactionalism




"Origen y estructuración emergente de la interioridad" en mi Net Sight (HTML) (PDF)




_____."Origen y estructuración emergente de la interioridad." In García Landa, Vanity Fea 2 Nov. 2015.*
         2015
_____. "Origen y estructuración emergente de la interioridad." Academia 27 Feb. 2017.*
         2017
_____. "Origen y estructuración emergente de la interioridad." ResearchGate 1 March 2017.*
         2017
 







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jueves, 31 de enero de 2013

Una de expectativas autocumplidas

Veo que aparece en una de las revistas electrónicas del SSRN, llamada Rhetorical Theory eJournal, mi artículo sobre Erving Goffman subtitulado "La realidad como expectativa autocumplida y el teatro de la interioridad." Que versa sobre la aplicación de la teoría de marcos a la construcción del mundo exterior, y del interior también. El título aparece en inglés, "Goffman: Reality as Self-Fulfilling Expectation and the Theatre of Interiority"—pero está en español. También apareció el artículo en otra revista, Literary Theory and Criticism eJournal. Esta perspectiva sobre lo que llamo "el teatro de la interioridad" puede completarse con la que presento en otro artículo sobre Goffman,"Somos teatreros: El sujeto, la interacción dialéctica y la estrategia de la representación según Goffman."

El tema de las expectativas autocumplidas quizá lo siga desarrollando, en relación con la teoría de la narración, en un proyecto de investigación sobre hermenéutica en el que tengo pensado participar. Venciendo mi pereza y mi alergia a los proyectistas. O quizá no, porque es bastante previsible que no se van a conceder muchos proyectos de investigación este año que viene, a tenor de las últimas noticias. Ni muchos, ni pocos tan siquiera—en cuyo caso investigaremos sólo por aquí y en nuestro teatro interior, crowded & cold. 

 
 
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viernes, 21 de enero de 2011

Origen y estructuración emergente de la interioridad

Distintas teorías sobre el origen de la interioridad se pueden encontrar, pero según las mejores autoridades donde hay que buscar el origen de la interioridad es en la exterioridad—en las relaciones sociales. La interioridad sería, pues, una exterioridad internalizada, una especie de socialidad virtual que, desplazada y convertida en una representación, divide al sujeto por dentro en varios papeles que vienen a representar dentro una especie de psicodrama simbólico de lo que sucede fuera—de las relaciones sociales que han constituido al sujeto como tal en primer lugar.

Esta noción se puede encontrar en la teoría freudiana de la constitución del sujeto: es a través del establecimiento de relaciones y de la ubicación en la pequeña comunidad de la familia como el sujeto va generándose, estructurándose, y desarrolla un ego que es una especie de representación o relación a sí—un sistema de relaciones agónicas del sujeto consigo mismo y con otras partes del conjunto psíquico que lo constituye, partes que también son resultado de una interiorización de fuerzas de relación entre el sujeto y lo que le rodea—el superyó por un lado, el inconsciente o el ello por otra, etc., en las diversas formulaciones de la teoría freudiana. A la teoría de Freud se le achaca que se centra demasiado en la infancia y en las estructuras más básicas de constitución del sujeto, y es cierto que el pequeño teatro del drama familiar se vuelve asfixiante si queremos reducir a él los matices y la complejidad de la constitución interna del yo. Necesitamos tener en cuenta relaciones sociales mucho más complejas.


Otra teoría clásica de la génesis de la interioridad, muy influyente sobre el pensamiento postestructuralista del siglo XX, es la de Nietzsche, tal como la expone en La Genealogía de la Moral. Este es una pasaje clásico, en el que expone cómo la conciencia compleja de sí se genera a través de la mala conciencia y de la frustración—que a su vez resulta de un proceso de internalización de relaciones sociales de conflicto, dominio, leyes y poder—y una psicomaquia que enfrenta al sujeto autorrepresentado a las figuras de autoridad simbólica, jefes o dioses, interiorizadas por la imposición de la norma social:

16. Al llegar aquí no puedo dejar de formular provisionalmente mi hipótesis respecto al concepto de "mala conciencia". No es fácil conseguir que se escuche esta hipótesis, que aspira a ser meditada largo tiempo, custodiada y rumiada. (Yo recuerdo cómo leí este pasaje a los dieciséis años y desde luego me ha vuelto a menudo a la cabeza y lo he rumiado con frecuencia—y a los cincuenta vuelvo sobre él, para relacionarlo con otras teorías de la subjetividad. Ya me vale, como rumiar). Creo que la mala conciencia es la profunda dolencia a la que habría de sucumbir el hombre bajo el peso de la más radical modificación de todas las experimentadas, la cual no es otra que la que se produjo cuando se vio definitivamente encerrado en el sortilegio de la sociedad y de la paz. Lo mismo que hubo de pasarles a los animales marinos cuando se vieron ante la alternativa de o transformarse en animales terretres o perecer, les ocurrió a estos medio animales adaptados felizmente a la selva, a la guerra, a andar errantes y a la aventura. De golpe, todos sus instintos quedaron degradados e "inutilizados". A partir de ahoradebían andar de pie y "cargar consigo mismos", cuando hasta ese momento les había sostenido el agua. Una terrible pesadez les aplastaba. Se veían incapaces de realizar las más sencillas funciones; para este mundo nuevo y desconocido, no disponían ya de esos viejos guías suyos que eran los instintos reguladores e inconscientemente infalibles. Estos desdichados se veían reducidos a pensar, razonar, calcular, combinar causas y efectos: se verían reducidos a su "conciencia", su órgano más pobre y más expuesto a errar. Creo que nunca se ha dado en la tierra una sensación tal de miseria ni un malestar tan pesado. Por otra parte, los viejos instintos no habían dejado, de golpe, de reclamar sus exigencias; sólo que era difícil, y pocas veces posible, satisfacerlas. Para lo principal, hubo que buscar formas nuevas y subterráneas, por así decirlo, de apaciguarlos. Todos los instintos que no se descargan hacia fuera se vuelven hacia el interior. A esto le llamo la interiorización del hombre. Sólo con esto se desarrolla en él lo que más tarde se denominará "alma". Todo el mundo interior, originariamente enjuto, como encerrado entre dos pieles, se fue separando y creciendo, fue logrando profundidad, anchura y altura, en la medida en que se fue inhibiendo la descarga del hokmbre hacia fuera. Los baluartes con los que se protegía la organización social de los viejos instintos de libertad—los castigos, principalmente, entran dentro de tales baluartes—lograron que todos los instintos del hombre salvaje, libre y vagabundo retrocedieran y se volvieran contra el propio hombre.  El origen de la "mala conciencia" no es otro que la vuelta contra su poseedor de los instintos de hostilidad y de crueldad, del placer de perseguir, agredir, trastocar y destruir. A falta de enemigos y de resistencias externas, encerrado en la estrechez opresora y en la regularidad de las costumbres, el hombre se desgarraba a sí mismo, se persuguía, se mordía, se intranquilizaba y se hacía daño con impaciencia. El inventor de la "mala conciencia" fue ese animal al que se trataba de "domesticar" y que se golpeaba enfurecido contra los barrotes de su jaula, este ser al que le faltaba algo, devorado por la nostalgia del desierto, que hubo de crearse a partir de sí mismo una aventura, una cámara de torturas, una comarca insegura y peligrosa, este loco, este encarcelado lleno de añoranza y de desesperación. Pero con la "mala conciencia" se había introducido la mayor y más siniestra enfermedad, una dolencia de la que hasta ahora no se ha curado la humanidad: el hombre enfermado por el hombre, por sí mismo. Y ello como resultado de su separación violenta de su pasado de animal, de un salto y una caída, por así decirlo, en nuevas situaciones y en nuevas condiciones de existencia; como resultado de una declaración de guerra contra los viejos instintos en los que hasta ese momento descansaban su fuerza, su placer y su fecundidad. Añadamos inmediatamente, por otra parte, que, al volverse un alma animal contra sí misma y tomar partido contra sí misma, y tomar partido contra sí misma, había surgido en la tierra como algo tan nuevo, profundo, inaudito, enigmático, contradictorio y lleno de futuro, que el aspecto de la tierra cambió radicalmente. De hecho se necesitaron espectadores divinos para que valoraran en sus justos límites el espectáculo que entonces empezó y cuyo final resulta todavía totalmente imprevisible. Era un espectáculo demasiado admirable y demasiado paradójico como para que pudiera representarse en un ridículo astro cualquiera, siendo absurdo que no lo presenciara nadie. Desde entonces el hombre es una de las más inesperadas y apasionantes jugadas de suerte que juega el "gran niño" de Heráclito, llámesele Zeus o Azar. Desde entonces suscita un interés, una tensión, una esperanza y casi una certeza, como si con él se anunciara o se preparara algo, como si el hombre no fuera una meta, sino sólo un camino, un incidente, un puente, una gran promesa...

(En este párrafo final se verá naturalmente, en Nietzsche, como un anuncio del Superhombre, sea eso lo que sea. Me interesa más mostrarlo como evidencia de la consciencia de Nietzsche de que el hombre es un ser en evolución—evolución que lo constituye primero, y evolución cultural y conceptual después que lo convierte en un ser maleable, flexible, en proceso, un ser cuya organización social y psíquica no es estable sino fundamentalmente, inherentemente, emergente. E inestable, claro. Por otra parte, se aprecia claramente una continuidad entre este razonamiento de Nietzsche, profundamente evolucionista para la época en que se formuló, y las perspectivas actuales de la sociobiología—quizá más reconocibles aquí en su vertiente un tanto extremista que ve en el hombre al mono desnudo, un primate con jet lag cuya evolución acelerada le ha dejado un tanto desorientado, acarreando a cuestas muchos instintos aptos para la vida del Paleolítico pero que están fuera de lugar en el ambiente urbano civilizado, o en las formas sociales complejas sin más. O, más bien: que estarían fuera de lugar si no fuese porque esas formas sociales no son todo lo civilizadas que parecen a primera vista, sino que de hecho son, de principio a fin, obra del mono loco que juega a ser civilizado, y que está en ellas en su salsa (de ahí la diferencia crucial entre la gramática y la gramática parda. Ver para más debate sobre esta cuestión del Cromañón que llevamos a cuestas el artículo Ficción narrativa y evolución).

17. Como condición de esta hipótesis sobre el origen de la mala conciencia se incluye, ante todo, la afirmación de que esa modificación no fue sensible ni voluntaria, y que no se dio como una adaptación orgánica a nuevas condiciones, sino como una ruptura, un salto, una coacción, una fatalidad inevitable, contra la cual no se luchó y ni siquiera suscitó resentimiento. Pero, en segundo lugar, el hecho de que la inserción de un pueblo, no sometido hasta ese momento a formas ni a inhibiciones sociales, en un contexto riguroso no sólo se inició con un acto de violencia, sino que fue un proceso que sólo se consumó mediante otros actos de violencia.  En consecuencia, la forma más antigua de "Estado" surgió como una tiranía terrible, como una máquina implacable y trituradora, que siguió actuando así hasta que la materia bruta del pueblo sumido en la animalidad no sólo acabó siendo maleable y quedar bien amasada, sino que adquirió también una forma. Ya se entiende a qué me refiero cuando uso la palabra "Estado": a una horda cualquiera integrada por rubios animales de presa, a una raza de conquistadores y de señores que estaba organizada para la guerra y que tenía la capacidad de organizar, y que pone sin ningún escrúpulo sus terribles zarpas sobre un pueblo tremendamente superior en número, pero sin forma y vagabundo aún. Así es como empieza, efectivamente, el "Estado" en la tierra. De este modo creo que queda rechazada la tesis fantástica que veía sus orígenes en un "contrato". ¿Qué tiene que ver con contratos quien tiene capacidad de mando, quien es "señor" por naturaleza, quien se muestra despótico en actos y en gestos? Con seres así no se cuenta; llegan, como el destino, sin motivo ni razón ni contemplaciones ni excusas; existen como el rayo; son excesivamente terribles, repentinos, convincentes y "distintos" para que ni siquiera se les odie. Su acción consiste en crear e imprimir formas de una manera instintiva; no hay artistas más involuntarios e inconscientes que ellos. Donde aparecen, surge al poco tiempo algo nuevo, una concreción de dominio dotada de vida, en la que han quedado delimitadas y conectadas partes y funciones, en la que no tiene sitio nada a lo que no se haya conferido previamente un "significado" en relación al conjunto. Estos organizadores natos desconocen la culpa, la responsabilidad y la consideración; en ellos domina el egoísmo espantoso del artista que mira las cosas con broncíneos ojos y que se siente justificado, previamente y para toda la eternidad, por su "obra", al igual que le sucede a la madre con respecto a su hijo. Ya puede suponerse que la "mala conciencia" no nace en ellos, no existiría si, con sus martillazos y su violencia de artistas, no hubiera quedado fuera del mundo—o por lo menos fuera de la vista—una ingente cantidad de libertad que , por así decirlo, quedó en estado latente. Ya he explicado que ese instinto de libertad que se volvió latente a la fuerza y que fue repreimido, apartado y aprisionado en el interior, acabó descargándose y desahogándose sólo contra sí mismo. En sus comienzos, sólo eso es la mala conciencia.

Lo de las "bestias rubias" como artistas "a martillazos", prefiero pensar que lo dice Nietzsche
cum grano salis. En todo caso, son artistas inconscientes, y la consciencia interior que surge por la represión violenta que imponen no es buscada ni calculada por ellos. El amo no pretende crear nada ni se hace esas reflexiones—las reflexiones son más bien para el esclavo.

Estos capítulos de Nietzsche son un puente muy conveniente entre el protoevolucionismo, o evolucionismo cultural, de Giambattista Vico, y las perspectivas actuales sobre el origen de las estructuras sociales.  También tienen estas reflexiones un aire de familia más que notable con otros capítulos famosos de la historia de la filosofía—los de la Fenomenología del Espíritu de Hegel, que narra otra versión de la épica de la interioridad. Una versión que, en sus reflexiones sobre la dialéctica del Amo y del Esclavo, está muy próxima en este caso a Nietzsche. Observemos que Nietzsche cita muy raramente a Hegel—bueno, tan raramente que no recuerdo yo ninguna cita, aunque sin duda las habrá; quizá sea un caso de Angustia de la Influencia, de los que decía Bloom en The Anxiety of Influence; quizá similar a la modalidad de represión que comentaba tan deliciosamente Pierre Bayard en lo referente a la relación tortuosa de Freud con el propio Nietzsche—en El plagio por anticipación.

Sobre Vico, Hegel, y otros protoevolucionistas, que muestran cómo lo complejo deriva a partir de lo simple, puede leerse
El orden natural y la complejidad: Paley, Vico, Lamarck y el Génesis. Esta noción básica—lo complejo evoluciona a partir de lo simple— un modo de pensamiento evolucionista que no tiene que esperar a Darwin, ni siquiera a Vico, es la que permite concebir una derivación de la complejidad de la vida social y de las formas psíquicas actuales a partir de estructuras sociales y psíquicas más sencillas. Si nos atenemos a nuestro principio básico basado en la interiorización de lo externo, este proceso funciona por retroalimentación. Una vez las relaciones sociales simples "externas" o interpersonales se han interiorizado en la autorrepresentación del sujeto, ese sujeto transformado, con consciencia psíquica expandida—ese esclavo resentido de Hegel o Nietzsche—transforma también las relaciones sociales en las que interviene, y esto da lugar a relaciones más complejas, que a su vez se interiorizan.

Bien, el tema del del origen, desarrollo y emergencia de la interioridad puede llevar en muchas direcciones. Pero por señalar sólo un par más, me referiré a dos. Una es la teoría del sujeto de Goffman, o quizá la que yo extraigo de Goffman, y que desarrollaba en este artículo: "Interacción internalizada: el desarrollo especular del lenguaje y del orden simbólico". Aquí parto de la idea básica goffmaniana de que el sujeto tiene una estructura relacional, o sea, que está estructurado por dentro como por fuera, por así decirlo—por interiorización de las relaciones sociales en las que interviene. Y relaciono esta constitución del sujeto (humano, se entiende) con el origen interactivo del lenguaje, que posibilita y retroalimenta esta estructura interaccional del sujeto. Es una reflexión que lleva a cuestiones neurológicas a través fundamentalmente de las ideas sobre el origen del lenguaje de Michael Arbib. En cuanto a la noción de Goffman del teatro interno del yo como resultado o reflexión de la organización teatral del mundo social, también ayudará otra obra de Goffman a percibir ciertos aspectos de cómo llega a constituirse este sujeto, por la interacción grupal en la que participa. Es La presentación del yo en la vida cotidiana— y aquí hay unos comentarios iniciales sobre este libro y sobre la teatralidad social interiorizada por el yo:

a) "El mundo social como presentación y re-presentación."

b) "Actuaciones"

c) "Equipos y sujetos (… al equipo)"


Bien, ésta es una dirección de las que quería hilar con las reflexiones de Nietzsche et al. La otra se encuentra en un autor de la escuela postestructuralista foucaultiana, Nikolas Rose—que presenta lo que es a grandes líneas una teoría foucaultiana del sujeto (que por tanto es de por sí una teoría algo nietzscheana del sujeto), en su artículo "Identity, Genealogy, History" (en Questions of Cultural Identity, ed. Stuart Hall y Paul Du Gay, Sage, 1996). Ayer comentaba algunas de sus observaciones sobre las tecnologías de generación del yo.  Al proceso de interiorización de la exterioridad que venimos señalando lo denomina Rose con el bonito nombre de pliegues en el alma— "folds in the soul", una noción que adapta de Deleuze. El exterior social se "pliega" dando lugar a la interioridad subjetiva. Traduzcamos un trocito, en el que Rose expone muy foucaultianamente su noción de la genealogía del sujeto (pensemos en una genealogía del sujeto moral y veremos lo cerca que estamos de Nietzsche, también. La ventaja es que no tenemos aquí sólo amos y esclavos, sino un mundo más complejo de identidades sociales más diversas y variadas, un mundo complejo que pasa a estructurar, desde dentro, la identidad personal del sujeto que debe habitarlo.

Una genalogía tal, propongo, requiere sólo una concepción mínima, débil o delgada, del material humano sobre el que escibe la historia (Patton, 1994). No nos ocuparemos aquí de la construcción social o histórica de "la persona"o de narrar cómo nace la moderna "identidad personal". Nos ocuparemos de las diversas estrategias y tácticas de sujetificación que han tenido lugar y se han desplegado como prácticas diversas en diferentes momentos, y en relación a diferentes clasificaciones y diferenciaciones de personas. El ser humano, aquí, no es una entidad con una historia, sino el objetivo de una multiplicidad de clases de trabajo, más bien algo así como una latitud o una longitud en la que se interseccionan vectores diferentes de velocidades diferentes. La "interioridad" que tantos se sienten impelidos a diagnosticar no es la interioridad de un sistema psicológico, sino una superficie discontinua, una especie de plegamiento hacia adentro de la exterioridad.

Extraigo esta noción de plegamiento de modo general de la obra de Gilles Deleuze [Foucault, Pourparlers, The Fold....] El concepto de pliegue o plisado sugiere una manera en la que podríamos concebir al ser humano sin postular ninguna interioridad esencial, y por tanto sin sujetarnos a ninguna versión particular de la ley de esa interioridad cuya historia buscamos incomodar y diagnosticar. El pliegue indica una relación sin un interior esencial, tal que lo que está "dentro" es meramente la involución de una exterioridad. Esghtamos familiarizados con la idea de que aspectos del cuerpo que normalmente concebimos como parte de su interioridad—el tubo digestivo, los pulmones—no son sino la invaginación de un exterior. Esto no les impide que sean valorizados en términos de una imagen corporal aparentemente inmutable que se toma como norma para nuestra percepción de los contornos y límites de nuestra corporeidad. Quiza, pues, podamos concebir la presa que sobre los seres humanos hacen los modos de subjetificación, en términos de un plegamiento interior similar. Los pliegues incorporan sin totalizar, internalizan sin unificar, reúnen conjuntamente de modo discontinuo, en forma de plisados que hacen superficies, espacios, flujos y relaciones.

En el seno de una genealogía de la sujetificación, lo que se plegaría hacia dentro sería cualquier cosa que pueda adquirir autoridad: instrucciones, consejos, técnicas, pequeños hábitos del pensamiento y de la emoción, toda una serie de rutinas y normas para ser humano—los instrumentos mediante los cuales el ser se constituye a sí mismo en diferentes prácticas y relaciones. Estos pliegues internos están parcialmente estabilizados en la media en que los seres humanos han venido a concebirse a sí mismos como sujetos de una biografía, a utilizar ciertas "artes de la memoria" para volver estable esa biografía, a emplear ciertos vocabularios y explicaciones que les hagan esto inteligible a ellos mismos. Sin embargo, esto revela los límites de la metáfora del pliegue. Porque las líneas de estos pliegues no corren por un dominio que coincida con las mismas fronteras que los límites físicos del individuo humano. El ser humano es situado, realizado o actuado, mediante un sistema complejo de dispositivos, miradas, técnicas que se extienden más all´de los límites de la carne, a los espacios y reuniones de individuos. El recuerdo de la biografía de uno mismo no es una simple capacidad psicológica, sinosino que está organizado por medio de rituales de narración de historias, está sustentado por artefactos como los
álbumes de fotografías, y demás. Los regímenes de la burocracia no son meramente procedimientos éticos plegados al interior del alma, sino que ocupan una red de oficinas, archivos, máquinas de escribir, hábitos de control del tiempo, repertorios conversacionales, técnicas de notación. Los regímenes de la pasión no son meramente pliegues afectivos en el alma, sino que se realizan en ciertos espacios recogidos o valorizados, mediante un equipamiento sensualizado de camas, sábanas y sedas, rituales de vestirse y desvestirse, instrumental estetizado que proporcina música y luz, regímenes de división del tiempo, y demas [O. Ranum, "Los refugios de la intimidad", en Chartier, Historia de la vida privada].

Podríamos de este modo contreponer una espacialización del ser a la narrativización del ser emprendida por los sociólogos y los filósofos de la modernidad y de la postmodernidad. Es decir, necesitamos volver inteligible al ser, en términos de la localización de comportamientos, hábitos o técnicas rituales o repetitivos, en el seno de ámbitos específicos de la acción y de los valores: las bibliotecas y los estudios; los dormitorios y casas de baños; los tribunales de justicia y las aulas, los consultorios y las galerías de los museos; los mercados y grandes almacenes. Los cinco volúmenes de Historia de la vida privada compilados bajo la dirección de Philippe Ariès y Georges Duby proporcionan una abundancia de ejemplos de la manera en que las capacidades humanas novedosas, tales como los diversos estilos de escritura o de sexualidad, dependen de, y dan lugar a, formas particulares de organización espacial del hábitat humano (Veyne, 1987; Duby, 1988; Chartier, 1989; Perrot, 1990; Prost y Vincent 1991) (—a estas les sumaría yo, y de modo muy destacable, la teoría dramatúrgica de los espacios humanos formulada por Goffman: ver
Redes, regiones y públicos). Sin embargo no hay nada privilegiado, en lo que se ha venido a llamar "vida privada", para el emplazamiento de regímenes de sujetificación—es en la fábrica al igual que en la cocina, en el ejército tanto como en el estudio, en la oficina tanto como en el dormitorio, donde se requiere al sujeto moderno que identifique su subjetividad. A la aparente linealidad, unidireccionalidad e irreversibilidad del tiempo [N.B: sólo aparente— ver p. ej. Tecnologías de manipulación del tiempo], podemos contraponer la multiplicidad de lugares, planos y prácticas. Y en cada uno de estos espacios, se activan repertorios de conducta que no quedan limitados por la envoltura formada por la piel humana, y que no se llevan de modo estable en el interior de un individuo: son más bien redes de tensión a través de un espacio, que proporcionan a los seres humanos capacidades y poderesen la medida en que las captan mediante ensamblajes híbridos de conocimientos, instrumentos, vocabularios, sistemas de juicios, y artefactos técnicos.

En esta medida, una genealogía de la sujetificación necesita concebir al ser humano como una especie de artefacto maquinado, un híbrido de carne, conocimiento, pasión y técnica [Donna Haraway, Simians, Cyborgs, and Women: The Reinvention of Nature]. Una de las características de nuestro actual régimen del yo es una manera de reflexionar sobre y de actuar sobre todos estos diversos ámbitos, prácticas y ensamblajes, en términos de una "personalidad" unificada que hubiera de revelarse, descubrirse, o sobre la que hubiera que actuar en cada uno: un artefacto maquinado del ser que hoy form el horizonte de lo pensable. Pero es necesario reconocer a este artefacto maquinado como régimen específico de la subjetificación que tiene un origen reciente—y la finalidad de una genealogía de la sujetificación es alterarlo lo suficiente como para revelar la fragilidad de las líneas que lo han construido y que lo mantienen en su sitio.  (143-44)


La fragilidad—o la fuerza, añadiría yo. Porque no todas las líneas y pliegues son igual de profundos, ni todas las instituciones igual de estables. Una consciencia de esta génesis diferencial, o un estudio geológico de la antigüedad y profundidad de los plegamientos que constituyen al sujeto humano—qué estratos de estos pliegues se originan después de cuáles otros, y reposan sobre ellos— sería también una de las finalidades de una genealogía, una arqueología, y una geología, del sujeto humano. Una que no presente todos los pliegues del alma como un plisado uniforme y superficial, sino como un complejo sistema de pliegues dentro de pliegues. Es la diferencia, quizá, entre un construccionismo radical y desorientado, cosa a evitar, y un evolucionismo cultural que sea capaz de entender cómo el ser humano es una construcción, pero una construcción hecha con materiales preexistentes, y evolutivamente estructurada, una estructura que contiene una historia, o una historia que se ha hecho estructura, y cuerpo, y mente.










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