Comentario
puesto hoy en
el blog de Demetrio Pin,
antes conocido como Víctor Gómez Pin—en
un
artículo sobre las relaciones entre lenguaje, vida, y
literatura:
De dos premisas
falsas sobre el hombre y sobre el lenguaje se
deriva una conclusión necesariamente falsa sobre el deber y
la
acción: en este caso, claro, dos negaciones no resultan en
una
afirmación.
Veamos; dice Vd.
que "La
esencia o naturaleza del hombre reside en el
lenguaje (el cual responde a leyes que le son propias y que no siempre
concuerdan con las que rigen el orden de la naturaleza inmediata y de
la vida)".
Bueno, el lenguaje
es un elemento importante en la
naturaleza humana, pero no se puede reducir a él esta
naturaleza. Como no se podría decir, por ejemplo, que "la
naturaleza humana reside en la mirada". O "en las manos"— por
importantes que sean a la hora de hacernos lo que somos. Como alguien
dice por ahí, Harpo Marx no sería humano si la
naturaleza
humana residiera en el lenguaje. Pongamos en "la interacción
comunicativa", por ampliar la cuestión— y sigo
subrayando
lo que no son sino elementos, pues la naturaleza humana es un conjunto
borroso de atributos y capacidades, evaluados comunicativamente. Por
ejemplo, también es humano alguien que esté en
coma
profundo, etc., entre otras cosas porque "lo fue", porque puede volver
a serlo, y porque lo es y tiene forma humana y es hijo de humanos. El
lenguaje no lo es todo, excepto quizá para los
filósofos
del lenguaje.
También discutiría
yo eso del orden propio del
lenguaje
ajeno a lo humano... los razonamientos de Pinker más bien
demuestran que el orden del lenguaje va ligado a las necesidades del
conocimiento y la acción humana, por extrañas
formas que
acabe adoptando la gramática.
La premisa número
dos también es falsa: "2) el
lenguaje,
frenado de ordinario en su despliegue por esa misma naturaleza de la
que procede, se emancipa plenamente en la obra literaria."
El lenguaje
en la obra literaria sigue atado y conectado a la realidad humana,
social, psicológica, literaria, etc. de la que procede
–
siquiera sea por reacción y negatividad, creando
utopías
y fantasías frente a lo que sentimos como real.
¿Independencia? Cierta autonomía, todo lo
más; una
función muy necesaria por otra parte para la realidad
humana. La
literatura es intercambio comunicativo, con uno mismo o con los
demás, y está bastante más atada a esa
interacción, y auto-interacción, de lo que
podría
parecer. No funciona sola, para nada.
Por consiguiente, "3)
llegar a vivir en conformidad a las leyes que
marcan a narradores y poetas, vivir literariamente, en el sentido
más riguroso del término, ha de ser la
máxima
subjetiva que anime nuestras acciones: no ya lo que "somos capaces de
hacer", sino lo que es imperativo hacer. He de enfatizar una vez
más que se trata de una apuesta. Apuesta de hecho nada
arriesgada, pues de no hacerla todo está ya de antemano
perdido"...
... 3, digo, carece
de apoyatura lógica y de sentido
discernible
para mí.
Los poetas, decía
Shelley, son los legisladores
no reconocidos del mundo... y bien, quizá no se les
reconozca
todo lo que ellos quisieran porque hay muchos legisladores
más,
con título tan legítimo como el de ellos.
Así que
no dejemos que la literatura dicte sus términos a la vida,
no
más que la vida a la literatura. ¿Que
interactúan?
Evidentemente. Pero sin supeditarse una a otra por imperativos como los
que aquí se presuponen.
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